Actualidad
Masculinidades
Juveniles y Tensiones Identitarias: un enfoque de género
Pablo
Romero Guayasamín*
La(s) juventud(es)
Comúnmente
se ha establecido la categoría joven, desde un sentido
cronológico, identificando a la juventud como una etapa
de la vida que va de los 15 a los 24 o 30 años (según
sea el caso) pero este criterio, que si bien será válido
para el plano de las mediciones, desconoce el carácter
dinámico del desarrollo humano y las implicaciones
que las particularidades de la realidad tienen en los grupos
sociales.
Una segunda tendencia
para definir a la juventud, es aquella que plantea que es
la etapa que se inicia por los cambios biológicos y
psicológicos de la pubertad y que concluye con la adquisición
de deberes y derechos que tienen los adultos. Desde esta perspectiva,
este proceso es visto como una transición entre la
infancia y la edad adulta, que significa principalmente la
preparación para desarrollar roles que implican la
integración de los y las jóvenes a la sociedad.
Entonces el paradigma de llegada es el adulto, donde los jóvenes
habrán "madurado" superado el "conflicto
de identidad" que los caracteriza y solo entonces serán
"responsables".
Muy ligada a
la tendencia anterior, se encuentra la definición conocida
como "moratoria social", que entiende a la juventud
como un período de permisividad que media entre la
madurez biológica y la madurez social. Esta "moratoria"
significa la postergación, cada vez más prolongada,
de los jóvenes para asumir roles que signifiquen su
integración a la sociedad, y se hallan al margen de
esta en su sentido económico, laboral y reproductivo,
teniendo la oportunidad de estudiar, de avanzar en su capacidad
intelectual en instituciones de enseñanza y proponiendo
un tiempo libre socialmente legitimado. Pero este criterio
de "moratoria social" significa que la condición
social de juventud no se ofrece de igual manera a los integrantes
de la categoría joven. Reservándose este privilegio
a ciertos jóvenes, especialmente a aquellos que pertenecen
a sectores socialmente acomodados.
Desde este criterio,
se ha construido la juventud paradigmática, aquella
que ha sido fetichizada por los lenguajes hegemónicos
de la sociedad de consumo y que es representada simbólicamente
en el plano mass mediático como: deportiva, alegre,
despreocupada, bella, la que viste ropas de moda, vive romances
y sufre decepciones amorosas, pero se mantiene ajena a las
responsabilidades de la vida.
Este paradigma
que corresponde al modelo de juventud de sectores sociales
acomodados y que se ha popularizado por los mass media, será
el punto de arranque del proceso denominado "juvenilización",
donde lo joven cobra sentido de símbolo, independiente
de la edad, y se convierte en lo fresco, lo espontáneo,
lo informal, que el mercado ha sabido aprovechar para realizar
una estrategia programado de seducción para el consumo,
generando así en los jóvenes (especialmente
de sectores sociales deprimidos) una fuente de tensión
identitaria.
Para el presente
ensayo adoptaré una perspectiva antropológica
para definir a la juventud, sobre la cual diremos que es una
construcción sociocultural relativa en el tiempo y
en el espacio, una manera particular de estar en la vida,
con potencialidades, aspiraciones, requisitos, modalidades
éticas y estéticas, lenguajes, etc., que sin
embargo constituye un período de vida que es pasajero
y cuya duración es limitada y que debe ser entendida
desde un contexto histórico y sociocultural(1).
Sin embargo,
para que exista juventud, es necesario que se garanticen por
un lado, una serie de condiciones sociales, sean estos comportamientos,
normas, que distingan a los jóvenes de otros grupos
de edad; y por otro, una serie de imágenes culturales,
como valores o ritos, socialmente reconocidos y asociados
a los jóvenes.
Identidades
Juveniles
La juventud urbana
busca su identidad en tres sitios: en el sí mismo (que
comprende conocer - reconocer - reconocerse), en el grupo
(mismos intereses) y en la sociedad (es decir, el ambiente)
. En estos tres niveles la juventud busca la interacción
con la sociedad, en medio de la cual pueden surgir comportamientos
atípicos y problemas generacionales, o procesos de
ruptura con lo "pasado", cuya cultura es tratada
de agresora, y deja de ser reconocida, produciéndose
reacciones de violencia y hostilidades de parte de los dos
lados o de integración.
