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El proceso constitucional en Bolivia. Evo Morales y su contradictoria posición sobre las autonomías regionales

 

Carmensusana Tapia Morales *

 


"Nunca se cambia la constitución de un pueblo sin perturbaciones".
Erasmo

Más allá de la expectación que generó la elección y posesión de Evo Morales como presidente de Bolivia, así como el interés que acaparó la manera como en sus discursos y pronunciamientos se refería a temas relacionados con la nacionalización de los hidrocarburos; los asuntos de gestión administrativa del actual ejecutivo boliviano concentran la atención por estos días, en especial, después de la iniciación de las sesiones legislativas organizadas en torno a la Asamblea Nacional Constituyente de Bolivia, instaurada desde el 6 de agosto en la capital de la nación andina.

Sin lugar a dudas, un tema primordial en la presente agenda gubernamental lo configura el proyecto político que de alguna u otra forma, recuerda el proceso constituyente que se llevaría a cabo durante la década de los noventas en países como Colombia, ya que en ambos casos, participaron y lograron el reconocimiento nuevos actores sociales con temáticas que lograron afianzarse en el panorama político oficial. No obstante en el caso boliviano, es indiscutible que el tema de las autonomías regionales tomará un nuevo rumbo, particularmente porque en materia del Ordenamiento Territorial boliviano, esta temática irá de la mano con asuntos relacionados con la emergencia de nuevas ciudadanías y la relevancia de sectores poblacionales como el indígena dentro del proceso de construcción de democracias participativas en Latinoamérica.

A continuación me referiré a los antecedentes políticos e históricos que conllevaron a la emergencia de líderes indígenas en el escenario gubernamental boliviano, explicando brevemente por qué del espaldarazo al gobierno de Evo Morales por parte del pueblo andino. Seguidamente presento a grandes rasgos, lo que ha constituido el panorama político latinoamericano en las últimas décadas, donde han irrumpido nuevas fuerzas que polarizan aún más el horizonte político. Al respecto, mencionaré el despunte de las ideologías de izquierda en el país andino y la manera como esta fuerza política logrará postular nuevas temáticas que muy posiblemente, generarán reformas radicales en lo que respecta a la nacionalización de recursos, la relación de éstos con el uso social de beneficios, la distribución de la tierra y el ordenamiento planificado del territorio. Sin dejar de lado los antecedentes del actual proceso constitucional boliviano, mencionaré también lo que desde mi perspectiva, será los dos alcances que principalmente obtendrá este proceso constitucional, frente a la mayoría absoluta de asambleístas y a los temas de referéndum autonómico y descentralización.

A renglón seguido, aludiré a la posición contradictoria del mandatario boliviano frente al tema de las autonomías departamentales, quien en un comienzo, avaló dicho proceso; pero con el transcurrir de los días, su postura y visión frente al asunto se invirtió por completo, al punto de convertirse en un defensor acérrimo del no autonómico de los departamentos y provincias bolivianas. Al respecto, en este ítem planteo cómo puede interpretarse el cambio de parecer de Morales y su gobierno, esbozando la táctica utilizada por el gobierno para "arrastrar" la opción de voto hacia esta tendencia.

A manera de conjetura expongo el posible escenario postconstitucional en Bolivia, inquiriendo si es factible que quienes tradicionalmente han detentando el poder respeten un nuevo pacto constitucional con posibles cambios radicales a la actual situación boliviana. Infiero algunos de los debates que se pueden dar no sólo entre los asambleístas, sino también, en el seno mismo del Movimiento Al Socialismo (MAS), frente a temas relacionados con la dirección de la Asamblea y a la manera como deberá ser replanteada la constitución boliviana. En este mismo tópico me referiré en aparte a las experiencias constitucionales de Colombia y Venezuela, tratando de hallar algunas semejanzas y planteando las diferencias que caracterizan los citados procesos con el caso boliviano.

Finalmente presentaré a manera de conclusión, algunos de los temas que posiblemente se pondrán en el tapete con esta constitución, así como expongo, algunas consideraciones frente a esta temática y a su devenir en el horizonte político boliviano y latinoamericano.

El arribo de Evo Morales a la presidencia de Bolivia: una elección anunciada producto de la transformación política local

Más allá de la hipótesis que asegura que el presidente Evo Morales llegó a la presidencia de Bolivia gracias al apoyo de la población mayoritariamente indígena de este país quienes pudieron advertir su aparición en el escenario político como el advenimiento de un héroe mesiánico (probablemente la representación moderna del Inca Pachacutí), es importante tener en cuenta la dinámica política que antecedió a la elección de Morales y que se instaura en el país andino a finales del primer quinquenio de los años noventas (1994 - 1995), específicamente durante la primera administración del entonces presidente electo Gonzalo Sánchez, quien liderando un mandato de carácter innovador y verdaderamente "revolucionario", impulsó una política de descentralización radical que conllevó por primera vez en Bolivia, a una verdadera reforma de carácter administrativo producto de los constantes debates y discusiones sostenidos en el ámbito local.

