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Uno MAS otro
Uno construido con nombre prestado para legalizar el instrumento
político de las organizaciones sociales, el Movimiento
Al Socialismo (MAS); el otro expresado en masas, organizaciones,
individualidades y multitudes cabreadas de los efectos devastadores
de la economía de mercado e ilusionadas con otras formas
de sociedad, el pueblo boliviano. Este uno MAS el otro, aliados
en las recientes elecciones presidenciales de Bolivia, han hecho
realidad el "volveré y seré millones"
augurado por Tupac Katari hace más de dos siglos. Y así
es, porque invadidas desde todas las sangres y todas las diversidades
del país, las urnas han demostrado la gigantesca voluntad
ciudadana por perfeccionar la democracia con la inclusión
de los rasgos y las lógicas de las culturas que en su andar
incluyen, envuelven y amarran solidaridades, alianzas, nuevas
configuraciones de sociedad, nuevas identidades con una matriz
común simbolizada en el sentido mítico de la chakana
o cruz andina: "vamos todos juntos, que nadie quede atrás,
que a nadie le falte nada, que todo alcance para todos".
Los analistas clásicos dirían que el MAS es un
fenómeno casual, espontáneo y atípico y que
el descontento nacional que lo lleva al triunfo electoral es un
producto típico de sociedades atrasadas que se autocondenan
al subdesarrollo cuando no a la miseria. Otros afirmamos que el
fenómeno electoral boliviano es la culminación de
una histórica revolución en democracia ocurrida
en una Bolivia que, como afirma el politólogo Raúl
Prada, "no es sólo un país de la periferia
del capitalismo sino que es el interior de la periferia o el adentro
de los márgenes, el corazón de la excedencia y del
desborde". Un país en el que las teorías de
la modernización, del progreso y del crecimiento económico
pretendidos por la liberalización de la economía
y del mercado se extravían, porque sus postulados no encuentran
asidero, ni sustento ni ejemplos válidos para justificar
sus afanes de exacciones privatizadoras. Y entonces se juzga Bolivia
por su atraso como producto dizque del carácter retrógrado
de sus habitantes. Y se le recetan aspirinas a título de
lucha contra la pobreza sin afectar las causas reales que originan
esta pobreza y sin incluir a su resultado, los de la extrema pobreza.
Y entonces los tecnócratas se proponen una linealidad evolutiva
de indicadores y de dádivas asistencialistas para que los
arcaicos bloqueadores se conviertan en modernos emprendedores.
Los tecnócratas no quieren ver en el paisaje de indigencia
y de la univocidad del discurso fabricados por ellos, a los pobres
que luchan por dejar de ser tales, a los excluidos que se unen
de a dos, de a cien, de a mil, de a millones para discontinuar
el modelo que desnaturaliza la capacidad humana de tener sensibilidades
y utopías.
Bolivia arrastra una situación de crisis de Estado en
una doble dimensión de crisis de dominación y de
crisis estructural. Crisis de memoria larga en una sociedad neocolonial
asimétrica con riesgo de segmentaciones regionales, étnicas
y sociales. Crisis estructural por efectos del neoliberalismo
y del capitalismo de Estado basados en un patrón de desarrollo
primario exportador que quiso subsumir así, en esta condición
extractiva, una sociedad entera al capitalismo global. Esta crisis
no es casual ni aislada, sino la crisis de un modelo de acumulación
y dominación oligárquico - colonial inviable y fracasado.
El ajuste estructural ha incrementado el desempleo en más
del quinientos por ciento y ha regado la geografía nacional
con cerca del setenta por ciento de ciudadanos en calidad de pobres.
La globalización económica y cultural amasó,
graficó y amamantó grupos empresariales y sectores
de poder dándoles todas las facilidades para conducir el
destino de la privatización, y hasta se vendó los
ojos para justificar su permisividad con la corrupción,
pero como estos productos comerciales y políticos criollos
no se amoldaron ni subordinaron en toda su dimensión a
la economía de mercado, no lograron asentar un sistema
de hegemonía ideológica y política nacional.
Por eso a los gestores del modelo no les quedó más
remedio que ejercer la dominación política, económica,
legal y social abiertamente desde las empresas transnacionales,
contractualmente desde los mandatos y condicionamientos de las
embajadas, operativamente desde las recetas de las multilaterales,
caricaturescamente desde sus partidos asociados, y culturalmente
desde sus medios de (in)comunicación.
En estas condiciones, de neo-dependencia, dice Raúl Prada
que Bolivia ya no es parte de la periferia sino el interior de
la periferia, y ni siquiera es sólo éste interior,
sino otro centro, otro mundo difícil de entender desde
los marcos de los paradigmas neoliberales. Como es un país
que ha extraterritorializado las políticas estatales, para
conducirse por los derroteros de la democracia se ha obligado
a presionarse desde sus propios márgenes, desde sus propios
tiempos y espacios, desde sus propias lógicas, desde sus
propios habitantes mediante sus movimientos sociales y regionales
para subvertir un orden que desordena, para poner en orden una
historia a la que se le quiere dejar sin memoria, para construir
país desde sus fueros internos, endógenos.
