|
A raíz de los graves daños en la salud y en el
medio ambiente ocasionados por las fumigaciones aéreas
de cultivos de uso ilícito realizadas entre los años
2001 y 2004 en los departamentos colombianos de Putumayo y Nariño,
ubicados en la línea fronteriza colombo-ecuatoriana, varias
organizaciones ambientales y defensoras de derechos humanos presentaron
un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional del Ecuador,
en el cual solicitan que los derechos de las comunidades afectadas
sean protegidos y restituidos.
Con el ánimo de respaldar dicha iniciativa, CODHES pretende
contribuir a la adecuada solución del mencionado recurso
de amparo aportando información y consideraciones que espera
sean relevantes.
En criterio de CODHES, la estrategia de erradicación de
cultivos de uso ilícito por medio de la aspersión
aérea, dispuesta en el marco del Plan Colombia, ha generado
efectos negativos para las comunidades que habitan la frontera
colombo-ecuatoriana.
Por tal razón, propone un análisis centrado en
el impacto que ha tenido la estrategia antidroga adscrita al Plan
Colombia sobre (i) la internacionalización del conflicto
armado interno colombiano y (ii) la crisis humanitaria que azota
el norte del Ecuador.
En este sentido, el presente documento de CODHES (organización
no gubernamental que ha venido haciéndole seguimiento a
la implementación del Plan Colombia, y a las fumigaciones
aéreas y su relación con el desplazamiento forzado
interno y la migración transfronteriza) aborda la relación
entre la puesta en escena del Plan Colombia y la vulneración
de los derechos humanos de las comunidades asentadas en la frontera,
así como la dinámica migratoria de las regiones
afectadas por las fumigaciones.
1. Plan Colombia: propósitos y resultados
El gobierno norteamericano ha establecido con claridad el propósito
general del Plan Colombia, así:
[...] reducir seriamente la producción de narcóticos,
restablecer soberanía plena sobre el territorio nacional,
ayudar a quienes han sufrido a causa del continuo conflicto, reforzar
la democracia, el gobierno y su historial de derechos humanos,
y ver que el proceso de paz llegue a una conclusión satisfactoria.
(Pickering, 2000) (1).
Los objetivos mencionados pueden ser desglosados como sigue:
Eliminación del 50% de la extensión de cultivos
de uso ilícito en el plazo de 5 años, contado hasta
octubre de 2005
- Apoyo al desarrollo alternativo y erradicación voluntaria
de cultivos ilegales
- Protección de la infraestructura petrolera
- Ayuda para las personas internamente desplazadas
- Ayuda para programas de protección ambiental
- Recursos para los gobiernos locales y fortalecimiento de la
gobernabilidad
- Iniciativas para fortalecer la administración de la justicia
- Protección de los derechos humanos
Ahora bien, diversos informes de organismos estatales y de organizaciones
no gubernamentales dedicadas a monitorear la implementación
y el impacto del Plan Colombia, señalan que los objetivos
declarados del Plan Colombia ((i) profundizar la democracia, (ii)
buscar una solución política al conflicto y (iii)
proveer condiciones para la protección de la población
afectada por el mismo) no pueden ser alcanzados mientras la prioridad
otorgada a la ayuda militar no se articule y se complemente con
un apoyo proporcional al desarrollo alternativo, con ayuda social
y económica, y a través del fortalecimiento del
gobierno local.
Según la ONG Acción Permanente por la Paz, Estados
Unidos ha entregado al gobierno colombiano aproximadamente 2 billones
de dólares para ayuda militar y policial en el contexto
del Plan Colombia. Ello evidencia la prioridad dada al componente
militar de este plan, teniendo en cuenta que inicialmente los
2,47 billones de dólares destinados para el periodo 2000-2003
cubrirían no sólo la ayuda militar y policial, sino
también la ayuda social y económica para las regiones
eventualmente afectadas (Acción Permanente, Putumayo Report,
2003:2).
A pesar del énfasis puesto en el componente militar, las
estrategias del Plan Colombia no han mostrado resultados relevantes
en la prevención de las causas estructurales del conflicto
armado interno y del narcotráfico, y tampoco ha generado
condiciones y garantías adecuadas para la protección
de la población civil inmersa en zonas de alta conflictividad
en las cuales se concentran las economías ilegales.
2. Los cultivos de uso ilícito y las políticas
de fumigación del Plan Colombia
Desde fines del siglo pasado, las zonas alejadas de los centros
de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas
de frontera colombiana, han tenido una economía propia
centrada en la extracción de recursos. En el departamento
del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare,
el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía
estuvo muy ligada a la ganadería y al latifundio, mientras
que, en departamentos como Amazonas y Putumayo la colonización
estuvo muy relacionada con el tema de la explotación cauchera
y de la quina.
Una de las características generales en las zonas de colonización
es la concentración de la tierra en manos de los grandes
latifundistas. Tanto así que en la década de los
60 estudios del Instituto Colombiano de Reforma Agraria (Incora)
- hoy Incoder- permitían concluir que el problema de la
concentración de la tierra se vinculaba a la colonización
(2). De acuerdo con Alfredo Molano, "en los años
50, 60, 70, el colono abría el monte y hacía mejoras.
Su producto final no era el maíz o el arroz sino la
mejora. Era la mercancía, producto de su trabajo
y objeto de su intercambio. Mejora-mercancía que
terminaba en manos del ganadero, o del comerciante para hacer
parte de una ganadería. Esa era la dinámica de la
colonización" (3). Frente a esta
situación, los campesinos que se fueron asentando en tales
regiones se vieron en la necesidad de desplazarse más allá
de los márgenes delineados por los grandes procesos de
colonización y vincularse a formas de subsistencia que
sirvieran de salvavidas.
Ante la ausencia de recursos, infraestructura y vías de
comunicación, la frontera agrícola se expandió
cada vez más, con lo cual se abrieron nuevos espacios habitables
en tierras desconocidas hasta entonces.
En la década de los setenta, con el auge en el consumo
de cocaína en Estados Unidos y en los países desarrollados,
se inicia el cubrimiento masivo de zonas de frontera con cultivos
de coca, en especial en los departamentos de Guaviare y Caquetá.
La coca no sólo se transformó en "producto
refugio" para la deprimida economía campesina en las
zonas de colonización, sino que influyó notoriamente
en el aumento del nivel de vida de los habitantes de estas zonas,
debido a su capacidad para generar excedentes, es decir, recursos
para invertir.
