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El mundo esta envuelto en una espiral de violencia,
caracterizada por la agudización de los enfrentamientos
supranacionales, regionales, generacionales, étnicos, ambientales,
sociales y de género. La transnacionalización de
la economía, la concentración del poder, la discriminación,
la explotación y exclusión social son parte estructural
de estos enfrentamientos que está llevando a que la supervivencia
del ser humano se encuentre en extrema fragilidad.
Al mismo tiempo, se vive un proceso de globalización
galopante, determinada por la ampliación de un "sentido
común" que fomenta como manifiesta el investigador
social chileno Helio Gallardo, individuos que producen con eficiencia
y consumen con opulencia Es decir personas que manejan tecnologías
de punta -para mejorar los niveles de explotación laboral-
y consumen productos superfluos estandarizados como MacDonalds
y Coca Cola.
Los que no cumplen con la premisa del mercado
son considerados excluidos: al sistema no le interesa que
todos seamos empleados ni consumidores. El modelo posfordista
tiende a la especialización de la producción, dirigida
a consumidores que tienen capacidad de compra. En la etapa de
producción fordista, se pretendía que todos consumieran
los productos que arrojaba el sistema de producción. Por
lo tanto, era necesario que todos tuvieran ingresos necesarios
para acceder a los productos de consumo masivo, lo que se denomino
el 'Nuevo Trato' (en inglés, New Deal). En la actualidad,
no interesa que todos tengan ingresos para acceder a los beneficios
de la modernidad, además de que la naturaleza no aguantaría
si todos los habitantes del mundo consumieran como en los Estados
Unidos y Europa. Por lo tanto, una gran parte de la población
de los países del Sur es excluida o expulsada. Esta política
condujo al extremo de considerar como 'desechables' a la gente
que no muestra los niveles de consumo requeridos por el sistema.
La consecuencia son todos los mecanismos de limpieza social que
conocemos.
El actual proceso globalizante ayuda a que el
modelo neoliberal se pueda implementar de mejor manera,
y a que medidas como la apertura de mercados, los ajustes estructurales,
privatizaciones y desregulaciones puedan aplicarse con mayor facilidad,
en la mayoría de las ocasiones con el beneplácito
de los ciudadanos.
Frente a un proceso estructural de exclusión
social se producen en forma permanente mecanismos de sobrevivencia.
Para el investigador Wim Dierckxsens, hasta las mismas transnacionales
buscan mecanismos "de sobrevivencia". El modelo de crecimiento
neoliberal concentra la riqueza en pocas manos; no interesa ampliar
la riqueza. Por ello, la riqueza en los últimos años
no ha crecido, sino más bien se ha concentrado a través
de fusiones y privatizaciones de las grandes empresas, expulsando
del mercado a las empresas medianas y pequeñas.
La clase media, a su vez, 'se multiemplea' y se
endeuda para mantener los niveles de consumo. En los sectores
populares, se produce una descampenización o migración
externa con el fin mantener la supervivencia biológica.
Todas estas salidas, que son producto de un proceso de exclusión
social, muchas de las cuales en función de la matriz del
individualismo y ensimismamiento, han llevado a
que la espiral de la violencia se reproduzca.
Frente a esta situación, la sociedad reacciona de manera
violenta, incrementando: la delincuencia, los grupos armados,
la migración, las pandillas juveniles, la drogadicción,
los suicidios y otras formas de violencia conocidas, como el terrorismo.
Los Estados nacionales, supranacionales y los mismos ciudadanos,
frente a la violencia reactiva, proponen y fomentan la represión
como salida a la crisis generalizada. Por ende, se incrementan
los presupuestos para la policía y el ejercito, se crean
más leyes represivas, se incrementan las guardias de seguridad,
los individuos se arman más, las casas se convierten en
verdaderas cárceles, con rejas y sistemas eléctricos,
es decir, se construye un sistema que reprime y encierra a los
ciudadanos, la máxima de esta política es un Estado
guardián de la economía.
