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Lo primero que se advierte, a partir de las reflexiones que anteceden
a esta ponencia, es la amplitud y la riqueza del debate "académico"
acerca del fenómeno del refugio y, más en general,
de la población que sale de su país a causa de conflicto
armado interno en Colombia. Lo que contrasta, sin duda, con la
cautela y la ambigüedad que ha caracterizado la presentación
de éste fenómeno ante la opinión pública
mediante los medios de comunicación, con los escasos y
más bien superficiales comentarios que ha merecido, y con
el magro y simplificado debate que lo acompaña, tanto en
Ecuador como en la región andina.
En Ecuador, como lo revelan las opiniones de la prensa, de sectores
del Gobierno, de sectores sociales como la Junta Cívica
de Guayaquil, de voces de partidos políticos, de organizaciones
no gubernamentales y de la Iglesia, son variadas y complejas las
visiones sobre el fenómeno de la población que está
saliendo de Colombia por causa del conflicto armado.
La confusión nacional por definir quiénes son los
colombianos que están ingresando al país no se deriva
sólo de maquiavelismos y torcidas intenciones, de simpatías
partidistas o de simples y mezquinas antipatías personales,
que también las hay; esta confusión es el reflejo
de los diversos enfoques, de la enorme fragmentación de
las opiniones nacionales derivada, por supuesto, de una gran diversidad
de intereses, de la ruptura de la comunicación y la confianza,
pero también desde muchos mitos y resabios populares que
se repiten sin crítica. Por ello, si queremos que la comunidad
nacional e internacional oriente su apoyo a las personas que están
saliendo de Colombia, por causas de la violencia generalizada,
de manera que se ajuste lo mejor posible a los intereses de todos
y que pueda ser de beneficio para los países receptores
(como lo es Ecuador), lo primero que necesitamos es hacer claridad
sobre lo que pensamos nosotros mismos. Por ello es importante
debatir el sentido y orientación de los diversos puntos
de vista que versan sobre la población colombiana que está
llegando a Ecuador por causa de la guerra; que, dicho de antemano,
para el Servicio Jesuita a Refugiados de Latinoamérica
y el Caribe la extensión de esta población no se
limita al número de Solicitantes de Refugio.
Distintos enfoques sobre la población colombiana desplazada
Podemos destacar cuatro o más bien cinco discursos que
están enriqueciendo el debate sobre la caracterización
de población colombiana que está llegando a Ecuador
a causa de la violencia generalizada en Colombia. Discursos que
pueden ser variados, complejos, simples, confusos y que muchas
veces se entrecruzan y contradicen unos con otros. La Junta Cívica
de Guayaquil, por ejemplo, tiene un punto de vista, que es muy
legible, poco interesante, nada original y con un trasfondo histórico
que está atractivamente hilvanado en sus pensamientos.
La Junta Cívica de Guayaquil se revela como un polemista
conservador y que argumenta con vigor. Su parecer públicamente
acusa a los colombianos que están ingresando de delincuentes
y no estaría muy lejos de su pensamiento el hecho de anunciar
que todas las colombianas son trabajadoras sexuales. Buena parte
de las críticas que ella ha esgrimido en contra de los
colombianos que están ingresando, incluyen el Pensamiento
de los Social Cristianos. Si ellos tuviesen que decidir sobre
el tema -como lo han manifestado públicamente-: les exigirían
visa a todos los colombianos y santo remedio. Pues ni santo, ni
remedio, aunque su posición en el fondo tenga el interés
de defender y proteger a la población nacional ecuatoriana
fungiendo como cíclopes y poniendo su único acento
en el tema de seguridad, sin aceptar otros enfoques como los potenciales
de la población colombiana que están ingresando.
Haciendo un paréntesis y para derrumbar el mito o el resabio
popular de quienes piensan en los colombianos como unos delincuentes
cabe anotar que la Dirección Nacional de Policía
Judicial en sus estadísticas revela que de Enero a Diciembre
del 2003 se registró la detención en Ecuador de
22.657 personas por diferentes delitos, de las cuales tan solo
el 3% eran de nacionalidad colombiana.
Hay un segundo punto de vista y es el del gobierno ecuatoriano,
para el que, entendemos, la situación no es fácil,
tampoco es muy clara; pero sí dependiente de sus relaciones
con Colombia y con una disposición legal, el decreto 3301
de 1992, cuyo valor del texto es un ejemplo para los países
de la región Andina.