La relevancia
del grupo de pares ha aumentado en este último tiempo,
como una suerte de respuesta al creciente desarrollo del individualismo
y al alto nivel de consumismo y mecanización; fomentado
además por una sociedad que lleva a una competencia
constante por el éxito económico, generando
ansiedades y profundas sensaciones de vacío y soledad
en las personas.
En esta situación,
la juventud es la más perjudicada, pues las y los jóvenes
no son aceptados y menos aún integrados plenamente
en una sociedad, con las características anotadas.
En estas condiciones
la pertenencia a un grupo se hace necesaria, así es
que los jóvenes se agrupan por una necesidad vital,
en torno a sus intereses y espacios comunes. Sin embargo también
se une el deseo de diferenciarse de aquello que no se comparte,
representado principalmente en los adultos, existiendo un
rechazo al autoritarismo y a la falta de espacios para opinar
y decidir; ante esto surge un sentimiento y necesidad de refugiarse
e identificarse en y con otros, considerando elementos similares,
para suplir las carencias y expresar lo que sienten y piensan.
Según
algunos estudiosos, existen diferentes grupos en los cuales
participan las personas. De este modo un grupo social se diferencia
de un agregado de personas ya que sus miembros comparten interacciones
repetidas, desarrollando una estructura y compartiendo normas,
metas y valores. A estos grupos sociales se los puede clasificar
entre primarios y secundarios, pues los primarios son los
que están caracterizados por continuas interacciones
cara a cara, por una identificación personal intensa
con el grupo gracias a fuertes vínculos de afecto y
por la tendencia a permanecer en el tiempo.
Mientras que
los grupos secundarios tienen una limitada interacción
cara a cara, una débil identificación y vínculos
de afectos con el grupo y no permanece en el tiempo.
Según
estas características, los grupos de jóvenes
en su mayoría corresponden a los grupos primarios,
convirtiéndose estos en agentes de socialización,
siendo uno de los principales modos por el cual las personas
adquieren su yo personal; entonces el grupo se convierte en
el grupo de pares, pues se trata de personas consideradas
como iguales y que sirven de refugio, crecimiento y refuerzo
del propio yo.
A partir de esto
surgen códigos, interacciones, formas de expresión
y realización de actividades propias que fomentan esta
sensación de pertenencia, complicidad y semejanza.
Estas actividades están alrededor de sus diversiones,
ya sea de su gusto por la música, o el fútbol;
pero sobre todo algo que le permita exacerbar su sentido colectivo,
manteniéndose al margen de la rutina colectiva. Pero
también surgen normas, sanciones y comportamientos
adecuados e inadecuados, establecidos de modo implícito
o explícito.
El lenguaje corporal
y gestual, la demarcación de territorio, el vestuario,
los símbolos, nuevos códigos de comunicación
y ritos son parte de la identidad del grupo y señalan
sus fronteras, permitiendo la cohesión de este y generando
significados de lo que quieren transmitir.
La adscripción
a un grupo en determinado momento, no implica una permanencia
constante, los jóvenes pueden cambiar de grupo de acuerdo
a variaciones en la apreciación de la realidad, al
cambio de intereses o porque se considera que el modo de pensar
que se tiene, es mejor representado de otro modo o por otro
grupo.
Una de las grandes
preocupaciones de algunos de los grupos es la autenticidad,
es decir el que realmente se comparta y se viva una visión
del mundo, como los valores e intereses del grupo. En este
juego de búsqueda de autenticidad, los medios de comunicación
y la moda desempeñan un rol importante.
Género
y Masculinidad
El "género
es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas
en las diferencias que distinguen los sexos (...) es una forma
primaria de relaciones de poder"(2)
constituido por cuatros aspectos que son: lo simbólico,
lo normativo, lo institucional y lo subjetivo. El género
por lo tanto es la construcción social de la diferencia
entre los sexos.
