|
De forma acelerada, España se ha convertido en país
de inmigración. En enero de 2003, un 6,25 % de su población
era extranjera. El aumento de los últimos años ha
estado protagonizado por la inmigración latinoamericana
y, más en particular, por la ecuatoriana. Hace un año,
14 de cada 100 extranjeros residentes en España eran ecuatorianos;
hoy, es muy posible que el porcentaje sea superior.
Esta ponencia comenta algunos de los rasgos de España como
país de inmigración, la evolución que se
ha dado en los últimos años, así como las
características principales de la emigración extracomunitaria
y, más en concreto, ecuatoriana. Ésta última,
la migración ecuatoriana, ejemplifica bien el carácter
de los actuales flujos migratorios tanto por su alto número,
390.000 personas en 2003, por la rapidez con que se ha dado el
proceso migratorio, tres años, y por su conformación
como una migración laboral familiar, de tipo más
o menos permanente.
La inserción social de los inmigrantes es un proceso complejo,
muldimensional, y donde intervienen diferentes actores. Como tal
proceso social supone un tiempo, un cambio y evolución
entre los diferentes momentos: la llegada, el asentamiento y la
residencia permanente. Tras explicitar un somero cuadro conceptual,
esta ponencia comenta la situación del proceso de inserción
en España, con particular atención a los obstáculos
más relevantes que actúan como factores de exclusión.
Así, para el colectivo ecuatoriano que se encuentra en
las fases de llegada y asentamiento, los factores que actúan
como principales obstáculos y factores de exclusión
lo constituyen la situación irregular, una inserción
laboral precaria, a menudo en la economía sumergida, y
el acceso a la vivienda. Este trabajo aborda dos de estos aspectos,
la irregularidad y, de forma vinculada con ella, la inserción
económica en la economía sumergida, discute sus
causas y propone algunos elementos de debate y cambio. Se apuntan,
por último, unas conclusiones de cara a conseguir un proceso
de inserción más inclusivo y democrático.
1. España, país de inmigración
Una de las características más relevantes de la
pasada década es la consolidación de España
como país de inmigración, lo que constituye una
novedad histórica. Durante el siglo XX, las mujeres y hombres
españoles han emigrado buscando mejorar su vida en otras
tierras, tanto por razones políticas como económicas.
Latinoamérica fue el destino para muchos de ellos, particularmente,
para los exiliados tras la Guerra Civil. Al emigrante político
le siguió, en los años 50 y 60, el emigrante económico
que se dirigió hacía la Europa desarrollada (Francia,
Alemania, Suiza).
Lo que parecía ser una constante secular, el flujo de españoles
hacia el exterior, se agotó a mediados de la década
de los años 70. Inicialmente, podía pensarse que
era un efecto coyuntural de la recesión de mediados de
los 70. Más tarde fue evidente que este cambio constituía
un índice más del proceso acelerado de modernización
y desarrollo de la sociedad española y de su inclusión
en el ámbito de la Europa desarrollada, que se acelera
tras el ingreso en la entonces CEE, en 1985. España, por
tanto, modifica su papel en los flujos migratorios mundiales y
pasa a formar parte del limitado club de las sociedades desarrolladas
que atraen inmigración, si bien con especifidades respecto
a otros países europeos.
Así, de forma socialmente perceptible en la década
de los 90, ha ido aumentando el número de extranjeros residentes
en España, si bien de forma moderada como se muestra en
el cuadro 1. Será con el nuevo siglo, cuando los flujos
migratorios hacia España se acentúen como muestra
el cuadro 1. En enero de 2003, un 6,25 % de la población
total es extranjera. Un porcentaje inferior al de otros países
europeos como Francia (10,6 %), Alemania (9 %), Bélgica
(8,6) o Gran Bretaña (6,8 %), con una más dilatada
trayectoria como sociedad de inmigración (1).
Cuadro 1. Población extranjera en España y porcentaje
sobre la población total. Años 1991-2003
|
Años
|
Población total
|
Total extranjeros
|
% extranjeros sobre población
|
|
1991
|
38.847.371
|
353.367
|
0,88
|
|
1998
|
39.852.650
|
637.085
|
1,60
|
|
2000
|
40.202.158
|
923.879
|
2,28
|
|
2001
|
41.116.842
|
1.370.657
|
3,33
|
|
2002
|
41.837.894
|
1.977.944
|
4,73
|
|
2003
|
42.717.064
|
2.672.596
|
6,25
|
Los datos de 1991 corresponde al Censo de dicho año.
Los datos de los años posteriores se refieren al Padrón,
con fecha 1 de enero del año correspondiente. Fuente: INE
(2004). Elaboración propia.
Con todo estos dos millones y medio de extranjeros residentes
constituyen un dato muy significativo de la realidad española.
Lo es por su número. Lo es, también, por la rapidez
del proceso. En tres años, de enero 2000 a enero 2003,
los extranjeros se han multiplicado por tres. Este aumento del
número de extranjeros expresa un proceso de inmigración,
muy rápido y acelerado, protagonizado por los inmigrantes
"laborales", extracomunitarios, que se conforman como
migración familiar y permanente. Por último, pero
no menos importante, es la creciente "visibilidad" social
de la inmigración la que otorga relevancia a este número
de extranjeros. Particularmente en una sociedad como la española,
donde esta situación constituyen una novedad histórica
para la que, por otro lado, ni los gestores públicos ni
la sociedad española estaban preparados.
El Estado y la Administración lo que ha primado, y prima,
es una preocupación unilateral por los aspectos de control
y seguritarios, en detrimento de una política de integración.
Así, nuestra primera Ley de Extranjería, la LOE
7/1985, era una ley de policía que establecía una
relación de situaciones a las que correspondían
unos permisos, unas infracciones y unas sanciones. De la óptica
restrictiva y policial de esta política de extranjería
da cuenta el hecho de que diez años después de aprobada
la Ley, en 1994, viera la luz el primer Plan de Integración
del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. La creciente constatación
de la importancia de la inmigración permanente y familiar,
su "visibilización" creciente en las escuelas
y los centros de salud, el aumento de la conciencia de los límites,
tanto democráticos como de gestión, de la LOE 7/1985,
las críticas de las organizaciones sociales, de sociólogos
y juristas, fueron otros tantos factores que contribuyeron a la
convicción, tanto entre los gestores públicos como
entre amplios sectores sociales (2), de que era
necesario un cambio. A finales de la década de los 90,
se reformó la ley y se aprobó la LOE 4/2000. En
este trabajo no desarrollaré los aspectos normativos de
estos cambios (3); simplemente, destacaré
algunos aspectos como expresión de una actitud, una óptica,
a la hora de afrontar la cuestión de la inmigración.
En este sentido, la LOE 4/2000 representó un cambio de
inflexión hacia planteamientos más respetuosos con
los derechos e inclusivos respecto al funcionamiento social. Por
ceñirnos a dos aspectos, hay que destacar como la ley 4/2000
supone, por primera vez en España, el reconocimiento de
un amplio marco de derechos y garantías para los extranjeros
y, con limitaciones, también para los irregulares. Por
otro lado, la LOE 4/2000 establecía un tratamiento más
inclusivo de la bolsa de indocumentados así como un procedimiento
ordinario de regularización (4). El proceso
de inclusión de los inmigrantes en los sistemas educativos,
sanitario y de servicios sociales, se afirma durante esos años,
2000 y 2001, y afortunadamente se mantiene en la actualidad. Sin
embargo, el consenso político y social logrado al respecto
fue quebrado, desde el Gobierno, por el Partido Popular (PP).
Por primera vez, las diferencias sobre la política de extranjería
se llevaron a la contienda electoral y, en las elecciones generales
del año 2000, ganaron las posiciones "duras"
del PP.
Este segundo giro es el que ha provocado dos reformas sucesivas,
la LOE 8/2000 y la LOE 14/2003, bajo la bandera de "la lucha
contra la inmigración ilegal". Según los portavoces
del Gobierno, para evitar el efecto llamada y fomentar el "hábito
del acceso documentado" al territorio nacional, había
que "establecer diferencias entre los inmigrantes regulares
y los indocumentados" y, para ellos, se limitaron los derechos
y garantías, particularmente de los indocumentados, se
aumentaron las sanciones y las parcelas de discrecionalidad de
la Administración. Sin embargo, como luego veremos, una
ley más dura no soluciona el problema de la irregularidad;
por el contrario, ha agravado la situación y sus consecuencias
más negativas. Hoy parece que la conciencia de esta realidad
está más extendida. Por otro lado, el balance que
puede presentar el PP no es bueno: ha aumentado el número
de indocumentados y subsisten graves problemas de todo tipo, incluidos
de simple gestión administrativa. Cabe esperar que esta
situación y el nuevo talante del Gobierno socialista suponga
un giro, también, en este aspecto.
La actitud de la sociedad española tiene relación
con la política oficial, aunque no puede identificarse
con ella. Es una actitud compleja. Por un lado, si hacemos casos
a los estudios cabe hablar de una actitud mayoritaria, acogedora
y positiva. Son muy altos los índices de acuerdo con la
inclusión de los inmigrantes en educación, sanidad
y servicios sociales, por su consideración de derechos
básicos. Al mismo tiempo, existe una amplia receptividad
social respecto a los argumentos de seguridad, control y de gestionar
la inmigración de acuerdo con nuestras necesidades económicas
(5).
Como sociedad mantenemos una actitud ambivalente respecto a la
inmigración extracomunitaria. Reconocemos su necesidad
pero, al mismo tiempo, suscita extrañeza y recelo. Con
todo, en términos generales, la convivencia cotidiana que
ya forma parte de la experiencia vital de millones de españoles
se desarrolla de forma aceptable (6), sin particulares
tensiones lo que no quiere decir sin problemas (particularmente
para la parte más débil de la relación, para
los inmigrantes).
1.a. La construcción social del extranjero: "comunitarios"
y "extracomunitarios"
En ocasiones hablamos de flujos migratorios, de extranjeros y
de inmigrantes, como si fueran un todo homogéneo. Sin embargo,
la común denominación encubre realidades muy diferentes,
que conviene distinguir, máxime en el caso español.
En España, particularmente en el arco mediterráneo
español, confluyen dos movimientos migratorios distintos,
con diferentes ritmos históricos y muy distinta percepción
social. Por un lado, el flujo desde la Europa central y nórdica
a la costa mediterránea compuesto, básicamente,
por inmigrantes "residenciales" y que opera desde mediados
de los años 60. Son los "turistas", en su mayoría
jubilados y pensionistas europeos, que residen en las urbanizaciones
de la costa. El segundo movimiento migratorio opera en sentido
contrario, desde el Norte de África y Latinoamérica
a la Europa desarrollada de la que formamos parte. La presencia
de estos inmigrantes "laborales" es mucho más
reciente, iniciándose a mediados de los años 80.
Tenemos, pues, dos flujos migratorios con dos tipos muy diferentes
de migrantes, que podemos agrupar como comunitarios, Primer Mundo,
y extracomunitarios, o Tercer Mundo. Básicamente, Norte
y Sur. Todos son extranjeros pero tienen una diferente situación
económica y social, diversos "itinerarios" migratorios,
así como un muy distinto estatus y marco de derechos (7).
Esta distinción parece más pertinente si nos interesa
el proceso de inserción de los inmigrantes y sus repercusiones
sociales. Dada la construcción social diferenciada de los
dos tipos de extranjero (8), son los inmigrantes
extracomunitarios y no los extranjeros, en general, los que se
constituyen como el "problema" de la inmigración,
tanto en la percepción social como en los discursos públicos.
