Programa Andino
de Derechos Humanos

 

 

Migración, desplazamiento forzado y refugio


 

Sociedad local y migración: ecuatorianos en España,
el caso de Vera en Almería

 

Pilar Cruz Zúñiga*

 

Contenido
1. Introducción
2. El municipio de Vera
3. Extranjeros en Vera: los ecuatorianos
4. Sociedad local: espacios comunes y tramas sociales
5. En torno a las consecuencias de la migración de ecuatorianos en Vera


1. Introducción

En los últimos años ha crecido el interés de los investigadores sociales por el fenómeno migratorio. De entre todas o muchas de las cosas que se han dicho, nos interesa destacar aquellos aspectos que están relacionados más bien con entender y situar la inmigración en el contexto de la globalización. Partiendo de la postura de Boaventura de Sousa Santos (1998:115 y ss) acerca de la precariedad de condiciones de vida y del no respeto de los mínimos derechos humanos que envuelve la movilización de los trabajadores y de los refugiados (o aquellas personas que se ven obligadas a buscar asilo en otros países), nos interesa llamar la atención acerca de cómo esas limitaciones inciden en la construcción de las tramas sociales (1) que articulan la convivencia en distintos espacios (2) de las sociedades receptoras.

La inserción en las nuevas sociedades locales donde pasan a residir ambos grupos de personas (trabajadores inmigrantes y refugiados) supone la globalización de las condiciones de precariedad y marginación, porque no se articulan tramas sociales de reconocimiento y solidaridad (Gallardo 2000) con la mayoría de quienes habitan en esas sociedades, sino por el contrario el contacto entre colectivos locales e inmigrantes se da desde dinámicas de discriminación y exclusión.

Si a nivel general en la sociedad actual se observa una cultura de ausencia de derechos humanos (Gallardo 2000: 117-149), situándonos en el caso concreto de los trabajadores inmigrantes esta ausencia es mayor: no sólo por la precariedad de condiciones socioeconómicas en la que deben desarrollar su existencia, sino porque en muchas ocasiones no son considerados ciudadanos, rompiéndose la articulación con el espacio de ciudadanía dentro de los Estados donde han pasado a residir. Para las sociedades receptoras o locales a escala mundial está resultando problemático asumir a determinados migrantes económicos (los ejecutivos de las grandes corporaciones transnacionales no constituyen por ejemplo ningún tipo de inconveniente), sobre todo en aquellos países considerados "desarrollados", en los cuales esa aceptación más bien es en función circunstancial y mediada por la necesidad económica de la mano de obra que su población no puede o no quiere cubrir.

Utilizando el principio hologramático de Edgar Morin, según el cual el menor punto de la imagen de un holograma contiene la casi totalidad de la información del objeto representado (2001:107), aquí expondremos una situación particular para señalar las relaciones que se tejen entre población local y población inmigrante en España, situación que sirven para ejemplificar la complejidad que reviste el proceso de adaptación y convivencia entre unos y otros. Aquello nos provee de un marco para apreciar las consecuencias sociales concretas de la movilidad de ecuatorianos al territorio español. Se expondrá específicamente el caso de los ecuatorianos que viven en el municipio de Vera (Almería) tomándose algunos datos del Informe Final de la Primera Fase (en adelante será referido como Informe) de una investigación en curso que desarrollamos en la Universidad Pablo de Olavide (UPO) desde Sevilla. (3)

Aquí nos interesa caracterizar los términos en que se produce la convivencia en el municipio de Vera entre la población local y los inmigrantes (particularmente ecuatorianos), es decir cómo confluye la articulación de relaciones entre los diversos colectivos:

1. Españoles-inmigrantes en general, porque a enero de 2003 había miembros de hasta 40 nacionalidades residentes.
2. Entre los distintos colectivos de inmigrantes, aunque los ecuatorianos son el grupo de extranjeros más numeroso.
3. Al interior del colectivo de ecuatorianos, porque aunque todos proceden del mismo país, son originarios de gran diversidad de lugares o regiones ecuatorianas, además de que en Vera está situado el núcleo más importante de indígenas Saraguro residentes fuera del Ecuador.

Antes de abordar la esfera de relaciones sociales de los ecuatorianos (indígenas y no indígenas), en los apartados 3 y 4 describiremos el contexto en que ellas se inscriben.

2. El municipio de Vera

El municipio de Vera esta localizado en la costa del Levante almeriense, a 92 kilómetros de Almería capital y tiene una extensión total 58 km2 con una altitud sobre el nivel del mar de 95 metros (4). A noviembre de 2003 la población total era de 9.677 habitantes, según las cifras del Padrón Municipal; esta población está concentrada sobre todo en el núcleo urbano más que en los siete kilómetros de playa que posee el municipio; sin embargo, se estima que en los meses de verano pueden llegar a habitar Vera cerca de 25 mil habitantes, mientras en el invierno serán unos 11 mil habitantes.

Vera vivió un periodo de decadencia a principios del siglo XX por la crisis minera y el declive de la agricultura tradicional, lo cual supuso el incremento de la emigración de su población que como fenómeno generalizado llegó a extenderse hasta 1970 (5). La recuperación del crecimiento negativo de la población se da a partir de la década de los años 80 (6), observándose además el incremento de población extranjera. Estos cambios están asociados sin duda al despegue económico dado el crecimiento del turismo en la zona (por ejemplo, la proximidad de Mojácar y por las propias condiciones naturales de Vera) (7), y el progreso alcanzado por la agricultura intensiva y de regadío a partir de finales de los años 60, que logra después obtener cosechas incluso en zonas afectadas por la desertificación.

