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El "libre comercio" y los derechos sexuales y reproductivos
"Crear trabajo para combatir la pobreza y fortalecer
la Democracia"
CLADEM (Comité Latinoamericano y del Caribe para la Defensa
de los Derechos de la Mujer) www.cladem.org es una red regional
que tiene por objeto contribuir desde una perspectiva feminista
a la construcción de democracias reales con justicia social,
libres de discriminación, con ejercicio pleno de los derechos
humanos, desde una perspectiva étnico racial. En el campo
socio jurídico trabajamos en la promoción, vigilancia
y defensa de los derechos humanos interdependientes e integrales
de las mujeres.
Derechos vs. imposiciones
CLADEM sostiene que es imposible "crear trabajo para
combatir la pobreza y fortalecer la democracia"
sin tomar en cuenta los condicionamientos que las personas, en
particular las mujeres, sufren como consecuencia de su vida sexual
y reproductiva en el campo laboral, del ingreso económico
y de la participación política. Es sabido que la
maternidad vista como destino, el riesgo de ser considerada como
objeto sexual y sufrir violencia o acoso, la división sexual
del trabajo, la doble jornada laboral y el trabajo doméstico
no remunerado como un "don" que entregan a sus familias,
condicionan los modos de inserción de las mujeres en el
área laboral y en la sociedad en general. Entre otras consecuencias,
vemos la brecha salarial y la segregación vertical y horizontal
por sexo/género. Por eso, no podrá crearse trabajo
digno sin respetar los derechos sexuales y los derechos reproductivos
de todas las personas, tomando la perspectiva de género.
Se trata de una larga historia en la que la cultura patriarcal
predominante en las sociedades de nuestra región determinó
serias limitaciones en la sexualidad y la reproducción
de mujeres, homosexuales y personas transexuales o transgénero;
así como las pertenecientes a estratos bajo línea
de pobreza. Estas personas siguen sufriendo discriminación,
control e intromisiones de todo tipo, por acción o por
omisión, sobre su vida sexual y reproductiva.
Hoy, la creciente presencia del mercado, la consecuente debilitación
de los estados y la globalización de mercados, comunicaciones
y valores genera efectos complejos que es necesario visibilizar.
Por un lado, muchos estados desarrollados se alarman por la baja
fecundidad de sus mujeres debido a que los trabajadores activos
no alcanzan a sostener a los pasivos. Ven en los vientres de las
mujeres una forma de balancear desequilibrios fiscales. Las políticas
demográficas como cuestión de estado siguen presentes,
con su sesgo de considerar a las mujeres como objeto de sus
propósitos.
Por otro, asistimos al aumento de los fundamentalismos.
No solamente los religiosos, sino también los políticos,
que en nombre de una supuesta moral única se empeñan
en establecer cuáles son los comportamientos aceptados
y cuáles los intolerables. Por ejemplo, el gobierno de
la mayor potencia mundial ha tomado como uno de los ejes de su
política una orientación que recorta la libre opción
de personas y parejas en el área de la sexualidad y la
reproducción.
Finalmente, uno de los principales resultados del mercado globalizado
es la creciente medicalización de los cuerpos, la privatización
de la salud y la predominancia del modelo biomédico que
incluye la sexualidad y la reproducción dentro de las áreas
de enfermedad en lugar de considerarlo dentro del campo de la
promoción de la salud.
Frente a ello reivindicamos los principios éticos de
los Derechos Humanos entendidos como universales, interdependientes
e indivisibles, y en particular los instrumentos del sistema
que se refieren a la salud y los derechos sexuales y reproductivos.
Los mercados globales y los cuerpos
La expresión "libre comercio" es engañosa.
La mayor parte del comercio mundial es operada centralmente por
medio de contratos entre grandes empresas transnacionales. El
resultado del modelo neoliberal se patentiza en un nítido
deterioro de los índices macroeconómicos en el mundo
entero (tasas de crecimiento, productividad, inversión,
etc.), además de una creciente desigualdad social . Como
es obvio, esto recorta todo goce de los derechos humanos y
de los derechos sexuales y reproductivos para los sectores empobrecidos,
la mitad de la población de nuestra región. Por
eso se trata de un tema de JUSTICIA SOCIAL.
El avance de la tecnología al servicio de la salud está
modificando los sentidos de vivir y morir. Desde mediados del
siglo XX, la intervención de la tecnología médico-farmacéutica
sobre los cuerpos de las mujeres se ha incrementado enormemente.
Eventos que anteriormente eran manejados por el saber ancestral
de las mujeres, son objeto de estudios e intervenciones permanentes,
medicación "preventiva" y prácticas biomédicas
de todo tipo, en ocasiones sin el debido consentimiento informado.
La anticoncepción es cada vez más sofisticada, pero
sigue dirigiéndose casi exclusivamente al cuerpo femenino.
