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Se percibe en estas sociedades de principios de siglo que los
medios de comunicación masiva y las tecnologías
de la información y la comunicación (TICs) al igual
que las instituciones sociales aportan, de uno u otro modo, a
la construcción de ciudadanía comunicativa,
la misma que puede ser activa y participativa o vinculada exclusivamente
al consumo, como se percibe en la mayoría de los casos.
El consumo de la oferta mediática y, especialmente, de
la información periodística de calidad, coadyuva
en la constitución y ejercicio activo y responsable de
las ciudadanías porque permite que las personas se formen
una opinión sobre algún hecho de interés
común, la pongan a consideración pública
y deliberen sobre la misma en busca de consensos que influyan
o determinen acciones hacia los sistemas de poder. De este modo,
se participa en la toma de decisiones que afectan, de forma directa
o indirecta, la propia vida y la de la comunidad.
En este proceso de constitución de lo que se llamaría
la ciudadanía comunicativa, es nuclear la información
porque se basa en el principio de reducción de la incertidumbre.
Esta certeza se logra por medio del despliegue de las facultades
del derecho humano a la información (recibir, investigar
y difundir información y opinión) que influyen sobre
la persona en alguna forma de conocimiento y modifica o transforma
su comportamiento en un proceso de "maduración social",
donde desarrolla las virtualidades de la sociabilidad.
| Los campos
articuladores de nuevos escenarios |
|
En las últimas dos décadas valorizamos en los países
de América Latina la democracia como régimen
institucional, pero se constata que aún falta mucho por
avanzar para que se constituya en evidentemente participativa
y no sólo representativa, y para que subsista como una
forma de vida cotidiana donde no exista una brecha tan profunda
entre la formalidad de la ley, por un lado, y la conciencia y
la práctica de los derechos humanos en el marco del ejercicio
ciudadano, por el otro.
Esta grieta se debe, entre otras razones, a que muy poco es lo
que se avanzó en cuanto a construir una gobernabilidad
esencialmente democrática -que concierne a la relación
entre el sistema político y la ciudadanía- por la
falta de adecuación de la política y del Estado
a las transformaciones sociales y culturales en curso, producto
de acelerados procesos de cambio en la configuración de
sociedades informacionales y del conocimiento donde convive, en
permanente conflicto y complementariedad, la (pos)modernidad y
la tradición. Entre otras cosas, estas "deficiencias
afectan la viabilidad política de las estrategias de desarrollo
y pueden poner en peligro la legitimidad misma del régimen
democrático" (Calderón y Lechner, 1998: 12).
Estas configuraciones y procesos requieren la conducción
de una nueva acción política que tome en
cuenta la mayor y mejor cooperación, participación
e incidencia efectiva de los ciudadanos, como sujetos actores.
De hecho, resulta paradójico que hoy en día asistamos
a un auge de la "cultura del yo" (privatización
de actitudes y conductas) que contrae drásticamente y cambia
de forma el ámbito integrador -en tanto espacio compartido,
de encuentro- que representa lo público. Una interacción
que en el omnipresente espacio del mercado conforma ciudadanos-consumidores
o ciudadanos-espectadores; en ambos casos, apartados
en espacios privados e íntimos (1), bien
demarcados en sus intereses, pasivos en el juego político
del poder (pertenencia democrática).
Frente a esta situación, Fernando Calderón y Norbert
Lechner se cuestionan si "¿No es el estar-juntos-con-otros,
esa comunidad de semejantes, el espacio propiamente político
de la democracia?" (:26). Y si "¿puede la población
de nuestras sociedades (o sea, nosotros) llegar a ser ciudadanos?
Vale decir: la gobernabilidad democrática presupone ciudadanos,
pero ¿qué hace la democracia para formar ciudadanos?"
(:38-39). A lo que le añado inevitablemente, ¿qué
hacen los medios y las tecnologías de la información
y la comunicación (TICs), especialmente Internet, para
apoyar y fortalecer este proceso?
Precisamente, la gobernabilidad requiere patrones de corresponsabilidad
y complicidad entre el sistema político y los individuos
como sujetos de derecho convertidos en ciudadanos plenos
-a partir de prácticas sociales, sistemas institucionales
y representaciones culturales- que comparten algo común
en libertad e igualdad. Todo esto está profundamente ligado
a procesos de democratización, de educación y de
revalorización de los derechos humanos (2),
tal como lo recalcan los autores mencionados:
La ciudadanía presupone que las instituciones puedan
garantizar a todos, como parte de los derechos individuales,
todos los derechos sociales. En consigna, sólo si hay
derechos hay ciudadanos (:34).
| Hacia la formación
de nuevas ciudadanías |
|
En el marco esbozado se está configurando un nuevo
escenario político donde los medios masivos adquieren
una creciente influencia en el ejercicio de la democracia y de
la política desde su cotidianidad. Por ello, el Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2002: 131) propone
la necesidad de "buscar mayor congruencia entre comunicación
y política, a fin de que ambas esferas se potencien para
fortalecer, tanto en las instituciones estatales como en la sociedad
civil, una cultura política deliberativa."
Jesús Martín-Barbero (1998: xv) añade que
la comunicación y la cultura son el "estratégico
escenario que le exige a la política recuperar su dimensión
simbólica -su capacidad de representar el vínculo
entre los ciudadanos, el sentimiento de pertenencia a una comunidad-
para enfrentar la erosión del orden colectivo." Por
lo tanto, se teje una red de relaciones entre comunicación,
cultura y política articuladas por un puente articulador
fructífero: la ciudadanía (Alfaro, 1997)
o ciudadanías en plural, respetando la diversidad (pluri-multi
cultural) de América Latina.
El restablecimiento de la democracia en Bolivia (1982), al igual
que en muchos países latinoamericanos, marcó el
inicio de un proceso de cambio orientado a crear las condiciones
necesarias para la edificación de una sociedad justa, democrática
y participativa, en el marco del respeto a las garantías
constitucionales de las personas.
Sin embargo, luego de más de 20 años de vida democrática
se constata que la cultura política de la población
-o, más bien, de cada grupo sociocultural- se estancó
e, incluso, empobreció debido a que se la negó sistemáticamente
desde esferas de poder tradicionales y conservadoras: lo "otro"
en cuanto tiene posibilidad de ser y existir, es peligroso al
sistema establecido. Además, no se impulsó procesos
de educación política y ciudadana sobre la
base de los valores democráticos, una tarea educativa ligada
a incentivar el sentimiento de pertenencia a la comunidad -en
el marco del diseño de modelos de sociedad y de Estado-
y la convicción de que la solución de los problemas
del país depende del protagonismo de las personas, es decir,
de la participación activa y comprometida en la esfera
pública (Peñaranda, 2001).
