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1. Inequidad en la globalización hegemónica
De acuerdo a la CEPAL la globalización tiene un carácter
multidimensional y se refiere a "la creciente gravitación
de los procesos financieros, económicos, ambientales, políticos,
sociales y culturales de alcance mundial en los de carácter
regional, nacional y local". (1) Caracteriza
a la reciente fase de globalización (2)
por "la gradual generalización del libre comercio,
la creciente presencia en el escenario mundial de empresas transnacionales
que funcionan como sistemas de producción integrados, la
expansión y la considerable movilidad de los capitales
y una notable tendencia a la homogenización de los modelos
de desarrollo, pero en la que también se observa la persistencia
de restricciones al movimiento de mano de obra" (3)
Por lo general el énfasis al tratar la globalización
ha sido el económico a pesar de que se incluyan otras dimensiones
como en el caso de la CEPAL. La globalización entendida
como un fenómeno singular es cuestionada por Sousa Santos
(4) quien sostiene que no existe una sola globalización
sino varias globalizaciones. Así, distingue las siguientes
formas de producción de globalización:
1. Localismo globalizado.- definido como
el proceso por el cual un determinado fenómeno local es
globalizado con éxito, por ejemplo la actividad mundial
de las multinacionales, la adopción de las mismas leyes
de propiedad intelectual, la utilización del inglés
como lingua franca etc.
2. Globalismo localizado.- se trata del
impacto específico en las condiciones locales producido
por las prácticas y los imperativos transnacionales que
se desprenden de los localismos globalizados. Por ejemplo, la
creación de enclaves de comercio libre o zonas francas,
destrucción masiva de recursos naturales para el pago de
la deuda externa, etc.
3. Cosmopolitismo.- referido a la organización
transnacional de la resistencia de Estados-nación, regiones,
clases o grupos sociales victimizados por los intercambios desiguales
de los cuales se alimentan las dos anteriores formas de producción
de globalización. Por ejemplo, redes mundiales de movimientos
feministas, redes y movimientos ecologistas, indígenas,
el Foro Social Mundial, movimiento de protestas contra la Organización
Mundial del Comercio (OMC), etc.
4. Patrimonio común de la humanidad.- se
refiere a las luchas transnacionales por la protección
y la desmercantilización de recursos, entidades, artefactos
y ambientes considerados esenciales para la sobrevivencia digna
de la humanidad y que solo pueden ser garantizados a escala planetaria.
Por ejemplo, las luchas por la preservación de la Amazonía,
de la biodiversidad, etc.
Según este autor las dos primeras son globalizaciones
desde arriba y hegemónicas mientras las dos últimas
son globalizaciones desde abajo y contrahegemónicas. Me
parece que la contribución fundamental de este autor en
la distinción de varias globalizaciones es visibilizar
"que aquello que llamamos globalización es, en verdad,
un conjunto de luchas transnacionales." (5)
En otras palabras, nos encontramos ante un espacio en permanente
disputa y negociación en el que las relaciones de poder
determinan que localismos se globalizan o universalizan y cuáles
no, qué impactos asimétricos se derivan de tal transformación,
qué resistencias se forjan, qué alternativas surgen
a una propuesta que siendo hegemónica aparece como la única
vía.
Ahora bien, las formas de globalización hegemónicas
tienen como característica gravitante la existencia de
enormes asimetrías. Así, asimetrías entre
países más desarrollados (PMD) y países en
desarrollo (PED) y sin duda al interior de los países.
La concentración de riqueza en pocas manos es un factor
preponderante que ahonda brechas en el desarrollo, la educación,
la ciencia, el progreso tecnológico, el acceso a intercambio
informático, la propiedad de los medios de comunicación,
etc.
El Subcomandante Marcos afirma que el neoliberalismo no hace
más que distribuir un doble absurdo de acumulación:
la acumulación de riquezas en manos de unos cuantos y la
acumulación de pobreza de millones de seres humanos. (6)
Para sustentar su punto señala algunos datos (7)
muy ilustrativos, así:
l La fortuna
de las 358 personas más ricas del mundo es superior al
ingreso anual del 45% de habitantes más pobres (aproximadamente
dos mil 600 millones de personas).
l El capital
transnacional en el PIB mundial se ha incrementado: 17% (sesentas),
24% (1982) y 30% (1995).
l Las 200
empresas transnacionales más importantes corresponden a
10 países (8) de todo el planeta.
lEntre
1983 y 1989 en Estados Unidos el 1% de los más ricos ha
obtenido el 61.6% del conjunto de la riqueza nacional, mientras
el 80% más pobre se ha repartido el 1.2%.
