Programa Andino
de Derechos Humanos

 

 

Migración, desplazamiento forzado y refugio


 

Migración y discriminación

 

Janete Ferreira*

 

Contenido
Introducción
Discriminación y xenofobia contra los y las migrantes
Género y migración
Discriminación en la prensa
A modo de conclusión


Introducción

Partimos del hecho que las migraciones son tan antiguas como la historia de los seres humanos, pero que nunca habían alcanzado una relevancia tan grande como hoy, es un fenómeno mundial; por lo tanto interesa a casi todos los países. La intensidad de este movimiento migratorio facilitado por los modernos y veloces medios de transporte, contrasta con una serie de dificultades: el progresivo cierre de las fronteras, los insuficientes espacios sociales de acogida, la inseguridad humana y la falta de oportunidades para los migrantes y refugiados. Esta Movilidad Humana actual por un lado es producto de la libertad personal, pero por otro, de las situaciones de guerra civil, conflictos internos e internacionales, disturbios étnicos, discriminación racial, intolerancia religiosa, degradación del medio ambiente, pobreza extrema, o la búsqueda de mejores niveles de vida que expulsan a millones de personas de su lugar de origen.

Las migraciones se incrementan con los desequilibrios económicos en los países pobres, de los que parten los migrantes. Muchos viven el drama de la migración por razones de sobrevivencia, para mejorar las propias condiciones de vida o para salvaguardar las mismas. Éstos no emigran por una elección libre; con frecuencia, como todos sabemos, lo hacen bajo el impulso del hambre, abrumados por condiciones de vida inhumanas o por la violencia.

Dejar su propia patria y empezar una vida nueva en otro lugar implica muchas dificultades, en la mayoría de los casos se enfrentan a la discriminación, hostilidad y explotación. La emigración puede brindar oportunidades y contribuir al mejoramiento de su nivel de vida, pero no cabe duda que hay obstáculos y dificultades en el camino.

La magnitud del fenómeno migratorio preocupa a los gobiernos de los países receptores, puesto que la mayoría de los migrantes y refugiados son pobres y con bajo nivel educativo. Esta actitud es compartida por ciudadanos de esos países por razones que van desde la xenofobia hasta el temor de competir por plazas de trabajo durante los procesos recesionistas.


Discriminación y xenofobia contra los y las migrantes

Los migrantes constituyen un grupo particularmente vulnerable, cuyos derechos no solo como trabajadores sino también como seres humanos son sistemáticamente violados. Por lo general son objeto de actos de discriminación y hostilidad de raíz xenofóbica. Según la Organización Internacional para las Migraciones "los migrantes se convierten cada vez más en chivos expiatorios de todo tipo de problemas internos que hoy aquejan a diversas sociedades, en particular el desempleo, la delincuencia, las drogas e, inclusive, el terrorismo". Gabriela Rodríguez Pizarro, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos de los migrantes, observa que se adopta esa actitud especialmente "en el caso de numerosos migrantes indocumentados o en situación irregular, incluidas las víctimas de la trata de personas, que son [vulnerables] a las violaciones de sus derechos humanos.

En su informe a la Comisión de Derechos Humanos, la Sra. Rodríguez Pizarro destaca que "A menudo la violencia física y otras violaciones de derechos se cometen contra personas cuyo color, aspecto físico, indumentaria, acento o religión distintos de los mayoritarios en el país de acogida, independientemente de cuál sea su situación jurídica" y añade que "uno de los aspectos constitutivos de la condición del migrante es el aislamiento."

En el informe se subraya también que en el último decenio se ha registrado un recrudecimiento inquietante de la intolerancia, la discriminación, el racismo y la xenofobia, expresados en franca violencia contra los migrantes, prácticamente en todas las regiones del mundo. Se puntualiza asimismo en el informe que el racismo puede verse agravado por la distribución desigual de la riqueza, la marginación y la exclusión social. Las nuevas tecnologías de la comunicación, incluida la Internet, se utilizan para difundir propaganda racista y xenófoba contra los migrantes. Se destaca igualmente en el informe que por su doble marginación como mujeres y personas que migran, las trabajadoras migratorias pueden encontrarse fácilmente en una situación de vulnerabilidad a la violencia y a los abusos, tanto en el ámbito doméstico como en el laboral. El intercambio de favores sexuales por el permiso de tránsito, práctica frecuente en algunas fronteras, es también una forma de persecución de las mujeres migrantes fundada en el género. Las trabajadoras migratorias predominan en el mercado laboral no estructurado de la mayoría de los países, realizando tareas domésticas, industriales, agrícolas o trabajando en el sector de los servicios.

