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A lo largo de la década de los 90, numerosos países
de América Latina y el Caribe vivieron el inicio de un
nuevo ciclo de protestas sociales que, en cuestionamiento de las
políticas neoliberales imperantes, fue protagonizado en
gran medida por movimientos sociales y populares distintos de
aquellos que habían ocupado la escena de la contestación
social en décadas pasadas.
El reinicio de la crisis económica hacia fines de dicha
década, y los intentos de acentuar el rumbo neoliberal,
conllevaron la ampliación del descontento social frente
a estas políticas abriendo -particularmente en buena parte
de la región sudamericana- una intensa crisis de legitimidad
del modelo societal forjado en el pasado reciente. El ciclo de
insurrecciones populares que proyectando el cuestionamiento al
terreno del régimen político precipitaron caídas
de gobiernos (Ecuador, 2000; Argentina, 2001; Bolivia, 2003),
la profundización del proceso de movilización y
cambios en Venezuela tras la derrota del golpe de estado (2002),
la contestación social que frustró el fraudulento
intento reeleccionista de Fujimori en Perú (2001), o la
multitudinaria caravana zapatista en pos de los derechos de los
pueblos indígenas (2001), resultan algunas de las expresiones
más importantes de este proceso.
Esta irrupción en la ciudadela de la gobernabilidad política
neoliberal de los sectores sociales más castigados por
la aplicación de este recetario (campesinos e indígenas,
los sin trabajo y sin tierra, los trabajadores y sectores urbanos
empobrecidos) no sólo abrió nuevos horizontes de
futuro -agrietando la hegemonía del pensamiento único-
sino que significó también el desarrollo de una
intensa experimentación democrática, de reconstitución
de alternativas societales, de reapropiación social de
lo público y revitalización y ampliación
de la autonomía que caracterizaron la emergencia de estos
movimientos.
El regreso del crecimiento económico a nivel regional
durante el presente año -basado principalmente en el dinamismo
de las exportaciones de materias primas y commodities- y el impulso
de los acuerdos de libre comercio -que legalizan y acentúan
esta matriz societal- parecieran querer exorcizar estos procesos
resucitando la falacia de la lenta pero segura difusión
social de la riqueza. Por otra parte, la continuidad de la protesta
social y la reconceptualización democrática de la
política como posibilidad de cambio contrastan con las
iniciativas de las élites tendientes a limitar institucionalmente
las demandas sociales, a acentuar y expandir un diagrama de militarización
social y a disputar el espacio de la movilización callejera.
Ejemplo de ello resulta -como lo hemos señalado en otra
oportunidad- la difusión regional que adoptan las manifestaciones
que, originadas en la promovida sensación de inseguridad
ciudadana y en la demanda del fortalecimiento del estado penal
y represivo, se orientan a la reconstitución del control
estatal de lo público en desmedro de las libertades y derechos
democráticos.
Como resultado de estos múltiples procesos, el escenario
de la protesta social y la dinámica de los movimientos
sociales de raigambre popular se ha modificado, planteando nuevos
desafíos para la acción colectiva y para el debate
sobre las alternativas y caminos posibles de resistencia, reversión
o ruptura del modelo neoliberal. En relación a estos interrogantes,
el presente artículo busca presentar algunos señalamientos
sobre las formas y características que adoptan la conflictividad
social y la evolución de los proyectos hegemónicos
y los procesos políticos a lo largo de los últimos
cuatro meses de 2004.
El mapa de la conflictividad social a fines de 2004
Una primera aproximación a la dinámica y características
que asume el conflicto social en Latinoamérica nos la ofrece
el análisis cuantitativo de la información suministrada
por el relevamiento realizado por el OSAL -que fructifica en las
cronologías que se publican a continuación del presente
artículo. Sobre ello vale comenzar señalando que
el número de conflictos registrados por dicho relevamiento
para este último tercio del año muestra una disminución
(aproximadamente un 18%) respecto de aquellos consignados en el
cuatrimestre anterior, situándose por primera vez debajo
del promedio cuatrimestral registrado desde enero de 2001. Si
bien -como sucede en los últimos dos años- la región
andina concentra la mayor parte de los hechos de protesta (38%),
en el presente período los mismos muestran una marcada
caída luego de tres cuatrimestres seguidos de crecimiento.
El traslado al ámbito parlamentario del debate sobre la
nacionalización de los hidrocarburos luego del referéndum
en Bolivia y la disminución de las protestas en Ecuador
en el marco de la campaña para las elecciones municipales,
pueden mencionarse como algunas de las razones que explican este
hecho. En este contexto, sin embargo, la protesta social en Colombia
contra las negociaciones del TLC con Estados Unidos y el gobierno
de Uribe se intensifica, siendo particularmente significativas
la marcha de los pueblos indígenas en septiembre y el importante
paro cívico nacional de principios de octubre.