Dicha descentralización propuesta tanto en la administración como en la designación de recursos municipales, impulsó la creación de trescientos veinte municipios (320) al interior del país; política que a su vez generó un verdadero impacto en el devenir histórico boliviano, puesto que prepararía la atmósfera posterior para que fuese plausible y tolerable el lanzamiento al ruedo político de indígenas.

En Bolivia, antes de la década de los noventa, era imposible pensar que un indígena pudiera llegar a ser alcalde o concejal. Era común que en el ámbito municipal tomaran control y gobernaran los grupos de poder local, sólo hasta después de la reforma que impulsó la descentralización, empezaron ha emerger indígenas en cargos públicos municipales. Este aspecto incidiría a posteriori, para romper con el tabú de que los indígenas no eran capaces de gobernar; y, ayudará ha explicar el porqué se dio el fenómeno Evo Morales en este país.

Entendiendo el contexto histórico y político boliviano fácilmente se comprende el porqué la designación de Morales no "rasgó las vestiduras" de los tradicionales actores políticos bolivianos, quienes poco a poco y con el paso del tiempo, se habían acostumbrado a presenciar indígenas en el escenario administrativo local, admitiendo con cierta naturalidad, el acceso al poder de nuevos actores políticos. Básicamente el cuestionamiento que se dio fue el siguiente: si en el contexto provincial votar por un indígena había dado buenos resultados, ¿por qué no hacerlo en el ámbito nacional donde era necesario renovar el cuadro político tradicional?.

Este aspecto que anteriormente cito, también nos puede ayudar a explicar porqué el gobierno de Morales optó por nombrar como ministros, diputados y asambleístas a indígenas con amplia trayectoria en la gestión pública municipal (recordemos que muchos de los electos en carteras ministeriales ya contaban con amplia experiencia en los comités de vigilancia departamental, en los concejos municipales o en órganos de carácter legislativo o ejecutivo local. Lastimosamente los medios de comunicación simplificaron el nombramiento de muchos de estos personajes en cargos políticos prestantes al simple hecho de resaltar la procedencia indígena o campesina de los funcionarios, aminorando su experiencia en la gestión pública y mostrando una imagen tergiversada de los verdaderos motivos que realmente primaron a la hora de elegir a los funcionarios.

Si bien dichas designaciones del presidente boliviano causaron estupor y conmoción a nivel internacional, es fácil presuponer que Morales hubiese sido incoherente e inconsecuente con su propio discurso si hubiera colocado en sus principales carteras ministeriales a tecnócratas, siguiendo el vivo ejemplo de muchos gobiernos latinoamericanos (p.e. el gobierno de Lula), que pese a considerarse progresistas, continúan nombrado a los habituales tecnócratas de turno, perpetuando así las prácticas de poder adoptadas en gobiernos y administraciones pasadas. Nombramientos que se llevan a cabo bajo la creencia de que el ejercicio del gobierno es una labor demasiado técnica para los nuevos movimientos políticos emergentes (indígenas, de izquierda, gremiales u otros movimientos sociales), que no estarían aparentemente preparados.

Justamente considero que la coherencia entre lo que dice y hace por parte de Morales, es lo que elucida el porqué a seis meses de dar comienzo a su gestión, el pueblo boliviano aún le ratifica su apoyo y le dan crédito a su mandato; respaldo comprobable con el porcentaje de votación registrado durante los últimos comicios celebrados en este año y en los cuales también se evidencia la paradójica posición en que cae el propio gobierno de Evo Morales frente al tema de la reforma autonómica y ordenamiento territorial boliviano; tema que analizaré con detenimiento a continuación.

La constituyente boliviana como antesala a una nueva generación legislativa latinoamericana

América Latina ha venido moldeando su panorama político debido en buena parte al fracaso generalizado de la propuesta neoliberal; panorama en el que es evidente el abandono de las tradicionales divisiones políticas que caracterizaron el escenario político de la mayoría de países latinoamericanos durante el siglo XX, y la emergencia y sustitución de los partidos habituales por fuerzas políticas vinculadas a las ideologías de izquierda y de derecha que en la actualidad, se disputan el dominio político de la región. Pese a que en cada país, la composición de cada una de dichas fuerzas es distinta y reviste matices diferentes, es importante señalar que el caso boliviano es por excelencia el escenario político que ejemplifica la polarización de fuerzas, configurando la experiencia constituyente boliviana como novedosa, por cuanto tal vez es la primera ocasión en la cual una Asamblea Nacional Constituyente estará bajo el predominio de la izquierda.