Frente a este panorama, Susana Peñaranda (2001) plantea
la urgente necesidad de trabajar desde todos los frentes en la
constitución de una nueva cultura política ciudadana
capaz de formar una ciudadanía activa y responsable
que estimule la conciencia sobre los derechos y deberes que tienen
los seres humanos -por el hecho de ser tales- y, asimismo, fortalezca
el sentimiento de pertenencia y compromiso con una comunidad política
y los conciudadanos que la forman, ahora debilitado por la poca
participación e incidencia en el ámbito público
(3).
Por lo tanto, aquí planteo encarar procesos sociales mediáticos
de construcción de ciudadanías, en definitiva,
una gestación de las subjetividades individuales y colectivas,
de aprendizaje de expectativas recíprocas y de definición
de un espacio de responsabilidad en relación con los "otros",
en general, y con el Estado o la autoridad pública ("otro
privilegiado"), en particular: ¿qué derechos
tengo?, ¿cuáles son mis responsabilidades (y las
del otro hacia mí)? Precisamente, el "desafío
de la transición actual está en la capacidad de
combinar los cambios institucionales formales con la creación
y expansión de prácticas democráticas y de
una cultura de la ciudadanía" en la cotidianidad (Jelin,
1996: 114).
En esta línea, los medios y las TICs adquieren una importancia
creciente, constituyéndose en escenario de debate público
y de construcción de verosimilitud del hecho político
y, asimismo, en actores del proceso político: en la definición
de la agenda pública, en la influencia de líderes
mediáticos en la formación de la opinión
pública, en la fiscalización de los actos del gobierno
(control social), etc. Estas "cualidades" se explican
por la pérdida de legitimidad y credibilidad de los partidos
políticos y el debilitamiento de sus funciones típicas
como mecanismos de expresión de las demandas ciudadanas
(PNUD, 2002).
Empero, a pesar de que los medios, y cada vez más las
TICs, se constituyen en el ámbito de representación
simbólica donde diversos grupos de la población
-por medio de la ocupación del espacio público-
(re)configuran su identidad cultural, expresan sus demandas e
intereses, debaten los asuntos públicos y se reconocen
como miembros de una comunidad, estos no pueden transformar estas
demandas sociales -tarea de representación institucional
de la política- en decisiones estatales: políticas
públicas (ibídem). Entonces, la situación
es altamente amenazadora y preocupante, no sólo por la
falta de credibilidad y esperanza en la que se va estructurando
el tejido social y político, sino por la falsa ilusión
de que esos "nuevos" espacios públicos pueden,
o deberían, solucionar los problemas estructurales y cotidianos
de las sociedades.
| En busca del
poder ciudadano |
|
Los cubanos, por supuesto, no pretenden haber
resuelto los problemas de la libertad de expresión, de
la información y de la democracia revolucionaria con
los discursos de Fidel Castro. Superadas las angustias de la
supervivencia, han empezado a trabajar en esos problemas con
la misma seriedad y el mismo ahínco con que se enfrentaron
a los obstáculos de vida o muerte del bloqueo.
Gabriel García Márquez, 1975
Por todo lo mencionado la presente propuesta se enmarca, siguiendo
la reflexión de James Deane y Denise Gray-Felder (1999),
dentro del campo de la comunicación para el cambio social,
concebida como un proceso de diálogo privado y público
a través del cual se pretende que las personas, fundamentalmente
los grupos marginados tanto política, cultural como económicamente,
decidan quiénes son, qué quieren y cómo pueden
obtenerlo, y en su empeño de tratar de lograrlo -en un
contexto donde se les facilite la elección de opciones
y oportunidades- mejoren su calidad de vida guiados por los principios
de tolerancia, autodeterminación, equidad, justicia social
y participación.
Este enfoque propone en los países latinoamericanos una
nueva agenda de la comunicación para el desarrollo
humano sostenible, trasladando el énfasis del proceso
a las personas y comunidades como agentes protagonistas de su
presente y futuro, que se valen del acceso, el diálogo
y la participación (4) para mejorar sus
condiciones de vida y la de sus hijos.
Por todo ello, esta otra manera de entender e impulsar procesos
sociales de comunicación para el cambio permite reflexionar
e intervenir estratégicamente en la política y el
desarrollo desde un eje fundamental: la creación de condiciones
para el pleno ejercicio del derecho humano a la información,
que no se reduce a permitir a las personas saber lo que deberían
pensar o hacer, sino que otorga sentido y forma a sus aspiraciones,
permitiéndoles tomar el control de sus propias vidas (ibídem):
lo que una persona conoce, cambia.
Sin duda que el tema no gira sólo en torno al escaso acceso
a la información especializada y de calidad por parte de
las grandes mayorías sumidas en condiciones de extrema
pobreza, sino, también, en las insuficientes habilidades
educativas que no permiten registrarla, sistematizarla e integrarla
con otros hechos o fenómenos, en función de su transferencia,
aprovechamiento y transformación de manera potencialmente
significativa en conocimiento válido. Son, precisamente,
estas estructuras informacionales internalizadas en estructuras
de conocimiento (sistemas de reracionamiento simbólico)
las que permiten una intervención en la realidad, en vías
del tan demandado cambio social del que se habló en párrafos
anteriores.
Las personas adecuadamente informadas tienen los suficientes
argumentos para opinar sustentadamente, participar en la definición
e implementación de acciones de carácter público
que afectan directamente su calidad de vida, controlar socialmente
a las autoridades que las representan y sobre las que han depositado
responsabilidades, debatir sobre problemas comunes y tomar decisiones
para su presente y futuro. Todo esto es, sin duda, ¡ejercer
poder ciudadano!
Si tomamos en cuenta que la información que circula públicamente
proviene fundamentalmente de los medios, entonces, podemos hablar
de una ciudadanía que también se construye a partir
del consumo cultural -en la dirección de apropiación
y uso planteada por Néstor García Canclini (1991)-
de la oferta mediática, y la que hemos definido con María
Helena Hermosilla (1995) como ciudadanía comunicativa.
En esta dirección, en el presente estudio esbozamos un
modelo teórico de construcción de ciudadanía
comunicativa (ver Gráfico 1) sobre la base del ejercicio
pleno del derecho a la información, que incorpora los siguientes
elementos: formación de opinión pública,
participación ciudadana y deliberación pública,
en el marco de gestación de espacios públicos democráticos.
Sin embargo, a pesar de las múltiples posibilidades de
acceso a mayor cantidad y calidad de información y oportunidades
de difusión de visiones de mundo diferenciadas -con sus
aspiraciones, necesidades, experiencias y análisis- que
permiten las tecnologías de la información y la
comunicación (5) en esta sociedad de principios
de siglo, se percibe una profunda "brecha informativa"
entre los que tienen posibilidades reales de acceso, aprovechamiento
y uso, y los que han sido -¡y son!- marginados y excluidos,
continuando "sin voz" e "invisibles" ante
un mundo que parece avanzar sin ellos.