La fácil aceptación de la coca en estas regiones
facilitó la penetración de los narcotraficantes
y la estimulación por parte de los mismos para aumentar
el espacio cultivado. En el año de 1979 la coca aparece
en el departamento del Putumayo hacia donde se desplazaron los
denominados "cocineros", esto es, expertos que venían
del Guaviare y Caquetá y que sabían procesar químicamente
la hoja para obtener la cocaína (4).
Es en la década de los 80, la era del auge de los carteles
del narcotráfico, cuando se empiezan a consolidar zonas
de cultivo en las regiones más apartadas del gobierno central,
las cuales, además, son las mejor ubicadas en términos
geográficos para el tránsito de la mercancía
hacia otros países y hacia Europa.
La década de los 90 se caracteriza por la atomización
de los carteles colombianos y por el aumento de la superficie
cultivada como consecuencia de la represión de los cultivos
de coca en Bolivia y Perú. Así, en esta década
se inicia un proceso de crecimiento exponencial de cultivos de
coca en distintos departamentos colombianos, siendo el más
afectado el del Putumayo. Y la lógica del traslado de cultivos
de unas regiones a otras se repite nuevamente a partir del año
2000, pues desde ese entonces, los cultivos se han venido desplazando
del Putumayo a otros departamentos colombianos (como Nariño)
y a zonas bolivianas y peruanas.
Cuadro 1
|
País
|
1998
|
1999
|
2000
|
2001
|
2002
|
2003
|
| Bolivia |
38.000
|
21.800
|
14.600
|
19.900
|
24.400
|
28.450
|
| Perú |
51.000
|
38.700
|
34.200
|
34.000
|
36.600
|
31.150
|
| Colombia |
101.800
|
122.500
|
136.200
|
169.800
|
144.450
|
113.850
|
| Total |
190.800
|
183.000
|
185.000
|
223.700
|
205.450
|
173.450
|
Fuente: Internacional Narcotics Control Strategy
Report, State Department, U.S Goverment, 2000 y 2004.
El aumento de cultivos de uso ilícito en zonas de colonización
no sólo se debe a la fragmentación de los carteles
de la droga y la consecuente proliferación de pequeños
narcotraficantes, así como tampoco a la represión
en Perú y Bolivia o al aumento del consumo en países
desarrollados, sino también a la expulsión de miles
de campesinos del centro del país hacia regiones inhóspitas,
tanto por la violencia política como por la recalcitrante
concentración de la propiedad.
Como lo ha señalado Milton Rengifo, "en la distribución
de la tierra, podría decirse, está el origen de
los sangrientos conflictos políticos y sociales que han
marcado la historia del país en este siglo. Para poseerla
se han hecho leyes, se han declarado guerras, se ha perdido la
vida. Ha sido más importante incluso el hecho de tenerla
que ponerla a producir" (5).
Dicha concentración no ha dejado de aumentar: "Trescientos
latifundistas con extensiones superiores a 2.000 hectáreas
incrementaron sus propiedades con 31 millones de hectáreas
adicionales entre 1984 y 1997, mientras que en ese mismo período
medio millón de campesinos solamente pudieron incrementar
sus propiedades en 238.000 hectáreas, equivalentes a media
hectárea promedio por familia" (6).
Las fumigaciones en Colombia tampoco son nuevas. Así,
se registran fumigaciones con paraquat en el gobierno de Turbay
Ayala, fumigaciones masivas con glifosato para marihuana y garlon-4
para la coca en el gobierno de Betancur, experimentación
de herbicidas como imazapyr y tebuthiuron durante el gobierno
Samper, y la aplicación institucionalizada y formal del
glifosato en el gobierno de Pastrana, quien no sólo inició
la implementación del Plan Colombia, sino que promovió
el uso del hongo fusarium oxysporum, que resulta altamente tóxico.
Según Juan Gabriel Tokatlián, "sólo
en 1998, el gobierno Samper (hasta agosto) y la administración
del presidente Andrés Pastrana (1998-2002) fumigaron 66.083
hectáreas de coca y 2.931 hectáreas de amapola,
y destruyeron de modo manual 3.126 hectáreas de coca, 181
hectáreas de amapola y 18 hectáreas de marihuana.
El gobierno Pastrana destruyó aproximadamente 90.000 hectáreas
de coca en 1999 y 2000" (7).
En cuanto a la política de fumigaciones que hace parte
de la agenda de control de drogas norteamericana, cabe destacar
que desde el gobierno Bush Estados Unidos busca articular la lucha
contra las drogas con la lucha antiterrorista para complejizar
y justificar aún más intervenciones en países
que representen una amenaza en cualquiera de estos dos sentidos.
En la discusión del proyecto de ley antiterrorista en 2001
algunos senadores del Congreso Norteamericano lideraron una iniciativa
para vincular los dos ejes de lucha y así expandir su área
de interés en el hemisferio. Dennis Hastert, senador republicano
de Illinois, evidencia esta posición al afirmar: "Al
perseguir el comercio ilegal de drogas, reducimos la habilidad
de estos terroristas para lanzar ataques contra Estados Unidos
y otras democracias. El tráfico ilegal de drogas es el
motor financiero que alimenta a muchas organizaciones terroristas
al rededor del mundo" (8).
Una posición generalizada en la esfera política
de Washington es que la fuerza desestabilizadora más importante
en Latinoamérica es el narcotráfico y la influencia
que éste ejerce en diferentes ámbitos. Es por esto
que unido al Plan Colombia, y desde 2001, se empieza a madurar
y apoyar la solicitud de la Iniciativa Regional Andina para controlar
el narcotráfico y promover el desarrollo.
Para entender cuáles son los criterios de acción
que los Estados Unidos han adoptado para centrar su política
antinarcóticos en la reducción frontal de la producción,
es necesario citar el análisis elaborado por Juan Gabriel
Tokatlián al respecto. De acuerdo con éste, Estados
Unidos (i) asume que la demanda depende de la oferta, por lo cual
reprime los centros de cultivo, producción, procesamiento
y tráfico de ilícitos. En segundo lugar, (ii) asume
que en términos de logros es más efectivo un tratamiento
punitivo en los focos donde se genera provisión de drogas.
Además, (iii) parte de considerar que la erradicación
de cultivos de uso ilícito puede generar beneficios múltiples,
tales como la reducción del precio de cultivo, la disminución
del poder de los narcotraficantes y la contención de la
violencia generada por el narcotráfico. Finalmente, (iv)
presupone que los efectos de una mayor erradicación para
los países consumidores serán igualmente múltiples,
como por ejemplo: menor disponibilidad, mayor precio y menor potencial
de pureza de las drogas (9).