La CEPAL al referirse a la última fase de la globalización
sostiene que "las desigualdades internacionales en las últimas
décadas puede atribuirse no solo al aumento moderado (9)
de las disparidades internacionales, sino también al notorio
incremento de las desigualdades dentro de los países."
(10)
La relación de disparidad entre la región menos
desarrollada y la más desarrollada es de 5.2%, es decir,
los ingresos de la región menos desarrollada corresponden
al 5.2% de la región más desarrollada. El PIB de
América Latina con relación al PIB de la región
más desarrollada presenta una tendencia cada vez más
asimétrica pues, si consideramos referentes históricos,
constatamos que en 1820 representaba el 54%, entre 1870 y 1973
se mantuvo alrededor del 28% entres 1990 y 1998 fue alrededor
de 22%. (11)
Con relación a la desigualdad al interior de los países,
según cálculos de Cornia (1999), el 57% de la población
incluida en una muestra de 77 naciones vivía en países
que presentaron una creciente desigualdad en la distribución
del ingreso en el período 1975-1995; 16% vivía en
países en los que la desigualdad se redujo; el porcentaje
restante corresponde a población de países con niveles
estables de desigualdad o con tendencias no identificables. (12)
América Latina ostenta el vergonzoso record de ser la
región más inequitativa del mundo. Por ejemplo el
20% más rico en Brasil y Guatemala recibe el 67.5% y 63%
del ingreso nacional, respectivamente, mientras el 40% más
pobre de América Latina percibe el 5.7% del ingreso de
cada país". (13)
Si analizamos la tendencia mundial de la desigualdad del ingreso
en el período 1975-1995 América Latina presenta
un 83.8% de desigualdad creciente, 11.4% de desigualdad decreciente
y 4.8% de tendencia no identificable. (14)
2. Desigualdad y exclusión una discusión conceptual
y política
En el punto anterior he enfatizado en las inequidades que tienen
un componente económico prevaleciente, sin embargo existen
otras formas de inequidad y asimetrías cuyo componente
es fundamentalmente cultural como en el caso del heterosexismo
y la homofobia y otras formas híbridas (15)
en las que el componente económico y cultural es igualmente
preponderante, como en el sexismo y el racismo.
Sousa Santos distingue los sistemas de desigualdad y exclusión.
Afirma que si la desigualdad es un fenómeno socioeconómico
la exclusión es sobretodo un fenómeno cultural y
social, un fenómeno de civilización.
"En el sistema de desigualdad, la pertenencia se da por
la integración subordinada, mientras que en el sistema
de exclusión la pertenencia se da por la exclusión.
La desigualdad implica un sistema jerárquico de integración
social. Quien se encuentra abajo está adentro y su presencia
es indispensable. Por el contrario, la exclusión presupone
un sistema igualmente jerárquico pero dominado por el
principio de exclusión: se pertenece por la forma como
se es excluido. Quien está abajo, está fuera."
(16)
Las últimas décadas han visto la emergencia del
boom de las diversidades que ha cuestionado fuertemente la noción
moderna de igualdad abstracta, universal y desconocedora de las
diferencias.
La dicotomía entre los defensores de las políticas
de igualdad que han propugnado en todo momento un trato igualitario-
léase -idéntico y los defensores de las políticas
de la diferencia que han esencializado e idealizado las diferencias,
ha marcado el énfasis por un lado en políticas redistributivas
que tienen como eje la categoría clase y por otro en políticas
de reconocimiento que enfatizan en ciertas categorías como
raza, etnia, género, sexualidades, etc.
Es un riesgo a mi modo de ver, tanto la tendencia a una homogenización
cultural a nivel global y el desconocimiento y rechazo a la diferencia
como también la fragmentación atomizada en nombre
de la diferencia cultural que puede caer en la creación
de ghettos aislados. En ambos casos las respuestas racistas, xenofóbicas
y discriminatorias tienen perfecta cabida.
Nancy Fraser rechaza la elección de carácter disyuntivo.
¿Políticas de clase o políticas de identidad?
¿Políticas sociales o políticas culturales?
