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Los Ministros de Relaciones Exteriores y Jefes de Delegación
de los países miembros de la Organización de los
Estados Americanos, reunidos en Santiago de Chile, con ocasión
del trigésimo tercer período ordinario de sesiones
de la Asamblea General de la OEA,
Recordando que hace doce años la OEA aprobó
el Compromiso de Santiago con la Democracia y la Renovación
del Sistema Interamericano y la resolución AG/RES. 1080
(XXI-O/91), "Democracia Representativa";
Teniendo presente que el camino trazado por los Jefes de Estado
y de Gobierno en la Tercera Cumbre de las Américas
nos impone tareas que exigen el fortalecimiento permanente de
la democracia;
Reafirmando que, en esa perspectiva, la adopción
de la Carta Democrática Interamericana reforzó el
compromiso de las Américas con la democracia, la libertad
y el desarrollo;
Reconociendo que la Gobernabilidad Democrática
requiere la participación responsable de todos los actores
de la sociedad en la construcción de los consensos necesarios
para el fortalecimiento de nuestras democracias;
Reconociendo que el multilateralismo y la cooperación
multilateral juegan un papel importante en el apoyo a los esfuerzos
nacionales para promover la gobernabilidad y los principios de
la democracia, y facilitan el diálogo y la cooperación
en el ámbito político, económico, social
y cultural;
Destacando que durante las dos últimas décadas
los pueblos de la región han experimentado el proceso de
democratización más amplio y profundo de su historia,
aún cuando algunos países han debido enfrentar serios
problemas que afectan a la gobernabilidad, agravados por la situación
de pobreza y exclusión social en el marco de la difícil
coyuntura económica de los últimos años;
Reconociendo la necesidad de reforzar la credibilidad
y la confianza por parte de la ciudadanía en las instituciones
democráticas;
Señalando que el uso de la violencia como instrumento
de lucha política afecta de manera esencial la gobernabilidad
democrática y pone en grave riesgo la democracia y sus
instituciones;
Teniendo presente que la existencia de amenazas, preocupaciones
y otros desafíos multidimensionales a la paz y la seguridad,
afectan el goce de los derechos de todas las personas y la estabilidad
democrática;
Reconociendo que la democracia se fortalece con el pleno
respeto a la libertad de expresión, al acceso a la información
y a la libre difusión de las ideas, y que todos los sectores
de la sociedad, incluyendo los medios de comunicación a
través de la información plural que difunden a la
ciudadanía, pueden contribuir a un ambiente de tolerancia
de todas las opiniones, propiciar una cultura de paz, y fortalecer
la gobernabilidad democrática; y
Tomando nota del Consenso del Cuzco recientemente suscrito
por los Jefes de Estado del Grupo de Río sobre el fortalecimiento
de la gobernabilidad democrática,
Declaran:
La Carta Democrática Interamericana constituye el principal
referente hemisférico para la promoción y defensa
de principios y valores democráticos compartidos en las
Américas al inicio del Siglo XXI. Su aplicación
efectiva plantea un desafío permanente para sus pueblos
y gobiernos.
La necesidad de definir una Agenda de Gobernabilidad para el
Hemisferio, que contemple los desafíos políticos,
económicos y sociales y permita fomentar la credibilidad
y la confianza ciudadanas en las instituciones democráticas.
El fortalecimiento de la cooperación y la acción
solidaria interamericana es esencial para que esa Agenda promueva
la confianza y una participación plena de la ciudadanía
en el sistema democrático y representativo de gobierno.
El fortalecimiento de los partidos políticos como intermediarios
de las demandas de los ciudadanos en una democracia representativa
es esencial para el funcionamiento del sistema político
democrático.
El firme propósito de promover la plena participación
de la ciudadanía en el sistema político, para aumentar
la credibilidad y confianza ciudadanas en las instituciones democráticas,
incluyendo el apoyo a las organizaciones de la sociedad civil.
La gobernabilidad democrática demanda la profundización
de los procesos de modernización del Estado, incorporando
las nuevas tecnologías, con el fin de elevar los niveles
de eficiencia, probidad y transparencia en la gestión pública.
La reforma y modernización judicial que conduzca a una
justicia independiente, con mayor celeridad y más accesible,
constituye un eje central en el proceso de consolidación
del estado de derecho.
La corrupción y la impunidad debilitan las instituciones
públicas y privadas, distorsionan las economías
y erosionan la moral social de los pueblos. La responsabilidad
de la prevención y control de estos problemas depende de
todos los poderes del Estado en colaboración con la sociedad
en su conjunto. La cooperación y asistencia recíproca
contra la corrupción, de conformidad con los tratados y
leyes pertinentes, son elementos fundamentales para promover la
gobernabilidad democrática.
En el marco de una economía global, la gobernabilidad
democrática nos obliga a poner en el centro de nuestra
atención la gestión responsable de los asuntos públicos
como elemento fundamental para un desarrollo sostenible de nuestros
países con equidad social, étnica y de género.
Es esencial encarar efectivamente el desarrollo económico
y social de los países en desarrollo de la región
en apoyo de su gobernabilidad democrática. El fortalecimiento
de la gobernabilidad democrática requiere la superación
de la pobreza, la exclusión social y la promoción
del crecimiento económico con equidad, mediante políticas
públicas y prácticas de buen gobierno que fomenten
la igualdad de oportunidades, la educación, la salud y
el pleno empleo.
Los Estados deben fortalecer sus políticas públicas
y profundizar sus acciones dirigidas a resolver de manera directa
los graves problemas de pobreza, desnutrición, hambre,
atención sanitaria y analfabetismo, que atentan contra
la consolidación de la democracia. El crecimiento económico
con equidad es esencial para erradicar la pobreza y mejorar la
justicia social y la igualdad de oportunidades para cada ciudadano
de nuestra región.
Lo anterior supone un orden económico mundial que promueva
tal crecimiento, la apertura comercial a los productos de la región
y un creciente flujo de inversiones hacia la misma. En ese contexto
el apoyo de los organismos financieros internacionales a los gobiernos
democráticos es esencial y también supone la necesidad
de considerar mecanismos financieros innovadores para fortalecer
la gobernabilidad democrática.
La consolidación de la democracia en la región
requiere de una cultura basada en principios y valores democráticos
profundos y en la vivencia cotidiana de ellos. Estos valores deben
fomentarse a través de una educación para la democracia.
El respeto y la valoración de la diversidad cultural contribuyen
al dinamismo social y económico, y son factores positivos
en la promoción de la gobernabilidad, la cohesión
social y el desarrollo humano. La inclusión de los pueblos
indígenas en nuestras sociedades e instituciones es un
elemento indispensable para el continuo fortalecimiento de la
democracia y los derechos humanos.
La igualdad y equidad de género, y la eliminación
de toda forma de discriminación son elementos fundamentales
para lograr un desarrollo sostenible centrado en el ser humano.
La promoción y el fortalecimiento de las actividades de
cooperación y la asistencia mutua, son elementos fundamentales
para la construcción de instituciones democráticas
sólidas que faciliten la transparencia y el buen gobierno.
El compromiso con la democracia, el fortalecimiento del estado
de derecho, el acceso a una justicia eficaz, el respeto de los
derechos humanos, la promoción de consensos nacionales
básicos y el desarrollo integral son las bases del progreso,
la estabilidad y la paz de los pueblos de las Américas
y esenciales para la gobernabilidad democrática.

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