Y con la energía de los movimientos sociales, llevados
por reposiciones históricas de inclusión y por composiciones
contemporáneas de justicia y de dignidad, el interior de
la periferia se convierte en el espejo del agotamiento del modelo
y se asume como el origen de la subversión material y simbólica
contra el centro liberal, iniciando un recorrido histórico
de otros valores, otros lenguajes y otros actores sociales que
ya no hablan de competitividad sino más bien de equidad,
que ya no recitan la individualidad sino que practican la solidaridad,
que ya no le temen a las certificaciones externas sino que demandan
la autodeterminación interna, y que ya no creen en patrones
de desarrollo agotados, sino que se proponen construir otros modelos
de acumulación basados en la recuperación de decisiones
soberanas para el Estado.
En estas condiciones de una Bolivia situada más acá
y más allá de la modernidad, la incursión
de los pobres en la erradicación de la pobreza inaugura
políticas que empiezan por la lucha contra las formas de
acumulación y distribución de la riqueza. Los movimientos
populares en democracia ocupan hegemónicamente el espacio
que los grupos de poder usufructuaron mal. Así Bolivia
no es ya tan sólo el interior de la periferia, sino el
opuesto, la sociedad de la historia no esperada, la alteridad
de un sistema que no supo construirse y que como no sabe cómo
irse, está siendo ido en democracia.
Siendo Bolivia la otredad, el uno, el MAS, no es un partido político
más, sino un instrumento surgido desde las entrañas
del interior de la periferia con sus propias características
culturales, de organización social, de administración
y de legislación. No es sino desde estos parámetros
acendrados en la idiosincrasia de los pueblos indígenas
y en la práctica sindical y vecinal que se puede entender
por qué el programa, las listas de parlamentarios, los
nombres del gabinete y los planes de trabajo se definen en asambleas
comunales, barriales, cantonales, departamentales y nacionales.
No es sino desde estas sinergias que es posible entender que los
vientos corren desde abajo hasta arriba y no desde los centros
hacia los márgenes. Sin estos protagonismos no se podría
entender que la macropolítica se construye desde las imbricaciones,
encuentros y articulaciones de las micropolíticas sectoriales
que se tejen sucesivamente en proyectos nacionales.
Difícilmente por fuera de estos latidos culturales se
podrá entender cómo un frente político que
basó su campaña en las concentraciones masivas se
impone a las modernas comprensiones de la "mediatización
de la política" que vacían las calles de debate
y construyen verdades en los medios de comunicación. Sólo
desde estas realidades se podrá valorar la composición
dual de la política del MAS que tiene un pié en
el sindicato y otro en las estructuras del poder. No es de otro
modo cómo se desentraña la composición de
un movimiento que parece espontáneo y no estructurado,
cuando en realidad es como un tejido de filigrana hecho de fuerzas
moleculares que a veces se suman de a pares como la relación
"chacha-warmi" u hombre y mujer como una unidad; que
otras veces se construye de opuestos blancos e indios, kollas
y cambas o altiplánicos y amazónicos; que otras
veces más se suman circulares en conglomerados crecientes
de campesinos y pobladores urbanos, de aymaras, quechuas y guaraníes,
de ricos y pobres, de todos los que quieren sumarse a la propuesta
liberadora; y que finalmente, se tejen también en una línea
de articulación entre el pasado, el presente y el futuro
sin dejar de ser un solo espacio, un solo tiempo, una unidad indivisible
que ha acumulado rebeliones reivindicativas de memoria corta con
otras estructurales de memoria larga, para proponer una alternativa
de sociedad cuya novedad es la sencilla pretensión de vivir
como humanos.
Son estas sumas diversas, complejas, abigarradas, entremezcladas;
son estos encuentros dialogales y confrontativos; son estas alteridades
las que hacen que el encuentro de uno, el MAS, con otro, el pueblo
boliviano, sumen los millones de ciudadanos que lograron un triunfo
histórico irrebatible por un país otro, distinto,
inclusivo, con desarrollo, en democracia, humano. Si la suma de
rebeliones para alcanzar el poder se hizo así, sumando,
el ejercicio del poder debería seguir siendo así,
incluyente, corresponsable y cogestionario entre el MAS y el pueblo
boliviano atados en la unidad indivisible que hace que uno MAS
otro sumen millones.
Tres razones para el triunfo del pueblo boliviano
Mucha tinta se ha gastado en páginas de desprestigio del
triunfo electoral del pueblo boliviano, aún antes que el
MAS se instale en el gobierno. Sin querer entrar en debate con
estos augures pesimistas, porque muchas cosas se van a seguir
diciendo, intentamos una aproximación a los factores reales
que llevaron a que don Evo Morales Ayma, líder indígena
y cocalero haya sido elegido presidente de los bolivianos. Para
ello destacamos tres razones: la construcción de un instrumento
político desde las organizaciones populares y con identidad
y proyecto popular; la capacidad de articulación del MAS
con el dinamismo de los movimientos sociales y con la historia;
y la ineptitud de los sectores oligárquicos, sus partidos
políticos y sus medios de (in)comunicación.
