Después del 9 de
abril hubo que esperar tres semanas para conocer oficialmente
quienes pasarán a la segunda vuelta a realizarse el último
domingo de mayo. Ollanta Humala, militar retirado y candidato
de la alianza de Unión por el Perú y el Partido
Nacionalista - alianza que nació algunos meses antes
de la campaña- obtuvo el 30.7%, frente al 24.3% del ex
presidente Alan García, candidato del APRA. En tercer
lugar quedó la candidata Lourdes Flores, presidenciable
por la alianza Unidad Nacional, frágil coalición
de derecha. De otro lado ningún partido político
tendría mayoría en el Congreso de la República
y era la primera vez donde se elegían representantes
para el Parlamento Andino
Fueron veinte los candidatos
que disputaron el sillón presidencial en las elecciones
peruanas y cerca de 2,800 candidatos a 120 curules en el Congreso
de la República..
Esto a pesar de los intentos
de limitar la fragmentación política mediante
la promulgación de la Nueva Ley de Partidos Políticos
y la implementación de la valla electoral del 4%, que
pretendía, además, consolidar y fortalecer un
sistema de partidos políticos de alcance nacional.
Un panorama fragmentado con
una legalidad electoral que no funciona
En primer lugar es preciso reconocer
las marcadas diferencias regionales que se dieron en la votación.
El candidato Ollanta Humala triunfó en la sierra, el
centro y el sur del país, esto es, en las zonas con mayor
pobreza. Triunfa en los mismos lugares en que lo hicieron en
los ochenta la izquierda, en los noventa Fujimori, y en la elección
anterior el actual presidente Toledo. Los pobres siguen votando
por los llamados Outsider y los analistas se siguen preguntando
¿por qué? , esto como si los pobres - usualmente
la población indígena y la más golpeada
por la violencia política- nos fueran tan extraños
y ajenos que no les reconociéramos su racionalidad política,
y en medio del proceso electoral el racismo y la discriminación
afloran desde la clase media y alta que los responsabilizan
por sus malas decisiones.
El partido tradicional APRA
con su candidato Alan García mantiene su supremacía
histórica en la costa norte del Perú que sigue
siendo su bastión, y Lima la ciudad capital voto mayoritariamente
por Lourdes Flores.
Una explicación a la
fragmentación fue la debilidad para supervisar el cumplimiento
de la Ley electoral, cuyo nivel de exigencia para participar
en la contienda electoral era alto. Entre otras, se planteaba
la obligación de presentar firmas de adherentes (1% del
padrón electoral) y conformar 65 comités partidarios
provinciales con un mínimo de 50 afiliados por cada uno,
distribuidos en dos tercios del territorio nacional. El Jurado
Nacional Electoral-JNE- y Oficina Nacional de Procesos Electorales-
ONPE- no verificaron con la rigurosidad necesaria el cumplimiento
de dichas obligaciones. El resultado fue: 36 partidos inscritos
y por tanto, aptos para presentar candidatos a las elecciones
generales.
El resultado es que ninguno
de los dos candidatos que pasan a la segunda vuelta tendrá
mayoría en el Congreso de la República, por lo
que se verán obligados a buscar alianzas para sacar adelante
cualquier iniciativa legislativa, y de otro lado las alianzas
electorales, acabaron apenas culminaron las elecciones fragmentando
aun más las futuras bancadas.
Pero la valla electoral tiene
también un problema, y este tiene que ver con la representatividad
de los congresistas electos. Se da el caso de candidatos al
Congreso que obteniendo una buena votación en su departamento
pierden la banca porque su partido no supera la valla. La valla
electoral impidió la proliferación de partidos
en el Congreso, pero agudizó los problemas de representatividad.
El Fracaso de las Izquierdas
Una de las grandes derrotadas
el domingo 9 de abril fue la izquierda, quien presentó
tres candidaturas que sumadas no superan el 1.5% de los votos
válidos. Varios factores conspiraron para este fracaso,
en primer lugar los coqueteos infructuosos con otros grupos
que les impidió formalizar un plan mínimo de gobierno
para participar juntos.
La candidatura de Humala también
le resto votos, éste se mostró en todo momento
como el candidato con más claro perfil opositor, y con
un discurso que muchos asumen como de izquierda.
Llama la atención como
teniendo entre sus cuadros partidarios a personalidades vinculadas
al mundo académico, y de reconocidas instituciones de
desarrollo, los grupos de Izquierda no sean capaces de sintonizar
con el electorado. Es innegable que a lo largo del último
período de gobierno se fueron desconectando de los movimientos
sociales. Si a esto le sumamos la falta de renovación
de sus cuadros políticos, el resultado se hace inevitable.