Los sectores más dinámicos de la economía empresarial se concentran en la actividad agraria, comercial, la construcción, la hostelería, el transporte y una pujante industria, que han venido a dinamizar las actividades agrícola y comercial tradicionales. En este sentido, existen múltiples servicios generados por la actividad empresarial y comercial, (8) además de oficinas públicas, por lo que desde las comarcas vecinas -como Mojácar, Antas, Los Gallardos, Cuevas de Almanzora, Garrucha o Pulpí- acuden gran cantidad de personas.

3. Extranjeros en Vera: los ecuatorianos

La población extranjera en Vera se ha incrementado en los últimos años del siglo XX, alcanzando a noviembre de 2003 el 17,03% respecto de la población total del municipio que en ese mes fue de 9.677 habitantes. Los extranjeros son de hasta 40 nacionalidades distintas, siendo los países con mayor número de residentes registrados en el padrón municipal: Ecuador (663 personas), Reino Unido (282), Rumania (107), Colombia (69), Argentina (63), Alemania (54), Francia (48), Lituania (45), Marruecos (43), Bélgica (40), Italia (31), Rusia (29), Holanda (28), Polonia (23) y Ucrania (21), por mencionar solo aquellos con más de 20 personas (9). Tal como se aprecia en estas cifras, el mayor colectivo de extranjeros en Vera procede de Ecuador que alcanza el 40,23% del número total de extranjeros, lo que representa el 6,85% del total de habitantes residentes en el municipio, sean españoles o foráneos.

Hay que decir que estas cifras del número de extranjeros no dan cuenta de la totalidad de la realidad poblacional observada puesto que, tal como constatamos ocurre en el caso de los ecuatorianos, no todos los extranjeros están registrados en el padrón municipal, especialmente aquellos que han migrado por razones económicas y carecen del permiso de residencia y trabajo. Entre los ecuatorianos que fueron encuestados en Vera, por ejemplo, el 32,7 % indicó no estar empadronado; por eso nos atrevemos a calcular más bien que la población total de ecuatorianos que viven en este municipio almeriense podría fluctuar entre las 900 y 1000 personas.

Asimismo se destaca, entre la población ecuatoriana, la presencia de un núcleo importante de indígenas Saraguro. El 22,7% de ecuatorianos que respondieron a nuestra encuesta es indígena frente al 77,3% que no lo es (10), constituyendo este el único dato concreto que tenemos de población indígena en Vera, si bien se podría estimar -por observación y por conversaciones ahí sostenidas, aunque con temor a equivocarnos- que deben existir en esa zona entre 150 y 350 indígenas.

Según los testimonios de vecinos de Vera, fueron saraguros los primeros inmigrantes ecuatorianos que aparecieron en la zona aunque no se ha podido precisar con exactitud el año de llegada, si bien la mayoría de las versiones aportadas por ecuatorianos y españoles indican que lo hicieron aproximadamente hace 6 años. Tal llegada a Vera, junto con la del resto de ecuatorianos no indígenas, se inscribe dentro de la oleada migratoria que a partir de 1996 se produjo desde Ecuador hacia España (11) a raíz de la crisis más aguda que soporta su economía, tornándose cada vez más visible su presencia en el territorio español, en especial en zonas con demanda de mano de obra para la agricultura y servicios. (12)

Los indígenas Saraguro que viven en Vera, tanto hombres como mujeres, se ocupan mayoritariamente en el sector de la agricultura: en las plantaciones de cítricos (naranja, limón), tomate, brócoli, lechuga, etc., pero también en tareas de jardinería y de regadío en los campos de golf que se están construyendo en esa zona del Levante almeriense. Además, algunos hombres Saraguro se emplean como albañiles en la construcción. En Vera, lo que más los distingue a los saraguros del resto de ecuatorianos es que la mayoría de los hombres conservan la "coleta" (melena recogida a la nuca en trenza o simplemente atada hacia atrás) entre los hombres, y las faldas negras y largas de las mujeres (las faldas se cambian por pantalones cuando van a trabajar en los invernaderos). Son escasos los hombres que llevan sombrero negro (el "bombín", como dicen los españoles).

Para caracterizar las relaciones que se forjan en el espacio de la producción y distribución (trabajo y mercado) y que constituyen el contexto en el que se establecen las relaciones entre españoles y ecuatorianos en Vera, indicaremos que casi el 70% de los ecuatorianos entrevistados vive en el centro de Vera; 17% residen a las afueras (en los cortijos y en casas de las playas), mientras el 13 % restante vive en los pueblos vecinos (Cunas, Mojácar, Garrucha, Cuevas, Antas, etc.). Es una población sobre todo masculina (65%) y que ha contraído matrimonio legalmente (60%), si bien el porcentaje de solteros es del 22% y de quienes viven en unión el 12%. En general tiene un nivel de instrucción media, preparación que se corresponde con las actividades que realizaban en el Ecuador porque si bien la gran mayoría se dedicaba allí a actividades secundarias y terciarias, existe también un porcentaje significativo que se ocupaba en la agricultura. (13)