Si bien puede acontecer que los asambleístas partidarios de Morales no logren imponer una constitución de acuerdo a su tendencia ideológica, será más que seguro que entre los temas que propongan, se postulen tópicos que generen reformas realmente radicales para Bolivia; reformas que obviamente tendrán efecto a nivel local, regional e internacional. Por tanto, el ejemplo legislativo boliviano ayudará ha responder interrogantes tales como cuál es el Estado que realmente es capaz de diseñar la izquierda; hasta dónde la Constituyente boliviana representará cambios fundamentales respecto a la tradición constitucional de América Latina, tradición que en su mayoría se vincula a la corriente liberal con una apertura en las últimas dos décadas a lo que se ha denominado "la consagración de los derechos económicos, sociales y culturales" o "Nuevo Derecho"; y por último, cuál será el rumbo de esta constituyente que como decía anteriormente, por primera vez en América Latina será formulada por partidarios de la izquierda.

De otro lado y sin llegar a contradecir lo expuesto inicialmente, es indiscutible que la puesta en escena de nuevos contenidos y tópicos políticos en el contexto del poder boliviano por parte de Evo Morales, contribuirá notoriamente a la hora de que éste sea secundado por el pueblo boliviano; máxime cuando su gobierno se juega la puesta de una constituyente planteada inicialmente por los movimientos indígenas desde los años 1992-93, época en la cual se realizaron las primeras grandes marchas desde diferentes lugares de Bolivia hacia la capital, exigiéndose la conformación de una Asamblea Nacional Constituyente.

No obstante, no es coincidencial que el gobierno de Morales plantee la formulación de una nueva constitución boliviana justo de manera paralela a las discusiones, debates y decisiones que se decretaron en este país andino en torno al tema del gas y a la nacionalización de los hidrocarburos. Tampoco debe sorprendernos que dicho gobierno lleve avante el tema de la constitución, después de los resultados obtenidos en las votaciones del referéndum; resultados que de alguna u otra forma nos dejan expectantes, ya que el proceso constituyente boliviano promete reevaluar muchos de los términos que enmarcaron las experiencias legislativas latinoamericanas en la década de los noventa.

Experiencias entre las cuales se destaca el caso colombiano como el que aglutina muchas de las propuestas y novedades legislativas de entonces -respetando las innegables y amplias diferencias históricas de cada país latinoamericano que llevaron a cabo procesos constitucionales-, donde básicamente se optó por el impulso y difusión de una democracia participativa que fomentara la creación de una defensoría del pueblo, el desarrollo de cartas de derecho y el reconocimiento a la diversidad cultural existente en cada país.

Sin lugar a dudas el proceso constituyente boliviano tocará temas con mayor grado de profundidad en comparación con el caso colombiano, uno de los cuales tiene que ver con la cuestión en torno a los recursos naturales, ya que no solo se discutirá el asunto concerniente a la propiedad de dichos recursos y a las regalías obtenidas -temas que definieron en gran medida el referendo-; sino también, aquellos relacionados con el uso social de los beneficios que generarán los recursos extraídos. Frente a este último aspecto, es importante señalar que Bolivia es hoy por hoy, uno de los países suramericanos (junto con Argentina), con mayores reservas de gas en toda la región; aspecto que incidirá enormemente a la hora de definirse esta experiencia legislativa como el comienzo de una nueva generación de procesos constituyentes en América Latina, donde además de ser prioritarios los temas sociales y de recursos naturales, realmente se discutirán aspectos sensibles a la problemática sociopolítica latinoamericana y que tienen que ver con la distribución de la tierra y el ordenamiento planificado del territorio nacional.

Es importante tener en cuenta el alcance que la constituyente boliviana podría tener en términos temáticos. Para dar comienzo al análisis de este aspecto, es importante registrar que en Bolivia se ha votado una Asamblea Nacional Constituyente, donde la fuerza de Evo Morales ha logrado una mayoría aunque no lo realmente suficiente para controlar en general el proceso. Al respecto, el presidente Morales ha afirmado que establecerá unos acuerdos para sacar adelante una mayoría solvente; aspecto que sin lugar a dudas, será una de las líneas de trabajo en este proceso.

Una segunda línea tendrá que ver con el tema del referendo autonómico; tema en donde se empieza a denotar una aparente contradicción en el sentido de que este tópico (el de la autonomía territorial), siempre ha sido una demanda tradicional en este país andino como en los demás países latinoamericanos; sin embargo en Bolivia, la descentralización no ha avanzado a nivel regional como si ha sucedido en el caso colombiano, por ejemplo. Para ilustrar lo anteriormente dicho, basta con decir que la alcaldía de una de las ciudades más importantes en este país como es el caso de Santa Cruz (la segunda ciudad), aún se decide en La Paz; en tanto que los gobiernos de las denominadas Prefecturas -un equivalente a lo que se conoce en otros países latinoamericanos como territorios o provincias-, todavía están bajo el dominio del poder central.

