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El año 2005 es un hito para la condición de las
mujeres de todo el mundo. Se conmemoran diez años de la
IV Conferencia Mundial sobre la Mujer de Naciones Unidas realizada
en Beijing en 1995, al igual que los 30 años de la histórica
primera Conferencia Mundial de la Mujer realizada en México,
en 1975.
La Conferencia de Beijing, a la que asistieron 180 delegaciones
gubernamentales y 2.500 organizaciones no gubernamentales, hizo
suyas las reivindicaciones sobre igualdad y equidad de género,
vinculando a los gobiernos y a la sociedad en su conjunto con
las acciones en pro del avance de las mujeres, con la protección
de sus derechos humanos, y su acceso a instancias de decisión
y a responsabilidades compartidas en igualdad de condiciones que
los hombres. Incorporó, asimismo, conceptos instaurados
por tratados y conferencias anteriores, tales como la CEDAW, la
Declaración de Viena, y la Declaración Universal
de Derechos Humanos, entre otros, lo que la hace especialmente
inclusiva.
Al definir doce esferas de especial preocupación donde
las mujeres y las niñas continúan encontrando múltiples
barreras para el reconocimiento de sus derechos, y al definir
medidas para avanzar en la superación de dichos obstáculos,
la PAM (Plataforma de Acción de Beijing ) se hizo parte
del mundo de las mujeres en sus distintas y muchas veces duras
realidades. Así forjó un compromiso ético
y político para los gobiernos que firmaron dicho documento,
compromiso que ahora están obligados a cumplir.
Algunas o todas esas áreas de especial preocupación
las reconocemos hoy más que nunca en nuestros contextos
nacionales y regionales:
- La persistente y creciente carga de la pobreza que afecta
a la mujer
- Las disparidades y desigualdad de acceso a la educación
y capacitación
- Las disparidades y desigualdad de acceso a la salud
- La violencia contra la mujer, la que se potencia en situación
de conflictos armados
- La desigualdad en las estructuras y políticas económicas
y en el acceso a recursos
- La desigualdad en el ejercicio del poder y en la adopción
de decisiones
- La falta de mecanismos para promover el adelanto de la mujer
- El irrespeto, y la promoción y protección insuficientes
de sus derechos humanos
- Los estereotipos y desigualdad de acceso y participación
de la mujer en todos los sistemas de comunicación
- Las desigualdades basadas en el género en la gestión
de recursos naturales y protección del medio ambiente
- La discriminación contra la niña y violación
de sus derechos
En los diez años transcurridos desde la Conferencia de
Beijing, los procesos mundiales de revisión de la implementación
de sus acuerdos han identificado algunos avances para hacer realidad
los acuerdos de la PAM, en especial en el terreno legislativo.
Efectivamente, han surgido legislaciones para hacer frente a
la violencia de género, por ejemplo, aunque en general
han sido débiles para sancionar efectivamente estos delitos.
Asimismo, en la mayor parte de los países el tema de
la equidad de género está presente en los discursos
oficiales e incluso en las políticas y programas gubernamentales,
aunque a niveles todavía insuficientes o con poca consistencia.
Podría decirse que el género "se puso de moda",
pero en la práctica institucional esto no siempre culmina
en el avance de las mujeres.
Por el contrario, la generalidad es la persistencia de barreras
para el total cumplimiento del consenso de Beijing, y por ende,
para el reconocimiento y vigencia de los derechos de las mujeres.
La emergencia de problemas críticos derivados de los modelos
económicos y del proceso de globalización neoliberal,
el debilitamiento del papel del Estado junto a la creciente privatización
de bienes y servicios públicos, el aumento de la pobreza
y la indigencia con un impacto diferenciado y desproporcionado
en mujeres y niñas/os, el desempleo endémico y las
condiciones precarias de empleo femenino, la clara inequidad en
la distribución del ingreso, la persistencia y aumento
de la violencia con sesgo de género, los atentados contra
el laicismo de los Estados y las reacciones conservadoras y fundamentalistas
en contra de los derechos sexuales y reproductivos, constituyen
algunos de los muchos obstáculos para el mejoramiento de
las condiciones de vida de las mujeres. Los que se suman y potencian
con las discriminaciones milenarias presentes en nuestras sociedades.
Más aun. Enfrentamos ahora una propuesta de acción
global que tiende a debilitar más los avances hacia la
equidad e igualdad de género: el progresivo impulso de
las Metas de Desarrollo del Milenio, propuesta surgida el año
2000 bajo el alero de la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas
y donde las organizaciones de mujeres tuvieron nula participación
en su desarrollo, que en la práctica retrocede significativamente
en las conquistas de las mujeres en la Conferencia de El Cairo
y Beijing e ignora, por ejemplo, el paradigma de los derechos
sexuales y derechos reproductivos.
De allí que para la plena vigencia de los derechos humanos
y la consolidación de la ciudadanía de las mujeres
y niñas en condiciones de igualdad con los hombres en este
tercer milenio, parece ser necesario poner todos los esfuerzos
en propuestas de acción urgentes de todo el movimiento
de mujeres en alianza con otros sectores sensibles de la sociedad
civil, y en la interpelación y exigencia directa a los
gobiernos y a los organismos internacionales para que reasuman
sus compromisos históricos.
Las acciones de las mujeres organizadas presentes en estos momentos
en la Sesión 49 de la Comisión de la Condición
Jurídica y Social de la Mujer (CSW, por su sigla en inglés),
de Naciones Unidas, donde se revisa la implementación de
la PAM como parte del proceso Beijing + 10, se dirigen precisamente
a enfrentar los embates contrarios a la Plataforma de Acción
por parte de la delegación norteamericana y sus aliados,
que cuestiona la interpretación de cada término
en torno a la PAM, en una política obstructiva reiterada
ya conocida. Las presiones de la delegación norteamericana
intentan influir en la redacción del borrador del documento
final, de tal forma que explícitamente señale que
con la aprobación de los documentos "no se crean nuevos
derechos humanos en el plano internacional y no se incluye el
derecho al aborto".
De esta forma, tras sus objeciones a la palabra "aborto",
el fundamentalismo religioso del gobierno de Bush intenta ocultar
e invisibilizar otros hechos más relevantes: que el desarrollo,
la equidad, la igualdad y la ciudadanía están negados
para las mujeres; que los recursos, el trabajo digno, la participación
social y política, están lejos aún de su
alcance; que la salud como un derecho y las decisiones autónomas
sobre sus cuerpos y sus sexualidades, y el goce integral de sus
derechos humanos, son aún una utopía.
Por ello, quienes hoy, lejos del escenario de Naciones Unidas
en Nueva York, recibimos los despachos noticiosos diarios del
Pool de Mujeres en los Medios, estamos expectantes ante el final
de este proceso. Será probablemente como una muerte anunciada:
la derrota de las propuestas fundamentalistas lideradas por Bush
y secuaces, las que deberán ser rechazadas por la comunidad
internacional, si la cordura y sensatez prevalecen.
Recursos útiles sobre el desarrollo de la 49º Sesión
de la CSW:
http://www.womensmediapool.org/
http://www.peacewomen.org/
http://www.radiofeminista.net/
http://www.un.org/womenwatch/daw/
http://www.iwhc.org/
http://www.beijingandbeyond.org/
http://www.choike.org/nuevo/
Tomado de: http://www.mujeresenred.net/news/article.php3?id_article=117
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