De aquí
que las ideologías de género(3),
sean construcciones discursivas que aparecen sobre la base
de relaciones asimétricas, esto es asignar diferenciaciones,
de modo que tareas, funciones y atributos dados a hombres
y mujeres, no guarden la misma proporción.
Las ideologías
de género entonces se articulan bajo el paradigma dominante
de masculinidad, tanto como una representación simbólica
(manera como se concibe la masculinidad) y también
como una norma (manera como debe comportarse un hombre)
Así encontramos
que las sociedades a través de pautas, rituales, sistemas
de premios o castigos que fomentan la agresividad e inhiben
comportamientos pasivos, exigen a sus varones pruebas que
puedan mostrar (demostrar) su masculinidad.
Esto sin embargo
nos brinda pistas para plantear que si la identidad masculina
está constantemente en duda (que necesita pruebas para
mostrarse) es por que esta identidad no está determinada
por la naturaleza.
Construirse varón
bajo el modelo dominante de masculinidad es un proceso difícil,
pues está basado en el estoicismo de su auto negación
a favor de los demás, a quienes debe sostener, y que
por lo tanto requiere de beneficios simbólicos y materiales;
y que consisten básicamente en la posibilidad de ejercer
algún poder y el predominio de la esfera pública.
Este aprendizaje
se da a través de enseñanzas explícitas
e implícitas, que sugieren que el varón posee
un estatus distinto. Por esto es importante conocer como se
va configurando ese "ser hombre" a través
de los denominados estudios sobre la masculinidad.
Los primeros
estudios sobre lo masculino en la región andina se
orientaban fundamentalmente al estudio del machismo, definido
como el culto a la "virilidad, - aquello que hace referencia
a los caracteres naturales, órganos sexuales y fuerza
física de cada hombre y que se la considera como la
parte natural y no domesticable de la masculinidad"(4)
- pero es a partir de la década del ochenta, en que
se desarrolló otro tipo de investigaciones sobre masculinidades
que incorpora las contribuciones académicas del feminismo
a la comprensión de la construcción cultural
del género, los usos de la sexualidad y las relaciones
inter e intra-género.
En este sentido
el tema masculinidades ha sido abordado desde varios enfoques
que van desde una perspectiva conservadora, que argumenta
que la conducta y actitud masculina es una manifestación
de la naturaleza del hombre, de ahí que el dominio
masculino sea natural; aquella que aborda a la masculinidad
como una cuestión de poder desde el punto de vista
histórico social; pasando por una perspectiva de los
derechos de los hombres, en donde los principales perjudicados
por el modelo de masculinidad reinante son los mismos hombres,
siendo el feminismo quien ha provocado la aparición
de un nuevo sexismo, con los hombres como víctimas;
y por una perspectiva espiritual, donde la masculinidad deriva
de modelos inconscientes profundos, y que puede re- construirse
de manera personal y en relación con la naturaleza.
Los jóvenes(5) y la construcción
de su masculinidad
Desde la perspectiva
histórico social, y en cierta medida desde donde miraremos
este trabajo, se considera al mundo de los hombres como el
campo donde se obtiene el poder y en donde se lucha contra
los otros hombres por dicho poder(6).
En el marco del
modelo capitalista esta lucha, se da como resultado de un
modelo de identidad masculina dominante, que caracteriza a
los hombres como personas importantes y seres activos, autónomos,
fuertes, potentes, racionales, emocionalmente controlados,
heterosexuales y proveedores, por oposición a las mujeres
consideradas como el segmento no importante de la sociedad.
Así los
varones son portadores de poder, son impulsados desde la infancia
a buscar poder y a ejercerlo con las mujeres y con aquellos
hombres a los que pueden dominar, ya sea desde la célebre
frase que se oye pronunciar a los padres y/o madres cuando
sus hijos lloran al decirles: que los hombres no lloran, hasta
la asignación de tareas y juegos ligados al mundo de
lo doméstico a las mujeres.
Hasta ahora la
manera dominante de vivir la masculinidad está establecida
por un modelo referencial, que lo que ha hecho, ha sido establecer
relaciones de subordinación no sólo de la mujer
con respecto al hombre sino también entre los propios
varones, permitiendo masculinidades hegemónicas y subordinadas.