Los extranjeros comunitarios, nacionales de la Unión Europea,
no requieren de permisos, tienen similares derechos a los españoles,
pueden acceder a la función pública y votar en las
elecciones municipales. El resto de extranjeros del Primer Mundo,
los nacionales de Estados Unidos, Japón, Canadá,
no tienen este estatus jurídico. Sin embargo, su situación
económica y nacionalidad hace que no padezcan los mayores
inconvenientes de la normativa de extranjería. Los mayores
recursos y estatus socioeconómico del extranjero del Primer
Mundo le facilita una inserción "de calidad",
sin problemas de vivienda. Disfruta, por su procedencia, de un
cierto prestigio y simpatía social (9).
Muy distinta es la situación del extranjero del Tercer
Mundo. Como pobre y extraño suscita una ambigua reacción
de la sociedad receptora. Se reconoce su necesidad y se mantiene,
al mismo tiempo, una actitud recelosa ante su presencia. Es la
inmigración extracomunitaria, no los extranjeros en general,
la que se califica como un "problema social" en los
discursos políticos, el mensaje de los mass-media y la
opinión de la población. La normativa de extranjería
se concibe para controlar y gestionar ese "problema".
Es la inmigración extracomunitaria, la del Tercer Mundo,
la que tienen mayores dificultades y obstáculos para su
integración y es también, como se ve en el cuadro
2, la que ha protagonizado el aumento espectacular de inmigrantes
de los últimos años.
Cuadro 2. Población extranjera en España, según
procedencia UE y no UE. Años 1998-2003
|
Años
|
Total extranjeros
|
UE
|
% sobre total
|
No UE
|
% sobre total
|
|
1998
|
637.085
|
277.845 |
43,6
|
359.240
|
56,4
|
|
2000
|
923.879
|
375.487 |
40,6
|
548.392
|
59,4
|
|
2001
|
1.370.657
|
417.310 |
30,5
|
953.347
|
69,5
|
|
2002
|
1.977.944
|
489.813 |
24,8
|
1.488.131
|
75,2
|
|
2003
|
2.672.596
|
587.334 |
22,1
|
2.076.834
|
77,9
|
Fuente: INE (2004). Elaboración propia.
1.b. La evolución de la inmigración en España.
Los cambios con el nuevo siglo
En la evolución de la población extranjera en España
podemos establecer dos períodos. El primero, la década
de los años 90, en el que el número de extranjeros
tuvo un ligero incremento, siempre con cifras relativamente reducidas.
Además, segunda característica de esta etapa, los
nacionales de la Unión Europea, los extranjeros comunitarios
constituyen casi la mitad de la población extranjera residente
aunque ven reducirse su porcentaje relativo. Por decirlo gráficamente,
en muchas poblaciones, los extranjeros eran los "guiris"
o los turistas. Por otro lado, tercer aspecto a resaltar, a primeros
de 1998 la escasa inmigración extracomunitaria todavía
podía identificarse con una mayoría de hombres jóvenes
marroquíes dedicados a la agricultura, solteros o que habían
dejado la familia en su tierra. A este grupo mayoritario, cabía
añadir las primeras mujeres latinoamericanas, pioneras
en servicio doméstico, y un número aun más
reducido de chinos, centrados en sus propios negocios (cuadro
3). De hecho, A. Izquierdo caracteriza la década de los
noventa como "la de la inmigración marroquí
y por extensión africana" (Izquierdo, 2002 b: 237).
A pesar de constituir ya un número notable en 1998, 350.000
extracomunitarios, y de la existencia de familias, se consideraba
que se trataba de una inmigración básicamente temporal,
laboral y no de poblamiento.
Cuadro 3. Población extranjera en España. Evolución
de algunas nacionalidades significativas. Años 1998-2003
| País |
1998
|
2000
|
2001
|
2002
|
2003
|
| Gran Bretaña |
75.600
|
99.017
|
107.326
|
128.121
|
161.507
|
| Alemania |
60.495
|
88.651
|
99.217
|
113.808
|
130.232
|
| Francia |
35.867
|
46.375
|
51.582
|
59.811
|
69.930
|
| Italia |
19.287
|
27.874
|
34.689
|
46.221
|
65.396
|
| |
|
|
|
|
|
| Rumania |
2.258
|
6.410
|
31.641
|
67.279
|
137.347
|
| Bulgaria |
1.453
|
3.031
|
12.035
|
29.741
|
52.838
|
| Ucrania |
- -
|
- -
|
10.318
|
26.278
|
42.098
|
| |
|
|
|
|
|
| Marruecos |
111.043
|
173.158
|
233.415
|
307.458
|
378.979
|
| Argelia |
5.924
|
10.759
|
18.265
|
28.921
|
36.301
|
| |
|
|
|
|
|
| Perú |
19.757
|
27.422
|
34.975
|
44.752
|
55.919
|
| Colombia |
9.997
|
25.247
|
87.209
|
191.018
|
244.684
|
| Ecuador |
3.972
|
20.481
|
139.022
|
259.522
|
390.297
|
| Argentina |
19.315
|
23.351
|
32.429
|
56.714
|
109.445
|
| Cuba |
10.354
|
17.814
|
24.534
|
31.832
|
38.332
|
| |
|
|
|
|
|
| China |
11.611
|
19.191
|
27.574
|
37.651
|
51.228
|
Fuente: INE (2004). Elaboración propia.
El segundo período se inicia con el nuevo siglo
y supone un cambio en buena parte de los aspectos señalados.
Una característica de la nueva etapa es el aumento espectacular,
en términos relativos, del número de residentes
extranjeros. Entre 2000 y 2003 se ha triplicado. Este aumento
obedece a una doble causa. Una es estrictamente estadística:
con los procesos de regularización de los años 2000
y 2001 se inscribieron como residentes muchos inmigrantes indocumentados
que ya vivían y trabajaban entre nosotros. Además,
se generalizó el trámite del empadronamiento (10).
La otra razón, más importante a medio plazo, es
el aumento del flujo migratorio que tiene como protagonistas a
los latinoamericanos y a otros inmigrantes "extracomunitarios"
de muy distintas procedencias.
En enero de 2003 vivían en España más de
dos millones de personas procedentes del Sur, inmigrantes "laborales"
que vienen a ganarse la vida y mejorar sus perspectivas. Este
aumento del número de extracomunitarios ha sido tan notable
que, en pocos años, ha reducido la presencia de los extranjeros
nacionales de la Unión Europea a poco más de un
20 % (11). Se consolida así el modelo
de inmigración laboral presente en otros Estados de Europa
Occidental.
Por otro lado, tercer aspecto a destacar, se han dado cambios
notables dentro de la inmigración extracomunitaria por
lo que hace a los colectivos más numerosos, pero también
respecto al género y al tipo de inmigración, individual
o familiar, de que se trata. En términos muy generales,
podríamos afirmar que esta etapa está protagonizada
por los nacionales latinoamericanos, particularmente los de Ecuador
y Colombia, que se trata de una inmigración con una sex-ratio
más equilibrada y con un número notable de menores.
Todo ello indica un cambio en el tipo de inmigración laboral
que recibimos: de una migración individual, más
o menos temporal, hemos pasado a una migración familiar,
permanente y poblamiento. Veamos más en detalle algunos
de estos cambios.
2. Características de la inmigración extracomunitaria.
El caso ecuatoriano
Si nos centramos en la inmigración extracomunitaria, lo
primero a destacar es el aumento importante del número
de latinoamericanos. En enero de 2003, la mitad de los residentes
extracomunitarios en España eran latinoamericanos, destacando
por su número los ecuatorianos y los colombianos. Asimismo,
dicho flujo ha modificado la importancia numérica de los
diferentes colectivos de inmigrantes, como se observa en el cuadro
4.
Los nacionales de Ecuador, casi 400.000 personas en 2003, han
desplazado a los marroquíes como colectivo extracomunitario
más importante. Los nacionales de Marruecos, 378.000, constituyen
hoy la segunda nacionalidad de procedencia aunque continúen
ostentando una posición simbólica central -son los
"moros", los musulmanes, la plasmación histórica
de nuestros "otros". En el caso ecuatoriano, llama la
atención la envergadura y rapidez del proceso.
Cuadro 4. Inmigración ecuatoriana en España y porcentaje
sobre el total de extranjeros. Años 1998-2003
|
Años
|
Población ecuatoriana
|
% sobre total extranjeros
|
|
1998
|
3.972
|
0,6
|
|
2000
|
20.481
|
2,2
|
|
2001
|
139.022
|
10,1
|
|
2002
|
259.522
|
13,1
|
|
2003
|
390.297
|
14,6
|
Fuente: INE (2004). Elaboración propia.
A diferencia de otros colectivos latinoamericanos, como peruanos
y argentinos, la migración ecuatoriana apenas tiene importancia
en la década de los 90. Con el nuevo siglo, en tres años,
multiplica su número por diecinueve y pasa a afirmarse
como el colectivo de mayor importancia numérica. Esta fuerza
redoblada del flujo migratorio desde Ecuador se debe a la situación
de la sociedad ecuatoriana, la existencia previa de núcleos
de compatriotas en España, la consolidación de su
atractivo frente a los destinos migratorios más tradicionales,
como Estados Unidos (12), así como a
la percepción de una cierta preferencia social y política
por la inmigración latinoamericana respecto a la de otras
latitudes (13). Aunque todos los colectivos
latinoamericanos han aumentado sus efectivos, cabe destacar a
los colombianos que, aunque con cifras inferiores a los ecuatorianos,
han conocido también un aumento espectacular en los últimos
dos años.
Sin embargo, a pesar de su importancia, la inmigración
latinoamericana y del Magreb no agota la heterogeneidad característica
de la inmigración extracomunitaria y producto de la globalización.
La inmigración procedente de los países de Europa
del Este ha dejado de ser anecdótica, para constituirse
en colectivos importantes, como los rumanos, o con cifras más
reducidas, búlgaros, ucranianos, polacos, etc. Esta diversificación
también se da entre los procedentes de Asia. Los chinos
continúan siendo los más numerosos, pero ya están
presentes otras nacionalidades, como los pakistaníes.
Dado el carácter extremadamente dinámico del fenómeno
migratorio es difícil hacer proyecciones, aunque todo parece
indicar que se van a mantener las tendencias de fondo señaladas.
Una mayor heterogeneidad de procedencias con una muy importante
presencia de latinoamericanos, ecuatorianos y colombianos como
grupos mayoritarios. La inmigración magrebí y africana
se mantendrá como colectivo importante aunque es posible
que su peso relativo se reduzca ante el aumento de inmigrantes
de otras zonas geográficas, particularmente de Europa del
Este (por múltiples razones, entre otras, el proceso de
ampliación de la Unión Europea). Por otro lado,
de forma modesta pero constante, continuaran aumentando los inmigrantes
asiáticos, chinos pero también pakistaníes,
hindúes, etc.
Otro de los aspectos que han cambiado en los últimos años
es la composición por sexo de la inmigración.
En los últimos años muchas más mujeres se
han incorporado al proceso migratorio, en unos casos como primeras
migrantes, en otros por reagrupamiento familiar. En términos
generales, si consideramos el conjunto de extranjeros extracomunitarios
se da una casi equiparación entre los dos sexos. Sin embargo,
conviven situaciones muy diferentes según los colectivos.
Los extranjeros procedentes de países de la Unión
Europea presentan una sex-ratio equilibrada, de forma muy similar
a la población española. Son los colectivos de inmigrantes
extracomunitarios los que tienen un mayor sesgo de género.
En términos generales, los procedentes del Norte de África,
África subsahariana y Asia son colectivos básicamente
masculinos, en particular durante los momentos iniciales de asentamiento.
Aunque han aumentado el número de mujeres marroquíes,
su índice de masculinidad era de 203,5 en 2002 (203 hombres
por cada 100 mujeres, es decir sólo un tercio del colectivo
son mujeres). Otro ejemplo extremo lo constituye el caso de los
nacionales de Senegal, básicamente masculino. De acuerdo
con la cultura migratoria de estos colectivos quien emigra es
el hombre. En unos casos, más tarde, reagrupara a la familia
o creará una nueva. Así, con el paso del tiempo
y la formación de familias, la sex-ratio tenderá
a ser más equilibrada, como ha sido el caso de los marroquíes
y de los chinos (índice de masculinidad de 120 en 2002).