Es así, que la violencia permea a toda
la sociedad y está presente en todos los ámbitos
en que se desenvuelve el ser humano. Los medios de comunicación,
amparados por una mal entendida libertad de expresión,
difunden y exageran estereotipos de violencia. Asimismo, los planteles
educativos, los hogares, el trabajo son espacios generadores de
violencia cuando descalifican, irrespetan y discriminan.
La mayoría de actores sociales no encuentran
salidas comunes, más bien existe una fragmentación
del movimiento social. Aunque existan objetivos comunes para enfrentar
la problemática, a la hora de ponerlos en práctica
prima una posición individualista que coadyuva a
que las causas estructurales de la violencia se reestructuren
en función de los intereses de los grupos de poder.
Por otro lado, existen movimientos sociales que
ven la necesidad de replantear las luchas frente a los procesos
globalizantes y excluyentes. El lema del Foro Social Mundial,
"Otro mundo es posible", abre esperanzas para
replantear nuevamente nuestras luchas sociales. Se plantea la
tarea urgente de construir un nuevo sentido común, en donde
el centro de la acción es el ser humano y la naturaleza;
y un nuevo proceso de globalización que de cuenta de la
vida y no del dinero.
Este nuevo sentido común considera
que es posible construir una alternativa, pensar de diferente
manera la economía, la política, la cultura y el
papel estratégico que juegan los actores sociales, con
el fin de reedificar el mundo en que queremos vivir, en donde
prime la calidad de vida como forma de realización humana
y no de acumulación de riqueza,
En este replanteamiento, la cultura de paz,
entendida como un proceso de construcción de comunidad,
donde se fomenta mayor justicia y menor violencia, nos da elementos
para replantear el mundo en que queremos vivir.
Para romper la espiral de violencia, se necesita
atacar sus causas. Es decir, es necesario producir cambios
estructurales y actitudinales en la sociedad. Cabe recordar
que en la década de los sesenta y setenta, por no decir
hasta la actualidad, los movimientos sociales querían acceder
al poder y, desde ahí realizar cambios estructurales en
la sociedad. La toma de las armas era parte de este razonamiento.
Por otro lado, la iglesia tradicional intenta producir cambios
en la sociedad a través de nuevas actitudes. Sin embargo,
consideramos que es necesario producir cambios tanto actitudinales
como estructurales, para construir una sociedad que viva una cultura
de paz
Los cambios estructurales implican nuevas
instituciones que estén al servicio de la gente; una nueva
escuela que considere al niño y joven como ser humano y
no como objeto al que hay que educar; un sistema judicial que
garantice la realización de los derechos humanos; medios
de comunicación que informen y no adiestren; una institución
policial como agente social de servicio comunitario y no de represión;
una iglesia que fomente una nueva espiritualidad al servicio de
la vida; agencias multilaterales que permitan el bienestar común
de la humanidad y que no estén al servicio de la acumulación
del capital transnacional.
Pero a la vez, ciudadanos que piensen que la realización
humana pasa por mejorar la calidad de vida donde los bienes son
instrumentos y no el fin para la realización humana; que
somos parte de la naturaleza y que cualquier daño que le
hacemos también nos afecta; que yo crezco humanamente si
el otro crece.
Para Helio Gallardo, producir cambios estructurales
significa trabajar en dos niveles: el primero, en cambios en las
instituciones, es un trabajo en la política; mientras el
segundo, para realizar cambios actitudinales, es un trabajo en
lo político. La política y lo político
son aspectos estratégicos y fundamentales para el movimiento
social, los dos deben ir de la mano para cambiar los niveles de
violencia y exclusión social.
Es necesario asumir una posición crítica
frente a la exclusión social. Para el movimiento de la
noviolencia (1), esta posición es el ejercicio
de la objeción de conciencia, definida como el derecho
que tiene todo ser humano de resistirse a colaborar con los sistemas
que reproducen la violencia.
