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Me sale del alma
Palabra de honor, Bolivia es uno de los países más
lindos del mundo. Por sus incorregibles contrastes expresados
en su diversidad geográfica y regional, en su multiplicidad
cultural, y en la convivencia inarmónica de sociedades
del siglo XIV con espacios posmodernos. Bolivia es uno de los
países más lindos de la tierra por el dinamismo
dignificante de sus movimientos sociales, por la gentileza de
sus habitantes, por la magia inexplicable de su sabor a estaño,
a petróleo, a coca, a caña de azúcar, a brisa
de montaña y a humedad amazónica al mismo tiempo.
Bolivia es uno de los países más atractivos, y atrayentes,
por sus potencialidades energéticas a las que distintas
multinacionales quieren echarle mano y paradójicamente,
¡vaya ocurrencia!, Bolivia también.
Me sale del alma, palabra de honor, Bolivia es uno de los países
más lindos del planeta, porque aquí, señores,
se rajan los paradigmas neoliberales y desde sus hendiduras pugnan
por surgir otros, humanizadores. Pero, al mismo tiempo que se
rajan paradigmas, existe el riesgo del raje del Jalisco expresado
como escape, huida, negación si las políticas no
se tejen en el trenzado soberano de nuestro destino, sin embajadas
ni multinacionales que nos dicten lo que es bueno o malo para
nosotros. Y, es más, coyunturalmente estamos afrontando
el peligro del raje de resquebrajamiento, de la división,
de la fragmentación, de la separación territorial,
política, cultural, administrativa, estructural, si no
logramos conjugar las alteridades descentralizadoras en el diseño
de un solo país, intercultural, superando el monoteísmo
de su estructura administrativa-política.
Somos, según diversos estudios, el país más
pobre de Sudamérica. Y somos, según las historias
contemporáneas que se hacen en las calles urbanas y caminos
rurales, el país más disconforme con su pobreza.
Desde los bordes de la normalidad liberal se ha enunciado que
no estamos conformes con las políticas de lucha contra
la pobreza, y que queremos, en justicia, políticas de lucha
contra la redistribución de la riqueza. Se forjan algunas
propuestas, pero no logran expandirse ni legitimarse como propuestas
de país, sino tan sólo de sector o de región.
Por ello se ha escrito en las paredes que "creemos ser país
/ y apenas somos paisaje", y se está escribiendo en
las calles y caminos que queremos ser país con nuestros
recursos para nosotros, con nuestro destino diseñado por
nosotros mismos.
Intentando explicaciones a la posibilidad indeseada del raje,
reconocemos el análisis del sociólogo Álvaro
García Linera, quien afirma que existen dos grandes fallas
sistémicas o grietas estructurales en el Estado boliviano:
1) la fisura o grieta entre el predominio arbitrario de un orden
estatal monocultural en medio de una sociedad mayoritariamente
multicultural y multinacional; y 2) que no existe, ni ha existido
un solo campo político, esto es, un solo régimen
normativo de producción de lo político, sino dos:
el estatal, con sus leyes, su sistema de partidos, sus normas,
formas de producción del capital político y modos
de representación liberal de la voluntad colectiva; y el
campo político corporativo y comunitario, basado en los
sindicatos, los ayllus, las comunidades, con sus propias reglas
de funcionamiento, su sistema de rotación de cargos, de
fusión de la responsabilidad política con la ética
del comportamiento cotidiano, con su sistema normativo de autoridades
tradicionales y sus formas consensuales de toma de decisiones.
Tendríamos que añadir a estas formas otra contemporánea,
reciente, que se opone a las dos anteriores: el espacio oligárquico
agroindustrial y terrateniente autonomista, basado en las leyes
que provienen de la economía de mercado y alentado por
intereses multinacionales, que han dado lugar a una sui géneris
"rebelión empresarial" que arrastra respaldo
social regional por la autonomía y por la reconducción
del poder político.
Estamos viviendo una coyuntura en la que se entrecruzan las tres
grietas pintando un panorama complejo en el que aparecen, como
estallidos, distintos procesos paralelos, entre los que se destacan
la crisis del sistema gubernamental; el movimiento autonomista
de las elites del Departamento de Santa Cruz; el bloqueo de caminos
de los cocaleros de Los Yungas; la victoria de los vecinos de
la ciudad de El Alto que logra la salida de una transnacional;
el bloqueo de relaciones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo;
y el deambular de los líderes y sus partidos tradicionales.