Entonces, la construcción de ciudadanía,
en función del fortalecimiento de los noveles sistemas
democráticos en América Latina, empieza a constituirse
en un tema prioritario en el ámbito estatal y en sectores
no gubernamentales, especialmente en los académicos, donde
se carece de reflexión científica que permita generar
nuevos conocimientos al respecto para explicar y comprender la
realidad. Precisamente, a partir de la reflexión generada
por el Informe de Desarrollo Humano - Bolivia 2002 (IDH-BOL/2002)
-elaborado por el PNUD (2002)- consideramos que la ciudadanía
es donde se deben sintetizar los imperativos de la democracia
y del desarrollo, con un marcado referente de lucha contra la
pobreza. Porque pobre, en su dimensión subjetiva, es también
aquel que no tiene ciudadanía, "a quien sus derechos
le están siendo arrebatados por un sistema que no le permite
ser ciudadano y le niega la dignidad" (:185).

Elaboración propia
En Bolivia, esta exigencia de dignidad es
también una demanda de justicia y equidad directamente
relacionada con el problema de la pobreza, ya que los sectores
excluidos reclaman -en el plano de la subjetividad- ser respetados
y tomados en cuenta para transformarse -con las suficientes oportunidades
sociales y políticas- en actores que puedan configurar
su propio destino en una relación de mutua colaboración
con los demás. En esta línea se enmarca la propuesta
del IDH-BOL/2002 desde una capacidad política considerada
como crucial (la deliberación):
(
) que como resultado de procesos deliberativos,
los pobres se conviertan en actores, sus protestas en propuestas,
y que tengan la capacidad de acción y negociación
en las instancias respectivas. Fruto de este proceso se debería
llegar a consensos que sean favorables a este sector (:187).
La democracia debe asumir responsablemente la tarea de restituir
la dignidad de los sectores sociales más afectados, particularmente
los pobres y excluidos y vulnerables, expandiendo los espacios
colectivos de deliberación en los que se desplieguen
y amplíen las capacidades de decisión política
(6) en torno a lo público como una manifestación
del ejercicio ciudadano. Tal como aclara el PNUD (:203),
En ese sentido, sólo una salida deliberativa que construya
un espacio público en el que los derechos ciudadanos
sean igualitarios para los distintos miembros de la comunidad
política (es decir, donde la palabra de cada actor tenga
el mismo valor y el otro sea considerado como igual), permitirá
un intercambio libre, propositivo, en el que se dé un
ejercicio pleno de la ciudadanía por parte de los distintos
actores.
Para la consolidación de la democracia en América
Latina es imperativo que los distintos grupos sociales se asuman
como ciudadanos, con capacidad para convertirse -frente a la exclusión
y discriminación en que viven- en sujetos capaces de ejercer
derechos y deberes, buscando la participación activa en
los espacios donde se toman decisiones (vida pública) que
afectan de manera directa su vida cotidiana.
Vista desde este enfoque, la información como derecho
fundamental -reconocido en la Declaración Universal
de Derechos Humanos de 1948- puede coadyuvar en la formación
y ejercicio activo y responsable de la ciudadanía en el
marco del desarrollo humano. Por lo tanto, aquí se diseña
y fundamenta un modelo teórico de ciudadanía comunicativa.
Mediante ésta las personas asumen, por medio del consumo
cultural de la oferta informativa noticiosa, una competencia política
que coadyuva en la generación de esferas públicas.
Esto es, un conjunto específico de roles sociales a través
de los cuales los ciudadanos se interesan sobre un hecho de interés
público, forman un juicio al respecto y lo expresan (opinión
pública), además de que toman decisiones, fiscalizan,
demandan y ejecutan todas aquellas acciones que los lleven a defender
intereses comunes en un contexto deliberativo (participación
ciudadana).
| Del derecho
a la información al derecho a la comunicación |
|
La democratización de la comunicación es, ante
todo, una cuestión de ciudadanía y justicia social,
que se enmarca en el derecho humano a la información y
la comunicación. Vale decir, es consustancial a la vida
democrática de la sociedad misma, cuya vitalidad depende
de una ciudadanía debidamente informada y deliberante para
participar y corresponsabilizarse en la toma de decisiones de
los asuntos públicos.
Osvaldo León, 2002
Ya en 1969, Jean D'Arcy (citado por Hamelink, Cees, 2002: 1)
planteó: "vendrá el día en que la Declaración
Universal de los Derechos Humanos tendrá que incluir un
derecho más amplio que el derecho del hombre a la información
(
) Este es el derecho de los hombres a comunicarse".
Hace unos años atrás, el Foro Mundial de Derechos
Humanos "Viena +5" (Ottawa, Canadá, junio
1998) exhortó a la Organización de las Naciones
Unidas (ONU) para que convoque a una Conferencia Mundial de la
Comunicación, que contemple una amplia participación
de la sociedad civil, con el mandato de analizar y sustentar el
reconocimiento del derecho a la comunicación para consolidación
de la democracia.
Es así como el sueño de D'Arcy puede hacerse realidad,
en una primera instancia, en la Cumbre Mundial de la Sociedad
de la Información (7) que -organizada por la ONU y
encabezada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones
(UIT)- se realizará en Ginebra, Suiza, en diciembre de
2003. Esta Cumbre tiene el propósito de desarrollar una
visión y entendimiento común de la sociedad de la
información y diseñar un plan de acción estratégico
para adaptarse a esta "nueva" sociedad. De la misma
manera, pretende sentar las bases para la Conferencia Mundial
de la Comunicación, a realizarse en Túnez, África,
el año 2005.
Nos encontramos en una primera fase del derecho a la comunicación,
que es la consolidación del derecho a la información.
Por ello es crucial trabajar en éste último con
la intención de lograr el pleno ejercicio del primero.
Porque, por ejemplo Antonio Pasquali y Romel Jurado (2002) reconocen
que el derecho humano a la comunicación es condición
sine qua non para que toda persona participe en la vida democrática
de los Estados, así como para ejercer su derecho al desarrollo.
En esta dirección, han formulado una propuesta sobre este
derecho, que engloba el ejercicio pleno e integral de los siguientes
derechos:
a) Derecho a la libertad de opinión.- Es la potestad
de las personas de formular y emitir juicios propios sobre cualquier
asunto público o privado.
b) Derecho a la libertad de expresión.- Consiste
en la utilización de cualquier medio, canal, forma o
estilo para exteriorizar ideas, sin que se ejerzan formas de
control o censura.
c) Derecho a la libertad de difusión.- Se refiere
a la realización de actividades de comunicación
en igualdad de condiciones jurídicas, además de
la posibilidad de constitución de empresas o entidades
dedicadas a la comunicación.
d) Derecho a la información.- Es la potestad
de todas las personas para acceder, producir, circular y recibir
todo tipo de información, salvo que afecte el derecho
a la intimidad de las personas o que esté protegida por
una cláusula de reserva estipulada en el ordenamiento
jurídico.
e) Derecho al acceso y uso de los medios y tecnologías
de la información y comunicación.- Se asienta
en la potestad para acceder y usar libremente los medios y tecnologías
de la información y la comunicación en la producción,
circulación y recepción de contenidos.