Una forma de ejercer la objeción de conciencia es la noviolencia
activa, como método y forma de vida. Al decir del Serpaj-Ecuador,
"la noviolencia es una mística pero también
es una estrategia alternativa a la contra violencia y la violencia
estructural e institucionalizada. Vista la noviolencia desde éste
ángulo, debe responder a un proyecto político que
sustente la estrategia, formas de organización masiva y
de conducción que le estructuren y le den eficacia y contundencia"
(2)
Por ende, esta lucha no es de un grupo social
o un individuo, sino requiere de la mayor cantidad de seres humanos
para producir cambios en los niveles enunciados anteriormente.
Es por ello que se necesita un trabajo en y con todos los sectores
de la sociedad .
¿Qué es más importante: estar
en paz o construir la paz? De no creerlo, muchos de los participantes
de los talleres de Serpaj, en una primera aproximación
sobre la cultura de paz, asumen la primera posición. Sin
lugar a dudas, los políticos, medios de comunicación,
la escuela y otros canales han hecho creer que es mejor estar
en paz, no meterse en problemas, mejor quedarse en casa, viendo
la televisión u oyendo música tranquila (y tranquilizante).
Esta versión negativa de la cultura
de paz, que asume la paz como ausencia de guerra y conflicto,
fomenta que las personas no enfrenten el conflicto, por ende,
no asuman posiciones que cambien el status quo. Para el investigador
de la paz Johan Galtung, el antónimo de la paz no es guerra
sino violencia. Por consecuencia, la cultura de paz está
relacionada con la eliminación de todas las formas de violencia.
Serpaj América Latina define a la cultura
de paz como un "proceso dinámico y colectivo que
construye y fortalece valores, creencias, tradiciones y expresiones
sociales que, por la fuerza del amor, promueven relaciones actitudes
y acciones que respetan los derechos humanos generando inclusión,
justicia, respeto, tolerancia, diversidad, equilibrio ambiental,
y la búsqueda de la verdad, alterativa de la cultura de
violencia y de dominación; que enfrenta los conflictos
con procesos no violentos activos propiciando bienestar, felicidad
y liberación, personal, socio-estructural y ecológica"
(3).
Entendida de esta forma, la cultura de paz tiene
una relación vinculante con los derechos humanos y el desarrollo
centrado en el ser humano. Por ende, la tarea de construir la
cultura de paz requiere trabajar en varios niveles: el ético
jurídico, ético político, el cultural y el
económico.
Todo esto pasa por una tarea educativa
como estrategia esencial para lograr la construcción de
un nuevo sentido común que permita seres humanos sensibilizados
con la propuesta de la cultura de paz.
| La construcción
de cultura de paz |
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La cultura de paz es un horizonte utópico;
lo importante en las actuales condiciones es la construcción
de cultura de paz, como una tarea política que permita
romper la espiral de la violencia y todas sus expresiones a través
de la construcción de comunidad.
La construcción de cultura de paz
intenta que las personas o grupos sociales enfrenten los conflictos
de manera no violenta, con el fin de que puedan cambiar las condiciones
socio históricas que producen vulnerabilidad social, pero
además de que las personas sean menos vulnerables.
Frente a los procesos de ensimismamiento e individualismo
que reproducen las prácticas de sobrevivencia individual,
es necesario que la construcción de la paz, como manifiesta
Gallardo fomente procesos que generen, sostengan y amplíen
comunidad (4).
La tarea pasa por la construcción de sujetos
y actores sociales, entendida como la capacidad que tiene el ser
humano para incidir en la realización de los derechos humanos,
tanto generales como particulares. En esta tarea la educación
para la paz y los derechos humanos juegan un papel estratégico
como instrumento que fomenta la construcción de sujetos
sociales que asuman una posición crítica frente
a las situaciones de injusticia social.
| La educación
para la paz y los derechos humanos |
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El concepto educar viene de la palabra
latina educere, que significa sacar de adentro hacia fuera.
Es decir, un proceso, continúo de formación del
ser humano en interrelación con el mundo que le rodea.
Desde que nace, recibe estímulos que interioriza y que
van dando forma a su carácter, sus valores éticos
y estéticos, construyendo sentimientos, desarrollando habilidades
y destrezas.