En otros casos, como los senegaleses, la migración se considera
temporal, las familias se crean en el país de origen y
no se reagrupan. Por tanto, el colectivo tiende a perpetuarse
como básicamente masculino.
A diferencia de los anteriores, suelen constituirse como grupos
femeninos o con mayor proporción de mujeres los de determinadas
procedencias latinoamericanas y asiáticas (Filipinas).
En estos casos, donde el protagonismo del proceso migratorio corresponde
a las mujeres, la migración se realiza en función
de una demanda de servicio doméstico. Según los
colectivos, la cultura de procedencia y el papel de la mujer migrante
respecto al núcleo familiar, esta feminización puede
atemperarse con el tiempo o bien consolidarse como un rasgo característico
(14).
En la Republica Dominicana, como en otras zonas de América
Central, la mujer es el único sostén económico
y el adulto de referencia en muchos grupos familiares, en una
situación que se ha caracterizado como matrifocalidad.
Es la línea de abuelas, madres e hijas, las que afrontan
como pueden los problemas del grupo familiar lo que supone, en
muchos casos, la migración de una de ellas. La dominicana
se ha consolidado como una inmigración femenina, con un
índice de masculinidad de 44,1 en 2002 (44,1 hombres por
cada 100 mujeres). El caso ecuatoriano nos ofrece otro funcionamiento
diferente. En Ecuador, la estructura familiar tiene al padre como
autoridad y figura presente; el hombre es el primer candidato
a emigrar. Sin embargo, la migración femenina fue generada
por la demanda de servicio domestico en España y la información
allá, en Ecuador, de acuerdo con la cual: "en España
hay trabajo para mujeres". Así, los primeros inmigrantes
ecuatorianos eran, en su mayoría, mujeres (15).
Cuadro 5. Inmigración ecuatoriana en España, según
sexo. Años 1998-2002
|
|
Año 1998
|
Año 2002
|
|
|
Total
|
Mujeres
|
Índice masculinidad
|
Total
|
Mujeres
|
Índice masculinidad
|
|
Extranjeros
|
637.085
|
314.824 |
102,4 |
1.977.946
|
929.767
|
112,7
|
|
Ecuatorianos
|
3.972
|
2.346 |
69,3 |
259.522
|
131.478
|
97,4
|
Fuente: INE (2004). Elaboración propia
Sin embargo, en apenas cuatro años, esta realidad ha cambiado
para pasar a una sex-ratio básicamente equilibrada (97,4
hombres por cada 100 mujeres, en 2002). Dicho cambio nos indica
que las mujeres ecuatorianas en España, y la colonia femenina
que constituyeron durante unos años, han tenido un papel
central en el proceso migratorio de otros miembros de la familia
o del conjunto del grupo familiar. En la práctica, en muchos
casos, las mujeres ecuatorianas han constituido una "avanzadilla"
que explora, facilita y permite la migración del grupo
doméstico, aunque en ocasiones ese no era el proyecto inicialmente
pensado.
En términos generales, el caso de Ecuador marca la pauta
general para la inmigración latinoamericana: una tendencia
neta a disminuir su feminización inicial y a aproximarse
a un equilibrio entre los sexos, aunque subsistan colectivos feminizados
(Izquierdo 2002 a y b; INE, 2004).
Otro aspecto de interés es la composición por
grupos de edad. En términos generales, la inmigración
se concentra en las franjas de edad comprendidas entre los 20
y 65 años en mayor proporción que los españoles,
un 70% por un 60% en el caso de los españoles. El número
de menores es inferior a la media española, aunque ya constituyen
un número significativo. Sobre todo, la gran diferencia
se centra en los mayores de 65 años que constituyen un
12 % entre los extranjeros y un 18 % entre los españoles
(16). Básicamente, estos datos nos dibujan
una inmigración concentrada en los grupos de edad laboral,
que conforma una población joven.
El caso ecuatoriano responde a esa imagen, acentuando algunas
de sus características: número creciente de menores
y muy pocos mayores. Así, en referencia a 2002, el número
de ecuatorianos menores de 14 años es similar a la media
española (14 % del total del colectivo), lo que nos indica
la presencia de familias. Por otro lado, siete ecuatorianos de
cada diez tienen entre 20 y 39 años, lo que corresponde
plenamente a una migración laboral. Por último,
el número y la proporción de mayores de 65 años
es insignificante (0,40 % en el caso ecuatoriano frente a un 18
% para los españoles). Se trata de una inmigración
muy reciente que, lógicamente, no viaja con sus mayores.
Como el resto de la inmigración laboral, la ubicación
geográfica de las ecuatorianos y ecuatorianas en España
sigue las pautas de los ejes centrales de población, actividad
económica y riqueza (la costa mediterránea, Madrid
y el Norte industrial). Así, en 2003, el 70 % de la migración
ecuatoriana estaba concentrada en cuatro provincias: Madrid (38
%), Barcelona (15,2), Murcia (11,8) y Valencia (5,7) (17),
aunque se da una tendencia a una mayor dispersión.
Para resumir el caso ecuatoriano, podemos hablar de una migración
laboral muy joven que ha pasado, rápidamente, a un equilibrio
entre sexos y a un número creciente de menores. Dicho perfil,
de tipo familiar, conforma una inmigración permanente y
de poblamiento, dado que de una forma u otra, van a constituir
una parte de la población española. Se trata de
una inmigración muy reciente, conformada en los últimos
tres años, y que está iniciando su proceso de inserción.
3. El proceso de inserción de los inmigrantes
Por inserción social podemos entender el proceso de inclusión
de los inmigrantes en la sociedad española, como trabajadores,
consumidores, vecinos y usuarios de los servicios y espacios públicos.
Inserción hace referencia, por tanto, al "lugar social"
que ocupan los inmigrantes en la sociedad de recepción.
De acuerdo con Sayad (1994), inserción es "el modo
de relación en el seno de la sociedad y con el conjunto
de instancias sociales y la posición que se ocupa en el
sistema social". Así definida, la inserción
de los inmigrantes puede, por tanto, adoptar diversas formulas,
de muy distinta calidad democrática y con diferentes consecuencias
sociales.
Conviene distinguir inserción de integración. Normalmente,
cuando se habla de integración se hace referencia a una
inserción social que no comporte la marginación
y exclusión de los inmigrantes, ni tampoco la asimilación
cultural forzada. Integración, por tanto, hace referencia
a un "buen" proceso de inserción social de los
inmigrantes. Es un término que comporta una valoración
normativa positiva. Por ello, muchas veces se utiliza el término
de integración para designar al tipo de inserción
social que se pretende legitimar. Como he desarrollado en otro
texto, Torres (2002), integración de los inmigrantes supone
un proceso de incorporación a la sociedad española
con tres notas definitorias: la igualdad de condiciones, derechos
y deberes; el respeto y el derecho a la diferencia y una dinámica
social que fomente la interrelación, la interculturalidad
y el intercambio creativo entre grupos. Es decir, un proceso paulatino
mediante el cual puedan llegar a ser participantes activos de
la sociedad, conformando también la vida social, económica
y cultural, sin que se les imponga el precio de la renuncia a
su cultura de origen (18).
3.a. Dimensiones, factores y actores
La inserción social de los inmigrantes es un proceso multidimensional
pues la vida en común, en sociedad, lo es. Podemos hablar
de una dimensión jurídica-legal, otra socio-laboral,
una tercera sería una dimensión residencial, donde
podríamos incluir la vivienda y las relaciones vecinales.
El acceso a servicios básicos como la sanidad y la educación
constituye otra dimensión básica del proceso de
inserción, así como la dimensión identitaria
y cultural. Sin animo de ser exhaustivo nos referiremos a algunas
de estas dimensiones. Una es la normativa, es decir el estatus
legal y la relación con la ciudadanía de los inmigrantes.
Otra dimensión básica es la socio-económica.
La inserción dependerá, también, de los contextos
sociales generados por el tipo de inserción residencial,
la vivienda y las relaciones vecinales que se generen y de los
recursos de sociabilidad, particularmente las redes. Destacar,
por último, la importancia de la dimensión socio-cultural
e identitaria es decir el conjunto de representaciones sociales,
valores y símbolos, que comparten los miembros de la sociedad
de recepción, con los que "ven" a los inmigrantes
y que orientan su acción hacia ellos. Entre estas diferentes
dimensiones se da una interrelación profunda. La inserción
laboral depende, entre otros factores, de la situación
documental pero también de la información y oportunidades
que oferten las redes sociales a las que se pertenece. A su vez,
el trabajo no solo supone una fuente de ingresos sino la inserción
en unas relaciones y prácticas socio-laborales concretas
que tienen implicaciones para otras facetas del proceso de inserción
(renovar el permiso y mantener el estatus legal, alquilar una
vivienda, etc.). Por tanto, el proceso de inserción es
el resultado de la conjunción de tendencias en esas dimensiones,
de las diferentes estrategias aplicadas por los actores y de las
dinámicas sociales que así se conforman.
La inserción social de los inmigrantes es un proceso conformado
por tendencias "macro", factores estructurales e institucionales,
pero también por factores "micro", como la sociabilidad
informal que nos muestran las redes sociales de los inmigrantes,
y por factores "locales", modulados por los actores
en contextos sociales concretos. Entre los factores estructurales
e institucionales hay que hacer referencia al mercado de trabajo,
las tendencias económicas, la legislación de extranjería
y las políticas públicas que con su acción,
u omisión, conforman un determinado tipo de inserción.
Sin embargo, estas tendencias generales son concretadas y moduladas
de forma parcialmente diferente, según los distintos "contextos
locales". Así, por ejemplo, a pesar de compartir los
mismos factores "macro" (entre otros, una agricultura
intensiva de exportación y un mismo marco normativo), la
inserción social del inmigrante peón agrícola
será distinta en unas zonas u otras. En Almería
y otras zonas de Andalucía, esta inserción está
marcada por la segregación espacial y urbana, particularmente
si se trata de marroquíes y subsaharianos. No es el caso
de las zonas de agricultura de Murcia, Valencia y otras provincias
donde se da una convivencia residencial sin mayores dificultades
(19). El mutuo condicionamiento de los factores
"macro" y "micro", genera unas dinámicas
sociales que consolidan prácticas específicas, segregación
o convivencia socio-residencial por ejemplo, así como un
determinado "clima social" respecto a la inmigración.
Vemos, pues, que la inserción social es un proceso donde
intervienen diversos actores que podemos agrupar, a efectos expositivos,
en dos grandes y heterogéneos bloques: la sociedad receptora
y los colectivos de inmigrantes. Cuando desde medios oficiales
y académicos, se insiste en la responsabilidad del inmigrante
en su inserción, hay que destacar como la inserción
social supone una relación profundamente desigual (20).
Nosotros, como sociedad receptora, tenemos la posición
dominante y los inmigrantes constituyen una minoría, extraña
y extranjera, que intenta hacerse un "lugar social"
que le permita iniciar una nueva vida.
Sin embargo, que los inmigrantes constituyan una minoría
no hace de ellos meros vectores pasivos de las tendencias estructurales
e institucionales. Las personas inmigrantes, los grupos domésticos
y los colectivos, desarrollan diversas estrategias de inserción,
intentando una mejor y/o menos costosa adaptación y dando
respuestas más o menos eficaces a los requerimientos de
la vida cotidiana en la sociedad de recepción. Los procesos
de inserción de las personas y grupos, reales y concretos,
se realizan mediante redes informales, es decir, el conjunto de
relaciones interpersonales, basadas en motivos de parentesco,
amistad y otro aspecto común, y que supone el intercambio
de información, bienes y servicios, relaciones ordenadas
de acuerdo con las reglas culturales y los mapas cognitivos y
valorativos compartidos.