Por si fuera poco, el embajador de la Casa Blanca ironiza diciéndonos
que primero resolvamos nuestros problemas internos para hablar
luego de los temas importantes como la inmunidad de los ciudadanos
estadounidenses y las condiciones del apoyo financiero si Bolivia
no ofrece garantías para la inversión extranjera.
Son temas que parecen producto de una historia de décadas,
pero que en la realidad están ocurriendo en paralelo, todos
juntos, revueltos, sin darle tiempo a la democracia para un respiro.
La crisis del cuateo como sistema político
Los impactos de las políticas de ajuste estructural se
expresan en su fracaso y en las rajaduras de su sistema que hace
una década se mostraba pluscuamperfecto, como por ejemplo
la capitalización que prometía un 10% de crecimiento
anual con el aporte de las empresas capitalizadas, y que sin embargo
el año de su implementación, 1997, aporta un 1,87%;
el año 2001 baja al 0,15%; y empezando el 2005 su aporte
se ha reducido a cero, nada. Este tipo de medidas neoliberales
han sido implementadas en Bolivia por sucesivos regímenes
presidenciales que, al no lograr mayorías absolutas en
su elección, se vieron obligados a realizar pactos o mega-coaliciones
partidistas que tienen como condición el reparto de cargos
o de cuotas de poder, por lo que se denominan sistemas gubernamentales
de "cuoteo". Carente el presidente Carlos Mesa de un
partido o frente político de referencia, puesto que salta
de los sets de televisión a la Vicepresidencia acompañando
al depuesto Gonzalo Sánchez de Lozada, y sin haber seguido
la trayectoria de la militancia política, se ve obligado
a acudir para los cargos jerárquicos a su círculo
referencial de amigos, colegas y técnicos, en palabras
mexicanas a sus cuates, con lo que inaugura un sui géneris
sistema gubernamental de "cuateo".
Este sistema opta por ubicarse en el centro, en un lugar que
lo coloca tan cerca y a la vez tan lejos de la emergente recomposición
de los movimientos populares, en la misma proporción de
cercanía y lejanía del otro polo, el de la oligarquía
agroindustrial y terrateniente. Los riesgos de esta política
equidistante se demuestran en la exacerbación de los dos
polos, dejando en el medio a un sistema gubernamental "clase-mediero"
en una especie de relleno de un sándwich que quiere ser
dulce al mismo tiempo que picante. La propuesta gubernamental
no representa el paradigma comunitario indígena y popular,
ni tampoco satisface la apuesta liberal empresarial, su eclecticismo
la coloca en una situación política suicida.
Una expresión fehaciente de esta forma de política
centrada en la iluminación del centro, es por ejemplo el
referéndum sobre el gas realizado a mediados del 2004 con
cinco preguntas ambiguas que generaron lecturas distintas, y cuyo
carácter vinculante no respetó ni el mismo presidente
con su decreto del 30 de diciembre de 2004 que dispone el alza
del precio de los carburantes antes de la aprobación de
la Ley de Hidrocarburos. El voto popular expresó en las
urnas del referéndum su decisión de recuperar la
propiedad de los hidrocarburos, pero el presidente demuestra una
actitud vacilante en relación a este tema. Otro ejemplo,
cuando lanza un programa de promoción de la producción
nacional, el "Compro Boliviano", al mismo tiempo que
se propone embargar esta producción entrando en el Tratado
de Libre Comercio con los Estados Unidos. Otro ejemplo más,
el 30 de diciembre, en vísperas del año nuevo Mesa
decreta el alza de los precios de los carburantes sin medir sus
impactos en la economía popular ni en el remezón
social, al mismo tiempo que no duda en afirmar que "estamos
pensando en los más necesitados y los más pobres".
En otro ejemplo, Mesa tiende a diferenciarse de su antecesor arguyendo
que no acudiría jamás al uso de la fuerza para aplacar
las protestas sociales, mientras deja que se apruebe un decreto
en el que se establece que la muerte de civiles se justifica cuando
rebasan la capacidad del ejército.
