|
La cultura como creación colectiva de una comunidad
La Constitución ecuatoriana vigente, en su primer artículo,
declara que el Ecuador es un país pluricultural y multiétnico.
En los artículos 83, 84 y 85 que se refieren a los derechos
colectivos se amplían estas declaraciones El inciso tres
del artículo 191 dice "Las autoridades de los pueblos
indígenas ejercerán funciones de justicia, aplicando
normas y procedimientos propios para la solución de conflictos
internos de conformidad con sus costumbres o derecho consuetudinario,
siempre que no sean contrarios a la Constitución y sus
leyes. La ley hará compatible aquellas funciones con las
del sistema judicial nacional." Estas declaraciones han dado
lugar a controversias y diferencias de criterios, debido en parte
a que en el gran público no hay suficiente claridad sobre
conceptos básicos como cultura y sus derivados aculturación,
interculturalidad, etc.
Las mentadas declaraciones constitucionales nada inventan, trasladan
a la Carta Magna hechos y situaciones propios de nuestra realidad
que en el pasado, si bien conocidos e interpretados antojadizamente
por los que controlaban el poder político, no "merecieron"
constar en la Constitución.
Quizás como un resultado del proceso de globalización,
una de cuyas causas y consecuencias es el espectacular avance
de las técnicas de comunicación, conceptos como
etnia y nación provenientes de cultura en el sentido antropológico
del término, han logrado especial interés no sólo
en los cenáculos académicos, sino en el gran público.
Thomas Hylland Eriksen, en su obra "Etnicity & Nationalism"
escrita hace diez años afirma:
"Palabras como grupos étnicos, etnicidad y conflictos
étnicos se han tornado comunes en el idioma y se usan
con frecuencia en la prensa, noticias de televisión,
programas políticos y conversaciones informales. Lo mismo
puede decirse de nación y nacionalismo. Debemos admitir
que los significados de estos términos con frecuencia
son ambiguos y vagos.
Ha habido un desarrollo paralelo en las Ciencias Sociales
. Durante los años ochenta y lo que llevamos de los noventa,
hemos sido testigos de una explosión de investigaciones
y publicaciones sobre etnicidad y nacionalismo, particularmente
en las áreas de ciencias políticas, historia,
sociología y antropología cultural".
Las sociedades y las culturas no son estáticas, si ellas
cambian, cambian también los sentidos que se dan a las
palabras usadas, pues el lenguaje es el sistema de comunicación
por excelencia. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua
en su edición de 1980 define a cultura como "Resultado
o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afincarse
por medio del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre".
En su edición del año 2001, añade otra acepción:
"Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y
grado de desarrollo artístico, científico, industrial,
en una época o grupo determinado" y añade Cultura
Popular como "Conjunto de manifestaciones en que se expresa
la vida tradicional de un pueblo".
Un diccionario, más aún si es considerado como
el "oficial" de nuestro idioma, se supone que recoge
los sentidos que las mayorías de habitantes hispanohablantes
dan a las palabras. En sólo veinte años un nuevo
sentido de cultura -el que tiene en las declaraciones constitucionales
mencionadas- ha logrado aceptación en amplios sectores
ciudadanos. Pretendo en esta intervención esforzarme por
esclarecer el significado de estas palabras y otras a ellas vinculadas,
dentro del contexto de la realidad de nuestro país a la
que pretende reconocer nuestra Constitución.
La palabra cultura puede usarse con significados diferentes dependiendo
de las circunstancias y ocasiones; en nuestros días predominan
dos orientaciones básicas: una que tiene que ver con "cultivo"
y desarrollo de facultades y otra con componentes no transmitidos
genéticamente que dan a un conglomerado humano una característica
que la distingue de otras similares y que se denomina identidad.
La coexistencia de estas dos orientaciones, la falta de precisión
en su uso, la mezcla poco afortunado de conceptos y connotaciones,
contribuyen en buena medida a que, al abordar los temas a los
que hacen referencia, se generen desacuerdos y polémicas
que, más que de la realidad en sí, depende de las
diferentes interpretaciones que -a veces de buena fe, a veces
maliciosamente- se den a las palabras.
