Programa Andino
de Derechos Humanos

 

 

Migración, desplazamiento forzado y refugio


 

La disfuncional ley de inmigración de los Estados Unidos de América de hoy
Algunos cambios más deseables en este campo de política pública

 

Oscar Chacón*

 

Contenido
Introducción
La ley de inmigración y el contradictorio rol de los migrantes
Cambios que debería contemplar la ley
Conclusión


Introducción

El viernes 27 de agosto, el Presidente del Banco Central de Reserva de los Estados Unidos, el Sr. Alan Greenspan, dio un discurso acerca de los desafíos que enfrentara muy pronto los Estados Unidos de América en lo referente a la viabilidad de su programa nacional de pensiones a trabajadores retirados, al igual que el programa de cuidado médico federal para trabajadores retirados. La potencial crisis de la cual hablo el Sr. Greenspan no es ninguna novedad. El mismo ha venido hablando de este tema por al menos los pasados 20 años.

Al evaluar las oportunidades y las amenazas en el camino hacia la solución del desafió antes mencionado, el Sr. Greenspan afirmo una vez más que el hecho que los Estados Unidos ha podido absorber una cantidad considerable de trabajadores extranjeros a lo largo de los pasados 20-30 años, quienes en su vasta mayoría son trabajadores muy jóvenes al momento de su ingreso a la fuerza laboral, es indudablemente un desarrollo sumamente conveniente para el bienestar de la economía de los Estados Unidos. En el caso de los programas de pensiones y de cuidado medico a la población retirada, los trabajadores extranjeros han significado una bonanza neta.

Las declaraciones de Alan Greenspan sobre las múltiples contribuciones de los inmigrantes en los Estados Unidos no son un caso aislado. Muchas universidades y centros de investigación han venido haciendo eco a lo largo de los años de esta realidad, la cual se puede sintetizar en la aseveración de que los inmigrantes han sido siempre, lo son hoy y serán aun más en el futuro; un beneficio neto para los Estados Unidos. Lamentablemente, las políticas de hoy, tanto en cuanto a inmigración, como también en cuanto a inmigrantes en general; no parten de esta premisa. Mas bien, parten de una premisa inversa. Es decir, que los inmigrantes en los Estados Unidos son una amenaza.
A partir de un criterio político fundamental que ubica a los extranjeros en los Estados Unidos como una amenaza, se vuelve entendible porque la ley de inmigración y otras leyes secundarias que tienen que ver con extranjeros en los Estados Unidos, tienen el propósito último de hacer la vida para esos extranjeros lo más llena de obstáculos posible. Por lo tanto, lo disfuncional, injusto y obsoleto de la ley de inmigración actual de los Estados Unidos, es consistente con la motivación política fundamental detrás de esta ley. Esta situación conlleva a una contradicción entre los efectos que produce la ley de inmigración actual y las actitudes generales hacia los extranjeros en los Estados Unidos; y las múltiples funciones positivas, a menudo indispensables, que los inmigrantes significan para el país. Además, genera contradicciones también ante las grandes tendencias demográficas en los Estados Unidos que hacen de los inmigrantes una necesidad vital para el bienestar general futuro de los Estados Unidos.

La ley de inmigración y el contradictorio rol de los migrantes

Precisamente en el marco de estas tendencias contradictorias habría que ubicar la iniciativa anunciada el pasado 7 de enero por el mismo presidente Bush, cuando declaro de una manera muy elocuente lo valioso que ha sido el rol de los inmigrantes en los Estados Unidos en múltiples campos de la vida nacional. Además, en el mismo discurso reconocía que la ley de inmigración actual es disfuncional, injusta y obsoleta. Lamentablemente, a pesar de tan buen diagnóstico de lo inservible esta ley, el presidente Bush concluía que la solución a todos los problemas con la ley de inmigración es un nuevo programa de trabajadores extranjeros temporales. Indudablemente, la propuesta del presidente Bush, en principio, debe ser parte de una solución estructural en cuanto a política de inmigración se refiere, pero de ninguna manera la única solución.