Salido de la video-política, Carlos Mesa es un dotado
de la palabra elocuente que no se apega a libretos para filtrarse
coherente, limpia, sin remilgos ni muletillas. Mesa es dueño
de una palabra que sabe cautivar, como cuando asume -en palabras-
las reivindicaciones populares, tales como el juicio a los masacradores
de octubre de 2003, con su célebre "ni olvido ni perdón,
justicia!". La palabra oportuna le valió una opinión
pública tan alta, como cuando arrastraba alto rating como
el más influyente informativista de televisión,
por la agudeza de sus análisis, la inclemencia en su lucha
contra la corrupción, y su apasionamiento en la defensa
de la capitalización, lo que le valió ser el acompañante
de fórmula del más acérrimo creyente de la
economía de mercado.
Desmarcadas las palabras de las acciones que sembraron esperanza
en la ciudadanía, la palabra impecable de Mesa gana en
levedad y su resonancia es válida solamente en su entorno,
cayendo en la falacia tan común de la ilusión de
la comunicación que ensalza el polo de la emisión
y desmerece el de la recepción. La palabra deja de tener
como referente a la sociedad y su propia palabra es la fuente
de la palabra gubernamental. Entonces tiene que acudir a la percepción
compasiva cuando en su mensaje a la nación del 9 de enero
reclama emotivo que "no me dejan gobernar", amenazando
con renunciar a la presidencia si la violencia de las demandas
obliga a la respuesta con violencia. Mesa transparenta su debilidad
al mismo tiempo que su humanismo. Con medidas que se toman apresuradas,
respaldadas por la palabra rigurosa, y las mismas medidas que
se destroncan y retroceden con igual celeridad respaldadas por
la palabra que se contradice, la palabra de Mesa se dibuja pendular,
tan oscilante como su política equidistante, sin interlocutor
definido, y tan ambiguo como sus afirmaciones de carácter
genérico: "mi compromiso es con el país".
¿Cuál país?, he ahí el dilema.
Por este centrismo oscilante, Mesa es juzgado como "populista"
por las corrientes liberales que cuestionan sus constantes retrocesos,
como la rebaja del precio del diesel dos semanas después
de haber promulgado su subida, o por su acuerdo con las movilizaciones
alteñas para la salida de la Suez, transnacional francesa
del agua. Este mismo centrismo oscilante, hace que desde la otra
punta, la de las organizaciones sociales, la valoración
de su gestión se defina como "entreguista", por
su timidez para la recuperación estatal de los hidrocarburos,
y por el alza del diesel y la gasolina en coincidencia con el
desacuerdo del FMI a la subvención de los carburantes.
La chispa que enciende el clima de resquebrajamientos múltiples
es el decreto que autoriza el alza de los precios de los carburantes.
Con un respaldo cierto en los precios bajos que se manejan en
el mercado interno con relación a los países vecinos,
y con la agudización del contrabando mermando el destino
de carburantes hacia este mercado interno, el lanzamiento de la
medida busca claramente encontrar respaldo por la diferencia;
esto es -como lo sustentaron los ministros del área económica-
afectando más a los industriales con el alza del diesel,
evitando el deterioro de la economía popular con un alza
mínima de la gasolina y manteniendo el precio del gas licuado
y, además, otorgando por una sola vez un bono de 100,oo
pesos bolivianos (12,50 $us.) para compensar los "efectos
colaterales" de esta medida. La intención era clara,
se pretendía trasladar la resolución de conflictos
a la cancha de la sociedad civil enfrentándola con los
transportistas si ellos pretendiesen subir las tarifas. Asimismo,
quedaba claro que se buscaba que la población respaldase
la medida del alza del diesel confrontándose con los agroindustriales
cruceños. Estos supuestos fueron sólo buenas intenciones,
porque el remezón que provocan estas medidas, se parecen
a lo que con acierto conceptualiza la prensa escrita, un verdadero
"tsunami político" que afecta por igual las sensibilidades
de los dos extremos, y que no encuentran en el centro equidistante
visos de empatías.