Para todos los grupos de inmigrantes, las redes de parientes y
compatriotas amigos constituyen el primer recurso para encontrar
trabajo, acceder a una vivienda y disponer de un marco de relaciones
(21). Sin embargo, de acuerdo con el tipo de
red y las bases culturales y organizativas que tenga, la resolución
de estas necesidades adoptará una forma muy diferente.
Desde este marco conceptual, someramente descrito, ¿qué
podemos apuntar del proceso de inserción de los inmigrantes
extracomunitarios en España y, más particularmente,
de las ecuatorianas y ecuatorianos?.
3.b. Inserción, factores de exclusión y requerimientos
de inclusión
Un aspecto clave del concepto de integración y de exclusión
lo constituye la participación, o no, en el conjunto de
procesos y de dimensiones sociales que conforma una ciudadanía
bien integrada. El proceso de inserción de los inmigrantes
¿se orienta en un sentido integrador?, es decir, ¿aumenta
progresivamente la participación de los inmigrantes en
la vida social, en condiciones más o menos igualitarias?.
¿Cuáles son las luces y las sombras del proceso?.
¿Qué dimensiones y factores se nos muestran como
más incluyentes y cuales, por el contrario, se conforman
como los principales obstáculos?.
Por otro lado, el proceso de inserción de los inmigrantes
supone un desarrollo en el tiempo, durante el cual se modifican
las situaciones. De acuerdo con la experiencia europea, Basteneir
y Dassetto (1995) establecen tres momentos del proceso de inserción:
la llegada, el asentamiento y la residencia permanente. En el
Estado Español nos encontramos con inmigrantes en los tres
momentos. Una parte de la inmigración está ya asentada
y adaptada, lo cual no quiere decir sin problemas. Este sector
es una minoría y es lógico que así sea. Tenemos
una migración muy reciente y la mayoría, los llegados
en los últimos cuatro años, está en proceso
de asentarse con sus familias. Una parte logro acogerse a los
procesos de regularización de 2000 y de 2001; otros no.
El tercer grupo, de difícil cuantificación, está
constituido por los recién llegados y que inician el largo
y penoso proceso de instalarse, ganarse la vida e intentar documentarse.
En el caso de la inmigración latinoamericana, en general,
y ecuatoriana en particular, su proceso de inserción está
marcado por su carácter muy reciente, lo que hace que se
inscriba en los dos últimos grupos señalados.
Por tanto, para aproximarnos a una visión de conjunto del
proceso de inserción, cabe utilizar dos tipos de variables.
Unas son las diferentes dimensiones del proceso: jurídico-administrativa,
laboral, residencial, educativa, sanitaria, etc. Las otras hacen
referencia a los diferentes momentos del mismo -la llegada, el
asentamiento y la residencia permanente-, en que se encuentran
los diferentes grupos de inmigrantes.
Comencemos por las luces del proceso (22). En
los cuatro últimos años se ha dado un proceso de
incorporación y creciente presencia de las personas y familias
inmigrantes, en los ámbitos de educación, sanidad
y servicios sociales. Hoy los inmigrantes constituyen usuarios
habituales de estos servicios en lo que podemos calificar como
giro "normalizador". Como consecuencia, comparten las
mismas instituciones educativas, sanitarias y de servicios sociales
que los autóctonos, y acceden a similares programas y servicios.
Este proceso de incorporación en estas instituciones presenta,
al menos, cuatro características comunes. Se basa en el
reconocimiento de derechos considerados fundamentales, que se
rigen por el criterio de universalidad. Dicho reconocimiento concita
un amplísimo consenso social. Por ello, a pesar de los
problemas y limitaciones de diverso tipo, la dinámica generada
ha sido muy inclusiva, en el sentido literal, incorporando a los
inmigrantes al funcionamiento cotidiano de los colegios, los centros
de salud y los de servicios sociales. Factor clave de esta dinámica
ha sido la buena actitud y la voluntad activa de los profesionales
de estos servicios.
Este proceso de incorporación tiene consecuencias muy positivas.
No sólo por la cobertura educativa, sanitaria y de servicios
sociales que se ofrece a los inmigrantes, sino por su efecto inclusivo
en otros aspectos de su relación con la sociedad española.
Compartir instituciones y servicios es un elemento integrador
de convivencia, facilita la ampliación de relaciones y
de recursos y fomenta el reconocimiento del inmigrante como conciudadano
y como vecino.
Esto no quiere decir que no existan problemas o deficiencias,
que los hay (23). Lo que se pretende destacar,
a diferencia de otras dimensiones, es que en educación,
sanidad y servicios sociales se ha dado una primera respuesta
de inclusión positiva: "todos para dentro". Para
que esta incorporación no se consolide como una inserción
desigual hace falta mejorar su calidad, en un sentido intercultural,
así como la progresiva adecuación de dichos sistemas
a una población cada vez más heterogénea.
Educación, sanidad y servicios sociales nos aparecen como
tres dimensiones en las que la tendencia del proceso de inserción
es inclusiva, positiva, con los límites comentados. En
otras dimensiones, igualmente básicas, no podemos hacer
esa valoración positiva. Para visualizar la situación,
trabajaremos sobre un cuadro conceptual que relaciona los diferentes
momentos del proceso de inserción, los factores de exclusión
más importantes en la situación actual y los requerimientos
de inclusión que comporta respecto a la sociedad receptora
(24).
|
Momentos
|
Factores de exclusión
|
Requerimientos de inclusión
|
|
Llegada
|
situación irregular
|
gestión indocumentados
|
|
Asentamiento
|
trabajo precario, sumergido
precariedad residencial
|
trabajo formal
vivienda social
|
|
Residencia permanente
|
diferencia cultural estigmatizada
no nacionales
|
reconocimiento cultural y social
participación
|
En la llegada, el factor de exclusión fundamental lo constituye
la situación irregular. En la fase de asentamiento, con
la creación y/o instalación de familias, los problemas
centrales que se plantean hacen referencia a la vivienda y una
inserción laboral precaria, a menudo en la economía
sumergida, problemas a los que se puede añadir una situación
irregular no resuelta. El tercer momento, implica en nuestro caso
a una minoría ya asentada, con seguridad documental e inserción
laboral. Se trata de núcleos familiares, españoles
y españolas desde hace años, que han echado raíces
y cuyos hijos e hijas se están socializando aquí.
En esta fase, lo que se plantea son los retos que la presencia
de una "segunda generación" pone sobre la mesa:
el reconocimiento cultural de su identidad mestiza y la cuestión
de la participación social, incluida la acción política.
Podemos decir que, en España, esta problemática
está despuntando: hoy tiene una escasa relevancia pero
se presenta como uno de los retos importantes del futuro inmediato.
Dado que la inmigración ecuatoriana se encuentra en las
fases de llegada y asentamiento, la situación irregular,
el trabajo precario y las dificultades de vivienda constituyen
los principales obstáculos para su adecuada inserción.
Veamos algunos de estos temas con mayor detalle.
4. La realidad "irregular": los indocumentados
En la actualidad, todos los autores y no pocos gestores públicos
coinciden en señalar la situación irregular como
el principal obstáculo que afronta un proceso de inserción.
En palabras de J. Arango, "ninguna faceta de la inmigración
en España es tan influyente y relevante como la elevada
proporción de irregulares... y ello apunta a la existencia
de potentes factores estructurales generador de irregularidad"
(Arango, 2002: 67). De acuerdo con el Padrón de Habitantes,
en enero de 2003, residían en España 2.672.596 extranjeros.
Sin embargo, el Ministerio del Interior contabilizaba en diciembre
de 2002, un total de 1.324.001 permisos. Es decir, la mitad de
los extranjeros residentes en el Estado Español carecía
de permiso de residencia y trabajo, se encontraban indocumentados
(25).
Cuadro 6. Extranjeros en España. Aproximación al
número de indocumentados. Años 1998-2003
|
Años
|
Extranjeros residentes
|
Índice indocumentados
|
|
Interior (1)
|
Padrón (2)
|
|
1998
|
609.813
|
637.085
|
- 4,47
|
|
2000
|
801.329
|
923.879
|
- 15,29
|
|
2001
|
859.720
|
1.370.657
|
- 59,43
|
|
2002
|
1.109.060
|
1.977.944
|
- 43,93
|
|
2003
|
1.324.001
|
2.672.596
|
- 50,46
|
(1) Número de permisos de residencia, con referencia
al 31 de diciembre del año anterior al señalado.
(2) Número de empadronados, con referencia a 1 de enero
del año señalado. Fuente: INE (2004). Balance 2003.
Delegación Gobierno para la Extranjería y la inmigración
(2004). Elaboración propia.
Además, como se deduce del cuadro 6, esta bolsa de indocumentados
aparece como una constante, particularmente en los últimos
años. Ni los procesos de regularización del año
2002 y 2001 consiguieron reducir sus efectivos de forma importante.
Este hecho dice mucho de dos aspectos: uno es el aumento de los
flujos migratorios hacia España; el otro, el carácter
inadecuado cuando no contraproducente de la actual normativa de
extranjería.
Vale la pena detenerse en la dinámica de la irregularidad.
La inmensa mayoría de inmigrantes han llegado de forma
legal, con un visado turista con validez para tres meses. Como
se trata de una inmigración laboral con voluntad de asentamiento,
no regresa a su país cuando finaliza la vigencia de su
autorización y pasa a convertirse en irregular. Durante
los últimos años, los recién llegados iniciaban
así un período más o menos largo en el que,
con el paso del tiempo, sus esfuerzos de inserción y el
aumento de sus relaciones y habilidades laborales y sociales,
conseguían hacerse con una oferta de contrato e iniciar
los trámites para documentarse (26).
De esta forma, teníamos una "bolsa" de indocumentados
que, peor que mejor, renovaba su composición. Los recién
llegados sustituían a los que, con el tiempo, habían
conseguido la ansiada regularidad.
Así teníamos dos realidades. Una oficial, establecida
por la Ley, según la cual la inmigración debía
venir con una oferta de empleo mediante la contratación
en origen. Sin embargo, la dinámica social era y es otra.
La necesidad de mano de obra y el atractivo creciente de España
como destino desbordan ampliamente el marco restrictivo establecido
por la normativa y la escasa capacidad de la Administración
española para gestionar la situación (27).
La vida se impone como realidad "irregular". Esta dicotomía
entre el proceso oficial y el proceso real es una contradicción
presente, con más o menos intensidad, en todas las políticas
europeas de inmigración, particularmente en la Europa del
Sur (28).
En el caso ecuatoriano, los índices de irregularidad son
claramente superiores a la media de los inmigrantes, como se deduce
del cuadro 7. Al generalizarse la inscripción padronal,
ya en el año 2001, el índice de indocumentados se
"dispara" al 350,23. Los procesos de regularización
han mitigado dicha cifra, pero con todo, sólo un tercio
de los residentes ecuatorianos empadronados en 2003 disponía
de algún permiso del Ministerio del Interior.
Cuadro 7. Aproximación al número de ecuatorianos
indocumentados en España. Años 1998-2003
|
Años
|
Inmigración ecuatoriana
|
Índice indocumentados
|
|
Interior (1)
|
Padrón (2)
|
|
1998
|
4.112
|
3.972
|
+ 3,40
|
|
2000
|
12.933
|
20.481
|
- 58,36
|
|
2001
|
30.878
|
139.022
|
- 350,23
|
|
2002
|
84.699
|
259.522
|
- 67,36
|
|
2003
|
115.301
|
390.297
|
- 70,46
|
(1) Número de permisos de residencia, con referencia al
31 de diciembre del año anterior al señalado. (2)
Número de empadronados, con referencia a 1 de enero del
año señalado. Fuente: INE (2004). Balance 2003.