Justamente, el planteamiento de Pasquali y Jurado es ratificado
por Pedro Farias (en Benito, Ángel, 1991: 338-339), quien
concreta el derecho a la comunicación como el "conjunto
de facultades, inherentes al hombre como ser sociable, para intercambiar
y poner en común diversas formas de mensajes". Para
promover la "maduración social" y, así,
desarrollar las virtualidades de la sociabilidad, el objeto de
este derecho humano está integrado no sólo por pensamientos,
ideas y opiniones (libertad de expresión), sino también
por informaciones (libertad de información). Por eso, son
indisociables el derecho a la comunicación -como postulado
de la sociabilidad humana- y el derecho a la información
(8).
Por su lado, Cees Hamelink (2002) parte de una concepción
más englobante de todos los derechos reconocidos y reivindicados
en torno a la comunicación e incorpora, de manera particular,
los derechos relacionados con el nuevo escenario de la comunicación
(9), que van más allá del derecho a la información
tal como fue plasmado hace más de 50 años. De este
modo, Hamelink plantea una serie de derechos que deben ser tomados
en cuenta para el reconocimiento, trazado y adopción de
una declaración universal sobre el derecho a la comunicación
(10):
Derechos de Información
- El derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión.
- El derecho a tener opinión.
- El derecho a expresar opiniones sin interferencia de los
partidos públicos o privados.
- El derecho de la gente a ser adecuadamente informada acerca
de temas de interés público.
- El derecho a acceder a información sobre temas de
interés público (en poder de fuentes públicas
o privadas).
- El derecho al acceso a medios públicos de distribución
de la información, ideas y opiniones.
Derechos Culturales
- El derecho a promover y preservar la diversidad cultural.
- El derecho a participar libremente en la vida cultural de
nuestra comunidad.
- El derecho a practicar las tradiciones culturales.
- El derecho a disfrutar de las artes y del beneficio del progreso
científico y sus aplicaciones.
- El derecho a la protección de la propiedad y patrimonio
cultural nacional e internacional.
- El derecho a la creatividad e independencia artística,
literaria y académica.
- El derecho a usar nuestro idioma en privado y público.
- El derecho de las minorías y los pueblos indígenas
a la educación y a establecer sus propios medios de comunicación.
Derechos de Protección
- El derecho de la gente a ser protegida de la interferencia
con su privacidad por los medios de comunicación masiva,
o por las agencias públicas y privadas involucradas con
la recolección de información.
- La protección de las comunicaciones privadas de las
personas frente a la interferencia de las partes públicas
o privadas.
- El derecho a respetar el estándar del debido proceso
en formas de comunicación pública.
- El derecho a protección frente a formas de comunicación
que son discriminatorias en términos de raza, color,
sexo, idioma, religión u origen social.
- El derecho a ser protegido frente a la información
engañosa y distorsionada.
- El derecho a la protección frente a la propagación
sistemática e intencional de la creencia que individuos
y/o grupos sociales merecen ser eliminados.
- El derecho a la protección de la independencia profesional
de los empleados de agencias de comunicaciones públicas
o privadas frente a la interferencia de los dueños y
administradores de esas instituciones.
Derechos Colectivos
- El derecho de acceso de las comunidades a la comunicación
pública.
- El derecho al desarrollo de las infraestructuras de comunicaciones,
a la consecución de recursos adecuados, la distribución
del conocimiento y habilidades, la igualdad de oportunidades
económicas y la corrección de las desigualdades.
- El derecho al reconocimiento de que los recursos del conocimiento
son, a menudo, un bien común de propiedad de un colectivo.
- El derecho a la protección de dicho recursos de su
apropiación privada por parte de las industrias del conocimiento.
Derechos de Participación
- El derecho a adquirir las capacidades necesarias para participar
plenamente en la comunicación pública.
- El derecho de la gente a participar en la toma de decisiones
públicas sobre la provisión de información,
la producción de cultura o la producción y aplicación
del conocimiento.
- El derecho de la gente a participar en la toma de decisiones
públicas en la elección, desarrollo y aplicación
de tecnologías de comunicación.
Con esta óptica, la Plataforma por el Derecho a la Comunicación
-que aglutina a Organizaciones no Gubernamentales (ONGs) con actividades
en el ámbito de la comunicación para el cambio social,
a nivel local, nacional y global- lanzó, en noviembre de
2001, la Campaña de Derecho a la Comunicación
en la Sociedad de la Información (11) (CRIS, por sus
siglas en inglés). Su propósito es abrir un amplio
espacio de debate en la sociedad civil sobre el sentido y porvenir
de la sociedad de la información.
La Campaña CRIS tiene una visión de la sociedad
de la información fundada en el derecho a la comunicación,
como medio para afianzar otros derechos humanos y fortalecer la
vida social, económica y cultural de la gente y de las
comunidades. Entonces, CRIS propone que la discusión en
la próxima Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información
no se puede centrar exclusivamente en las nuevas tecnologías
de la información y la comunicación (NTIC), sino
que debe tomar en cuenta otras temáticas: derechos humanos,
acceso a la información, género, propiedad y control,
gobernabilidad y fiscalización, diversidad y pluralismo,
y derechos de propiedad intelectual.
| ¿Por
qué hablar de ciudadanía hoy? |
|
De una manera real se empieza a percibir, como fundamento para
la consolidación de los noveles sistemas democráticos
de América Latina, la urgente necesidad de su legalidad
y legitimación desde la sociedad civil. No sólo
en los ámbitos académicos, sino cada vez con mayor
ímpetu entre las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales,
el tema de la ciudadanía va cobrando especial importancia
por una serie de razones que provienen fundamentalmente de cuatro
vertientes:
a) Política
- La falta de reconocimiento y menosprecio, desde el tiempo
de la Colonia, de la cultura política de los sectores
populares debido a razones políticas e ideológicas
que impiden concebir al "otro", en sus múltiples
diferencias -especialmente interculturales-, como igual (conciudadano).
Esto se manifiesta en desigualdad e injusticia social producto
de una profunda negación cultural y de una serie
de sentimientos y acciones arraigados de discriminación
e intolerancia (12).
- Paralelamente, se observan marcados procesos de auto negación,
donde el "otro" se siente y percibe como inferior
(ciudadano de segunda o tercera clase) y desestima su propia
identidad cultural.
- Se siente el agotamiento del sistema de partidos políticos.