La educación para la paz y los derechos
humanos (EPDH) es un proceso continúo de articulación
con las vivencias, creencias, conflictos y sentimientos que el
ser humano tiene con el fin ponerlas en interrelación con
los principios de la cultura de paz basados en el respecto, la
justicia y la solidaridad. La EPDH busca despertar la indignación
ética natural que tiene todo ser humano frente a las
situaciones de violencia e injusticia, con el fin de que la persona
ejerza el disenso, como manera de expresarse a las asimetrías
sociales. Es decir, objetar por conciencia.
Entendida como un proceso continuo, desde que
nace hasta que se muere, la EPDH atraviesa a todos los ámbitos
de la cotidianidad humana e incide en la interacción social,
en el sistema de relaciones sociales, y en el sistema de valores
que orientan a una sociedad determinada. Su objetivo es identificar
los paradigmas culturales que promueven y generan violencia
en las relaciones entre personas y grupos, fomentando así
nuevas formas de interrelación basadas en reciprocidad,
solidaridad y respeto que permitan recuperar un nuevo sentido
de la vida.
La EPDH permite la construcción de un nuevo
sentido común, basado en la centralidad del ser humano
y la naturaleza, fomenta la socialización de prácticas
y valores culturales que puedan generar procesos empáticos
entre los valores que se profesan y los que se practican.
Partiendo del reconocimiento de la necesidad de
hacer transformaciones en el ámbito actitudinal y estructural,
con el fin de romper la espiral de la violencia, la EPDH brinda
los elementos necesarios para la construcción de una
espiral de la paz, apostando a la educación como elemento
transformador.
| Metodología
de la educación para la paz y los derechos humanos
(5)
|
|
EL Instituto de Educación para la Paz (IDEAZ)
para la construcción de su propuesta metodológíca
parte de la educación popular, se basa en la acción-reflexión-acción,
pero incorpora un nuevo elemento de partida, el ser humano, el
cual vive una serie de conflictos, los cuales necesitan un tratamiento
para transformarlos y generar una nueva forma de relacionarnos
hacia la construcción de personas e instituciones que sean
capaces de vivir en forma ética, integrada, armónica
y empática(6).
La EPDH se basa en la metodología del sentir,
pensar y actuar. Parte del sentir, porque da cuenta de que
el ser humano no ha perdido su capacidad de indignarse éticamente
a las injusticias. Tiene capacidad de asombro, de angustia cuando
hay niños en la calle; mujeres golpeadas y humilladas;
ver a jóvenes que miran al futuro sin esperanza. Un ser
humano que tiene la capacidad para asombrarse a los actos de belleza
y de ternura que nos da la vida, todos esos sentimientos de odio,
rabia, miedo, pena y sobretodo de amor, que dan cuenta de que
existen seres que están vivos, que están presentes
y que tienen capacidad para transformar transformándose.
Este sentir, que enfrenta al otro como ser humano,
para transformarse, recrear y proyectar la realidad, algunos educadores
han denominado sensibilidad inteligente, o la inteligencia
múltiple. No quedarse solamente en la racionalidad,
que también es importante, pero toma en cuenta, otras dimensiones
del ser humano. Como manifiesta el Padre Fernández, una
"educación abierta a las preguntas fundamentales,
la verdad, la belleza, el conflicto, el fracaso y la esperanza,
abierta también a los saberes no racionales, como la intuición
y la imaginación"(7).
Pero este sentir no tiene que quedarse sólo
ahí: tiene que tener instrumentos para comprender, darle
sentido a los sentires. Es decir, jerarquizar, analizar, comprender
el porqué de las cosas. Que las personas tengan la capacidad
de discernir, de pensar. La educación basada en
los paradigmas de eficiencia y competitividad se basa en la uniformidad
y la disciplina, en donde se repiten los contenidos de memoria.
Castigamos los actos libres y la discrepancia. La educación
da instrumentos para darle este sentido, una nueva sensibilidad
social que permita comprender las cosas, aprender aprendiendo.