Para el Gobierno ecuatoriano la mayoría de los colombianos
que ingresan al país son migrantes o delincuentes que vienen
a quitarle el trabajo a los ecuatorianos, como lo manifestó
el mismo Presidente Lucio Gutiérrez en las declaraciones
del día 3 de Noviembre del 2003 en la ciudad de Cuenca
y publicadas el 4 de noviembre en el diario el Universo de Guayaquil.
Estadísticamente la tendencia del gobierno ecuatoriano
muestra lo que podríamos denominar la ratificación
de su pensamiento: mientras en el año 2000 de 362 solicitudes
de refugio fueron reconocidas 307, es decir, el 84.80%; en el
año 2003 de 11.391 solicitudes de refugio sólo fueron
reconocidas 3.253, es decir el 28.55%.
Pero, más allá de esas declaraciones sin fundamento
y de esa política restrictiva del gobierno ¿qué
significaría para Ecuador reconocer en su mayoría
a los colombianos que vienen por causas de la guerra? Tal vez
aceptar ese hecho sería igual a manifestar abierta y políticamente
a Colombia que no es capaz de cumplir con su papel de Estado.
Pero aún hay más, muy coherente con sus declaraciones,
el gobierno ecuatoriano resolvió exigir, a partir del primero
de mayo de este año, el certificado de pasado judicial
a todos los colombianos que ingresen al Ecuador, desconociendo
el marco internacional de protección de los solicitantes
de refugiados y la Decisión 503 del Comité Andino
de Naciones. Para reafirmar aún más las declaraciones
del Gobierno se resuelve desde el primero de julio exigir a los
residentes colombianos portar un carné laboral emitido
por el Ministerio de Trabajo.
Es importante anotar tal y como lo manifestó, el 28 de
julio pasado en Ecuador, el jesuita José Núñez,
Director regional para América Latina y el Caribe del Servicio
Jesuita a Refugiados, en las Jornadas Hemisférica sobre
Políticas Migratorias, en el contexto del Foro Social América:
Que la actitud del Gobierno fomenta la existencia de una "zona
gris" al señalar a la mayoría de los colombianos
que ingresan como migrantes y al negar el estatuto de refugiado
a la mayor parte de los solicitantes colombianos que vienen por
la situación de violencia, tratando de colocar un velo
a la situación de guerra en Colombia.
Hay un tercer punto de vista que es el de los Movimientos Indígenas.
En el levantamiento de enero de 2001 obligaron al Gobierno de
Gustavo Novoa a mesas de diálogo sobre temas de interés
social, político y económico. Una de las mesas trataba
los efectos del Plan Colombia: militarización, fumigación
y refugiados. De buena manera estaban expresando que por un lado
se requiere dialogar sobre el componente seguridad y por el otro
de un componente de atención humanitaria. Su intención
fue exigir al gobierno que diera unas respuestas claras frente
a los efectos del Plan Colombia, pero sobre todo en su discurso
dejaron visualizar que la gente que venía de Colombia por
causas de la Guerra no es sólo un tema de seguridad, es
un tema humanitario.
Luego, un cuarto punto de vista es el del Alto Comisionado de
Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Comité
Pro Refugiados (CPR), ejecutor de ACNUR y perteneciente a la Conferencia
Episcopal. Su agenda es clara: "la protección de los
refugiados"; pero, de cara a la magnitud de "la Población
Colombiana en Situación de Refugio", tan limitada
como la del Gobierno: Participar del proceso de solicitud y de
elegibilidad de los refugiados que conduce la Cancillería,
brindar seguridad a los solicitantes y reconocidos como refugiados,
fomentar microproyectos de desarrollo para los refugiados reconocidos
por Cancillería.
Pero ACNUR, sea dicho como organización amiga y no como
un actor antagónico, tiene un reto enorme con la población
en situación de refugio que está llegando de Colombia
y es el de ejecutar, por propio mandato, su papel como organización
internacional. Respetando, desde luego, la soberanía y
la autonomía del Estado ecuatoriano, debe implementar más
abiertamente su mandato que incluye el reconocimiento de refugiados
bajo su propia responsabilidad, de cara a la magnitud de la Población
Colombiana en Situación de Refugio. Desde esta visión
se vuelve necesario centrar la mirada sobre el conflicto colombiano
en su compleja dimensión y las disputas entre la interpretación
y sentido del acontecimiento o desplazamiento, y explorar el proceso
por el cual algunos relatos logran desplazar a otros y convertirse
en "verdaderos" o "hegemónicos".