Este descenso de la conflictividad social resulta también
pronunciado en la región conformada por México,
Centroamérica y el Caribe, luego del agudo ciclo de protestas
sociales que había recorrido a los países del istmo
el pasado cuatrimestre frente a las políticas de ajuste
fiscal y la negociación del TLC con Estados Unidos. Sin
embargo, se destaca el crecimiento de la conflictividad en Puerto
Rico al calor de la confrontación desplegada alrededor
de los resultados de la elección del gobernador, así
como la prolongación de situaciones de crisis políticas
en Costa Rica y Nicaragua. Finalmente, en el cono sur del continente,
si bien los hechos de conflicto relevados resultan inferiores
a los del período cuatrimestral anterior -aunque en una
proporción mucho menor que en el resto de Latinoamérica-
se destaca el intenso proceso de luchas en Paraguay protagonizado
por los movimientos campesinos alrededor de la disputa por la
tierra.
En un cuatrimestre signado también por la realización
de elecciones en ocho países latinoamericanos y por las
dinámicas que adquieren las iniciativas de acuerdos de
libre comercio e integración económica -entre países
de la región y Estados Unidos, el área asiática
y la Unión Europea, y al interior del espacio latinoamericano-
el resultado de las elecciones presidenciales norteamericanas
(2/11/2004), con la reelección de George W. Bush, proyecta
sobre América Latina y el Caribe -como ya parece apreciarse
en los últimos meses del año- los intentos de acelerar
y acentuar el proceso de recolonización del continente.
Movimientos campesinos, gobiernos y poder económico
La lucha por la tierra -que atraviesa toda la historia latinoamericana-
ha cobrado, en el último período, una significación
especial no sólo por su reformulación a la luz de
la noción de territorio inscripta en la experiencia de
las comunidades campesino-indígenas, sino también
porque algunos de los movimientos rurales que la protagonizan
construyen programáticas y coaliciones más amplias
que los han llevado a ocupar un papel central en la confrontación
con el modelo neoliberal. Un ejemplo de estos procesos son las
recientes luchas del movimiento campesino en Paraguay que, de
extendida presencia y significación en la vida del país,
adquieren en estos meses una intensidad particular. Frente al
proceso de concentración de la tierra -especial resultado
de la expansión del agro-business sojero- y el protagonismo
socio-político ganado por los movimientos campesinos en
los últimos años, el conflicto en el campo paraguayo
se agudiza y se tiñe trágicamente por el incremento
de la violencia de las bandas armadas de los propietarios y la
represión de las fuerzas del estado. De la llamada "guerra
de la soja" en los primeros meses de 2004, a la dinámica
de ocupación de tierras y exigencia de redistribución
de la misma en la segunda parte del año este conflicto
convoca tanto a un amplio arco de organizaciones sociales -que
dan vida al Frente Nacional de Lucha por la Soberanía y
la Vida (FNLSV) y que promueven además una programática
de desarrollo antineoliberal- como a las corporaciones empresariales
que presionan por el endurecimiento de la respuesta estatal. En
este sentido, luego del acuerdo alcanzado hacia finales de agosto
entre las organizaciones campesinas y el gobierno, el incumplimiento
del mismo da paso a la intensificación del conflicto -con
ciclos de ocupaciones y movilizaciones- y a la adopción
de una política gubernamental de abierta confrontación.
Así, el incremento de la respuesta represiva del estado
en las áreas rurales -que incluyó por decisión
gubernamental la actuación de las Fuerzas Armadas- dejó
un saldo trágico de varios muertos y cientos de detenidos
y procesados. En este contexto, el paro cívico nacional
impulsado durante cinco días por el FNLSV concluye hacia
finales de noviembre con un nuevo acuerdo provisorio con el gobierno
-que conllevó a lo largo del mes siguiente la liberación
de la mayoría de los detenidos.
Por otra parte, el proceso de luchas por la reforma agraria que
tiene lugar en Brasil -marcado también por la violencia
de los propietarios rurales- cobra nuevamente lugar en el presente
cuatrimestre cuando, luego de las elecciones municipales, el Movimiento
de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) promueve una serie de
protestas y ocupaciones ante el incumplimiento de los acuerdos
alcanzados el pasado año con el gobierno de Lula. En este
contexto, y a dos días de la realización de la "Conferencia
nacional sobre reforma agraria, democracia y desarrollo"
impulsada por el MST, pistoleros atacan un campamento de los Sin
Tierra con el saldo de cinco campesinos muertos. Luego del llamado
"abril vermelho" y de los conflictos de los últimos
meses de 2004, las exigencias campesinas de la entrega de las
tierras comprometidas por el gobierno nacional y del incremento
de la inversión en infraestructura en las áreas
rurales se proyectan hacia el próximo año, haciendo
prever un incremento de las ocupaciones y protestas del MST.
La lucha por la tierra y la reforma agraria -en contraposición
a la expansión del agro-negocio, uno de los pilares del
modelo exportador que se afirma en la región- aparece así
planteada como una cuestión de primer orden en estos dos
países del Cono Sur, así como también se
expresa, de otras formas, en Uruguay y Argentina -donde también
se registran conflictos en la región norte.
En este último país, sin embargo, luego del endurecimiento
de la respuesta estatal frente a las protestas impulsadas por
las organizaciones de trabajadores desocupados y la consolidación
del acuerdo entre un sector de dichas organizaciones y el gobierno
nacional, los conflictos desarrollados por estos movimientos resultan
menores, aunque están lejos de desaparecer. Por otra parte,
frente a los hechos de represión, detenciones y juicios
penales -que se intensifican a lo largo de la segunda mitad del
año- tienen lugar diferentes movilizaciones y actos por
el desprocesamiento y el fin de la persecución penal y
represiva. Sin embargo, durante los últimos meses de 2004
cobran un nuevo protagonismo los conflictos sindicales, a la luz
de los llevados adelante por los trabajadores telefónicos
y de subterráneos. En ambos casos se trata de luchas en
demanda de aumento salarial ante el cuadro del sustantivo crecimiento
económico experimentado en los últimos dos años
y la simultánea disminución relativa de los salarios
por la inflación.
