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El conflicto en Colombia
Tras el fracaso del último proceso de paz en Colombia,
y como alternativa para terminar con el conflicto armado, se abrió
paso la opción por la guerra que podría decirse,
nació de la mano de una intervención norteamericana
más abierta y directa en el problema colombiano: El Plan
Colombia.
La implementación de dicho Plan, presentado al mundo como
de lucha contra las drogas, marcó una nueva etapa en el
desarrollo de la confrontación armada en Colombia.
Los elementos del Plan Colombia actúan de conjunto, afectando
a la población civil de diversas maneras: La seguridad
alimentaria está en entredicho debido a la generalizada
afectación de los suelos, los cultivos lícitos y
las fuentes de agua por efectos de los químicos utilizados
en las aspersiones a los cultivos ilícitos; la biodiversidad
y la vida silvestre se encuentran igualmente amenazadas por los
efectos biológicos de estos químicos; la salud de
comunidades enteras campesinas, indígenas, afrodescendientes,
sin distingo de edad, ha sido fatalmente afectada por esta misma
causa; así mismo, se asiste a una militarización
creciente de la vida civil, tanto por la presencia de mayor número
de efectivos militares y mayor disponibilidad de armamento, cuanto
por el involucramiento de la población civil en acciones
de seguridad como informantes o soldados campesinos, entre otras
modalidades, que comprometen la seguridad individual, familiar
y comunitaria bajo la condición de objetivo militar de
cualquiera de los actores armados; las redadas judiciales se han
hecho frecuentes, bajo la forma de las detenciones, judicializaciones
y encarcelamientos masivos en las diferentes regiones colombianas,
creando un clima de inseguridad jurídica; las reformas
legales permiten los allanamientos y detenciones sin orden judicial,
controles a la movilización y aprovisionamiento de alimentos
de las personas, principalmente en el sector rural, intercepción
de todo tipo de comunicaciones, asignación de roles policiales
y judiciales a las Fuerzas Armadas y muchas otras supresiones
de las garantías constitucionales que impiden el goce y
garantía de los derechos humanos a un amplio sector de
la población.
En el marco del Plan Colombia, los desplazamientos forzados al
interior de Colombia se han generalizado a todas las regiones,
deviniendo en una redistribución de la población
rural y urbana; un repoblamiento de las regiones; una contrarreforma
agraria vía conflicto armado, que ha posibilitado la reconcentración
de la propiedad de la tierra en pocas manos (1),
poniendo en riesgo la seguridad alimentaria; ha conducido además
al rompimiento del tejido social desde el ámbito familiar
en adelante. Los desplazados internos en Colombia superan los
tres millones de personas (2), de los cuales
muchos han sufrido esta situación en más de una
oportunidad (3), deambulando de un lugar a otro
del territorio nacional; el desplazamiento interno se ha constituido
en una crisis humanitaria que desborda la voluntad política,
el marco legal y de asistencia del Estado y que no encuentra alivio
a través de los esfuerzos humanitaristas de la comunidad
internacional y de las organizaciones no gubernamentales.
Este desborde de la crisis humanitaria por efecto del Plan Colombia
ha dado lugar también al éxodo de colombianos hacia
el exterior viéndose mayormente afectados los países
vecinos de Colombia, receptores de la mayor cantidad de esta población.
Se han activado de esta manera los mecanismos de protección
y convenciones internacionales que constituyen el sistema de refugio.
El contexto regional
La puesta en marcha del Plan Colombia, marca sin duda también
un nuevo hito en los países de la región; a partir
de su aplicación, principalmente los países vecinos,
comienzan a experimentar un involucramiento cada vez mayor en
los problemas colombianos en el marco de la denominada Iniciativa
Regional Andina, que constituye la ampliación del Plan
a nivel regional.
Esta dinámica de involucramiento progresivo obedece a
la promoción de una dimensión regional del conflicto
colombiano, que lo califica de amenaza regional, impulsada por
los gobiernos de Bogotá y Washington. Este desborde sin
embargo, se presenta justamente a raíz de la aplicación
del Plan Colombia y se expresa principalmente en la migración
forzada de personas hacia fuera de Colombia y la presión
al narcotráfico hacia localidades fronterizas de los países
vecinos de Colombia, como en el caso de Ecuador. Los grupos armados
ilegales nunca han representado una amenaza importante para los
países de la región, pese que en algunos casos se
ha comprobado su presencia y comisión de ilícitos;
su presencia histórica en las fronteras nunca ha sido considerada
como violación de la soberanía o amenaza a la seguridad
nacional, hasta ahora. Basándose en esta denominada "Amenaza
regional", las fronteras de Ecuador con Colombia se han militarizado
en los últimos años con recursos norteamericanos
en el marco del Plan Colombia.
