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1. Introducción
En los últimos años ha crecido el interés
de los investigadores sociales por el fenómeno migratorio.
De entre todas o muchas de las cosas que se han dicho, nos interesa
destacar aquellos aspectos que están relacionados más
bien con entender y situar la inmigración en el contexto
de la globalización. Partiendo de la postura de Boaventura
de Sousa Santos (1998:115 y ss) acerca de la precariedad de condiciones
de vida y del no respeto de los mínimos derechos humanos
que envuelve la movilización de los trabajadores y de los
refugiados (o aquellas personas que se ven obligadas a buscar
asilo en otros países), nos interesa llamar la atención
acerca de cómo esas limitaciones inciden en la construcción
de las tramas sociales (1) que articulan la convivencia
en distintos espacios (2) de las sociedades receptoras.
La inserción en las nuevas sociedades locales donde pasan
a residir ambos grupos de personas (trabajadores inmigrantes y
refugiados) supone la globalización de las condiciones
de precariedad y marginación, porque no se articulan tramas
sociales de reconocimiento y solidaridad (Gallardo 2000) con la
mayoría de quienes habitan en esas sociedades, sino por
el contrario el contacto entre colectivos locales e inmigrantes
se da desde dinámicas de discriminación y exclusión.
Si a nivel general en la sociedad actual se observa una cultura
de ausencia de derechos humanos (Gallardo 2000: 117-149), situándonos
en el caso concreto de los trabajadores inmigrantes esta ausencia
es mayor: no sólo por la precariedad de condiciones socioeconómicas
en la que deben desarrollar su existencia, sino porque en muchas
ocasiones no son considerados ciudadanos, rompiéndose la
articulación con el espacio de ciudadanía dentro
de los Estados donde han pasado a residir. Para las sociedades
receptoras o locales a escala mundial está resultando problemático
asumir a determinados migrantes económicos (los ejecutivos
de las grandes corporaciones transnacionales no constituyen por
ejemplo ningún tipo de inconveniente), sobre todo en aquellos
países considerados "desarrollados", en los cuales
esa aceptación más bien es en función circunstancial
y mediada por la necesidad económica de la mano de obra
que su población no puede o no quiere cubrir.
Utilizando el principio hologramático de Edgar Morin,
según el cual el menor punto de la imagen de un holograma
contiene la casi totalidad de la información del objeto
representado (2001:107), aquí expondremos una situación
particular para señalar las relaciones que se tejen entre
población local y población inmigrante en España,
situación que sirven para ejemplificar la complejidad que
reviste el proceso de adaptación y convivencia entre unos
y otros. Aquello nos provee de un marco para apreciar las consecuencias
sociales concretas de la movilidad de ecuatorianos al territorio
español. Se expondrá específicamente el caso
de los ecuatorianos que viven en el municipio de Vera (Almería)
tomándose algunos datos del Informe Final de la Primera
Fase (en adelante será referido como Informe) de
una investigación en curso que desarrollamos en la Universidad
Pablo de Olavide (UPO) desde Sevilla. (3)
Aquí nos interesa caracterizar los términos en
que se produce la convivencia en el municipio de Vera entre la
población local y los inmigrantes (particularmente ecuatorianos),
es decir cómo confluye la articulación de relaciones
entre los diversos colectivos:
1. Españoles-inmigrantes en general, porque a enero
de 2003 había miembros de hasta 40 nacionalidades residentes.
2. Entre los distintos colectivos de inmigrantes, aunque
los ecuatorianos son el grupo de extranjeros más numeroso.
3. Al interior del colectivo de ecuatorianos, porque aunque
todos proceden del mismo país, son originarios de gran
diversidad de lugares o regiones ecuatorianas, además de
que en Vera está situado el núcleo más importante
de indígenas Saraguro residentes fuera del Ecuador.
Antes de abordar la esfera de relaciones sociales de los ecuatorianos
(indígenas y no indígenas), en los apartados 3 y
4 describiremos el contexto en que ellas se inscriben.
2. El municipio de Vera
El municipio de Vera esta localizado en la costa del Levante
almeriense, a 92 kilómetros de Almería capital y
tiene una extensión total 58 km2 con una altitud sobre
el nivel del mar de 95 metros (4). A noviembre
de 2003 la población total era de 9.677 habitantes, según
las cifras del Padrón Municipal; esta población
está concentrada sobre todo en el núcleo urbano
más que en los siete kilómetros de playa que posee
el municipio; sin embargo, se estima que en los meses de verano
pueden llegar a habitar Vera cerca de 25 mil habitantes, mientras
en el invierno serán unos 11 mil habitantes.
Vera vivió un periodo de decadencia a principios del siglo
XX por la crisis minera y el declive de la agricultura tradicional,
lo cual supuso el incremento de la emigración de su población
que como fenómeno generalizado llegó a extenderse
hasta 1970 (5). La recuperación del
crecimiento negativo de la población se da a partir de
la década de los años 80 (6), observándose
además el incremento de población extranjera. Estos
cambios están asociados sin duda al despegue económico
dado el crecimiento del turismo en la zona (por ejemplo, la proximidad
de Mojácar y por las propias condiciones naturales de Vera)
(7), y el progreso alcanzado por la agricultura
intensiva y de regadío a partir de finales de los años
60, que logra después obtener cosechas incluso en zonas
afectadas por la desertificación.
Los sectores más dinámicos de la economía
empresarial se concentran en la actividad agraria, comercial,
la construcción, la hostelería, el transporte y
una pujante industria, que han venido a dinamizar las actividades
agrícola y comercial tradicionales. En este sentido, existen
múltiples servicios generados por la actividad empresarial
y comercial, (8) además de oficinas públicas,
por lo que desde las comarcas vecinas -como Mojácar, Antas,
Los Gallardos, Cuevas de Almanzora, Garrucha o Pulpí- acuden
gran cantidad de personas.