La primera razón tiene que ver con la construcción
de un instrumento político desde las organizaciones populares
y a la usanza organizativa de las organizaciones sociales. En
efecto, el MAS es consecuencia del descreimiento popular en los
partidos tradicionales y de la búsqueda de protagonismo
propio, sin intermediarios, en la construcción del poder
de los sectores populares en democracia. Siguiendo la trayectoria
del MAS, esta osadía de constitución del movimiento
popular en factor de poder ha seguido distintos pasos y en distintos
espacios valorando la política y su propio partido político
para conformar una propuesta de lucha contra el imperialismo,
contra las inequidades que produce el neoliberalismo y contra
el pensamiento único que discrimina.
Por una parte, en el propio plano de lo popular como resquicio
de los pobres y propuesta alterativa de la sociedad, podemos afirmar
que más allá de la pretendida centralidad del movimiento
cocalero y de la figura de Evo Morales, el MAS es un producto
político con distintos vértices o puntos de partida
que convergen dialogalmente desde tiempos y énfasis distintos
en un proyecto común. Entre estos referentes destaca el
esfuerzo pionero del movimiento cocalero del Chapare; también
están los movimientos vecinales de distintas ciudades;
es vital la energía del movimiento indígena campesino
de las tierras altas y bajas; fortalece el resurgimiento del movimiento
minero; y amplía horizontes la incorporación de
las clases medias volcadas por proximidad social e ideológica
a la izquierda. Si asumimos este punto de vista, la composición
y representatividad del MAS se amplía al reconocimiento
de un protagonismo plural de encuentros diversos que no tendrían
la capacidad de mimetizarse en una sola estructura sin dejar de
lado las suyas propias, si el instrumento político no fundamentara
su funcionamiento en los sistemas deliberativos, asambleísticos
y de cabildo abierto de las organizaciones sociales. Se podría
decir que en su estructura el MAS es una organización de
negociación interna y debate permanente en una espiral
donde los liderazgos no se desprenden de sus bases. Esta razón
de ser debería seguir siendo una condición orgánica
para el diseño de las formas y sistemas de gobierno.
Por otra parte está el recorrido político en el
campo de los poderes, con fines que primero buscaban ocupar curules
en el Parlamento, asumir luego la directiva de alguna comisión
congresal, seguir creciendo en cantidad y calidad de representantes
en el Congreso bicameral, incursionar y ocupar los gobiernos municipales
y aspirar, con hegemonía, a ser factor real de gobierno.
La experiencia de vertiginoso crecimiento no exento de intentos
por menguar su importancia, ha dejado como herencia dos lecciones.
Una, la evidencia de que las articulaciones masivas obedecen más
a la faceta contestataria contra el sistema en una sociedad descontenta
con el país que vivimos. La otra lección supone
más que un logro un desafío, el saber ser alternativa
de poder, el saber responder responsablemente a la promesa de
una vida más digna representando a todos los bolivianos
y bolivianas. El MAS ha vivido lecciones duras al interior de
su propio equipo congresal, que lo han llevado a la exclusión
de algunos parlamentarios o a corregir ingenuidades de otros.
No todo es, ni puede ser color de rosa. La construcción
del poder es un proceso permanente que supone también la
búsqueda intencionada y sistemática del fortalecimiento
interno.
Otro factor importante para el crecimiento del instrumento político,
pese a la resistencia de algunas de sus expresiones de base, es
la unidad pactada entre líderes sociales e intelectuales.
La propia conformación del binomio presidencial con el
líder indígena Evo Morales y el intelectual Álvaro
García Linera es un reflejo de esta necesidad de encuentros
estratégicos asentando sus relaciones en la concepción
de la dualidad indivisible de la unidad. Esta articulación
ha permitido ampliar circularmente el núcleo de conformación
y sostenibilidad del instrumento sin desgarrarlo, sino por el
contrario fortaleciéndolo. Esta es otra característica
necesaria para la gestión gubernamental, la unidad entre
la ciencia y la militancia.
Como una segunda razón o factor fundamental para la consolidación
del MAS como la fuerza política más importante de
Bolivia, está su capacidad de articulación con el
dinamismo histórico de los movimientos sociales, encaminando
electoral y programáticamente sus demandas y reivindicaciones.
A partir de la llamada Guerra del Agua el año 2000 en Cochabamba,
sucesivos acontecimientos llevan a una acumulación popular
que encuentra otros hitos importantes en la Guerra del Gas en
la ciudad de El Alto en octubre de 2003, el movimiento autonómico
cruceño en enero de 2005 y las jornadas de mayo y junio
de 2005 por la Asamblea Constituyente en el país entero.
Estos movimientos combinan la presencia orgánica de las
organizaciones sociales con la participación incontrolable
de las unidades de la economía familiar no necesariamente
sujetas a mecanismos de organización y control interno.
Hay voluntades individuales y sociales en los móviles de
los cambios nacionales.
