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1. Conducir las transformaciones. Negociar el cambio
Quizá uno de los aspectos centrales para lograr el reposicionamiento
de la negociación colectiva radique en reconocer que, en
efecto, ella se debe producir en un nuevo escenario, dominado
precisamente por el cambio y la inestabilidad. En efecto, estamos
ahora en una época en la que las fuerzas productivas están
permanentemente en proceso de reacomodo, en procura de nuevas
condiciones y parámetros de productividad, en la que se
requieren nuevos saltos de rentabilidad y alcanzar mayores estándares
de competitividad, todo lo cual no obstante, tiende a ser efímero.
En este nuevo escenario, además, la perspectiva y configuración
de los sujetos de las relaciones laborales y la negociación
colectiva han variado.
No obstante, en gran medida la negociación colectiva sigue
siendo asumida por los sujetos negociadores como si el contexto
general se mantuviese inmodificado. Salvo las excepciones que
precisamente muestran a la negociación colectiva como un
instituto de las relaciones sociales y laborales con viabilidad,
en la mayoría de los casos, se negocian los mismos temas,
bajo similares argumentos que en el pasado, en una lógica
de conflicto. En no pocos casos, no se logra el soporte de información
y una visión objetiva y compartida de la realidad actual
de la economía, la actividad empresarial y el trabajo,
no se incorporan métodos y técnicas innovadoras
e integradoras y se prescinde de enfoques de cooperación,
participación e involucramiento.
En consecuencia, además de superar las limitaciones de
soporte informativo y metodológico, quizá lo innovador
radique en negociar sobre todo aquello que atañe al cambio,
a la transformación en la organización y gestión
de la producción y el trabajo, en sintonía, por
cierto, con la defensa y mejora de los estándares o derechos
laborales mínimos a que se alude en el acápite anterior.
1.1 Permanencia en el empleo y empleabilidad
Quizá entonces, más que negociar bajo una perspectiva
de estabilidad de la planta de personal haya que negociar precisamente
las condiciones de adecuación de dicha planta a los parámetros
del mercado y las exigencias que plantea la competencia, si bien
es cierto siempre bajo la perspectiva de procura la conservación
de los puestos de trabajo, pero también fortaleciendo las
aptitudes y capacidades para el trabajo en función de los
perfiles ocupacionales que predominan en el mercado de trabajo,
además del establecimiento de programas de apoyo social
ante la eventualidad del cese.
Ello exige hacer un seguimiento cercano de los cambios tecnológicos
y de los sistemas y métodos de producción aplicables
al sector o industria respectivo, con el fin de prever los cambios
necesarios en la organización y gestión del trabajo,
así como el necesario soporte de capacitación a
los trabajadores.
Del mismo modo, la apertura de programas de reconversión
laboral o mejora de la empleabilidad de los trabajadores en función
de los cambios en los perfiles técnico-profesionales que
demanda el mercado de trabajo; de programas de transferencia de
recursos económicos, infraestructura y capacidad de organización
y gestión en perspectiva al auto empleo; o la generación
de redes de proveedores, servicios o distribución entre
la empresa y sus trabajadores, son algunos de los aspectos de
soporte en situaciones en las que resulta inevitable el retiro
de segmentos de personal o en contextos de contracción
del mercado de tragajo.
La incorporación de estos aspectos a la negociación
colectiva constituye una de las prioridades impostergables para
los sindicatos.
1.2 Mejora de ingresos eficiencia y rentabilidad
Del mismo modo, junto a la exigencia de remuneraciones en los
niveles necesarios para garantizar condiciones de vida dignas
y el mejoramiento económico, profesional y social del trabajador
y su familia, debe incorporarse en las negociaciones colectivas
también las consideraciones que sustentan el vínculo
entre las remuneraciones y los indicadores de producción,
eficiencia, calidad, productividad y rentabilidad.