Delegación Gobierno para la Extranjería y la inmigración
(2004). Elaboración propia.
La mayor incidencia de la situación irregular en el colectivo
de ecuatorianos no cabe atribuirlo a una marginación específica.
Dada la dinámica de la irregularidad que hemos comentado,
ésta es mayor entre los colectivos de inmigración
más reciente. Así, el índice de irregularidad
de los ecuatorianos es similar al de los colombianos (- 70,89)
y argentinos (- 74,67). Por el contrario, el índice de
irregularidad es solo del -30,23 en el caso de los peruanos, -25,48
para los marroquíes y -10,57 para los chinos, colectivos
con un mayor tiempo de asentamiento, un proceso de llegada más
paulatino y con una mayor diversidad de situaciones.
La persistencia de la irregularidad suele explicarse por el aumento
de los flujos. Sin embargo, suelen olvidarse los factores estructurales
que la generan, propios de la sociedad española. En primer
lugar, factores derivados de nuestra estructura económica.
Cuando un 23 % de la actividad económica que se realiza
en España es sumergida (29) se genera
un poderoso efecto "llamada" sobre los inmigrantes,
cuya primera prioridad es trabajar. Otros factores lo constituyen
los efectos "perversos" de la propia normativa que genera
situaciones de irregularidad. Al identificar residencia legal
y contrato de trabajo, se convierte en indocumentados a quienes
han entrado de forma legal, se ganan la vida en la economía
sumergida, pero no consiguen un empleo. O bien, en el caso de
la llamada "irregularidad sobrevenida", a quienes tras
un primer permiso no logran renovarlo, por no justificar un empleo
o seis meses anteriores de cotización a la Seguridad Social.
Otros factores, en fin, tienen que ver con las dificultades para
asegurar un control de entradas y permanencias en un mundo crecientemente
globalizado.
Por ello, la existencia de una bolsa de indocumentados aparece
como un aspecto estructural del fenómeno migratorio y su
gestión constituye uno de los temas centrales del debate
sobre las políticas de inmigración en Europa. España
no ha sido una excepción. Las políticas públicas
aplicadas han sólido oscilar entre una línea de
normas muy restrictivas, que reducen al inmigrante irregular a
simple "expulsable", y otra línea que combina
un discurso de control y orden con una gestión pragmática
del fenómeno. Esta segunda línea comporta, junto
con las medidas de control de flujos y la represión de
los efectos más negativos, como las mafias, fórmulas
más o menos inclusivas de regularización para los
inmigrantes que acrediten un arraigo.
Los gobiernos del PP se han decantado sucesivamente por la primera
de dichas líneas. Uno de los argumentos centrales del PP
para modificar la Ley 4/2000 y hacer aprobar la Ley 8/2000 era,
precisamente, establecer una diferencia clara entre los derechos
y el tratamiento reservado a los indocumentados y a los regulares.
Sin embargo, las sucesivas reformas de la Ley de Extranjería
han probado que una ley más dura no tiene un efecto "disuasorio"
respecto a la inmigración indocumentada. En el año
2001 y 2002, el flujo continuo de entradas siguió nutriendo
las filas de los inmigrantes irregulares cuyo número había
descendido como consecuencia de los dos procesos de regularización
realizados. Además, a finales de 2001, el Gobierno adoptó
un acuerdo cerrando el llamado "régimen general"
e imposibilitando, en la práctica, que el inmigrante residente
indocumentado que obtenga una oferta de empleo pueda solicitar
un permiso y regularizar su situación (30).
Con el cierre del régimen general, la exigüidad del
cupo y los retrasos administrativos, el proceso de documentación
estaba bloqueado desde hace más de dos años. Este
bloqueo tiene dos consecuencias indeseables, como han resaltado
la totalidad de las organizaciones sociales: aumenta el número
total de inmigrantes sin permiso, ya que continúan entrando,
y se consolida una situación de indocumentados "crónicos"
cuya continuidad afectaría muy negativamente al proceso
de inserción de todo el colectivo.
Con el nuevo Gobierno socialista parecen apuntarse algunos elementos
de cambio. Se han adoptado medidas de urgencia para evitar situaciones
de irregularidad por retrasos administrativos en la tramitación
de los permisos (31). A pesar de que el PSOE
apoyó la última reforma propugnada por el PP, la
Ley 14/2003, parece que el Gobierno socialista va ha establecer,
en el nuevo Reglamento de Extranjería, un procedimiento
de regularización por arraigo.
Desde el punto de vista del proceso de inserción es imperativo
desbloquear la actual situación, lo que supone una gestión
inclusiva de la bolsa de indocumentados. Una gestión que
se asiente sobre tres ejes. El primero se basa en reconocer que
la bolsa de indocumentados constituye un elemento estructural
que no cabe negar, sino más bien paliar, limitar sus efectos
negativos y establecer las bases para -a largo plazo- eliminar.
El segundo eje hace referencia a la necesidad de establecer procedimientos
ordinarios que permitan la regularización de quien aquí
vive y trabaja, tanto por razones pragmáticas, como por
valores democráticos que sustentan nuestra convivencia.
Las fórmulas son discutibles y variables, pero están
presentes en parte de las legislaciones europeas y en la propia
normativa española, con una voluntad política inclusiva
(32). El tercer eje, en fin, se refiere a que
en nombre de la "lucha contra la inmigración ilegal"
no se pueden limitar los derechos fundamentales de los "sin
papeles", ni reducirlos a un estatuto de "parias sociales".
No se puede presentar la expulsión como única medida
para el inmigrante indocumentado que, en muchos casos, tiene familia
aquí y se esfuerza por conseguir un arraigo.
5. La doble cara del trabajo
La inserción laboral es un aspecto básico de todo
proceso de inserción. Una adecuada inserción laboral
proporciona al inmigrante la autosuficiencia económica
y su acceso a los sistemas contributivos de protección
social, lo que facilita su integración como miembro activo
y reconocido de la sociedad. Igualmente disponer de un contrato
de trabajo constituye un requisito imprescindible para renovar
el permiso y mantener el carácter "legal", así
como para resolver diferentes necesidades de la vida cotidiana.
Por último, pero no menos importante, el contrato de trabajo
constituye una prueba de que se trata de una inmigración
legítima.
La legitimidad social de la inmigración se basa en su contribución
económica, razón a la que, en los últimos
años, se añade su efecto demográfico positivo
en una sociedad crecientemente envejecida. La inmigración
es legítima en cuanto responde a las necesidades de mano
de obra, que se identifica con disponer de un contrato de trabajo.
Así opina la inmensa mayoría de los españoles
(ASEP 1998; Díez Nicolas y Ramírez Lafita 2001).
La buena inmigración es la que atiende a nuestras necesidades
económicas en el marco de nuestro sistema productivo (33).
En coherencia, la inserción laboral de los inmigrantes
se realiza de acuerdo con un doble criterio. En primer lugar,
el principio de preferencia nacional, "primero los de casa",
que adopta diversas expresiones. La preferencia nacional inspira
nuestras normas legales, se proclama en los discursos, se comenta
en la "opinión publicada" sobre la extranjería
y forma parte del "sentido común" que informa
y modula las prácticas socio-laborales (34).
En segundo lugar, la inserción laboral de los inmigrantes
se orienta a cubrir los sectores y/o "nichos" laborales
que por sus condiciones de trabajo, remuneración y percepción
social, no son atractivos para los trabajadores y trabajadoras
españolas que, en general, cuentan con mayores recursos
(apoyo familiar, redes de relaciones y prestaciones sociales)
lo que le permite mayor libertad de elección. (35)
Nos hacen falta personas inmigrantes para el servicio doméstico
y el cuidado de personas dependientes; para las tareas de peonaje
agrícola; también, como peones en la construcción
o la hostelería y en los talleres "auxiliares",
subcontratas y otras formulas de economía sumergida e informal
que son claves para la competitividad internacional de sectores
productivos como la agricultura intensiva, el calzado u otras.
Son sectores marcados, en particular en sus puestos más
bajos, por salarios reducidos, penosidad física, alta tasa
de temporalidad, acentuada movilidad geográfica y una escasa
regulación, lo que tiene importantes consecuencias en el
caso de las personas inmigrantes, dado su carácter de extranjero.
Orientamos a las trabajadoras y trabajadores extranjeros hacia
esos sectores tanto con medidas normativas (contingente, limitación
del permiso de trabajo inicial a un determinado territorio, sector
o actividad) como por el funcionamiento de las relaciones y prácticas
socio-laborales.
La creciente importancia de los trabajadores extranjeros y, dentro
de ellos, de los ecuatorianos puede apreciarse en el cuadro siguiente
sobre datos de Seguridad Social, que reflejan los trabajadores
en alta laboral.
Cuadro 8. Trabajadores extranjeros y ecuatorianos en alta laboral
de Seguridad Social. Años 1999-2004
|
Años
|
Trabajadores extranjeros
|
Trabajadores ecuatorianos
|
% ecuatorianos sobre extranjeros
|
| 1999 |
334.976
|
7.446
|
2,22
|
| 2001 |
557.074
|
48.174
|
8,65
|
| 2003 |
924.805
|
135.833
|
14,69
|
| 2004 |
1.016.963
|
140.856
|
13,85
|
Para los años 1999 a 2003 se señala la media anual.
Para el año 2004, la media de enero a junio. Fuente: MTAS
(2004). Elaboración propia.
Si en el año 1999, los extranjeros representaban el 2,3
% del total de trabajadores en alta, en junio de 2004 ya suponían
casi el 6 % del total. Este aumento, que parece proseguir durante
el año en curso, expresa la contribución creciente
de la inmigración tanto a la actividad económica
reglada y la riqueza que se genera como sus aportaciones, vía
cotizaciones obligatorias, al sistema de Seguridad Social (seguro
de paro, enfermedad y pensiones). Dicha aportación constituye
además, al menos a corto plazo, un beneficio casi neto
para las arcas públicas (36). Lo mismo
cabría señalar para el caso de los ecuatorianos,
destacando como dicho proceso se ha dado de forma más acelerada
(dada el carácter muy reciente del colectivo).
Sin embargo, estas cifras no pueden ocultar la otra cara de la
moneda: un importante número de trabajos realizados en
la economía sumergida. Nos podemos acercar a dicha realidad,
mediante la tasa de actividad laboral, la proporción de
residentes entre 16 y 65 años que figuran en las estadísticas
de la Seguridad Social. En el caso de los extranjeros en general
dicha tasa de actividad era, para 2003, de un 46 %, que disminuía
en el caso de los ecuatorianos a un 43 %.
Dicho de otra forma, menos de la mitad de los ecuatorianos residentes
en edad de trabajar lo hacían en 2003, según los
datos de Seguridad Social. Este dato no casa con el carácter
de migración laboral, muy joven y cuyo motivo principal
para venir a España ha sido trabajar. Obviamente, una migración
de estas características, como la ecuatoriana, no se queda
de brazos cruzados. Quien no tiene un trabajo formal, está
trabajando en economía sumergida. A favor de la misma tesis,
pueden apuntarse otras razones. Por ejemplo, para ningún
observador de la realidad española es creíble que
el número de ecuatorianas que trabajan en servicio domestico
se reduzca a las 19.787 afiliadas al Régimen Especial de
Empleados de Hogar en 2003 (véase cuadro 9).
A pesar de su carácter limitado los datos de Seguridad
Social, según régimen de afiliación y sector
de actividad económica, nos indican aspectos de interés.
Cuadro 9. Trabajadores extranjeros y ecuatorianos en alta laboral,
según sector de actividad. Año 2003
|
|
Trabajadores ecuatorianos
|
% sector |
Trabajadores extranjeros
|
% sector
|
| Total |
132.956
|
100,00
|
925.280
|
100,00
|
| Agrario |
20.875
|
15,70
|
130.565
|
14,11
|
| Industria |
10.621
|
7,99
|
83.307
|
9,00
|
| Construcción |
26.841
|
20,19
|
146.137
|
15,79
|
| Servicios |
74.541
|
56,06
|
564.575
|
61,02
|
| No consta |
78
|
0,06
|
696
|
0,08
|
Datos a 31 de diciembre. Fuente: MTAS (2004). Elaboración
propia.