La gente valora la política como necesidad de participar
y ocuparse del destino de la comunidad, pero siente que esta
actividad fue "maleada" por un grupo minoritario ("politiqueros")
que se aprovecha de ella para lograr intereses personales o
partidarios y, además, no deja participar a otros en
la escena política (clientelismo, nepotismo).
b) Histórica
- Una modernidad aún inconclusa en la que conviven multiplicidad
de sentidos de vida y pluralidad de culturas, en cuyo seno se
entrecruzan diferentes lógicas de desarrollo que
no logran ser resignificadas y apropiadas por la gente debido
a las concepciones lejanas y alejadas desde las que fueron pensadas
y transplantadas.
- Una larga etapa histórica de gobiernos de facto
(militares) en diferentes países latinoamericanos en
la década de los años '70 que avasalló
las posibilidades reales del ejercicio constitucional de derechos,
esencialmente los relacionados con la libertad de expresión
y opinión, y anuló las garantías constitucionales
de los ciudadanos. Todo ello, sumado a violaciones de los derechos
humanos por medio del uso de aparatos de represión y
muerte, desgastó el sistema democrático y perfiló
un clima de injusticia en el que -ahora en menor medida, pero
con clara evidencia- viven las mayorías alejadas o aisladas
del poder económico y político. Estas jóvenes
democracias tienen aún mucho camino por recorrer para
recobrar la esperanza perdida y el sueño anhelado.
c) Económica
- "Paradójicamente, a pesar del crecimiento evidente
de la miseria y de la pérdida general de la calidad de
vida en muchos aspectos, el debate sobre la pobreza ha quedado
relativamente escindido de la discusión sobre la ciudadanía"
(Calderón y Lechner: 36). La pobreza es una "marca
de inferioridad" (que califica al otro como carente, indigno,
desprotegido, marginal) que desconoce al "otro" -culturalmente
distinto- como sujeto de derechos legítimos y, por lo
tanto, impide la universalización, el reconocimiento
y el ejercicio de estos. En ese marco, coincidimos con los autores
abordados, no puede existir el ciudadano.
- Los altos índices de pobreza llevan a que la
gente -fundamentalmente de los sectores populares-se preocupe
de satisfacer, en primera instancia, sus necesidades básicas
más elementales antes que participar y decidir públicamente.
Estas condiciones de vida extremadamente difíciles se
reflejan, como acertadamente apunta el PNUD (2002: 188), en
expresiones de desilusión, fatalismo y pesimismo muy
fuertes, sensación de abandono y desamparo, inseguridad
y frustración respecto al futuro.
Empero, muchas veces, ésta es razón sustancial
para el surgimiento de movimientos sociales agrupados en torno
a la identidad cultural, el género, el consumo, etc.,
que exigen el cumplimiento de sus derechos. Por otro lado, al
tener estas necesidades resueltas, los sectores más acomodados
se repliegan, cada vez más, en ámbitos privados
(individuales, grupales o familiares) que los alejan de la construcción
de comunidad.
- El PNUD (2000: 31, 131) sostiene que la pobreza está
vinculada, en su dimensión subjetiva, con la incapacidad
de ejercer ciudadanía (condición pre-ciudadana),
que se manifiesta en relaciones sociales excluyentes y desigualdad
de oportunidades, impidiendo afirmar los valores y traducir
las aspiraciones de todos los sectores de la sociedad en proyectos
de vida compartidos. En ese sentido, Cançado (en Benvenuto:
20), Juez Presidente de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, plantea que en este inicio del siglo XXI la erradicación
de la pobreza extrema se constituye en uno de los grandes desafíos
de la protección internacional de los derechos humanos.
d) Social
- Si bien la democracia ha tenido importantes avances, se percibe
un malestar y deterioro social que repercute en una desconfianza
generalizada. Esta situación ocasiona que, tal como afirma
el PNUD, "A mayor desconfianza, menor posibilidad de ciudadanía,
y por tanto mayor dificultad en consolidar proyectos en la perspectiva
del desarrollo humano (:185).
- Se ha detectado en segmentos sociales amplios una actitud
individual negativa que puede constituirse en una enorme barrera
para el desarrollo y la formación de ciudadanía:
el fatalismo (13). De hecho, "conlleva resignación
y conformismo y generalmente está asociado con altos
niveles de frustración y bajas condiciones y oportunidades
para superarlos" (:224).
En mayores y menores grados estas vertientes, entre otras, muestran
a la ciudadanía en Latinoamérica como el resultado
de un proceso sociopolítico que pretende -en pleno siglo
XXI- la lucha por la igualación de todos en pos del fortalecimiento
de Estados con plenas garantías para dar concreción
y vigencia a los derechos humanos en la consolidación de
sociedades verdaderamente democráticas, justas y equitativas.
Por ello, la urgente tarea de encarar un trabajo multidisciplinario
en la construcción de ciudadanía desde diversos
frentes. Este trabajo se aproxima a la labor específica
de los medios de comunicación masiva en esta dirección.
A continuación, se detallan algunos rasgos que permiten
comprender los aspectos que abarca el tema de la ciudadanía
antes de que se analicen los procesos masivos para su gestación
activa y responsable.
| La ciudadanía
comunicativa |
|
Manuel Antonio Garretón (1995: 103) plantea una multidensionalidad
ciudadana -ligada al acceso y la calidad-, esto es, un conjunto
de derechos y deberes donde la persona ejerce su capacidad de
ser sujeto, es decir, de llegar a controlar o decir algo sobre
los procesos que definen un determinado campo, por ejemplo, en
relación al mundo terrirorial, educacional, comunicacional,
de género, etnia, generación, etc. Por lo tanto,
en cada uno de estos campos se es titular de derechos humanos
inalienables de acuerdo a una particular condición que
proviene de la diversidad.
Al respecto Garretón (:104) considera que en el concepto
de ciudadanía moderna "estamos frente a una extensión
de derechos irrenunciables que provienen precisamente de la diferencia
y no de la igualdad básica de los seres humanos",
lo que le otorga a cada persona o grupo la posibilidad de definir
y luchar por tales derechos. Empero, esta potencialidad de
la expansión ciudadana -como la llama el autor mencionado-
se ve frustrada y negada por la exclusión, marginación,
descomposición y fragmentación de las sociedades,
la ausencia de proyectos globales de sociedad, etc., que caracterizan
a los pueblos de América Latina, especialmente, los sectores
populares.
En este marco, María Elena Hermosilla (1995: 180) sostiene
que los medios de comunicación masiva pueden aportar en
la constitución de ciudadanía estimulando la autonomía
(social, política, económica y cultural) de los
sujetos individuales y sociales para que estos puedan gestionar,
construir y asumir su propio destino sobre la base del desarrollo
y perfeccionamiento de sus condiciones de vida. Frente a la oferta
de los medios, las personas construyen una ciudadanía
comunicativa. A propósito, Claudia Villamayor y Ernesto
Lamas (1998: 224) plantean lo siguiente:
El ejercicio de ciudadanía es un proceso de aprendizaje
al que contribuyen las diferentes instituciones presentes en
la sociedad, entre ellas los medios de comunicación.