De la "otra" Bolivia, productiva, a la vieja Bolivia,
bloqueadora
En octubre del año 2003, cuando la ciudadanía de
la ciudad de El Alto se volcó a las calles para evitar
la entrega de los hidrocarburos a capitales extranjeros, algunos
medios de comunicación oficiosos, en concordancia con los
discursos oficiales, se esmeraban en mostrar una Bolivia retrógrada,
la altiplánica bloqueadora y "otra" Bolivia productiva,
la de la oligarquía cruceña. Hasta se llegó
a afirmar que mediaban cuestiones de idiosincrasia en la capacidad
de la protesta y del emprendimiento empresarial. Unos parecían
nacidos para bloquear, y otros para trabajar. A un año
y un par de meses de aquel acontecimiento, Evo Morales, líder
cocalero que logró gran parte de sus demandas a fuerza
de bloqueos de caminos, se declaró aprendiz de la capacidad
bloqueadora de los empresarios y juventud de la ensalzada Bolivia
productiva, porque mientras él sólo bloquea caminos,
en Santa Cruz se bloquearon el aeropuerto, los edificios públicos
principales, las calles, las avenidas y también las carreteras.
Un hecho de difícil explicación, es que la movilización
regional -definida por algunos analistas como un proceso de "sublevación
empresarial regional" y que es a todas luces una rebelión
de la oligarquía agroindustrial y terrateniente del Departamento
de Santa Cruz- se inicia en las mismísimas instalaciones
de la Central Obrera Departamental, enarbolando la oposición
regional al alza de los carburantes, particularmente del diesel,
base energética de la producción agroindustrial.
Sobre esta base, y alimentada fuertemente por la incapacidad gubernamental
para atender esta demanda regional, la oligarquía cruceña
acude a su organización referente: el Comité Cívico
Pro Santa Cruz, para instalar otra demanda, la autonomía,
sabiéndola enraizada en la memoria larga cruceña,
con lo que se garantiza un fuerte arraigo social. Transcurridos
los acontecimientos entre marchas, bloqueos de calles, piquetes
de huelguistas, toma de edificios públicos y cabildos,
aparecen las intenciones reales de la oligarquía, que no
son otras que la recuperación de su hegemonía o
de reocupación del poder político para ponerlo -como
antes de Mesa- a la par de su poderío económico
agroindustrial, ganadero, latifundista y petrolero, con un manejo
estatal discrecional de altas concesiones y liberalizaciones impositivas.
Para ello no dudan en afectar la institucionalidad democrática
alentando la renuncia del presidente Carlos D. Mesa, y tampoco
dudan en manejarse con eslóganes que ocultan las estadísticas
reales sobre el poderío económico cruceño,
por ejemplo se afirma que Santa Cruz aporta más de la mitad
de los impuestos nacionales, siendo que en la realidad la decadente
La Paz recauda el 40,6% del total de impuestos nacionales, en
tanto que Santa Cruz logra el 34,8% a pesar de su mayor capacidad
productiva.
Pero la recuperación de este poder político para
ponerlo a la par del poder económico no se quiere contentar
ya con el mantenimiento de un Estado centralista. Ocurrió
el año 1898, cuando en la llamada Guerra Federal, La Paz,
eje del poder económico, traslada la sede de gobierno a
su seno, dejando a Sucre, la ciudad de los 4 nombres, con un apodo:
capital. No otra cosa parece significar el sentido de la masiva
concentración del reciente 21 de enero, cuando el líder
del Comité Pro Santa Cruz anuncia la convocatoria a un
Cabildo Abierto el día 28 para la formación de un
"Gobierno Autónomo Departamental". A raíz
de este hecho, se pregunta la politóloga Jimena Costa:
¿estaremos en las puertas de una Revolución Autonómica
o en vísperas de un cambio en el eje de poder?
Desconociendo que la debilidad del gobierno alimenta un caudal
diverso de demandas, algunos intelectuales del liberalismo que
se raja, entienden que la asonada cruceña es un escudo
de prevención frente al denominado extremismo indianista
del altiplano y trópico cocalero, causante supuesto de
una fractura de la complementariedad Oriente - Occidente. Este
pensamiento se entronca con un sentido de la demanda oligarca
cruceña, el de impedir o restringir los alcances de la
denominada "Agenda de Octubre" producto de la rebelión
altiplánica de la ciudad de El Alto el 2003, y que estableció
tres temas prioritarios: un referéndum vinculante sobre
los hidrocarburos, la Ley de Hidrocarburos y la Asamblea Constituyente.
Afincadas las elites cruceñas en su "Agenda de Junio",
que clama autonomía, se resguardan en su alcance regional
racista, y desde él empiezan a articular, tímidamente,
un criterio que podría trascender sus ahora alcances provincianos,
el de la "economía mixta", no necesariamente
coincidente con la mirada más bien nacionalizadora del
Occidente respecto a la propiedad de los hidrocarburos.
