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Introducción
Partimos del hecho que las migraciones son tan antiguas como
la historia de los seres humanos, pero que nunca habían
alcanzado una relevancia tan grande como hoy, es un fenómeno
mundial; por lo tanto interesa a casi todos los países.
La intensidad de este movimiento migratorio facilitado por los
modernos y veloces medios de transporte, contrasta con una serie
de dificultades: el progresivo cierre de las fronteras, los insuficientes
espacios sociales de acogida, la inseguridad humana y la falta
de oportunidades para los migrantes y refugiados. Esta Movilidad
Humana actual por un lado es producto de la libertad personal,
pero por otro, de las situaciones de guerra civil, conflictos
internos e internacionales, disturbios étnicos, discriminación
racial, intolerancia religiosa, degradación del medio ambiente,
pobreza extrema, o la búsqueda de mejores niveles de vida
que expulsan a millones de personas de su lugar de origen.
Las migraciones se incrementan con los desequilibrios económicos
en los países pobres, de los que parten los migrantes.
Muchos viven el drama de la migración por razones de sobrevivencia,
para mejorar las propias condiciones de vida o para salvaguardar
las mismas. Éstos no emigran por una elección libre;
con frecuencia, como todos sabemos, lo hacen bajo el impulso del
hambre, abrumados por condiciones de vida inhumanas o por la violencia.
Dejar su propia patria y empezar una vida nueva en otro lugar
implica muchas dificultades, en la mayoría de los casos
se enfrentan a la discriminación, hostilidad y explotación.
La emigración puede brindar oportunidades y contribuir
al mejoramiento de su nivel de vida, pero no cabe duda que hay
obstáculos y dificultades en el camino.
La magnitud del fenómeno migratorio preocupa a los gobiernos
de los países receptores, puesto que la mayoría
de los migrantes y refugiados son pobres y con bajo nivel educativo.
Esta actitud es compartida por ciudadanos de esos países
por razones que van desde la xenofobia hasta el temor de competir
por plazas de trabajo durante los procesos recesionistas.
Discriminación y xenofobia contra los y las migrantes
Los migrantes constituyen un grupo particularmente vulnerable,
cuyos derechos no solo como trabajadores sino también como
seres humanos son sistemáticamente violados. Por lo general
son objeto de actos de discriminación y hostilidad de raíz
xenofóbica. Según la Organización Internacional
para las Migraciones "los migrantes se convierten cada vez
más en chivos expiatorios de todo tipo de problemas internos
que hoy aquejan a diversas sociedades, en particular el desempleo,
la delincuencia, las drogas e, inclusive, el terrorismo".
Gabriela Rodríguez Pizarro, Relatora Especial de las Naciones
Unidas sobre los derechos humanos de los migrantes, observa que
se adopta esa actitud especialmente "en el caso de numerosos
migrantes indocumentados o en situación irregular, incluidas
las víctimas de la trata de personas, que son [vulnerables]
a las violaciones de sus derechos humanos.
En su informe a la Comisión de Derechos Humanos, la Sra.
Rodríguez Pizarro destaca que "A menudo la violencia
física y otras violaciones de derechos se cometen contra
personas cuyo color, aspecto físico, indumentaria, acento
o religión distintos de los mayoritarios en el país
de acogida, independientemente de cuál sea su situación
jurídica" y añade que "uno de los aspectos
constitutivos de la condición del migrante es el aislamiento."
En el informe se subraya también que en el último
decenio se ha registrado un recrudecimiento inquietante de la
intolerancia, la discriminación, el racismo y la xenofobia,
expresados en franca violencia contra los migrantes, prácticamente
en todas las regiones del mundo. Se puntualiza asimismo en el
informe que el racismo puede verse agravado por la distribución
desigual de la riqueza, la marginación y la exclusión
social. Las nuevas tecnologías de la comunicación,
incluida la Internet, se utilizan para difundir propaganda racista
y xenófoba contra los migrantes. Se destaca igualmente
en el informe que por su doble marginación como mujeres
y personas que migran, las trabajadoras migratorias pueden encontrarse
fácilmente en una situación de vulnerabilidad a
la violencia y a los abusos, tanto en el ámbito doméstico
como en el laboral. El intercambio de favores sexuales por el
permiso de tránsito, práctica frecuente en algunas
fronteras, es también una forma de persecución de
las mujeres migrantes fundada en el género. Las trabajadoras
migratorias predominan en el mercado laboral no estructurado de
la mayoría de los países, realizando tareas domésticas,
industriales, agrícolas o trabajando en el sector de los
servicios.