Desde un medio de comunicación siempre se construye ciudadanía:
se puede ayudar al fortalecimiento de una ciudadanía
activa y participativa o se puede fomentar una ciudadanía
pasiva vinculada únicamente con el consumo.
Garretón (:106-107) complementa el análisis con
dos dimensiones interdependientes en la relación entre
los medios de comunicación masiva y la ciudadanía
(ver Cuadro 1-1).
Cuadro 1-1
Dimensiones de la Ciudadanía Comunicativa
Primera dimensión
"También
ejerzo mi ciudadanía a través de los medios"
|
Segunda
dimensión
"También
aprendo a ser ciudadano en mi relación con los
medios"
|
|
En los medios las personas
expresan y ejercen su ciudadanía en diversos campos,
por ejemplo, a través de diversas formas de control
social del poder. Sin embargo, los medios también
pueden sustituir de forma ilusoria la participación
a la que no se tiene acceso realmente o se puede dar el
caso que los medios intenten sustituir a otras instancias
de participación (por ejemplo, partidos políticos).
|
Las personas
definen y (re)configuran su ciudadanía en la relación
que establecen con la oferta mediática (consumo cultural)
(14). Por ejemplo, la información
que estos producen aumenta el poder ciudadano (control social).
Asimismo, aquí se plantea un tema de fundamental
importancia, cual es el control ciudadano de los medios
para la regulación democrática de estos.
|
En esta línea, Villamayor y Lamas (:223) reconocen que
en la actualidad los medios juegan un papel prácticamente
insustituible en la construcción y ejercicio de ciudadanía
orientada a la consolidación de una sociedad democrática,
ya que mediante el acceso (15) y la participación
en estos, las personas pueden ejercer ciudadanía al hacer
uso de la libertad de expresión y acceder al espacio público,
al mismo tiempo que controlar a las instituciones y ejercer presión
sobre ellas.
| El eje de
la ciudadanía comunicativa: la información |
|
El papel estratégico de la educación,
del conocimiento y de las redes de información constituyen
en la actualidad uno de los principales elementos de integración
social al mundo moderno. Solamente un grupo muy reducido de
latinoamericanos tienen acceso a redes de información
y al manejo de las nuevas formas de conocimiento. Resulta pues
fundamental que una renovación ciudadana busque una expansión
de las nuevas formas de conocer y comunicar.
Fernando Calderón y Norbert Lechner, 1998
La información es fundamental para conocer y comprender
la realidad actual. El hombre moderno tiene necesidades informativas
que son satisfechas en gran parte por los medios de comunicación
masiva; empero, la selección que estos hacen no siempre
está acorde con las aspiraciones, necesidades, exigencias
y expectativas de los receptores. La cada vez mayor "avalancha
de mensajes" coloca al individuo, según Rivadeneira
(1984: 37), "en una situación de 'observador' de resultados
en cuya producción él parece no participar",
lo que le lleva a un estado de marginamiento social.
Ya en 1949, la Teoría Matemática de la Comunicación
de C.E. Shannon y W. Weaver concibió la información
como opuesta a entropía, caos o casualidad. Una de las
aportaciones más importantes al modelo matemático
es la de Eric Berne (citado por Valbuena, en Benito: 758-759),
para quien la información es lo que conscientemente desea
y se propone comunicar (emisor) o recibir (receptor), porque es
lo que saben, lo que les da seguridad. La actitud del receptor
es, en última instancia, la que otorga valor a la información,
por tanto, es quien determina si la considera como ruido -lo que
inconscientemente recibe sin desearlo ni proponérselo-
o como información.
Concepto
De acuerdo con el comunicólogo boliviano Erick Torrico
(1989: 21), la información es un proceso unilateral de
transferencia de datos (representaciones sobre un objeto dado
de la realidad) destinados a reducir parte de la incertidumbre
que rodea al receptor con relación a una circunstancia
determinada. En general, la información es la asignación
de una forma peculiar a una parcela de la realidad comunicable,
"puesta en forma" (16) de mensaje para que pueda ser
transmitido por los medios de comunicación masiva a un
grupo de receptores. Desantes (1974: 186) concuerda con este planteamiento
al explicar que informar significa "dar forma a un mensaje
objetivo y poner en forma a un sujeto" situando al alcance
de éste (divulgando) aquello que necesita y como lo necesita.
En relación al tema, Torrico (:22) plantea premisas fundamentales
mediante las cuales se considera a la información como
vital, parcial, subjetiva, parcializada y, finalmente, como poder:
a) Vital.- Los procesos de transmisión,
recepción o intercambio de información son vitales
e imprescindibles para la existencia y sobrevivencia de cualquier
ser vivo.
b) Parcial.- Por limitaciones técnicas
y humanas, la información no puede abarcar la totalidad
de la realidad sobre la cual opera, por lo que es parcial: descompone
la realidad global y se ocupa sólo de uno de sus componentes.
c) Subjetiva.- Al no poder ser totalizadora es
selectiva y, por lo tanto, completamente subjetiva, pues el informador
elige un punto de vista desde el cual va a informar desde una
parcela de la realidad.
d) Parcializada.- El informador adopta consciente
o inconscientemente una postura de preferencia por uno de los
aspectos de la realidad en detrimento de los otros, por lo que
la información es parcializada.
e) Poder.- La información está ligada
a funciones de dirección social y política, por
lo que se constituye en un factor o instrumento de poder, dominación,
control. Por ello, añade Torrico, "a mayor acumulación
y concentración informativas habrá mayor autoridad,
capacidad de decisión e influencia."
El concepto de una información absoluta, normativa
u objetiva que permita describir y predecir este mundo, es
decir, "llenar los vacíos" y darle sentido a
la realidad, se apoya para Brenda Dervin (citada por Valbuena,
en Benito: 761) en una serie de supuestos que parten de la afirmación
que la comunicación humana es el proceso creativo de uso
de la información:
a) la información es un recurso valioso;
b) la información describe la realidad;
c) la información reduce la incertidumbre;
d) la información permite al hombre enfrentarse más
efectivamente con la realidad.
Por otro lado, Felicísimo Valbuena (en Benito: 763) nos
habla de un nivel óptimo de información,
"el que permite a las personas actuar como sistemas homeostáticos,
en equilibrio". De una infracarga de información
que se produce cuando la persona no se encuentra con el conocimiento
ni las alternativas suficientes para hacer frente a una situación.
Y, finalmente, la sobrecarga de información cuando
la persona traspasa el nivel óptimo de información
necesario: "los estímulos son excesivos y la persona
no está preparada para adaptarse a la situación."