Los ecuatorianos que llegaron a la comarca de Vera provienen, en su gran mayoría, de los llamados sectores medios-bajos y populares (con recursos -materiales y contactos- que de alguna manera les permitieran arriesgarse, y tomar la decisión de endeudarse (14)) que vivían en pequeñas ciudades y localidades ubicadas sobre todo en la Sierra antes que en la Costa, y en áreas más rurales y periféricas que urbanas. Migraron a esta zona del Levante almeriense sobre todo por razones económicas, pero también motivados por los lazos familiares y de amistad. En cuanto a las primeras (razones económicas) son dramáticos los testimonios que narran las condiciones humanas, y las deudas que han debido contraer para buscar en España una solución para salir de la pobreza y la miseria general que afecta a un país entero (15). Refiriéndonos a las segundas, es decir, aquellas razones que tienen que ver con las redes sociales, en Vera el 90% de los ecuatorianos encuestados tiene algún familiar residiendo en territorio español, además del hecho de que para el 53% Vera es la primera localidad a donde llegaron a residir al salir del Ecuador. (16)

El 87,7% de los ecuatorianos indicó tener en Vera trabajo remunerado frente al 12,3% que estaba desempleado (17). De acuerdo a la estructura sectorial, el 58,7% trabajan en la agricultura; 19,5% en la construcción; 11,8% en servicios y apenas el 3,2% lo está en la industria. Apenas el 37 % manifestó tener contrato de trabajo, si bien un 11 % de entrevistados de negó a contestar esta pregunta.

Entonces, en el espacio de la producción y la distribución las relaciones que se tejen entre españoles y ecuatorianos están mediatizada por las condiciones de trabajo precario y sin mayor seguridad y estabilidad, así como por la falta de regularización de su estancia en España, puesto que el 58,6% de los ecuatorianos no tenía papeles (carecer del permiso de residencia y trabajo), mientras los que sí contaban con la documentación en regla era el 35,9% y tan sólo el 5,5% había iniciado el trámite de regularizarse. Esto contrasta con las cifras de inscripción en el padrón municipal (que indica únicamente que esa persona se halla viviendo en determinado municipio), pues están empadronados el 67,3% frente al 32,7% que no lo están (18). Estas cifras ponen de manifiesto uno de los más grandes problemas que tienen en España los extranjeros indocumentados (no sólo ecuatorianos), pues a efectos de la normativa jurídica vigente, su situación administrativa irregular los convierte, como dice Solanes, en no-sujetos, al no reconocerles prácticamente ningún derecho, y les condena a vivir y trabajar en condiciones de explotación y marginalidad (2003:79).

Por ello existe una correspondencia de esa situación de precariedad del espacio de la producción y la distribución con las relaciones desarrolladas en el espacio de la ciudadanía (con relación al Estado español), pues la mayoría de ecuatorianos al no estar regularizados no son ciudadanos de pleno derecho o "ciudadanos plenos" (Boaventura 1998: 147), ya que no tienen garantizados los mismos derechos que los ciudadanos españoles o de la Unión Europea. Estas condiciones de precariedad tienen su correlato en el espacio doméstico y son numerosos los testimonios al respecto. Por ejemplo: el temor a ser expulsados es una constante en las vidas de estos "sin papeles", y hay relatos de períodos en los que tuvieron o tienen que pasar encerrados en los cuartos que alquilan por temor a ser deportados; otros que señalan que han tenido que ir a vivir en cortijos en malas condiciones para así evitar salir a la ciudad y que en algún momento se les solicite los "papeles"; o casos en que han tenido que salir huyendo por los campos cuando se produce un control de los inspectores de trabajo en los invernaderos para ver si quienes trabajan tienen la documentación en orden.

La condición de precariedad también está presente en el espacio doméstico en lo que se refiere al aspecto de la vivienda. En Vera existe una escasez general de vivienda, por lo que el hacinamiento y las malas condiciones de habitabilidad en las casas o "pisos" (departamentos) es la característica principal en muchos casos (19).


4. Sociedad local: espacios comunes y tramas sociales

En este apartado se caracterizará la esfera de relaciones que tejen los ecuatorianos, porque así se ofrecen pistas de la complejidad manifiesta en la articulación entre la población autóctona y los inmigrantes en un contexto concreto como es el municipio de Vera. Para tal efecto, distinguiremos tres formas de relaciones: 1) las que se articulan entre españoles con los ecuatorianos; 2) las que se establecen entre el resto de extranjeros con los ecuatorianos; 3) las que se registran al interior del colectivo de ecuatorianos.

Si indagamos en las tramas de la relación entre españoles-ecuatorianos a la luz de la opinión que tienen los españoles acerca de los ecuatorianos (sean o no indígenas), se observa que:

a. En términos generales, existe una predominante opinión positiva aunque bastante paternalista sobre los ecuatorianos que los señala como gente buena, amable, servicial, dócil y que se adapta con facilidad. Las respuestas señalaron que los ecuatorianos tienen esa facilidad porque sus raíces culturales eran parecidas a las locales, e incluso algunos españoles apuntaron que se debía a que eran sumamente diferentes a los marroquíes (los moros, como los suelen llamar), -decían-quienes eran malos en sí. Es frecuente encontrar en España este estereotipo cargado de racismo contra los magrebíes, pero en Vera, a diferencia de otras zonas como El Ejido, no se ha producido ningún asedio y ataque contra ese colectivo, por lo que las respuestas que recogimos son un indicio del tipo de estereotipos que circulan en la sociedad española, difundidos no sólo a través de los medios de comunicación, sino también desde los discursos políticos y la academia (20).

b. Existe una opinión paralela, pero más minoritaria y de tinte expresamente negativo que señala los defectos que se observan en los ecuatorianos. Así son caracterizados en general como personas con problemas alcohólicos; que conducen coches sin licencia (el "carné" o permiso de conducir); que se pelean entre ellos; que pegan a sus mujeres o tienen problemas relacionados con la ruptura de las parejas (cónyuges que abandonan a su pareja y se van a vivir con otro ecuatoriano/a, o incluso las ecuatorianas con españoles). El consumo de alcohol aparece como el principal problema que tienen los ecuatorianos, y está relacionado con los accidentes de tráfico, peleas y escándalos en la calle que ocurren a veces los fines de semana, así como el irrespeto de los espacios públicos (se orinan en los parques, plazas y calles) (21).