En este sentido
los jóvenes hombres buscan por todos los medios responder
a ese imaginario social, que no sólo lo ven, sino que
lo viven en sus relaciones cotidianas, esas características
están dadas a partir de un discurso del ser hombre,
como aquel que es perro, mujeriego, sapo, vividor, callejero,
discurso que orienta una manera de ser y una actitud de los
jóvenes hombres; discurso que circula en escenarios
de encuentro juvenil (como son la calle, el colegio, la discoteca,
los burguers y karaokes,) que no solo es sostenido, aceptado
y repetido por los mismos jóvenes hombres, sino sobre
todo por las jóvenes mujeres que se encuentran cercanas
a ellos, ya sean estas amigas o enamoradas.
A partir de ahí
es que los jóvenes hombres que están alrededor
tienen que ser de una manera y no de otra, pues no solamente
su ser masculino entre en duda sino que pasa a ser calificado
como gil, lento, norio y consecuentemente relegado.
Entonces vemos
como los otros hombres califican, juzgan la masculinidad del
varón, en donde las mujeres son su opuesto, ellos no
deben ser como ellas: emocionales, de la casa, pasivas, penetradas
sexualmente, madres. La mujer y lo femenino representa el
límite, la frontera de la masculinidad, el que pasa
ese límite está trasgrediendo y se expone a
ser calificado de poco hombre o afeminado.
Estas situaciones
provocan un profundo proceso de tensión identitaria,
que lleva a los jóvenes hombres a actuar, sentir y
pensar de una determinada manera, con la cual pueden estar
en contradicción, pero que al no recibir un tipo de
mensajes distintos, terminan asumiéndolo y aceptándolo
como propio.
Entre las maneras
de evidenciar este comportamiento, encontramos el cortejo
a mujeres en lo que se denomina "vacilar" o "conquistar";
como también a través del consumo de alcohol
y cigarrillos, que si bien el consumo de éstas substancias
es explicado a partir de su papel de sociabilización
en una sociedad de consumo, en el caso de los jóvenes
hombres constituye un factor referente que determinará
la hombría - entendida esta como aquel aspecto de la
masculinidad que corresponde al ámbito de lo público,
donde la masculinidad es lograda y reconocida públicamente.
Claro que también
encontramos el uso de la violencia, ya sea a través
de los golpes o de palabras groseras como medio de mostrar
la afectividad masculina entre hombres y la posibilidad de
correr riesgos como forma de expresar hombría, ya sea
esta mediante peleas con otros jóvenes hombres, molestar
a alguien "más débil" o recurriendo
a deportes o concursos de riesgo o de bailes donde mostrarán
sus habilidades.
En cuanto a sus
parejas, el tipo de relación que mantienen por lo general
se caracteriza por un sentido de posesión y/o propiedad,
se ven actitudes de exhibirse y demostrar que el hombre tiene
control sobre ella.
Claro que para
mantener el poder sobre los otros, el hombre necesita evidencias
que demuestren su hombría, en nuestra cultura occidental,
estas evidencias deberán ser el éxito, la fortaleza,
la capacidad para correr riesgos, el ser confiable y ejercer
un buen control sobre sí mismo.
Entonces el hombre
es un ser que implica un deber ser, que se impone como algo
sin discusión: ser hombre equivale a estar instalado
de golpe en una posición que implica poderes y privilegios(7).
Lo masculino
prevalece como una actividad hegemónica, que se encuentra
en contra o sobre otras formas de masculinidad, que no concuerdan
con el ideal impuesto culturalmente, que por cierto es imposible
de alcanzarlo, pero que por la misma razón permite
mantener el poder sólo a una minoría de hombres.
Además de pagar un precio alto por intentar vivir este
modelo de masculinidad, que reprime sus sentimientos y genera
incertidumbre y frustraciones.
Pero el vivir
este modelo genera frustraciones y muchas veces niega la dimensión
afectiva, pese a que en este periodo existencial, las vivencias
relacionadas con el mundo de la afectividad son sus principales
preocupaciones y constituye un referente vital en su proceso
de construcción identitaria juvenil; ya que si nos
acercamos por un momento a las conversaciones que se dan entre
los jóvenes hombres, veremos que la mayor parte de
sus conversaciones se establecen en torno a las jóvenes
mujeres, ya sea para conversar sus nuevas conquistas o consultar
sobre los conflictos que tienen con ellas y como resolverlos.