3. Extranjeros en Vera: los ecuatorianos
La población extranjera en Vera se ha incrementado en
los últimos años del siglo XX, alcanzando a noviembre
de 2003 el 17,03% respecto de la población total del municipio
que en ese mes fue de 9.677 habitantes. Los extranjeros son de
hasta 40 nacionalidades distintas, siendo los países con
mayor número de residentes registrados en el padrón
municipal: Ecuador (663 personas), Reino Unido (282), Rumania
(107), Colombia (69), Argentina (63), Alemania (54), Francia (48),
Lituania (45), Marruecos (43), Bélgica (40), Italia (31),
Rusia (29), Holanda (28), Polonia (23) y Ucrania (21), por mencionar
solo aquellos con más de 20 personas (9).
Tal como se aprecia en estas cifras, el mayor colectivo de extranjeros
en Vera procede de Ecuador que alcanza el 40,23% del número
total de extranjeros, lo que representa el 6,85% del total de
habitantes residentes en el municipio, sean españoles o
foráneos.
Hay que decir que estas cifras del número de extranjeros
no dan cuenta de la totalidad de la realidad poblacional observada
puesto que, tal como constatamos ocurre en el caso de los ecuatorianos,
no todos los extranjeros están registrados en el padrón
municipal, especialmente aquellos que han migrado por razones
económicas y carecen del permiso de residencia y trabajo.
Entre los ecuatorianos que fueron encuestados en Vera, por ejemplo,
el 32,7 % indicó no estar empadronado; por eso nos atrevemos
a calcular más bien que la población total de ecuatorianos
que viven en este municipio almeriense podría fluctuar
entre las 900 y 1000 personas.
Asimismo se destaca, entre la población ecuatoriana, la
presencia de un núcleo importante de indígenas Saraguro.
El 22,7% de ecuatorianos que respondieron a nuestra encuesta es
indígena frente al 77,3% que no lo es (10),
constituyendo este el único dato concreto que tenemos de
población indígena en Vera, si bien se podría
estimar -por observación y por conversaciones ahí
sostenidas, aunque con temor a equivocarnos- que deben existir
en esa zona entre 150 y 350 indígenas.
Según los testimonios de vecinos de Vera, fueron saraguros
los primeros inmigrantes ecuatorianos que aparecieron en la zona
aunque no se ha podido precisar con exactitud el año de
llegada, si bien la mayoría de las versiones aportadas
por ecuatorianos y españoles indican que lo hicieron aproximadamente
hace 6 años. Tal llegada a Vera, junto con la del resto
de ecuatorianos no indígenas, se inscribe dentro de la
oleada migratoria que a partir de 1996 se produjo desde Ecuador
hacia España (11) a raíz de la
crisis más aguda que soporta su economía, tornándose
cada vez más visible su presencia en el territorio español,
en especial en zonas con demanda de mano de obra para la agricultura
y servicios. (12)
Los indígenas Saraguro que viven en Vera, tanto hombres
como mujeres, se ocupan mayoritariamente en el sector de la agricultura:
en las plantaciones de cítricos (naranja, limón),
tomate, brócoli, lechuga, etc., pero también en
tareas de jardinería y de regadío en los campos
de golf que se están construyendo en esa zona del Levante
almeriense. Además, algunos hombres Saraguro se emplean
como albañiles en la construcción. En Vera, lo que
más los distingue a los saraguros del resto de ecuatorianos
es que la mayoría de los hombres conservan la "coleta"
(melena recogida a la nuca en trenza o simplemente atada hacia
atrás) entre los hombres, y las faldas negras y largas
de las mujeres (las faldas se cambian por pantalones cuando van
a trabajar en los invernaderos). Son escasos los hombres que llevan
sombrero negro (el "bombín", como dicen los españoles).
Para caracterizar las relaciones que se forjan en el espacio
de la producción y distribución (trabajo y mercado)
y que constituyen el contexto en el que se establecen las relaciones
entre españoles y ecuatorianos en Vera, indicaremos que
casi el 70% de los ecuatorianos entrevistados vive en el centro
de Vera; 17% residen a las afueras (en los cortijos y en casas
de las playas), mientras el 13 % restante vive en los pueblos
vecinos (Cunas, Mojácar, Garrucha, Cuevas, Antas, etc.).
Es una población sobre todo masculina (65%) y que ha contraído
matrimonio legalmente (60%), si bien el porcentaje de solteros
es del 22% y de quienes viven en unión el 12%. En general
tiene un nivel de instrucción media, preparación
que se corresponde con las actividades que realizaban en el Ecuador
porque si bien la gran mayoría se dedicaba allí
a actividades secundarias y terciarias, existe también
un porcentaje significativo que se ocupaba en la agricultura.
(13)
Los ecuatorianos que llegaron a la comarca de Vera provienen,
en su gran mayoría, de los llamados sectores medios-bajos
y populares (con recursos -materiales y contactos- que de alguna
manera les permitieran arriesgarse, y tomar la decisión
de endeudarse (14)) que vivían en pequeñas
ciudades y localidades ubicadas sobre todo en la Sierra antes
que en la Costa, y en áreas más rurales y periféricas
que urbanas. Migraron a esta zona del Levante almeriense sobre
todo por razones económicas, pero también motivados
por los lazos familiares y de amistad. En cuanto a las primeras
(razones económicas) son dramáticos los testimonios
que narran las condiciones humanas, y las deudas que han debido
contraer para buscar en España una solución para
salir de la pobreza y la miseria general que afecta a un país
entero (15). Refiriéndonos a las segundas,
es decir, aquellas razones que tienen que ver con las redes sociales,
en Vera el 90% de los ecuatorianos encuestados tiene algún
familiar residiendo en territorio español, además
del hecho de que para el 53% Vera es la primera localidad a donde
llegaron a residir al salir del Ecuador. (16)
El 87,7% de los ecuatorianos indicó tener en Vera trabajo
remunerado frente al 12,3% que estaba desempleado (17).