Ello supone, de un lado, el seguimiento de las principales variables
e indicadores de la situación económica general
y sectorial, con el fin de determinar la evolución de las
remuneraciones reales y la pérdida de poder adquisitivo
frente a la evolución del costo de vida. Del mismo modo,
es necesario proyectar la evolución de esas variables e
indicadores, entre otros elementos, a fin de anticipar el impacto
sobre los ingresos de los trabajadores y su calidad de vida. Junto
a todo ello, se trata también de evaluar al situación
y perspectivas del escenario económico internacional y
nacional y su impacto sobre el sector o industria y sobre la empresa
respectiva.
En esta misma línea, se trata de lograr información
precisa y ganar capacidad de propuesta con respecto a la gestión
económica, financiera y productiva de la empresa, con el
fin de mejorar los indicadores relativos a costos, eficiencia
y rentabilidad, sin que ello conduzca a reducción de remuneraciones
reales, al deterioro de las condiciones laborales o a la pérdida
de puestos de trabajo.
La determinación de las estructuras remunerativas, los
sistemas de categorías y escalas salariales, el establecimiento
de conceptos remunerativos referidos a los niveles de desempeño,
calidad y productividad en el trabajo, sin perjuicio de garantizar
la percepción de remuneraciones que brinden al trabajador
y su familia la oportunidad de mejorar económica, profesional
y socialmente, son aspectos que forman parte del menú de
temas que deben ser abordados indefectiblemente en las negociaciones
colectivas. En concordancia con ello también deben incorporarse
a la negociación de apertura de los flujos de información
y de los espacios de participación laboral necesarios.
1.3 La organización y gestión del trabajo
La introducción de cambios sustanciales en la organización,
sistemas y métodos de producción y trabajo y sus
impactos sobre los trabajadores son ahora temas ineludibles en
toda negociación, los que deben ser abordados además
con la mayor transparencia. La definición de los puestos
de trabajo, los perfiles ocupacionales, la asignación de
puestos, cargas de trabajo y tareas, la gestión de los
horarios y jornadas de trabajo son, entre otros, los nuevos temas
que requieren respuestas concertadas entre empleadores y trabajadores.
1.4 Participación laboral
Todo lo anterior supone una apertura a la participación
sindical en diversas áreas de la gestión empresarial
y de los negocios. La generación de flujos abiertos de
información hacia los sindicatos y los trabajadores respecto
ala situación, perspectivas y proyecciones de la empresa
y el establecimiento de instancias y procedimientos de consulta,
son ahora los mecanismos institucionales que expresan una corresponsabilidad
con respecto a la gestión de la empresa y sus resultados,
en procura de equidad en los beneficios que genera y los sacrificios
que impone la reestructuración productiva.
2. Articulaciones fundamentales para la acción sindical
y la negociación colectiva
Aún es evidente que la negociación colectiva constituye
un instrumento poderoso para lograr acercamientos y acuerdos que
gocen de legitimidad social, amplia aceptación de las partes
y eficacia social y económica, como lo revelan las experiencias
de negociación centralizada en Europa, las que vienen cobrando
nuevo auge precisamente en momentos de inestabilidad y crisis.
Una premisa fundamental entonces para reubicar a la negociación
colectiva en su rol de instrumento ordenador fundamental de las
relaciones económicas, sociales y, dentro de estas, en
especial, las laborales, radica en reconocer que, lejos del caos
aparente y de la sensación de falta de rumbo que parecen
fluir de los diagnósticos contenidos en los capítulos
precedentes de este volumen, en realidad las transformaciones
en el ámbito internacional y nacional, como en las dimensiones
política, económico-productiva y socio-laboral,
siguen un derrotero claramente definido y responden a estrategias,
políticas y orientaciones adoptadas conscientemente, cuyo
antecedentes y decurso se puede identificar en las discusiones
y documentos producidos por los principales foros multilaterales
de alcance mundial o regional.
La liberalización del comercio y las finanzas a escala
internacional, la apertura e interconexión de los mercados,
la ejecución de reformas estructurales en gran parte del
mundo, las mutaciones hacia el rol y funciones estatales subsidiarias
del capital privado, las políticas de armonización
de la legislación en materia comercial, financiera, productiva
y laboral, entre otros ejes de estas transformaciones, no son
entonces obra de la casualidad o de fuerzas irrefrenables. No
lo son tampoco las secuelas de esas estrategias y políticas,
entre ellas, la reestructuración forzada de la estructura
productiva y de los mercados de trabajo, la marginación
económica y social de segmentos considerables de sus poblaciones
y la fragilidad política e institucional que los caracteriza.