No es posible que se use una palabra diferente para cada uno
de los ámbitos a los que, en este caso, abarca el término
cultura, pero si es factible que se tenga el cuidado suficiente
para explicar el significado que se quiere dar en cada ocasión
o que haya buena fe para interpretar los términos de acuerdo
con los correspondientes contextos de las publicaciones y de las
realidades.
Carmel Camilleri, en su obra Antropología Cultural y Educación,
escribió
Hay un significado mucho más antiguo y común
en el cual piensa la mayoría de las personas cuando se
pronuncia la palabra cultura: como atributo del hombre "cultivado".
Este último es reputado por dominar los saberes que le
permiten ir más lejos en el conocimiento de todos los
aspectos de lo real, así como los métodos y equipamientos
mentales que le permiten multiplicar y profundizar esta ciencia.
Por otra parte, se le atribuyen posibilidades del mismo orden
en el campo de lo imaginario en donde llega a ser capaz , por
ejemplo, de comprender y gustar formas de arte inaccesibles
a otros, así como de crear él mismo otras nuevas.
Este tipo de cultura abarca un cuerpo de informaciones y de
valores privilegiados por el grupo a los cuales el individuo
accede gracias a un sistema de aprendizaje particular que le
da además el poder de enriquecerlos.
Dotado como está de siquismo superior, el ser humano organiza
su comportamiento mediante una serie de ideas, creencias, normas
de conducta y tecnologías por él creadas, a diferencia
de los animales en cuya conducta predomina el instinto. Estas
creaciones humanas se denomina cultura y la disciplina científica
que las estudia Antropología Cultural. Dentro de este contexto
no cabe el término "inculto" pues, por el hecho
de pertenecer a la especie humana, las personas forman parte de
alguna cultura. Lo que si es evidente es que las culturas son
diferentes en los múltiples espacios de nuestro planeta
sin que sea legítimo hablar de culturas superiores e inferiores,
pues cada una tiene sus propios sistemas de valores para juzgar
lo que es bueno o malo, positivo o negativo, honroso o deshonroso.
Una definición de cultura, dentro de esta orientación
antropológica, que satisfaga a todos, es casi imposible.
Clyde Kluckhohn y Alfred Kroeber registraron más de ciento
sesenta definiciones de cultura propuestas entre 1871 -cuando
Edward Tylor hizo la primera- y 1950.
Con la intención de lograr una mayor claridad de este
término, analizaré brevemente la del antropólogo
senegalés Amadou Mahtar M'Bow que fue Director de la UNESCO
durante veinte años:
"Cultura es a la vez aquello que una comunidad ha
creado y lo que ha llegado a ser gracias a esa creación;
lo que ha producido en todos los dominios donde ejerce su
creatividad y el conjunto de rasgos espirituales y materiales
que, a lo largo de ese proceso, han llegado a modelar su identidad
y a distinguirla de otras."
La cultura no nace con el hombre, es una creación de él,
pero no en términos individuales sino mediante la acción
colectiva de una comunidad. Es posible que personas puedan en
forma independiente, en un momento dado, producir un cambio importante,
pero ese cambio sólo será parte de la cultura si
es que es aceptado por la colectividad.
La humanidad no es igual en todas partes, al margen de variaciones
raciales que en sí mismas son secundarias, las comunidades
se diferencian entre sí por el factor cultura. En este
sentido, si bien es correcto hablar de cultura como algo propio
del ser humano, es quizás más adecuado hablar de
culturas en el sentido de que las múltiples colectividades
se diferencian entre sí por este complejo elemento. Los
grupos humanos deben dar respuestas apropiadas a las peculiaridades
de los entornos físicos. Lo que han hecho a lo largo de
los siglos los esquimales para subsistir en el Polo Norte y sus
cercanías, es sorprendente y admirable, pero nada útil
para las etnias de la Amazonía que deben hacer frente a
entornos diferentes. Pero este factor no es el único que
incide en la diversidad cultural. En ecosistemas iguales o similares
se han desarrollado culturas diferentes, existiendo rasgos o complejos
independientes de los condicionamientos de la naturaleza como
los idiomas. En la Amazonía podemos encontrar una gran
variedad de lenguas correspondientes a etnias distintas. Algo
parecido ocurre con la organización familiar, la magia,
la religión etc.