De acuerdo a la estructura sectorial, el 58,7% trabajan en la
agricultura; 19,5% en la construcción; 11,8% en servicios
y apenas el 3,2% lo está en la industria. Apenas el 37
% manifestó tener contrato de trabajo, si bien un 11 %
de entrevistados de negó a contestar esta pregunta.
Entonces, en el espacio de la producción y la distribución
las relaciones que se tejen entre españoles y ecuatorianos
están mediatizada por las condiciones de trabajo precario
y sin mayor seguridad y estabilidad, así como por la falta
de regularización de su estancia en España, puesto
que el 58,6% de los ecuatorianos no tenía papeles (carecer
del permiso de residencia y trabajo), mientras los que sí
contaban con la documentación en regla era el 35,9% y tan
sólo el 5,5% había iniciado el trámite de
regularizarse. Esto contrasta con las cifras de inscripción
en el padrón municipal (que indica únicamente que
esa persona se halla viviendo en determinado municipio), pues
están empadronados el 67,3% frente al 32,7% que no lo están
(18). Estas cifras ponen de manifiesto uno de
los más grandes problemas que tienen en España los
extranjeros indocumentados (no sólo ecuatorianos), pues
a efectos de la normativa jurídica vigente, su situación
administrativa irregular los convierte, como dice Solanes, en
no-sujetos, al no reconocerles prácticamente ningún
derecho, y les condena a vivir y trabajar en condiciones de explotación
y marginalidad (2003:79).
Por ello existe una correspondencia de esa situación de
precariedad del espacio de la producción y la distribución
con las relaciones desarrolladas en el espacio de la ciudadanía
(con relación al Estado español), pues la mayoría
de ecuatorianos al no estar regularizados no son ciudadanos de
pleno derecho o "ciudadanos plenos" (Boaventura 1998:
147), ya que no tienen garantizados los mismos derechos que los
ciudadanos españoles o de la Unión Europea. Estas
condiciones de precariedad tienen su correlato en el espacio doméstico
y son numerosos los testimonios al respecto. Por ejemplo: el temor
a ser expulsados es una constante en las vidas de estos "sin
papeles", y hay relatos de períodos en los que tuvieron
o tienen que pasar encerrados en los cuartos que alquilan por
temor a ser deportados; otros que señalan que han tenido
que ir a vivir en cortijos en malas condiciones para así
evitar salir a la ciudad y que en algún momento se les
solicite los "papeles"; o casos en que han tenido que
salir huyendo por los campos cuando se produce un control de los
inspectores de trabajo en los invernaderos para ver si quienes
trabajan tienen la documentación en orden.
La condición de precariedad también está
presente en el espacio doméstico en lo que se refiere al
aspecto de la vivienda. En Vera existe una escasez general de
vivienda, por lo que el hacinamiento y las malas condiciones de
habitabilidad en las casas o "pisos" (departamentos)
es la característica principal en muchos casos (19).
4. Sociedad local: espacios comunes y tramas sociales
En este apartado se caracterizará la esfera de relaciones
que tejen los ecuatorianos, porque así se ofrecen pistas
de la complejidad manifiesta en la articulación entre la
población autóctona y los inmigrantes en un contexto
concreto como es el municipio de Vera. Para tal efecto, distinguiremos
tres formas de relaciones: 1) las que se articulan entre españoles
con los ecuatorianos; 2) las que se establecen entre el resto
de extranjeros con los ecuatorianos; 3) las que se registran al
interior del colectivo de ecuatorianos.
Si indagamos en las tramas de la relación entre españoles-ecuatorianos
a la luz de la opinión que tienen los españoles
acerca de los ecuatorianos (sean o no indígenas), se observa
que:
a. En términos generales, existe una predominante opinión
positiva aunque bastante paternalista sobre los ecuatorianos que
los señala como gente buena, amable, servicial, dócil
y que se adapta con facilidad. Las respuestas señalaron
que los ecuatorianos tienen esa facilidad porque sus raíces
culturales eran parecidas a las locales, e incluso algunos españoles
apuntaron que se debía a que eran sumamente diferentes
a los marroquíes (los moros, como los suelen llamar),
-decían-quienes eran malos en sí. Es frecuente
encontrar en España este estereotipo cargado de racismo
contra los magrebíes, pero en Vera, a diferencia de otras
zonas como El Ejido, no se ha producido ningún asedio y
ataque contra ese colectivo, por lo que las respuestas que recogimos
son un indicio del tipo de estereotipos que circulan en la sociedad
española, difundidos no sólo a través de
los medios de comunicación, sino también desde los
discursos políticos y la academia (20).
b. Existe una opinión paralela, pero más minoritaria
y de tinte expresamente negativo que señala los defectos
que se observan en los ecuatorianos. Así son caracterizados
en general como personas con problemas alcohólicos; que
conducen coches sin licencia (el "carné" o permiso
de conducir); que se pelean entre ellos; que pegan a sus mujeres
o tienen problemas relacionados con la ruptura de las parejas
(cónyuges que abandonan a su pareja y se van a vivir con
otro ecuatoriano/a, o incluso las ecuatorianas con españoles).