Esta situación de limitado avance en el tema de descentralización regional, ha sido lo que ha generado una fuerte reacción en dicho país, puesto que en términos de una visión geopolítica muy amplia, hoy Bolivia se debate en dos claros polos de desarrollo: el polo tradicional ligado a La Paz en la zona andina y el polo de Santa Cruz que se articula aún más en el ámbito internacional que en el nacional, con naciones como Brasil y Argentina, lo que le ha permitido el desarrollo de grandes y prometedoras infraestructuras en esta región, de lógica a la integración y al MERCOSUR. Esta polarización de la nación "en dos Bolivias": la andina tradicional y la de oriente, ha conllevado a que importantes fuerzas políticas de distinta orientación (empresarios, movimientos indígenas, campesinos, sindicalistas, etc.), reclamen mayor autonomía y autodeterminación para sus regiones y sus comunidades.

No obstante, la verdadera paradoja consiste en que el gobierno de Evo Morales y el posicionamiento de buena parte de los movimientos sociales que tomaron parte en esta coyuntura electoral, manifestaban estar en contra de las autonomías por considerar que este tema debía tratarse como un asunto que hacía parte del proceso constitucional nacional y no del devenir político regional. Esta situación tiende ha complicarse aún más, cuando en Bolivia existe una clara tendencia a establecer el principio autonómico sobre la idea de que hay regiones que son propietarias de los recursos; tendencia que es leída bajo la óptica del gobierno y de otras fuerzas políticas, como disgregadora y que imposibilitaría el acceso y propiedad de los recursos naturales por parte de toda la nación.

Para intrincar aún más el panorama, es importante resaltar que en las votaciones de la constituyente, fue clara la aceptación autonómica por parte de cinco de las nueve regiones existentes en Bolivia, en tanto que las otras cuatro se opusieron a la propuesta. Si se examina con detalle las votaciones, es notorio que la fuerza de Evo Morales ganó en Santa Cruz, en Tarija y en otras regiones que respaldan el punto de vista autonómico en Bolivia; en contraposición a los resultados obtenidos en zonas como Beni -cercana al hito fronterizo con el Brasil-, donde perdió. En general podría decirse, que se dio una situación en la que si bien triunfaron quienes querían mayor autonomía; contra los pronósticos, también la propuesta presidencial de conformar una Asamblea Nacional Constituyente tuvo alta aceptación en el país andino.

Es evidente entonces, la existencia de una tensión que claramente el proceso de constituyente boliviano deberá resolver más allá del simple tema de ordenamiento territorial como sucedió en el caso colombiano. Reitero entonces, que estamos ante un escenario muy interesante, en donde posiblemente el referendo va ha contribuir a convertir el tema territorial en uno de los ejes fundamentales de la constituyente; y será la Asamblea Nacional Constituyente la que definirá en gran medida dicho tema, teniendo entre otros ingredientes, el reclamo de las distintas comunidades indígenas tanto en oriente como en la zona andina, por adquirir mayor grado de autonomía y autodeterminación y esas son sin duda, reivindicaciones realmente trascendentales en este país, dada la composición demográfica y sociológica de la nación boliviana.

¿Cómo se explica la evidente contradicción del gobierno de evo morales frente al tema autonómico?

Si retrocedemos en la historia de Bolivia décadas atrás, nos encontramos que la primera Asamblea Constituyente data del año 1967 y que sólo, hasta el segundo quinquenio de los años ochentas, las modificaciones legislativas a la constituyente se realizarían de manera procesal, lo que significaba que las reformas aprobadas en una gestión legislativa, solo eran ratificadas y aplicables en la administración gubernamental siguiente. Este carácter de reforma sobre la constitución tenía como principal propósito evitar que la mayoría circunstancial de asambleístas cambien constantemente el instrumentos legislativo, requiriéndose por lo tanto, el consenso entre todos los miembros integrantes de la Asamblea. Este proceso que no satisfizo al pueblo boliviano, incidió para que se propusiera la conformación de la actual Asamblea Constituyente, la cual reforma la legislación nacional boliviana sin esperar que sea paulatina.

Hoy por hoy, este proceso constitucional es avalado por el partido gobernante, aunque lamentablemente, el jefe del Estado boliviano se abstrajo de lo que realmente significa dicho proceso y asumió equívocamente que el porcentaje de votación obtenido por el sí a la autonomía regional, sustentaba el respaldo del pueblo boliviano hacia su gestión y puntuaba su gobierno seis meses después de haber sido electo como presidente, lo que significó que asumiera dichas elecciones con carácter de plebiscito.