¿Redistribución o reconocimiento? Niega que se trate
de alternativas mutuamente excluyentes. Al contrario, plantea
que no hay reconocimiento sin redistribución y que son
tareas cruciales cuestionar la distinción entre cultura
y economía; entender cómo las dos esferas actúan
conjuntamente para producir injusticias; y descubrir cómo,
en tanto prerrequisito para remediar las injusticias, las exigencias
de reconocimiento pueden ser integradas con las pretensiones de
redistribución en un proyecto omnicomprensivo. (17)
Si bien, Sousa Santos coincide con el criterio de que no es posible
el reconocimiento sin distribución y viceversa, no plantea
una teoría general de la transformación sino un
proceso de traducción que facilita inteligibilidad entre
las luchas basadas en el principio de la igualdad y las luchas
basadas en el principio de la diferencia. En este sentido, afirma
que la globalización contrahegemónica requiere manejar
un equilibrio tenso y dinámico entre la diferencia y la
igualdad, entre la identidad y la solidaridad, entre la autonomía
y la cooperación, entre el reconocimiento y la redistribución.
Asumir que tenemos derecho a ser iguales cada vez que la diferencia
nos inferioriza o mengua nuestra posición y que tenemos
derecho a ser diferentes cuando la igualdad nos descaracteriza
o uniformiza. (18)
En suma el debate sobre igualdad/diversidad es central en nuestros
días. De hecho, las desigualdades y exclusiones producen
diversas redes de inequidad e injusticia en las que las categorías
clase, género, edad, raza, etnia, sexualidad, nacionalidad,
religión se entrelazan. El predominio de una o más
de estas categorías varía de acuerdo al contexto.
La realidad de inequidad es compleja, en consecuencia, las políticas
en respuesta no deben dejar de lado dicha complejidad.
Por ejemplo, los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos
o Europa sufren tanto desigualdad social como falta de reconocimiento.
En efecto, por lo general sus salarios son inferiores al monto
establecido por la ley en razón de su situación
"irregular", no cuentan con protección social,
pero sin embargo se encuentran integrados al sistema y son indispensables
aunque en la escala inferior de la jerarquía social. Pero
también sufren formas de exclusión como racismo,
xenofobia, desvalorización de su cultura, idioma, costumbres.
Las mujeres migrantes se encuentran más expuestas a violencia
y explotación sexual.
Es urgente entonces combinar políticas de redistribución
con políticas de reconocimiento para contrastar las inequidades
que caracterizan a la globalización hegemónica.
3. Inequidades en el caso ecuatoriano y su incidencia en
el ámbito político y económico
La desigualdad social es un signo distintivo del Ecuador que
se manifiesta en la concentración en la distribución
de los ingresos acentuada entre 1990 y 2000.
"El crecimiento de la pobreza va de la mano con el incremento
de la inequidad en la distribución del ingreso por lo
que la polarización del ingreso ha aumentado en forma
notable. En la actualidad, la relación entre el 1% más
rico de la población y el 1% más pobre es de 1
a 180. La distribución del ingreso mantiene su tendencia
regresiva, el 20% de la población de mayores ingresos
percibe el 54% del ingreso nacional, mientras que el 20% de
la población más pobre recibe apenas el 4.1% de
este ingreso." (19)
El crecimiento de la pobreza en el Ecuador dice relación
directa con la falta de voluntad política de eliminarla
pues de acuerdo al PNUD (20) "
la
capacidad productiva actual del país permitiría
la satisfacción de las necesidades de toda la población
y que, de existir una más adecuada distribución
del ingreso, la pobreza no tendría una manifestación
masiva, e incluso podría desaparecer." (el resaltado
es mío)
La precarización del empleo es un elemento central que
debe ser tomado en cuenta al tratar las inequidades en el Ecuador.
De hecho, en 1998 el desempleo abierto era del 8%, en 1999 el
17%, en el 2001 del 10.6%. Esta reducción se explica principalmente
por la masiva emigración internacional entre 1998-2000
y por la transformación del desempleo en subempleo. En
el año 2000 tan solo el 25.1% representaba a ocupados plenos,
mientras los subempleados constituían el 65.9% y los desempleados
el 9%. (21)
Cabe resaltar que una visión integral de las inequidades
en el Ecuador exige relacionar la desigualdad social con diversas
formas de exclusión como el sexismo, racismo, adultocentrismo,
etc.
