|
Contexto actual
La pregunta central que nos plantea el tema a abordar es cuáles
son los principales desafíos en la lucha a favor de los
derechos humanos en un contexto de globalización.
En efecto, la globalización presenta varias aristas que
deben ser puntualizadas. En primer lugar la mundialización
de la economía, la tendencia creciente a la apertura de
mercados, el enorme poder de las empresas transnacionales, el
fenómeno de la migración, la revolución tecnológica
de las telecomunicaciones, la conformación de redes sociales
mundiales, etc.
Ahora bien, los elementos mencionados que dan cuenta del proceso
de globalización, presentan diferentes consecuencias con
relación a los derechos humanos. De una parte el discurso
y prácticas hegemónicos de la globalización
en el ámbito económico ha dado como resultado un
orden internacional evidentemente injusto en el que 8 potencias
mundiales, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional,
la Organización Mundial del Comercio, son los principales
definidores de las políticas económicas, comerciales,
laborales a implementarse a nivel mundial.
Frente a esta realidad, la mayor parte de estados oscila entre
una actitud sumisa o resignada. Debemos enfatizar que indudablemente
los resultados de la aplicación de tales políticas
han sido nefastos y han constituido graves violaciones de los
derechos humanos, particularmente de los derechos económicos,
sociales y culturales. En efecto, el presidente del Banco Mundial,
James Wolfensohn, en un discurso que ofreció en la Asamblea
General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Washington,
recordó que 80 por ciento de la población del planeta
vive con 20 por ciento del ingreso, añadió que la
mitad de la población mundial, 3.000 de los 6.000 millones,
viven con menos de dos dólares al día. De estos,
1.200 millones de personas viven con menos de un dólar
al día.
Ahora bien, debemos resaltar como parte del proceso de globalización,
la creciente fuerza de los movimientos conocidos paradójicamente
como antiglobalizadores, que de manera constante cuestionan este
orden internacional basado en inequidad e imposición. Este
movimiento social mundial se nutre ciertamente de las nuevas tecnologías
de comunicación, principalmente del internet que facilita
la rápida difusión de información, socialización
de experiencias y la concreción de acciones políticas
conjuntas. Esta respuesta ha sido impulsada por la sociedad civil.
Hoy resulta que los estados poco o nada dicen o hacen frente a
la imposición del modelo neoliberal, mientras que la sociedad
civil se moviliza y cuestiona tanto a las potencias mundiales
como a los organismos internacionales que sustentan dichas políticas.
El fenómeno de la migración se ha visto agudizado
en los últimos tiempos sobre todo por olas de refugiados
y desplazados por la violencia, la guerra y esa masa de migrantes
económicos forzados que huyen de sus países en busca
de trabajo y un nivel de vida digno. Hablo de las migraciones
forzadas que acarrean graves consecuencias en materia de explotación,
discriminación y desarticulación de vínculos
afectivos, pero que también pueden significar un reto vital
en el encuentro y diálogo de culturas.
Como si no fuera suficiente la complejidad del panorama esbozado
para la ubicación del contexto actual, tenemos que añadir
los sucesos del 11 de septiembre que marcan una tajante división
del mundo desde la lectura del gobierno de la potencia mundial
Estados Unidos y varios de sus aliados: los ciudadanos decentes
y los terroristas. Nos encontramos frente a la reencarnación
del precepto religioso "quien no está conmigo está
contra mí". La respuesta frente a los actos terroristas
del 11 de septiembre ha sido la duplicación de la dosis
de terrorismo pero este último oficial y supuestamente
legítimo. Triste ha sido el rol de la Organización
de Naciones Unidas que en este cuadro no ha pintado ningún
rol. Hemos presenciado la reacción hegemónica de
Estados Unidos por sobre la comunidad internacional.
La respuesta frente a una serie de conflictos no procesados es
netamente militar, si bien esta realidad estaba presente antes
de los sucesos del 11 de septiembre por ejemplo con el Plan Colombia,
ahora se ha visto reforzada.
Violencia estructural y cotidiana
La violencia ocupa un lugar central en la cotidianidad de los
seres humanos. La violencia se manifiesta como el desconocimiento
de los derechos humanos integralmente considerados.
