Programa Andino
de Derechos Humanos

 

Migración, desplazamiento forzado y refugio


 

Transfusión de vida Sur - Norte

P. Fernando Vega*

 

Contenido
Marco económico de la migración
Consecuencias sociales de la migración
Conclusión


Quizá una alegoría pueda ser el mejor comentario al título de esta ponencia: En cierta ocasión un multimillonario que se había apropiado de los recursos naturales de la región cuyos habitantes, antiguos dueños de esas tierras, habían pasado a ser los empleados de la gran industria montada en esos territorios por el magnate. A través de un sistema de créditos otorgados a estos empleados, el patrón retenía el cincuenta por ciento de sus exiguos salarios para cobrarles la deuda. Ocurrió que el multimillonario envejeció, así como su único hijo, ambos enfermos de una dolencia hereditaria que sólo podía paliarse mediante permanentes transfusiones de sangre. La necesidad de sangre era tan exigente que todos los trabajadores y sus familias vendían constantemente su sangre para dar vida al anciano y a su descendiente. Desgraciadamente algunos de los trabajadores morían en los intentos de transfusión, y muchos de sus familiares estaban anémicos. Con los recursos obtenidos los trabajadores lograban comprar los productos de la industria y tener un poco de confort y entretenimiento en sus hogares. Con el título de la Ponencia he querido, de entrada, resumir los efectos que se están produciendo a consecuencia de la movilidad de millones de personas en su éxodo desde el sur subdesarrollado y empobrecido al norte industrializado y opulento de este planeta globalizado bajo la inspiración y tutela de los modelos neoliberales de libre mercado. El título expresa también la relación de los efectos que se producen en las sociedades de origen y las sociedades receptoras.

Nunca será suficiente insistir en la visualización las causas estructurales que generan los movimientos humanos contemporáneos. El desequilibrio poblacional y el desequilibrio económico Norte - Sur. Estos dos desequilibrios simbióticamente emparentados y amalgamados dan como resultado lo que acabamos de decir. El sur, joven y vital está inyectando vida a un norte envejecido y opulento. Entonces aparecen con claridad las dos grandes consecuencias sociales que se perciben simultáneamente en los países de expulsores y en los receptores: Mientras las sociedades expulsoras se desestructuran y desmantelan, las sociedades receptoras se fortalecen y consolidan. Todo lo demás que podamos decir no son más que derivaciones y manifestaciones de este enunciado que acabamos de hacer.

Marco económico de la migración

Antes de entrar en algún detalle sobre las consecuencias sociales de la movilidad y por estar unidas íntimamente a las consecuencias económicas es necesario describir y caracterizar someramente el marco económico que está produciendo la migración en el contexto de una globalización concentradora y excluyente. En pocas palabras, hablando de los países latinos y caribeños, y lo mismo se puede decir de algunos países africanos, estas sociedades trabajan y se ganan el salario en los países receptores para sostener a sus familias en los países de origen. Lo testimonian lo miles de millones de dólares que se transfieren del norte a sur en las remesas. Sin embargo hay que anotar que cada vez más estas remesas sirve para entrar en una espiral consumista de los bienes producidos en el norte y servidos a la población tercer mundista mediante los mecanismos y la jerga publicitaria de los tratado de libre comercio. Esto evidencia que no solo la presencia de los sureños en el norte apalanca el progreso económico de las sociedades receptoras, sino que también las remesas lo hacen en una proporción cada vez mayor.

Consecuencias sociales de la migración

Dicho esto podemos desagregar las consecuencias sociales en los países de origen y de destino. En los países de origen la desestructuración y desmantelamiento de las sociedades es evidente en las zonas con altos índice de migración: pueblos enteros diezmados por la ausencia de varones, jóvenes y hasta de mujeres donde sólo han quedado los abuelos y tíos viejos que esperan morir y los niños que esperan cumplir la edad para poder viajar. En estas comunidades ya nada es posible, han desaparecido las comunidades y las organizaciones de base, ya solo queda un remanente que vive a expensas de las exiguas y medidas remesas de los familiares en el exterior junto a otros en la miseria porque sus familiares ya les olvidaron. En las comunidades con índices medios de migración o de migración más reciente, el fenómeno es sentido con énfasis en la problemática de la destrucción familiar: los largos períodos de ausencia alimentados por una comunicación deficiente y plagada de chismes y recelos terminan en un alto porcentaje en la separación definitiva de los esposos y hasta en el abandono de las responsabilidades económicas. En estas comunidades se siente también la pérdida de la vitalidad y la fortaleza del tejido social: debilitamiento de las organizaciones, de la participación política; una enorme dependencia de las decisiones que son tomadas y controladas desde fuera vía celular.