La razón de ser del Plan Colombia y la Iniciativa Regional
Andina, es la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo,
muchos análisis señalan que no es simple coincidencia
la presencia de planes militares en la región como el Plan
Colombia, el establecimiento de bases militares norteamericanas
en toda América Latina, planes de desarrollo regional como
el Plan Puebla-Panamá y la negociación de tratados
de libre comercio, que actúan sobre territorios que poseen
grandes reservas de recursos energéticos, hídricos
y de biodiversidad, en donde coexisten diversos movimientos sociales
y de resistencia ante la globalización y el imperialismo,
y en donde, al mismo tiempo es posible controlar las actividades
de extracción y las rutas de transporte de todos estos
recursos hacia Norteamérica (4).
Esta es la globalización: un escenario en donde las instancias
y foros internacionales que garantizan y regulan los derechos
y la autonomía de los Estados, de los pueblos y de las
personas ceden el paso al uso unilateral de la fuerza a través
de mecanismos de imposición militar y económica
alrededor de todo el mundo. Este es el escenario del Plan Colombia
y la Iniciativa Regional Andina: planes militares al servicio
del control de los territorios y recursos de América Latina.
Este es el escenario del refugio: una guerra interna que trasciende
las fronteras colombianas al servicio de intereses promovidos
mucho más al norte de Colombia.
Y es en este punto en donde hay que detenerse. Los refugiados
colombianos en la región constituyen apenas una expresión,
un efecto de la aplicación de un gran Plan. Un efecto previsto
y que en teoría debería haber sido atendido con
los mismos recursos del Plan Colombia destinados con anticipación
para tal fin, en países fronterizos como Ecuador. Sin embargo,
hoy por hoy, lejos de fomentar el desarrollo de las comunidades
receptoras y brindar una atención adecuada a los refugiados
colombianos en Ecuador, que vaya más allá del reconocimiento
del status, se ha priorizado la llamada "seguridad nacional",
la "soberanía" y la política migratoria,
contribuyendo a transformar el fenómeno del refugio en
crisis social y humanitaria.
Acogida del Estado ecuatoriano a los refugiados
La situación de los refugiados colombianos en Ecuador
está marcada negativamente por una percepción generalizada
del colombiano como amenaza. Esta percepción surge de un
discurso perverso manejado desde el gobierno central que le permite
actuar con ambigüedad frente a las expresiones de la propia
crisis económica política y social, y frente al
tratamiento de los refugiados. Dicho discurso califica a los colombianos
como responsables del aumento de la delincuencia en Ecuador y
como usurpadores del empleo a los ecuatorianos (5).
Por otra parte, aunque Ecuador en el tema de refugio, al igual
que Colombia en desplazamiento, constituye ejemplo de excepción
en el desarrollo legal en la región, ejemplo que ACNUR
con razón aplaude y con frecuencia magnifica, la realidad
de los refugiados, al igual que la de los desplazados es testimonio
de profundas fallas y carencias que van desde el proceso de reconocimiento
y los procedimientos hasta la atención propiamente dicha
de la población en esta condición.
En la práctica, el Estado ecuatoriano se limita a permitir
la entrada de los solicitantes, a la concesión del status
y a la documentación de las personas reconocidas o cuya
solicitud se encuentra en trámite.
Sin embargo estos tres progresos exhiben a la vez un lado negativo.
En el primer aspecto, la entrada, los controles migratorios se
han incrementado, motivados por "la amenaza regional"
que representa Colombia, principal alimento del discurso perverso.
Estos se basan en patrullajes permanentes en la frontera, la exigencia
del pasado judicial para el ingreso de colombianos, los operativos
para detener y deportar a indocumentados (6).
Los controles migratorios constituyen en la práctica, restricciones
para el ingreso de los solicitantes de refugio y riesgos para
su seguridad.