Dadas así las cosas, el pacto regional se muestra perverso
para las demandas populares tendientes a evitar el alza del costo
de vida. Las organizaciones sociales se sienten cooptadas y adosadas
a una sublevación empresarial socialmente descentralizadora
y separatista, y empiezan a rearticular sus propias respuestas.
Unidas las federaciones campesinas y centrales indígenas
conforman el Bloque del Oriente y el Comité Cívico
Popular, desde cuyos espacios rechazan la manipulación
empresarial, se resisten a la autonomía oligárquica,
plantean la reversión de los latifundios a los campesinos,
exigen la realización de la Asamblea Constituyente, y amenazan
con un genuino movimiento autonómico de los pueblos indígenas
respecto a los poderes regionales. También el Cardenal
Julio Terrazas, radicado en Santa Cruz, y una de las personalidades
más influyentes en el país, se interroga: "¿para
qué queremos las autonomías?, ¿va a ser el
privilegio de unos cuantos o va a ser el pan de cada de día
para todos?"
Entonces, nada está dicho en Santa Cruz, la dialéctica
regional, que por unos días nos mostró a migrantes
altiplánicos e indígenas marchando del brazo de
jóvenes señoriales y magníficas señoritas
en una mezcla de sublevación y desfile de modelos, fue
sólo un fenómeno pasajero. La realidad vuelve a
su curso excluyente, y la sociología se obliga a reincorporar
en sus paradigmas la noción de clases sociales para aprehender
el dinamismo de las prácticas sociales, culturales y políticas.
La trascendencia histórica de la Bolivia bloqueadora
En abril del año 2000, en la denominada "Guerra del
Agua", Cochabamba una de las ciudades más importantes
de Bolivia logra evitar el alza de tarifas por parte de la empresa
capitalizada Aguas del Tunari, subsidiaria de la Bechtel Corporation,
además de su expulsión, previo pago estatal de 25
millones de dólares. Cinco años después,
la indómita ciudad de El Alto, a la cabeza de su Federación
de Juntas Vecinales logra -movilizaciones sociales de por medio-
que el Estado rompa contrato con la empresa Aguas del Illimani
que tiene como socio mayoritario a la empresa francesa Suez Lyonnaise
des Eaux, aduciendo incumplimiento del contrato de concesión,
especialmente en la atención de la cobertura que de un
previsto 100% no llega sino al 60% de los hogares alteños.
La Suez quiere llevarse 60 millones de dólares como indeminización,
cuando en la realidad casi no realizó ninguna inversión
porque se escudó en los créditos concesionales por
52 millones otorgados por el BID, el CIF-BM y la CAF.
Este hecho, que parece aislado de la coyuntura, no lo es y no
sólo porque ocurre en medio de la tormenta política
que vive Bolivia, sino especialmente porque ha fortalecido el
sentimiento de la recuperación nacional de las empresas
arrebatadas al Estado por la fracasada política de capitalización,
y también por la demostración de la importancia
del logro de reivindicaciones que lleven a superar las rajaduras
de la democracia formal con la solidez de las caracterizaciones
de la democracia participativa.
Desbloquear la coca para bloquear la cocaína
Unduavi es la vía de acceso a las provincias del norte
paceño, paso obligado de vinculación con la ciudad
de La Paz. Esta población, que acoge a pequeñas
comerciantes y un puesto de control de la circulación de
hoja de coca, es a la vez el centro de convergencia de Nor y Sud
Yungas, las zonas de producción tradicional de la coca.
Entre La Paz y Unduavi se erige un punto, La Cumbre, por sobre
los 5.000 msm, desde donde se desciende sin pausa ni espacio plano
hasta los llanos del Beni ubicados a 600 msm. Entre la Cumbre
y la Amazonía, serpentea interminable "el camino de
la muerte", reconocido como el más peligroso del mundo
porque desde su construcción en los años 40 ha arrastrado
a sus precipicios a más de 30.000 almas.