Las consecuencias del debilitamiento del tejido social tiene graves repercusiones en los cambios de roles de los remanentes familiares, en los aspectos sicológicos del comportamiento que revelan graves tensiones, angustias, depresiones que llegan hasta el suicidio en adultos, adolescente y hasta niños. El desarraigo cultural, la baja autoestima, la falta de futuro en el propio terruño, son un caldo de cultivo para la migración de las nuevas generaciones y las hacen permeables a la avalancha de una cultura extranjerizante y a los valores de la sociedad del consumo y del placer. Escamoteando esta realidad, de la que normalmente la familia afectada habla poco, se robustece cada vez más la red social de los grandes beneficiarios del la movilidad: prestamistas, coyotes, abogados, notarios, dueños de agencias de correo paralelo, compañías de viajes, quienes gracias a la acumulación y concentración del dinero de la migración, con un pie en el país de origen y otro en el de destino, fungen como los nuevos lideres de una sociedad aparentemente opulenta con unos recursos económicos que sirven para el desarrollo del propio país sino que más allá de la ostentación solo sirven para continuar financiando el tráfico de personas, mientras que economistas y políticos discuten sobre las estrategias para captar los miles de millones de dólares de las remesas.

En los países receptores, ocurre el fenómeno contrario, el debilitamiento del tejido social y la anemia de las sociedades expulsoras, repercute en el fortalecimiento y la reestructruración de las sociedades receptoras, no sin problemas pero con marcados signos positivos. La sangre joven del sur llega a vitalizar las sociedades receptoras, a dinamizar los procesos económicos y sociales. En los lugares de más antiguo destino comunidades enteras ha recreado la vida de sus lugares de origen, han reestructurado sus familias por reconstitución ("familias colage") o reagrupación familiar, han reinstalado sus costumbres sociales, culturales y religiosas. Los estados de Nueva York, Nueva Jersey, Conneticut, Massachuset son cada vez más, socialmente hablando, como una colcha variopinta a cuadros, tejida de comunidades hispanas, caribeñas, negras, en las que también hay algunos manchones anglosajones. Estas comunidades han fraguado un mestizaje económico-cultural entre los usos valores y símbolos de origen y los usos valores y símbolos de las sociedades receptoras. Estos espacios ya estructurados son las cabezas de playa para nuevos migrantes, quienes encuentran apoyo y orientación para iniciar su nueva vida. En estas comunidades, las nuevas generaciones, que ya gozan de la ciudadanía del lugar de acogida, van poco a poco empoderándose de los espacios económicos, sociales y aún políticos de su nuevo mundo.

No es tan fácil para otros que inician una tradición migratoria en su comunidad de origen, o se convierten en pioneros de nuevos lugares de destino. Estos tienen que pagar el precio por el que todos han pasado: un trabajo esclavizante, el desarraigo de la familia y la comunidad, la soledad y la añoranza; el ostracismo de la indocumentación que los sitúa en la condición de prisioneros de una cárcel sin rejas que les impide volver a su patria y que les pone en la disyuntiva de atraer su patria hacia ellos o olvidarla para siempre. La angustia de pagar la deuda, el sueño de hacer la casa y la esperanza de lograr lo que otros lograron les da fuerza para mantenerse en la lucha. En la medida en la que se van construyendo las redes de acogida, la vida social va mejorando. Empiezan a surgir las organizaciones religiosas, deportivas y sociales, muchas veces para reproducir la viveza criolla y medrar de los nuevos recién llegados, para también apoyarse y servir a los intereses de la nueva colonia.