En el segundo aspecto, la concesión del status, las estadísticas
de la Cancillería ecuatoriana sobre los casos de refugiados,
dan cuenta de una tendencia sostenida hacia un menor porcentaje
de personas reconocidas con el status, en tanto, el número
de solicitudes va en aumento. Una tendencia difícil de
explicar si se tiene en cuenta que el conflicto colombiano se
radicaliza cada vez más en el marco del Plan Colombia y
su renovada versión en el sur de ese país: El Plan
Patriota. Sin embargo es una tendencia compartida con el ACNUR
y relacionada con los criterios de elegibilidad adoptados por
ambas partes y que exhiben un 94% de coincidencias a la hora de
calificar los casos (7). El hecho es que más
del 70% de las solicitudes no han sido aceptadas y no se conoce
a ciencia cierta qué ha pasado con aproximadamente 18.584
personas.
|
Años
|
# Solicitudes
|
# de aceptados
|
% de aceptados
|
|
2000
|
475
|
390
|
82,1
|
|
2001
|
3.017
|
1.406
|
46,6
|
|
2002
|
6.766
|
1.578
|
23,3
|
|
2003
|
11.463
|
3.270
|
28,5
|
|
2004 (hasta mayo)
|
3851
|
678
|
17,6
|
|
2000-2004
|
25.572
|
7.322
|
28,6
|
Elaborado por INREDH con base en estadísticas de la Oficina
de Refugiados de Cancillería
Vale mencionar también que las fumigaciones no son consideradas
como motivo de refugio ni por ACNUR, ni por el Estado ecuatoriano,
pese a que las mismas se presentan dentro del marco del conflicto
armado y constituyen en la práctica una grave amenaza a
la seguridad y a la vida de las personas. Las solicitudes de refugio
motivadas en esta causa son automáticamente negadas.
Comportamiento de los casos de solicitudes de
refugio en Ecuador

Elaborado por INREDH con base en estadísticas de la Oficina
de Refugiados de Cancillería
En el tercer aspecto, en el caso de la documentación para
los refugiados, es loable la labor emprendida por el Estado ecuatoriano
y por ACNUR, sin embargo, vale la pena tener en cuenta que el
Estado no brinda ningún tipo de asistencia a los refugiados
y espera que su condición de legalidad les permita procurarse
la subsistencia por sus propios medios, lo cual no es posible
en el caso de los solicitantes que exhiben en su documento de
identificación un párrafo que contiene la prohibición
expresa de emplearse o desempeñar cualquier actividad productiva
en el país, en tanto que con exagerada dificultad, pueden
acceder a la asistencia humanitaria de ACNUR, insuficiente, desagregada
y puntual. Esta situación de negación del derecho
al trabajo, pone a los solicitantes en mayores riesgos frente
a situaciones de abuso y explotación laboral que se hacen
cada vez más recurrentes.
Además de lo anterior, no existen enfoques diferenciales
en el proceso de reconocimiento y tratamiento a los refugiados
por parte del Estado, relacionados con el género, edad
u otras condiciones de vulnerabilidad, recomendados ampliamente
por ACNUR y recogidos a su vez en sucesivas recomendaciones de
la OEA sobre el tema a los Estados de la región. Las mujeres
acceden al status solo si demuestran, igual que los hombres, que
cumplen los requisitos para ello. En la práctica, aunque
el tratamiento diferenciado por género facilitaría
la elaboración de políticas humanitarias que tengan
en cuenta la situación particular de las mujeres y de políticas
públicas en general que las reconozcan, las incluyan y
las beneficien, el Estado no lo hace ni siquiera con las ecuatorianas
y este es un argumento que se toma como suficiente para evadir
un tratamiento de género en el refugio.
En este tema, a pesar de la existencia de numerosas directrices
contenidas en los mecanismos internacionales, que buscan ubicar
la perspectiva de género en la calificación del
refugio, tanto en lo sustantivo como en el procedimiento, como
es el caso de el Consejo Europeo sobre refugiados y exilados (ECRE),
las evidencias indican que no se toman en cuenta en ninguno de
los momentos. Ejemplo de ello es el hecho que las mujeres acompañadas
por sus maridos no son tenidas en cuenta de manera independiente
a la hora de hacer su solicitud y entrevista, concediendo este
derecho únicamente al jefe de hogar, es decir, al hombre,
pese a que las directrices indican que "cuando una mujer
aplique para el asilo como dependiente, debe ser informada "en
privado" de su derecho a hacer una solicitud independiente
en cualquier fase y a ser entrevista sin la presencia de miembros
de su familia" (8). Tampoco las mujeres
refugiadas son tenidas en cuenta de manera particular en la emisión
de los boletines estadísticos de la Cancillería,
desconociendo en este sentido las recomendaciones de la CEDAW.