Por otra parte, en los meses previos a la realización
de las elecciones presidenciales en Uruguay, los trabajadores
de distintas reparticiones estatales protagonizan la conflictividad
social del período. Las protestas impulsadas por los trabajadores
del sector público (maestros, médicos y administrativos)
también se manifiestan en otros países de la región
(Argentina, Ecuador, Venezuela, El Salvador, Honduras, Panamá,
Puerto Rico, Nicaragua y México), particularmente en relación
al pago de salarios, condiciones laborales e incremento del financiamiento
público frente a los proyectos gubernamentales de presupuesto
fiscal para el año próximo que comienzan a ser tratados
por los parlamentos. Si bien a nivel regional estas protestas
no alcanzan la dimensión que tuvieron en algunos momentos
del pasado inmediato, las acciones impulsadas por estos trabajadores
durante este cuatrimestre representan aproximadamente un quinto
del total de los hechos relevados por el OSAL, una proporción
similar a la obtenida para el período anterior. Este señalamiento,
sin embargo, debe considerar la significativa disminución
de dichas protestas en la región centroamericana, en la
que habían tenido lugar a mediados del año importantes
manifestaciones de los trabajadores del sector público
frente a las iniciativas de ajuste del gasto público.
Territorio y recursos naturales
A lo largo del último tercio del año 2004, los
conflictos en el mundo rural recorren la realidad social de diferentes
países latinoamericanos, además de los ya consignados
en el Cono Sur. Valga como ejemplo el señalamiento de las
movilizaciones de organizaciones campesinas en México o
la ocupación y posterior desalojo de la Finca Nueva Linda
en Guatemala. Estas movilizaciones no sólo se concentran
en la demanda de tierras, sino que también adoptan la defensa
del territorio y se expresan tanto en las protestas contra la
explotación minera como en las impulsadas por los movimientos
cocaleros.
En el primero de estos casos se destacan los conflictos acontecidos
en Perú en las localidades de Las Bambas, La Zanja, y particularmente
el llevado adelante en Cajamarca contra la exploración
del Cerro Quillish por parte de la empresa Yanacocha. En un ciclo
de protestas que avanza desde la ocupación del cerro por
los campesinos de la zona, el bloqueo de rutas, el paro cívico
local y la conformación del Comité Cívico
Unitario de Lucha por la defensa de la Vida y el Medioambiente
hasta la extensión regional del paro cívico y los
cortes de carreteras, los pobladores de la región obtienen
finalmente la revocación del permiso gubernamental de explotación
de la mina. Sin llegar a constituirse en puntos de articulación
nacional de la protesta, estos conflictos tienen una importancia
singular en razón del relevante lugar que le cabe a las
exportaciones mineras en el crecimiento que registra la economía
peruana y que contrasta con la pobreza y los daños ecológicos
sufridos por las poblaciones próximas a los yacimientos.
Vale señalar también que durante este cuatrimestre
se registran algunas protestas de trabajadores en defensa de las
minas que se encuentran en explotación y que, luego de
la aprobación parlamentaria, el gobierno de Toledo termina
reglamentando -aunque anuncia su pronta modificación- la
ley que impone nuevas regalías a dicha actividad, despertando,
a pesar de su magro impacto, la crítica de las empresas
del sector.
Por otra parte, las protestas del movimiento cocalero en Perú,
particularmente las impulsadas por la Federación Provincial
de Campesinos de la Convención, Yanatile y Lares, encuentran
expresión también en la región del Chapare
boliviano. A lo largo del mes de septiembre, las organizaciones
de los campesinos cocaleros de dicha zona -de las que proviene
Evo Morales- llevan adelante una serie de luchas -movilizaciones,
bloqueos de las tareas de erradicación, cercamiento de
los campamentos militares- contra la erradicación de los
cultivos y por el retiro de la llamada Fuerza de Tarea Conjunta
(FTC). Finalmente, a principios de octubre llegan a un acuerdo
con el gobierno que incluye la conservación de 3.200 ha
de cocales por un año. Sin embargo, en el contexto del
desarrollo de la campaña electoral para las elecciones
municipales, la cuestión de la política estatal
sobre los hidrocarburos -que había estado en el centro
del levantamiento popular del año anterior- vuelve a ocupar
la escena política nacional. Si bien tras el referéndum
convocado por el gobierno meses atrás, las demandas sociales
por la nacionalización de dicho recurso habrán de
menguar significativamente, el tratamiento parlamentario de una
ley que recupera algunas de las reivindicaciones expresadas por
dichos movimientos habrá de despertar la reacción
de las empresas trasnacionales del sector y de los comités
cívicos y autoridades de los departamentos en los que se
encuentran los yacimientos más importantes, que culmina
con un paro cívico en Santa Cruz y Tarija en reclamo de
autonomía regional. Este proceso da cuenta del complejo
de fuerzas sociales que se dan cita alrededor de la prolongada
"Guerra del Gas". En términos gubernamentales,
la aprobación de una legislación sobre los hidrocarburos
que -al tiempo de incrementar los recursos fiscales- permita y
garantice la exportación de crecientes volúmenes,
parece constituirse no sólo en la clave del control del
déficit fiscal sino también en la precondición
para ser aceptado como miembro pleno en la negociaciones del TLC
que Estados Unidos lleva adelante con otros países andinos.