Esta sucesión encadenada de movimientos de rebelión
social se convierte en el mecanismo innato de un proceso de globalización
contra-hegemónica. Los movimientos sociales son engendradores
de otras formas de pensamiento, de organización social
y de acción política, con un potencial crítico
y emancipador que cuando se articulan en el tiempo y en el espacio,
son movimientos con trascendencia histórica que hacen parte
de un movimiento continuo, con una memoria larga articulada a
lo que Agnes Heller llama "necesidades radicales" porque
pretenden superar cualitativamente las contradicciones que sostienen
los modelos de dominación, y otra memoria corta más
dirigida a satisfacer demandas inmediatas. Y esto es lo que pasó
en Bolivia, no sólo como un fenómeno de acumulación
de fuerzas, sino también como un compendio de reivindicaciones
que más allá de las sectoriales acogieron demandas
nacionales como la nacionalización de los hidrocarburos,
la Asamblea Constituyente para la refundación del país,
la redistribución de la tierra, la recuperación
de los territorios con autodeterminación de los pueblos
y la descentralización administrativa del Estado. El MAS
tuvo el acierto de recuperar estas demandas en su programa intentando
otorgarles un ritmo de cumplimientos en el que lo ideal hace esfuerzos
por combinarse con lo posible.
En Bolivia se aplica bien el concepto acuñado por Castoriadis
cuando afirma que un rasgo característico de los movimientos
sociales de esta época es su carácter "antinómico",
en la medida que tienen una doble y no resuelta pretensión:
por una parte su propia autodeterminación y soberanía,
y paralelamente la ocupación del poder estatal. En el caso
boliviano esta combinación funciona con movimientos sociales
que se empoderan y se proyectan hasta lograr ocupar el poder,
teniendo ahora el desafío de transformarlo. Desde la perspectiva
y el dinamismo de los movimientos sociales, votar por el MAS significó
también la posibilidad condicionada de votar por la realización
de sus propias demandas. Esta simbiosis se reflejó en el
voto, ahora este voto es una factura que será cobrada sin
medir los límites del Estado si los movimientos se ponen
fuera, o será construida de manera realista y corresponsable
si se instalan dentro del gobierno.
El tercer factor que posibilitó el triunfo del MAS, pero
que no relativiza en absoluto los anteriores, está relacionado
con la incapacidad de la derecha para mostrarse como alternativa
de poder. No supo articular un programa de gobierno a la altura
de los desafíos nacionales, por el contrario ignoró
las grandes demandas ciudadanas expresadas en sus movimientos
sociales a los que despreció. La derecha no supo ubicarse
en la historia contemporánea del país, porque la
juzgó con ojos de afuera, con lentes de economía
de mercado. Por otra parte, en el proceso electoral no conceptualizó
a la población como ciudadanía sino simplemente
como electores acudiendo a métodos de manipulación
y a estrategias de guerra sucia para capturar su voto. Graves
errores en un contexto nacional que nunca dejó de procesarse
por fuera de la dinámica de una ansiada Asamblea Constituyente
en la que se deben debatir y definir las grandes tareas nacionales.
La derecha acudió a una fórmula programática
basada en el desarrollo de políticas asistencialistas que
no satisficieron ni siquiera a la misma empresa privada, y electoralmente
acudió a una política descalificadora del polo opuesto,
apoyándose en la complicidad empresarial y sensacionalista
de algunos medios que se ganaron sobradamente el apelativo de
"miedos de comunicación". La guerra sucia desatada
por los partidos de la derecha: PODEMOS y el MNR contra el MAS,
se convirtió en un boomerang que mermó su pingüe
credibilidad. La derecha se mostró incapaz, y no supo ocultar
su debilidad con su soberbia, por lo que lejos de proponer algo
se dedicó a intentar destruir desacreditando y afiliándose
a la política del miedo, que es en realidad la nueva expresión
religiosa y filosófica de la expansión transnacional
ya no solo por una economía global, sino también
por una administración global, legislativa, cultural y
militar, que garantice en su favor la correlación de fuerzas
sin resistencias ni fisuras.
Para justificarse, la nueva doctrina se afianza en el concepto
de la lucha contra el terrorismo, atributo que se le achaca a
don Evo Morales bajo el rótulo de narcoterrorista por su
origen cocalero y su defensa de la hoja de coca arguyendo que
coca no es cocaína. También criminalizan las movilizaciones
sociales achacadas al MAS como expresión de imposibilidad
para gobernar. Y tienen una imagen de la democracia condicionada
a una cultura del miedo, sembrando el miedo a perder el apoyo
externo, miedo a la pérdida de la inversión extranjera,
miedo al rompimiento del orden democrático, miedo al terrorismo,
miedo a la soberanía, miedo a los indígenas, miedo
a los cambios, miedo a la vida misma. Pero aún después
de vencidos, los representantes de la derecha que no saben irse
desatan otras formas de miedos. Un agorero liberal habla del "disparate"
boliviano, y otro aconseja retirar la cooperación externa
para que en una especie de eutanasia política el país,
que según él agoniza, se extermine. No faltan los
que comparan con un harakiri la osadía boliviana de arrimarse
a un programa de gobierno que propone cambiar el patrón
de desarrollo. Y en competencia con las pitonisas que empezando
el año nuevo adivinan el futuro, algunos agoreros neoliberales
pronostican que, a pesar que el MAS reventó al oficialismo
neoliberal en las urnas, otra cosa es con guitarra, y ahora el
país será ingobernable. Muchas cosas se han dicho
y se van a seguir diciendo, los derrotados no saben irse.