Sin la menor duda, ser mujer, niño/a, joven, indígena,
negro/a, vivir en la zona rural y pertenecer a la tercera edad,
entre otras condiciones, se convierte en un factor de mayor vulnerabilidad
frente a la pobreza y la consiguiente violación de los
derechos económicos, sociales y culturales.
Miremos algunos datos que sustentan esta afirmación. En
el período 1990-1998 los ingresos de las mujeres representaron
un 82.5% de lo recibido por los hombres por trabajos equivalentes.
Esta brecha salarial de 17.5% demuestra la falta de equidad de
género en el mercado laboral. (22)
Si analizamos la tasa de analfabetismo a nivel nacional (13.8%),
constatamos la inequidad campo/ciudad. En efecto, en el campo
ésta corresponde al 25.3% mientras en la ciudad al 6.9%.
La provincia de Chimborazo, provincia con numerosa población
indígena, tiene la tasa de analfabetismo más alta
del país. El 33.4% corresponde a mujeres y el 19.5% a hombres.
La realidad en el campo de esta provincia es todavía más
alarmante. El 45.8% de mujeres y el 27.2% de hombres son analfabetas/os.
(23)
El 63% de los menores de 15 años son pobres. (24)
Increíblemente hay todavía hoy jubilados en el país
que perciben pensiones mensuales de 12 USD cuando el sueldo básico
unificado es de 136 USD.
El desconocimiento y la desvalorización de las diferencias
tienen diversas manifestaciones. El racismo contra indígenas
y negros así como el repudio a sexualidades no heterosexuales
son hechos cotidianos. Los chistes, la publicidad, los insultos
más frecuentes, la violencia contra la mujer, dan cuenta
de actitudes racistas, sexistas, homofóbicas.
Entonces no se trata solo de que el Ecuador es inequitativo en
la medida que la distribución del ingreso se concentra
en pocas manos en desmedro de la gran mayoría de la población,
incidiendo en la violación generalizada de sus derechos
a la salud, educación, vivienda, trabajo, etc., sino que
además la desvalorización y falta de reconocimiento
de las diversidades por género, edad, etnia, raza, agudiza
la desigualdad social y configura formas de exclusión.
Tal como hemos mostrado la desigualdad social se entremezcla con
la exclusión complejizando la comprensión de la
inequidad.
Es necesario relacionar las inequidades en el Ecuador y su incidencia
política y económica.
Algunos autores (25) han insistido en la importancia
de incluir en la definición de democracia a ciertos derechos
económicos, sociales y culturales (en adelante DESC) en
la medida que estos pueden garantizar el ejercicio de la ciudadanía.
Carlos Vilas (26) afirma que la ciudadanía
supone seis componentes interrelacionados entre sí, a saber,
autonomía individual, referida tanto a libertad
física como al acceso a ciertos recursos básicos
(educación, trabajo bien remunerado, acceso a información)
que permitan un mínimo de autodeterminación; equidad
que se concreta en la igualdad ante la ley que no es seriamente
amenazada por la primacía de una enorme desigualdad efectiva;
eficacia entendida como la posibilidad de alcanzar metas
y realizar proyectos personales y colectivos; rendición
de cuentas como posibilidad de exigir a los representantes
electos cuentas sobre su gestión; empatía con la
nación, el estado y sentido de pertenencia a una
comunidad política. Todos estos componentes se ven seriamente
amenazados por la inequidad social que destruye la posibilidad
de autonomía, de igualdad ante la ley, propicia alternativas
clientelares en la búsqueda de eficacia y anula cualquier
sentido de pertenencia y empatía en un retorno a los lazos
más cercanos y cotidianos y a un individualismo cuyo único
objetivo es la sobrevivencia diaria.
La equidad social y el reconocimiento de la diversidad son condiciones
indispensables para el ejercicio de la ciudadanía. A falta
de tales condiciones la participación política y
social se devela como un espacio más de subordinación
o exclusión. En este sentido no debe sorprendernos que
la falta de credibilidad en la democracia en los países
de América Latina vaya en aumento. Sin duda la inequidad
cuestiona a la noción hegemónica de democracia (poliarquía),
lo cual debería llevarnos a avanzar en una noción
de democracia incluyente (política, económica, cultural),
sin descuidar el riesgo de que tentaciones autoritarias y populistas
se vean favorecidas por la crítica a las democracias restringidas.