En relación a esta cuestión vale finalmente señalar
que el crecimiento de la protesta social en Colombia se orienta
particularmente al cuestionamiento de dicho tratado así
como a las políticas e intenciones reeleccionistas del
gobierno de Uribe Vélez. A la prolongación de las
manifestaciones impulsadas en el pasado cuatrimestre por el Comando
Nacional Unitario (que agrupa a tres de las centrales sindicales
colombianas) y la Gran Coalición Democrática (que
además integra a otras organizaciones sociales y políticas),
que toma cuerpo en la importante adhesión obtenida por
el paro cívico nacional del 12 de octubre, se suman en
el presente período las acciones del movimiento campesino-indígena
y de los estudiantes universitarios. En este sentido, a mediados
de septiembre tiene lugar una significativa y extensa marcha de
los pueblos indígenas hasta la ciudad de Cali en reclamo
de autonomía y en cuestionamiento a las políticas
del gobierno -particularmente las negociaciones del TLC con Estados
Unidos. Asimismo, especialmente a partir de octubre, los estudiantes
llevan adelante diferentes movilizaciones y tomas de facultades
en rechazo de la política privatizadora oficial y también
del TLC, sufriendo en repetidas ocasiones la represión
de las fuerzas policiales. Este crecimiento de la protesta social
en Colombia, que lleva ya dos cuatrimestres seguidos, no impide
sin embargo que el presidente Uribe avance un paso más
en su ambición de aspirar a un segundo mandato al frente
del gobierno, con la consagración parlamentaria de la posibilidad
de reelección presidencial.
La democracia en América Latina: elecciones y militarización
social
La implementación de las políticas neoliberales
tuvo como rasgo distintivo en el plano político-institucional
la concentración de poder en manos de los ejecutivos, configurando
así democracias representativas restringidas. En contraposición
con este progresivo deterioro democrático institucional,
los movimientos sociales que protagonizaron el nuevo ciclo de
luchas a lo largo de la década de los '90 desarrollan una
intensa y rica experimentación y programática desarrollada
en el terreno democrático, que se expresó tanto
en el plano interno de las organizaciones como en relación
a las iniciativas y demandas de democratización radical
de lo institucional-político (Seoane y Nacci, 2004).
Estas demandas aparecieron reflejadas en la exigencia a la convocatoria
a una asamblea constituyente enarbolada durante las jornadas de
la "Guerra del Gas" en octubre de 2003 en Bolivia. En
similar dirección se inscriben la masiva movilización
y participación popular en el referéndum revocatorio
del mandato presidencial en Venezuela en agosto del presente año
y el triunfo en el plebiscito -organizado en forma simultánea
a la elección presidencial uruguaya- a favor de la derogación
del artículo de la constitución nacional que permitía
la privatización del servicio de agua corriente.
Por otra parte, también algunos de los procesos electorales
que tuvieron lugar durante 2004 reflejan las aspiraciones de cambio
y profundización democrática. El caso más
significativo es la victoria de la coalición Encuentro
Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría (EP-FA-NM) en Uruguay,
que a finales de octubre se impuso en primera vuelta en las elecciones
presidenciales con la fórmula Tabaré Vázquez-Rodolfo
Nin Novoa. Este binomio presidencial obtuvo el 50,4% de los votos
contra la fórmula del Partido Blanco, que alcanzó
el 34,3%. En esta votación, donde participaron casi el
90% de los electores habilitados, el EP-FA-NM consigue también
la mayoría absoluta en ambas Cámaras de Representantes,
logrando un triunfo histórico que quiebra la continuidad
de 174 años de gobierno bipartidista, alternado entre blancos
y colorados.
En Bolivia se realizan elecciones municipales a inicios de diciembre
en el marco de una reforma electoral que habilitó la participación
de agrupaciones ciudadanas y pueblos indios. El bajo apoyo obtenido
por los partidos tradicionales, sin embargo, contrasta con la
elección de candidatos que, provenientes de las viejas
filas políticas, integraron las listas de estos nuevos
agrupamientos. Por otra parte, es preciso señalar también
el crecimiento electoral a nivel nacional del Movimiento al Socialismo
(MAS) de Evo Morales. En Brasil, el crecimiento a nivel nacional
del Partido de los Trabajadores en las elecciones municipales
debe ser relativizado por las significativas derrotas sufridas
en las ciudades de San Pablo y Porto Alegre y los magros resultados
obtenidos en otros grandes centros urbanos.
El resultado de las elecciones municipales ecuatorianas a mediados
de octubre arroja una derrota gubernamental que no logra sin embargo
ser capitalizada por el movimiento indígena nucleado en
el Movimiento Pachakutik y la CONAIE. A finales del mismo mes
se realizan elecciones regionales en Venezuela en las que la coalición
de partidos que apoyan al presidente Chávez logra triunfar
en 20 de las 22 gobernaciones y 270 de las 335 alcaldías.