De acuerdo con el cuadro anterior, la distribución por
sectores de los ecuatorianos es similar a la de los extranjeros
en general, si bien cabe destacar en el caso de los ecuatorianos
una mayor presencia porcentual en el sector agrario y, sobre todo,
en la construcción, así como índices menores
en el caso de la industria y los servicios.
Otro indicador, las altas a los diferentes regímenes de
Seguridad Social, así como su evolución en los últimos
años nos puede dar pistas sobre los cambios en la inserción
laboral.
Cuadro 10. Trabajadores extranjeros y ecuatorianos en alta laboral,
según régimen de Seguridad Social. Años 2000
y 2003.
Año 2000
| |
Trabajadores extranjeros
|
% según régimen
|
Trabajadores ecuatorianos
|
% según régimen
|
| Total |
454.571
|
100,00
|
25.729
|
100,00
|
| Régimen general |
278.054
|
61,17
|
14.631
|
56,87
|
| Agrario |
55.969
|
12,31
|
2.518
|
9,79
|
| Mar |
1.775
|
0,39
|
6
|
0,02
|
| Empleados hogar |
48.048
|
10,57
|
8.242
|
32,03
|
| Autónomos |
70.725
|
15,56
|
332
|
1,29
|
Año 2003
| |
Trabajadores extranjeros
|
% según régimen
|
Trabajadores ecuatorianos
|
% según régimen
|
| Total |
925.280
|
100,00
|
132.956
|
100,00
|
| Régimen general |
623.483
|
67,38
|
91.836
|
69,07
|
| Agrario |
121.619
|
13,14
|
19.934
|
14,99
|
| Mar |
2.450
|
0,26
|
23
|
0,02
|
| Empleados hogar |
73.419
|
7,93
|
19.787
|
14,88
|
| Autónomos |
104.309
|
11,27
|
1.376
|
1,03
|
Fuente: MTAS (2004). Elaboración propia.
En tres años, los trabajadores ecuatorianos se han aproximado
al perfil medio del trabajador extranjero, aunque que con diferencias
de interés. Así, en el caso ecuatoriano ha disminuido
el peso del régimen de empleados de hogar (del 32 al 14
%), aunque continua siendo muy superior al porcentaje que se da
entre los trabajadores extranjeros en general (7,9 % en 2003).
Por el contrario, ha aumentado su presencia -por encima de la
media- en el régimen general y en el régimen agrario.
Por último, en el caso de los trabajadores autónomos
las diferencias continúan siendo muy marcadas. No hay apenas
trabajadores autónomos ecuatorianos (solo un 1 % por una
media del 11 % en 2003). A diferencia de otros colectivos, los
trabajadores ecuatorianos trabajan casi todos por cuenta ajena.
Por último, en estos tres años, ha cambiado igualmente
el perfil por sexo del trabajador ecuatoriano. Si en el año
2000 era mayoritariamente femenino, aunque apuntando al equilibrio,
en 2003, son ya hombres una mayoría de los trabajadores
ecuatorianos (en proporción, por cierto, superior a la
sex-ratio que presenta el colectivo).
Cuadro 11. Trabajadores ecuatorianos en alta laboral, según
sexo. Año 2000 y 2003
| |
Año 2000
|
Año 2003
|
| Total trabajadores |
25.729 |
132.956 |
| Hombres |
12.453 |
71.685 |
| Mujeres |
13.276 |
61.270 |
| Índice masculinidad |
93,80 |
117,00 |
Datos a 31 de diciembre. Fuente: MTAS (2004). Elaboración
propia.
Volvamos ahora a la problemática general de la inserción
económica que no se puede reducir a la inserción
laboral. Hay que recordar que cuando hablamos de inserción
laboral hacemos referencia no sólo a trabajar sino a hacerlo
con contrato, condición sine qua non para que el inmigrante
extracomunitario pueda disponer de un permiso de residencia y
trabajo. Sin embargo, esta exigencia legal es contradictoria con
la inserción laboral real de buena parte de los inmigrantes,
particularmente en los momentos de llegada y asentamiento, situación
de la inmensa mayoría de las ecuatorianas y ecuatorianos.
Por un lado, su inserción laboral se realiza en sectores
en los que es bastante difícil conseguir un contrato. Por
otro lado, la existencia de un contrato, o de una oferta nominal,
es un requisito esencial para obtener el permiso o renovar el
que ya se poseía.
Lógicamente los inmigrantes intentan mejorar su inserción
laboral, tanto por lo que hace a la calidad del trabajo que realizan
-salario, condiciones, etc.-, como por lo que hace a disponer
del ansiado contrato. Las estrategias que se utilizan son diversas.
Después de un tiempo, con mayores habilidades y relaciones,
intentará mejorar su situación dentro del sector
lo cual suele implicar contratación en regla. En otros
casos, se intenta la estrategia de cambio a otro sector o rama
de actividad, con salarios medios más altos y una mayor
regularización. Con el tiempo, se ha observado una difusión
de la presencia de los trabajadores extranjeros. Junto a una alta
representación en los sectores productivos de primera entrada,
como el servicio doméstico, la agricultura y el peonaje
de construcción, hay que destacar la creciente presencia
en el transporte y las comunicaciones, el pequeño comercio
y la industria (Izquierdo, 2002 a: 259). Todo parece indicar que
el colectivo ecuatoriano sigue dicha tendencia.
En este sentido, podemos hablar de un "itinerario" laboral
que han intentado seguir los inmigrantes, con mejor o peor resultado.
Es el que va de los sectores y puestos de trabajo más desregularizados
y penosos a otros con más posibilidades de conseguir un
contrato, de la economía sumergida a la economía
formal (37). Cuando se ha dado, este "itinerario"
ha supuesto una mejora de la situación, una ampliación
de expectativas y la seguridad de una situación jurídica
estable, con permiso y contrato de trabajo.
Al analizar la experiencia de la inserción de los inmigrantes
en la Europa de la postguerra, autores como Wieviorka (1992) y
Cohn-Bendit y Schimd (1996) han destacado la importancia de la
movilidad social ascendente, consecuencia del largo período
de expansión económica. La imagen es buena pero
modificando parcialmente los contenidos (38).
Normalmente, movilidad social ascendente se suele entender en
términos económicos, se mide en renta. En nuestro
caso, el "itinerario" a que hacemos referencia lo podemos
calificar de movilidad ascendente en seguridad. En ocasiones,
en sectores regularizados o en puestos con contrato se gana menos
que haciéndolo de forma sumergida. Lo que se gana es seguridad:
de alta a la Seguridad Social, de permanencia legal, de mayores
probabilidades de disponer de un trato no discriminatorio.
¿Qué obstáculos y problemas podemos reseñar
en este "itinerario" laboral?. Nos referiremos a dos
problemas centrales y se apuntaran posibles soluciones, unas operativas
a corto plazo, otras a largo plazo. Sí, como se ha señalado,
un itinerario positivo laboral supone -entre otros aspectos- el
paso de la economía informal a la formal, ello requiere
que se abra una vía de regularización para los inmigrantes
que, después de un tiempo en la economía informal,
puedan presentar una oferta de empleo. Volvemos, otra vez, a la
necesidad de una gestión inclusiva de la indocumentados
que se muestra como verdadera clave de bóveda del proceso
de inserción (39). Otro aspecto hace
referencia a la formación. Son los inmigrantes más
cualificados, particularmente en oficios, los que tienen mayores
posibilidades de "escapar" del círculo cerrado
de economía sumergida e indocumentación.
El segundo problema hace referencia a la contradicción
existente entre los requisitos de la normativa, la oferta de empleo,
y la realidad de la inserción de los inmigrantes en buena
medida en economía sumergida. Se ha planteado como solución,
Colectivo Ioé (1999: 95), Torres (2002 a), la desvinculación
entre el permiso de residencia y la situación laboral del
inmigrante. Hay que potenciar, por supuesto, que el trabajador
o la trabajadora inmigrante dispongan de contrato. Lo que se afirma
es que la legitimidad de la estancia no puede depender de la acreditación
de un contrato. Dicho de otra forma, la normativa debe adecuarse
o como mínimo no entrar en abierta contradicción
con la realidad de la sociedad "dual" y la particular
inserción de los personas inmigrantes en ella. Son posibles
otras formulas, aunque no exentas de problemas. Así por
ejemplo, la política de selección de los inmigrantes
de Canadá está basada en una serie de requisitos
-algunos muy discutibles- pero que, en cualquier caso, no hacen
de la existencia de una oferta de empleo, la condición
sine quanon que legitima la entrada y la residencia legal (40).
Más que dificultades técnicas, que las tiene, la
propuesta no parece viable a corto plazo por su falta de apoyo
social y político. Sería necesario, previamente,
modificar actitudes y criterios sociales muy solidamente anclados
al respecto de la inmigración.
6. A modo de conclusión. Por un proceso de inserción
más inclusivo
1. Los dos millones de inmigrantes extracomunitarios residentes
en España en 2003 constituyen un nuevo sector de la población
española que inicia su inserción. Tanto por su número
como por su significación social, este proceso va a conformar
la España de mañana mismo.
Dentro de esta "España inmigrante", la migración
ecuatoriana constituye una buena muestra de algunas de las características
de los flujos migratorios, así como de las tendencias de
los últimos años. Muy poco importante hace apenas
seis años, hoy se conforma como el colectivo más
numeroso, con 390.000 nacionales en enero de 2003. Por otro lado,
desde una inicial feminización se ha conformado, rápidamente,
como una migración laboral familiar, de tipo permanente.
Carácter dinámico de los flujos, rapidez en los
cambios y conformación de una migración familiar,
de poblamiento, serían otros tantos aspectos a destacar.
2. La inmigración ecuatoriana, como buena parte de la
extracomunitaria, es muy reciente. Inicia su proceso de inserción,
marcada por una situación de precariedad social y con recursos
económicos, profesionales, culturales y relacionales menguados,
tanto por el cambio y la perdida que supone la migración,
como por la adaptación al nuevo contexto que representa
la sociedad española. Esta situación de precariedad
no tiene porqué perpetuarse. La mayoría de las mujeres
y hombres inmigrantes son sujetos emprendedores, con buenas dosis
de voluntad y energía, y con capacidad de adaptación
y adecuación de su capital social al nuevo entorno.
Otras fuentes de precariedad no residen en los inmigrantes, sino
en la sociedad española. Por un lado, se tiende a precarizarlos
al conformarlos socialmente como "inmigrante extracomunitario"
con las consecuencias jurídicas, sociales y simbólicas
que hemos comentado. Por otro lado, la sociedad española
presenta la doble cara de los sociedades post-industriales avanzadas.
El alto dinamismo económico y la "tierra de oportunidades"
aparece estrechamente vinculado a una estructura dualizada y desigual
en la que operan dinámicas sociales que generan precariedad
y exclusión, tanto para los inmigrantes como para los grupos
autóctonos con menores recursos.
Desde la precariedad no es posible participar, en pie de igualdad,
en la conformación de la sociedad de recepción que
pasa así a convertirse en sociedad de acogida. Desde la
precariedad, económica, social, cultural y simbólica,
no hay integración posible. Se trata, por tanto, de ayudar
a superar lo antes posible dicha situación de precariedad
y, sobre todo, de evitar que se consolide conformándose
como exclusión. Por tanto, un buen proceso de inserción
de los inmigrantes plantea unos requerimientos de inclusión
de dos tipos: unos son de tipo específico y responden a
necesidades propias de los inmigrantes; otros son de tipo general
y pone sobre la mesa algunos de los problemas de nuestro funcionamiento
social.