En el plano laboral es notorio que las políticas de desregulación
de las relaciones individuales de trabajo y de intervención
restrictiva en las libertades sindicales y la negociación
colectiva, siguen un patrón similar en su aplicación
en diversas partes del mundo.
En resumen, lo que aparece como desorden y caos desde la perspectiva
de los sindicatos y los trabajadores, no es sino la configuración
de un nuevo orden político, económico y, por cierto,
productivo y laboral, que viene operando con exclusión
de lo social y, por consiguiente, con exclusión de la perspectiva
de los trabajadores y de los sindicatos.
Por cierto, este nuevo orden viene siendo construido desde hace
algunas décadas por un concierto de instituciones, fuerzas
e intereses identificables, que se articulan y organizan, ejerciendo
un alto grado de centralización no siempre visible, en
el ámbito internacional y nacional en ejes que cubren todas
las áreas y dimensiones de la vida en sociedad.
Entre esos ejes articuladores, en razón de su mayor impacto
sobre el mercado trabajo, los derechos y las relaciones laborales,
cabe destacar los siguientes:
2.1 La articulación de lo global y lo nacional
El primero de estos ejes de articulación y de centralización,
quizás el más importante de todos por su vocación
totalizadora, es el que vincula a las estrategia políticas
de la mundialización, con la ejecución de programas
de reformas estructurales, entre ellas, del mercado de trabajo.
Los espacios institucionales responsables de este eje de articulación
son, a escala global, los organismos multilaterales rectores del
sistema financiero, los equilibrios macroeconómicos internacionales
y el comercio mundial, principalmente, el Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio.
A ellos se suman los diversos foros y acuerdos regionales de liberalización
del comercio, así como los acuerdos de integración,
y sus respectivas estructuras institucionales.
En este escenario de estrategias y políticas liberalizadoras
de alcance mundial, regional y nacional, en el que por lo general
las consideraciones y prioridades orden social aparecen relegadas
a un plano inferior cuando no simplemente excluidas, destacan
la presencia y rol de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT), como entidad que, a través de la aprobación
de normas internacionales y la ejecución de diversos programas,
promueve un equilibrio entre lo económico, lo social, en
procura de desarrollo y paz.
Asimismo, las organizaciones sindicales internacionales vienen
desplegando en este escenario una intensa labor, participando
oficialmente en los diversos organismos y foros internacionales
en procura de impregnarlos de una visión social, promoviendo
y sumándose a las diversas campañas y redes que
resisten y denuncian inequidades que vienen generando en el mundo
las estrategias de libre comercio.
Este escenario internacional presenta para los sindicatos retos
de primera magnitud. El principal de los cuales sea quizá
el de construir las articulaciones correspondientes que vinculen
a los sindicatos en el plano local con acciones de alcance regional
y global.
Ello supone construir y fortalecer las estructuras sindicales
capaces de proyectar hacia los organismos multilaterales la visión
del sindicalismo con respecto a la liberalización del comercio
y la integración de los mercados, en procura de la adopción
de cláusulas y cartas sociales, así como del reconocimiento
pleno a las normas de la OIT como estándares internacionales
mínimos, que expresen la armonización entre lo social
y lo económico.
En atención a ello se plantean cuando menos las siguientes
tareas y prioridades de los sindicatos en procura de construir
y fortalecer estas articulaciones entre las demandas, estrategias
y acciones en el plano nacional e internacional.
a. La ampliación de la afiliación a las organizaciones
sindicales mundiales, regionales y sectoriales.
b. El fortalecimiento de la participación activa de las
organizaciones sindicales nacionales en las instancias orgánicas
y de coordinación sindical internacional.
c. La consolidación de la presencia de las Centrales Sindicales
Mundiales y Regionales y de los Secretariados Profesionales Internacionales
frente al movimiento de trabajadores y la opinión pública
de cada país.
d. La mejor articulación de las campañas contra
los efectos perniciosos de la globalización y la liberalización
comercial en procura de un mayor impacto nacional de esas campañas.