Acerca de la opinión que tienen los españoles veratenses de los indígenas de Saraguro en particular, y los problemas que más los afectan, las respuestas se concentraron en torno al alcoholismo. Algunos entrevistados señalaron incluso que los saraguros bebían más que el resto de ecuatorianos, y que luego permanecían tirados por las calles. Otras opiniones, con menos cantidad de respuestas, tienen que ver con la integración de los saraguros: algunos indicaron que percibían una menor integración con los españoles (bastante menos que en el resto de ecuatorianos), mientras otros los ven como un grupo separado del resto de ecuatorianos. Para otros, en cambio, los problemas que padecían los saraguros eran la falta de vivienda y de trabajo.

Los ecuatorianos por su parte, en lo que se refiere al espacio doméstico y comunitario, señalan su descontento por vivir en un pueblo al que no terminan de acostumbrarse: además de los problemas que tienen directa relación con las condiciones laborales, de vivienda o de transporte, indicaron en las entrevistas la falta de libertad que padecen. Algunos manifestaron no poder salir a jugar o divertirse el fin de semana porque no hay un espacio idóneo para hacerlo como alguna cancha de fútbol o voleibol, o la imposibilidad de realizar cualquier fiesta con música, porque enseguida se quejan los vecinos.

De otro lado, se debe destacar cómo el prejuicio que los españoles tienen hacia los marroquíes se ha transmitido y hecho suyo por algunos ecuatorianos. Respuestas tales como las anotadas en párrafos anteriores de que los marroquíes eran malos, también fueron explicitadas por algunos ecuatorianos, quienes indicaron que los moros eran personas malas y con quienes no conviene tener relación. Pero, al ser preguntados por la experiencia concreta que ocasionaba tal opinión negativa, dijeron que no tenían ninguna y a veces ni siquiera conocían a algún marroquí, o tan solo los habían observado de lejos en las calles de Vera.

Una referencia especial merece el colectivo de gitanos, porque representa un porcentaje importante de los habitantes españoles de Vera (20-25%). Con el colectivo gitano existe un enfrentamiento directo y en algunos casos explícito con respecto a los ecuatorianos, porque los unos y los otros cruzan los mismos espacios. Así por ejemplo, en una pelea iniciada entre adolescentes ecuatorianos y gitanos, se involucraron los clanes de gitanos que persiguieron a todos los ecuatorianos que habitaban en un bloque de viviendas, y la autoridad de la ciudad tuvo que mediar en esa situación. En la encuesta recogimos asimismo las respuestas de algunas gitanas que manifestaron abiertamente que los ecuatorianos debían regresar a su país, (22) que los gitanos se estaban quedando sin trabajo porque los ecuatorianos cobraban salarios más bajos, o que los ecuatorianos bebían mucho y tarde o temprano causarían algún accidente como ya ocurrió en un pueblo vecino. Hubo también opiniones negativas acerca de las mujeres ecuatorianas que les robaban los maridos.


4.1 Las diferencias entre ecuatorianos

La complejidad que caracteriza las relaciones entre los colectivos hasta aquí descritos se extiende también al interior de cada uno de ellos. En el caso que aquí nos interesa, diremos que los ecuatorianos no son un grupo homogéneo y existen entre ellos algunas distinciones marcadas por:

a. La región o zona de procedencia en Ecuador. La división regional en espacios marcados por la geografía del territorio, pero que también obedecen a un proceso de larga tradición histórico-cultural, constituye uno de los ejes que caracterizan la personalidad del país (23). En Vera, el 68% de los entrevistados proceden de la Sierra, el 28% de la Costa y el 4% de la Región Amazónica u Oriente.

b. La ciudad o localidad de donde eran originarios. El porcentaje más alto de entrevistados era de Saraguro (31%), cantón localizado en la Sierra sur ecuatoriana, quedando bastante atrás el porcentaje de personas procedentes de las dos ciudades más importantes del país: Quito (9,6%) y Guayaquil (5%). La otra gran proporción de entrevistados provenía de ciudades distintas a esos ejes o de localidades de menor tamaño rurales y periféricas, por ejemplo, Ambato, Pallatanga y Santo Domingo de los Colorados.

c. La presencia de indígenas. Aunque no todos quienes proceden del cantón Saraguro pertenecen a la etnia de este nombre, hay un grupo bastante representativo de población indígena plenamente identificado que es originaria de allí, si bien es cierto que algunas características externas como su vestimenta tradicional son de uso menos frecuente en Vera.

d. La reproducción de los patrones o modelos (de Ecuador) que marcan las relaciones entre indígenas y los no indígenas (mestizos). Aquello da lugar muchas veces a comportamientos y actitudes racistas, y de menosprecio por la condición de indígena (24).