3. En la lectura que se propone del proceso de inserción,
la sanidad, los servicios sociales y la educación aparecen
como ámbitos de inclusión, con dinámicas
que operan en un sentido de participación social "normalizada".
¿Podemos extraer enseñanzas aplicables a otras dimensiones
del proceso de inserción?. Aun con las limitaciones y problemas
existentes, el giro "integrador" en educación,
sanidad y servicios sociales, ha sido posible porque se asentaba
en sólidas bases: el reconocimiento de derechos, un amplio
consenso social sobre dicho reconocimiento y una actitud inclusiva
de los profesionales y de la propia administración. Estos
tres elementos son básicos para un buen proceso de inserción
de los inmigrantes y se trataría, cuestión no sencilla,
de generalizarlos. En primer lugar, la consideración del
inmigrante como sujeto de derechos y deberes. Normalmente se insiste
sobre estos últimos, pero nos encontramos con que se regatea
el derecho a la documentación, a regularizar su situación,
el derecho a "tener papeles". Necesitamos, igualmente,
ganar a amplios sectores sociales para actitudes más abiertas,
receptivas y positivas, hacia las gentes inmigrantes. La afirmación
de derechos y una visión respecto a la inmigración
que la contemple en su integridad humana, y no como simple mano
de obra, compartida por amplios sectores sociales es lo que puede,
y debe, fomentar prácticas administrativas más inclusivas
en los diversos campos.
4. Para el colectivo ecuatoriano que se encuentra en las fases
de llegada y asentamiento, como para todos los recién llegados,
los factores que actúan como principales obstáculos
y factores de exclusión lo constituyen la situación
irregular, una inserción laboral precaria, a menudo en
la economía sumergida, y el acceso a la vivienda. En particular,
la conjunción entre economía sumergida y situación
irregular aparece como un factor esencial, el más negativo,
del actual proceso de inserción. Al mismo tiempo, constituye
un problema muy complejo, sin soluciones definitivas a corto plazo.
Como se ha insistido en este texto, dicho problema cabe tratarlo
desde dos perspectivas. Una es la perspectiva policial y restrictiva,
que en la práctica castiga al inmigrante cuando no es responsable
sino víctima. Como muestra la experiencia española
bajo el gobierno del PP, dicha posición genera un circulo
vicioso que, sin eliminar el problema, lo agudiza al consolidar
a los inmigrantes indocumentados en una situación de marginación
y exclusión sin salida.
La otra perspectiva apuesta, sin negar los aspectos contradictorios
del problema, por una gestión inclusiva que se asiente
sobre tres principios. Uno es el principio de realidad. Es decir,
reconocer que la bolsa de indocumentados constituye un elemento
estructural que no cabe negar, sino más bien paliar, limitar
sus efectos negativos y establecer las bases para -a largo plazo-
eliminar. Supone, igualmente, una reflexión autocrítica
sobre los problemas de nuestra normativa particularmente en aquellos
aspectos, como la identificación entre contrato de trabajo
y residencia legal, que se muestran más irreales y generadores
de problemas.
Cabría, en segundo lugar, afirmar el principio de buscar
soluciones. En este trabajo se han avanzado algunas líneas:
establecer procedimientos ordinarios que permitan la regularización
de quien aquí vive y trabaja, tanto por razones pragmáticas
como por valores democráticos; avanzar, seguramente a medio
plazo, en el sentido de desvincular el permiso de residencia y
la situación laboral del inmigrante. Se trata, en mi opinión,
de que la normativa no constituya, por irreal, una fuente de disfunción,
problemas y exclusión.
El tercer principio, en fin, hace referencia a la primacía
del derecho, de los derechos y de los valores democráticos.
Se refiere a que en nombre de la "seguridad", el "interés
nacional" o la "lucha contra la inmigración ilegal"
no se pueden limitar los derechos fundamentales de los "sin
papeles", ni establecer ciudadanos de primera y segunda,
ni legitimar indeseables bolsas de exclusión socio-étnica
que pueden ser muy rentables para determinados intereses económicos,
pero que constituyen "bombas de relojería" para
una sociedad que se pretenda multicultural, cohesionada y democrática.
La actual normativa de extranjería, LOE 14/2003, tanto
en su articulado como por su filosofía, no parece compatible
con los criterios aquí expuestos. La actual Ley y la gestión
de la inmigración que muestra forman, a estas alturas,
más parte del problema más que de la solución.
Más bien, su única virtud la constituye señalar
una serie de errores a no repetir.
5. Una alusión, al menos, sobre la vivienda. El acceso
a la vivienda constituye otro elemento básico del proceso
de inserción, tanto por lo que hace a unos mínimos
de calidad de vida de los inmigrantes, como por sus repercusiones
sobre las dinámicas de interrelación que ya están
en marcha en muchos barrios de nuestros pueblos y ciudades. La
vivienda en España no es solo un problema para los inmigrantes,
sino un problema que afecta a amplios sectores populares, dado
sus precios.
Una política más inclusiva no se resuelve con medidas
específicas para inmigrantes. Debe cambiar el cuadro de
conjunto y apostar por una política decidida de vivienda
social y de regeneración social y urbanística de
las zonas degradadas de los centros urbanos y de los barrios populares,
donde habitan tanto inmigrantes como los nacionales de menores
recursos.
6. Una inmensa mayoría de la inmigración es muy
reciente y está marcada, lógicamente, por las necesidades
más acuciantes de los períodos de llegada y asentamiento:
la documentación, la inserción laboral y la vivienda.
Ello no debería hacernos olvidar otras dimensiones del
proceso de inserción, como la socio-cultural e identitaria,
que ya están actuando y que serán decisivas en un
futuro próximo, cuando los hijos e hijas de los inmigrantes
que hoy están en primaria se consoliden como "segunda
generación", con identidades mestizas.
7. La inserción de los inmigrantes no hace referencia,
sólo, a la situación de estas nuevas y nuevos españoles.
Nos plantea el tipo de sociedad que queremos y las bases, normativas,
políticas y de funcionamiento económico y social,
que permitan sustentar una convivencia democrática y una
integración digna de ese nombre.
A menudo se habla de los problemas que nos plantea la inmigración.
Dicho comentario es injusto en un doble sentido. Olvida las aportaciones
económicas, sociales y culturales de la inmigración.
Atribuye, por otro lado, a la presencia de los inmigrantes una
serie de problemas que, parece, anteriormente no existían.
Nada más lejos de la realidad. La precarización
socioeconómica de los sectores más débiles
y con menores recursos en una sociedad más competitiva,
la economía sumergida, los problemas de la vivienda, los
diversos síntomas de malestar respecto a la identidad y
el sentido colectivo, la necesidad de readecuar el Estado-nación
y la vieja ciudadanía a los nuevos tiempos... estos problemas
no los han generado los inmigrantes. Son nuestros problemas. Simplemente,
la presencia de los inmigrantes los hace más visibles al
colorearlos étnicamente y hacer más patentes sus
consecuencias.
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pp. 115-155, en Análisis y propuestas sobre políticas
de inclusión. Valencia. Cáritas Comunidad Valenciana
- TORRES PÉREZ, Francisco (2004 b) "Les immigrés,
le processus d'insertion et les réseaux sociaux à
Valence", Hommes & Migrations 1250, pp. 24-37.
- WHITOL DE WENDEN, Catherine (1999) L'immigration en Europe,
Paris, La Documentation française.
- WIEVIORKA, Michel (ed.) (1992) La France raciste, Paris,
Seuil.
Notas
1. Los datos se refieren al año 2000.
Véase Department of Economic and Social Affairs, UN (2002).
Según este informe, la población extranjera residente
en España era del 3,2 % (superior por tanto, al número
que refleja el padrón).
2. El estudio de ASEP para el IMSERSO estudia
los datos procedentes de ocho encuestas realizadas anualmente
entre 1991 y 1997. Respecto a la opinión de los españoles
sobre las políticas públicas respecto a la inmigración
afirma que se "ha percibido un cambio de opinión respecto
al tipo de inmigración que se desea, de manera que si en
las primeras investigaciones predominaba la preferencia por una
inmigración temporal, sin familias, que retornase a su
país de origen al cabo de un cierto tiempo, cada vez es
mayor la preferencia por una inmigración más estable,
con familia y con el objetivo de asentarse en España para
siempre... también se prefiere la política de cuotas"
(ASEP, pag. 139).
3. Para un análisis de la evolución
de la normativa en estos años, véase De Lucas (2002
a y 2002 b).
4. Respecto al tratamiento de los indocumentados,
la LOE 4/2000, aportó varios aspectos positivos que, posteriormente,
fueron limitados con las reformas posteriores del PP. En primer
lugar, se les reconocía una serie de derechos como la educación,
la sanidad, las ayudas a la vivienda y a la asistencia jurídica
letrada, además de los derechos de asociación, reunión,
manifestación, sindicación y huelga. En segundo
lugar, la ley establecía unas modestas vías para
la normalización de los indocumentados: acceso al permiso
acreditando dos años de residencia y medios de vida, empadronamiento
como vía de acceso a algunas prestaciones. En tercer lugar,
la ley 4/2000 dejaba de penalizar con la expulsión el simple
hecho de encontrarse irregular en España.
5. Todos estos elementos son bien perceptibles
en el cuadro de conjunto que dibujan los trabajos de ASEP (1998)
y Diéz Nicolas y Ramírez Lafita (2001).
6. Sucesos xenófobos como los sucedidos
en El Ejido, en enero de 2000, constituyen más la excepción
que la regla.
7. El lenguaje popular alude a este hecho, distinguiendo
entre "guiris" o "turistas" e inmigrantes.
Nadie llama inmigrante al jubilado inglés en la Costa Blanca;
a ningún marroquí se le considera un "turista".
8. Santamaría (2002) muestra esta construcción
de la categoría social que supone la inmigración
tanto desde las diferentes teorías sociológicas
como desde las percepciones y representaciones sociales más
extendidas.
9. Como indican todas las encuestas, los colectivos
que suscitan una mejor acogida como vecinos y compañeros
de trabajo son los nacionales de la Unión Europea, seguidos
de los del Este, latinoamericanos, asiáticos, negros...
y en último lugar "árabes" o "musulmanes"
. Dicha opinión se ha mostrado muy consistente a lo largo
de la década de los 90 (ASEP 1998; Diéz Nicolas
y Ramírez Lafita 2001).
10. Uno de los documentos administrativos exigidos
en los procesos de regularización, como prueba de arraigo,
era un certificado de empadronamiento. Por otro lado, el empadronamiento
es un requisito imprescindible para acceder a derechos y prestaciones
de educación, sanidad y servicios sociales. La conjunción
de ambos factores fomenta que la inmensa mayoría de inmigrantes
se empadronen.
11. Los extranjeros nacionales de la Unión
Europea se concentran, sobre todo, en la costa mediterránea
y las islas Baleares donde su proporción es mayor. Así,
hay provincias como Alicante y Mallorca con enclaves ingleses,
alemanes, franceses, de inmigrantes "residenciales",
propio de un modelo de turismo y ocio. Por otra parte, no todos
las personas de estos colectivos son jubilados o pensionistas.
Sobre una cuarta parte desarrolla una actividad laboral.
12. Véase Gómez Ciriano (2001)
13. De acuerdo con las encuestas, como hemos
visto, los latinoamericanos son preferidos como vecinos o compañeros
de trabajo respecto a marroquíes y negros subsaharianos.
Por otro lado, diversos intelectuales han propugnado la conveniencia
de una inmigración latinoamericana, considerada más
cercana culturalmente y, por ello, más fácil de
integrar. Igualmente, subraya Izquierdo (2002 b), dicha preferencia
social ha tenido una plasmación política (firma
del Convenio con Ecuador y Colombia, estas dos nacionalidades
son las más beneficiadas en los procesos de regularización
de los años 2000 y 2001, etc.).