Además de la presencia del sindicalismo internacional
en las instituciones y foros vinculados a la globalización
y la liberalización del comercio, otro eje sustancial de
estas estrategias radica en fortalecer la capacidad de interlocución
e interacción de las organizaciones sindicales nacionales,
en alianza con los otros sectores de la sociedad civil, frente
a sus respectivos gobiernos para lograr los acuerdos básicos
que permitan una presencia concertada desde el plano nacional
en los organismos y acuerdos de la globalización y el libre
comercio.
En el ámbito nacional, ello exige una mayor y mejor articulación
entre las organizaciones sindicales internacionales y las centrales
nacionales, a efectos de trazar estrategias que fortalezcan el
liderazgo y protagonismo de los sindicatos en relación
a las políticas macroeconómicas y sociales de corte
liberalizador, que afectan el empleo y las condiciones de trabajo
y de vida de la población en cada país.
La promoción espacios, instancias y procedimientos del
diálogo social a escala nacional en procura de acuerdos
sobre las estrategias de desarrollo y las políticas económicas
y sociales, entre estas en torno a los derechos y estándares
laborales fundamentales, resultan así una prioridad estrechamente
vinculada a los esfuerzos por construir un orden económico,
político y social internacional que resulte compatible
con las aspiraciones de paz y desarrollo con justicia social y
equidad en todos los países.
2.2 La articulación de lo sectorial, nacional e internacional
El segundo eje de articulación tiene carácter sectorial
y comprende la definición de estrategias y políticas
orientadas a industrias específicas, así como la
incorporación de nuevas tecnologías y cambios en
la organización y gestión de producción y
el trabajo, con impacto en el empleo, los ingresos y las condiciones
de trabajo, además por cierto de las condiciones de rentabilidad
y competitividad, de las industrias y empresas.
Este eje de articulación y centralización también
tiene proyecciones nacionales e internacionales que es necesario
identificar y diagnosticar. Asimismo, este eje está asociado
a diversos agrupamientos económicos y productivos y a las
estrategias de penetración y expansión de los capitales
privados internacionales en 1os diversos mercados del mundo, ya
sea para proveerse de insumos y materia primas o para colocar
sus productos finales.
De otro lado, las condiciones de desarrollo de los sectores, ramas
de actividad o industrias se ve asimismo configurada por las estrategias
y programas que se adoptan en el marco de los procesos de integración
y acuerdos de libre comercio, las cuales van fijando reglas para
el desenvolvimiento de la competencia y parámetros que
limitan las políticas estatales en relación a esos
sectores, actividades o industrias.
Como se puede apreciar, en este eje de articulación se
manifiestan estrategias, políticas y acciones específicas
referidas a las condiciones de desarrollo y expansión sectorial
y su articulación con los mercados de capitales y productos
a escala internacional.
Por cierto, es en este ámbito en donde las estrategias
de organización y gestión de la producción
y del trabajo adquieren mayor especificidad, dando lugar a una
multiplicidad de problemas que afectan a la calidad del trabajo,
como también del medio ambiente, además del impacto
sobre las condiciones de vida y desarrollo de las comunidades
en las que se localizan las inversiones.
Esto genera una multiplicidad de ternas de impacto laboral que
exigen atención por parte de los sindicatos, entre los
que se cuentan precisamente los efectos laborales de las innovaciones
tecnológicas, la formación profesional de los trabajadores,
la protección de la salud en el trabajo, el cuidado del
medio ambiente, entre otros.
Por cierto, para los sindicatos se plantea igualmente la tarea
de construir las articulaciones orgánicas e institucionales
para actuar en el plano sectorial, vinculando a los sindicatos
de empresa, con los sindicatos de industria y federaciones sectoriales,
-así como a sus respectivos organismos internacionales
especializados, como es el caso de los Secretariados Profesionales
Internacionales.