El 7 de noviembre los sandinistas se imponen en las elecciones
de alcaldes y prefectos provinciales en Nicaragua, ganando, entre
otras, la alcaldía de Managua. En Perú se realizan
a mediados de octubre elecciones de revocación de los mandatos
de los alcaldes y regidores. En simultaneidad con las elecciones
presidenciales en Estados Unidos se realizan el 2 de noviembre
elecciones generales en Puerto Rico para la elección de
gobernador de la isla. En este contexto se lleva a cabo la "Marcha
de la Dignidad", a la que concurren 25 mil personas convocadas
por diversas organizaciones políticas y comunitarias que
más tarde fue encabezada por manifestaciones estudiantiles
violentamente reprimidas por la policía. Los participantes
se pronuncian a favor del respeto a la autoridad del Tribunal
Supremo de Puerto Rico en el tratamiento de las denuncias de fraude
y en repudio de la intromisión del Tribunal Federal de
Estados Unidos en los asuntos electorales boricuas.
En paralelo a los procesos electorales reseñados es preciso
apuntar la perduración -y en muchos casos la agudización-
de los procesos de criminalización y militarización
social y de restricción de las libertades democráticas
en numerosos países de la región, que prolongan
y agudizan en este cuatrimestre una tendencia ya reseñada
en números anteriores del OSAL. Esta escalada represiva
contra las organizaciones y militantes sociales apunta a contener
las demandas sociales frente a los devastadores efectos del neoliberalismo.
La misma encuentra creciente legitimidad en la política
de lucha contra el terrorismo y de "guerra preventiva",
y parece constituir en algunos países (en particular en
Colombia) la contracara de las "democracias realmente existentes".
El incremento de la criminalización y de la represión
de las luchas y conflictos protagonizados por los movimientos
campesinos y sin tierra resalta como uno de los rasgos distintivos
del cuatrimestre. Esta tendencia -ya señalada en cuatrimestres
anteriores- cobra una preocupante dimensión en la mayoría
de los conflictos rurales, en los cuales se registran asesinatos,
encarcelamientos y procesos judiciales contra aquellos que reclaman
nuevas políticas de desarrollo agrario, acceso al crédito
y el rechazo al modelo del agro-business.
El conflicto campesino en Paraguay, ya reseñado, resulta
el más emblemático de esta tendencia. El gobierno
del presidente Duarte Frutos, con el apoyo de las principales
organizaciones patronales, profundiza su política represiva
y autoriza la presencia y el accionar de las Fuerzas Armadas junto
a la policía en distintos operativos contra los sin tierra.
Esta agudización de la represión deja como saldo
el procesamiento de 1.500 campesinos y la detención de
190 militantes, entre ellos Odilón Espínola, secretario
general de la Federación Nacional Campesina (FNC) de Paraguay.
En el marco del endurecimiento de la política represiva
del gobierno, es importante también señalar el anuncio
realizado por el ministro del Interior del país guaraní
en el sentido de que el gobierno norteamericano cooperará
con la seguridad paraguaya capacitando al personal policial de
ese país.
En el cono sur se suma la ya citada matanza de sin tierras en
Brasil, que constituye el mayor asesinato de campesinos desde
el inicio del gobierno de Lula. Mientras que en Bolivia se registra
una disminución de las acciones represivas en el cuatrimestre,
en Cajamarca, Perú, 5 campesinos son heridos y 21 personas
detenidas en el marco del conflicto contra la empresa minera Yanacocha.
El dirigente magisterial peruano Robert Huaynalaya, líder
de la fracción radical del SUTEP, es denunciado por delito
por la Fiscalía de Huamanga a raíz de los enfrentamientos
acontecidos en el mes de junio en dicha ciudad. En Chile, los
pescadores artesanales de Coyhaique son reprimidos por carabineros
en el marco del conflicto en reclamo de la restricción
de la pesca de merluza a los barcos industriales, al igual que
los estibadores del puerto de Iquique, que reclaman aumento de
salarios.
En continuidad con una tendencia ya analizada en el OSAL 14,
en algunos países se realizan marchas en reclamo de mayor
seguridad que, impulsadas desde los medios de comunicación
y sectores del empresariado, con el apoyo de sectores medios urbanos,
promueven el endurecimiento de las penas y la reforma regresiva
de la legislación penal. En Paraguay, luego del asesinato
del hijo de un empresario se realiza en octubre la Marcha Patriótica
por la Seguridad Nacional para reclamar el fin de la violencia
y la delincuencia. Frente a este reclamo se vota en Diputados
la modificación del Código Procesal Penal, y el
gobierno crea una unidad de elite que tiene a su cargo actuar
contra acciones terroristas. En Perú, 5 mil habitantes
de la provincia de Azángaro, en la región de Puno,
marchan hasta el Congreso para pedir el endurecimiento de las
penas contra los delincuentes.