Como ya he señalado nos encontramos frente a una violencia
estructural que se caracteriza por el imperio de un orden internacional,
nacional y social basado en la inequidad, la concentración
de la riqueza en pocas manos, la sistemática violación
de los derechos económicos, sociales y culturales de las
personas y colectividades, la exclusión económica,
política, cultural de las diversidades que no calzan en
el modelo modernizador de "lo humano", el creciente
deterioro del medio ambiente y la impunidad frente a todos estos
atropellos.
Fruto de la exclusión vivimos formas de discriminación
que violentan los derechos de mujeres, niños/as, jóvenes,
indios/as, negros/as, personas con diversa orientación
sexual, personas con discapacidad, extranjeros/as, personas de
la tercera edad, etc.
Durante mucho tiempo los movimientos feministas han luchado por
visibilizar las violaciones de los derechos humanos cometidas
contra las mujeres en el ámbito "privado", y
por conseguir el reconocimiento de que la violencia contra la
mujer viola los derechos humanos.
Un gran aporte del movimiento feminista ha sido sin duda el haber
insertado en el debate público el tema de las relaciones
cotidianas en espacios como la familia, la escuela, el trabajo,
etc, espacios en los que se concretan relaciones de poder entendidas
- la mayor parte de veces - como relaciones de dominación/subordinación
en las que los derechos humanos son ciertamente violentados.
Relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres, mestizos/as
e indios/as, adultos y niños/as, transnacionales y comunidades,
heterosexuales y personas con diversas opciones sexuales, marcan
permanentes violaciones de los derechos humanos.
Frente a un contexto de violencia, como es obvio surgen conflictos
que al no contar con canales efectivos y socialmente legitimados
no son procesados adecuadamente y devienen en confrontaciones
y guerras, signadas por la imposición de la fuerza como
forma "de establecer, restablecer o retener el control sobre
una persona o situación".1
Avances en materia de derechos humanos
La panorámica descrita en las líneas anteriores
podría llevarnos a un extremo pesimismo frente a la situación
de los derechos humanos. No obstante pienso que es sumamente importante
resaltar varios elementos positivos con los que contamos a favor
de la lucha por la vigencia de los derechos humanos.
Vale resaltar que los últimos 50 años han visto
avances fundamentales en materia de reconocimiento normativo de
los derechos humano tanto a nivel internacional como nacional,
esto constituye una herramienta importante en nuestra labor.
Otro punto a favor constituye, ciertamente, la lucha de movimientos
sociales que han logrado darle un mayor contenido a los derechos
humanos para que efectivamente sean cada vez más inclusivos
de las diversidades existentes en la humanidad. En efecto, nuevos
actores políticos como los movimientos feministas, ecologistas,
gay, movimientos a favor de la niñez, pueblos indígenas,
negros, jóvenes, aparecen como protagonistas de la defensa
de sus derechos y luchan por darle contenido a la participación
democrática.
Contamos con metodologías creadas a partir de la práctica
de la defensa de los derechos humanos que han superado el abordaje
exclusivamente jurídico enriqueciéndolo con procesos
políticos de fortalecimiento de organizaciones de víctimas,
familiares, comunidades afectadas. Se han implementado diversas
y muy creativas estrategias de incidencia en la opinión
pública como la utilización de formas simbólicas
y artísticas de protesta, creación de tribunales
de opinión, consolidación de redes de acción
solidaria, etc.
Se ha iniciado una discusión y práctica de defensa
de los derechos humanos de carácter interdisciplinario.
Los últimos años han visto el juzgamiento de responsables
de delitos de lesa humanidad, el caso Pinochet constituye para
América Latina un referente de enorme fuerza simbólica
contra la impunidad y su perversa concepción de que existen
seres intocables.
Contamos con avances en la noción de reparación
integral frente a violaciones de derechos humanos, que rebasan
una concepción exclusivamente indemnizatoria traducida
a cifras.
La inminente creación de una Corte Penal Internacional
para juzgar a los responsables de genocidio, delitos de lesa humanidad,
crímenes de guerra, constituye un avance fundamental que
ha tenido como principales impulsores a organizaciones de la sociedad
civil a nivel mundial.