Para los sindicatos nacionales esta articulación intersindical
sectorial es fundamental para lograr viabilidad y eficacia en
la defensa de los derechos e intereses concretos de los trabajadores
a quienes representan. Ello en la medida en que los ingresos y
condiciones de trabajo en cada empresa se determinan en gran medida
en función de parámetros de rentabilidad, productividad
y competitividad que se establecen como estándares a nivel
de toda la industria. Del mismo modo, la incorporación
de nuevas tecnologías y métodos de organización
y gestión de la producción y del trabajo siguen
patrones y tendencias que dominan a nivel del sector, actividad
o industria, y que tratan de ser alcanzadas por las empresas para
poder competir con posibilidades de éxitos en el mercado.
Más aún, con la generación de los mercados
globales, estos parámetros, estándares y tendencias
son establecidos igualmente por los líderes de las respectivas
industrias a escala igualmente global. Como se ha señalado
antes, a ello se suman los lineamientos, estrategias y políticas
de integración, diversificación o liberalización
sectorial adoptadas por los organismos acuerdos de integración
socio-económica y los acuerdos de liberalización
del comercio y los mercados.
Es evidente de todo ello que la acción sindical aislada
a nivel de empresa o de centro de trabajo, o peor aún de
categoría ocupacional a su interior, predominante todavía
en buena parte de América Latina, es cuando menos insuficiente
para lograr cambios sustanciales a fin de incorporar entre los
parámetros y estándares de organización y
gestión de la industria, también las prioridades
referidas a la mejora de los ingresos y de las condiciones de
trabajo.
Se trata entonces de coordinar o articular la acción sindical
y las demandas y propuestas laborales a nivel de la empresa y
de la industria en su conjunto a escala nacional e internacional.
Como se ha señalado anteriormente, ello exige construir
y fortalecer las estructuras orgánicas e institucionales
a nivel sectorial, vinculando a los sindicatos de centro de trabajo
o de empresa en organizaciones de segundo grado nacionales, por
lo general denominadas federaciones, a la vez que afinándolas
a las organizaciones especializadas internacionales, como son
los Secretariados Profesionales Internacionales. Fortalecer y
expandir esta articulación orgánica e institucional
logrando el mayor número de afiliaciones de las organizaciones
sindicales nacionales constituye una prioridad estratégica.
De igual modo, el reforzamiento de la participación activa
de las organizaciones sindicales nacionales en las instancias
orgánicas y de coordinación sindical internacional,
así como la consolidación de la presencia de los
Secretariados Profesionales Internacionales frente al movimiento
de trabajadores y la opinión pública de cada país,
son igualmente tareas que demandan atención prioritaria.
Junto a ello, es necesario perfilar de manera más precisa
las acciones sindicales internacionales referidas a la organización
y gestión del trabajo, a la plena vigencia de los derechos
laborales y a la mejora de los estándares de calidad de
trabajo en las diversas industrias.
En concordancia con ello, esta acción sindical concertada
en el ámbito sectorial se debe proyectar en tres escenarios
principales. Uno de ellos es el de la determinación de
las políticas gubernamentales de alcance o impacto sectorial,
considerando su impacto en términos de generación
de empleo y mejora o deterioro de las condiciones de trabajo.
El diálogo y la concertación social tripartita son
los instrumentos privilegiados que corresponden a este escenario,
en procura de la celebración de acuerdos marcos de alcance
sectorial.
El otro escenario es el de la determinación de los niveles
remunerativos y las condiciones de trabajo en la industria a través
de negociaciones y convenios colectivos de rama de actividad o
industria. El diálogo y la concertación social bipartita,
además de la negociación colectiva, son los instrumentos
a desarrollar en este escenario en perspectiva a la celebración
de códigos de conducta y convenios colectivos de alcance
sectorial, además de la incorporación de los Convenios
de la OIT como marco de regulación de las relaciones laborales.
El tercero es el de las propuestas y estrategias nacionales en
relación a los programas aplicables a la industria o de
impacto sectorial, comprendidos en los acuerdos de integración
o en los de libre comercio. Igualmente en este caso, el diálogo
y la concertación social se revelan como los mecanismos
apropiados para este escenario.