La Estrategia Nacional de Control de Drogas norteamericana da
cuenta de la prioridad que para cada una de las fases del control
de drogas hace el gobierno Bush. Mientras que la meta en reducción
de consumo es de 10% en dos años y 25% en cinco, la meta
relativa a la producción es del 50% en seis años.
Por ello, Estados Unidos ha destinado para la asistencia antidroga
en Colombia más de 2.500 millones de dólares en
los años fiscales 2000-2003.
El gobierno norteamericano ha insistido en que la fumigación
es un medio efectivo para la lucha contra las drogas, para lo
cual se ha basado en la experiencia boliviana y peruana. En Perú
y en Bolivia la superficie cultivada y la producción de
cocaína disminuyeron un 60% como consecuencia de las fumigaciones.
Sin embargo, diversos autores, analistas e instituciones han demostrado
a través de numerosos estudios que esa estrategia no ha
funcionado en Colombia (Steiner, 2002). La fumigación en
zonas de concentración de cultivos más que una disminución
en los mismos, ha generado su desplazamiento hacia otras regiones,
lo que ha sido denominado "efecto globo".
Además, las fumigaciones han resultado en una dispersión
geográfica de los cultivos en pequeñas parcelas
y estas están alcanzando mayor productividad en un área
cultivada menor, de acuerdo con el último informe de La
Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD:
2004).
Al finalizar el año 2002, los principales departamentos
cultivadores en Colombia eran Guaviare y Nariño, mientras
Putumayo y Caquetá, donde para 1999 se concentraba más
del 50% de la coca cultivada en el país, presentaron las
reducciones más significativas. En el departamento del
Putumayo, de 66.000 hectáreas calculadas durante el 2000,
se pasó a 13.000 hectáreas a finales del 2002. El
informe de la ONU para el 2003, reporta como el mejor resultado
a nivel regional, la desaparición de 6.000 hectáreas
de cultivos en el Putumayo, que sumadas a las 34.000 hectáreas
erradicadas en el 2002, redujeron en más del 71% la superficie
plantada con coca que se registró para el año 2001.
Sin embargo, la ONU, reconoce que estos resultados podrían
haber sido más satisfactorios si no se hubiera presentado
un incremento de los cultivos en los departamentos de Nariño
y Meta, en una proporción equivalente a las mencionadas
6.000 hectáreas. (10)
Cuadro 2

Fuente: Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito,
2004.
El cambio en la distribución de los cultivos de uso ilícito,
confirma la ineficacia de la erradicación por aspersión
aérea. Así como las fumigaciones en los departamentos
de Guaviare y Caquetá desplazaron las plantaciones hacia
el Putumayo, las fumigaciones en el Putumayo generaron un traslado
de cultivos hacia el departamento de Nariño, -una de las
despensas agrícolas más grandes para el país.
CODHES ha podido constatar que personas provenientes del bajo
Putumayo impulsaron el cultivo de coca en los municipios nariñenses
de Barbacoas y Tumaco; gran parte de las áreas de reserva
indígena y de la franja fronteriza con Ecuador se han visto
involucradas en esta dinámica. Llorente, caserío
ubicado a una hora de Tumaco, es actualmente el centro de compra
y venta de base de coca de mayor movimiento en la región,
es conocido popularmente como "El Nuevo Putumayito".
A nivel nacional ya son más de 22 departamentos cuyas economías
se encuentran vinculadas a los cultivos de uso ilícito.
En el departamento de Nariño los cultivos crecieron en
un 101.9% después de iniciarse la aspersión aérea
en Putumayo (de 3.959 hectáreas en1999 a 15.131 hectáreas
en el 2000) (11) .
Tres años después de fumigaciones intensivas en
el marco del Plan Colombia, el ciclo se cerró nuevamente
en el departamento del Guaviare, que a finales del 2002 registró
27.381 hectáreas, el área más grande de coca
cultivada en el país.
3. Adecuación jurídica de la adopción
del Plan Colombia y acciones de protección constitucional
La adopción del Plan Colombia con base en el mismo marco
normativo que rige los planes de desarrollo económico y
social, fue llevada a cabo sin tener en cuenta los procedimientos
legales internos. Con esto, es claro que los recientes gobiernos
colombianos han preferido la eficacia en la ejecución rápida
de la ayuda norteamericana, a la misma seguridad jurídica.
En esa misma línea se han implementado formas de contratación
directa del gobierno norteamericano con ONGs operadoras en terreno,
que escapan a controles del gobierno colombiano. Y otro tanto
sucede con la contratación de agencias de seguridad privada
(como Dyncorp) que apoyan el manejo de aeronaves y operaciones
antidroga. Esto evidencia una privatización de parte de
la ayuda militar externa y también una eliminación
de los controles nacionales a esta ayuda, que van en detrimento
de la gobernabilidad local.
De acuerdo con el informe sobre las consecuencias de las fumigaciones
hechas en el contexto de la Iniciativa Andina Antidrogas, presentado
por varias ONGs norteamericanas (12) a la Oficina
de Asistencia a Políticas Extranjeras, no existe una planificación
para el manejo ambiental en las zonas que serían fumigadas.
Si bien el Ministerio colombiano del Medio Ambiente ha determinado
que la aprobación de una Licencia Ambiental no es requisito
obligatorio para la realización de las fumigaciones, la
Dirección Nacional de Estupefacientes, DNE, sí está
obligada a presentar y ejecutar un Plan de Manejo Ambiental.
Sin embargo, dicho plan hasta el momento no ha sido tenido en
consideración para el desarrollo de las fumigaciones. Tampoco
requisitos como la disposición de una referencia geográfica
para los proyectos de desarrollo y la definición de un
procedimiento eficiente para manejar quejas sobre fumigaciones
(Resolución No. 5 de 2000). En cuanto a la referencia geográfica,
el informe defensorial de 2001 de la Defensoría del Pueblo
de Colombia, concluye que la que existía y que se tomó
como punto de partida, "era inadecuada para identificar aquellos
ecosistemas y demás áreas que se ven expuestas y
que deberán recibir tratamiento especial".
Otro de los trámites legales que han sido ignorados, es
la obligación de un procedimiento de consulta previa frente
a las comunidades indígenas y afrocolombianas. De acuerdo
con la ley 21 de 1990, que aprueba el convenio 169 de la OIT,
la consulta debe adelantarse sobre cualquier tema que se relacione
con la explotación de recursos naturales o los usos que
afecten el territorio de estas comunidades.
Respecto a la condición y la protección de los
pequeños productores, las leyes colombianas son inconsistentes.