En la actualidad casi todos los Estados son países de
origen, tránsito y/o destino de migrantes y refugiados.
Virtualmente, todo país se ha convertido o se está
convirtiendo en multicultural, multiétnico, multirracial,
multilingüe y multirreligioso. Al mismo tiempo, prácticamente
todos los países están experimentando cada vez más
manifestaciones de hostilidad y de violencia contra los extranjeros,
ya se trate de migrantes o refugiados. En América Latina
la discriminación y los abusos van en aumento contra personas
provenientes de países vecinos, con características
raciales, étnicas, culturales o históricas compartidas.
En tanto que el racismo implica por lo general una distinción
basada en una diferencia en las características físicas,
como ser el color de la piel, el tipo de cabello, o las características
faciales, la xenofobia describe actitudes, prejuicios y comportamientos
de rechazo, exclusión o a menudo de vilipendio a las personas,
basadas en la percepción de que son intrusos o extranjeros
a la identidad de la comunidad, sociedad o nación.
Consciente de la gravedad de la discriminación en el trabajo,
en 1991 la Organización Internacional del Trabajo, OIT,
lanzó un proyecto sobre "Lucha contra la discriminación
de los trabajadores migrantes y las minorías étnicas
en el mundo del trabajo" que documenta niveles de discriminación
e identifica soluciones en un cierto número de países
en Europa y América del Norte.
Por otra parte, la discriminación fuera del mundo del
trabajo afecta y a menudo impide el acceso al empleo y a unas
condiciones de trabajo decente. Una discriminación sistémica
puede manifestarse por un acceso diferenciado al alojamiento,
tal como el relegamiento de las minorías a guetos o suburbios
distantes; por la prestación de una educación inferior,
debido a escuelas con poca financiación y escaso personal
en los vecindarios con mayoría de extranjeros; con servicios
de salud inferiores; o falta de transporte público entre
las zonas de residencia y las zonas de empleo. Estas formas de
discriminación tienen importantes repercusiones en el acceso
al empleo.
Resulta conveniente también detenerse en la percepción
de las relaciones entre migración y delincuencia. Suele
imputarse a la migración una incidencia en el aumento de
los delitos, así como considerar las violaciones a los
controles migratorios en la misma categoría de delitos
que el tráfico de armas o de estupefacientes. También
se utiliza una terminología calificando a los migrantes
o extranjeros como"ilegales".
Resulta asimismo bastante común imputar a la migración
la existencia de la xenofobia y el racismo, o más específicamente,
a la migración irregular. De acuerdo con esta lógica
demagógica, las víctimas resultan ser la causa,
y por tanto se propone resolver el problema eliminando o deteniendo
estas causas. Este tipo de medidas, así como la violencia
contra los extranjeros, sólo puede ser alentada con una
combinación dialéctica del concepto de ilegalidad,
de la terminología de combate contra la migración
irregular, como si se tratase del enemigo en una confrontación
militar, y de la asociación natural entre migración
irregular con delito, tráfico de armas, estupefacientes
y terrorismo.
El estado de indefensión del migrante irregular lo hace
sujeto de abusos por parte de las autoridades y de violaciones
a sus derechos humanos: un ejemplo de ello lo constituye la detención
arbitraria, vejaciones, maltrato, extorsiones, violación
sexual, entre los más importantes.
Género y migración
Las oportunidades a un empleo legítimo son distintas para
los hombres que para las mujeres. La demanda de trabajadores migrantes
en los países receptores se encuentra definida en gran
medida por la segmentación del mercado de trabajo en esos
países, es decir que las oportunidades disponibles son
precisamente las de los puestos de trabajo con menores calificaciones
que se consideran adecuados para las mujeres.
La feminización de la migración internacional de
mano de obra, junto con el hecho de que la mayor parte de las
oportunidades de empleo para las mujeres migrantes se encuentran
en sectores no regulados (trabajo doméstico, industria
del sexo) y la existencia de mercados de trabajo segmentados por
sexo contribuye al incremento de mercados laborales discriminatorios
en los países de destino. Además, las mujeres tienen
por lo general menos acceso a la información sobre las
oportunidades de migración y de empleo en el extranjero,
a los canales de reclutamiento, y a menudo cuentan con menos preparación
que los hombres para hacer frente a las condiciones de trabajo
y de vida de los países de destino.