De otro lado, la acción sindical en la dimensión
sectorial exige un mayor dominio de los factores y elementos que
propician las transformaciones productivas y laborales en las
industrias, a efectos de formular propuestas que compatibilicen
esos requerimientos con las prioridades de mejora de los ingresos
y la calidad del trabajo. Ello exige a los sindicatos un mayor
esfuerzo de especialización de sus cuadros dirigenciales
y la generación de los sistemas de información necesarios
para seguir las principales variables e indicadores referidos
a la industria, así como al empleo, la vigencia de los
derechos laborales y las condiciones de trabajo a escala sectorial.
2.3 La acción sindical en las compañías
transnacionales
El tercer eje asume un carácter pronunciadamente económico-productivo
en el plano empresarial, aunque en estrecha vinculación
con los otros dos abordados en los acápites que anteceden.
Este eje admite a su vez dos ramificaciones. El primero de ellos
corresponde a la integración vertical en empresas que articulan
su presencia y operaciones en el ámbito local, nacional,
regional y mundial, ya se trate de una sola empresa o de agrupamientos
de estas. La segunda ramificación conduce a una articulación
horizontal que vincula a empresas matrices con sus diversos proveedores
de bienes y servicios.
Nuevamente en estos casos confluyen en el modelo de organización
y gestión del trabajo una serie de factores referidos a
la incorporación de innovaciones tecnológicas, el
establecimiento de estructuras y procesos de gestión altamente
eficientes, rentables y competitivas, el desempeño dentro
de los estándares que imponen la competencia y los mercados.
Esta combinación de factores generan igualmente una amplia
gama de tensiones y problemas específicos referidos al
empleo, los ingresos, la organización, gestión y
calidad del trabajo, entre otros.
Para los sindicatos, se plantea nuevamente la exigencia de construir
las estructuras orgánicas e institucionales que respondan
a esta articulación económico-productiva, lograr
un conocimiento cercano de las estrategias y políticas
que dan forma a dicha articulación y sus efectos concretos
sobre el trabajo y los derechos de los trabajadores, a fin de
diseñar los contenidos y estrategias de negociación
necesarias.
En esta línea se vienen constituyendo desde hace algunos
años coordinadoras, alianzas u otras agrupaciones de sindicatos
de un mismo o distintos países que tienen como característica
común representar a trabajadores de empresas que pertenecen
a una misma compañía transnacional. La celebración
de códigos de conducta y de convenios colectivos internacionales
constituyen uno de los hitos fundamentales en el intento por regular
vía la negociación las relaciones laborales en el
ámbito de las compañías transnacionales.
Además del establecimiento de estándares laborales
mínimos y de la incorporación de los convenios de
la OIT como marco legal de regulación de las relaciones
laborales en el ámbito de la compañía transnacional,
la acción centralizada de los sindicatos de estas compañías
a escala internacional constituye quizá uno de los pocos
medios con que cuentan los trabajadores para enfrentar los efectos
nocivos de la movilidad de los capitales, el chantaje de la relocalización
de sus operaciones y las estrategias que utilizan a la competencia
entre trabajadores como estrategia para la mejora de la productividad,
la rentabilidad y la competitividad de la transnacional.
Una tarea crucial en estos propósitos radica en brindar
mayor organicidad a las estructuras sindicales internacionales
que se vienen gestando en el ámbito de las compañías
transnacionales, dotándolas de una dinámica de trabajo
permanente y de un plan de acción en función de
las prioridades del ordenamiento de las relaciones laborales con
la compañía transnacional.
Por cierto, el soporte de los Secretariados Profesionales Internacionales
se ha revelado como decisivo y eficaz en estas tareas, tanto en
el fortalecimiento organizativo de las instancias de coordinación
de los sindicatos de las empresas transnacionales, en el apoyo
al procesamiento de las estrategias de tales agrupaciones, como
en el desarrollo de una eficaz capacidad de negociación
demostrado en los ya varios códigos de conducta firmados
por las compañías transnacionales con la intervención
de los Secretariados Profesionales Internacionales.
2.4 La articulación de la acción sindical en
lo social y laboral
Junto a los tres ejes de articulación mencionados, se
plantea para los sindicatos la tarea de construir uno cuarto,
que recoge los impactos de la negociación colectiva hacia
el cuerpo social en su conjunto, no sólo en su capacidad
para promover la mejora de las condiciones de trabajo y de vida
de la colectividad, sino también en su capacidad de incorporar
materias y reivindicaciones referidas al desarrollo y bienestar
de la colectividad en su conjunto.