En un evidente proceso de corrimiento nacional -y continental-
hacia la izquierda, la derecha no supo ubicarse en la historia
y tuvo que retirarse derrotada electoralmente. Sus quinientos
años de historia colonial y sus treinta años de
historia neoliberal sufrieron un primer embate con la rebelión
de octubre de 2003 en la que el pueblo boliviano no sólo
demanda la recuperación de los hidrocarburos y de todos
los recursos naturales, sino que logra lo que Álvaro García
Linera parafraseando a Gramsci denomina un "empate catastrófico".
Las elecciones de diciembre de 2005 representan el desempate de
esta historia con un triunfo por goleada de los movimientos populares
que ahora tienen la tarea de construir otra historia, a la semejanza
de sus aspiraciones.
Diez y algunas razones MAS para seguir creyendo
El MAS sugiere en el eje conceptual de su programa de gobierno
que se trata de iniciar un cambio de patrón de desarrollo
acorde a las características de un país de heterogeneidad
estructural, asimetría regional, exclusión política
económica y social y altos niveles de pobreza. Las bases
de este patrón de desarrollo deben tener una visión
endógena con relaciones complementarias entre lo interno
y lo externo, lo público y lo privado, el mercado y el
Estado, lo nacional y lo extranjero.
Para operativizar esta concepción cuenta con la ventaja
política de una revolución en democracia en la que
las rebeliones sociales sugieren las bases del programa y el MAS
las recoge en este decálogo:
1. Nacionalización de los hidrocarburos e industrialización
del gas. Propuesta que descansa sobre tres basamentos: la
propiedad estatal (Bolivia digna), el control estatal de toda
la cadena productiva (Bolivia soberana), y el desarrollo productivo
diversificado a partir de esta riqueza (Bolivia productiva)
La nacionalización, se ha aclarado reiteradamente, no
significa expropiación ni confiscación de los
bienes de las empresas, sino recuperación de la propiedad
en manos del Estado boliviano para negociar desde esta condición
con socios externos. Esta es acaso la reivindicación
más demandada por los movimientos sociales bolivianos.
2. Asamblea Constituyente. Espacio de refundación
del país, desterrando el Estado colonial y recuperando
el dominio efectivo sobre los recursos naturales.
Este evento, trascendental, se asienta en la concepción
del MAS de la Asamblea Constituyente Originaria, con el protagonismo
del poder constituyente. Otras concepciones han justificado
sus propuestas sobre la base del poder constituido.
3. Ley Andrés Ibáñez sobre las autonomías
regionales y de los pueblos. Viabiliza la descentralización
política y administrativa con transferencia de recursos
para el desarrollo regional y fortalecer la unidad nacional
desde la diversidad.
En la práctica, esta reivindicación impulsada
especialmente por los pueblos del oriente del país pero
que en realidad tiene arraigo nacional, va a ser una de las
más complejas en su realización mientras se mantengan
corrientes segregacionistas. Desde la propuesta del MAS, la
descentralización es un factor vital para el desarrollo
regional ya iniciado en Bolivia a nivel local con la Ley de
Participación Popular. Las autonomías se conciben
también como un factor de fortalecimiento de las identidades
más allá de los acuerdos comerciales.
4. Programa de desarrollo productivo. Derogando el decreto
21060 que legitimó la economía de mercado, creando
una matriz de desarrollo integrada por hidrocarburos, minería,
agropecuaria, agroindustria, industria manufacturera, turismo
y forestal para la generación de empleos estables, inversión
extranjera productiva y no especulativa con garantías
jurídicas, y creación del Banco de Desarrollo
Productivo Urbano Rural para micro y pequeños productores.
5. Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz contra la corrupción
y la impunidad. Investigación de fortunas con aplicación
retrospectiva a autoridades nacionales de los últimos
veinte años, confiscación de bienes mal habidos
por la corrupción, sanciones y juicios de responsabilidades.
Entre las demandas de justicia planteadas por los movimientos
sociales está el juicio de responsabilidades al ex presidente
Gonzalo Sánchez de Lozada y sus principales colaboradores.
Esta medida política, será una de las más
demandadas por diversas organizaciones.
6. Ley tierra productiva. Reforma agraria basada en
la reversión de la tierra improductiva, eliminando la
tenencia especulativa para su dotación a los campesinos
sin tierra, con protección jurídica frente a la
especulación financiera y la competencia externa.
7. Ley Tijera por la austeridad estatal. Eliminación
de los gastos reservados y de los gastos excesivos y reforma
integral del servicio exterior.
Se han planteado como medidas inmediatas la reducción
salarial en el sector público, en las consultorías
y la eliminación de dietas parlamentarias a los congresistas
suplentes.
8. Seguridad ciudadana. Plan preventivo y reformas al
Código de Procedimiento Penal, potenciando la lucha contra
el narcotráfico y la delincuencia.