De un lado, para la ley 30 de 1986 y el Código Penal vigente,
cualquier persona que posea más de veinte plantas de coca
está sujeta a pena criminal. De otro, "el Consejo
para Políticas Económicas y Sociales, el Departamento
Nacional de Planeación y el Plan Colombia definen como
pequeños productores a aquellos que cuentan con menos de
tres hectáreas, mientras que para el Plante el punto de
corte puede corresponder hasta cinco hectáreas" (13).
Pero, al mismo tiempo, los pequeños productores han sido
determinados como población objetivo para programas de
desarrollo alternativo.
El precitado informe defensorial de 2001, afirma también
que la fumigación viola los principios constitucionales
de precaución (que alberga el derecho a disfrutar de un
ambiente sano), de armonización de políticas (para
el caso se traduce en que el Estado no puede destruir el medio
ambiente con el pretexto de combatir el crimen) y el de igualdad
efectiva (es decir, la disposición de condiciones de vida
iguales y de medidas que las fortalezcan).
A través del fallo tutela SU-383 de 2003, expedido en
sala plena el 13 de mayo de 2003, la Corte Constitucional decidió
revocar parcialmente las decisiones adoptadas por el juez 15 civil
del Circuito y por la Sala Civil del Tribunal Superior, y conceder
a los pueblos indígenas de la amazonía colombiana
la protección constitucional de los derechos a la vida,
la salud, el libre desarrollo de la personalidad, la integridad
cultural, la participación, el debido proceso y el ambiente
sano. La Corte consideró que: "las decisiones relativas
a la erradicación de cultivos ilícitos consideren
métodos que garanticen de manera efectiva los derechos
fundamentales, los valores culturales, económicos y sociales
de los pueblos indígenas y tribales, para asegurar el reconocimiento
de la diversidad étnica y cultural de la nación
colombiana, sin desmedro de las potestades inherentes al Estado
colombiano para definir y aplicar de manera soberana y autónoma
la política criminal y dentro de ella planes y programas
de erradicación de cultivos ilícitos" (Sentencia
SU-383 de 2003).
En síntesis, la decisión afirma que la Presidencia
de la República, el Consejo Nacional de Estupefacientes,
los ministerios del Interior y Justicia y del Medio Ambiente,
deben consultar de manera previa a los pueblos indígenas
y tribales de la Amazonía sobre las decisiones atinentes
al Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos
adelantado en sus territorios. Además, dispuso que la Defensoría
del Pueblo deberá asesorar y acompañar a los pueblos
indígenas en la consulta que se les formule, y que la Procuraduría
General de la Nación vigilará el cumplimiento de
dicha decisión.
Otra de las medidas de protección expedidas a favor de
la comunidad es el fallo del Tribunal Administrativo de Cundinamarca,
expedido el 25 de junio de 2003. El tribunal ordenó a la
DNE suspender las fumigaciones en el país hasta tanto no
se diera aplicación al Plan de Manejo Ambiental del Ministerio
de Medio Ambiente. Igualmente se asignó al Ministerio de
Seguridad Social, y al Instituto Nacional de Salud en asocio con
la Universidad Nacional de Colombia, la coordinación de
estudios sobre los efectos e implicaciones del glifosato incluyendo
registros de mortalidad y morbilidad.
Esta decisión protege el derecho a la seguridad y la salubridad
pública de los colombianos, en relación con la toxicidad
causada por la aspersión aérea con glifosato; ordena
la aplicación del principio de precaución establecido
en el artículo 1º numeral 6 de la ley 99 de 1993;
y brinda las herramientas para que los ciudadanos gocen de un
ambiente sano.
4. Efectos de las fumigaciones
En síntesis, las fumigaciones aéreas de cultivos
de uso ilícito, tienen efectos sociales y medio ambientales
que deterioran las condiciones de vida de las personas que viven
donde se concentra esta estrategia de erradicación forzada.
a. Fumigaciones y desplazamiento
Los efectos indiscriminados de las fumigaciones sobre cultivos
lícitos y cultivos de uso ilícito, sobre cultivadores
y no cultivadores, está ocasionando el desplazamiento de
quienes viven en las zonas dónde se concentran las operaciones
de aspersión. Estas personas tienen varias opciones: salir
hacia otras regiones donde aún no han fumigado para re-sembrar
coca o amapola; salir hacia países vecinos como Ecuador
para buscar mejores condiciones de vida y alternativas económicas;
involucrarse, en casos extremos, en el conflicto armado interno
mediante el ingreso a alguno de los grupos en confrontación
(guerrillas, paramilitares); quedarse en su territorio a pesar
de las difíciles condiciones económicas y en situaciones
de hambre.
De acuerdo con datos suministrados por el sistema de Información
(SISDHES) de CODHES, de un total aproximado de 50 mil familias
dedicadas a los cultivos de uso ilícito, se calcula que
36.200 personas, que integran alrededor de 7.200 familias, huyeron
entre enero y septiembre de 2001 de zonas de producción
cocalera como consecuencia de (i) la presencia de distintos actores
armados, (ii)los impactos de la fumigación sobre los cultivos
de pan coger y (iii) la ausencia de verdaderas alternativas de
subsistencia.
En el 2003 el sistema de información de CODHES reportó
una reducción del 50% en el desplazamiento forzado respecto
al año anterior, mientras ocho departamentos mostraron
la tendencia contraria al incremento. En estos departamentos se
han concentrado las fumigaciones. Caquetá aparece con el
mayor incremento respecto al 2002 y presenta la tasa de expulsión
más alta en todo el país. Los departamentos que
registraron un incremento del desplazamiento durante el 2003 frente
al 2002 fueron Caquetá con una tasa de 3.165 personas desplazadas
por cada 100 mil habitantes, Putumayo con una tasa de 2.330 (14),
Guaviare con 2.302, Cundinamarca con 588, Guainía con 395,
Valle con 260, Amazonas con 78, Vaupés con 82, mientras
la tasa nacional fue de 466 por cada 100 mil habitantes.
En 2003 se produjo la expulsión de por lo menos 27.000
personas de las zonas en donde se adelantaron estas fumigaciones,
lo que contribuye a agravar la crisis humanitaria. Aproximadamente
el 80 por ciento de los desplazamientos ocurridos en zonas de
fumigación se produjo en los departamentos de Putumayo,
Caquetá, Guaviare, Norte de Santander y Cesar que son regiones
donde se han implementado los operativos militares más
grandes en el marco de la política de seguridad democrática
del gobierno de Uribe ("Holocausto" en Catatumbo y "Libertad"
en Cundinamarca).