Si analizamos los impactos de la inequidad en la economía
tenemos que la decreciente inversión en alimentación,
salud y educación tiene graves consecuencias en el capital
humano de nuestro país. La falta de calificación
de nuestra mano de obra coloca en vulnerabilidad a la mayor parte
de la población que ya sea dentro del país o en
países receptores (en el caso de lo migrantes) recibirá
cada vez ingresos menores dada la creciente brecha entre trabajadores
calificados y no calificados. La precariedad e inestabilidad de
sus ingresos los excluye del mercado de capital, de consumo, afectando
también a las empresas que sufren la disminución
de la demanda de sus productos. La desinversión en educación
y generación de empleo -antes factores de integración
social- constituye una apuesta suicida con consecuencias sociales,
políticas y económicas nefastas.
Así mismo, la falta de inversión en investigación
y desarrollo tecnológico hipoteca no solo el presente sino
el futuro del país al renunciar a condiciones básicas
de competitividad.
Evidentemente, la inequidad acarrea falta de cohesión
social, inestabilidad social, protestas permanentes que no constituyen
el ambiente más apropiado para la producción y la
inversión.
Adicionalmente, el acceso a créditos está negado
precisamente a las personas que estando desempleadas o subempleadas
requieren apoyo para generar alternativas productivas en pequeñas
empresas.
La CEPAL señala además las dificultades para instrumentar
una política fiscal predecible ante situaciones de notable
falta de equidad que pueden dar origen a presiones redistributivas
y tentaciones populistas (27) muy frecuentes
en nuestros países. Ciertamente, la falta de políticas
de Estado para contrarrestar la desigualdad social y la exclusión,
genera un círculo vicioso en el cual, de acuerdo a la capacidad
de presión de diversos grupos sociales, los gobiernos de
turno atienden sus demandas a través de respuestas coyunturales,
"soluciones parche". Se acrecienta así el déficit
fiscal dejando intactas las raíces de la inequidad al omitir
una visión integral de esta problemática.
4. Políticas de redistribución y reconocimiento:
un enfoque de derechos humanos
Espero haber demostrado en los puntos anteriores que la desigualdad
social y la exclusión son elementos integrantes de la inequidad
y que por lo general se entrecruzan generando relaciones de interdependencia
que hacen del sistema de inequidad un sistema complejo.
Siguiendo el planteamiento de Fraser y Sousa Santos resulta ineludible
pensar las políticas públicas como una conjunción
de políticas redistributivas y de reconocimiento.
Ahora bien esta tesis debe contextualizarse en las relaciones
Norte/Sur y el rol de los estados de los países en desarrollo
en la globalización hegemónica.
En efecto, los estados de los PED se han convertido en ejecutores
de políticas nacionales supeditadas, en gran medida, a
las exigencias de la banca multilateral y la pesada carga de la
deuda externa. Destaca su alarmante falta de poder e incidencia
en espacios internacionales en los que se definen políticas
económicas, financieras y comerciales que afectan a nivel
nacional. En suma, estados convertidos en "administradores"
de los intereses transnacionales hegemónicos retirados
en cambio del ámbito de políticas sociales redistributivas.
Es clara la preeminencia de instancias internacionales que regulan
la economía y el comercio internacional por sobre las instancias
de protección de derechos humanos. Las primeras soslayan
las asimetrías entre países y defienden los intereses
de las economías de los PMD y las empresas transnacionales
en desmedro de los PED y la mayor parte de la población
mundial. A pesar de que se propugna "un campo de juego nivelado"
para referirse al mercado global, es irrefutable que las asimetrías
de poder económico, militar, político, tecnológico,
hacen de tal afirmación una mera ficción. No obstante,
y esto es precisamente lo absurdo, la normativa internacional
que se impone se basa en tal ficción. Tiene un carácter
homogenizador que hace caso omiso de las enormes desigualdades
entre países y que es funcional al statu quo. Sin duda
cuando "no existe una auténtica igualdad de oportunidades
a nivel internacional, las normas globales solo generan mayores
disparidades" (28)
De otra parte las instancias internacionales de protección
de derechos humanos han sido poco efectivas para frenar las violaciones
de derechos humanos en general. Han mostrado cierto poder frente
a Estados de PED (sobretodo cuando los estados hegemónicos
han tenido interés en ello) en contraste con los estados
hegemónicos frente a los cuales su poder ha sido nulo.
En efecto, diversas recomendaciones del Comité de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales y el Relator de la deuda
externa que propugnan la priorización de los DESC sobre
el pago de la deuda externa han quedado precisamente en meras
recomendaciones que no tienen efecto alguno ni en las políticas
del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional ni los estados
dominantes.