Lo anteriormente dicho se puede corroborar en la manera como el propio Morales asumiría el referéndum, antes y después de la votación. En un primer momento del proceso, Evo Morales dijo apoyar la autonomía departamental abogando la solicitud expresa por el propio pueblo boliviano, que desde hace tiempo, exigía avanzar más allá de la autonomía municipal. Fue tal su patrocinio, que el propio mandatario insistió a los electores para que votarán en masa por el sí autonómico, lográndose un porcentaje superior al 95 %. Esta actitud positiva hacia el sí por parte del presidente y de su gobierno, contrastó al paso del tiempo, cuando la administración del propio Evo Morales se opuso abiertamente al sí, divulgando que el voto debería inclinarse a impedir la reforma autonómica.

Entonces, ¿cómo podría interpretarse este cambio de parecer del gobierno de Evo Morales frente a la opción de voto del sí autonómico?. Aunque pueda sonar sin sentido y hasta provocador -en especial, a los seguidores de carismático presidente boliviano-, es factible que la aparente vacilación se deba básicamente a la "necesidad" de imponer cierta hegemonía de su gobierno en el panorama político boliviano, ya que él mismo, atisbó que el tema de las autonomías estaba siendo enarbolado especialmente por los grupos de poder tradicional existentes en Santa Cruz, interpretando -erróneamente- que el decir sí a la autonomía, significaría darle poder a las regiones que avalaban esta opción de voto y por ende, a estos grupos. Por tanto, es posible que haya visto en esta coyuntura, la oportunidad para doblegarlos y derrotarlos electoralmente hablando, respaldando el no autonómico aunque fuese de manera provisoria.

Penosamente y hasta donde han hecho despliegue periodístico los medios de comunicación, se sabe que dicho tema terminó convirtiéndose en un simple enfrentamiento verbal entre el gobierno y los comités cívicos departamentales; donde en realidad, no se discutió a fondo el asunto en cuestión: si es o no conveniente la autonomía político - administrativa y económica de las regiones bolivianas.

No obstante, el resultado de los comicios evidenció que más del 50% de los votos se encontraban a favor de sí autonómico; resultado que nos lleva a cuestionarnos el porqué de este resultado, y nuevamente apunto hacia la manera astuta como el gobierno central "arrastró" la opción de voto del pueblo boliviano, hacia el apoyo de la actual legislatura.

Hay quienes aseveran que lo que pasó fue que el pueblo boliviano, en su mayoría indígena, no entendió el significado y los beneficios que traería la descentralización y autonomía regional, sin embargo, desecho este punto de vista y me atrevo a señalar que si regiones como Ulluni, donde se sufragó a favor del no autonómico a pesar de ser la zona por excelencia donde más se ha sufrido el centralismo y las consecuencias de un Estado unitario y cerrado; fue porque votaron pensando en respaldar a Evo Morales, porque creen en el presidente que eligieron, lo que denota que Evo Morales logró calar la imagen de que el voto a favor de las autonomías departamentales, respaldaba la presencia de los tradicionales grupos de poder que pululan en las regiones; en tanto que la opción de voto por el no autonómico, respaldaba a los miles de bolivianos pobres que teóricamente representa Evo Morales. Por consiguiente reitero, que la discusión autonómica se convirtió finalmente en un apoyo a Evo o en un rechazo a su mandato; quedando en ese sentido dividido el país en dos bandos: entre quienes apoyan el actual gobierno y entre quienes avalan el punto de vista que emana en las regiones.

Es imposible pensar que todo un personaje como Evo Morales, quien ha irrumpido en el escenario político emergiendo de asociaciones y movimientos indígenas (aymaras) y sindicales donde es "pan de cada día" el reclamo por la autonomía; se oponga rotundamente a la descentralización y a la autonomía regional. Nuevamente recalco en que la principal razón que justifica su reprochable decisión, responde a cierto carácter hegemónico que quiso establecer, obteniendo resultados contrarios a los anhelados y denotando no salirle bien su apuesta.

Pese a que muchos analistas declaran que en este referéndum se hizo evidente el fracaso de Morales y el declive en su popularidad, en contraste pensaría que el resultado obtenido de más del 50 % a favor de la conformación de la Asamblea y del sí autonómico, consolida al partido de gobierno no solo en votación sino también a nivel de presencia nacional, ya que su representación se hace sentir en regiones en donde normalmente eran vedados los movimientos de izquierda, tal como sucede en el oriente, específicamente en la ciudad de Santa Cruz, donde el partido político de Morales se afianzó como primera fuerza, situación que hace unos años era impensable; o como sucedió en Tarija, principal zona petrolera de Bolivia, donde también se fortaleció como principal partido político.

Panorama actual frente a la conformación de la asamblea constituyente y cuál puede ser el escenario postconstitucional en Bolivia

Con el aval expreso por los bolivianos de dar vía libre a la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente, ésta empezó ha ejercer sus funciones a partir del 6 de agosto del presente año, integrada por un total de doscientos cincuenta y cinco asambleístas.