El consumo de alcohol aparece como el principal problema que tienen
los ecuatorianos, y está relacionado con los accidentes
de tráfico, peleas y escándalos en la calle que
ocurren a veces los fines de semana, así como el irrespeto
de los espacios públicos (se orinan en los parques, plazas
y calles) (21).
Acerca de la opinión que tienen los españoles veratenses
de los indígenas de Saraguro en particular, y los problemas
que más los afectan, las respuestas se concentraron en
torno al alcoholismo. Algunos entrevistados señalaron incluso
que los saraguros bebían más que el resto de ecuatorianos,
y que luego permanecían tirados por las calles.
Otras opiniones, con menos cantidad de respuestas, tienen que
ver con la integración de los saraguros: algunos indicaron
que percibían una menor integración con los españoles
(bastante menos que en el resto de ecuatorianos), mientras otros
los ven como un grupo separado del resto de ecuatorianos. Para
otros, en cambio, los problemas que padecían los saraguros
eran la falta de vivienda y de trabajo.
Los ecuatorianos por su parte, en lo que se refiere al espacio
doméstico y comunitario, señalan su descontento
por vivir en un pueblo al que no terminan de acostumbrarse: además
de los problemas que tienen directa relación con las condiciones
laborales, de vivienda o de transporte, indicaron en las entrevistas
la falta de libertad que padecen. Algunos manifestaron no poder
salir a jugar o divertirse el fin de semana porque no hay un espacio
idóneo para hacerlo como alguna cancha de fútbol
o voleibol, o la imposibilidad de realizar cualquier fiesta con
música, porque enseguida se quejan los vecinos.
De otro lado, se debe destacar cómo el prejuicio que los
españoles tienen hacia los marroquíes se ha transmitido
y hecho suyo por algunos ecuatorianos. Respuestas tales como las
anotadas en párrafos anteriores de que los marroquíes
eran malos, también fueron explicitadas por algunos
ecuatorianos, quienes indicaron que los moros eran personas
malas y con quienes no conviene tener relación. Pero, al
ser preguntados por la experiencia concreta que ocasionaba tal
opinión negativa, dijeron que no tenían ninguna
y a veces ni siquiera conocían a algún marroquí,
o tan solo los habían observado de lejos en las calles
de Vera.
Una referencia especial merece el colectivo de gitanos, porque
representa un porcentaje importante de los habitantes españoles
de Vera (20-25%). Con el colectivo gitano existe un enfrentamiento
directo y en algunos casos explícito con respecto a los
ecuatorianos, porque los unos y los otros cruzan los mismos espacios.
Así por ejemplo, en una pelea iniciada entre adolescentes
ecuatorianos y gitanos, se involucraron los clanes de gitanos
que persiguieron a todos los ecuatorianos que habitaban en un
bloque de viviendas, y la autoridad de la ciudad tuvo que mediar
en esa situación. En la encuesta recogimos asimismo las
respuestas de algunas gitanas que manifestaron abiertamente que
los ecuatorianos debían regresar a su país, (22)
que los gitanos se estaban quedando sin trabajo porque los ecuatorianos
cobraban salarios más bajos, o que los ecuatorianos bebían
mucho y tarde o temprano causarían algún accidente
como ya ocurrió en un pueblo vecino. Hubo también
opiniones negativas acerca de las mujeres ecuatorianas que les
robaban los maridos.
4.1 Las diferencias entre ecuatorianos
La complejidad que caracteriza las relaciones entre los colectivos
hasta aquí descritos se extiende también al interior
de cada uno de ellos. En el caso que aquí nos interesa,
diremos que los ecuatorianos no son un grupo homogéneo
y existen entre ellos algunas distinciones marcadas por:
a. La región o zona de procedencia en Ecuador. La división
regional en espacios marcados por la geografía del territorio,
pero que también obedecen a un proceso de larga tradición
histórico-cultural, constituye uno de los ejes que caracterizan
la personalidad del país (23). En Vera,
el 68% de los entrevistados proceden de la Sierra, el 28% de la
Costa y el 4% de la Región Amazónica u Oriente.
b. La ciudad o localidad de donde eran originarios. El porcentaje
más alto de entrevistados era de Saraguro (31%), cantón
localizado en la Sierra sur ecuatoriana, quedando bastante atrás
el porcentaje de personas procedentes de las dos ciudades más
importantes del país: Quito (9,6%) y Guayaquil (5%). La
otra gran proporción de entrevistados provenía de
ciudades distintas a esos ejes o de localidades de menor tamaño
rurales y periféricas, por ejemplo, Ambato, Pallatanga
y Santo Domingo de los Colorados.
c. La presencia de indígenas. Aunque no todos quienes
proceden del cantón Saraguro pertenecen a la etnia de este
nombre, hay un grupo bastante representativo de población
indígena plenamente identificado que es originaria de allí,
si bien es cierto que algunas características externas
como su vestimenta tradicional son de uso menos frecuente en Vera.
d. La reproducción de los patrones o modelos (de Ecuador)
que marcan las relaciones entre indígenas y los no indígenas
(mestizos). Aquello da lugar muchas veces a comportamientos
y actitudes racistas, y de menosprecio por la condición
de indígena (24).
