Programa Andino
de Derechos Humanos

 

 

EDITORIAL

Derecho a la paz

 

La paz, como búsqueda constante de la humanidad en su devenir histórico más bien ha sido considerada como una utopía inalcanzable. El hablar de la paz como un derecho humano establece un camino para concretar este anhelo, pues más que un ideal abstracto es hoy una demanda emergente.

El mundo actual caracterizado por procesos globales de mayor concentración de poder y riqueza; polarización de conflictos; deterioro del entorno y de la propia sociedad humana, está provocando cambios profundos que pone en riesgo la propia construcción de lo humano. Exige revisar concepciones y prácticas que generan dichas fracturas para transformarlas significativamente en pro de una vida libre y digna, como una de las condiciones que dan cuenta de proceso de humanización.

Es importante destacar el mayor reconocimiento y conciencia de que la paz no puede ser reducida y simplificada a la ausencia de guerras, sin que ello cambie la importancia de la erradicación de enfrentamientos armados de cualquier tipo e intensidad, así como de la producción y uso de armas. La construcción de la paz requiere vincular y repensar la política, la economía y la cultura con la finalidad de ubicar nuevas formas de convivencia no violenta.

El reordenamiento planetario requiere avanzar hacia un orden mundial basado en una voluntad política y pacto social que de paso a la superación de formas de opresión, explotación y exclusión, que problematice la vigencia de la democracia, para que más allá de la aplicación de procesos formales represente la vía para procesos constantes de democratización en todo espacio social.

Una economía de paz supone la explotación adecuada de los recursos, la redistribución equitativa y la priorización del uso de recursos para construir sociedades de paz, implica al menos tres acciones centrales: primero, la no asignación de recursos para cualquier forma de guerra; segundo, la adopción de todas las medidas necesarias para disminuir la polarización existente entre "ricos" y " pobres"; y, tercero, la incorporación radical del cuidado de los recursos existentes para garantizar su existencia futura.

La construcción de subjetividades, sin duda es un ámbito subestimado, siendo crucial. La conformación de sentidos que orientan el pensamiento, conocimiento, sentimientos y acción de los grupos humanos es el campo de grandes luchas y que permite la trascendencia de su forma de ser más profunda. Incorporar la dimensión de la equidad y respeto de los derechos de toda persona, de formas no violentas de procesar los conflictos, contribuirán para una conciencia crítica de la justicia y para una convivencia activamente pacífica. La comprensión y acción del mundo de las subjetividades son desafíos que se entremezclan con los anteriores.

La paz implica por tanto, la transformación y respuestas justas a los problemas actuales: la diversidad de conflictos armados, la industria de armas y el armamentismo; el crecimiento de diversas formas de violencia que corroe la sociedad; el consumismo; la disminución de espacios que permitan el repensarnos en nuestra humanidad; la restricción de libertades; los desplazamientos humanos no protegidos; el empobrecimiento masivo provocado por un orden socio económico injusto y que conlleva el hambre, el no acceso a servicios básicos, entre otros más. En suma, a todo aquello que implique el deterioro de la libertad, dignidad y calidad de vida de toda persona y sociedad. Soluciones que no pueden darse sin el activo, conciente y solidario involucramiento de todos y todas, en términos individuales e institucionales.

La justicia política, económica y cultural es la pieza clave para la vigencia del derecho a la paz; derecho que a su vez requiere de la garantía de los derechos en su integralidad, pues el derecho a vivir en paz implica gozar de los derechos ganados y aquellos por conquistarlos.

La justicia vivida y asumida cotidianamente por todos y todas es la garantía para un orden social sin servilismo y discriminación de ningún orden; a su vez, es escuela de formación permanente de una cultura basada en la libertad, no violencia, equidad y el respeto de los derechos de toda persona. Desafío que trasciende las fronteras de países, culturas, geografías e incluso de época históricas, pues la lucha por la paz en su significado profundo, es uno de los procesos emancipatorios más significante de la humanidad, pues finalmente implica la liberación de la noción del otro como enemigo para asumirlo como el semejante que nos permite ser en nuestra singularidad, solo así conviviremos procesando nuestras diferencias sin violencia.


Gardenia Chávez Núñez

PADH-UASB
Quito, octubre de 2006.


 

 

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