En este proceso de discernimiento es necesario incorporar los
valores, que tomen en cuenta a las actuales generaciones y las
futuras, que el otro está en nosotros como manifiesta Octavio
Paz(8).
Si se queda solo en el sentir, formamos objetores
con un nivel de conciencia ingenua, que sólo se indigna
de las cosas y dicen no o si por simple repetición, sin
ningún nivel de razonamiento, cuando un niño dice
no por simple repetición o por llamar la atención.
Cuando se discierne por qué se producen
los procesos de injusticia, se está formando objetores
que tienen un nivel de criticidad a las cosas, comprenden por
qué se dan las injusticias, pero sólo se quedan
mirando, sin hacer nada para que las cosas cambien. Por ello,
es necesario generar un nuevo nivel en el proceso educativo que
es el actuar.
El actuar, desde las realidades concretas,
despierta una nueva sensibilidad para la transformación
social, identificando los paradigmas culturales que promueven
y generan violencia en las relaciones entre personas y grupos,
fomentando así nuevas formas de interrelación basadas
en reciprocidad, solidaridad y respeto que permitan recuperar
un nuevo sentido de la vida.
Fomentando procesos desde el 'sentir-pensar-actuar'
formamos objetores de conciencia, el cual permite no sólo
oponerse, o tener algún nivel de disenso, sino que genera
procesos de transformación social, tanto en el ámbito
actitudinal y estructural, con el fin de romper la espiral de
la violencia y brindar elementos necesarios para la construcción
de una espiral de la paz.

La espiral de la paz fomenta cambios de los espacios
más pequeños hacia los más grandes. En lo
que se refiere a la educación, por ejemplo, plantea que
se debe trabajar desde las normas, para que luego éstas
se transformen en destrezas, luego en valores y finalmente en
principios. Esta metodología permite dar pasos pequeños.
Se basa en el principio holográfico, que manifiesta
que el todo en cada parte y en cada parte, el todo. Al cambiar
una parte, se afecta al todo.
En cada una de las partes, debemos tomar en cuenta
las siguientes características, que permiten fomentar
un mundo más humano y solidario.
- El respeto a la diversidad. Comprender
que se vive en un mundo diverso, que somos seres particulares,
no somos iguales, pero que en la interrelación con el
otro nos vamos construyendo como seres humanos. En este sentido,
la educación debe fomentar la construcción de
identidades y autoestima, promoviendo la autoestima como dice
Helio Gallardo 'queriéndonos con los otros'.
- Unas de las cosas que han reprochado los jóvenes
y los niños, es que la sociedad es adultocéntrista.
Hay muy poco espacio para los jóvenes y los niños,
de ahí la necesidad de dar espacios para estos dos sectores,
fomentando una participación activa en la toma de decisiones
y en el quehacer de las cosas. Tomando en cuenta que los que
más tiempo van a vivir en este mundo son ellos, y son
a los que menos les han preguntado en qué mundo quieren
vivir.
- Incorporar la dimensión de género,
con el fin de avanzar en la equidad entre hombres y mujeres,
reivindicando lo femenino y lo masculino como algo valioso que
los seres humanos tienen y que hay que potencializarlo.
- Fomentar que el ser humano no puede existir
sin un ambiente sano, que somos parte de la naturaleza.
Si destruimos la naturaleza nos estamos destruyendo a nosotros
mismos. Partir del reconocimiento de que no se puede seguir
viviendo en una sociedad antropocéntrica, pensando que
el único beneficiario del planeta es el ser humano. Tenemos
que incorporar una dimensión planetaria, que todo lo
que hacemos, de alguna manera, afecta al otro, aunque esté
al otro extremo de la Tierra. Crear una nueva conciencia ecológica,
particularmente en la responsabilidad de nuestras acciones y
omisiones; educar en los tres eslabones del cambio ambiental
saber - querer - poder. Es decir, estar conciente de la existencia
de otras alternativas de vida, querer incorporar esas alternativas
en la vida cotidiana y que existan las condiciones para asumirlas.