Estos elementos configuran entonces, en forma distinta, la relación
que se teje en los distintos espacios en los que se desenvuelve
la vida de los ecuatorianos en Vera. En el espacio doméstico
y de comunidad existe alguna segregación, no radical y
sin alcanzar el enfrentamiento directo, dependiendo si se es indígena
o mestizo por concurrir a un determinado espacio, como el preferir
utilizar un locutorio u otro para hacer las llamadas telefónicas,
o los grupos de juego que se forman en las canchas de voleibol
y fútbol, o entre quienes concurren al Convento de Franciscanas
en busca de ropa donada.
En Vera las relaciones entre ecuatorianos podrían caracterizarse
en el espacio doméstico y el espacio de la comunidad en
cierta medida por la falta de solidaridad debido a las siguientes
razones:
a. Reproducción de la explotación de la que son
objeto: el que puede sacar algún beneficio para sí
lo hace sin considerar para nada que con ello está perjudicando
a otro. Esto es motivo de malestar entre quienes los padecen;
rencores que luego se desquitan en quien los ocasionó
o con otros; y peleas y disputas entre ecuatorianos, etc.
b. Reproducción de machismo y de relación patriarcal
evidenciada, por ejemplo, en las expresiones de humor o en la
violencia física contra las mujeres. Se censuraba, por
ejemplo, a las mujeres como causantes de las rupturas matrimoniales,
al encontrar aquí nuevas parejas.
c. Reproducción de ejes de racismo. Por ejemplo, algunas
expresiones racistas se han transmitido también a la población
local de Vera, tal como el uso del término indio
para referirse al indígena Saraguro con esa misma connotación
despectiva que tiene en Ecuador. Sobre esto último diremos
que algunas de las respuestas dadas sobre los rasgos que identifican
a los saraguros se hicieron a través de la utilización
del término indio. Aunque en Vera -hay que reconocerlo-,
todavía los pobladores autóctonos no han llegado
a casos extremos de hacer pintadas xenófobas como las que
aparecieron en Totana en el año 2000, cuando en las paredes
de una calle se podía leer: ¡Fuera indios ecuatorianos!
(25).
Pero estas razones no nos impiden dejar de mirar el otro lado
del espacio doméstico y el espacio de comunidad en los
cuales los ecuatorianos han tenido que refugiarse, fortalecerse,
y desde allí enfrentar el proceso migratorio: en ambos
espacios (doméstico y de comunidad) existen también
círculos atomizados en donde se comparten y construyen
tramas sociales de reconocimiento y solidaridad con los cuales
se enfrenta la desigualdad, discriminación y exclusión
del día a día. Son en estos círculos atomizados
de solidaridad en donde nacen las cadenas y redes sociales de
migración que organizan los contactos y los viajes hacia
el país y la ciudad de destino, en este caso a Vera. Esto,
claro, sin desconocer que en muchas de esas cadenas y redes sociales
los lazos son de explotación y de extorsión de las
necesidades y urgencias del que migra, alimentando el enriquecimiento
de mafias y de particulares.
Por lo observado en Vera, sabemos que estos círculos atomizados
de solidaridad se inician desde el mismo instante en que la familia
comienza a pensar en la posibilidad de que emigre alguno/s de
sus miembros, antes incluso de pensar en el posible destino (26).
Desde esos pequeños círculos de solidaridad que
existen es desde donde se puede enfrentar la precariedad de condiciones
de vida y del no respeto de los mínimos derechos humanos
que envuelve la movilización de los trabajadores y de los
refugiados, o de aquellas personas que se ven obligadas a buscar
asilo en otros países.
5. En torno a las consecuencias de la migración de ecuatorianos
en Vera
Determinar las consecuencias sociales de la migración
la sociedad local concreta quedaría incompleto si no hacemos
alusión al hecho de que la existencia de los migrantes
será articulada desde una constelación de tramas
sociales en donde se plasma y evidencian diferentes niveles de
al menos los dos sistemas de pertenencia jerarquizada presentes
en la sociedad actual señalados por Santos (2003[b]: 125-165):
estos son los sistemas de desigualdad y de exclusión. La
presencia de ambos tipos ideales en una sociedad concreta se observa
a través del análisis en situaciones específicas,
por lo que en función de los espacios sociales que distinguimos
en Vera, las relaciones de desigualdad y exclusión, se
hallan presente en los siguientes espacios:
Con respecto a la desigualdad:
- En el espacio doméstico: 1) por las condiciones tanto
de acceso a la vivienda al no haber suficiente oferta de alquileres,
y cuando las hay no se les alquila por su condición de
inmigrantes, pero también por las precarias condiciones
de las viviendas en que residen, a lo que se suma el hacinamiento
de personas en reducidos espacios por los que se pagan excesivos
precios; 2) el acceso a la salud pública, limitado a solo
aquellos inmigrantes que tienen la tarjeta de seguridad social
y la tarjeta sanitaria; 3) por las condiciones sexistas que impregnan
de violencia el ámbito familiar y el espacio público,
donde el machismo y el paternalismo aparecen como los patrones
que marcan las relaciones entre hombres y mujeres, no solo entre
ecuatorianos sino también con respecto a los españoles.
- En el espacio de la producción y la distribución
(trabajo y mercado): 1) por las precarias e inestables condiciones
de trabajo, sin contratación ni seguridad social, además
de inexistentes garantías en las condiciones de salud y
seguridad social que caracterizan la economía sumergida
en que se desenvuelven; 2) abusos en el pago de salarios; vejaciones
y atropellos, e imposición desde el poder; 3) oferta y
demanda de trabajo marcada por las necesidades del sector agrícola
y de la construcción, porque el crecimiento o la contracción
de ambos sectores son los que deciden el ir o venir de los flujos
migratorios y sus circunstancias; 4) acceso limitado de las mujeres
al trabajo; 3) sexismo en la integración laboral de la
mujer al trabajo.