El MAS ha propuesto una política de "cero cocaína",
que supone un cambio de paradigma en las actuales políticas
de interdicción y erradicación de la coca. Se
trata de apuntar las sanciones a los procesadores de droga,
mafias traficantes, comerciantes de los precursores que transforman
la coca en cocaína, además por supuesto de medidas
en las sociedades consumidoras de la droga. Complementariamente,
en el orden internacional se va a trabajar por la despenalización
de la coca de la lista de estupefacientes, para promover su
industrialización y consumo benéfico y medicinal.
9. Soberanía Nacional. Creación de un
nuevo sistema de seguridad social con amplia cobertura de salud,
control de tarifas de los servicios públicos, transparencia
y eliminación de las Superintendencias.
La equidad de género es un componente fundamental, en
todas sus dimensiones y desde una perspectiva de derechos, con
énfasis en los económicos, sociales y culturales.
Temas álgidos como la lucha contra la trata de personas
son también reconocidos como asunto de soberanía.
10. Ley Elizardo Pérez para la transformación
de la educación y revalorización de las culturas.
Para garantizar la educación fiscal gratuita en un solo
sistema educativo nacional, inter e intracultural con equidad
de género y generacional.
Un tema que va a merecer especial atención es la eliminación
del analfabetismo, así como la extensión reformulada
de una reforma educativa a todos los ciclos del sistema. Se
entiende la educación como un factor estrechamente relacionado
a las necesidades del desarrollo y de la construcción
de una cultura ciudadana integral.
Estas diez razones son difíciles de entender por fuera
de un país en el que la legislación vigente ha entregado
a manos abiertas los recursos naturales a las empresas transnacionales,
y algunas de ellas no cumplen ni siquiera con estas leyes dadivosas.
Un país que no decide los precios de sus productos y que
ha sido diseñado para extraerle sus materias primas sin
dejarle nada o muy poco a cambio. Un país apañado
por la cooperación internacional que compensa su saqueo
con el otorgamiento de fondos crediticios condicionados que han
hecho crecer una deuda externa que por más que se condona
por el programa HPIC sigue creciendo.
Por eso la importancia de un programa con propuestas de cambios
radicales que se propongan hacer viable un país que se
lo ha ido condenando a la miseria y a la eterna dependencia. Por
eso la importancia de un programa que se desmarca del circuito
empobrecedor de los ajustes estructurales. Por eso la importancia
de un programa que requiere insertarse en los circuitos internacionales
con políticas de integración regional solidaria
donde se refuercen los sentidos de soberanía, y por eso
la importancia de un programa que busca articular el país
en relaciones de comercio internacional no sólo como usuarios
o consumidores, sino también como protagonistas.
Por eso también la importancia de la inclusión
ciudadana. Todo este andamiaje sería imposible de realizar
sin un proceso paralelo y permanente de inclusión social,
sumando articulaciones de diversos sectores y segmentos sociales,
entre los sectores populares y también los empresariales
y oligárquicos en acuerdos nacionales y con espíritu
nacional. Bolivia necesita recuperar su capacidad de dialogar
y tolerarse, de debatir y entenderse.
Con los planteamientos expuestos, a diferencia de las "izquierdas
pragmáticas" surgidas en otros países del continente,
el MAS ha repuesto en Bolivia una "izquierda mixta",
épica y pragmática al mismo tiempo. Una izquierda
capaz de proponer salidas a la crisis en el corto plazo, al mismo
tiempo que mover esperanzas, utopías y sueños de
sociedad en el largo plazo. El MAS ha repuesto en el escenario
de la política y en los hangares de la sociología
la lucha ideológica. Esto es, la capacidad de autoproducción
de sentidos de sociedad humana con respeto a la vida y la dignidad,
así como la constitución de una fuerza social que
se moviliza por procesos de liberación y de transformación.
El motor de este dinamismo son los movimientos sociales que le
han dado vida, programa, sinergias y estructura al instrumento
político.
Todo lo dicho justifica la importancia de un decálogo
que debería permitir la conversión de los movimientos
reivindicativos y contestatarios en organicidades proactivas con
sentido nacional. Que su implementación será un
aprendizaje que requerirá las más altas capacidades,
sin duda, pero hay ya diez razones y más para seguir creyendo
y construyendo en un proceso perfectible, por cierto.
No hay (eje del) mal que por (eje del) bien no venga
Bolivia se ha puesto a sí misma en el inicio del camino
para enfrentar el desafío principal de este siglo, que
consiste en cambiar el curso de la civilización, dislocándola
de su eje y de su lógica al servicio de la acumulación
económica privada transnacional, por otra lógica
con fines y funciones dirigidos al bienestar social y al ejercicio
de las libertades y la cooperación entre los pueblos.
Pero para ello, como todo gobierno, el MAS estará sujeto
a presiones internas y externas. No puede ser la excepción,
y no debería pretender serlo. A nivel interno, ya la prensa
esmerada en encontrarle cinco patas al gato ha buscado y establecido
la existencia de una avalancha de demandas que se reparten entre
pedidos urgentes y reformas estructurales al Estado. Así
por ejemplo la poderosa Federación de Juntas Vecinales
de El Alto plantea el juicio de responsabilidades contra Goni
Sánchez de Lozada. La Federación de Mineros apunta
a la derogatoria del decreto 21060 de los ajustes estructurales,
además de la recuperación de la minería.