Precisamente, este desfase entre instancias internacionales de
protección de los derechos humanos y organismos internacionales
que definen políticas económicas, financieras y
comerciales de incidencia gravitante en los PED, es una contradicción
que debe ser superada. Las obligaciones asumidas por los Estados
en materia de derechos humanos deben ser un referente ineludible
en la definición de políticas públicas, particularmente
económicas y de seguridad en el ámbito nacional
como internacional.
Este enfoque debe ir necesariamente acompañado del fortalecimiento
de movimientos sociales con alianzas estratégicas Sur/Sur
y Norte/Sur y el impulso de procesos de integración regional
que permitan el fortalecimiento de globalizaciones contrahegemónicas
que transformen las enormes asimetrías existentes a nivel
internacional.
En el ámbito nacional, se debe retomar el debate sobre
el rol del estado y su responsabilidad en materia de derechos
humanos, con particular énfasis en los DESC y los derechos
colectivos. El más alto deber del Estado ecuatoriano, de
acuerdo al Art. 16 de la Constitución Política del
Ecuador, es "respetar y hacer respetar los derechos humanos".
El Ecuador se define como un Estado social de derecho lo que implica
que asume como su responsabilidad el garantizar prestaciones sociales
y el logro de una igualdad efectiva. La normatividad existe, debemos
dar contenidos concretos a tal normatividad.
Resulta ineludible debatir las prioridades nacionales y reflejarlas
en la distribución del Presupuesto General del Estado.
La deuda externa es un problema fundamentalmente de política
internacional y que debe ser discutido en ese ámbito, resulta
insostenible mantener como primera prioridad el servicio de la
deuda en un país con los indicadores de inequidad mostrados.
La inversión en salud, seguridad alimentaria, educación,
investigación y desarrollo tecnológico, apoyo a
la agricultura y la mediana y pequeña empresa deben tener
el primer lugar en una agenda nacional que le apueste a la viabilidad
del Ecuador. La política tributaria como mecanismo de redistribución
de la riqueza debería enfatizar en el principio de solidaridad
y proporcionalidad.
Cualquier política pública que deje de lado las
diversidades de género, edad, etnia, raza, sexualidad,
etc. estará destinada al fracaso por no responder a contextos
localizados. No solo que el enfoque de diversidades debe ser incluido
en las políticas redistributivas sino que se deberá
manejar la tensión entre revalorización de diferencias
que no causan desigualdad y lucha contra diferencias que impliquen
tratamiento discriminatorio (políticas de reconocimiento).
La lucha por el reconocimiento de la diferencia es una gran oportunidad
para dotar de nuevos contenidos a la igualdad. El desafío
de erradicar ideas homogenizadoras, asimilacionistas y/o paternalistas
y la construcción de sociedades interculturales es fundamental
para nuestro país.
Sousa Santo sostiene que los derechos humanos han sido universalizados
como localismo globalizado occidental, sin embargo ve también
en ellos su potencial emancipatorio a partir de ciertas prácticas
contrahegemónicas que considera deben ser consolidadas.
(29)
Resulta sumamente atractiva su propuesta de transformar los derechos
humanos en un proyecto cosmopolita a través de su reconstrucción
intercultural, teniendo como premisa la centralidad del vínculo
entre el contexto local, la organización de base, de una
parte, y la inteligibilidad translocal y la vibración transnacional,
de la otra, así como la reconstrucción normativa
dominante que de paso a derechos humanos nuevos, paradigmáticos
adecuados a la travesía emancipadora y un nuevo status
jurídico que reconozca tanto a nivel interno como internacional
una sociedad civil global concebida como la red transnacional
de prácticas sociales cosmopolitas. (30)
Las respuestas desde globalizaciones contrahegemónicas
como el cosmopolitismo de los derechos humanos, la lucha transnacional
contra diversas formas de inequidad es fundamental considerando
el contexto actual. La conexión entre movimientos de base
local, nacional en luchas transnacionales y el reconocimiento
de esto nuevos actores en el orden jurídico internacional
es una tarea urgente.
Esta relación local/nacional/transnacional es clave pues
la vigencia de los derechos humanos debe dirigirse no solo a los
estados sino a los organismo internacionales y sin duda a la empresas
transnacionales que dado su enorme y creciente poder cada vez
tienen mayor protagonismo en las violaciones de derechos humanos.