En la actualidad casi todos los Estados son países de origen, tránsito y/o destino de migrantes y refugiados. Virtualmente, todo país se ha convertido o se está convirtiendo en multicultural, multiétnico, multirracial, multilingüe y multirreligioso. Al mismo tiempo, prácticamente todos los países están experimentando cada vez más manifestaciones de hostilidad y de violencia contra los extranjeros, ya se trate de migrantes o refugiados. En América Latina la discriminación y los abusos van en aumento contra personas provenientes de países vecinos, con características raciales, étnicas, culturales o históricas compartidas.

En tanto que el racismo implica por lo general una distinción basada en una diferencia en las características físicas, como ser el color de la piel, el tipo de cabello, o las características faciales, la xenofobia describe actitudes, prejuicios y comportamientos de rechazo, exclusión o a menudo de vilipendio a las personas, basadas en la percepción de que son intrusos o extranjeros a la identidad de la comunidad, sociedad o nación.

Consciente de la gravedad de la discriminación en el trabajo, en 1991 la Organización Internacional del Trabajo, OIT, lanzó un proyecto sobre "Lucha contra la discriminación de los trabajadores migrantes y las minorías étnicas en el mundo del trabajo" que documenta niveles de discriminación e identifica soluciones en un cierto número de países en Europa y América del Norte.

Por otra parte, la discriminación fuera del mundo del trabajo afecta y a menudo impide el acceso al empleo y a unas condiciones de trabajo decente. Una discriminación sistémica puede manifestarse por un acceso diferenciado al alojamiento, tal como el relegamiento de las minorías a guetos o suburbios distantes; por la prestación de una educación inferior, debido a escuelas con poca financiación y escaso personal en los vecindarios con mayoría de extranjeros; con servicios de salud inferiores; o falta de transporte público entre las zonas de residencia y las zonas de empleo. Estas formas de discriminación tienen importantes repercusiones en el acceso al empleo.

Resulta conveniente también detenerse en la percepción de las relaciones entre migración y delincuencia. Suele imputarse a la migración una incidencia en el aumento de los delitos, así como considerar las violaciones a los controles migratorios en la misma categoría de delitos que el tráfico de armas o de estupefacientes. También se utiliza una terminología calificando a los migrantes o extranjeros como"ilegales".

Resulta asimismo bastante común imputar a la migración la existencia de la xenofobia y el racismo, o más específicamente, a la migración irregular. De acuerdo con esta lógica demagógica, las víctimas resultan ser la causa, y por tanto se propone resolver el problema eliminando o deteniendo estas causas. Este tipo de medidas, así como la violencia contra los extranjeros, sólo puede ser alentada con una combinación dialéctica del concepto de ilegalidad, de la terminología de combate contra la migración irregular, como si se tratase del enemigo en una confrontación militar, y de la asociación natural entre migración irregular con delito, tráfico de armas, estupefacientes y terrorismo.

El estado de indefensión del migrante irregular lo hace sujeto de abusos por parte de las autoridades y de violaciones a sus derechos humanos: un ejemplo de ello lo constituye la detención arbitraria, vejaciones, maltrato, extorsiones, violación sexual, entre los más importantes.

Género y migración

Las oportunidades a un empleo legítimo son distintas para los hombres que para las mujeres. La demanda de trabajadores migrantes en los países receptores se encuentra definida en gran medida por la segmentación del mercado de trabajo en esos países, es decir que las oportunidades disponibles son precisamente las de los puestos de trabajo con menores calificaciones que se consideran adecuados para las mujeres.

La feminización de la migración internacional de mano de obra, junto con el hecho de que la mayor parte de las oportunidades de empleo para las mujeres migrantes se encuentran en sectores no regulados (trabajo doméstico, industria del sexo) y la existencia de mercados de trabajo segmentados por sexo contribuye al incremento de mercados laborales discriminatorios en los países de destino. Además, las mujeres tienen por lo general menos acceso a la información sobre las oportunidades de migración y de empleo en el extranjero, a los canales de reclutamiento, y a menudo cuentan con menos preparación que los hombres para hacer frente a las condiciones de trabajo y de vida de los países de destino.