En 2003, mientras se redujo el número de personas desplazadas
internamente, se incremento el éxodo de población
colombiana en busca de protección y seguridad en otros
países del mundo.
Sólo hacia los países vecinos de Ecuador, Panamá
y Venezuela aproximadamente 40.017 personas salieron forzadamente
del territorio nacional por amenazas de muerte, atentados, asesinatos,
masacres, fumigaciones de cultivos lícitos e ilícitos,
intentos de secuestro y reclutamiento forzado o voluntario por
parte quienes hacen la guerra en Colombia (15).
|
País
|
Éxodo de colombianos en zona
de frontera (2003)
|
|
Ecuador
|
24.571
|
|
Venezuela
|
11.571
|
|
Panamá
|
1.692
|
|
Total
|
40.017
|
Fuente: Sistema de Información sobre desplazamiento forzado
y derechos humanos SISDHES-CODHES
De estas personas, un total de 11.612 han tramitado oficialmente
el refugio pero esta condición ha sido otorgada sólo
a 2.528. Es decir, de cada diez colombianos que solicitaron
status de refugiado sólo dos lo han obtenido de manera
efectiva. Y de cada diez colombianos que salen forzadamente hacia
Ecuador, Venezuela o Panamá, siete ni siquiera hacen el
trámite, por miedo, desconfianza o desinformación
y prefieren permanecer en calidad de indocumentados o ilegales.
Cifras de refugio
|
País/Año
|
1995
|
1996
|
1997
|
1998
|
1999
|
2000
|
2001
|
2002
|
2003
|
| Ecuador |
900
|
1.200
|
3,500
|
4,000
|
3,100
|
9,698
|
10,280
|
12,000
|
24,751
|
Fuente: Sistema de Información SISDHES. CODHES
Cifras de refugio
|
|
2000
|
2001
|
2002
|
2003
|
| Ecuador |
323
|
1.872
|
6.244
|
11.463
|
| Refugiados Colombianos |
362
|
1.614
|
3.304
|
6.864
|
Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador.
Solicitudes de asilo de ciudadanos colombianos. No Acumulativo.
|
País
|
2000
|
2001
|
2002
|
2003 |
A 31 de mayo de 2004
|
| Ecuador |
323
|
1.872
|
6.244
|
11.463
|
4.375
|
| Venezuela |
95
|
205
|
803
|
1.345
|
581
|
| Costa Rica |
954
|
5.018
|
3.613
|
1.545
|
S/I
|
| Total |
1.372
|
7.095
|
10.660
|
14.353
|
S/D
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Fuente: ACNUR - Información sujeta a revisión.
Documentos consultados: Trends in refugee status determination
in 87 countries, 1 Jan-30 Jun 2003 (rev.) 2002 Annual Statistical
Report. Informes estadísticos anuales 2003 de Ecuador y
Costa Rica.
Para los cinco primeros meses del presente año, la situación
no ha cambiado sustancialmente. Según datos del ACNUR (16),
en Ecuador se han presentado 4.375 solicitudes de asilo para un
promedio de 875 por mes, aproximadamente el mismo valor registrado
durante el 2003.
En Ecuador se calcula que viven más de 300 mil colombianos,
de los cuales sólo 7000 tienen status de refugio, según
cifras del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Refugiados). En promedio, entre 100 y 150 personas diariamente
acuden al Comité Pro-refugiados del ACNUR en Ecuador para
solicitar refugio y sólo en el mes de marzo, entre 150
y 500 colombianos llegaron a la provincia del Carchi provenientes
de Chiles, población colombiana. En el municipio de La
Hormiga, departamento de Putumayo, en frontera con Ecuador, sólo
durante el mes de junio de este año, 100 personas salieron
desplazadas como consecuencia de las fumigaciones que iniciaron
este año.
Esta situación no sólo aqueja a población
que proviene de Colombia, los habitantes del Ecuador ya comienzan
a sentir los efectos de la crisis humanitaria en su territorio.
Según Daniel Alarcón, Presidente de la Federación
de Organizaciones Campesinas del Cordón Fronterizo, las
fumigaciones con glifosato en la frontera entre Ecuador y Colombia
han provocado el desplazamiento de 6000 familias ecuatorianas
hacia el interior de su país (17).
Los desplazamientos forzados de población por causa de
las fumigaciones y en general de la política de interdicción
y control de los cultivos de uso ilícito se han ocasionado
no solamente por los efectos directos que puedan tener los químicos
usados en las fumigaciones sobre la salud, los cultivos, los animales
y sobre la economía en la región, sino también,
por la amenaza que representan las acciones militares que sobre
estos territorios se ejercen como estrategia simultánea
a las fumigaciones, como quiera que los directamente afectados
son las poblaciones que permanecen todo el tiempo en la región.
b. Fumigaciones y Conflicto Armado Interno
El gobierno colombiano en el desarrollo de la lucha contra las
drogas ha desconocido la condición de población
civil no combatiente de los habitantes de zonas altamente conflictivas,
que dependen de economías ilegales y cuyos territorios
están bajo el influjo de grupos irregulares (guerrilleros
o paramilitares). Esto se manifiesta en los señalamientos
que de manera generalizada e indiscriminada ha venido haciendo
sobre las comunidades indígenas, afrocolombianas y mestizas,
habitantes del territorio fronterizo, al vincularlas con el accionar
de organizaciones terroristas, narcotraficantes y criminales.
En consecuencia, estas personas ven amenazada muchas veces su
seguridad personal.
La apelación del gobierno colombiano a la acción
popular presentada en contra de las fumigaciones (18),
"A nadie escapa que estamos enfrentados a una tema de altísima
sensibilidad política, en el que una izquierda pro marxista
podría explicablemente estar defendiendo el brazo armado
del marxismo y el negocio del que se nutre, que son las FARC.
Igual podría acontecer, para decirlo de una vez, con declarantes
interesados en mantener vivas las autodefensas ilegales, que con
tan mal lenguaje se califican de Paramilitares" p 16.
De otro lado, el gobierno no ha promovido alternativas económicas
viables y concertadas previamente con las comunidades al cultivo
de uso ilícito. La prioridad del Plan Colombia ha sido
la aplicación de estrategias contrainsurgentes enfocadas
al debilitamiento de las finanzas de grupos guerrilleros, entre
ellas, las fumigaciones.
c. Fumigaciones y reparación de los daños
causados a la población civil
El gobierno colombiano es responsable de los desplazamientos
ocasionados por efecto de las fumigaciones en la medida en que
continúa promoviendo esta estrategia. Sin embargo, desconoce
la condición de desplazados a quienes se ven obligados
a abandonar su territorio por efecto de las fumigaciones, aunque
la ley 387 de 1995-que se basa en la definición de Naciones
Unidas sobre desplazados internos- no hace explícito este
criterio. En consecuencia, quienes dejan sus tierras por causa
de las fumigaciones, se encuentran en una situación de
desatención total y con frecuencia se ven obligados a huir
hacia territorio ecuatoriano.