El surgimiento de propuestas sumamente interesantes de ejercicio
de los poderes locales principalmente en municipios que se han
tomado en serio la gestión con enfoque participativo y
de derechos humanos, constituye una realidad a ser difundida y
consolidada.
Finalmente, pienso que el mayor acumulado con el que cuenta la
lucha a favor de los derechos humanos lo constituyen todas esas
personas que en cada parte del mundo le han apostado al sueño
de construir un mundo más justo y solidario. Defensores/as
de derechos humanos, en el más amplio sentido de la palabra,
que en medio de adversidades han sido y son portadores de sueños
y esperanzas.
Retos en la lucha a favor de los derechos humanos
Después de esta especie de balance entre el contexto mundial
actual, la descripción de diversas formas de violencia
vigentes y los acumulados a favor de los derechos humanos, resulta
imprescindible plantearnos desafíos. A continuación
enumeraré aquellos retos que considero prioritarios:
Reafirmar la universalidad e integralidad de los derechos humanos.
Tal como señala Helio Gallardo "los derechos humanos
deben ser universales e integrales (incluyen a todos y comprometen
a la economía, la política y la cultura)".
Reforzar un trabajo a nivel preventivo que tope las causas que
generan diversas formas de violencia pues generalmente el rol
de los organismos internacionales y las ONGs de protección
de los derechos humanos ha estado vinculado a acciones frente
a la violación generalizada de los derechos civiles y políticos,
conflictos y guerras de magnitud enorme. Si bien es comprensible
que se haya priorizado este accionar no es menos cierto que lo
urgente ha hecho dejar de lado lo importante, descuidando la prevención
de la generación de violencias y guerras, apuntando las
causas que las generan.
El análisis de la situación de los derechos humanos
y las propuestas de intervención deben considerar siempre
las relaciones de poder existentes entre los diversos actores
involucrados, pues solo "visibilizando las relaciones de
poder vinculadas a la dominación/subordinación y
evidenciando que no estamos en terreno neutral podemos afirmar
los pasos hacia la equidad (igualdad de los diversos/as)"2
y el ejercicio efectivo de los derechos humanos.
Un reto importante es que los mecanismos de protección
de los derechos humanos reconocidos en los diversos instrumentos
internacionales que conforman el Derecho Internacional de los
Derechos Humanos, vayan dado cada vez mayor paso y peso a voces
y representantes de la sociedad civil y que consoliden un sistema
de rendición de cuentas como mecanismo de legitimación
de su mandato.
Luchar por la democratización de instancias internacionales
como el Consejo de Seguridad, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional,
Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros. Incluir en la
definición de políticas de estas entidades la consideración
prioritaria de los derechos humanos y mecanismos de control de
organizaciones de la sociedad civil.
El propiciar un debate sobre los tratados internacionales de comercio
desde un enfoque de derechos humanos resulta una tarea impostergable.
La lucha contra la impunidad de los responsables de las violaciones
de los derechos humanos tanto civiles, políticos, económicos,
sociales, culturales y colectivos debe ser reforzada y sostenida.
Enfatizar en la reflexión y acción interdisciplinaria
sobre la exigibilidad y justiciabilidad de los derechos económicos,
sociales y culturales y los derechos colectivos, considerando
nuevos actores responsables de su violación como las empresas
transnacionales.
Posicionar un discurso y una práctica en los que la paz
no sea considerada exclusivamente como sinónimo de ausencia
de guerra sino que vaya adquiriendo un contenido en la vigencia
efectiva de los derechos humanos integralmente considerados.
Consolidar la legitimidad de un orden internacional a favor de
los derechos humanos y la paz mundial volteando la mirada a lo
local sin perder la perspectiva global, fortaleciendo en las comunidades
la participación ciudadana y el involucramiento en el desarrollo
comunitario. Esto implica lograr que las personas y comunidades
se asuman como sujetos de derechos y deberes.
Ampliar y fortalecer el trabajo en redes nacionales, regionales
y mundiales.