Desde nuestra
perspectiva de análisis, evidenciamos que la masculinidad
es algo que se construye desde lo cotidiano, día a
día, que se va significando y resignificando en forma
constante en función de la trama de relaciones que
se establecen consigo mismo, con los otros y con las sociedades,
de aquí que lo masculino pertenezca al campo de lo
social y no al campo de la naturaleza o de la biología(8).
Por tal razón
es que cada cultura construye socialmente las características
y ambiciones que forman el ideal de lo masculino, por eso
en nuestra cultura occidental, para los jóvenes, el
tratar de cumplir con el ideal que representa el ser hombre,
es una experiencia dolorosa, pues el hombre que va en búsqueda
de su masculinidad intenta por todos los medios llegar al
éxito, como sinónimo de poder, riqueza y reconocimiento.
Elementos
de ruptura con la masculinidad hegemónica
La búsqueda
por establecer unas nuevas prácticas de las relaciones
entre los géneros, implica la transformación
de las estructuras simbólicas, que en ese proceso revalúan
el papel social de la mujer, de tal forma que el imaginario
masculino requiera construir una nueva identidad que permita
a los hombres asumir una relación equilibrada.
Este nuevo imaginario
masculino implica revisar y cuestionar el modelo preponderante
de masculinidad que ha sobrevalorado el papel y poder de los
hombres en la sociedad.
De esto depende
la construcción de una nueva cultura que libere tanto
a hombres como mujeres, de estructuras sociales de poder que
imponen condiciones autoritarias entre los géneros(9).
Si bien los jóvenes
de hoy han sido "bombardeados" de ese paradigma
predominante de masculinidad desde la niñez; en donde
incluso los juguetes de la infancia tienen que ser varoniles.
Su vida cotidiana se configura de manera distinta, básicamente
por que las condiciones sociales así lo determinan,
pues en muchos hogares la figura masculina-paterna normalmente
es la gran ausente y es la madre quien asume los roles tradicionalmente
masculinos, de aquí que esta sea una de las primeras
puertas que empieza a abrirse, debido a que el eje referencial
familiar de lo masculino y de lo femenino cambia.
Una segunda puerta
que en nuestro análisis empieza a estar presente, es
con relación a lo que los/las jóvenes de estas
generaciones consideran como la obsolescencia de ciertos patrones
adultos como es la relación padres hijos - hijas, ya
sea en lo referido a los permisos, horas de llegada a la casa
o los noviazgos. Esto en cierta medida ha sido fruto de un
proceso de negociación impulsado desde los/las jóvenes
hacia el mundo adulto, pero también como resultado
de ciertos cambios y aperturas dadas en la sociedad.
De los anteriores
elementos planteados, se deriva un tercero que hace referencia
a que el mismo sentido de autoridad patriarcal ha perdido
vigencia, esto debido al discurso moderno que la sociedad
y sus instituciones han querido presentarnos, haciendo énfasis
en que el modelo de democracia liberal que vivimos, impulsa
aspectos tales como la libertad individual, la cual está
atravesada por elementos de participación y ciudadanía,
mediante la toma de decisiones en todos los aspectos que competen
la vida de una persona y los derechos y responsabilidades
sociales a los cuales los ciudadanos están abocados,
poniendo en entredicho dicha autoridad patriarcal y planteándose
más bien un tipo de relación y de concepciones
"mas civilizadas".
Este discurso,
ha favorecido en el caso juvenil, el aparecimiento de reivindicaciones
sociales y particulares de los/las jóvenes en lo que
se ha denominado derechos juveniles y como parte de estos
derechos, los derechos sexuales y reproductivos y de manera
más particular, con referencia a las opciones u orientaciones
sexuales.
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"La dominación masculinidad en La Masculinidad.
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"Cambio cultural y crisis en la identidad masculina"
en La Masculinidad. Aspectos sociales y culturales, copilado
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Notas