En Colombia 2 de cada 5 desplazados cuyas declaraciones son rechazadas
y no ingresan al sistema de registro único del gobierno,
son rechazadas porque mencionan fumigaciones como causal de desplazamiento.
d. Fumigaciones y derecho a la alimentación
Las fumigaciones se llevan a cabo de forma indiscriminada a pesar
de que los gobiernos de Estados Unidos y de Colombia argumentan
precisión satelital para aplicar y rociar el líquido
sobre cultivos de uso ilícito identificados por coordenadas
geográficas. Esto está generando una situación
de inseguridad alimentaria en Colombia y Ecuador.
Según conceptos emitidos por expertos en el tema agrícola,
el suelo tarda 2 años en recuperarse y volver a producir.
De otro lado, el programa de familias guardabosques que está
impulsando el presidente Uribe como proyecto principal de desarrollo
alternativo al cultivo de coca y amapola, no permite que el campesino
cultive en su propia tierra y no provee de herramientas o mecanismos
de desarrollo agrícola; tampoco de medidas para promover
la comercialización de productos y para su sostenibilidad.
Este programa consiste en otorgar un dinero mensual a cada familia
beneficiaria equivalente a 800 mil pesos y 5 millones de pesos
al año (2 mil dólares). Esto no representa ni la
mitad de las ganancias que han reportado tener los campesinos
cuando venden sus productos agrícolas lícitos en
grandes cantidades.
De otro lado, los programas de desarrollo alternativo no han
contemplado subsidios a campesinos, han introducido productos
que no responden a las características de las economías
locales (monocultivos que deterioran suelos amazónicos
como la palma de aceite en costa Pacífica o el caucho en
Putumayo), no se han concertado con las familias, han traído
animales no aptos para sobrevivir en la región (como los
marranos y las gallinas importadas de Estados Unidos sin pico,
que murieron de hambre), no han articulado su aplicación
con las condiciones de vías de transporte y comunicaciones
que permitan adecuada comercialización, no han contemplado
imponer condiciones al Estado para que sea posible el desarrollo
regional (tales como la compra obligada de una parte de la producción,
la negociación de exportaciones de estos productos en las
mesas del ALCA y del Tratado de Libre Comercio).
Además, cultivos de desarrollo alternativo han sido fumigados
hasta 4 y 5 veces de acuerdo con testimonios recogidos por CODHES.
En Putumayo, se fumigaron 700 hectáreas de pactos PILDAET
(de erradicación temprana) de los cuales se beneficiaban
750 familias. En estas veredas del municipio de La Hormiga se
había verificado la erradicación temprana, y es
la segunda vez que se fumigan. En las veredas Osiris y Luzón
del municipio de Orito en Putumayo, también han sido fumigadas
zonas beneficiarias de familias guardabosques. En Nariño,
departamento fronterizo con Ecuador, en la costa Pacífica,
municipio de Tumaco, fueron afectadas por fumigaciones más
de 500 hectáreas de cultivos de desarrollo financiados
por el gobierno Holandés, de acuerdo con información
documentada. Las zonas protegidas, reservas naturales y de resguardo
indígena y titulación colectiva de afrodescendientes,
también han sido fumigadas. Es el caso de los Consejos
Comunitarios del Pacífico RECOMPAS y los resguardos Santa
Rosa en Putumayo y de territorio Awá en Nariño.
e. Derecho a la salud y al medio ambiente sano
La Defensoría del Pueblo del Ecuador, La Defensoría
del Pueblo colombiana y la Asociación Americana de Médicos
(AMA) en Estados Unidos, han señalado los efectos dañinos
de las fumigaciones sobre la salud y el medio ambiente y han exigido
el desarrollo de estudios científicos que determinen la
magnitud de estos daños. Estas entidades y otras organizaciones
no gubernamentales han exigido que los gobiernos se acojan al
principio de precaución, según el cual el Estado
no puede aplicar medidas o estrategias que puedan afectar el medio
ambiente o la salud, si sus efectos no han sido determinados mediante
estudios científicos.
Estas instituciones también han pedido el cumplimiento
del Plan de Manejo Ambiental estipulado para aplicar las fumigaciones,
por parte del gobierno colombiano.
De acuerdo con un estudio desarrollado por el Departamento Administrativo
de Salud del Putumayo en los municipios del Valle del Guamuéz,
Orito y San Miguel, de este departamento, las poblaciones que
habitan la zona, han manifestado un incremento preocupante de
"reacciones alérgicas de piel como: dermatitis,
impétigo, abscesos, dolor abdominal, diarreas, infección
respiratoria aguda, presentados a partir de la realización
de fumigaciones en la zona (
) de las 100 veredas que existen
en el Valle del Guamuéz, municipio con el mayor número
de habitantes en el departamento, después de Puerto Asís
y Orito, con 35.288 habitantes; residentes de 67 de ellas, se
consideraron afectados por la fumigación en su estado de
salud, cultivos y medio ambiente" (19)
"De las 800 quejas interpuestas por los habitantes ante
la Personería de La Hormiga, municipio del Valle del Guamuéz,
la mayor proporción de éstas corresponde a La Esmeralda,
El Placer y los Ángeles, veredas con 535 habitantes, 1.014
habitantes y 497 habitantes respectivamente." (20)
No obstante, las fumigaciones han afectado no sólo a los
cultivos de coca, sino también a cultivos y propiedades
de pobladores que no hacen parte del circuito económico
ilícito. En el municipio del Valle del Guamuéz,
"según la Personería Municipal se puede observar
cómo del total de hectáreas afectadas (7.252), los
potreros (áreas de pasto para ganado) fueron las áreas
más afectadas, con un 39 % (2.850 hectáreas) seguido
por los cultivos de plátano (12.6%) y en un tercer lugar
los de coca en un 11% (854 hectáreas)." (21)
De otro lado, la intensificación de las fumigaciones a
cultivos ilícitos en el departamento colombiano del Putumayo,
como desarrollo del Plan Colombia, ha repercutido negativamente
sobre las poblaciones asentadas en la zona de frontera colombo-ecuatoriana.