- En el espacio de la comunidad (entre colectivos en general):
1) porque los españoles generalmente miran como inferior
a cualquier trabajador inmigrante, y no lo consideran su igual;
2) aparece también como inferior el colectivo gitano, cuya
imagen está cargada de estereotipos; 3) son también
los estereotipos las bases sobre las que se construyen las etiquetas
que caracterizan, identifican y jerarquizan a los distintos colectivos
de extranjeros.
- El espacio de la ciudadanía (con relación al
Estado): 1) leyes y normas de inmigración cargadas de requisitos
de difícil acceso; 2) condición de subordinación
del inmigrante, que se vuelve marginación e invisibilidad
en el caso de los extranjeros no regularizados. Así mismo,
obtenida la condición de trabajador, sólo se le
reconoce su utilidad productiva, pero no se le considera ciudadano
con plenos derechos.
En cuanto a las relaciones de exclusión, estas se observan
en los siguientes espacios:
- En el espacio doméstico: 1) racismo previo con el que
el resto de ecuatorianos excluye al indígena, evidenciado
en actos o expresiones cotidianas, lo que genera la formación
de grupos aislados de unos y otros, con escasas posibilidades
de diálogo y encuentro; 2) extensión de estos prejuicios
racistas entre los españoles (sean o no gitanos)
- En el espacio de la producción: 1) por falta de regularización
quedan al margen de la oferta de trabajo, pero también
de la posibilidad de acceder a préstamos o algún
tipo de crédito; 2) los desempleados, porque quedan fuera
del mercado y sus condiciones de vida y de inclusión social
parecen no existir. Ellos ni siquiera pueden ser incluidos en
una situación de desigualdad, porque al carecer de trabajo
no se les puede reconocer como mínimo una situación
de subordinación; 3) desvalorización por racismo
del trabajo de inmigrantes de acuerdo al lugar de procedencia
- En el espacio de la comunidad: 1) generalización a todo
el colectivo de ecuatorianos de problemas puntuales tales como
el alcoholismo, el conducir sin carné, haber provocado
algún accidente o muerte; 2) circulación y apropiación
de prejuicios y estereotipos racistas que desde los españoles
existen hacia gitanos y marroquíes;
- En el espacio de la ciudadanía: 1) no hay valoración
de las diferencias de inmigrantes en general; 2) esencialización
de las diferencias entre colectivos de inmigrantes; 3) importancia
sólo de los valores occidentales en desmedro de los valores
culturales de los pueblos indígenas como los Saraguro,
que únicamente pueden expresar sus particularidades y diferencias
en el ámbito privado; 4) sólo se implantan políticas
de homogenización y asimilación bajo el predominio
de la cultura del país de destino.
Las situaciones de desigualdad y exclusión hasta aquí
evidenciadas no son exclusivas de Vera y en líneas generales
pueden hacerse extensibles a otras localidades españolas,
si comparamos los términos similares en que se hallan descritos
por César Manzano cuando habla de los prejuicios, hechos
discriminatorios, actitudes y prácticas racistas que afectan
a los inmigrantes extracomunitarios en España (2004:
123-149).
Pese a todo esto, en Vera se da la existencia de pequeñas
esferas de resistencia frente a estos dos sistemas de jerarquización.
En los diversos espacios se observa el surgimiento de relaciones
marcadas por la solidaridad por parte de españoles, de
ecuatorianos y otros colectivos de inmigrantes, circunscritas
muchas veces al ámbito privado, pero también impulsadas
en lo público, a través de instituciones públicas
y privadas de Vera. Se procura sobre todo apoyar y solucionar
las necesidades más urgentes que les surgen.
Sin embargo, estas pequeñas esferas resultan insuficientes,
por lo que en función de las demandas del colectivo de
ecuatorianos se observa la necesidad de implementar políticas
que rompan con los mecanismos de desigualdad y exclusión
que impregnan los espacios de las relaciones sociales antes descritos.
En este sentido, son necesarias más políticas de
acompañamiento, pero sobre todo de acciones que impliquen
el fomento y respeto por la diferencia entre y al interior de
todos los colectivos que habitan en Vera; de ahí la importancia
de instancias participativas en donde todos puedan dotar de sentido
a las acciones y a las políticas que se desarrollen en
su beneficio.
La necesidad de una política multicultural es vital porque
constituye un instrumento a partir del cual será posible
articular la diversidad sin que ello implique la subordinación
desigual y excluyente planteada por los vigentes modelos de política
homogenizadora y homogeneizante. Además, sólo así
se llegarán a romper estereotipos y prejuicios que introducen
fracturas y justifican tanto la desigualdad como la exclusión,
puesto que circulan por todos los espacios de las relaciones sociales,
esencializando y jerarquizando las diferencias entre colectivos
e impidiendo que los individuos logren emanciparse del racismo
y el sexismo.
Por eso, a la hora de medir las consecuencias sociales de la
migración de ecuatorianos en el municipio de Vera deberá
considerarse si se han tomado medidas concretas para solucionar
los problemas puntuales y prioritarios que tienen estos inmigrantes:
la regularización, la vivienda y el trabajo. Estos tres
aspectos plantean problemas estructurales de urgente y necesaria
solución, porque constituyen el fondo sobre el que se tejen
exclusiones y subordinaciones discriminatorias y sexistas.
Especial mención tiene el problema de la regularización,
porque se inscriben en buena medida bajo el clamor y preocupación
general, no sólo de inmigrantes -que llevan años
a la espera de un proceso de regulación extraordinario-,
sino de la preocupación de la sociedad local para que se
resuelva la situación de los sin papeles, porque
a su vez deviene en un círculo vicioso en el cual se alimenta
la precariedad laboral y de vivienda.