En cuanto a otras instituciones del Estado como la Policía,
las irregularidades en el tratamiento a población en situación
de refugio son constantes y se relacionan principalmente con abusos
y excesos, desconocimiento de la condición y documentos
de los refugiados, detenciones, incautación de mercancías
y deportaciones y, cuando se trata de mujeres refugiadas, se suman
otros tratos relativos a la condición femenina, de manera
particular en el caso de las trabajadoras sexuales.
Mujeres colombianas refugiadas en Ecuador
Muchas de las situaciones que viven las mujeres refugiadas en
Ecuador, guardan estrecha relación con la violencia de
género que ellas también afrontan en el marco del
conflicto armado colombiano y del desplazamiento forzado.
Según estimaciones recientes de CODHES (9)
sobre el desplazamiento forzado en Colombia, el 49.5% (1'485.000)
de la población en situación de desplazamiento está
constituida por mujeres; y el 37.5% (556.875) de ellas son jefas
de hogar. Es necesario tomar en cuenta que además de las
situaciones generales causadas por el conflicto armado y la opción
de guerra desarrollada por el Estado, las mujeres desplazadas
enfrentan situaciones particulares de violencia y violación
de derechos humanos relativas a su género que afectan profundamente
su calidad de vida y su dignidad, pese a lo cual, se asiste al
desmonte de los enfoques diferenciales en la atención estatal
del desplazamiento y tampoco se encuentra un enfoque de género
en las organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales
que atienden el problema.
Los desplazados en Colombia soportan una situación de
rechazo generalizado que se torna aún más agudo
para aquellos provenientes de zonas de cultivos ilícitos,
quienes están legalmente excluidos de la atención
estatal, siendo por estas razones ocasionalmente forzados al retorno
en condiciones inseguras. Los asentamientos de desplazados en
las afueras de las grandes ciudades, en condiciones de extrema
pobreza y hacinamiento facilitan a menudo espacios de violencia
que afectan principalmente a mujeres y niños quienes con
mayor frecuencia son víctimas de desnutrición, violencia
doméstica, abuso sexual y explotación laboral entre
otras. Las mujeres desplazadas tras el rompimiento frecuente de
las unidades familiares por efectos de la violencia en sus regiones
de origen, en muchos casos, deben afrontar en las ciudades una
sobrecarga de actividades productivas para el sostenimiento de
la familia, enfrentándose además al dilema que propone
la necesidad del trabajo y el cuidado de los hijos.
Además de las situaciones anotadas, en los últimos
años, los actores armados del conflicto recurren cada vez
con mayor frecuencia al reclutamiento forzoso o bajo engaño
de menores de edad, principalmente mujeres o al acoso sexual a
éstas para convertirlas en sus mujeres, como mecanismo
a través del cual afianzar su dominio sobre la población
civil.
La situación de las mujeres colombianas refugiadas en
Ecuador, no es dura solo por el arrastre de los sufrimientos pasados,
sino además por el increíble parecido que tiene
con su situación anterior en Colombia.
Las refugiadas en Ecuador viven el rechazo de un modo más
drástico que las desplazadas en Colombia; un rechazo doble
por el hecho de ser refugiadas y colombianas. Un rechazo fundado
en el discurso perverso de los gobernantes de este país.
Un rechazo que puede hacerse múltiple, si a la condición
femenina se suman características de pobreza, de falta
de educación, de procedencia campesina o indígena,
de madre sola y de desempleada.
Las mujeres refugiadas en Ecuador, principalmente aquellas que
suman una o varias de las características señaladas
y en directa relación con su género, continúan
siendo víctimas de la violencia intrafamiliar, de abuso
y explotación sexual, de cargas productivas excesivas,
de condiciones laborales de explotación y abuso, entre
las más frecuentes, la servidumbre, la ausencia de contrato
y el no pago; continúan teniendo que decidir a la fuerza
entre el cuidado de sus hijos y la necesidad de un empleo; ellas
y sus hijos continúan en este país el tránsito
por la marginalidad y la exclusión de los servicios de
salud, de la educación, de la vivienda (10)
y, en general, de una vida digna.