Con el fin de entender el estado actual de la ley de inmigración en los Estados Unidos de América, es importante hacer una revisión breve de los aspectos más disfuncionales y obsoletos de esta ley:

1. La ley de inmigración de los Estados Unidos es abordada y decidida de manera unilateral por el gobierno, sin consideración al hecho que la migración es un fenómeno inherente al proceso de integración regional, hemisférica y global de las naciones del planeta. Por lo tanto, un marco más adecuado para el abordaje y la definición de política pública en este campo seria un foro internacional. Como una expansión de lo anterior, se falla también en entender que los flujos migratorios están íntimamente ligados a las políticas económicas, sociales y culturales hoy vigentes en el ámbito internacional. Para poder llegar a una política migratoria justa, funcional y duradera, habría que adoptar profundas reformas en otros campos de política internacional que son factores causantes de los flujos migratorios.

2. Hay un enfoque obsesivo que busca criminalizar las migraciones, al igual que a los migrantes mismos. Indudablemente, esta obsesión es alimentada por prejuicios xenófobos y racistas presentes en los círculos de formulación de política. Este enfoque dominante de la política de inmigración actual se ha visto reforzada a partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Ha habido una tendencia que asocia a los extranjeros en los Estados Unidos, especialmente los que carecen de documentación migratoria, con potenciales terroristas. Otra expresión del enfoque obsesivo ya mencionado ha sido la virtual militarización de la frontera sur de los Estados Unidos, bajo pretexto que tal reforzamiento del patrullaje fronterizo conllevara a la disminución de los flujos migratorios no autorizados. La realidad de los últimos 10 años demuestra claramente que lo único que ha producido dicha obsesión ha sido miles de extranjeros que han muerto tratando de cruzar la frontera sur de los Estados Unidos por lugares extremadamente inhóspitos; sin que el número de extranjeros indocumentados que ingresan a los Estados Unidos haya disminuido.

3. La existencia de una población de extranjeros indocumentados que supera los 6 millones, que son extremadamente necesarios desde el punto de vista económico, representa un flanco de seguridad nacional en una era donde esta consideración ha cobrado un valor primario. Lo más sensato seria documentar adecuadamente la existencia de dicha población por medio de un programa de legalización que reconozca que es preferible que ellos sigan aportando a la economía de los Estados Unidos y a la de sus países de origen, desde una condición digna de documentación y legitimidad en la sociedad de la que son parte.

4. Los mecanismos legales disponibles para poder legalizar trabajadores extranjeros, ya sean temporales o permanentes se han visto aun más imposibilitados de procesar solicitudes de manera ágil. Esto ha conllevado a la frustración de muchos empleadores que desean contratar legalmente a trabajadores extranjeros pero que se ven derrotados por una burocracia que les impide actuar con agilidad.

5. Los cada vez más largos atrasos en el procesamiento y resolución satisfactoria de las solicitudes de residencia permanente presentadas por residentes permanentes y ciudadanos de los Estados Unidos. Los límites numéricos por país que regula cuantas personas pueden ser legalizadas por país, al igual que los múltiples requisitos legales y económicos que se requieren para que un extranjero califique para una residencia permanente en los Estados Unidos, conllevan a que dichas solicitudes demoren muchos años en ser satisfactoriamente resueltas. El sistema de cuotas por país es tan absurdo que las mismas restricciones numéricas que enfrenta Alemania o Inglaterra, las enfrentan países como la República Dominicana, México y Colombia; a pesar que hay muchos más nacionales de los últimos tres países presentando solicitudes cada año.

6. Los criterios que regulan las solicitudes de naturalización presentadas por extranjeros que han sido residentes permanentes por muchos años enfrentan la naturaleza retroactiva de la punitiva ley de inmigración aprobada en 1996 la cual cambio muchas violaciones menores de ley a crímenes agravados por los cuales una persona es deportable. Esto significa que un residente permanente por muchos años puede enfrentar una situación donde además de recibir una respuesta negativa a la solicitud de naturalización, podría también convertirse en un extranjero deportable a razón de una violación a la ley que en su momento fue catalogado como un delito menor, pero que dada la ley de 1996, es ahora un crimen agravado.

7. Bajo la ley actual, no hay manera responsable de administrar los flujos futuros de trabajadores extranjeros que la economía de los Estados Unidos seguramente requerirá. La negativa a poner en marcha un programa de trabajadores extranjeros temporales comprometido con los derechos laborales internacionalmente reconocidos, conlleva a más de lo que ya hemos visto hasta ahora, es decir, esto genera que más extranjeros que ingresan de manera ilegal, como turistas o estudiantes y que luego deciden quedarse en los Estados Unidos y agrandar las filas de la población de extranjeros indocumentados que viven en los Estados Unidos.