Difundir y consolidar experiencias participativas de ejercicio
de poderes locales.
Fomentar un ejercicio democrático y respetuoso de los derechos
humanos en los espacios cotidianos como la familia, la escuela,
la iglesia, los medios de comunicación, el trabajo, etc.
Cuestionar el ejercicio de un poder entendido como dominación
e imposición autoritaria de las decisiones sumado a la
vigencia de lógicas paternalistas y clientelares, propiciando
espacios de diálogo, transparentando las relaciones de
poder, equilibrando la distribución de responsabilidades,
favoreciendo la alternabilidad, en los diversos espacios sociales.
Abordar el trabajo a favor de los derechos humanos desde un enfoque
de las diversidades que privilegie relaciones interculturales
y la inclusión de los/as otros/as.
Promocionar los derechos humanos desde procesos educativos, artísticos,
culturales.
Debemos tener siempre en mente el fortalecimiento de un orden
internacional que privilegie la vigencia de los derechos humanos
desde una visión integral, que construya un "nuevo
orden mundial" como contrapeso eficaz al ejercicio arbitrario
del poder y la impunidad y que garantice condiciones de equidad
necesarias para prevenir la violencia y construir la paz. Al mismo
tiempo debemos fortalecer el trabajo a nivel local, empoderar
a las comunidades y organizaciones, fomentar la conformación
de redes de apoyo que partan de lo local, a lo nacional e internacional,
pues los derechos humanos se encarnan en la cotidianidad cuando
son conocidos, re-conocidos y construidos desde lo local.
Si los derechos humanos no son asumidos como vitales en cada comunidad,
cualquier mecanismo nacional o internacional de protección
se torna inerte, ya que solo defendemos aquello en lo que creemos
y solo acudimos a aquellas instancias que creemos legítimas
y eficaces en el procesamiento de nuestras demandas. Resulta ineludible
en este punto afianzar la autoestima de las personas, ya que la
defensa de nuestra dignidad humana está estrechamente vinculada
a nuestra propia valoración.
Amparo Menéndez, al hablar de diversos puntos de entradas
para abordar la gobernabilidad, incluye la mirada de ésta
como "interacciones y prácticas que buscan ejercer
control ciudadano del proceso de toma de decisiones, así
también como acceder a la determinación de las formas
y contenidos cotidianos de convivencia."3 Me parece que esta
visión del buen gobierno es plenamente aplicable a cualquier
orden sea este internacional, nacional, local o cotidiano.
Termino mi intervención recogiendo una cita de Helio Gallardo
que considero sumamente pertinente en el tema que tratamos:
"...el problema no está en la proclamación
de derechos, cualesquiera sea el valor de ellas, sino en la gestación
de las condiciones que hacen posible su factibilidad política."4
Quito, febrero 2002
NOTAS
1. RODRIGUEZ, L, Conceptualización de Género, Violencia
y Salud, en Género Volencia y Salud. Publicación
No. 003 MDMQ-UNFPA, Quito, 1998.
2. SALGADO, Judith, La Discriminación desde un enfoque
de derechos humanos, EN: Diversidad ¿Sinónimo de
Discriminación?, INREDH, Quito, marzo, 2001, p.24.
3. MENENDEZ , Amparo, Para repensar la cuestión de la gobernabilidad
desde la ciudadanía. Dilemas, opciones y apuntes para un
proyecto, Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Vol 1,
Número 1, 1991, p.81.
4. GALLARDO, Helio, Política y Transformación social:
Discusión sobre derechos humanos, Editorial Tierra Nueva,
Quito-Ecuador, 2000, p.21.
* María Judith Salgado. Abogada,
especialista en Derechos Humanos y Democracia, Coordinadora Nacional
del Programa Andino de Derechos Humanos de la UASB, miembro del
Inredh, Ecuador. Ponencia presentada en el Panel "¿Derechos
Humanos desafiados?: Efectos de los intereses políticos
y económicos en la implementación del Derecho Internacional",
parte del Seminario Internacional Exigibilidad de los Derechos
Humanos: Un Enfoque Integral. El uso efectivo de los sistemas
y mecanismos internacionales. Quito, febrero 8 2002.

|