El principal dictamen establecido por la Asamblea antes de su instauración, fue el de implantar que para cualquier aprobación de reforma o acuerdo, se exigiría el equivalente de dos tercios de los votos totales de los asambleístas; es decir, el voto de 175 miembros que conforman esta institución. No obstante, esta aprobación de la constitución en la Asamblea, será de carácter parcial; ya que en el caso boliviano se ha establecido que ésta sea objetada o ratificada en un nuevo referendo, lo que conllevará a que la gente otra vez vaya a comicios electorales el próximo año. Y aquí es donde surge nuevamente un interrogante: ¿qué pasaría si la constituyente no es aprobada en referéndum por el propio pueblo boliviano?.

Para dar algunas luces al respecto, es bueno aludir a casos específicos latinoamericanos donde se dio dicha situación y concretamente, vale la pena mencionar lo acontecido en Guatemala, donde después de ser aprobada la constituyente por la Asamblea, ésta iba a revalidarse mediante referendo. Contrario a los pronósticos y pese a la labor y el empeño puesto por los asambleístas, la propuesta de constitución guatemalteca fue rechazada en la consulta popular y básicamente no fue aprobada en dicho referéndum, porque mucha gente previó que esta carta legislativa cambiaría de manera radical, lo que aseguraría una transformación contundente al Estado guatemalteco. Sin vaticinar lo mismo para Bolivia, es importante tener en cuenta que esto podría ocurrir y por lo tanto, no sería nada raro que en el siguiente año, la batalla electoral en este país andino se concentre en definir el si o el no a la constituyente.

A pesar de esta situación, es importante profundizar en lo que constituirá el nuevo panorama postconstituyente en caso de que la nueva carta consagre cambios fundamentales en la línea de la ideología del Movimiento Al Socialismo y de los otros movimientos con matices de izquierda. Es probable que este nuevo panorama muestre que no hay posibilidades de que el establecimiento y la oligarquía tradicional (dueños de las grandes empresas y de los medios de comunicación), quienes tanto a nivel regional como nacional han detentado el poder, respeten un nuevo pacto constitucional; atisbándose en el horizonte, un tipo de "intentona" no democrática que fuerce la no consagración y el no establecimiento de una constitución que ofrezca avatares enérgicamente radicales. Y aunque no se asimile precisamente al caso venezolano y al colombiano, es importante tener en cuenta lo acontecido en estos países después de la instauración de sus nuevas constituciones, donde el común denominador fue querer soslayar lo acordado en las cartas magnas: en el caso venezolano, la oposición en el intento de prescindir y evadir lo establecido en la nueva constitución hizo un intento de golpe de estado; en tanto que en Colombia vivimos una especie de "sublevación sorda" contra la constitución de 1991 que significó en la práctica y después de su expedición, la negación de los gobiernos ulteriores a llevarla a cabo, incluso muchos de los cuales, la han ido desmontando, porque las fuerzas políticas que lograron allí incluir cambios sustanciales, se han debilitado y no fueron capaces de defender en la calle lo que habían logrado con los votos en la Asamblea.

Desde ya se vislumbra un debate en el seno mismo del Movimiento Al Socialismo, donde se están haciendo evidente las discrepancias a la hora de elegir quién va a dirigir la Asamblea; tópico que ha dividido al movimiento entre intelectuales no indígenas e indígenas, y que desde la perspectiva de los medios de comunicaciones, se reduce a la división entre radicales y no radicales.

Sin embargo más allá de esta discusión, se avizora entre estos mismos actores una nueva controversia que gira entre quienes desean que la constituyente inaugure un cambio substancial en la manera como se ha regido el país, donde la totalidad de la carta magna sea susceptible al cambio (lo que llaman "originaria"), favoreciendo la transformación del congreso y la ascendencia de una verdadera democracia participativa; y entre quienes contradicen esta posición y señalan que es imposible prescindir de los más de 150 años de vida republicana y por lo tanto, la constitución actual deberá respetar la tradición histórico -política de esta nación.

Si bien el país en general espera cambios, es lógico suponer que tampoco es adecuado que se haga "borrón y cuenta nueva" a la realidad de Bolivia. Más allá del querer transformar por completo la realidad política boliviana, es razonable pensar que aspectos de la actual constitución aún sin modificar, no deberán substituirse así como así en la nueva carta magna.

Al respecto, vale la pena resaltar el articulado 109 que tanta controversia ha generado, donde se explica como se divide político-administrativamente Bolivia en departamentos, provincias y municipios; articulado que es objeto de litigio entre quienes opinan que el país debe reorganizarse con base en lo indígena, en tanto que la contraparte opina que debe optarse por una estructura de corte federalista donde se instauren estados autonómicos cimentados en las diferentes regiones existentes en Bolivia. Aunque la propuesta de reorganización teniendo como base la concepción indígena pueda sonar llamativa y sugerente, es bueno que no se pierda de vista la trayectoria histórica que detenta Bolivia en el tema de organización político administrativa y que no deponga dicha experiencia, sin una seria argumentación.