El trabajo doméstico y la economía informal, especialmente
las ventas ambulantes, constituye el espacio de actividad productiva
más frecuentemente ocupado por las mujeres refugiadas,
en razón del desempleo creciente en Ecuador, de la discriminación
para ocupar otras plazas de empleo, de su relativa ilegalidad,
en el caso de las solicitantes o ilegales, de la posibilidad que
brinda a algunas de permanecer con sus hijos pequeños,
de su escaso nivel educativo o porque encontrándose en
la ciudad, les resulta más fácil este trabajo si
han sido amas de casa o campesinas. Pero también es este
el espacio en donde se expresa realmente una competencia por el
empleo con la población ecuatoriana desplazada del sector
formal en los últimos cuatro años, en donde también
la proporción femenina es mayor, y se relaciona con las
condiciones de desventaja en que las mujeres acceden al empleo
y con la forma en que ellas son afectadas por la crisis económica
(11). Por otra parte, el aporte económico
a la sociedad, de las mujeres, especialmente refugiadas vinculadas
a estos sectores laborales, es generalmente invisibilizado y no
se refleja en las estadísticas del Estado.
Las mujeres refugiadas, al igual que todos los refugiados, sienten
el apremio de encontrar una actividad económica o empleo
tan pronto llegan al país; sin embargo, esta búsqueda
se ve profundamente dificultada por al menos dos elementos:
1. La estigmatización por ser colombianas y representar
competencia por el empleo.
2. El hecho que las solicitantes están legalmente impedidas
de trabajar. Situación que resulta realmente grave si se
tiene en cuenta que en este primer período, desde la llegada
hasta la determinación favorable del status, las personas
no califican para recibir asistencia humanitaria de ACNUR, con
excepción de casos muy extremos. En el caso de quienes
reciben una calificación negativa la situación es
peor, porque además de permanecer en la ilegalidad, expuestas
a múltiples riesgos, no reciben ningún tipo de ayuda
y tampoco pueden apelar la decisión en condiciones de respeto
al debido proceso, pues les es negada la motivación de
la decisión.
Si el acceso al trabajo es difícil, no lo es menos el
acceso a vivienda, pues el estigma negativo hace necesario ocultar
la condición de refugiada, aunque el solo hecho de ser
colombianas, en muchos casos impide el acceso. Las mujeres refugiadas
solas, con hijos, recurren con frecuencia a acuerdos informales
con otras personas, ecuatorianas, colombianas o refugiadas, para
compartir la vivienda y los gastos, o el cuidado de los hijos,
entre otras formas de ayuda mutua, que también se constituyen
en ocasiones en factores de riesgo que exponen a las mujeres y
a sus hijos a episodios de violencia intrafamiliar y recarga de
actividades domésticas principalmente.
La reciente construcción de un imaginario negativo de
lo colombiano, a partir de la regionalización del Plan
Colombia, del conflicto colombiano y de la consecuente llegada
de refugiados y refugiadas a Ecuador, alimentado constantemente
en un discurso oficial denigrante, afecta profundamente las posibilidades
de integración de la mujer en la nueva sociedad y profundiza
las condiciones de negación de los derechos humanos fundamentales
a los refugiadas, deteriorando aún más las condiciones
de vida, en lo emocional, afectivo, en lo económico y en
lo social.
La integración al nuevo país pasa por una necesidad
de reconstruir la propia identidad, las costumbres y los afectos;
de construir y construirse formando parte de un nuevo tejido social,
es decir de construir un país para sí y para sus
hijos; así lo saben o lo presienten las mujeres, en cuyos
hombros descansa, por tradición, esta tarea de procurar
la estabilidad de la familia y de brindar a los suyos sustentos
sólidos en donde crecer, ser, querer y formar parte de;
porque al fin y al cabo, las personas son del lugar que construyen
y ese es el contenido que realmente subyace al concepto de nacionalidad,
más allá del reconocimiento legal de la misma. Las
refugiadas y sus familias tienen derecho a una nacionalidad, que
hoy por hoy tiene que ser provista por el país de acogida,
si se tiene en cuenta que en el caso colombiano antes de vislumbrarse
una solución, es posible que haya pasado una generación
entera, una generación que se niega a vivir o a morir en
la guerra, una generación integrada por una alta proporción
de mujeres que reivindican la opción por la paz y por la
vida.