En el caso colombiano, el triunfo electoral del presidente Bush
sirve de estímulo a la política de militarización
y de "seguridad democrática" del presidente Uribe,
quien recibe la promesa de mayor ayuda al Plan Colombia por parte
de su par norteamericano, que visita la ciudad de Cartagena, donde
elogia la lucha contra el "narcoterrorismo" emprendida
por el mandatario colombiano. El incremento de la protesta social
en dicho país (marchas contra el TLC, la militarización
y el gobierno de Uribe) se enfrenta a una importante represión
y a persecuciones contra los protagonistas y organizadores de
las acciones. La respuesta desde el estado y paraestatal al fortalecimiento
de la oposición crítica al gobierno uribista es
la represión, el hostigamiento y los asesinatos. Podemos
citar aquí la brutal represión ejecutada durante
el paro nacional del 12 de octubre y contra los estudiantes universitarios
en lucha. Durante la marcha campesina e indígena del 14
de septiembre es asesinada, por personas no identificadas, una
persona de apoyo a la movilización, a la que suceden la
muerte del líder campesino Pedro Mosquera y las amenazas
de paramilitares a afiliados y militantes sindicales.
El señalamiento de los hechos represivos más significativos
-que por cierto no agota la totalidad de los mismos en el cuatrimestre-
ilustra la consolidación, en los espacios nacionales, del
tratamiento represivo de la cuestión social y de la pobreza,
que parece erigirse como "política de estado"
constitutiva del proceso de relegitimación (por vía
coercitiva) del modelo neoliberal. Frente a esta amenaza del "centauro
autoritario" (Seoane y Nacci, 2004), la acción y la
consolidación de las prácticas y reivindicaciones
democráticas de los movimientos resulta decisiva para limitar
la violencia estatal y generar condiciones de reconquista y regeneración
de derechos sociales, económicos y culturales.
Como hemos señalado anteriormente, las medidas y acciones
de criminalización y represión estatal, paraestatal
y privada aparecen crecientemente asociadas y legitimadas a nivel
nacional en el contexto de la lucha antiterrorista promovida por
Estados Unidos, en el marco de la "guerra preventiva".
Esta política, que tiende a asociar la acción reivindicativa
de los movimientos al accionar de grupos terroristas, se ha consolidado
de forma alarmante durante 2004 en muchos países de la
región para asegurar la contención y el control
de la protesta social.
Las acciones domésticas emprendidas por numerosos gobiernos
de la región en pos de sintonizar las políticas
de seguridad con las coordenadas definidas por la Casa Blanca
se acompañan de una creciente presión diplomático-militar
norteamericana tendiente a garantizar el control territorial estratégico
de Estados Unidos. Esta presión se hizo presente en la
VI Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas
realizada a fines de noviembre en Quito, Ecuador, que se destaca
como el episodio diplomático más relevante del cuatrimestre
relativo a la cuestión de la seguridad hemisférica
en Latinoamérica. Dicho encuentro estuvo precedido por
la visita de los jefes militares del Comando Sur de Estados Unidos
a Ecuador. En el marco de la cumbre, el secretario de Defensa
norteamericano, Donald Rumsfeld, defendió la política
del gobierno Bush para la región, sintetizada en las siguientes
propuestas: la habilitación para la intervención
de los ejércitos latinoamericanos en cuestiones de seguridad
interior, la pretensión de convertir a la Junta Interamericana
de Defensa en un organismo de coordinación de la lucha
contra el terrorismo y el narcotráfico, y la creación
de un ejército multinacional para intervenir en Colombia.
Estas iniciativas fueron rechazadas por los ministros de Defensa
de Argentina, Brasil, Chile y Venezuela, quienes reivindicaron
el derecho de cada estado a identificar y definir sus prioridades
en materia de defensa y seguridad.
Cabe señalar que la política norteamericana apunta
por un lado a asegurar la presencia directa de tropas del Pentágono
en América Latina, al mismo tiempo que promueve la participación
directa de los ejércitos latinoamericanos en los conflictos
de la región: el caso de la intervención militar
en Haití y la creciente presión para intervenir
en el conflicto colombiano son dos ejemplos en ese sentido.
Por otra parte, en Argentina, el Congreso Nacional aprobó
el ingreso y egreso de tropas norteamericanas para participar
de ejercicios militares con fuerzas de otras naciones para 2004
y la primera mitad de 2005. Durante los primeros días de
noviembre llega a la base ecuatoriana de Manta un buque estadounidense
con 170 marines, con el objetivo de participar en obras comunitarias
en barrios periféricos y pobres de la ciudad. En igual
sentido, el Congreso de Guatemala aprueba el ingreso al país
de brigadas militares estadounidenses de ayuda humanitaria.
La intervención militar conjunta de países latinoamericanos,
Estados Unidos y Francia en Haití se ve reforzada con el
envío de integrantes del ejército ecuatoriano y
guatemalteco. El Senado uruguayo aprueba en diciembre el envío
de 200 nuevos efectivos al país caribeño. En el
país oriental se realiza también una nueva edición
de la operación Unitas en la que participan 1.200 efectivos
militares de las fuerzas armadas de Argentina, Brasil, Estados
Unidos y España.
En el marco de una gira por países centroamericanos durante
el mes de noviembre con anterioridad a la citada cumbre en Quito,
el secretario de Defensa norteamericano presiona al gobierno nicaragüense
para destruir mísiles en poder del ejército de ese
país. En Panamá insta al presidente Torrijos a aumentar
la cooperación bilateral en materia de seguridad para entrenamiento
de personal panameño por parte de Estados Unidos.