La creatividad humana se proyecta hacia horizontes amplios, sea
para modificar el entorno, sea para regular las relaciones que
la vida en comunidad requiere o para incursionar en ámbitos
de lo no perceptible. El ser humano nace con una serie de características
biológicas definidas que no forman parte de la cultura
aunque sirven de base para desarrollar rasgos y complejos culturales.
El ser humano no nace hablando ningún idioma, pero si con
características cerebrales y bucales que le permiten aprender
idiomas ya creados o crear nuevos. A diferencia de las aves no
tiene condiciones anatómicas para volar, pero ha podido
crear artefactos que superan estas limitaciones.
En la Antropología Cultural tradicional se distinguía
entre cultura material y no material, o espiritual. A la primera
pertenecen los artefactos hechos por el ser humano partiendo de
elementos materiales que han sido objete de complicadas modificaciones:
herramientas, recipientes, vestido, alimento, transporte, vivienda,
armas, adornos etc. A la segundo sistemas de ideas, creencias
y normas de conducta que regulan el comportamiento humano: organización
económica, organización política, familia,
parentesco, lenguaje, ciencias, religiones, normas morales etc.
Esta división es válida para lograr una mejor comprensión
de las culturas sin perder de vista la relación muy cercana
que puede darse entre las dos áreas. La religión
está en el ámbito de lo no material; objetos para
rituales, edificaciones para culto en el de lo material, pero
la relación es muy estrecha y estos objetos se incorporan
al área de lo sagrado que transforma lo material en no
material en lo que tiene que ver con las actitudes y formas de
conducta de los integrantes de la cultura correspondiente.
Las cultura no aparecen de manera inmediata, se estructuran y
conforman a lo largo del tiempo, es decir requieren un proceso,
esto es una secuencia de acontecimientos y fenómenos interrelacionados
entre sí con algún nivel de coherencia, sin descartar
la intervención del azar. En toda cultura podemos hablar
de una lógica interna y para comprenderla debemos recurrir
a ella. La no comprensión y el rechazo a una cultura diferente
se debe, en gran medida, a que tratamos de interpretar sus manifestaciones
recurriendo a la lógica de la cultura de la que formamos
parte y en la que nos hemos desarrollado.
Toda cultura tiene su identidad ya que se desarrolla de manera
diferente, aunque existan contenidos similares con otras, pero
son estas diferencias las que hacen que cada cultura sea otra
con relación a las demás. Identidad cultural la
podríamos entender como el conjunto de rasgos que dan el
tono peculiar y característico a una cultura constituyéndola
como una unidad diferente.
Relaciones y cambios de las culturas
Muchas son las culturas y, en mayor o menor grado, todas son
dinámicas en la medida en que cambian con el tiempo. Las
culturas no son, a la manera de las mónadas de Leibnitz,
compartimentos aislado absolutamente autónomos. Se relacionan
entre sí en mayor o menor medida según la cercanía
o lejanía en que se encuentren, si bien es cierto que con
el gigantesco desarrollo de los medios de comunicación
iniciado en el siglo XIX y acrecentado enormemente en el XX, sobre
todo en su segunda mitad, la posibilidad de conocer a cerca de
otras culturas es cada vez mayor. Hay cambios endógenos
que se gestan y perfeccionan desde el interior de cada cultura,
pero la mayor parte de estas innovaciones procede del contacto
con otras. Este fenómeno de interrelación entre
culturas diferentes ha dado lugar a una serie de términos
también ambiguos y vagos, sujetos a diferentes interpretaciones,
cono aculturación, transculturación, interculturalidad
entre otros.
Cuando dos culturas están en contacto permanente, se da
el fenómeno de aculturación consistente en el intercambio
de rasgos; cada una incorpora elementos de la otra cultura dando
lugar a modificaciones, pudiendo luego de algún tiempo
surgir una tercera integrada por una síntesis equilibrada
de las dos, lo que algunos denominan mestizaje cultural. Si se
dan diferencias de grado importantes entre las culturas en contacto
en áreas como la tecnología que hacen que una de
ellas controle con más facilidad el poder político
y económico, el proceso de aculturación es asimétrico
produciéndose una mayor incorporación de rasgos
de la fuerte en la débil. La cultura tecnológicamente
más avanzada tiende a convertirse en dominante por muchas
razones, entre otras porque al aplicar las ventajas tecnológicas
a la guerra logra culminar la conquista y establecer su dominio
sobre la derrotada. El elemento hegemonía, suele acompañar
a la dominante entendido como la creencia que se trata de la única
cultura correcta que tiene que expandirse por todos los ámbitos
posibles.