Estos elementos configuran entonces, en forma distinta, la relación que se teje en los distintos espacios en los que se desenvuelve la vida de los ecuatorianos en Vera. En el espacio doméstico y de comunidad existe alguna segregación, no radical y sin alcanzar el enfrentamiento directo, dependiendo si se es indígena o mestizo por concurrir a un determinado espacio, como el preferir utilizar un locutorio u otro para hacer las llamadas telefónicas, o los grupos de juego que se forman en las canchas de voleibol y fútbol, o entre quienes concurren al Convento de Franciscanas en busca de ropa donada.

En Vera las relaciones entre ecuatorianos podrían caracterizarse en el espacio doméstico y el espacio de la comunidad en cierta medida por la falta de solidaridad debido a las siguientes razones:

a. Reproducción de la explotación de la que son objeto: el que puede sacar algún beneficio para sí lo hace sin considerar para nada que con ello está perjudicando a otro. Esto es motivo de malestar entre quienes los padecen; rencores que luego se desquitan en quien los ocasionó o con otros; y peleas y disputas entre ecuatorianos, etc.

b. Reproducción de machismo y de relación patriarcal evidenciada, por ejemplo, en las expresiones de humor o en la violencia física contra las mujeres. Se censuraba, por ejemplo, a las mujeres como causantes de las rupturas matrimoniales, al encontrar aquí nuevas parejas.

c. Reproducción de ejes de racismo. Por ejemplo, algunas expresiones racistas se han transmitido también a la población local de Vera, tal como el uso del término indio para referirse al indígena Saraguro con esa misma connotación despectiva que tiene en Ecuador. Sobre esto último diremos que algunas de las respuestas dadas sobre los rasgos que identifican a los saraguros se hicieron a través de la utilización del término indio. Aunque en Vera -hay que reconocerlo-, todavía los pobladores autóctonos no han llegado a casos extremos de hacer pintadas xenófobas como las que aparecieron en Totana en el año 2000, cuando en las paredes de una calle se podía leer: ¡Fuera indios ecuatorianos! (25).

Pero estas razones no nos impiden dejar de mirar el otro lado del espacio doméstico y el espacio de comunidad en los cuales los ecuatorianos han tenido que refugiarse, fortalecerse, y desde allí enfrentar el proceso migratorio: en ambos espacios (doméstico y de comunidad) existen también círculos atomizados en donde se comparten y construyen tramas sociales de reconocimiento y solidaridad con los cuales se enfrenta la desigualdad, discriminación y exclusión del día a día. Son en estos círculos atomizados de solidaridad en donde nacen las cadenas y redes sociales de migración que organizan los contactos y los viajes hacia el país y la ciudad de destino, en este caso a Vera. Esto, claro, sin desconocer que en muchas de esas cadenas y redes sociales los lazos son de explotación y de extorsión de las necesidades y urgencias del que migra, alimentando el enriquecimiento de mafias y de particulares.

Por lo observado en Vera, sabemos que estos círculos atomizados de solidaridad se inician desde el mismo instante en que la familia comienza a pensar en la posibilidad de que emigre alguno/s de sus miembros, antes incluso de pensar en el posible destino (26). Desde esos pequeños círculos de solidaridad que existen es desde donde se puede enfrentar la precariedad de condiciones de vida y del no respeto de los mínimos derechos humanos que envuelve la movilización de los trabajadores y de los refugiados, o de aquellas personas que se ven obligadas a buscar asilo en otros países.


5. En torno a las consecuencias de la migración de ecuatorianos en Vera

Determinar las consecuencias sociales de la migración la sociedad local concreta quedaría incompleto si no hacemos alusión al hecho de que la existencia de los migrantes será articulada desde una constelación de tramas sociales en donde se plasma y evidencian diferentes niveles de al menos los dos sistemas de pertenencia jerarquizada presentes en la sociedad actual señalados por Santos (2003[b]: 125-165): estos son los sistemas de desigualdad y de exclusión. La presencia de ambos tipos ideales en una sociedad concreta se observa a través del análisis en situaciones específicas, por lo que en función de los espacios sociales que distinguimos en Vera, las relaciones de desigualdad y exclusión, se hallan presente en los siguientes espacios:

Con respecto a la desigualdad:

- En el espacio doméstico: 1) por las condiciones tanto de acceso a la vivienda al no haber suficiente oferta de alquileres, y cuando las hay no se les alquila por su condición de inmigrantes, pero también por las precarias condiciones de las viviendas en que residen, a lo que se suma el hacinamiento de personas en reducidos espacios por los que se pagan excesivos precios; 2) el acceso a la salud pública, limitado a solo aquellos inmigrantes que tienen la tarjeta de seguridad social y la tarjeta sanitaria; 3) por las condiciones sexistas que impregnan de violencia el ámbito familiar y el espacio público, donde el machismo y el paternalismo aparecen como los patrones que marcan las relaciones entre hombres y mujeres, no solo entre ecuatorianos sino también con respecto a los españoles.

- En el espacio de la producción y la distribución (trabajo y mercado): 1) por las precarias e inestables condiciones de trabajo, sin contratación ni seguridad social, además de inexistentes garantías en las condiciones de salud y seguridad social que caracterizan la economía sumergida en que se desenvuelven; 2) abusos en el pago de salarios; vejaciones y atropellos, e imposición desde el poder; 3) oferta y demanda de trabajo marcada por las necesidades del sector agrícola y de la construcción, porque el crecimiento o la contracción de ambos sectores son los que deciden el ir o venir de los flujos migratorios y sus circunstancias; 4) acceso limitado de las mujeres al trabajo; 3) sexismo en la integración laboral de la mujer al trabajo.