Libre comercio, imperio y resistencias
Esta creciente presión en torno a la política de
seguridad se conjuga con una sostenida ofensiva diplomático-comercial
tendiente a liberalizar el comercio y abrir los mercados latinoamericanos
a los capitales transnacionales norteamericanos. Estas iniciativas,
simultáneas y coordinadas, delinean el contorno de los
planes estratégicos del país del norte en la tentativa
de asegurar el control de regiones que, como señala Ana
Esther Ceceña, son ricas en biodiversidad y recursos naturales
estratégicos para el capitalismo norteamericano (ver su
artículo en el número 15 del OSAL).
El objetivo inicial de Estados Unidos para la conclusión
de las negociaciones del ALCA a finales de 2004 se vio frustrado
como consecuencia de las discrepancias puntuales de algunos gobiernos
de la región en relación a los subsidios de productos
norteamericanos y la oposición creciente de los movimientos
sociales nucleados nacional y regionalmente en las campañas
contra el ALCA, el libre comercio y la militarización.
Sin embargo, la tentativa de Washington por avanzar en la conclusión
de TLCs logró progresar de forma significativa en algunas
regiones del subcontinente. La conclusión a inicios de
2004 de un TLC con los países centroamericanos (Costa Rica,
El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua), la entrada en vigencia
de similar acuerdo entre Chile y Estados Unidos a partir del 1º
de enero de 2004, y la apertura de negociaciones con los países
andinos (Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia como observador),
son los casos que mejor ilustran el avance norteamericano en materia
de libre comercio.
El período analizado corresponde con el inicio de la ratificación
parlamentaria del TLC en los países centroamericanos (CAFTA):
en el mes de diciembre el acuerdo es aprobado por el parlamento
salvadoreño y se presenta para su tratamiento en Nicaragua
y Honduras. En un alarde de presión comercial luego de
concluidas las negociaciones, Estados Unidos anuncia que el Congreso
norteamericano no votará el texto del CAFTA hasta tanto
Guatemala, donde el tratamiento parlamentario del tratado está
previsto para enero de 2005, elimine un decreto que libera la
venta de medicamentos genéricos y agroquímicos.
En la misma dirección, el gobierno norteamericano condiciona
la participación de República Dominicana en el CAFTA
a la derogación del arancel a las importaciones de jarabe
de maíz en el país caribeño, que cede a las
presiones votando su anulación en el mes de diciembre.
Por otro lado, a poco de asumir el nuevo presidente panameño,
se llevan a cabo la V y VI ronda de negociaciones para la conclusión
de un TLC entre el país centroamericano y Estados Unidos
en las que se acuerda incluir (por primera vez en un TLC) una
disposición especial sobre mecanismos de seguridad que
contempla cláusulas sobre control de armas de destrucción
masiva y seguridad marítima, entre otras.
En este contexto, el Plan Puebla Panamá (PPP) parece cobrar
un nuevo impulso con la realización de la reunión
de presidentes de los países involucrados realizada en
octubre en Tuxla Gutiérrez, México. Con la firma
en septiembre de acuerdos de cooperación económica
entre los comisionados presidenciales de Mesoamérica y
el Banco Centroamericano de Integración Económica
(BCIE) y con la incorporación de Colombia al PPP en calidad
de observador.
De septiembre a noviembre se desarrollan la V, VI y VII ronda
de negociaciones entre los países andinos mencionados y
los representantes de Washington en vistas de la conclusión
del TLC andino. La incorporación como miembro pleno de
Bolivia a las negociaciones queda supeditada a la sanción
definitiva de la nueva ley de hidrocarburos. Esta ronda de negociaciones
moviliza una serie de acciones de repudio al libre comercio en
algunos de los países involucrados, destacándose
las protestas en Colombia y la campaña en Ecuador. En el
primer país, la Gran Coalición Democrática,
junto con organizaciones estudiantiles, campesinas e indígenas,
convoca a un paro nacional con movilizaciones contra el TLC, la
ingerencia norteamericana, el gobierno de Uribe y la política
de seguridad democrática. Un millón de personas
participan de manifestaciones sin precedentes en las ciudades
más importantes del país. En el Ecuador, unas 30
organizaciones políticas y sociales lanzan a inicios de
octubre la campaña de recolección de firmas "Ecuador
Decide" para exigir la realización de una consulta
popular sobre el tratado comercial. En Guayaquil (V ronda de negociaciones)
unas 4 mil personas de todo el país, junto a activistas
de Colombia y Perú, realizan una marcha en rechazo al TLC
convocada por la ECUARUNARI. A inicios de noviembre se lleva a
cabo en la ciudad de La Paz, Bolivia, el III Encuentro Boliviano
contra el TLC y el ALCA, del cual participan más de 500
representantes de organizaciones sociales de Bolivia y de las
delegaciones de las campañas contra ambos acuerdos comerciales
de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Campesinos y agricultores
nucleados en la VIII convención nacional del agro peruano
plantean al gobierno de Toledo la suspensión de las negociaciones
del TLC con Estados Unidos y proponen que el congreso apruebe
una ley marco que regule las negociaciones del TLC, y que este
sea sometido a una consulta popular. A fines de noviembre la Central
General de Trabajadores Peruanos (CGTP) encabeza una movilización
en la que miles de personas marchan al congreso para expresar
su rechazo al TLC.