En este mismo sentido, el quinto punto de vista resulta del análisis
y la reflexión que hace el Servicio Jesuita a Refugiados
Ecuador, apoyado por su red Latinoamérica y del Caribe.
El SJR del Ecuador considera que la población colombiana
que está llegando a Ecuador por causas de la guerra no
se reduce al grupo de los más de 7.000 refugiados reconocidos
por el gobierno, que tampoco se limita a los más de 24.000
solicitantes de refugio o a los 56.729 que se refiere un informe
de CODHES durante el periodo 2000-2003; el universo de la población
en situación de refugio, según nuestras apreciaciones,
se puede extender a una cifra aproximada de 500.000 colombianos
en Ecuador. Dicho de otra manera, la realidad para el Servicio
Jesuita a Refugiados es mucho más compleja y consiste en
abarcar un conjunto de huellas dejadas por todos los actores a
causa de los acontecimientos que han afectado el curso de su historia,
de todas las personas que tienen la capacidad de poner en escena
recuerdos comunes con respecto al efecto de la guerra en su lugar
de origen. A este universo de población, el Servicio Jesuita
a Refugiados lo ha denominado "Población Colombiana
en Situación de Refugio.
Visión que igualmente tiene, como todos los demás
puntos de vista, debilidades. Hablar de 500.000 personas suena
exagerado. Es difícil negar que también en ese grupo
existan migrantes que llegan por diferentes razones, personas
que se vienen a adueñar de los bienes ajenos -conocidos
también como ladrones- o turistas que se amañan
y ven un mejor panorama en Ecuador. Pero también es cierto
que del conflicto en colombiano no se puede desligar ni la situación
social, ni la situación política, ni tampoco la
situación económica del país. Es decir, la
violencia en Colombia también es fuente de pobreza y desequilibrio
social. Por otra parte, no todos los colombianos que vienen a
Ecuador quieren cargar con el rotulo de Refugiado, por inseguridad
o por considerarlo discriminativo, y otros simplemente no tienen
información del proceso de solicitud o asustados por los
documentos exigidos se ocultan y permanecen como irregulares,
otros, en cambio, ya no confían en nadie y prefieren permanecer
en el anonimato.
Pero además, para colmo de males, haciendo autocrítica,
llamarlos Población Colombiana en Situación de Refugio
también los expone, porque desde la protección legal
no existe ningún figura que los reconozca ni ningún
marco jurídico que los proteja. Gabriela Rodríguez,
relatora de las Naciones Unidas para las Migraciones, argumentaba,
y con justa razón, que al denominar de esa manera a la
población Colombiana estábamos poniendo a este conjunto
de personas en estado de indefensión jurídica, los
estamos nuevamente sumiendo en esa zona gris que queremos denunciar.
Su propuesta era, entonces, velar por estas personas o desde el
marco legal del refugio o desde el marco legal de la inmigración,
pero no dejarlos en un limbo jurídico.
Esta observación de Gabriela Rodríguez también
tiene una gran dificultad y es que al distinguir al resto de colombianos
que no son refugiados como inmigrantes invisibiliza por completo
la situación de las personas que llegan por causas de la
violencia y, con más razón, invisibiliza el conflicto
colombiano. En otras palabras, significa actuar sobre las consecuencias
de una Guerra de forma restrictiva y limitada, y no enfrentarse
abiertamente a la realidad de la causa.
La intención hasta este punto no es definir cuál
de las anteriores es la visión correcta o la de otros,
que eventualmente entrarían en la contienda de este debate.
La intención acá es que al final nos demos cuenta
que lo importante es que "la misma gente colombiana que está
llegando decida", responsable y libremente, cómo quiere
ser identificada, que es la dimensión que no debemos perder
de vista. Porque, a la hora de la verdad, nosotros, el SJR, no
estamos decidiendo cómo definir a los colombianos que están
llegando a Ecuador. Apenas estamos abriendo la opción para
que los colombianos y ecuatorianos escojan el futuro que les parezca.