14. Al respecto de la inmigración femenina
en España puede consultarse con provecho, en el plano normativo
Casal y Mestre (2002) y para la dimensión socio-laboral,
Colectivo Ioé (2001).
15. Esta situación se concretó
de forma distinta en las diferentes Comunidades Autónomas,
según la demanda más importante de trabajo fuera
la agricultura o el servicio doméstico. En el caso de Murcia
fueron varones los primeros migrantes ecuatorianos, como señalan
los trabajos de Pedreño Canovas y Castellanos Ortega (2001)
y Foro Social de Murcia (2002). En el caso de Valencia han sido
las mujeres ecuatorianas las que han tenido un papel protagonista
en el proceso migratorio del colectivo, Torres (2004 b) y Mestre
(2004).
16. Estos datos se refieren a 2002. Véase
INE (2004 a).
17.Estas provincias corresponden a los lugares
de primer asentamiento de los ecuatorianos. Cifras del INE (2004
b)
18. Entre los autores españoles que, desde
diferentes perspectivas, han destacado más estas tres notas
cabe destacar a Giménez (1996), De Lucas (1998, 2001 y
2003) y Delgado (1998).
19. Estos procesos de inserción parcialmente
distintos son consecuencia de las diferencias en la estructura
de la economía local y los mercados de trabajo, de las
estrategias de los diferentes agentes económicos y sociales
que son reforzadas por la actuación de las administraciones
y de las autoridades locales, como he abordado en Torres (2002
b).
20. Por tanto, también la responsabilidad
en el buen o mal resultado del proceso de inserción es
desigual. En este sentido, la inserción social no puede
entenderse, como señala críticamente Sayad en referencia
a la experiencia francesa, como un concepto "técnico"
o "apolítico". Por el contrario, es un proceso
plenamente político, en tanto que hace referencia a la
organización de la vida en común.
21. Además de la instalación en
la sociedad receptora, las redes de inmigrantes cumplen otras
funciones. A menudo, son las redes las que organizan y posibilitan
el proceso migratorio. Son las redes las que seleccionan los candidatos
y candidatas a migrar, y quienes facilitan los recursos y las
vías para hacer el viaje. Por último, son las redes
las que vehiculizan una buena parte de las relaciones de los inmigrantes
con sus países de origen. Véase, en referencia al
caso español Ramírez Goicoechea (1996), Martínez
Veigas (1997), Colectivo IOE (1999) y, más específicamente
para el caso de Valencia, Torres (2004).
22. Esta valoración del actual proceso
de inserción de los inmigrantes, se deriva de mi investigación
sobre el proceso de inserción en la Comunidad Valenciana
(Torres, 2004 a). Para su generalización me baso en las
coincidencias con los otros estudios a nivel de Estado Español
que se citan. En particular y en referencia a los subsistemas
del Estado de Bienestar, véase Aparicio y Tornos (2001).
23. Subsisten, al menos, dos tipos de problemas.
El "factor" inmigrante continúa constituyendo
un handicap que, en muchas ocasiones, produce que no se encuentren
en igualdad de condiciones con los nacionales. Por otro lado,
desde las Administraciones cabe señalar problemas de planificación
y de orientación, ¿qué tipo de escuela queremos?,
por ejemplo, y de falta de recursos adecuados -económicos
y profesionales- para responder a una demanda creciente y más
compleja. Véase Torres (2004 a).
24. Cuando se habla de momentos o períodos
del proceso de inserción no se trata de establecer unas
etapas perfectamente definidas y cerradas. Alguno de los factores
de exclusión pueden condicionar todo el proceso, estando
presente en los diferentes momentos, como por ejemplo el trabajo
precario o la diferencia cultural estigmatizada. Lo que se pretende
con este cuadro es establecer unos rasgos sobresalientes para
el caso español, más presentes en unos momentos
u otros del proceso de inserción.
25. Son los denominados, en los discursos públicos
y no pocos mass media, como inmigrantes ilegales. Por mi parte,
junto con otro muchos autores, utilizo el término de indocumentado
o de inmigrante irregular. Por un lado, este término responde
más fielmente a la realidad de su situación. Por
otro, se evita las connotaciones negativas que tiene el término
de ilegal, asociado a delincuencia y peligro.
26. La vías para regularizar la situación
en España han sido, básicamente, dos. Por un lado,
el llamado "régimen general" establecido por
el artículo 83.4 del Reglamento, y, por otro, el contingente
anual (número de permisos ofertados anualmente). Este último
mecanismo, previsto en teoría para inmigrantes residentes
en sus países de origen y que quisieran venir a España,
se ha utilizado como forma de regularizar a los inmigrantes ya
residentes en España.
27. Piense, por ejemplo, que gestionar la contratación
en origen de varios centenares de miles de trabajadores al año
supone una red de consulados y oficinas de inmigración
en el extranjero de la que el Estado Español carece.
28. Esta contradicción es más importante
cuanto mayor sea el peso de la economía sumergida, como
Italia y España (Wihtol de Wenden, 1999: 145 y sgs.). En
el mismo sentido, véase Solé (2001: 148 y sgs.).
29. Papeles de la Economía Española
2003. Fundación Cajas de Ahorros Confederadas.
30.Con el contingente del año 2002, el
Gobierno aprobó que las solicitudes de régimen general
deberían referirse a trabajadores que acrediten fehacientemente
no encontrarse en España, lo que deja fuera a la inmensa
mayoría de las solicitudes. Esta y otras novedades restrictivas
se incorporaron con rango legal a la Ley, con la última
reforma, la LOE 14/2003.
31. El desastre administrativo llegó al
punto que en junio de 2004 se acumulaban 370.000 expedientes de
inmigrantes sin resolver, 200.000 de ellos renovaciones de permisos.
El País. 17-07-2004.
32. Las formulas que se discuten en el momento
de redactar esta ponencia hacen referencia a la regularización
por arraigo, que en unos casos se entiende exclusivamente laboral
(poder presentar una oferta de empleo) y en otras casos se pretende
ampliar a determinados supuestos de arraigo social. En unos casos
u otros, habría que acreditar un tiempo de residencia en
España, plazo que constituye otro punto de debate. Existe
un acuerdo unánime en que deben evitarse un nuevo proceso
de regularización extraordinario. Por el contrario, a lo
que se apunta es a establecer un procedimiento ordinario de regularización
en el Reglamento. En cierto sentido, si la reforma se concreta
en esa línea, ello supone una vuelta al procedimiento establecido
por la Ley 4/2000 que permitía solicitar un permiso de
trabajo y residencia acreditando una estancia de dos años
en España y la disposición de medios de vida (un
contrato de trabajo).
33. Los requisitos de la buena inmigración
son diversos. En primer lugar, la inmigración debe ser
legal, útil y funcional al mercado de trabajo. Se da aquí
una doble exigencia muchas veces contradictoria ya que, como veremos,
no siempre la lógica económica fomenta la legalidad.
En segundo lugar, la buena inmigración está compuesta
por inmigrantes culturalmente más "cercanos"
y, se supone, más integrables. En tercer lugar, la buena
inmigración es aquella que está dentro de los límites
de nuestra capacidad de recepción (tanto por su número,
que no debe rebasar el "umbral de tolerancia" social,
como por la rapidez del proceso y sus consecuencias). Estas tres
notas son muy discutibles, pero ello nos apartaría del
tema de este trabajo.
34. La preferencia nacional se argumenta de muchas
formas. La prioridad de los trabajadores españoles se expresa
no sólo como mayor derecho del nacional, sino argumentando
que están más preparados o que son más eficaces,
lo que muchas veces no responde a la realidad, pero contribuye
a legitimar la segmentación étnico-laboral Este
es el discurso de una parte de los agricultores de la moderna
agricultura mediterránea, como ha mostrado el estudio de
Martín, Melis y Sanz (2000) para Andalucía, País
Valenciano y Catalunya y los trabajos de Pedreño (2001)
para la huerta murciana. El argumento de la preparación
es fútil si pensamos en la sencillez de la inmensa mayoría
de las tareas del peonaje en las explotaciones agrícolas.
El segundo argumento a favor del trabajador nacional alude a que
por lengua, cultura y costumbres, es más fácil "entenderse"
con el trabajador autóctono que con el extranjero y, por
tanto, el primero sería más funcional. Este segundo
argumento legitima, igualmente, la preferencia por el latinoamericano
respecto al magrebí.
35. En contra del tópico neo-liberal,
el Estado de Bienestar ha aumentado la libertad de elección
de mucha gente, dándole mayor capacidad de maniobra frente
a la lógica del mercado. La coexistencia de paro y de demanda
insatisfecha de mano de obra, en sectores determinados, es un
fenómeno común a otros países europeos y
una de las razones que ha hecho cambiar la política comunitaria
desde unos planteamientos de "inmigración cero"
a otros de inmigración controlada. Véase, en ese
sentido la Comunicación (2000) 757 de la Comisión
de las Comunidades Europeas sobre una Política Comunitaria
de Inmigración, p. 5.
36. Hay que considerar que se trata de personas
cuya formación no ha supuesto gastos para el Estado, por
su condición de migrantes en edad laboral. Por otro lado,
dado que se trata de una población muy joven genera menores
gastos en materias como sanidad, cobertura por enfermedad y, sobre
todo, en el capítulo de pensiones.
37. Uno de los indicadores de este proceso es
el aumento espectacular de los trabajadores extranjeros de alta
en Seguridad Social, como muestra el cuadro 7.
38. Cabría destacar otras diferencias
respecto a la Europa de la postguerra. La inserción laboral
se daba en los puestos de trabajo más bajos, pero en las
grandes fábricas, con contrato, prestaciones contributivas
y acceso a la "cultura del trabajo" conformada por sindicatos
y partidos de izquierda. Sin embargo, la dualización de
la estructura económica, de la organización y del
mercado de trabajo han supuesto un aumento de las actividades
informales, los trabajos precarios o a tiempo parcial. Esto es
particularmente reseñable en países como el nuestro
y, en general, la Europa del Sur con una tradición de sectores
desregularizados.
39. Ello no implica complacencia con la economía
sumergida. Sin embargo, dado el carácter estructural de
la economía sumergida en nuestro país no parece
muy sensato esperar una reducción sustancial en los próximos
años. Por ello, junto a las medidas de inspección
y sanción, en particular cuando se den condiciones de explotación,
lo que sí parece decisivo es que no se cierre las posibilidades
de pasar a puestos de trabajo formalizados, o de unos sectores
más desregularizados a otros.
40. Canadá distingue tres tipos de inmigrantes:
"independientes", refugiados y familiares. Para los
primeros, inmigrantes laborales, la nueva Loi sur l'immigration
et la protection des réfugiés (2002) establece un
sistema de puntos para evaluar a los solicitantes de acuerdo con
su nivel de instrucción, su conocimiento de las dos lenguas
oficiales (inglés y francés), su experiencia laboral
anterior, su edad, la disposición o no de una oferta de
empleo en Canadá y su "adaptabilidad". Este último
criterio se evaluará en función del nivel de educación
del cónyuge, de si se ha realizado o no una estancia previa
en Canadá y de la presencia o no de familiares residentes
en el país. Hay varios debates sobre dicho sistema, sobre
todo a la luz del proceso real de inserción real de los
inmigrantes. Como destacan numerosas investigaciones, las "minorías
visibles" -los no blancos- se enfrentan a mayores obstáculos
con independencia de su nivel de instrucción o su conocimiento
de las lenguas oficiales.
*Francisco Torres Pérez.Sociólogo
y trabajador social. Investigador adscrito al Departamento de
Sociología y Antropología Social, Facultad de Ciencias
Sociales, de la Universidad de Valencia. Ponencia presentada en
la II Conferencia regional "Migración, desplazamiento
forzado y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar,
Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.
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