¿Y qué tienen que ver los caminos con la coyuntura
de remezón político? Sucede que la demanda de los
productores cocaleros empezó pidiendo atención estatal
al mantenimiento de los caminos que, por su sinuosidad, hacen
que espacios de 30 kilómetros se recorran hasta en 2 horas
en épocas normales y hasta en 8 o más en época
de lluvias. Luego, y dada la ineptitud estatal para responder
a su protesta, a esta demanda se sumaron otras, algunas regionales
como el saneamiento o titulación de tierras, y otras nacionales
como la revisión de la Ley de Capitalización. Pero
el tema de fondo es el de la coca, principal producto de estas
regiones.
Las políticas gubernamentales combinan propuestas de erradicación
con otras de sustitución e interdicción, es decir,
combinan intentos de desarrollo por sustitución de la coca
con acciones de fuerza lo que supone militarización. Desde
esta perspectiva, cerca de Unduavi, lugar del bloqueo masivo por
parte de los productores cocaleros de Los Yungas, está
en construcción un puesto policial - militar denominado
La Rinconada, según el gobierno para prevenir accidentes
en el camino más peligroso del mundo, y de paso eficientizar
el control de la circulación legal de la hoja de coca;
y según los yungueños para la interdicción
o, lo que es lo mismo, la represión. Por eso, el planteamiento
central de los productores cocaleros es el de la demolición
de esta edificación o, en su caso, su traspaso a la Asociación
Departamental de Productores de Hoja de La Paz (ADEPCOCA), responsable
de la comercialización de la hoja de coca en el mercado
legal de la urbe paceña.
La respuesta gubernamental a esta demanda fue, desde su punto
de vista, un signo de diálogo y buena fe, ofreciendo dejar
de lado la construcción de dos torres de control previstas
en otras tantas esquinas del cuartel de La Rinconada, además
de suplir el muro de piedras por una división de alambrados
de malla olímpica, de modo tal que las actividades del
cuartel -como en los zoológicos- sean visibles para los
transeúntes. Tan particular respuesta sólo avivo
los caldeados ánimos de los productores de coca, que más
que reivindicar una demanda particular, están en realidad
señalando el camino de la necesidad de la soberanía
nacional para la definición de nuestras políticas
desde el sentido de nuestros propios discursos, y los que sin
duda no se quedan en la falacia de que coca es cocaína
y postulan, por el contrario, la necesidad de procesos de desarrollo
con coca.
La política gubernamental, condicionada por las políticas
de seguridad del gobierno norteamericano, no parece haberse enterado
siquiera de la decisión del Parlamento Europeo que el día
15 de diciembre aprobó la Declaración de Catania,
y que propone entre otros puntos la aplicación de políticas
de reducción del daño que han causado las equivocadas
políticas de erradicación, el apoyo a la investigación
del uso benéfico de la coca, y un mayor involucramiento
de la sociedad civil en el proceso de decisiones políticas.
Desde este punto de vista, los productores de hoja de coca, en
la Primera Cumbre Informativa Nacional de la Coca, decidieron
crear el Instituto Técnico Científico de la Coca;
organizarse comunalmente para la lucha contra el narcotráfico;
defender la producción lícita de la coca alentando
su industrialización benéfica; regular la comercialización;
y visibilizar la legitimidad del consumo o pijcheo de la hoja
conceptualizando que coca no es cocaína. ¿Lograrán
lógicas tan distintas encontrarse si continúan presionando
las políticas externas?
El silencio de los ausentes
¿Dónde están los líderes nacionales
de los partidos tradicionales que no pronuncian palabra y no aparecen
ni por asomo?, ¿dónde está don Jorge Tuto
Quiroga, indiscutible referente de la derecha boliviana?, ¿dónde
anda don Jaime Paz Zamora, líder histórico del Movimiento
de Izquierda Boliviana?, ¿estarán mirando de palco,
o estarán azuzando las llamas de la discordia, o quizás
persuadiendo para el diálogo, o esperando el momento oportuno
para su mensaje oportuno?
¿Y por dónde andaban los parlamentarios que casi
dejan sin quórum la interpelación a los ministros
por el decreto del alza de los carburantes?, ¿dónde
se encontraba don Evo Morales que días antes decía
y desdecía sus (des)acuerdos con el presidente Mesa?, ¿dónde
están los parlamentarios figuretis de la cotidianeidad
doméstica, por qué no dan la cara cuando las papas
queman?