Todas las anteriores visiones que nombramos recogen antecedentes
históricos y de la actualidad en Ecuador, son pensamientos
propios y de otros. Pero en el fondo de esta ponencia está
el tema de la claridad
buscar claridad. Y es ahí
donde nos encontramos. Mientras unos nos formulamos la pregunta:
¿Qué se necesita para afrontar este fenómeno
de los colombianos que están llegando a Ecuador por causa
de la Guerra? Otros ya han escrito sobre la determinación
que se necesita para enfrentar este tipo de dilemas: "Energía
para enfrentar la seguridad; prudencia y técnica para destrabar
el tema; tacto y decisión para corregir el rumbo clientelista
y desbaratar los nidos de corrupción; sabiduría
y paciencia para corregir los yerros; capacidad de oír
las voces disidentes; humildad para reconocer los propios errores;
dignidad y valor para resistir los golpes del enemigo" (Gaviria,
"que el pueblo decida", página 213).
Esta discusión de visiones desde Ecuador que debería
desatar una controversia histórica no es más que
una invitación a que continuemos el debate por definir
a los colombianos que están saliendo de su país;
ojalá desde una perspectiva que nos convenga a todos. Así,
esperamos aparezcan más visiones en el futuro orientadas
desde una visión complementaria pero donde prevalezca la
visión humanitaria.
La región frente a la población colombiana en
situación de refugio
Buscando otros horizontes de este debate, nos encontramos con
la visión de los países fronterizos a Colombia,
como Venezuela y Panamá y hasta de la misma Colombia. Aquí
es importante enunciar que el conflicto colombiano no sólo
se extiende a territorios vecinos y que su complejidad desborda
las fronteras del componente andino, pero que por el enfoque de
la conferencia regional no abarcaremos.
En Venezuela, por ejemplo, el Gobierno, aparte de celebrar por
la decisión del referendo y la publicación de la
LORA (Ley Orgánica sobre Refugiados y Asilados) -que de
hecho ha resultado inoperativa-, ha decidido que ante la afluencia
masiva de población colombiana, a causa del conflicto armado,
lo mejor es nacionalizar a los colombianos y de paso utilizar
abusivamente a los nacionalizados como un potencial electoral.
De esta manera el gobierno venezolano también da la espalda
al Conflicto Colombiano.
Ahora bien, de forma positiva la decisión de nacionalizar
a la Población Colombiana en Situación de Refugio
es un potencial, ya que en definitiva es reconocer que los colombianos
pueden disfrutar a la par de sus derechos como los venezolanos,
así como también puedan desarrollar unas responsabilidades
y virtudes cívicas y de paso exigir a quienes los represente
políticamente.
En Panamá, a pesar de la existencia del opaco y limitado
Decreto Ejecutivo número 23 donde se reglamenta el refugio,
la deportación de 109 refugiados colombianos incluyendo
a 63 niños ha ocasionado demandas al gobierno panameño
ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La limitación
de la legislación oculta restringe las definiciones de
los marcos internacionales como la convención de Ginebra
del 51, poniéndole obstáculos a la asistencia humanitaria
y haciéndose los de la vista gorda, es decir los ciegos,
con el conflicto colombiano.
Por su parte en Colombia, para empezar es necesario señalar
que el principal logro de la presente administración ha
sido cambiar la percepción que los colombianos tienen de
su propia seguridad: según un relato de balance del 13
de agosto de 2004 en el diario El Tiempo, la mayoría siente
que vive en un país más seguro que hace dos años,
incluso los índices de desplazamiento han bajado. Lo importante
es que esta percepción está fundamentada en hechos
reales y verificables: el homicidio ha bajado ostensiblemente,
lo mismo que el secuestro, las masacres, el desplazamiento forzoso,
las tomas de poblaciones, el sabotaje económico, etc.
Pero, sin que esto desluzca los buenos resultados que se han
logrado, hay que decir, sin embargo, que estos avances son relativos.
Los retenes de la guerrilla han caído verticalmente en
las vías principales, pero han aumentado en las vías
secundarias. Los desplazamientos por las fumigaciones han alcanzado
su máximo. Las desapariciones son pan de cada día.
