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Introducción
La movilidad humana, libremente ejercida, generalmente contribuye
al enriquecimiento de las personas, de las comunidades, de los
pueblos y de las naciones.
Esta movilidad es búsqueda, reto, desafío, inquietud,
rechazo, falta de acomodamiento.
Es el hecho de personas que se mueven de un lado a otro de su
país y más allá de las fronteras patrias,
de familias, de comunidades, de pueblos enteros que confrontándose
con necesidades graves, con restricciones para su libertad y con
la falta de recursos para su desarrollo económico, social,
cultural y político, toman la decisión de arriesgar,
de emprender algo nuevo, de buscar mejores oportunidades para
la cabal expresión de su potencial humano.
Hay también una movilidad humana menos positiva, inducida
por situaciones de violencia, de poder represivo y hegemónico,
de violación de los derechos humanos, de injusticia estructural
en la posesión de bienes y de medios de producción,
de sistemática explotación del trabajo ajeno, de
corrupción o de racismo.
Quien se moviliza, obligado por estas causas, con frecuencia
no se encuentra en las mejores condiciones ni para enriquecerse
humanamente, ni para enriquecer a los demás. Vivirá
añorando su tierra lejana, esperando la primera ocasión
para regresar.
La movilidad humana debería ser una ocasión de
enriquecimiento para quienes:
l se mueven;
l quedan;
l se encuentran en la tierra
de acogida de quienes se movilizaron.
Igualmente puede ser una causa de empobrecimiento para estas
tres categorías de personas. Todo depende de las circunstancias,
pero también de la actitud de cada sujeto involucrado en
el fenómeno.
Los efectos de la migración
Hace un año he tenido la suerte de reunirme en Madrid
con un buen número de emigrantes ecuatorianos.
Todos o casi todos tenían algo menor de que quejarse; muchos
dijeron que se sentían renovados, que se habían
sacudido de la apatía, que había aumentado su autoestima,
que sudaban en España pensando en su regreso al Ecuador.
Una frase me impactó: "Aquí somos gente".
¿Qué significa "aquí somos gente"
en la boca de un indígena joven, que ha pasado la mayor
parte de su vida en el Ecuador?. ¿"Aquí en
España "se contrapone tal vez a allí en el
Ecuador"?.
Ser gente significa:
- ejercer la ciudadanía, ser alguien en la sociedad
- vivir en un ambiente de respeto
- ser sujeto de derechos y de deberes
- cumplir normas básicas de convivencia civil
- no ser víctima de discriminación por asuntos de
etnia, de género, de posición económica
- ser retribuidos/as con justicia
- acceder a los servicios básicos de educación,
salud, transporte, comunicaciones, crédito, etc.
- tener la capacidad y la voluntad de organizarse
- mantener la identidad cultural, etc
¿Son gente de esta manera la mayoría de ecuatorianos
y ecuatorianas que en nuestro país viven en el campo o
en los barrios urbano marginales?.
Y me puse a pensar en como se ha desarrollado la conciencia de
personas que en su propio país no logran conseguir lo que
sienten estar a su alcance en el exterior.
Pero todavía más me gusta pensar en como se transformará
este lindo Ecuador, el día en que sus emigrantes regresen
con la conciencia de que deben ser tratados como gente, como personas
humanas con todos sus derechos; todos somos personas con plenitud
de derechos: indios, negros, mestizos, ricos y pobres, varones
y mujeres.
Hagamos el ejercicio de pensar oficinas públicas sin colas,
sin trámites burocráticos largos, complicados y
a veces inútiles, sin nadie que insinúe la coima,
sin favoritismos, sin descuidos inexplicables, oficinas limpias,
alegres, llenas de sol y aire puro, en las cuales el empleado
público sienta que es una persona importante porque te
sirve bien y no porque puede complicarte la vida.
Imaginemos el Ecuador cuando haya servicios para todos, no tanto
malecones y teleféricos, cuanto caminos, agua potable,
electricidad, centros de salud con personal residente, escuelas
dignas y profesores motivados para todos los niños/as rurales
y urbano marginales, etc.
Pensemos en un Ecuador en el cual los banqueros no manden a buen
o mal recaudo en el exterior la misma cantidad de dinero que nos
llega por las remesas de los emigrantes; en el cual las compañías
madereras no talen por fines de lucro aquellos bosques que los
campesinos plantan y conservan por amor a la naturaleza; en el
cual la política de apoyo a la movilidad humana vaya más
allá de mandar a perseguir con barcos rápidos, nuestros
y ajenos, de paz y de guerra, aquellas frágiles y lamentablemente
peligrosas embarcaciones que se llenan de las esperanzas y sueños
de tantos connacionales que arriesgan hasta su propia vida con
tal de encontrar un trabajo o reunir a su familia en tierras lejanas.
A propósito: ¿habrá una estadística
que diga cuantos cupos de emigración legal para ecuatorianos
y ecuatorianas ha conseguido cada uno de nuestros embajadores
en los países del Norte? ¿Será esta una preocupación
para ellos/as?.