¿Cuál es el balance de don Jaime Solares sobre
su fallida convocatoria al paro nacional por la gloriosa Central
Obrera Boliviana?, ¿qué dice don Felipe Quispe de
su huelga de hambre sin adhesiones y que lo convierten en el Mallku
solitario?, ¿será parte de una estrategia de más
amplia movilización campesina?, ¿dónde?,
¿cuándo?, ¿cómo?...
El bloqueo de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo
La conformación de un "bloque oficialista" en
el Parlamento, denominado Corriente de Defensa de la Democracia,
compuesto por parlamentarios del gubernamental MBL y renunciantes
del MNR, MIR y MAS, recibió críticas, hasta de supuesto
soborno por parte del escindido MNR, a lo que el vocero gubernamental
rebatió con un categórico "creen que somos
de su misma condición".
El nuevo bloque parlamentario apuesta a la búsqueda de
equilibrios asumiendo que Mesa es la democracia, y que el funcionamiento
de un justo medio, sería la base de superación de
dos procesos anteriores de funcionamiento del Legislativo: la
de su dependencia partidista del Ejecutivo lo que les valió
a los parlamentarios el título de "levantamos";
y desde la asunción de Mesa al poder, un gobierno sin partidos,
sin referencia en el Parlamento, y un Parlamento sin presencia
en el Ejecutivo.
A pesar de este acontecimiento que podría modificar las
relaciones entre el Ejecutivo y Legislativo, éstas siguen
siendo tensas y siguen aumentándose tensiones. Acogiéndose
a derechos constitucionales instituidos, el Parlamento censuró
a 4 ministros, el de la Presidencia, el de Gobierno, el de Hidrocarburos
y el de Desarrollo Económico esperando su desafuero. Sin
embargo, y acudiendo a su investidura el Presidente los ratificó,
en una clara muestra de desafío al Legislativo y de afirmación
en sus decisiones. Lo curioso es que esta medida ocurre en un
contexto de alta conflictividad y rechazo ciudadano a la política
del alza del precio de los carburantes sustentada por los citados
ministros.
Pero las provocaciones salen también de los curules del
Parlamento, por ejemplo con el indisimulado sentimiento del Presidente
de la Cámara Alta, de Senadores, para asumir la silla presidencial
por la vía de la sucesión contemplada en la Constitución
Política del Estado. Tampoco es fácil comprender
la actitud del presidente de la Cámara de Diputados, que
a título de mediación estuvo presente en la concentración
convocada por el Comité Cívico Pro Santa Cruz y
de cuyos dirigentes recibió un documento con la firma de
miles de ciudadanos que abogan por la autonomía departamental;
pero más incomprensibles aún son sus declaraciones
a la prensa en el sentido que apoya "la justa reivindicación"
del pueblo cruceño y reconoce su militancia municipalista
en favor de la descentralización y las autonomías.
Las relaciones entre Ejecutivo y Legislativo han sido tensas
desde que Carlos Mesa se sentó en la silla presidencial
y por lo visto el caduco y alicaído sistema representativo
no parece aprender las lecciones de la incredulidad que provocan
sus acciones en la percepción de la población boliviana.
Sólo para tocar un tema: ¿por qué no aprueban
ya la Ley de Hidrocarburos?
Desbloqueando los resquebrajamientos: a recomponer la unidad
Una primera condición para evitar el raje es repensarnos
y rehacernos en democracia. Aunque evidentemente democracia no
es igual a Carlos Mesa, debemos respondernos a dos preguntas:
¿después de Mesa, qué y quién?; y
¿se resuelven los resquebrajamientos estructurales con
los cambios de presidente?