En el caso de América Hispana, especialmente en regiones
en las que se habían desarrollado sólidas e importantes
culturas indígenas, se dio una aculturación asimétrica
en la que la cultura dominante española logró imponer
un muy alto porcentaje de sus rasgos a los grupos indígenas
que fueron dominados y casi a la totalidad de los mestizos que
se incorporaron a la cultura dominada. El idioma y la religión
son componentes especialmente importantes en una cultura, y los
que vinieron de España se impusieron en los estados globales.
No han desaparecido todas las lenguas que hablaban los habitantes
de América antes de la llegada de los europeos pero -quizás
excepto el caso de Paraguay- se mantienen utilizadas por grupos
minoritarios en los ámbitos doméstico y comunitario.
En el caso del Ecuador, es evidente que se trata de un país
pluricultural, esto es que existen en este pequeño espacio
territorial varias culturas. Frente a la blanco mestiza hegemónica
y dominante coexisten varias culturas indígenas sobre todo
en la Sierra y la Amazonía siendo la mayor la Quichua.
El trato desigual de la dominante a las dominadas ha sido extremo
e injusto dándose por mucho tiempo por sentado que esa
era una situación normal, si bien no han faltado protestas
y condenas que se iniciaron con los frailes Antonio de Montesinos
y Bartolomé de las Casas.
Interculturalidad frente a uniformación cultural
No tiene este trabajo por objeto realizar un análisis
de la problemática de las relaciones entre las culturas
blanco mestiza e indígenas a lo largo de la historia. Avances
que se han dado en muchos sectores del mundo conocidos como globalización
que según algunos aspira a una uniformación cultural
en el planeta, han generado también planteamientos y actitudes
que buscan reconocer y aceptar las diferentes culturas como algo
enriquecedor para la especie humana y a considerar que en nuestro
planeta deben subsistir todas ellas en un plano de igualdad y
respeto entendidos como la eliminación de prejuicios y
discriminaciones por parte de los poderosos frente a los débiles.
En la Constitución vigente, por primera vez se reconocen
una serie de hechos y derechos que responden a la realidad con
respecto a las culturas indígenas y a las afroamericanas.,
pero de un mero reconocimiento legal a prácticas sociales
hay distancias. La palabra interculturalidad, de alguna manera
responde a esta meta: coexistencia en el Estado de las diversas
culturas con espacios jurídicos y políticos suficientes
para que todas mantengan sus peculiaridades e identidades sin
que, en las tradicionalmente dominadas, continúe una situación
de desventaja con relación a la blanco mestiza.
La interculturalidad no puede limitarse a reconocimiento, respeto
y eliminación de discriminaciones, la interculturalidad
implica un proceso de intercambio y comunicación partiendo
de los patrones estructuradores de cada cultura superando el prepotente
prejuicio de que la verdad es patrimonio de tal o cual cultura
y que, como poseedora, tiene la "carga" de transmitirla
a las otras.
Acercarnos a esta meta supone realizar cambios en el aparato
jurídico del Estado, superar dogmatismos y buscar un país
diverso pero armónico en el que fluyan las riquezas espirituales
de las diversas culturas para enriquecer al ser humano que vive
en este país aceptando que la diversidad es positiva pues
refleja la multidimensionalidad del ser humano.
* Claudio Malo González.
Realizó estudios de Jurisprudencia. Licenciado en Humanidades,
Doctor en filosofía, estudios de postgrado en Antropología
Cultural en Saint Xaviers College, Chicago. Profesor de sociología,
antropología y problemas de América Latina en universidades
de Cuenca y Estados Unidos. Diputado de la República, Ministro
de Educación, Representante a la Asamblea Nacional Constituyente
(1997-98), Miembro de la Comisión Anticorrupción.
Actualmente es Director del Centro Interamericano de Artesanías
y Artes Populares, Presidente del Instituto de Estudios de Régimen
Seccional del Ecuador de la Universidad del Azuay en Cuenca y
Miembro de la Comisión de Descentralización de la
Presidencia de la República.

|