Ello supone, por ejemplo, el establecimiento de vínculos
con las organizaciones de consumidores y la formulación
de demandas referidas, por ejemplo, al nivel de las tarifas y
la calidad de los servicios públicos, o la política
impositiva del estado, la estructura y direccionalidad del gasto
público, o políticas referidas a la alimentación,
la educación, la salud y la seguridad social, entre otros
aspectos de indudable interés para los sindicatos en su
función de representantes del mundo del trabajo en sentido
amplio y de los trabajadores en su dimensión social y ciudadana.
3. Nuevas perspectivas, mayores responsabilidades para los
sindicalistas
Como se ha expresado en otros pasajes de este volumen, estos
enfoques abren un amplio espacio de posibilidades de desenvolvimiento
para los sindicatos y la negociación colectiva, desde el
referido a la negociación de las condiciones concretas
de prestación del trabajo, pasando por el diálogo
y negociación en torno a las condiciones de desarrollo
y transformación de las industrias y sus impactos laborales,
hasta debatir y abrir espacios de negociación con respecto
a las principales políticas estatales de impacto social
y laboral, así como con respecto a la necesaria incorporación
de contenidos y prioridades de orden social y laboral, en los
procesos de liberalización del comercio internacional y
de integración de los mercados.
Todo ello exige, además, resolver algunos problemas nuevos
y de crucial actualidad, como es el caso de las relaciones laborales
y la negociación colectiva en el ámbito de las empresas
multinacionales; la generación de mecanismos institucionales
para el diálogo social en torno a los indicadores y políticas
económicas gubernamentales y las metas con relación
al crecimiento económico, el empleo y las remuneraciones;
así como la articulación entre procesos los acuerdos
de integración y las relaciones y derechos laborales, entre
estos, de manera sustancial, los que atañen a las libertades
sindicales y a la negociación colectiva.
Como es notorio, ello supone transformaciones sustanciales en
la mentalidad de los sujetos negociadores, pues de lo que se trata
es de restablecer la confianza entre ellos para concordar en las
condiciones de cooperación entre el capital y el trabajo
en la nueva era de mundialización y competitividad.
Todo esto exige una postura flexible en relación al tema
de los niveles de la negociación colectiva, y el desarrollo
de mecanismos de representación lo más amplios posibles,
lo que constituye un reto en particular para los sindicatos, habida
cuenta del incremento de la informalidad y de amplios segmentos
ocupacionales ubicados fuera de las filas del sindicalismo y a
los que no alcanzan los convenios colectivos.
Esta amplia y compleja problemática, exige a los sujetos
negociadores un sobre esfuerzo de preparación, calificando
a sus cuadros negociadores, generando sistemas confiables de información,
incorporando enfoques y técnicas integradoras e inclusivas
de las relaciones laborales y la negociación colectiva,
esfuerzo este en el que el soporte promotor del Estado no puede
estar ausente.
En un plano más amplio, se mantiene como prioridad el logro
de un mayor acercamiento entre los instituciones multilaterales
promotoras de los programas de liberalización comercial
y las reformas estructurales de los mercados y sus respectivos
sistemas normativos, con las instituciones que tienen como mandato
la promoción del desarrollo sustentado en la equidad, el
equilibrio y la justicia social, como es el caso destacado de
la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La incorporación
de parámetros y prioridades de orden social en los acuerdos
de integración y de libre comercio, expresados en los convenios
y recomendaciones de la OIT, en particular los consignados en
la Declaración de Derechos Laborales Fundamentales, constituye
entonces un imperativo, en procura de compatibilidad el libre
flujo de capitales y comercio, con el desarrollo y bienestar de
las comunidades inmersas o involucradas por la mundialización.
* Fragmento del libro Negociación
Colectiva Articulada: una propuesta estratégica, coedición
Organización Internacional del Trabajo, OIT, y Programa
Laboral de Desarrollo, PLADES, Lima, 2001

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