Y, de allí, la búsqueda de solucionar una serie
de carencias más puntuales que tienen que ver con: salud,
necesidad de asesoramiento en cuestiones laborales, violencia
doméstica, alcoholismo, necesidad de una guardería,
dificultad de acceso a transporte público, y necesidad
de apoyo para desarrollo personal y comunitario. Esto ultimo es
esencial pues supone el buscar y conseguir la implicación
mayor de los mismos ecuatorianos en la solución de sus
problemas a través del fomento de una colaboración
personal más estrecha con las asociaciones existentes,
además de hacer partícipe en ellas a españoles
e inmigrantes de otras nacionalidades.
Por último, decir que es necesario que las lógicas
y dinámicas de igualdad y emancipación que se fomenten
sean extendidas a todos los integrantes de la sociedad veratense,
puesto que no se trata de un asunto que concierna exclusivamente
a los inmigrantes (ecuatorianos y de otros colectivos) que allí
trabajan temporalmente, ni a los centros e instituciones sociales
que les brindan algún tipo de apoyo. Asimismo, las medidas
que se adopten deben aplicarse en todos los espacios sociales,
a partir de los cuales se articulan las relaciones (como señala
Santos, el espacio doméstico, espacio de la producción,
distribución o mercado, espacio de la comunidad, espacio
de la ciudadanía y espacio global). Los sistemas de desigualdad
y de exclusión también son observados en las relaciones
sociales que construyen los españoles en distintos espacios,
y allí también se aprecian lógicas de desigualdad,
discriminación y exclusión que hay que enfrentar.
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Notas
1. Este concepto de tramas sociales es
de Helio Gallardo (2000: 286): él distingue entre tramas
sociales que pueden ser tendentes a consolidar y reforzar dominaciones
e imperios o tendentes a potenciar a sus distintos actores para
que transformen o superen los límites que niegan o sobrerreprimen
su autoconstitución como sujetos.
2. En esta exposición manejaremos la concepción
de espacio señalada por Boaventura de Sousa Santos
(2003[a]: 309-315) que resulta muy útil para distinguir
mejor, antes que separar, aspectos que en la realidad concreta
están entremezclados, por ello diferenciaremos entre: a)
el espacio doméstico (familia); b) el espacio de la producción
(trabajo) y de la distribución (mercado); c) espacio de
la comunidad (entre grupos y colectivos en general); y, d) espacio
de la ciudadanía (entre ciudadanos con relación
al Estado).
3. Se trata del "Proyecto de Investigación
Modelo autóctono de desarrollo/intervención en inmigración:
proyecto Saraguro", bajo la dirección del Dr. Juan
Marchena Fernández. El proyecto se compone de dos fases,
una primera ejecutada por mí entre octubre de 2002 y octubre
de 2003 y cuyo informe final contiene un diagnóstico de
las condiciones de vida de los ecuatorianos allí residentes,
con especial atención en los indígenas Saraguro.
La segunda fase, a iniciarse en el año 2005, supondrá
la intervención en las principales problemáticas
allí detectadas. Los datos estadísticos que utilizaremos
en esta ponencia corresponden a una muestra elaborada a partir
de un total de 290 encuestas realizadas en ese municipio almeriense,
entre junio y julio de 2003, a ecuatorianos (220 encuestas), a
españoles (60 encuestas) y a otros extranjeros (10 encuesta
solo para referencia).
4. Sistema de Información Multiterritorial
de Andalucía (SIMA)-Vera (Almería) www.juntadeandalucia.es/istitutodeestadistica/sima/sima/htm/sm04100,
del Instituto de Estadística de Andalucía (IEA).
5. La población se redujo a principios
de siglo aproximadamente a 4 mil habitantes. El destino de la
emigración veratense a finales del siglo XIX fue Argelia;
a principios del XX Argentina y otros países americanos
y, en los años 50-60 Barcelona, Francia, Alemania y Suiza
(Andrés, 1996:622).
6. Llama la atención que en 1996 se registraron
6.453 habitantes, es decir, 1.993 personas menos que las registradas
en 1990. Ver Güichal, Muñoz y Pérez (2002).
7. Ver Antonio Pozo Oller (2001).
8. Hasta enero de 2003 se registraron en el municipio
un total de 663 establecimientos empresariales. SIMA-Vera (Almería),
www.juntadeandalucia.es/istitutodeestadistica/sima/sima/htm/sm04100.
9. No existen datos acerca de cuántos de
estos extranjeros constituyen migrantes laborales, aunque por
lo general, no lo serían aquellos que proceden por ejemplo
de Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica y Holanda, pero
como veremos, algunas mujeres de estas nacionalidades están
registradas como desempleadas en la oficina de OPEM (ver el Informe,
acápite 3.1).
10. La abrumadora mayoría de los indígenas
de la muestra son saraguros y un porcentaje bastante menor cañaris.
Los saraguros provienen de diversos lugares como la parroquia
de Saraguro, pero también de Loja (del cantón de
ese nombre y de la parroquia de San Lucas), y de las comunidades
de San Vicente, Ñamarín, Jera, y de las localidades
de Gunudel y Quisquinchir, así como de Yacuambi, Yantzatza
y Zamora (estas tres últimas en la provincia amazónica
de Zamora Chinchipe). Se observa también la presencia ocasional
de algunos indígenas otavaleños que venden diversos
productos artesanales en el mercadillo del día sábado.