La piratería terrestre disminuyó en las zonas rurales,
pero ha aumentado en las cercanías de las cinco principales
ciudades. Los paros armados han aumentado. El ritmo de las deserciones
de los grupos irregulares empezó a descender.
Así, pues, a pesar de los evidentes logros de la seguridad
democrática, lo que falta por alcanzar es mucho mayor que
lo ya alcanzado. Los avances obtenidos son aún parciales
y temporales, pues mientras continúen activos y poderosos
la guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico, el riesgo
de retrocesos e involuciones es real. Todavía no hay nada
totalmente asegurado, ni se puede cantar victoria en Colombia.
Tal vez el mayor esfuerzo aún esté por realizarse.
Y no sólo en Colombia, el esfuerzo está por realizarse
desde las otras esferas regionales, nacionales y locales que parecen
estar de acuerdo con no darle cabida a la Población Colombiana
en Situación de Refugio y aparentar que en Colombia no
está pasando nada.
Por lo anterior, responder a dilemas como el de la Población
Colombiana en Situación de Refugio tiene que empezar a
ser tema central para la región. De hecho, poder responder
con certeza a interrogantes como ¿por qué la gente
o los Estados cooperan o no cooperan con la Población Colombiana
en Situación de Refugio? o ¿A través de qué
mecanismos se estimulan dinámicas cooperativas en este
medio? Pondrían fin a mediocres interpretaciones, explicaciones
y acciones sobre el tema.
En este punto del debate, la situación y la voz de la
Población Colombiana en Situación de Refugio es
importante para determinar el camino. Hace falta reconocer que,
aquí en Quito, en un cuarto de 3 por 2 metros están
durmiendo 6 personas que huyen del conflicto, y que una familia
a la que se le negó el refugio permanece escondida desde
hace dos años en condiciones de extrema pobreza, resignada
a que lamentablemente su vida se volvió un juego de escondite:
en Colombia por la guerra y aquí, en Ecuador, por la permanencia
irregular.
Familias enteras de Población Colombiana en Situación
de Refugio tratando de salir adelante como irregulares o legales
en un país que les es ajeno y extraño, luchando
con las mismas dificultades y limitaciones que la población
local, en salud, educación, empleo y vivienda; pero con
la gran diferencia de estar los colombianos enfrentados a la discriminación
y la xenofobia, la extorsión de un policía incompetente
que solicita dinero, luego de amenazar con la palabra "deportación"
o la destrucción de los papeles totalmente en regla. El
abuso y el acoso sexual de los empleadores, del mismo policía
incompetente. El profesor que les enseña a los alumnos
que la niña colombiana es diferente y se trata diferente,
como si que no fuera una niña más en la escuela.
El abogado o leguleyo o tramitador que se aprovecha de la situación
de irregularidad e indefensión para sacar la mayor tajada
posible. El periodista que afirma que el 90% de los delincuentes
en Ibarra son colombianos, o la denominada "Marcha Blanca"
a comienzos de diciembre del 2002, organizada por la Iglesia de
Fátima en Quito, donde se levantaron carteles afirmando:
"Fuera los Colombianos", "No queremos a los criminales
colombianos".
A manera de conclusión
Es cierto, la afluencia masiva de Población Colombiana
en Situación de Refugio fue una sorpresa para Ecuador y
otros países de la Región Andina, pero en vez de
estar creando diferencia, colocando obstáculos, empañetando
con un velo a la situación de conflicto en Colombia y sus
consecuencia aprendamos a ver los otros rostros positivos y enriquecedores
del fenómeno.
Empecemos por decir que en Ecuador hay oportunidades. Que hay
gente que quiere integrar a Población Colombiana -que esperamos
sean muchos más de los que discriminan o rechazan. Que
la Población Colombiana en Situación de Refugio
se siente bien, tranquila y segura. Que también hay muchos
policías y militares que apoyan e informan a la Población
Colombiana en Situación de Refugio y respetan sus derechos
y que sobre todo hay existen espacios como éste que le
están diciendo SÍ a las potencialidades de la Población
Colombiana en Situación de Refugio.
Cuando se originan tensiones sociales discriminatorias como las
que se describen en párrafos anteriores, las sociedades
receptoras tienen que empezar a crear instrumentos que faciliten
las relaciones y las encausen. De otro modo se disparan los conflictos
entre los pueblos, entre los grupos humanos, y entre las personas
implicadas.
