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Mientras en Brasil los críticos de la globalización
lanzaban al mundo el reto del "Manifiesto de Porto Alegre",
en Davos llegaba a su fin el Foro Económico Mundial, que
este año dedicó parte considerable de su atención
al tema de la lucha contra la pobreza. Sería exagerado
pensar que la brecha entre ambos bandos se reduce, pero al menos
este año la contraposición pareció menos
virulenta.
Protesta reducida
Como un síntoma podría interpretarse el hecho de
que esta vez la cita de Suiza no haya sido blanco de protestas
de la talla de las que tuvieron lugar en ocasiones anteriores.
Sólo unas 80 personas se manifestaron el sábado
29 de enero en Davos contra el actual orden económico y
otras 350 salieron a la calle en Basilea, si bien hay que tener
en cuenta que incidió en ello el gran despliegue de fuerzas
de seguridad.
Al margen de lo anterior, cabe constatar que también entre
la elite de la economía mundial parece imponerse el tema
de la responsabilidad social y la solidaridad que demandan los
grandes desafíos globales. En este sentido, aunque la paleta
de temas abordados fue muy amplia y abarcó las clásicas
preocupaciones del mundo industrializado, destacaron las propuestas
de Francia y Gran Bretaña de buscar nuevos recursos para
destinar a la ayuda al desarrollo.
El manifiesto de Porto Alegre
Lógicamente, estos gestos no llegan, ni de cerca, a colmar
las demandas planteadas en Brasil, donde se dieron cita personalidades
del mundo entero, entre las que se cuentan la keniana Wangari
Maathai, galardonada con el Premio Nobel de la Paz, y el escritor
portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura.
El manifiesto de Porto Alegre pide, entre otras cosas, la condonación
de la deuda de los países más pobres, la eliminación
de los oasis tributarios, el fomento de un comercio justo y el
establecimiento de impuestos a las transacciones financieras internacionales.
Este último punto, por cierto, también fue objeto
de discusión en Davos, aunque la propuesta del presidente
francés haya sido más cautelosa.
El Foro Social Mundial demandó además el traslado
de la sede de la ONU de Nueva York a una ciudad del hemisferio
sur, en protesta por la actitud adoptada por el gobierno de George
W. Bush al intervenir militarmente en Irak, sin contar con la
aprobación del Consejo de Seguridad.
*Tomado
de: DW-WORLD.DE
http://www.dw-world.de/dw/article/0,1564,1473592,00.html#
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