Hablando de las organizaciones sociales en los países receptores se pueden tipificar cuatro tipos de organizaciones: Una, la de los pícaros, que se organizan para aprovecharse de las necesidades e ignorancia de sus propios compatriotas, una segunda, la de los "fiesteros": comités cívicos, club deportivos, asociaciones de "priostes" para fiestas religiosas, que reproducen la virtudes y corruptelas de sus sociedades de origen y se benefician social y económicamente de su liderazgo. En los últimos años han comenzado a surgir un tercer tipo de asociaciones, que, en convenios con los poderes locales brindan servicios a sus comunidades, sobretodo en Europa. Hay también, felizmente, asociaciones en la que con presencia de elementos críticos y capaces, están incidiendo en la lucha política e ideológica para hacer desde la migración su contribución para ese "otro mundo posible". Hay que decir, sin embargo, que la conciencia y la participación política de los migrantes en sus lugares de destino es más bien baja.

Quizá todavía haya que añadir algún detalle a la alegoría del comienzo, para completar el cuadro de las circunstancias en las que se da la movilidad Sur - Norte. Resulta que el hijo del magnate es alérgico a la sangre que necesita para vivir y el amoroso padre somete a sus trabajadores a una serie de tratamientos y controles que hacen de su vida un verdadero calvario. La ideología que inspira las políticas y las leyes migratorias es tan ciega, y las políticas y leyes migratorias son tan incoherentes con las necesidades reales de la movilidad humana, que esta es percibida y vivida mayormente desde sus efectos negativos, desde los incalculables costos humanos y sociales que produce. El hispano en los Estados Unidos, el africano o árabe en Europa, ha de enfrentar con frecuencia el rechazo, la exclusión y hasta la xenofobia. Actitudes hostiles hacia los migrantes no solo se ejercen desde la estructura del Estado a través de leyes injustas y discriminatorias, sino también por parte de algunos sectores de la población civil, sobretodo cuando la alta concentración de migrantes en un determinado lugar entra en competencia con los pobres autóctonos que ven menguadas las prestaciones sociales del Estado, al tener que compartirlas, en desventaja con los recién llegados. Otro factor que da argumentos a favor de las actitudes antimigración son los comportamientos antisociales o culturales de algunos migrantes que son muy publicitados por la prensa y capitalizados por los políticos de derecha.

Conclusión

Si hablamos de las consecuencias sociales de la movilidad humana no podemos dejar de referirnos a las que son producidas de manera forzosa y violenta por las situaciones de guerra internacional, violencia de los estados, rivalidades étnicas y hasta religiosas. Todos los días, si sabemos prestar atención a las noticias que se filtran en los noticieros controlados de las grandes agencias de la información. Situaciones de catástrofe humanitaria son denunciadas por ACNUR en países como Colombia, Israel, varios países africanos y asiáticos. Estos desastres son producidos por las secuelas de la liquidación del período colonial de los siglos pasados, en unos casos, o por las acciones del neocolonialismo norteamericano, en otros. Millones de personas desplazadas y refugiadas, tienen que ser acogidas en países vecinos también pobres obligados compartir sus exiguos recursos. Sólo estando allí y viviendo la vorágine de los bombardeos a civiles, las limpiezas étnicas y religiosas, en el día a día de la muerte y el dolor, podríamos cuantificar las consecuencias sociales que se producen.

Frente a toda esta realidad. No hay soluciones pequeñas, parciales o bilaterales. O cambia la mentalidad mundial en torno al hecho migratorio y el mundo globalizado empieza a tomar en serio sus propios presupuestos teóricos adecuando sus leyes y racionalizando la migración a fin de humanizarla en marcos de justicia social y derechos humanos; O cambia el modelo económico a nivel mundial para crear un modelo de globalización inclusivo y participativo, o los 200 millones de migrantes, desplazados y refugiados que hay ahora en el mundo irán aumentando y convirtiéndose en un testimonio permanente de que las cosas, como están, no funcionan más. Los foros sociales han acuñado un eslogan evocador de sueños y estimulador de energías: "Otro mundo es posible", "Otra América es posible". Podríamos añadir: "Otro forma de globalización es posible". "Otra forma de manejar la movilidad humana es posible", en la que los efectos negativos se minimicen y se potencien los efectos positivos. Pero todo ello solo será posible en el contexto de un nuevo orden mundial.


*Fernando Vega. Sacerdote diocesano. Licenciado en Teología. Vicario de la Pastoral social de la Arquidiócesis de Cuenca. 20 años de experiencia en temas migratorios. Ponencia presentada en la II Conferencia regional "Migración, desplazamiento forzado y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.

 

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