A partir de lo que Soria (1991: 14-15) llama la "revolución
jurídica" de 1948 con la Declaración Universal
de Derechos Humanos, él deduce de la idea del derecho a
la información una serie de particularidades a partir de
la doctrina iusinformativa:
a) La información es un acto de justicia.- Al
investigar, difundir y recibir información se está
dando a cada persona lo suyo, a lo que tiene derecho, y en eso
consiste precisamente la justicia. El público está
compuesto por núcleos personales, libres y responsables,
que son titulares de un derecho humano.
b) La información es una función pública.-
Nadie puede ejercitar el derecho humano a la información
si no es para dar perfecto cumplimiento al derecho de los demás,
para realizar la justicia informativa.
c) La información no es tanto un poder como un derecho
y un deber.- La información tiene la posibilidad
de ejercer control social de los tres poderes clásicos
del Estado. Por ello, la información debe ser considerada
más como un derecho humano (a la información) y
un deber profesional (informar), que como un poder.
d) La finalidad de la información es formar al hombre
en su dimensión social para hacer la comunidad.-
El fin de los mensajes informativos es conocer la realidad para
tomar decisiones prudenciales (comunicación de hechos),
inducir al hombre a obrar la virtud y extenderla (comunicación
de ideas) y facilitar al hombre cómo pensar formulando
sus propias opiniones (comunicación de opiniones). En síntesis,
la finalidad de la información es formar al hombre en su
dimensión social para hacer la comunidad.
Para Juan Pablo II (citado por Aspíllaga: 10), que ha
merecido llamarse "Papa de los derechos del hombre",
la finalidad última de la información es la de "ofrecer
a los hombres de hoy el conocimiento adecuado y continuo de los
acontecimientos, que les resulta necesario o útil para
contribuir eficazmente al bien común y para procurar un
progreso más rápido de la sociedad." Para cumplir
con esta finalidad, el contenido de la información debe
ser siempre verdadero y completo, respetando las normas morales,
los legítimos intereses y la dignidad del hombre, tanto
en la obtención como en la difusión de noticias.
e) La información no es patrimonio exclusivo y excluyente
de los periodistas ni de las empresas informativas.- La
titularidad universal del derecho a la información pertenece
a todos-los-cada-uno. Los informadores y las empresas informativas
actúan en virtud de una delegación o mandato general,
social y tácito que el sujeto universal hace en ellos,
administrando el poder de informar de todas y cada una de las
personas.
Por ello es que se plantea que la empresa informativa y los periodistas
son responsables ante el público: el informador trabaja
para la información en, con y desde la empresa. La propiedad
de un medio o el ejercicio de la labor periodística no
conllevan el derecho de propiedad de la información, sino
el deber profesional de informar, hacer posible y facilitar la
participación de los ciudadanos en los asuntos públicos
y constituir, en definitiva, la comunidad.
Tiene hoy pleno sentido la afirmación de Aspíllaga
(:23-24) cuando fundamenta que las actividades informativas tienen
una íntima conexión con la justicia:
Al dar información el periodista está dando a
todos, a cada uno, lo que es suyo, aquello a lo que tienen derecho.
Y en dar a cada uno lo suyo consiste precisamente la justicia.
De modo que se puede informar que un periodista es justo o injusto
según informe bien o mal.
Por ello es que se concibe que los profesionales de la información
-"comunicadores de la palabra humana", como los llama
Juan Pablo II- no trabajan para la empresa, ni siquiera para
la información, sino para el público. Y, precisamente,
este trabajo debe ser realizado con un sentido del bien común
y de responsabilidad, por medio de los cuales toda persona asuma
libremente mayor protagonismo respecto de los destinos de la
humanidad en función de la comprensión plena,
adecuada, exacta y fiel de la realidad por medio de la información.
Además de estas particularidades de la información,
Desantes (1990: 22) recomienda tomarla en su doble sentido de
agere (actuación informativa o proceso de poner
en forma) y de facere (mensaje o producto resultado de
tal actuación informativa).
No cabe duda de que la revolución electrónica
entraña la promesa de grandes y positivos avances con
vistas al desarrollo mundial; pero existe también la
posibilidad de que agrave efectivamente las desigualdades existentes
al ensanchar la brecha de la información y las comunicaciones.
¿Cómo podemos asegurar que la revolución
de la información y las comunicaciones, que tiene en
Internet su primer motor, promueva la globalización del
desarrollo y de la solidaridad del hombre (
).
Juan Pablo II, 2002
Sin lugar a dudas, se percibe que a principios de este siglo
los medios de comunicación masiva, al igual que otras instituciones
sociales, aportan a la construcción de una ciudadanía
comunicativa -tal como la denomina Hermosilla (1995)- que
puede ser activa y participativa o vinculada exclusivamente al
consumo (Villamayor y Lamas, 1998). Uno de los aspectos que favorece
en esta dirección es la participación que permiten
los medios, lo cual facilita a las personas que puedan ejercer
su libertad de expresión y acceder al espacio público
que les fue negado en otras instancias (por ejemplo, partidos
políticos).
Fundamentalmente, el consumo cultural -en el sentido asignado
por García Canclini (1991)- de la oferta mediática
y, especialmente, de la información periodística
(Gutiérrez, 1997; Macassi, 1994; Calderón et.al.,
1996) coadyuva en la constitución y ejercicio activo y
responsable de la ciudadanía porque permite que las personas
se formen una opinión sobre algún hecho de interés
común (asunto público), la pongan a consideración
pública y deliberen sobre la misma en busca de consensos
que influyan o determinen acciones hacia los sistemas de poder.
De este modo, se participa en la toma de decisiones que afectan,
de forma directa o indirecta, la propia vida y la de la comunidad.
En este proceso de constitución de la ciudadanía
comunicativa es nuclear la información periodística
porque se basa en el principio de reducción de la incertidumbre
o de la indeterminabilidad con tendencia a cero, introduciendo
certidumbre objetiva, predictibilidad en un ambiente de elección
o evidencia que conlleva el fundamento del asentimiento. Esta
certeza, convencimiento o seguridad se logra por medio del despliegue
de las facultades del derecho a la información que influyen
sobre la persona en alguna forma de conocimiento y modifica o
transforma su comportamiento en un proceso de "maduración
social", donde desarrolla las virtualidades de la sociabilidad.
De ahí que Rivadeneira (1990) explica que poseer información
"es igual a tener elementos de conocimiento para la adquisición
de patrones de acomodación social, para la participación,
acción y decisión dentro del grupo sociocultural."
Y seguidamente cuando el autor mencionado afirma que "El
fenómeno de la marginalidad social es en gran medida un
problema de información y formas de comunicación"
(:55), se está refiriendo
Todo este proceso se asienta en la construcción de ciudadanía
comunicativa, que tiene como eje articulador el ejercicio
pleno del derecho humano a la información.