También personas con identidades y opciones sexuales "diferentes"
(no hegemónicas) deben sufrir mecanismos de intervención
que resultan iatrogénicos. Todas estas prácticas
generan enormes ganancias para el mercado globalizado. Por
eso se trata de un tema de lucha por el sentido de lo que consideramos
bienestar para tod@s y tod@s
El caso de la industria farmacéutica es paradigmático
de los mercados globales que deterioran los derechos humanos,
incidiendo directamente en el no goce de los derechos sexuales
y reproductivos. Ella regula el (no) acceso a medicamentos e insumos
para preservar la salud y curar enfermedades. Mueve anualmente
no menos de US$ 350.000 millones, cuya mayor parte es captada
por un puñado de megacorporaciones multinacionales, cuyas
enormes ganancias son producto del monopolio de los precios de
las medicinas. A su vez, estas fueron desarrolladas con una sustancial
contribución del sector público, es decir, de la
población. Debido a ello, las negociaciones sobre Derechos
de Propiedad Intelectual son un terreno de disputa. Por eso
se trata de un tema de desarrollo equitativo y sustentable entre
los países.
En este sentido, deseamos señalar que la declaración
de Doha fue firmada en noviembre de 2001 por todos los miembros
de la OMC incluyendo a los EEUU. Confirma la primacía
de la salud sobre las patentes y reafirma los derechos de los
países de usar todas las salvaguardas de interés
público contenidas en el ADPIC incluyendo, entre otras,
las licencias obligatorias y la importación paralela.
Por eso, rechazamos todo "tratado de Libre Comercio"
que no respete los principios de Derechos Humanos en el tema de
la salud y los derechos sexuales y reproductivos, establecidos
en una serie de tratados internacionales y regionales que la gran
mayoría de los países de la región han suscripto.
Exigimos a los Estados:
Ser críticos con aquellos convenios comerciales que violan
los derechos a la salud integral de todas las personas, en particular
de las mujeres.
Comprender la sexualidad y la reproducción como ámbitos
integrales vinculados a la preservación de la salud, entendido
como un estado de bienestar que integra las dimensiones corporal,
emocional, psicológica, comunitaria y ciudadana.
Defender y respetar lo establecido sobre el tema en los tratados
internacionales y regionales que protegen los derechos sexuales
y reproductivos, adecuando su legislación interna y gestionando
políticas públicas adecuadas para su cumplimiento.
Entre ellos, los documentos finales de las Conferencias de Viena
(1993) Copenhague (1994) Cairo (1994) y Beijing, y sus seguimientos
periódicos, como el Consenso de Santiago, la declaración
de México y de Lima, y las Convenciones CEDAW y de Belem
do Para, entre otros;
Aceptar que el pleno goce de los derechos sexuales y reproductivos
es un prerrequisito para que todas las personas puedan trabajar,
combatir la pobreza y fortalecer la democracia, gozar plenamente
del más alto standard de bienestar.
Que el eje central de estos derechos es que las personas manejen
su sexualidad y tomen decisiones sobre su vida reproductiva, libres
de violencias e intromisiones del Estado o de la sociedad.
Que para ello es necesario que los Estados provean servicios
de salud adecuados, integrales, accesibles, de buena calidad,
con perspectiva de género, integrados a las áreas
de atención primaria;
Que el personal de salud en todos los niveles debe ser capacitado
y sensibilizado para dejar de lado prejuicios y enfoques biomédicos
que no respetan la autonomía de decisión y las perspectivas
de las personas, en particular de las mujeres;
Que la gama de anticonceptivos ofrecidos debe ser la más
amplia disponible en cada país, y su distribución
debe ser gratuita;
Que tanto el parto como el aborto en curso debe ser atendido
de manera humanitaria y sin criminalizaciones;
Que la interrupción voluntaria del embarazo consentido
por la mujer, deje de estar incluida en el código penal
de los países de la región;
Que los servicios de prevención y tratamiento de cáncer
genital y mamario; y de las ITS sean universalmente accesibles
e integrados al resto de los servicios de salud sexual y reproductiva;
Que los y las adolescentes y jóvenes, así como
las personas de tercera edad, reciban atención especializada
y adecuada a sus necesidades particulares:
Que sean castigadas de manera efectiva todas las formas de violencia
sexual, entre ellas la violación, el acoso, el abuso sexual
infantil y sobre todo la explotación sexual y la trata
de personas con estos fines;
Que el sistema de educación formal debe estar libre de
estereotipos discriminatorios por sexo/género asegurando
una educación sexual amplia, pluralista y desde el nivel
inicial.
Que garanticen mecanismos de seguimiento y monitoreo del cumplimiento
de los compromisos asumidos con participación activa de
la sociedad civil.
Mar del Plata, noviembre 2005
Tomado de http://www.cladem.org/espanol/regionales/ddssddrr/Documentos/INDEX.ASP

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