Los jubilados y rentistas demandan la reposición de la
seguridad social y la derogatoria de la Ley de Pensiones que establece
la jubilación a partir de los 65 años en un país
donde el promedio de vida bordea los 60. El Comité Cívico
pro Santa Cruz prioriza en su agenda la realización del
referéndum autonómico y la licitación de
las reservas mineras del Mutún. El Movimiento de los Sin
Tierra pide la reversión de áreas ociosas que no
cumplan una función económica y social. Los maestros,
con el apoyo de la COB exigen la derogatoria de la Ley de Reforma
Educativa. Y todos estos sectores y otros, esperan participar
realmente en el poder ocupando cargos de decisión, como
la Federación de Desocupados que planteó hacerse
cargo del Ministerio de Desarrollo Sostenible como espacio para
la contratación de sus asociados. Hay un sentimiento amansado
de oportunidad histórica para la participación protagónica
en el poder. Es un sentimiento que tiene que ser transformado
en otro de inclusión en los cambios. Esto es parte del
ejercicio del poder, de la revolución en democracia.
A nivel internacional el contexto estará marcado por la
tradición y la renovación. Este último factor
lo está viviendo en este momento don Evo Morales Ayma,
en una gira que ha emprendido por distintos países con
rasgos solidarios a su política transformadora. La Habana,
Caracas, Madrid y París lo han recibido con beneplácito
y solidaridad reflejada en importantes medidas que van desde compartir
experiencias hasta la condonación de deuda. Bruselas, sede
de la Unión Europea ha sido más cauta, expresando
más bien la pauta de la tradición afincada en políticas,
programas, inversiones y convenios que ya están en marcha,
y que devuelven el sentido de las relaciones internacionales al
mecanismo de negociación de intereses y proyectos a veces
compartidos y otras de conveniencia propia entre los países,
o entre éstos y empresas de su territorio.
El MAS se moverá entre la consolidación del péndulo
de la izquierda volcado hacia la izquierda y que compromete regionalmente
la conformación de un bloque soberano, mientras que paralelamente
no podrá dejar de negociar con los Estados Unidos temas
tan complejos como el ATPDEA y el TLC, y temas aún más
complicados como la lucha contra el narcotráfico. El MERCOSUR
que siempre tuvo a Bolivia como observadora le abre ahora sus
puertas. La CAN convaleciente requiere impulsos de políticas
compartidas y no unilaterales. La Secretaría Pro Tempore
Amazónica y el IIRSA precisarán propuestas renovadoras.
En fin, lo novedoso de las relaciones externas no se va a dar
tanto a nivel de los espacios y los mecanismos de integración,
de cooperación y de negociación, sino en las condiciones
para encararla. Bolivia debe participar en el concierto internacional
con una personalidad legitimada de soberanía, sin miedos
a los factores de la dependencia, sino más bien con un
espíritu de emancipación que empieza por superar
las condicionalidades que no contribuyen al desarrollo. Sobre
esta base, la corresponsabilidad, las acciones compartidas y el
respeto a las leyes serán más equitativas.
No tienen cabida las expresiones de un funcionario del Departamento
de Estado del gobierno norteamericano, que calificó como
el "eje del mal" la triangulación entre Cuba,
Venezuela y Bolivia. Y como se dice que no hay mal que por bien
no venga, se está demostrando que la apertura de relaciones
a estos Estados y a otros de la región, contienen los gérmenes
de otra forma de integración, solidaria, que va a aportar
a la consolidación de modelos políticos soberanos
y a viabilizar medidas económicas con mejor distribución
de la riqueza, que el eje tradicional no los admite por fuera
de sus modelos. La Argentina y el Brasil optaron por pagar su
deuda al FMI para liberarse de las condicionalidades y habilitarse
al diseño de su soberanía. Bolivia tendrá
que elegir el camino adecuado para esta misma habilitación,
siempre en el marco de la democracia y con la presión sinérgica
de sus movimientos sociales que necesitan cambios sustanciales
para mejorar sus condiciones de vida.
En esta ubicación en el contexto interno y externo, Bolivia
tiene como característica particular la vivencia de una
revolución democrática que significa la resolución
pactada de la lucha por el poder, y por el ejercicio de este poder.
No se trata de la imposición de un polo sobre el otro,
sino de la capacidad de generar acuerdos y pactos desde un núcleo
hegemónico nacional, popular e indígena. Avanzar
en este proceso de revolución democrática implica
la capacidad de saber demostrar que la inclusión no está
signada por la revancha que se expresa en nuevas exclusiones,
sino que sus señales se definen en la capacidad de articular
voluntades, organizaciones, sectores, propuestas, en función
de un fin común: soberanía, justicia y vida digna.