Por otra parte, las restricciones a la entrada, admisión y empleo afectan de distinta manera a los hombres que a las mujeres. Por ejemplo, la mayor parte de los canales legales de migración ofrecen oportunidades a sectores que tradicionalmente son ocupados por hombres (construcción y agricultura), con el resultado de que las mujeres gozan de un menor acceso a la migración legal de mano de obra en comparación con los hombres. Esta situación parece marginalizar a las mujeres migrantes y aumentar el grado de exposición a las peores formas de abusos. Las políticas migratorias y las reglamentaciones de entrada y admisión que realizan selecciones por género, a menudo reproducen e intensifican las desigualdades sociales, económicas y culturales existentes entre los migrantes hombres y mujeres, es decir, para las mujeres, el derecho al ingreso no implica necesariamente el derecho al trabajo en ciertos países.

Siguiendo la lógica mercantil dominante, se han creado compañías, redes comerciales y corporaciones de importación de migrantes irregulares. Se estima que las mujeres son las principales victimas de estos "servicios", no solo buscan directamente asistencia para emigrar sino que son engañadas en estos mecanismos de tráfico y trata.

En estas redes de "migración", siguiendo pautas de segregación étnica y socio-económica, las mujeres y niñas pasan a ser comercializadas al igual que cualquier producto: se seleccionan, se exportan, se alquilan y se venden, según criterios definidos en el juego de la oferta y la demanda. Este mercado tiene principalmente dos vertientes: la exportación y venta de mujeres y niñas para el trabajo doméstico privado y sus derivados que, por lo general, incluye también servicios sexuales; y el trabajo sexual propiamente dicho, que comprende la exportación, tráfico, venta, alquiler de mujeres y niñas para efectuar trabajos sexuales de diversa índole.

Pero además del carácter inhumano de la trata, una cuestión se plantea: la creación de un mercado donde las calificaciones laborales de las mujeres se circunscriben, cada vez más, a sus atributos físicos y a la etnia, elementos que se usan incluso para sustentar la inserción de estas a áreas del trabajo industrial devaluadas materialmente, minuciosas o repetitivas, donde se confunde la necesidad de trabajar que motiva a las mujeres con supuestos atributos naturales o culturales.

Sin duda, hay mujeres para quienes la migración ha significado una posibilidad real de sacar adelante, sobretodo materialmente, a sus familias y/o adquirir los bienes soñados en sus países de origen; también hay algunas que excepcionalmente han logrado alguna promoción profesional, pero la mayoría no. Casi todas las mujeres migrantes en los países del Norte viven para trabajar y no al contrario, y se gastan los días añorando un retorno que casi nunca llega.

Discriminación en la prensa

¿Qué imagen nos llega a la mente al escuchar la palabra migrante o refugiado? ¿La de persona colombiana que vende dulces en las calles o que ha venido a "traer más violencia al país"? ¿O quizá la de un peruano albañil que "vino a quitar el trabajo de los ecuatorianos"? ¿Qué pasa en nuestro imaginario sobre la migración?

El imaginario parece un rompecabezas gigante. Sus piezas están compuestas por las imágenes que hemos acumulado a través de nuestra experiencia personal, a través de la televisión y la prensa. Nos resultará más fácil imaginar a una mujer colombiana engañada y extorsionada por una red de prostitución, que imaginar a esta misma mujer como alguien que ha venido aquí, huyendo de la violencia para mejorar; su libertad personal y su proyecto de vida, para lo cual, como todo el mundo, tiene que elegir un trabajo dentro de las posibilidades que le ofrece la sociedad a la que ha llegado.

Si nos han llenado el imaginario de imágenes de hombres de tez oscura que amenazan con invadir y robar a quienes viven aquí, es muy probable que actuemos al menos con desconfianza cuando nos crucemos con un joven negro en las calles.