Por otra parte, las restricciones a la entrada, admisión
y empleo afectan de distinta manera a los hombres que a las mujeres.
Por ejemplo, la mayor parte de los canales legales de migración
ofrecen oportunidades a sectores que tradicionalmente son ocupados
por hombres (construcción y agricultura), con el resultado
de que las mujeres gozan de un menor acceso a la migración
legal de mano de obra en comparación con los hombres. Esta
situación parece marginalizar a las mujeres migrantes y
aumentar el grado de exposición a las peores formas de
abusos. Las políticas migratorias y las reglamentaciones
de entrada y admisión que realizan selecciones por género,
a menudo reproducen e intensifican las desigualdades sociales,
económicas y culturales existentes entre los migrantes
hombres y mujeres, es decir, para las mujeres, el derecho al ingreso
no implica necesariamente el derecho al trabajo en ciertos países.
Siguiendo la lógica mercantil dominante, se han creado
compañías, redes comerciales y corporaciones de
importación de migrantes irregulares. Se estima que las
mujeres son las principales victimas de estos "servicios",
no solo buscan directamente asistencia para emigrar sino que son
engañadas en estos mecanismos de tráfico y trata.
En estas redes de "migración", siguiendo pautas
de segregación étnica y socio-económica,
las mujeres y niñas pasan a ser comercializadas al igual
que cualquier producto: se seleccionan, se exportan, se alquilan
y se venden, según criterios definidos en el juego de la
oferta y la demanda. Este mercado tiene principalmente dos vertientes:
la exportación y venta de mujeres y niñas para el
trabajo doméstico privado y sus derivados que, por lo general,
incluye también servicios sexuales; y el trabajo sexual
propiamente dicho, que comprende la exportación, tráfico,
venta, alquiler de mujeres y niñas para efectuar trabajos
sexuales de diversa índole.
Pero además del carácter inhumano de la trata,
una cuestión se plantea: la creación de un mercado
donde las calificaciones laborales de las mujeres se circunscriben,
cada vez más, a sus atributos físicos y a la etnia,
elementos que se usan incluso para sustentar la inserción
de estas a áreas del trabajo industrial devaluadas materialmente,
minuciosas o repetitivas, donde se confunde la necesidad de trabajar
que motiva a las mujeres con supuestos atributos naturales o culturales.
Sin duda, hay mujeres para quienes la migración ha significado
una posibilidad real de sacar adelante, sobretodo materialmente,
a sus familias y/o adquirir los bienes soñados en sus países
de origen; también hay algunas que excepcionalmente han
logrado alguna promoción profesional, pero la mayoría
no. Casi todas las mujeres migrantes en los países del
Norte viven para trabajar y no al contrario, y se gastan los días
añorando un retorno que casi nunca llega.
Discriminación en la prensa
¿Qué imagen nos llega a la mente al escuchar la
palabra migrante o refugiado? ¿La de persona colombiana
que vende dulces en las calles o que ha venido a "traer más
violencia al país"? ¿O quizá la de un
peruano albañil que "vino a quitar el trabajo de los
ecuatorianos"? ¿Qué pasa en nuestro imaginario
sobre la migración?
El imaginario parece un rompecabezas gigante. Sus piezas están
compuestas por las imágenes que hemos acumulado a través
de nuestra experiencia personal, a través de la televisión
y la prensa. Nos resultará más fácil imaginar
a una mujer colombiana engañada y extorsionada por una
red de prostitución, que imaginar a esta misma mujer como
alguien que ha venido aquí, huyendo de la violencia para
mejorar; su libertad personal y su proyecto de vida, para lo cual,
como todo el mundo, tiene que elegir un trabajo dentro de las
posibilidades que le ofrece la sociedad a la que ha llegado.
Si nos han llenado el imaginario de imágenes de hombres
de tez oscura que amenazan con invadir y robar a quienes viven
aquí, es muy probable que actuemos al menos con desconfianza
cuando nos crucemos con un joven negro en las calles.