De entrada, el gobierno del MAS tiene que mostrar señales
de cumplimiento de las aspiraciones de la ciudadanía recogidas
en su programa. Son señales necesarias en el orden económico,
social, legal y político. A nivel económico se tienen
que señalar caminos para la recuperación estatal
de los hidrocarburos y para la generación de empleos. En
el plano político se deben seguir procesos para el juicio
de responsabilidades a Sánchez de Lozada. A nivel legislativo
sin duda que la abrogación del DS 21060 y su reemplazo
por otra legalidad que legitime otro modelo de desarrollo tiene
que ser una medida de entrada. Y en el plano social la evidencia
de la incorporación de los excluidos en el ejercicio del
poder.
Ciertamente que es válida la implementación de
medidas de impacto urgente en el campo de la austeridad como la
reducción de salarios, la eliminación de los gastos
reservados y de los sueldos de los diputados suplentes a los que
se les pagaría por sesión trabajada. En la misma
dimensión, y en paralelo, se tiene que iniciar la intervención
de las empresas petroleras que hayan evadido impuestos al fisco
o que cometieron actos de contrabando de recursos hidrocarburíferos.
Estas medidas son no sólo el simbolismo, sino la significación
material entre uno, el MAS, y otro, el pueblo boliviano.
Por supuesto que la convocatoria a la Asamblea Constituyente
será el eje fundamental para encarar los temas estructurales,
el pueblo boliviano lo sabe y lo espera. Quiere participar en
estas decisiones. Se tiene que generar un proceso constituyente
que garantice un antes o proceso constituyente participativo;
un durante representativo y sobre temas trascendentales que permitan
realmente transformar el país; y un después fundado
en el ejercicio de un gobierno transparente y una ciudadanía
con capacidad de control social. La Asamblea Constituyente tiene
que ser la expresión de la oportunidad histórica
para definir un nuevo pacto social que ya no se defina en los
principios liberales de la libertad, la igualdad y la confraternidad,
sino en el paradigma de los derechos humanos que tienen como principios
la justicia, la equidad y la dignidad.
El programa está definido, es necesario ahora saberlo
enriquecer y operativizar con la profundización de la legitimidad
del instrumento político basado en la democracia deliberativa.
Es fundamental el armisticio por un gran pacto nacional que permita
con realismo negociar los alcances posibles de los cambios sociales.
El ejercicio del poder implicará saber sobreponer el sentido
de las capacidades por sobre el de las oportunidades. Los encuentros
y acuerdos estratégicos son ineludibles en un mundo globalizado
al que se le quiere cambiar el eje de su civilización.
Sucesivos gobiernos han dejado de lado una tarea estatal fundamental
en la construcción de culturas: la comunicación.
En realidad la dejaron liberalizada al libre juego de la oferta
y la demanda porque les convenía una ciudadanía
desinformada y manipulada por la levedad de la primicia informativa,
por el sensacionalismo que desnaturaliza realidades, y por la
espectacularización que convierte la vida en un show. Entonces,
les era suficiente controlar o una Secretaría de Información
o una Vocería de la Presidencia con las que desarrollaban
acciones propagandísticas. Para el MAS, quedarse en esta
fórmula sería suicida. Necesita construir una cultura
de la vida con sentidos de sociedad y de cultura con mística
liberadora y transformadora. Requiere tender puentes que hagan
amar Bolivia y que logren encuentros y acuerdos entre sus ciudadanos.
Necesita que la movilización social sea un proceso permanente,
cultural, bajo la forma de la expresión de la palabra y
del diálogo y que el pueblo boliviano se empodere con su
osadía del cambio. Necesita promover un sistema de comunicación
aferrado al Derecho a la Información y a la Comunicación,
porque un proceso de cambio y de profundización de la democracia
conlleva la necesidad de la democratización de la comunicación,
se tiene que democratizar la comunicación para democratizar
la sociedad, porque un nuevo orden de la información y
la comunicación son necesarios para un nuevo orden de la
sociedad y de la economía.
El MAS requiere, como uno de sus mecanismos fundamentales, el
funcionamiento de un Ministerio de Comunicación que trabaje
políticas nacionales y estrategias de comunicación
enmarcados en el desafío del desarrollo y de la democracia.
Un Ministerio de Comunicación que garantice información
útil y contextualizada desde los medios estatales y colocándose
competitivamente en la agenda de la opinión pública
de todos los medios. El Ministerio de Comunicación debe
promover un sistema nacional de comunicación que articule
redes de comunicación que unen lo local con lo nacional
y lo nacional con lo regional e internacional construyendo una
ciudadanía integral que conoce, defiende y ejerce sus derechos
civiles y políticos y los económicos, sociales y
culturales.
Hay esperanzas encontradas en lo que pueda hacer el MAS. De un
lado las esperanzas populares por una vida nueva, esperanzas a
veces de dimensiones desmedidas en la misma extensión de
lo desmedido de su pobreza y exclusión histórica.
De otro lado, hay expectativas porque el MAS fracase y sea enterrado
por los mismos movimientos que lo construyeron. En estas circunstancias
no tienen cabida las medias respuestas. Bolivia tiene que comprometerse
entera a refundarse digna como parte de un "eje del bien"
empeñado en otro mundo posible.
* Adalid Contreras Baspineiro es sociólogo
y comunicólogo boliviano
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