Por otra parte, la integración de las refugiados al nuevo
país no constituye necesariamente una carga para el Estado
y las comunidades receptoras, sino más bien una oportunidad
de solidaridad, cooperación y mutua ayuda en busca de soluciones
a problemas comunes, en donde las mujeres en situación
de refugio, desde sus características específicas
de género, están en capacidad de aportar desde diversos
ámbitos a la sociedad y a la economía ecuatoriana.
Pero esta integración para los refugiados colombianos,
no es posible en un marco de denigración de lo colombiano
y de los colombianos, porque no se puede llegar a querer lo que
no nos acoge bien; no es posible en las condiciones que ofrece
el Estado ecuatoriano en la práctica y tampoco resulta
fácil en tanto la asistencia del ACNUR no trascienda del
asistencialismo básico -similar a la limosna- para dar
paso a una atención integral que permita efectivamente
la independencia económica y social de la mujer refugiada,
con base en la inserción en el nuevo país.
Las mujeres refugiadas no necesitan la lástima y la caridad
de la comunidad internacional, de un Estado o de una sociedad,
sino que son merecedoras de la solidaridad que nace del reconocimiento
de la dimensión humanitaria del refugio y que abre paso
a un apoyo verdadero.
La atención a las mujeres refugiadas no es un favor sino
un compromiso de los Estados que han asumido los instrumentos
internacionales de protección, principalmente aquellos
que han incorporado los derechos humanos en su constitución.
Es una condición fundamental en un mundo globalizado, en
el que tanto los Estados como los organismos internacionales que
rigen sus relaciones, participan por acción o por omisión
de la responsabilidad en la globalización de los conflictos
y de la guerra; es una condición de responsabilidad compartida
el asumir también de manera particular y global, la atención
de los efectos de esos conflictos y guerras. Es una tarea que
están obligados a asumir a cabalidad el ACNUR y los Estados.
Notas
1. Héctor Mondragón. Panel Iniciativas
y Luchas frente a la militarización y por la desmilitarización.
1er Foro Social de las Américas, 25-30 de julio de 2004
- Quito, Ecuador
2. Moisés Medrano, CODHES. Seminario nacional
MUJERES REFUGIADAS EN EL ECUADOR / REFUGIO Y GENERO Distintas
miradas, Quito, 29 y 30 de enero del 2004
3. ACNUR Consideraciones sobre la protección
internacional de los solicitantes de asilo y los refugiados colombianos.
Ginebra, Septiembre de 2002
4. 1er Foro Social de las Américas, 25-30
de julio de 2004 - Quito, Ecuador
5. En noviembre del 2003, el presidente ecuatoriano
emitió dos aseveraciones que han sido repetidas incesantemente
por los funcionarios gubernamentales y reproducidas en los medios
de comunicación. Estas son: "la violencia colombiana
nos trae delincuencia", y "no vamos a permitir que colombianos
y peruanos vengan a quitar el trabajo de ecuatorianos".
6. Se produjo la deportación de 60 extranjeros
desde el Ecuador, desde el 1 de julio que empezaron rígidos
controles migratorios: el 95% son colombianos. Ricardo Soberón,
Consejería en Proyectos, Informe de Fronteras Julio de
2004.
7. Ministerio de Relaciones Exteriores - Oficina
de Refugiados. Resultados reuniones de elegibilidad 2004
8. "La mujer y su condición de refugiada:
desafíos teóricos y metodológicos para el
trabajo de refugio". Gina Benavides, Comité de Latinoamérica
y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer. CLADEM-Ecuador.
Seminario Nacional MUJERES REFUGIADAS EN EL ECUADOR / REFUGIO
Y GENERO Distintas miradas, Quito, 29 y 30 de enero del 2004
9. Consultoría para el desplazamiento forzado
y los derechos humanos. Datos presentados en Seminario nacional
MUJERES REFUGIADAS EN EL ECUADOR / REFUGIO Y GENERO Distintas
miradas, Quito, 29 y 30 de enero del 2004
10. Kelly Engel Wells "Mujeres sin refugio"
INREDH, serie Investigación #8, 2004
11. Informe Sombra. A la Convención sobre
todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, CEDAW,
Ecuador, 2003
*Thania López.
Socióloga. Investigadora de la Fundación Regional
de Asesoría en Derechos Humanos, INREDH. Ponencia presentada
en la II Conferencia regional "Migración, desplazamiento
forzado y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar,
Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.
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