Es bastante probable que nuestro imaginario se remonte básicamente
a los discursos que nos llegan desde la prensa y la televisión,
retratos y palabras que pueblan nuestro disco duro aún
cuando intentamos ponerles filtro. ¿Qué ocurre con
las mujeres migrantes? Que apenas aparecen en los medios de comunicación,
y las pocas veces que se las retrata es para presentarlas como
víctimas. El lenguaje utilizado lo dice todo: son mujeres
traficadas, engañadas, vendidas. Todos estos verbos las
convierten en objeto de una voluntad ajena. Aparentemente no tienen
proyecto migratorio propio, o en todo caso migran para mejorar
la vida de sus familiares, nunca la propia.
En general se vincula al migrante y refugiado con el aumento
de la delincuencia, la prostitución, la propagación
de enfermedades o como responsable de las crisis económicas
internas. Por lo general se magnifican sin fundamento, aspectos
negativos relacionándolos con la presencia de los migrantes
y refugiados en el país, y se ignora o se diluye el beneficio
que aportan a las economías locales.
A modo de conclusión
En un mundo donde crecen las barreras para la libre circulación
de los seres humanos, la intolerancia y la xenofobia, la hospitalidad
ha de ser el corazón de los que trabajan con los migrantes
y refugiados. Una hospitalidad que partiendo de la acogida al
forastero en el propio techo familiar ha de alcanzar dimensiones
sociales, eclesiales y aun mundiales. Una hospitalidad ecuménica
que haga de la casa-mundo una casa para todos.
Una atención especial a la familia de los migrantes y
refugiados ha de ser parte sustancial de toda acción, pues
es en el seno de la familia donde se viven los dramas más
profundos y las graves consecuencias de la desintegración,
el abandono y la soledad. La reunificación familiar ha
de ser un aspecto fundamental a ser protegido por la Iglesia y
por la sociedad.
Por eso nuestra acción ha de inscribirse en el trabajo
y en las luchas por la construcción de ese "otro mundo
posible" y alternativo que inspira el sueño de no
pocos hombres y movimientos de buena voluntad. Es urgente unir
esfuerzos para superar las actuales estructuras de injusticia,
insolidaridad y exclusión para promover un mundo ecológico,
social y económicamente sustentable.
Un mundo donde florezca la biodiversidad no solo de la naturaleza
sino también de los pueblos y sus culturas: donde el otro,
lo diferente no sea visto como una amenaza, sino como una riqueza,
con quien aprender y compartir. Un mundo regulado por leyes y
normas que estén al servicio del ser humano, que protejan
su dignidad y hagan efectivo su acceso a los derechos humanos
y a la construcción de una ciudadanía mundial y
universal, donde sea realidad el anhelo: "Que nadie es extranjero".
¿Por qué tenemos miedo del migrante?
Tenemos miedo porque es el otro,
Aquel que nos obliga a confrontarnos con nosotros mismos.
Tenemos miedo porque es diferente,
Aquel que nos lleva a cuestionar nuestra igualdad asimétrica.
Tenemos miedo porque es extranjero,
Aquel que nos obliga a dialogar con otra cultura.
Tenemos miedo porque es pobre y hambriento,
Aquel que cuestiona nuestros cofres e almacenes abarrotados.
Tenemos miedo porque el no tiene lugar
Y nos desinstala de nuestros puestos fijos.
Tenemos miedo porque el no tiene nombre
Y nos hace preguntar por la identidad que exhibimos.
Tenemos miedo porque el no tiene raíz
Y expone al sol nuestras raíces mas ocultas.
Tenemos miedo porque el viene del lado de afuera
de los muros
Y revela la fragilidad de nuestros sistemas de seguridad.
Tenemos miedo porque el es mensajero de sueños
e esperanzas;
Aquel que pone al desnudo la indiferencia "realista"
de nuestra parálisis existencial.
Tenemos miedo porque el es mayoritariamente
joven,
Aquel que expone las señales de decrepitud precose de nuestra
civilización.
Tenemos miedo porque el apunta horizontes nuevos
Y evidencia nuestra mezquines, hermetismo e cerrazón.
Tenemos miedo porque el quiere cambios
Y mueve con las comodidades de nuestras ideas envejecidas.
Tenemos miedo porque el es portador de la gran
utopía,
Aquel que revoluciona y transforma nuestra vidas muertas.
Alfredo J. Gonçalves
*Janete Ferreira.
Hermana Scalabriniana. Posee un Pos grado en Antropología
y un Master en Ciencias Sociales. Se desempeña como Directora
del Departamento de Movilidad Humana y del Comité pro-refugiados
de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. Ponencia presentada en
la II Conferencia regional "Migración, desplazamiento
forzado y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar,
Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.
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