Ante los efectos perjudiciales generados sobre la salud y sobre
los cultivos convencionales de autoconsumo y sostenimiento, las
comunidades indígenas y campesinas del Ecuador interpusieron
un recurso de amparo constitucional.
Este recurso fue acogido por un Tribunal de lo Contencioso-Administrativo,
que en su fallo ordenó a los distintos órganos del
Estado ecuatoriano tomar medidas urgentes para atender a los afectados
y evitar que continúen las fumigaciones en la frontera.
El Tribunal encontró culpables a algunos organismos del
gobierno ecuatoriano (Presidencia de la República y ministerios
de Relaciones Exteriores, de Agricultura, de Ambiente y de Salud)
de omisión grave, al no tomar las medidas necesarias para
auxiliar a los pobladores de la frontera ecuatoriana que colinda
con el departamento del Putumayo en Colombia. (22)
5. Conclusiones
Como consecuencia de todo lo anterior, en las zonas donde se
concentran las fumigaciones y la estrategia militar de lucha anti-terrorista,
ha empeorado la situación de derechos humanos, se ha intensificado
el conflicto armado interno y se ha agudizado la crisis humanitaria
regional. Esto, afecta y aumenta la desprotección y las
agresiones en contra de la población civil que vive en
estas zonas, principalmente indígenas y campesinos, víctimas
de las estrategias utilizadas por los grupos armados para mantener
su control territorial, económico y político; así
como de las estrategias de militarización y erradicación
forzosa de cultivos para uso ilícito.
Pero, de otro lado:
1. La erradicación de los cultivos de uso ilícito
es más fácil y efectiva en el marco de la solución
política y negociada del conflicto armado, que en medio
de una guerra que se prolonga y expande sin resultados reales.
Esta confrontación no la gana el Estado ni la guerrilla
y la pierde el país.
La guerra interna no se resuelve con el incremento de ayuda militar
y, al contrario, se prolonga con altos costos en vidas humanas,
sociales, económicas, políticas y culturales.
2. Las fumigaciones y la estrategia militar del Plan Colombia
son contraproducentes porque producen una expansión de
los cultivos en el sur del país, provocan reacomodamientos
de los grupos armados irregulares, expanden el conflicto, limitan
la democracia, agravan la crisis humanitaria y plantea nuevos
desafíos a la institucionalidad y la gobernabilidad local.
3. Las personas afectadas por las fumigaciones están sometidas
a diversas alternativas, algunas son: permanecer en sus territorios
sin sembrar coca a pesar de la devastación producida por
los efectos de la aspersión aérea y en medio del
hambre; trasladarse a otras regiones del país y continuar
la siembra de cultivos de uso ilícito; en casos extremos
involucrarse en el conflicto armado con cualquiera de las partes
enfrentadas, desplazarse a las ciudades u otras regiones del país
o cruzar las fronteras y buscar otras opciones en territorios
de países vecinos.
4. Los campesinos dedicados a los cultivos de uso ilícito
son el eslabón más débil de la cadena del
narcotráfico, que incluye en el otro extremo de la vulnerabilidad
a las personas que consumen droga.
5. En una política integral y de responsabilidad compartida
en el campo internacional es necesario incrementar las acciones
contra quienes transportan, exportan o comercializan la droga,
contra quienes lavan dineros provenientes del narcotráfico
dentro y fuera del país o de quienes se apoderan ilegalmente
o bajo presión de las tierras.
6. No necesariamente hay narcotráfico porque hay cultivos
de uso ilícito sino que estos cultivos existen porque hay
tráfico de drogas como una alternativa económica
en medio de la pobreza rural.
7. Colombia necesita desarrollar una política autónoma
y soberana frente al narcotráfico que consulte a la comunidad
internacional y sus intereses, pero también debe consultar
a las comunidades campesinas obligadas, en muchos casos, por la
crisis rural a esta alternativa.
8. El cultivo de la hoja de coca que responden a usos tradicionales
de los pueblos indígenas requieren de otro tratamiento
que reconozca las prácticas de comunidades ancestrales
que no están insertas en dinámicas de producción
industrial de narcóticos.
6. Recomendaciones
En tal sentido, consideramos necesario atender de manera cabal
las siguientes recomendaciones:
1. Ejercer la autoridad del Estado en el marco de una política
clara de respeto a los derechos humanos, al Derecho Internacional
Humanitario y los principios de la democracia como acción
que legitima su presencia en estas regiones.
Acompañar la presencia disuasiva del Estado con inversión
social, con mecanismos de control y con planes alternativos de
reforma agraria y asistencia técnica y crediticia a los
campesinos, indígenas, afrodescendientes y colonos.
2. Suspender las fumigaciones por aspersión aérea
y promover mecanismos de concertación para la erradicación
manual, gradual y voluntaria de los cultivos.
Reformular la política de atención a población
desplazada y garantizar la protección de las comunidades.
Para ello, es necesario el reconocimiento de la población
en situación de desplazamiento por fumigación y
la aplicación de planes de contingencia con un claro componente
de ayuda humanitaria, acorde con las necesidades de las personas
afectadas.
3. Replantear la política del retorno y garantizar la
seguridad en las zonas objeto del Plan Colombia, con el fin de
fortalecer la presencia de instituciones civiles del Estado encargadas
de la protección, promoción y garantía de
los derechos humanos.
4. Garantizar una política de restablecimiento para las
comunidades que se encuentran en situación de desplazamiento
y para los afectados por las fumigaciones. Esto incluye a aquellos
que han recibido asistencia social con recursos del Plan Colombia;
quienes se inscribieron en los distintos programas de erradicación
voluntaria, sustitución de cultivos de uso ilícito
y desarrollo alternativo; así como aquellos que no se registraron
en ninguno de los programas ni recibieron ningún tipo de
asistencia, pero que han sido víctimas de la aspersión
aérea con glifosato.
5. Constituir una política de erradicación consecuente
con los objetivos iniciales del Plan Colombia. Para tal efecto,
es muy importante considerar un énfasis en las estrategias
de erradicación manual, concertada y voluntaria, con apoyo
al desarrollo regional. El gobierno ecuatoriano debe negociar
con los gobiernos norteamericano y colombiano, un plan de contingencia
y de medidas a corto plazo, como quiera que la crisis humanitaria
generada a través del flujo de colombianos a su país
se agudizará, al igual que aumentará el traslado
de cultivos, y con ellos, de la violencia.
6. Promover estrategias de desarrollo sostenible a largo plazo;
que incluya mayoritariamente al grueso de la población
campesina, indígenas y afrodescendientes que habitan en
dichas zonas.