Es bastante probable que nuestro imaginario se remonte básicamente a los discursos que nos llegan desde la prensa y la televisión, retratos y palabras que pueblan nuestro disco duro aún cuando intentamos ponerles filtro. ¿Qué ocurre con las mujeres migrantes? Que apenas aparecen en los medios de comunicación, y las pocas veces que se las retrata es para presentarlas como víctimas. El lenguaje utilizado lo dice todo: son mujeres traficadas, engañadas, vendidas. Todos estos verbos las convierten en objeto de una voluntad ajena. Aparentemente no tienen proyecto migratorio propio, o en todo caso migran para mejorar la vida de sus familiares, nunca la propia.

En general se vincula al migrante y refugiado con el aumento de la delincuencia, la prostitución, la propagación de enfermedades o como responsable de las crisis económicas internas. Por lo general se magnifican sin fundamento, aspectos negativos relacionándolos con la presencia de los migrantes y refugiados en el país, y se ignora o se diluye el beneficio que aportan a las economías locales.

A modo de conclusión

En un mundo donde crecen las barreras para la libre circulación de los seres humanos, la intolerancia y la xenofobia, la hospitalidad ha de ser el corazón de los que trabajan con los migrantes y refugiados. Una hospitalidad que partiendo de la acogida al forastero en el propio techo familiar ha de alcanzar dimensiones sociales, eclesiales y aun mundiales. Una hospitalidad ecuménica que haga de la casa-mundo una casa para todos.

Una atención especial a la familia de los migrantes y refugiados ha de ser parte sustancial de toda acción, pues es en el seno de la familia donde se viven los dramas más profundos y las graves consecuencias de la desintegración, el abandono y la soledad. La reunificación familiar ha de ser un aspecto fundamental a ser protegido por la Iglesia y por la sociedad.

Por eso nuestra acción ha de inscribirse en el trabajo y en las luchas por la construcción de ese "otro mundo posible" y alternativo que inspira el sueño de no pocos hombres y movimientos de buena voluntad. Es urgente unir esfuerzos para superar las actuales estructuras de injusticia, insolidaridad y exclusión para promover un mundo ecológico, social y económicamente sustentable.

Un mundo donde florezca la biodiversidad no solo de la naturaleza sino también de los pueblos y sus culturas: donde el otro, lo diferente no sea visto como una amenaza, sino como una riqueza, con quien aprender y compartir. Un mundo regulado por leyes y normas que estén al servicio del ser humano, que protejan su dignidad y hagan efectivo su acceso a los derechos humanos y a la construcción de una ciudadanía mundial y universal, donde sea realidad el anhelo: "Que nadie es extranjero".


¿Por qué tenemos miedo del migrante?

Tenemos miedo porque es el otro,
Aquel que nos obliga a confrontarnos con nosotros mismos.

Tenemos miedo porque es diferente,
Aquel que nos lleva a cuestionar nuestra igualdad asimétrica.

Tenemos miedo porque es extranjero,
Aquel que nos obliga a dialogar con otra cultura.

Tenemos miedo porque es pobre y hambriento,
Aquel que cuestiona nuestros cofres e almacenes abarrotados.

Tenemos miedo porque el no tiene lugar
Y nos desinstala de nuestros puestos fijos.

Tenemos miedo porque el no tiene nombre
Y nos hace preguntar por la identidad que exhibimos.

Tenemos miedo porque el no tiene raíz
Y expone al sol nuestras raíces mas ocultas.

Tenemos miedo porque el viene del lado de afuera de los muros
Y revela la fragilidad de nuestros sistemas de seguridad.

Tenemos miedo porque el es mensajero de sueños e esperanzas;
Aquel que pone al desnudo la indiferencia "realista" de nuestra parálisis existencial.

Tenemos miedo porque el es mayoritariamente joven,
Aquel que expone las señales de decrepitud precose de nuestra civilización.

Tenemos miedo porque el apunta horizontes nuevos
Y evidencia nuestra mezquines, hermetismo e cerrazón.

Tenemos miedo porque el quiere cambios
Y mueve con las comodidades de nuestras ideas envejecidas.

Tenemos miedo porque el es portador de la gran utopía,
Aquel que revoluciona y transforma nuestra vidas muertas.

Alfredo J. Gonçalves


*Janete Ferreira. Hermana Scalabriniana. Posee un Pos grado en Antropología y un Master en Ciencias Sociales. Se desempeña como Directora del Departamento de Movilidad Humana y del Comité pro-refugiados de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. Ponencia presentada en la II Conferencia regional "Migración, desplazamiento forzado y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.

 

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