- En el espacio de la comunidad (entre colectivos en general): 1) porque los españoles generalmente miran como inferior a cualquier trabajador inmigrante, y no lo consideran su igual; 2) aparece también como inferior el colectivo gitano, cuya imagen está cargada de estereotipos; 3) son también los estereotipos las bases sobre las que se construyen las etiquetas que caracterizan, identifican y jerarquizan a los distintos colectivos de extranjeros.

- El espacio de la ciudadanía (con relación al Estado): 1) leyes y normas de inmigración cargadas de requisitos de difícil acceso; 2) condición de subordinación del inmigrante, que se vuelve marginación e invisibilidad en el caso de los extranjeros no regularizados. Así mismo, obtenida la condición de trabajador, sólo se le reconoce su utilidad productiva, pero no se le considera ciudadano con plenos derechos.

En cuanto a las relaciones de exclusión, estas se observan en los siguientes espacios:

- En el espacio doméstico: 1) racismo previo con el que el resto de ecuatorianos excluye al indígena, evidenciado en actos o expresiones cotidianas, lo que genera la formación de grupos aislados de unos y otros, con escasas posibilidades de diálogo y encuentro; 2) extensión de estos prejuicios racistas entre los españoles (sean o no gitanos)

- En el espacio de la producción: 1) por falta de regularización quedan al margen de la oferta de trabajo, pero también de la posibilidad de acceder a préstamos o algún tipo de crédito; 2) los desempleados, porque quedan fuera del mercado y sus condiciones de vida y de inclusión social parecen no existir. Ellos ni siquiera pueden ser incluidos en una situación de desigualdad, porque al carecer de trabajo no se les puede reconocer como mínimo una situación de subordinación; 3) desvalorización por racismo del trabajo de inmigrantes de acuerdo al lugar de procedencia

- En el espacio de la comunidad: 1) generalización a todo el colectivo de ecuatorianos de problemas puntuales tales como el alcoholismo, el conducir sin carné, haber provocado algún accidente o muerte; 2) circulación y apropiación de prejuicios y estereotipos racistas que desde los españoles existen hacia gitanos y marroquíes;

- En el espacio de la ciudadanía: 1) no hay valoración de las diferencias de inmigrantes en general; 2) esencialización de las diferencias entre colectivos de inmigrantes; 3) importancia sólo de los valores occidentales en desmedro de los valores culturales de los pueblos indígenas como los Saraguro, que únicamente pueden expresar sus particularidades y diferencias en el ámbito privado; 4) sólo se implantan políticas de homogenización y asimilación bajo el predominio de la cultura del país de destino.

Las situaciones de desigualdad y exclusión hasta aquí evidenciadas no son exclusivas de Vera y en líneas generales pueden hacerse extensibles a otras localidades españolas, si comparamos los términos similares en que se hallan descritos por César Manzano cuando habla de los prejuicios, hechos discriminatorios, actitudes y prácticas racistas que afectan a los inmigrantes extracomunitarios en España (2004: 123-149).

Pese a todo esto, en Vera se da la existencia de pequeñas esferas de resistencia frente a estos dos sistemas de jerarquización. En los diversos espacios se observa el surgimiento de relaciones marcadas por la solidaridad por parte de españoles, de ecuatorianos y otros colectivos de inmigrantes, circunscritas muchas veces al ámbito privado, pero también impulsadas en lo público, a través de instituciones públicas y privadas de Vera. Se procura sobre todo apoyar y solucionar las necesidades más urgentes que les surgen.

Sin embargo, estas pequeñas esferas resultan insuficientes, por lo que en función de las demandas del colectivo de ecuatorianos se observa la necesidad de implementar políticas que rompan con los mecanismos de desigualdad y exclusión que impregnan los espacios de las relaciones sociales antes descritos. En este sentido, son necesarias más políticas de acompañamiento, pero sobre todo de acciones que impliquen el fomento y respeto por la diferencia entre y al interior de todos los colectivos que habitan en Vera; de ahí la importancia de instancias participativas en donde todos puedan dotar de sentido a las acciones y a las políticas que se desarrollen en su beneficio.

La necesidad de una política multicultural es vital porque constituye un instrumento a partir del cual será posible articular la diversidad sin que ello implique la subordinación desigual y excluyente planteada por los vigentes modelos de política homogenizadora y homogeneizante. Además, sólo así se llegarán a romper estereotipos y prejuicios que introducen fracturas y justifican tanto la desigualdad como la exclusión, puesto que circulan por todos los espacios de las relaciones sociales, esencializando y jerarquizando las diferencias entre colectivos e impidiendo que los individuos logren emanciparse del racismo y el sexismo.

Por eso, a la hora de medir las consecuencias sociales de la migración de ecuatorianos en el municipio de Vera deberá considerarse si se han tomado medidas concretas para solucionar los problemas puntuales y prioritarios que tienen estos inmigrantes: la regularización, la vivienda y el trabajo. Estos tres aspectos plantean problemas estructurales de urgente y necesaria solución, porque constituyen el fondo sobre el que se tejen exclusiones y subordinaciones discriminatorias y sexistas.