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Notas
1. Como exponen Calderón y Lechner (:38),
al no sentir el respaldo y reconocimiento del Estado, al percibirse
amputado de su inserción comunitaria, el ciudadano se siente
extremadamente vulnerable y tiende a retrotraerse al refugio de
su intimidad. Es, como ellos la llaman, la "estrategia del
caracol", en la que "ya no se trata de que el ciudadano
prefiera participar o no participar en la política. El
problema de fondo es si la participación política
todavía hace algún sentido para el ciudadano."
2. "Los derechos políticos han de
ser iguales y comunes para todos los ciudadanos; las diferencias
entre los distintos grupos pueden expresarse en los derechos civiles
y sociales. Diferencias en opiniones y creencias en el caso de
los derechos civiles y diferencias en las necesidades y recursos
en el caso de los derechos sociales" (Calderón y Lechner,
1998: 36).
3. Mitchell Seligson (2001: 153) constata en una
encuesta nacional realizada en el año 2000 que la participación
ciudadana en el ámbito del gobierno local se ha reducido
en el marco de aplicación de la Ley de Participación
Popular, de 1994. Por ejemplo, en reuniones municipales ha disminuido
de un 18% (1998) a un 15% (2000); porcentajes que se incrementan
en el caso de las áreas urbanas, la menor edad, el sexo
-las probabilidades de que una mujer participe son un 50% menores
que las de un hombre-, el bajo nivel de educación y de
ingresos. Una situación parecida se percibe en la elaboración
de presupuestos y la planificación del plan operativo anual
a nivel local, donde la participación se redujo de 11.8%
(1998) a 8.8% (2000). Asimismo, las quejas ante el Comité
de Vigilancia declinaron entre 1998 (12%) y el 2000 (9.8%).
4. Estos constituyen los elementos fundamentales
sobre los cuales, según el comunicólogo boliviano
Luis Ramiro Beltrán (1980), es posible construir una comunicación
más horizontal y democrática.
5. A propósito, Deane y Gray-Felder (:21),
comentan que "La actual revolución en las tecnologías
de la información [TIC] representa probablemente el conjunto
más profundo de desarrollos tecnológicos que la
humanidad haya experimentado desde la Revolución Industrial.
Las innovaciones de Internet, y del correo electrónico,
en particular, han transformado la capacidad de comunicación
en países con infraestructuras de telecomunicaciones a
menudo dilapidadas, y han posibilitado el acceso a mucha más
información sobre temas globales." Empero, "La
distribución de las nuevas TICs no es más equitativa.
El 84% de los teléfonos celulares, el 91% de los aparatos
de fax y el 97% de los usuarios de Internet se encuentra en los
países desarrollados" (:23).
6. De acuerdo con el PNUD (2002: 207), las capacidades
políticas de una sociedad están asociadas a la relación
entre instituciones (reglas), actores (ciudadanos) y cultura política
(valores, creencias y actitudes que guían la acción
de las personas en el espacio público). Y el desarrollo,
tal como lo entendemos en este trabajo, justamente pretende el
incremento de capacidades de las personas para lograr el tipo
de vida que ellas prefieran.
7. Se puede encontrar mayor información
al respecto en el sitio de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad
de la Información, [Internet], en: "http://www.itu.int/wsis/fr-es/basic/basic03.htm".
8. En una primera instancia se puede afirmar que
el Derecho a la Información implica a nivel individual:
el derecho a informar y ser informado, la libertad de opinión
y expresión, la protección de la privacidad y el
libre acceso a la información; y a nivel institucional:
el derecho a publicar o emitir informaciones u opiniones, la libertad
de acceso a las fuentes de información y el derecho a secreto
profesional y a la reserva de las fuentes; a nivel colectivo,
el derecho al libre y equilibrado flujo de la información,
el derecho de réplica y la preservación de la integridad
cultural.
9. El vertiginoso desarrollo de las NTIC, de la
mano de la globalización de la economía, ha transformado
el mundo contemporáneo y, por ende, los procesos sociales
de comunicación a nivel planetario. Nunca como ahora la
humanidad ha podido contar con un inédito potencial para
comunicar, sin embargo, se ha visto diluido por la persistencia
de desbalances en el acceso y distribución incluso de la
tecnología más básica.
10. El Derecho a la Información es resultado
de un devenir histórico que comenzó con el reconocimiento
de derechos a los propietarios de los medios de información,
luego a quienes trabajan bajo relaciones de dependencia en ellos
(periodistas), y, finalmente, a todas las personas en 1948 con
la Declaración Universal. Medio siglo después se
torna ineludible incorporar un derecho más extensivo: el
Derecho a la Comunicación.
11. Se puede encontrar mayor información
al respecto en el sitio de la Communication Rights in the Information
Society, [Internet], en: "http://www.comunica.org/cris/home_es.htm".
12. Esto se manifiesta, también, en la
desigualdad de oportunidades, ya que como se puede observar en
el caso de Bolivia, "la exclusión social y una cultura
de negación del otro, el racismo y los prejuicios regionales,
pero también las desigualdades en las oportunidades educativas
y de acceso a los códigos de la modernidad" (PNUD,
2002a: 225).
13. La opinión pública en Bolivia
"se divide entre quienes creen en la legitimidad y eficacia
de construir planes de futuro y están convencidos de que
es posible actuar sobre los procesos (51,9%) y quienes, por el
contrario, piensan que hacer planes para el futuro es vano porque
estos nunca se cumplen, o que las cosas van a tomar su rumbo por
sí mismas y por tanto no creen ni tienen la convicción
necesaria para actuar sobre los procesos, conformándose
con lo que tienen o resignándose a su suerte" (PNUD,
2002: 224).
14. En palabras de García Canclini (1993:
34) el consumo cultural es "el conjunto de procesos de apropiación
y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece
sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos
se configuran subordinados a la dimensión simbólica."
Por lo tanto, el estudio del consumo cultural aparece, así,
como un "lugar estratégico para repensar el tipo de
sociedad que deseamos, el lugar que tocará a cada sector,
el papel del poder público como garante de que el interés
público no sea despreciado. Conocer lo que ocurre en los
consumos es interrogarse sobre la eficacia de las políticas,
sobre el destino de lo que producimos entre todos, sobre las maneras
y las proporciones en que participamos en la construcción
social del sentido" (:42).
15. Al respecto, Alfaro (1995: 130) sostiene
que hoy la ciudadanía se construye desde el ser público
de los medios masivos de comunicación. Estos, amplía
la autora (:130-131), se han formado como nuevas instituciones
culturales que definen lo público, constituyéndose
en escenarios donde se construye el poder, donde se legitiman
actores, personajes y temas".
16. En latín, informare significa poner
en forma.
*Carlos A. Camacho Azurduy.
Profesor universitario boliviano. Doctorando del programa "Comunicación,
Derecho a la Información y Ética en España
y América Latina" de la Universidad Complutense de
Madrid. Artículo originalmente publicado en www.geocities.com/carcam2000
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