Cambios que debería contemplar la ley

Entendiendo que los ejemplos citados no representa una lista exhaustiva de las fallas de la ley de inmigración actual de los Estados Unidos de América, es importante señalar cuales serian los cambios más deseables en cuanto a esta área de política pública:

1. Un programa de ajuste migratorio que permita a los inmigrantes indocumentados que viven y trabajan en los Estados Unidos, al igual que a sus familiares, obtener la Residencia Permanente, con la opción de poder solicitar la ciudadanía estadounidense en el futuro.

2. Una reforma realista y funcional a los límites numéricos actuales, como también al sistema de cuotas y preferencias; que actualmente conllevan a listas de espera de muchos años de duración en la obtención de residencia permanente. La reunificación familiar y la protección humanitaria deben ser pilares sólidos de una nueva política de inmigración. Un componente de esta reforma debe ser un límite no mayor de seis meses para el procesamiento y resolución de cualquier solicitud de beneficios migratorios. Finalmente, las reglas que regían estos procesos, previo a 1996, deben ser restituidas para efectos del procesamiento de solicitudes de residencia permanente y ciudadanía.

3. La creación de un programa de carácter nacional que facilite la integración y participación plena de nuevos inmigrantes a la vida política, económica y social de los Estados Unidos.

4. En el ámbito de lo sugerido por el presidente Bush el pasado 7 de enero, se debe establecer un programa de trabajadores extranjeros temporales que permita a trabajadores extranjeros poder acceder a empleos disponibles temporalmente en los Estados Unidos. Un programa de este tipo debe ser administrado de manera multilateral entre los países participantes y deberá articularse en pleno respeto a derechos laborales internacionalmente establecidos por la Organización Internacional del Trabajo.

5. Un foro hemisférico permanente sobre las migraciones debería ser establecido. El propósito de dicho foro seria articular y coordinar la implementación de una política hemisférica sobre migraciones. Dicha política debe buscar reconciliar los intereses de los países receptores, de tránsito y emisores de migrantes, y debe por sobre todo asegurar el respeto pleno a los derechos de los migrantes mismos en todas sus dimensiones. Debe de reconocerse que las migraciones ocurren como resultado del contexto económico regional y global en el que ahora vivimos. Esta recomendación parte del reconocimiento que ningún programa aislado de legalización de población extranjera indocumentada solventara las cosas en el largo plazo. En la medida que este proceso hemisférico se consolide, este proceso debería expandirse al ámbito global.

Conclusión

Además de las reformas ya mencionadas, habrá que abordar las condiciones económicas actuales en los países con mayores patrones de emigración, que hoy por hoy eliminan cada vez más las esperanzas de un futuro mejor de vida para los pueblos de América Latina y otras partes del mundo. Esa creciente carencia de esperanza de un futuro mejor, constituye la razón más poderosa que empuja a muchas personas a emigrar hacia los Estados Unidos, como última alternativa para poder alcanzar una condición de vida digna. Por lo tanto, es imperativo abordar de manera paralela el tema de políticas económicas de desarrollo en el ámbito internacional y reformarlas para que estas conlleven a condiciones de vida que permitan a los pueblos vivir con dignidad, de manera equitativa y sustentable a largo plazo en sus propios países.

Dado el rol preponderante que juegan las remesas económicas enviadas por los emigrantes de América Latina que viven y trabajan en los Estados Unidos de América y otros países de destinos de estos migrantes, en el alivio de las condiciones de pobreza en sus países de origen respectivos, es imperativo incluir a las organizaciones representativas de los emigrantes en los procesos de deliberación y adopción de nuevas políticas económicas consistentes con los propósitos planteados en el párrafo anterior.

 

*Oscar Chacón. Director de Enlaces América, un programa de la Alianza del Medio-oeste para las necesidades humanas y los derechos humanos. Presidente de la Red Nacional Salvadoreña Americana. Consultor y Asesor en análisis político y programas de desarrollo. Ponencia presentada en la II Conferencia regional "Migración, desplazamiento forzado y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.

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