Especial mención tiene el problema de la regularización, porque se inscriben en buena medida bajo el clamor y preocupación general, no sólo de inmigrantes -que llevan años a la espera de un proceso de regulación extraordinario-, sino de la preocupación de la sociedad local para que se resuelva la situación de los sin papeles, porque a su vez deviene en un círculo vicioso en el cual se alimenta la precariedad laboral y de vivienda.

Y, de allí, la búsqueda de solucionar una serie de carencias más puntuales que tienen que ver con: salud, necesidad de asesoramiento en cuestiones laborales, violencia doméstica, alcoholismo, necesidad de una guardería, dificultad de acceso a transporte público, y necesidad de apoyo para desarrollo personal y comunitario. Esto ultimo es esencial pues supone el buscar y conseguir la implicación mayor de los mismos ecuatorianos en la solución de sus problemas a través del fomento de una colaboración personal más estrecha con las asociaciones existentes, además de hacer partícipe en ellas a españoles e inmigrantes de otras nacionalidades.

Por último, decir que es necesario que las lógicas y dinámicas de igualdad y emancipación que se fomenten sean extendidas a todos los integrantes de la sociedad veratense, puesto que no se trata de un asunto que concierna exclusivamente a los inmigrantes (ecuatorianos y de otros colectivos) que allí trabajan temporalmente, ni a los centros e instituciones sociales que les brindan algún tipo de apoyo. Asimismo, las medidas que se adopten deben aplicarse en todos los espacios sociales, a partir de los cuales se articulan las relaciones (como señala Santos, el espacio doméstico, espacio de la producción, distribución o mercado, espacio de la comunidad, espacio de la ciudadanía y espacio global). Los sistemas de desigualdad y de exclusión también son observados en las relaciones sociales que construyen los españoles en distintos espacios, y allí también se aprecian lógicas de desigualdad, discriminación y exclusión que hay que enfrentar.