Ahora, aunque es factible que el caso boliviano repita lo acontecido con Venezuela, en relación con el avance de la oposición, hay que aclarar que a diferencia del nación bolivariana, el gobierno actual de Bolivia cuenta con antagonistas que trascienden los límites de los partidos o bloques de oposición comunes en Venezuela, y más bien hoy las regiones están ocupando los tradicionales bastiones de oposición. De hecho el mismo gobierno reconoce a sus antagonistas políticos, identificándolos con instituciones concisas (comités cívicos y las prefecturas), "parapetadas" -como dice el gobierno-, o impulsados en las regiones, lo que ratifica que el nivel de oposición ya no es de carácter partidario. No obstante a futuro, la fisonomía de las fuerzas de oposición pueden cambiar y la coalición de Evo Morales puede verse enfrentada nuevamente a movimientos y facciones políticas opositoras como las de Jorge Quiroga, Dorian Medina o la de los partidos tradicionales como Unidad Nacional, Podemos y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

En general, podríamos decir que ésta clase de oposición (partidaria), no encuentra formas de articulación por el momento; aunque es factible que una vez que se instale la Asamblea Nacional Constituyente y se empiece a gestionar las reformas bajo el principio de los resultados obtenidos por dos tercios de asambleístas, nuevamente la oposición partidaria reaparecerá, volviendo a tener su rol protagónico, su capacidad de negociación, de articulación y de mostrar ante el país que tienen propuestas y que no se puede prescindir de ellos.

Es importante que en Bolivia reaparezca a como de lugar la oposición, ya su participación es decisiva a la hora de construir un pacto político. Si miramos el caso colombiano, vemos como recientemente se han hecho modificaciones en la constitución aprobándose por vía de la coalición una serie de reformas, donde el gobierno con una mayoría supremamente apretada, reactiva pactos políticos, abriéndole camino a temas como el de la reelección. Si lo analizamos con cuidado, este es un aspecto crítico del proceso constitucional colombiano, porque cuando se tratan de las reglas del juego, deben haber consensos en la sociedad y no sólo con aquellas mayorías "minoritarias" como dicen los teóricos de la democracia.

Aprovechando que aludo nuevamente el caso colombiano, quisiera referirme al debate que se dio en el país acerca de si la constituyente fue un ejercicio legislativo con temática limitada o no. Al respecto, vale la pena señalar que la propia constituyente resolvió declararse soberana, en el sentido de qué obviamente tenía que reconocer una trayectoria histórica del país y una composición sociodemográfica y cultural específica que caracterizaba la nación; no obstante, el proceso y la institución contó siempre con autonomía política para establecer una carta con plena potestad.

En segundo lugar, el tema territorial en Colombia fue un tema importante en la constituyente, ya que se discutió la idea de avanzar hacia una lógica de regionalización; pero lamentablemente, el tema se abordó en abstracto y no se discutieron las hipótesis políticas de dicha regionalización; aplazándose la posibilidad de lograrse este reconocimiento e introduciéndose la idea de que los departamentos podían unirse como regiones más adelante, cosa que nunca ocurrió porque realmente es muy difícil que por vía "espontánea" se pueda generar una modificación de límites políticos teniendo en cuenta los recursos y hasta la pertenencia política de los movimientos que allí emergen.

El otro problema es que en Colombia, siempre se ha discutido el tema territorial por fuera del debate general del ordenamiento general del régimen político, e incluso, fuerzas consideradas como "muy progresistas" propusieron la descentralización y el surgimiento de un congreso unicameral, lo cual es imposible para la realidad de este país debido a que si no se cuenta con representación de los territorios en el poder central, no hay manera de garantizar las autonomías. Esto denota que bien sea en Colombia o en Bolivia, hay una urgente necesidad de hacer un debate a fondo sobre las hipótesis políticas al respecto, máxime cuando la experiencia colombiana demostró y sigue demostrando que cuando se aplaza el tema, tiende a nunca resolverse.

A manera de conclusión

Pese a la evidente contradicción que se da en Bolivia, donde el presidente se opone al reclamo de las autonomías en el referendo, actitud incomprensible e incompatible si analizamos que es un dirigente que procede de un movimiento que ha reclamado autonomía cultural y regional; es importante precisar que el principal tema que finalmente se pondrá sobre el tapete será el de la nueva configuración territorial de este país, en donde hasta el momento, sólo se cuenta con el reconocimiento de municipios; mientras los departamentos aún siguen dependientes del gobierno central.