Bibliografía
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- Vilas Carlos, "Inequality and the Dismantling of Citizenship
in Latin America" en NACLA Report on the Americas, Vol XXXXI,
No. 1, July/Aug 1997.
Notas
1. CEPAL, Globalización y Desarrollo,
Capítulo 1, Santiago de Chile, 2002, p. 17.
2. La CEPAL estudia tres fases históricas
de globalización: la primera de 1870-1913, la segunda de
1945-1973 y la más reciente que corresponde al último
cuarto del siglo XX y que sigue vigente en la actualidad.
3. Ibíd., CEPAL, p. 19.
4. Boaventura de Sousa Santos, La caída
del Angelus Novus Ensayos para una nueva teoría social
y una nueva práctica política, Capítulo
6 "Los procesos de globalización", ILSA y Universidad
Nacional de Colombia, Ediciones Anthropos, Bogotá, 2003,
pp. 208-213.
5. Sousa Santos, Ibíd., p. 213.
6. Subcomandante Marcos, "7 piezas sueltas
del rompecabezas mundial. El neoliberalismo como rompecabezas:
la inútil unidad mundial que fragmenta y destruye naciones",
1997, www.ub.es/solidaritat/observatori/chiapas/analisi/sietepiezas.htm
, p. 5.
7. Ibíd., pp.5-7.
8. Japón, EEUU, Alemania, Francia, Reino
Unido, Suiza, Corea del Sur, Italia, Países Bajos.
9. La desigualdad moderada se explica por el enorme
crecimiento de China e India en las últimas décadas.
10. CEPAL, Globalización y Desarrollo,
Capítulo 3 "Desigualdades y asimetrías en el
orden global", Santiago de Chile, 2002, p. 83.
11. Ibid, p. 79.
12. Ibid, p. 83.
13. Vilas Carlos, "Inequality and the Dismantling
of Citizenship in Latin America" en NACLA Report on the Americas,
Vol XXXXI, No. 1, July/Aug 1997, pp- 57-59.
14. CEPAL, Ibíd., p. 84.
15. Sousa Santos, Ibíd., 126.
16. Sousa Santos, Ibíd., p. 125.
17. Nancy Fraser, Iustitia Interrupta Reflexiones
críticas desde la posición "postsocialista",
Bogotá, Siglo de Hombres Editores, 1997, p. 6.
18. Sousa Santos, Ibíd., p. 90-91 y 154.
19. Programa de Naciones Unidad para el Desarrollo,
Informe sobre Desarrollo Humano Ecuador 2001, RIMANA, Quito,
2001, pp. 13-14.
20. Programa de Naciones Unidad para el Desarrollo,
Informe sobre Desarrollo Humano Ecuador 1999, Editorial
Voluntad, Quito, 1999.
21. Ibíd., p. XXV y pp. 14-15.
22. CLADEM et al, Informe Sombra a la Convención
sobre todas las formas de discriminación contra la mujer
Ecuador 2003, Quito, 2003, p. 39.
23. Programa de Naciones Unidad para el Desarrollo,
Informe sobre Desarrollo Humano Ecuador 1999, Editorial Voluntad,
Quito, 1999, pp. 153-154.
24. Ibíd., p.42
25. Laurence Whitehead, Carlos Vilas, Pablo Andrade,
entre otros.
26. Vilas, Ibid, pp. 58-63.
27. CEPAL, Globalización y Desarrollo,
Capítulo 3 "Desigualdades y asimetrías en el
orden global", Santiago de Chile, 2002, p. 87.
28. Ibid, p. 25.
29. Boaventura de Sousa Santos, La Globalización
del Derecho Los nuevos caminos de la regulación
y la emancipación, Bogotá, Universidad Nacional
de Colombia/ILSA, 1998, p. 197.
30. Ibíd., pp. 217-218.
*Judith Salgado.
Coordinadora Nacional del Programa Andino de Derechos Humanos,
PADH, de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede
Ecuador. Doctora en Jurisprudencia, Pontificia Universidad Católica
del Ecuador. Diploma Superior en Ciencias Sociales con mención
en Derechos Humanos y Seguridad Democrática, Facultad Latinoamericana
de Ciencias Sociales, Quito y candidata a Magíster en Estudios
Latinoamericanos con mención en Derechos Humanos, Universidad
Andina Simón Bolívar, sede Ecuador.
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