Bibliografía

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Notas

1. Este concepto de tramas sociales es de Helio Gallardo (2000: 286): él distingue entre tramas sociales que pueden ser tendentes a consolidar y reforzar dominaciones e imperios o tendentes a potenciar a sus distintos actores para que transformen o superen los límites que niegan o sobrerreprimen su autoconstitución como sujetos.
2. En esta exposición manejaremos la concepción de espacio señalada por Boaventura de Sousa Santos (2003[a]: 309-315) que resulta muy útil para distinguir mejor, antes que separar, aspectos que en la realidad concreta están entremezclados, por ello diferenciaremos entre: a) el espacio doméstico (familia); b) el espacio de la producción (trabajo) y de la distribución (mercado); c) espacio de la comunidad (entre grupos y colectivos en general); y, d) espacio de la ciudadanía (entre ciudadanos con relación al Estado).
3. Se trata del "Proyecto de Investigación Modelo autóctono de desarrollo/intervención en inmigración: proyecto Saraguro", bajo la dirección del Dr. Juan Marchena Fernández. El proyecto se compone de dos fases, una primera ejecutada por mí entre octubre de 2002 y octubre de 2003 y cuyo informe final contiene un diagnóstico de las condiciones de vida de los ecuatorianos allí residentes, con especial atención en los indígenas Saraguro. La segunda fase, a iniciarse en el año 2005, supondrá la intervención en las principales problemáticas allí detectadas. Los datos estadísticos que utilizaremos en esta ponencia corresponden a una muestra elaborada a partir de un total de 290 encuestas realizadas en ese municipio almeriense, entre junio y julio de 2003, a ecuatorianos (220 encuestas), a españoles (60 encuestas) y a otros extranjeros (10 encuesta solo para referencia).
4. Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía (SIMA)-Vera (Almería) www.juntadeandalucia.es/istitutodeestadistica/sima/sima/htm/sm04100, del Instituto de Estadística de Andalucía (IEA).
5. La población se redujo a principios de siglo aproximadamente a 4 mil habitantes. El destino de la emigración veratense a finales del siglo XIX fue Argelia; a principios del XX Argentina y otros países americanos y, en los años 50-60 Barcelona, Francia, Alemania y Suiza (Andrés, 1996:622).
6. Llama la atención que en 1996 se registraron 6.453 habitantes, es decir, 1.993 personas menos que las registradas en 1990. Ver Güichal, Muñoz y Pérez (2002).
7. Ver Antonio Pozo Oller (2001).
8. Hasta enero de 2003 se registraron en el municipio un total de 663 establecimientos empresariales. SIMA-Vera (Almería), www.juntadeandalucia.es/istitutodeestadistica/sima/sima/htm/sm04100.
9. No existen datos acerca de cuántos de estos extranjeros constituyen migrantes laborales, aunque por lo general, no lo serían aquellos que proceden por ejemplo de Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica y Holanda, pero como veremos, algunas mujeres de estas nacionalidades están registradas como desempleadas en la oficina de OPEM (ver el Informe, acápite 3.1).
10. La abrumadora mayoría de los indígenas de la muestra son saraguros y un porcentaje bastante menor cañaris. Los saraguros provienen de diversos lugares como la parroquia de Saraguro, pero también de Loja (del cantón de ese nombre y de la parroquia de San Lucas), y de las comunidades de San Vicente, Ñamarín, Jera, y de las localidades de Gunudel y Quisquinchir, así como de Yacuambi, Yantzatza y Zamora (estas tres últimas en la provincia amazónica de Zamora Chinchipe). Se observa también la presencia ocasional de algunos indígenas otavaleños que venden diversos productos artesanales en el mercadillo del día sábado.
11. Los datos preliminares del CEPAR (Centro de Estudios y Promoción para el Desarrollo Social), señalan que el año de mayor movimiento poblacional, a otros lugares del Ecuador o hacia el exterior, fue 1995, situación que se repitió en 1999 (citado en Saltos y Vázquez 2000: 102). Fernández-Rasines (2003:321) cita datos de la Dirección Nacional de Migraciones del Ecuador del año 1997, cuando se registraron 10.799 salidas a España, y los contrasta con el notable incremento que se registró sólo en el primer trimestre de 2000 en que llegó a alcanzarse las 68.943 salidas con ese destino.
12. El destino de la migración internacional de los saraguros es principalmente España, pero también hay algunos que viven en Italia, Estados Unidos y Australia. En España, otros núcleos de población Saraguro se localizan en poblados de Murcia y en Valencia (Bacacela 2003), aunque por testimonio de los propios saraguros la mayor concentración es la que se ubica en el municipio de Vera.
13. Algunos ecuatorianos indicaron que les gustaría trabajar en el mismo sector de actividad que tenían en Ecuador, pero el hecho de tener que hacer el larguísimo trámite que tarda varios años para homologar sus títulos (en el caso de tenerlos) los desanimaba; además estaba el hecho de que, al no tener reconocidos sus estudios en España, aquellos que tenían permiso de trabajo sólo habían sido autorizados a trabajar como peones agrícolas o de construcción, no pudiendo solicitar un trabajo en otro sector de actividad. El trámite de homologación de los títulos universitarios al menos parece ser que durará menos tiempo cuando, a partir de septiembre de 2004, entren en vigencia nuevas disposiciones.
14. A algunos de los entrevistados en Vera también se les podría aplicar, sobre todo a quienes contaba con educación superior y universitaria, lo señalado por Fernández-Rasines en su estudio sobre la migración ecuatoriana en España (2003:322): se trata de personas que no escapaban de la miseria. No había pobreza en sus hogares cuando optaron por salir. Precisamente la emigraron era vista como la vía para no empobrecerse.
15. Las tres respuestas de índole económica más aludidas fueron: falta de empleo; búsqueda de bienestar y, crisis del Ecuador. Véase: Informe, apartado 3.2.1.
16. Del análisis a ser presentado próximamente en nuestra tesis doctoral se desprende que el apoyo de familiares y amigos resulta vital a la hora de tomar la decisión de venir a España, y sobre todo para la adaptación e integración en esta zona del Levante almeriense. Isidro Maya Jariego (2001 y 2002) ofrece interesantes y novedosos estudios sobre la metodología y análisis de las redes sociales aplicada en población inmigrante en Andalucía.
17. Los porcentajes más altos de desempleo corresponden a mujeres e indígenas.
18. Por eso las cifras del padrón municipal solo resultan orientativas sobre el número de extranjeros residentes en el territorio español.
19. Y es que, aunque estamos hablando de casas o pisos de alquiler, en muchos casos de dimensiones bastante reducidas, donde viven en su mayor parte una sola familia (41,7%), pero también viven dos(28,6%), tres (17,6%) o más núcleos familiares (hasta 15, en un cortijo de las afueras).
20. Véase en este sentido, la referencia de Fernández-Rasines (2003:342-343) al odio racial hacia los magrebíes que desencadenó la violencia xenófoba del Ejido. Acerca de la reconstrucción de estereotipos en España, véase el trabajo de Claudia Pedone (2001:15-16).
21. Opiniones similares a las que acabamos de exponer han sido observadas en otras localidades españolas, donde la población de ecuatorianos también es predominantemente masculina. Ver por ejemplo la queja desde Palma de Mallorca que publica la versión digital del diario quiteño El Comercio (10-10-2003) o la correspondiente al caso de Totana (Murcia), donde había quejas en el año 2000 porque los ecuatorianos no son tan educados como al principio, y habían algunos, sobre todo los más jóvenes, que bebían y conducían sin carné y a toda pastilla, incluso un borracho había atropellado a un vecino (Fernández-Rasines 2003: 344).
22. Incluso una de las mujeres declaró con énfasis: yo soy racista, al tiempo que indicó que sería mejor que los ecuatorianos se vayan a su país por todos los males que causaban.
23. Jorge León Trujillo (2003: 23-31 y 35) realiza un interesante análisis del país como un sistema político regionalizado, que va más allá de la existencia de regiones en sí.
24. La profundización sobre cada uno de estos aspectos constituye uno de los objetivos trazados para la segunda fase de implantación del proyecto que lleva adelante la UPO en Vera.
25. La noticia al parecer fue publicada por el diario murciano La Verdad y luego ha sido editada en una página de internet por un grupo llamado Nacional Socialismo Español, de donde lo retoma Fernández-Rasines (2003: 344).
26. Hablamos, por ejemplo, de los acuerdos tácitos o explícitos que trazan las familias para los próximos dos o tres años para que quien sale al exterior procure el inexistente sustento económico, mientras los que se quedan distribuyen y comparten las actividades que deja su ausencia. En el Informe se detallan otros cinco ejemplos concretos de estos círculos de solidaridad (p. 96).

 

*Pilar Cruz Zúñiga. Licenciada en Ciencias Históricas. Master en Historia Latinoamericana. Candidata doctoral. Actualmente es investigadora del Área de Historia de América de la Universidad Pablo de Olavide. Ponencia presentada en la II Conferencia regional "Migración, desplazamiento forzado y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.

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