Si bien en este cuatrimestre se registra una disminución
de las protestas contra la invasión a Irak, es importante
destacar las acciones del 12 de octubre realizadas en diferentes
países de la región. Este día de "acción
regional" revistió particular magnitud e importancia
en los países andinos y centroamericanos donde se suceden
manifestaciones que incluyen, entre otras reivindicaciones específicas,
el rechazo a los TLCs, el ALCA y la militarización, y en
algunos casos promueven campañas de recolección
de firmas para exigir la convocatoria a consultas populares sobre
la firma de los acuerdos comerciales. Este día de "acción
regional", promovido por la Red de Movimientos Sociales desde
el Foro Social de las Américas realizado en Quito a mediados
de año, contó con la participación de miles
de personas que se sumaron a las numerosas manifestaciones realizadas
en Colombia, Ecuador, Perú, Costa Rica, Honduras, El Salvador,
Guatemala y Nicaragua. Esta masiva presencia en las calles ilustra
la significación que cobra la lucha contra el ALCA, el
libre comercio y la militarización, y la capacidad de articulación
de procesos de convergencia y acción regional en torno
a estas problemáticas.
El proceso de integración regional aparece marcado también
por dos iniciativas promovidas desde diferentes gobiernos sudamericanos
(particularmente el brasileño) que parecen inscribirse
en la tentativa de conformación de un bloque regional que
permita mejorar las condiciones de negociación con Estados
Unidos. El 18 de octubre en Montevideo, Uruguay, el MERCOSUR y
la Comunidad Andina de Naciones (CAN) firman un acuerdo de libre
comercio que crea el quinto mayor espacio económico del
mundo y sienta las bases para el proceso de integración
sudamericano. Posteriormente, el 8 de diciembre, en el marco de
la III Cumbre Presidencial Sudamericana desarrollada en la ciudad
de Cusco, Perú, los presidentes y/o representantes de Argentina,
Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú,
Suriname, Uruguay y Venezuela firman la Declaración de
Cusco, dando así nacimiento a la Comunidad Sudamericana
de Naciones. Frente al potencial que en términos de desarrollo
autónomo encierra semejante iniciativa regional, no pueden
dejar de advertirse -tal cual señala Lander- las notorias
"contradicciones entre los objetivos y metas formulados en
esta declaración y el rumbo principal que hoy asumen las
políticas públicas en la mayoría de los países
sudamenricanos" (ver artículo de Edgardo Lander en
el número 15 de OSAL).
Una significativa importancia cobraron las protestas que a lo
largo del cuatrimestre se sucedieron en Chile en los diferentes
encuentros preparatorios a la XVI Reunión Ministerial de
la APEC realizada en Santiago de Chile a mediados de noviembre,
que contó con la participación de presidentes, representantes
de economía y comercio de los 21 países miembros
de la zona Asia-Pacífico. Las numerosas acciones desplegadas
por organizaciones sociales desde el mes de septiembre sirvieron
para preparar la masividad sin precedentes de las manifestaciones
de mediados de noviembre, brutalmente reprimidas por los carabineros,
que detienen a 189 activistas. En forma simultánea y paralela
al inicio de las sesiones formales de los 21 presidentes de la
zona (entre ellos los de Estados Unidos, Rusia, China y Corea
del Sur) se desarrolla el Foro Social Chileno, en el que participan
más de 3 mil personas en torno a la discusión de
temas como democracia, derechos humanos, medio ambiente y críticas
a la globalización y el libre mercado.
Los casos enumerados ilustran una tendencia -ya señalada
en anteriores ocasiones- que parece consolidarse en el curso de
2004: la adscripción de la mayoría de los gobiernos
y de las élites económicas latinoamericanas a las
políticas y acuerdos de liberalización comercial
inspirados en las normas de la Organización Mundial del
Comercio. La promoción de este modelo de apertura comercial
aparece justificada en los discursos oficiales como garante del
flujo de capitales externos para la inversión doméstica.
Según este punto de vista, el incremento de la inversión
externa permitirá sostener e incrementar en los próximos
años el nivel de relativa recuperación económica
experimentado recientemente. Estos argumentos están también
presentes en las firmas de acuerdos comerciales de algunos países
de la región (Argentina, Brasil, México) con países
asiáticos (particularmente China y Corea del Sur) suscriptos
en ocasión de los viajes de los presidentes Lula y Kirchner
a China y de las misiones comerciales en estos países del
Cono Sur encabezadas por los presidentes asiáticos.
Bibliografía
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de la soja' y el avance del neoliberalismo en el campo paraguayo",
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de la criminalización de la protesta en Argentina",
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- Zavalla, Cynthia 2004 "Canon minero y distribución
de ingresos en el Perú", en Perú hoy. Los mil
días de Toledo (Lima: DESCO).
*José Seaone.
Sociólogo, Coordinador del Observatorio Social de América
Latina, del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, OSAL-
CLACSO.
Emilio Taddei. Sociólogo, Coordinador Académico
de Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO.
Este artículo fue publicado originalmente en la revista
OSAL, Observatorio Social de América Latina-CLACSO (Buenos
Aires: CLACSO) N° 15, enero de 2005, y en http://osal.clacso.org
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