Pienso que la migración es hoy uno de los recursos más
importantes que tiene el Ecuador para capitalizarse. No pienso
solo en el capital dinero, las remesas, la segunda fuente de ingresos
para el país con cerca de 1.600 millones de dólares
anuales, que en cantidad cada vez mayor, con oportunas disposiciones
legales e incentivos económicos, deberían destinarse
a la inversión productiva, en vez que al consumo, para
que los niños de hoy no tengan que emigrar el día
de mañana.
Pienso especialmente en el retorno de las personas que han emigrado:
espero que regresen enamoradas de su país, del cual desde
lejos habrán apreciado los valores profundos. Espero que
regresen con una nueva visión del trabajo humano, con contactos
comerciales, con nuevas experiencias productivas y organizativas,
con mucha autoestima, con capacidad de programar, con el sentido
de la disciplina, de la puntualidad, del cumplimiento, de la calidad.
Si esto se da, gozaremos todos de un proceso exitoso de capitalización
humana, así como en el exterior se habrán enriquecido
quienes viven cerca de los ecuatorianos/as, que en su vida diaria
dan muestras coherentes de amor a la tierra, a la vida y a la
naturaleza, de solidaridad y espíritu comunitario, de resistencia
frente al dolor físico y espiritual, de sobriedad, de vivencia
pacífica, de dedicación al trabajo, de una positiva
relación con Dios.
Por estas razones casi todos los emigrantes ecuatorianos son
apreciados en el exterior.
He oído contar maravillas acerca de la dedicación
y dulzura con la cual las ecuatorianas cuidan a niños,
ancianos y enfermos.
La movilidad humana es entonces un camino de ida y de vuelta,
de dar y recibir.
Pero no siempre las cosas son tan buenas como las descritas anteriormente.
Algunas causas de la descapitalización humana
Hay muchas familias divididas, cuyos miembros pierden afectos,
confianza, diálogo, relaciones, comunicación.
Hay niños y jóvenes que crecen con una doble desventaja:
lejos de sus padres y por lo tanto carentes de su guía
educadora y llenos de plata y de caprichos por otro lado, porque
reciben las remesas de sus padres y con frecuencia las gastan
mal, asumiendo hábitos cuestionables.
Hay comunidades que quedan sin sus líderes, porque muchas
veces quienes emigran son las personas que tienen más espíritu
de iniciativa. En otros casos en algunas comunidades se crea un
desbalance en el número total y en el número tomado
por fajas de edades de las personas que se quedan.
Se observa también, aunque es más difícil
demostrarlo, que algunos emigrantes, sea desde lejos, sea cuando
regresan, proyectan la idea que la economía, el tener recursos
materiales, es la única fuerza capaz de cambiar la realidad.
Se corre el riesgo de perder la perspectiva de los cambios políticos,
sociales y educativos que requiere nuestro país. Corremos
el riesgo de caminar hacia el consumismo, hacia el aumento de
las diferencias socio-económicas, hacia el culto de las
apariencias más que de la sustancia.
A manera de conclusión
La movilidad humana es un fenómeno que contribuye a que
el mundo entero sea más mestizo.
El mestizaje es una realidad objetiva que no debería contraponerse
a la identidad y cultura de cada pueblo.
Más que la suma de los límites de dos culturas
y concepciones de la vida el mestizaje debería ser una
suma de valores, de visiones positivas, de actitudes movilizadoras.
Como efecto del mestizaje, cada uno de nosotros, quedando lo
que es, indio, negro, blanco o mestizo mismo, podría enriquecerse
con lo bueno que recibe estando en contacto con otros y podría
enriquecer a los demás transmitiendo sus valores.
La historia de la humanidad es una historia de movilidad humana
y no hay duda que el camino hecho, en medio de muchos traspiés
y tragedias, se orienta hacia la capitalización humana.
Todo el caminar del Pueblo de Dios en el antiguo testamento,
la marcha hacia Roma de los pueblos periféricos del Imperio,
los reasientamientos de poblaciones provocados por Carlo Magno,
Los Incas, Napoleón, los grandes flujos migratorios de
los siglos XVIII, XIX y XX desde los países pobres de Europa
hacia América del Sur, del Norte y hacia Australia son
la expresión de una movilidad que ha capitalizado la humanidad.
Al interior de grandes países de América Latina
como Brasil y Argentina, se han creado mejores condiciones de
vida en las regiones que han estado más abiertas a las
inmigraciones.
Todas estas reflexiones deben ser matizadas.
Yo creo que el encuentro respetuoso de personas pertenecientes
a culturas diversas produce frutos positivos. Por eso toda la
realidad migratoria merece de parte de los gobiernos mandantes
y receptores un tratamiento constructivo y motivador, y de parte
de la sociedad actitudes y estructuras de acogida, de reciprocidad
y de respeto.
*José Tonello.
Licenciado en Filosofía. Director Ejecutivo del Fondo Ecuatoriano
Populorum Progressio. Presidente de Cooperativa de Ahorro y Crédito
Desarrollo de los Pueblos (Codesarrollo). Ponencia presentada
en la II Conferencia regional "Migración, desplazamiento
forzado y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar,
Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.
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