Si bien con la votación se prevé que algunos departamentos apoyen decididamente el régimen autonómico y el impulso a los gobiernos departamentales, aspecto que le ayudará a clarificar el panorama por parte del gobierno de turno -de hecho Morales ya se ha retractado en favor de este tema-, el propio presidente boliviano ha propuesto discutir el tema sí paralelamente se debate el asunto de las autonomías indígenas; tópico que obviamente es de interés nacional, ya que Bolivia cuenta con la presencia de treinta y cuatro (34) movimientos étnicos que participarían en la discusión.

Aunque es importante que el tema de las autonomías se zanje bajo consenso con la oposición -llámese como se llame-, el presidente Evo Morales no debería dejar el tema en manos de sus antagonistas y opositores políticos, quedó claro en Santa Cruz y en Tarija -lugares donde él gana con solvencia las elecciones de la constituyente-, que lo que menos está en juego es su popularidad como presidente. Sería importante que el mandatario no descuidara este tema, puesto que también podría darse la situación que la oposición capitaliza una bandera de alta popularidad en el contexto boliviano, y posiblemente quedaría truncado el proceso tal como aconteció en Colombia con el tema territorial.

En lo personal pensaría que aquí hay un problema de fondo que consiste básicamente en cómo lograr compatibilizar dos cosas: por un lado las autonomías como reclamo de autogobiernos, de reconocimiento a la diversidad cultural y como derecho a la construcción de comunidades políticas afincadas territorialmente; y por otro lado, está la necesidad de construir un Estado Social de Derecho o mejor, una verdadera política de carácter nacional. Ambos aspectos son sensibles en un país como Bolivia, donde hay regiones que están dotadas de recursos naturales considerados como propios. Por lo tanto, es probable que se manifiesten algunas personas en representaciones de dichas regiones con discursos chovinistas, abstractos en relación con el tema territorial, donde se nieguen a redistribuir sus subsidios y regalías con otras regiones del país, condenando a zonas muy deprimidas de la nación boliviana.

Sería pertinente que los países latinoamericanos que han avanzado de alguna u otra manera en este tema dentro del proceso constitucional, viren sus ojos a los Regímenes Autonómicos Federativos, como los que se han dado en países como Canadá o Australia, donde el tema se ha resuelto con una compatibilización de las dos cosas: fuertes Estados Sociales de Derechos que patrocinan a su vez, procesos autonómicos. En el caso específico de Canadá, en este país se cuenta con regímenes parlamentarios dentro de los mismos estados existentes en las regiones y esto no es incompatible con el Estado Social de Derecho existente en la nación. Por la vía de la transferencia intergubernamental se resuelven temas fiscales, de tal manera que el proceso de ordenamiento territorial nunca llega a conducir hacia la inequidad.

Por consiguiente, surge el problema de cómo conciliar una perspectiva nacional y una local o regional. Ningún proyecto de autonomía, ningún proyecto federal, ningún proyecto de descentralización puede dejar de ser un proyecto nacional, lo cual no quiere decir que el poder central establezca una hegemonía; sino que más bien, hay algunos asuntos que tienen que ser concertados nacionalmente y tienen que ser discutidos como un correlato de la autonomía. En caso de no ser así, la experiencia autonómica conduciría a una profundización de las inequidades de las regiones.

Hay muchos modelos para pensar la autonomía, aunque en Bolivia, el tema de la autonomía cultural será indiscutiblemente importante. Quizás sea probable que el tema de la autonomía cultural será tan transcendental como aconteció en la India, donde el tópico se hizo desde el terreno de lo social, sin dejar de lado la combinación clave: democracia política e inversión social.

Finalmente diría, que en todo caso la apuesta es, que mientras se acepte la democracia como punto de partida, todos los disensos pueden considerarse benéficos. Lo verdaderamente importante es avanzar hacia una autonomía que genere inclusión y equidad. Creo que lo que está haciendo Bolivia, tiende a desarrollarse dentro de lo que puede concebirse como marcos democráticos: el respecto por el otro, el respeto a la disidencia y sobretodo, el respeto a una autonomía inclusiva.

Antes de terminar este ensayo, quisiera mencionar que si bien en este texto me centré en el tema específico de la autonomía, no hay que perder de vista que la constitución política de Bolivia tocará otros aspectos que también serán centrales y cuya manera de abordar será igualmente novedosa, dada la perspectiva ideológica desde donde se afrontará (fuerzas armadas; el tema de la soberanía monetaria y de la banca central; el cómo se organizará el poder electoral; cómo va a ser el control constitucional, etc.). Seguramente de aquí a dos meses cuándo hayan avanzado un poco las discusiones, se podrá hablar mucho más al respecto. Por lo pronto, lo único cierto es que Bolivia tenderá a transformarse en el contexto latinoamericano garantizando muy seguramente, que su proceso no se aísle del ámbito internacional.

 

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* Antropóloga - Universidad Nacional de Colombia. Magíster Estudios Amerindios - Universidad Complutense de Madrid. Candidata a Maestría en Historia - Universidad Nacional de Colombia.
marimuteka@yahoo.es

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