7. Garantizar una veeduría internacional y coordinación
de evaluación de los programas entre las distintas instituciones,
a cargo de una instancia independiente que rinda informes periódicos
y que cuente con capacidad de convocatoria.
8. Es necesario que la recepción de las quejas y su procedimiento
esté a cargo de instituciones idóneas y externas
a la implementación de las fumigaciones como la Defensoría
del Pueblo, y que los requisitos así como criterios establecidos
para procesar las denuncias para indemnización correspondan
a la realidad de los habitantes del Putumayo.
9. Protección del medio ambiente y de la salud: Evaluación
y cumplimiento de lo establecido por el Plan de Manejo Ambiental.
10. Rectificación de la resolución 013 de junio
de 2003 expedida por la Dirección Nacional de Estupefacientes
y en la que se autoriza las fumigaciones en áreas de reserva,
parques naturales y resguardos indígenas, así como
cultivos lícitos cercanos a los de uso ilícito.
Es necesario que se lleve a cabo una evaluación continua
y sistemática de la situación de derechos humanos
en las zonas donde se concentra la ayuda militar del Plan Colombia,
y que se garantice la investigación, el juzgamiento y la
reparación integral.
Al tribunal Constitucional Ecuatoriano solicitamos
1. Ordenar al Gobierno del Ecuador en cabeza de su presidente,
y a sus
ministros de Relaciones Exteriores, Agricultura, Salud, Medio
ambiente y del
Interior, entablar cuanto antes las medidas necesarias para que
en el orden
diplomático y de las relaciones internacionales, pueda
exigirse al gobierno
colombiano la suspensión de las fumigaciones aéreas
que causen efectos
nocivos sobre el territorio y las comunidades asentadas en la
franja
fronteriza entre Ecuador y Colombia.
2. Dictar medidas cautelares de protección inmediata sobre
los derechos
a la salud, el medio ambiente y la alimentación de las
comunidades
ecuatorianas asentadas en la franja fronteriza con Colombia.
Notas
1. Además de estos objetivos el gobierno
norteamericano planteó la importancia de defender la estabilidad
de las instituciones democráticas en Colombia, propósito
que además estaba relacionado con la necesidad de garantizar
la inversión económica internacional en el país.
Ver el Discurso del Subsecretario de Estado para asuntos políticos
de Estados Unidos, Thomas Pickering ante la Corporación
Andina de Fomento, durante el Seminario de Comercio en las Américas
el 8 de septiembre del 2000 (traducción extraoficial).
2. Molano Alfredo, "Bosques, territorio y
conflicto social en Colombia", junio de 2000 [http://www.foroambiental.org],
julio de 2003.
3. Ibid
4. Salazar Manuel, Manejo de los cultivos ilícitos
en el Plan Colombia en: Cultivos ilícitos en Colombia".
Ed. Uniandes. Bogotá 2000 p.69.
5. Rengijo Milton, Colombia: Selva, cultivos para
fines ilícitos y reordenamiento territorial. Unidad de
Trabajo Legislativo de Gustavo Petro U.
6. "Distribución de la propiedad rural",
CEGA, 1984. IGAC, 1997. nota tomada de: Propuestas del Taller
sobre Tema Agrario y Cultivos de Uso Ilícito, presentadas
al Congreso Nacional de Paz y País (Bogotá, 10 y
11 de mayo de 2002)
7. Tokatlián, Juan "Colombia: un error
repetido", en Diario El Clarín (Argentina), 27 de
febrero de 2001
8. Sánchez, Ximena "Terror y drogas:
mismo campo de batalla", Washington Post, 3 de octubre de
2001
9. Ibid Tokatlián
10. El Tiempo. Junio 17 de 2004. "Los cultivos
de coca se redujeron en Colombia en un 16 por ciento en el 2003,
indica informe de la ONU"
11. Contraloría General de la República.
Ob. Cit.P27
12. Latin American Working Group, Amazon Alliance
y Center for International Politics
13. www.amazonalliance.org
14. Estos dos departamentos concentraban en el
2000 más del 50% de los cultivos de coca en Colombia, cerca
de la frontera con Ecuador.
15. La cifra es una estimación que se
obtiene de datos ofrecidos por organizaciones humanitarias, sociales
y no gubernamentales, de jurisdicciones de la Iglesia católica
y de autoridades locales en las zonas de frontera de Colombia
con Ecuador, Venezuela y Panamá y obtenida en el trabajo
en terreno realizado por CODHES durante 2003. Es imposible una
información precisa porque estas formas migratorias son
difusas, no se registran legalmente, están sometidas a
presiones de autoridades y sólo se pueden constatar por
datos fragmentados. Por ejemplo, de las ayudas de instituciones
humanitarias, de información de lideres que conocen la
región y a las personas y que dan cuenta de la salida forzada
hacia territorios de países vecinos. Es muy probable que
la cifra sea muy inferior a la realidad, pero permite reflejar
una tendencia. Un ejemplo de las dificultades para construir una
cifra confiable es el informe del Consejo de Estados Unidos para
los Refugiados, la Guardia Nacional de Venezuela admitió
haber devuelto en 2003 alrededor de 10 mil colombianos en calidad
de indocumentados e ilegales, desconociendo o negando casos de
persecución y amenazas susceptibles de acceder a la condición
de refugiados.
16. Oficina del alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Refugiados
17. Informe de Fronteras mayo-junio 2004, Project
Councelling Service en: www.pcs.org
18. Ministerio del Interior y de Justicia, Dirección
Nacional de Estupefacientes. Extractos de la Apelación
del gobierno colombiano a la acción popular 01-22 presentada
en contra de las fumigaciones.
19. Efectos de la fumigación Aérea
con glifosato . Valle del guamuez - San Miguel - Orito. Putumayo
, Febrero 2001. Dyva Revelo Calderón. Departamento Administrativo
de Salud. Oficina de Planeación. Sección de Epidemiología.
Putumayo. Página 1.
20. Ibid. Página 3.
21. Efectos de la fumigación Aérea
con glifosato . Valle del guamuez - San Miguel - Orito. Putumayo
, Febrero 2001. Op Cit., Página 15.
22. "Las fumigaciones en Colombia, llegan
hasta Ecuador". Actualidad Étnica (Colombia). Quito,
11 de febrero de 2003 http://www.etniasdecolombia.org/periodico_detalle.asp?cid=747.
*Marcela Ceballos.
Politóloga. Miembro de la Consultoría para los Derechos
Humanos y el Desplazamiento, CODHES. Ponencia presentada en la
II Conferencia regional "Migración, desplazamiento
forzado y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar,
Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.
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