11. Los datos preliminares del CEPAR (Centro
de Estudios y Promoción para el Desarrollo Social), señalan
que el año de mayor movimiento poblacional, a otros lugares
del Ecuador o hacia el exterior, fue 1995, situación que
se repitió en 1999 (citado en Saltos y Vázquez 2000:
102). Fernández-Rasines (2003:321) cita datos de la Dirección
Nacional de Migraciones del Ecuador del año 1997, cuando
se registraron 10.799 salidas a España, y los contrasta
con el notable incremento que se registró sólo en
el primer trimestre de 2000 en que llegó a alcanzarse las
68.943 salidas con ese destino.
12. El destino de la migración internacional
de los saraguros es principalmente España, pero también
hay algunos que viven en Italia, Estados Unidos y Australia. En
España, otros núcleos de población Saraguro
se localizan en poblados de Murcia y en Valencia (Bacacela 2003),
aunque por testimonio de los propios saraguros la mayor concentración
es la que se ubica en el municipio de Vera.
13. Algunos ecuatorianos indicaron que les gustaría
trabajar en el mismo sector de actividad que tenían en
Ecuador, pero el hecho de tener que hacer el larguísimo
trámite que tarda varios años para homologar sus
títulos (en el caso de tenerlos) los desanimaba; además
estaba el hecho de que, al no tener reconocidos sus estudios en
España, aquellos que tenían permiso de trabajo sólo
habían sido autorizados a trabajar como peones agrícolas
o de construcción, no pudiendo solicitar un trabajo en
otro sector de actividad. El trámite de homologación
de los títulos universitarios al menos parece ser que durará
menos tiempo cuando, a partir de septiembre de 2004, entren en
vigencia nuevas disposiciones.
14. A algunos de los entrevistados en Vera también
se les podría aplicar, sobre todo a quienes contaba con
educación superior y universitaria, lo señalado
por Fernández-Rasines en su estudio sobre la migración
ecuatoriana en España (2003:322): se trata de personas
que no escapaban de la miseria. No había pobreza en
sus hogares cuando optaron por salir. Precisamente la emigraron
era vista como la vía para no empobrecerse.
15. Las tres respuestas de índole económica
más aludidas fueron: falta de empleo; búsqueda
de bienestar y, crisis del Ecuador. Véase: Informe,
apartado 3.2.1.
16. Del análisis a ser presentado próximamente
en nuestra tesis doctoral se desprende que el apoyo de familiares
y amigos resulta vital a la hora de tomar la decisión de
venir a España, y sobre todo para la adaptación
e integración en esta zona del Levante almeriense. Isidro
Maya Jariego (2001 y 2002) ofrece interesantes y novedosos estudios
sobre la metodología y análisis de las redes sociales
aplicada en población inmigrante en Andalucía.
17. Los porcentajes más altos de desempleo
corresponden a mujeres e indígenas.
18. Por eso las cifras del padrón municipal
solo resultan orientativas sobre el número de extranjeros
residentes en el territorio español.
19. Y es que, aunque estamos hablando de casas
o pisos de alquiler, en muchos casos de dimensiones bastante reducidas,
donde viven en su mayor parte una sola familia (41,7%), pero también
viven dos(28,6%), tres (17,6%) o más núcleos familiares
(hasta 15, en un cortijo de las afueras).
20. Véase en este sentido, la referencia
de Fernández-Rasines (2003:342-343) al odio racial hacia
los magrebíes que desencadenó la violencia xenófoba
del Ejido. Acerca de la reconstrucción de estereotipos
en España, véase el trabajo de Claudia Pedone (2001:15-16).
21. Opiniones similares a las que acabamos de
exponer han sido observadas en otras localidades españolas,
donde la población de ecuatorianos también es predominantemente
masculina. Ver por ejemplo la queja desde Palma de Mallorca que
publica la versión digital del diario quiteño El
Comercio (10-10-2003) o la correspondiente al caso de Totana
(Murcia), donde había quejas en el año 2000 porque
los ecuatorianos no son tan educados como al principio,
y habían algunos, sobre todo los más jóvenes,
que bebían y conducían sin carné y a toda
pastilla, incluso un borracho había atropellado a un
vecino (Fernández-Rasines 2003: 344).
22. Incluso una de las mujeres declaró
con énfasis: yo soy racista, al tiempo que indicó
que sería mejor que los ecuatorianos se vayan a su país
por todos los males que causaban.
23. Jorge León Trujillo (2003: 23-31 y
35) realiza un interesante análisis del país como
un sistema político regionalizado, que va más allá
de la existencia de regiones en sí.
24. La profundización sobre cada uno de
estos aspectos constituye uno de los objetivos trazados para la
segunda fase de implantación del proyecto que lleva adelante
la UPO en Vera.
25. La noticia al parecer fue publicada por el
diario murciano La Verdad y luego ha sido editada en una
página de internet por un grupo llamado Nacional Socialismo
Español, de donde lo retoma Fernández-Rasines (2003:
344).
26. Hablamos, por ejemplo, de los acuerdos tácitos
o explícitos que trazan las familias para los próximos
dos o tres años para que quien sale al exterior procure
el inexistente sustento económico, mientras los que se
quedan distribuyen y comparten las actividades que deja su ausencia.
En el Informe se detallan otros cinco ejemplos concretos
de estos círculos de solidaridad (p. 96).
*Pilar Cruz Zúñiga.
Licenciada en Ciencias Históricas. Master en Historia Latinoamericana.
Candidata doctoral. Actualmente es investigadora del Área
de Historia de América de la Universidad Pablo de Olavide.
Ponencia presentada en la II Conferencia regional "Migración,
desplazamiento forzado y refugio", Universidad Andina Simón
Bolívar, Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.
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