De acuerdo con lo anterior, es importante ver el potencial de
la Población Colombiana en Situación de Refugio
que puede empezar a ser vista como un mecanismo de re-equilibrio
ante la salida de ecuatorianos fuera del país. Para lo
cual es importante crear normas que regulen ese mecanismo, ya
que su mal funcionamiento se puede convertir en causa de nuevos
desequilibrios e incluso ser origen de conflictos de difícil
solución.
Por otra parte, la mano de obra de la Población Colombiana
en Situación de Refugio está posibilitando el mantenimiento
de líneas productivas y la generación de propios
empleos, que pueden significar un mayor índice de riqueza
y una menor tasa de desempleo. De igual forma los colombianos
están invirtiendo en Ecuador, porque no están de
paso, están buscando un sitio tranquilo y lejos de la guerra.
Lo que nos permite deducir que la Población Colombiana
en Situación de Refugio no atenta contra ningún
sistema y sí, y muy por el contrario, aporta y ayuda a
mantenerlo.
Pero aparte de ser un potencial económico en sí
mismos, la Población Colombiana en Situación de
Refugio también es un imán de recursos económicos
de todo el mundo, de agencias de cooperación y de gobiernos
que benefician en su inversión a la población ecuatoriana.
En este camino que no sólo es económico sino y
sobre todo cultural, se necesitan procesos de integración
que deben ser tanto en derechos como en obligaciones en un escenario
de igualdad ante la ley y ante la sociedad. Se propone, entonces,
un camino en el cual exista un control de los flujos de la Población
Colombiana en Situación de Refugio, pero no con el fin
de aplicar restricciones, sino con la promesa de planificar proyectos
de integración social en corresponsabilidad con Colombia
que es el país origen del flujo de dicha población.
Es entonces indispensable que todos los que veamos un potencial
en la Población Colombiana en Situación de Refugio
a sabiendas de sus riesgos, como dice José Ramón
Aparicio, agregado para asuntos laborales de la Embajada española
en Quito, difundamos la coexistencia pacífica de culturas,
el respeto a la diversidad, el respeto a la igualdad de derechos
y potenciemos la diferencia como promotora del cambio social.
Por último, es importante aprender de la experiencia del
mundo. Por ejemplo, fundadora de la tauromaquia, España
resolvió coger el toro de la inmigración por los
cachos y acaba de ofrecer una solución radical y generosa
a un problema que, a fuerza de maltratarlo por años, no
hizo más que enquistarse. Sin embargo y ante los problemas
que esta resolución tenga, también hay que ver el
trabajo que cuesta sacar la modesta visa de turista para visitar
la madre patria que actúa a veces como madrastra, así
como Ecuador de hermanastro para los colombianos.
¿Qué hace el Servicio Jesuita a Refugiados en
Ecuador ante este fenómeno?
1. Distingue que hay Una Población Colombiana en Situación
de Refugio y que de ellos hay unos más vulnerables y opta
por trabajar con esos seres humanos.
2. Luego del permiso y de la voluntad de las familias o personas
para caminar juntos, decidimos acompañarlos para que se
empoderen, para que ese potencial que tienen lo empleen generosa
y creativamente para la construcción de una mejor sociedad
ecuatoriana y participen en procesos de integración social.
3. Tenemos un eje de incidencia política que busca articularnos
en redes y defender los derechos para intentar mejorar las condiciones
de vida de la Población Colombiana en Situación
de Refugio. Tarea esta última que nos trae a participar
en este evento académico, con el fin de que nos pongamos
de acuerdo en las ideas y también en las acciones.
*David García Herrera.
Licenciado en Comunicaciones por la Universidad Javeriana de Bogotá,
Master en Ciencias Políticas con énfasis en Relaciones
Internacionales y Resolución de Conflictos, por la Universidad
de los Andes, Bogotá. Actualmente trabaja en el Servicio
Jesuita a Refugiados de Ecuador. Ponencia presentada en la II
Conferencia regional "Migración, desplazamiento forzado
y refugio", Universidad Andina Simón Bolívar,
Quito, septiembre 1, 2 y 3 de 2004.
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