El futuro para la izquierda se plantea sumamente complicado,
con la vista puesta en las elecciones regionales de fines de
año la alternativa se reduce a renovarse o seguir encerrados.
La segunda vuelta: Votar
por el mal menor
De cara a la segunda vuelta
la elección comienza a polarizarse. Alan García
intenta construir una candidatura democrática frente
a la alternativa con aureola autoritaria de Ollanta Humala.
Ambos candidatos sumando han obtenido poco mas de la mitad de
los votos del electorado, con lo que en teoría se estarían
disputando una masa considerable de votos, aunque el número
de votos blancos y nulos llegó al 16% en la primera vuelta.
Ambos candidatos tienen un discurso con varios puntos en común:
acento en lo social sin abandonar la economía de mercado,
están dispuestos a darle un papel más activo al
estado, al tiempo que marcan distancia con las políticas
neoliberales.
Sin embargo para ambos se hace
necesario subrayar las diferencias a fin de obtener el amplio
margen de rechazos que por su parte cada candidato cosecha.
El pasivo de Alan García es su primera presidencia a
fines de los ochenta, que terminó con el país
en la bancarrota en medio de la más grave crisis política,
económica y social que recuerde el país luego
de la Guerra con Chile. Esto le ha granjeado la desconfianza
de los sectores más acomodados de la población.
Sin embargo, ese es el bolsón de votos que más
fácilmente puede ganar, por que prima más el miedo
a un Humala que les recuerda las políticas nacionalistas
del General Velasco Alvarado que un García que promete
no volver a equivocarse.
A regañadientes la derecha
tendrá que votar por el mal menor, ya que los anticuerpos
que genera el aprismo son más digeribles que los que
representa el propio Humala. Aceptado ya el pasaje de García
a la segunda vuelta, algunos medios de comunicación y
personalidades como Vargas Llosa, promueven una alianza entre
las fuerzas democráticas con vistas a enfrentar al nacionalismo.
Esto ha sido terminantemente descartado por García, quién
por razones obvias de credibilidad política no puede
recostarse a la derecha contradiciendo lo que dijo hasta el
día antes de las elecciones.
Del otro lado, Ollanta Humala
carga sus propios pasivos. Irrumpe en la escena pública
tras un alzamiento militar en el año 2000, el mismo día
que Montesinos escapaba del país, lo que fue entendido
por muchos como un acto de distracción. Durante la campaña
electoral salieron a luz graves acusaciones de violaciones a
los derechos humanos cuando a principios de los 90 fue destacado
como Capitán en el Alto Huallaga, y participó
en acciones contrasubversivas, hechos por los que tendrá
que comparecer ante los tribunales de justicia probablemente
antes de la segunda vuelta. Pero no todo tiene que ver con su
pasado. El candidato no termina de explicar la presencia de
figuras cercanas a Montesinos en su entorno, ni termina de deslindar
con los exabruptos de sus familiares cercanos, que por ejemplo
señalaron la necesidad de fusilar a los homosexuales
para combatir la pérdida de valores. Aunque lo más
preocupante para un buen sector del electorado es el poco liderazgo
que parece ejercer sobre su desordenado partido, restándole
coherencia y dejando la sensación de que le resultará
muy difícil mantener lealtades en el ejercicio del gobierno.
Pero como decíamos líneas
más arribas, respecto a Alan García, Humala puede
buscar los votos adicionales para su triunfo, en aquella parte
del electorado que está poco dispuesta a otorgar una
segunda oportunidad a su rival. Quizás, azuzando los
viejos miedos al Partido Aprista, es que el candidato nacionalista
busca sostener la reducida ventaja que obtuvo en la primera
vuelta.
Un último dato que no
es posible soslayar, es que esta segunda vuelta de las elecciones
peruanas tiene nuevos protagonistas que trascienden fronteras.
Desde meses atrás se conoce el interés del presidente
venezolano, Hugo Chávez, en el triunfo de Humala. En
distintos momentos de la campaña se ha inmiscuido en
ella, atacando duramente a Lourdes Flores, y en las últimas
semanas; luego de anunciar el retiro de su país de la
Comunidad Andina de Naciones, tratando de ladrón a Alan
García y anunciando el retiro de su embajador en Lima
en caso de que este ganara. Hoy el Perú ha retirado a
su embajador de Venezuela y ha generado un malestar bien manejado
por el APRA para movilizar a los peruanos en defensa de las
decisiones políticas internas.
Poco a poco el clima político
se radicaliza, y faltando casi un mes para la segunda vuelta
el final es abierto. Quién mejor sepa navegar en las
aguas tormentosas que los dos parecen agitar, estará
más cerca del triunfo