- Fomentar una educación en valores
que ofrece un nuevo modo de mirar los sucesos y los temas, recrea
conceptos y contenidos en las formas de participación
y las prácticas educativas. No se trata solo de promover
los valores sino de recrearlos, se trata de abrir perspectivas
nuevas en el trabajo de promoción y construcción
de una cultura democrática, equitativa entre los géneros,
respetuosa de las diferencias generacionales, que se alimenta
de la diversidad y promueve el cuestionamiento de estereotipos
que sustentan prácticas discriminatorias.
- Los procesos educativos
no solamente se hacen en el aula, sino que se construyen en
interrelación con la realidad social. El educador
tiene que trabajar en el ámbito familiar, laboral y comunitario;
dar elementos para comprender la realidad nacional; participar
en los procesos de la transformación social. De ahí
la necesidad de incidir en la vida comunitaria y en el trabajo
social. Muchas universidades han caído en el elitismo,
pensando que la calidad de la educación pasa por el manejo
de estadísticas y formulas. Sin embargo, la calidad pasa,
por el contrario, por el aporte que podemos dar a los procesos
concretos de transformación social.
- Por último, es una de las características
fundamentales, como dice Mafalda, que la "historia se
construye para adelante". Lo mismo pasa con la educación:
debe construir seres humanos que miren hacia el futuro, personas
que tengan capacidad de imaginación, que no pierdan la
esperanza, que construyan nuevos horizontes. "Sin utopías
no hay avance humano ni educación humanista: la educación
sin utopía sería inconcebible, contradiría
su tarea de mejoramiento constante del ser humano, su propósito
de mantener a la persona siempre abierta a mejores posibilidades
en rumbo hacia la excelencia humana y profesional. Las utopías
no son, hay que decirlo con fuerza, un falseamiento de la realidad,
sino un necesario para explorar sus posibilidades reales."
(9)
La idea de comunidad está en cada uno y
en todos, se necesita de los otros para establecer derechos, obligaciones
y responsabilidades comunes que construyan una nueva forma de
convivencia humana. Eso supone una nueva ética, donde valores
como la tolerancia para construir en la diversidad, el respeto,
la comprensión, la solidaridad y la justicia sean elementos
constitutivos.
Estamos convencidos que solo una formación
sistemática permitirá desarrollar nuevas percepciones
y reconstruir valores que devuelvan al ser humano la esperanza,
la solidaridad y la ternura, perdidos en el empeño de lograr
la sobrevivencia personal.
- "La palabra noviolencia
proviene de la traducción del término hindú
"ahimsa".
Los movimientos noviolentos europeos siempre han utilizado el
término noviolencia como una sola palabra. La razón
principal es la de explicitar con total claridad que la opción
noviolenta no supone una mera negación de la violencia
directa, sino un proyecto positivo de transformación
radical de la sociedad y de nosotros y nosotras mismas. El objetivo
fundamental será acabar con la denominada violencia estructural
haciendo de la coherencia entre fines y medios uno de sus elementos
fundamentales." (Paco Cascón)
- Jhonny Jiménez, HACIA
UNA AGENDA POLÍTICA DEL SERPAJ, 2002, no publicado.
- SERPAJ-AL; Colegiado de Porto
Alegre 2005. Citado por Jhonny Jiménez en su ponencia
en su ponencia cultura de paz y resolución alternativa
de conflictos.- realizado en Paraguay.-2005
- Gallardo Helio, Encuentro Regional:
LA Paz es Joven, 2005. Serpaj Ecuador. No publicado.
- Tomado de la propuesta metodológica
del Instituto de Educación para la Paz, expuesta en el
módulo básico de Educación para la Paz
y los Derechos Humanos.
- Principios de la Cultura de
la Paz, propuesta política del IDEPAZ.
- Idid. Padre David Fernández
S.J.
- Idid. Padre David Fernández
S.J.
- Idid, Padre David Fernández
S.J.
* Presidente del Servicio Paz
y Justicia del Ecuador.

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