Más allá de la retórica anticonstitucional
asumida por las elites empresariales de Santa Cruz que abogan
la caída de Mesa para reinstalarse en el poder y para evitar
la realización de la Asamblea Constituyente, los distintos
sectores sociales y políticos del país abogan por
la búsqueda de espacios de diálogo y de deliberación,
en democracia. Así por ejemplo, FEJUVE El Alto anuncia
movilizaciones en favor de la institucionalidad democrática
como plataforma para el cumplimiento de la "Agenda de Octubre",
el juicio de responsabilidades a Sánchez de Lozada, la
realización de la Asamblea Constituyente y la aprobación
de la Ley de Hidrocarburos. Asimismo, las organizaciones campesinas
e indígenas de Santa Cruz rechazan en un documento titulado
"Al Pueblo de Santa Cruz" los fines conspirativos de
la oligarquía, terratenientes, traficantes de tierras y
transnacionales petroleras. Algunos partidos políticos
se expresaron a favor de la constitución de un Gabinete
de Unidad Nacional, un Pacto Patriótico o una Cumbre Nacional,
y hasta el oscilante Evo Morales, líder del MAS, pasó
de su propuesta de adelantar las elecciones a la sugerencia de
un Gran Encuentro Nacional entre políticos, empresarios
y organizaciones sociales. También los alcaldes de ocho
de las nueve ciudades principales del país suscribieron
una declaración de respaldo al proceso democrático
y de "transición histórica" liderada por
el presidente Carlos Mesa rechazando "intentos sediciosos
de sectores antidemocráticos y oligárquicos... que
buscan evitar la realización de la Asamblea Constituyente";
y además de condenar a sectores del Parlamento por involucrarse
en actividades desestabilizadoras, convocan la participación
ciudadana y llaman al gobierno a asumir "medidas necesarias
y urgentes". La ciudadanía tiene sus manifestaciones
espontáneas de respaldo a la institucionalidad democrática
y hasta una agrupación cristiana oró con Carlos
Mesa por la democracia.
La ciudadanía apuesta por la democracia. Bolivia es un
país de profunda convicción democrática,
y por ello lucha por el paso de un irregular sistema de democracia
formal - representativa a formas de democracia participativa.
La ciudadanía boliviana ha optado por este destino que
espera conceptualizarlo y operativizarlo a partir de la Asamblea
Constituyente. Las elites están optando por la regresión
y el continuismo de un sistema resquebrajado. Le toca ahora al
presidente Carlos Mesa dejar su lugar ecléctico y optar,
sin contradicciones. Gobernar con el pueblo supone gobernar con
las esperanzas de una Bolivia participativa; gobernar con la oligarquía
significa desmoronar esta edificación participativa y ceder
a las seguridades enanas de los miedos de la clase media o a las
seguridades fastuosas de las oligarquías.
Siendo la democracia el espacio de reconstitución de las
divergencias, las autonomías deben ser tratadas en el marco
de la Constitución Política del Estado y no en el
marco de la fuerza. Bolivia requiere medidas urgentes que afecten
la coyuntura y medidas urgentes que afecten los campos estructurales.
Entre las medidas urgentes para la coyuntura, ahora, para abrir
el diálogo, están: 1) la derogatoria del decreto
sobre el alza de los precios de los carburantes; 2) la suspensión
de la construcción del cuartel de La Rinconada; 3) la convocatoria
a un referéndum sobre las autonomías en el marco
de la Asamblea Constituyente; 4) revisar los contratos especulativos
con los mayoristas en la distribución de los carburantes.
Recuperado la capacidad para el diálogo, superando intereses
sectoriales o regionales para poner en el horizonte la noción
de Bolivia como país, y como unidad, don Carlos Mesa precisa:
1) asegurar la realización de la Asamblea Constituyente;
2) alentar la aprobación urgente de la Ley de Hidrocarburos
respetando la voluntad ciudadana por la recuperación de
nuestros recursos energéticos; 3) encauzar el juicio de
responsabilidades contra Gonzalo Sánchez de Lozada; 4)
oponerse al decreto sobre la inmunidad de los ciudadanos estadounidenses;
5) revisar la Ley de Capitalización que sólo en
el sistema de tributación, según el Centro de Estudios
para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), entre el 2000 y
2004 posibilitó el aporte de un 29% por parte de las empresas
privadas, nacionales y extranjeras, incluidas las petroleras;
mientras que los consumidores aportamos el 71% vía el IVA.
Todas estas medidas requieren darse en el marco de un Programa
de Gobierno cuya filosofía se inscriba en el camino de
construcción de una democracia participativa. Desde esta
visión será posible analizar con soberanía
la conveniencia o no del ingreso al TLC; la renegociación
o no pago de la deuda externa que subsume el 28% de nuestro PIB;
los mecanismos de organización de las autonomías;
y los caminos de manejo de nuestros hidrocarburos.
Difícil momento de decisiones para Bolivia, en la que
la continuación y profundización de la democracia
depende de nosotros mismos y de la capacidad nacional para escribir
su historia con soberanía.
*Adalid Contreras Baspineiro.
Sociólogo y comunicólogo boliviano. Especialista
en Derechos Humanos y en Comunicación para el desarrollo.
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