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Estoy muy complacido de estar con ustedes el día
hoy por todo lo que este encuentro representa. Esta distinguida
concurrencia conformada por representantes gubernamentales, defensores
y procuradores de derechos humanos, juristas, líderes de
la sociedad, se ha reunido por un motivo muy importante: para
afirmar el compromiso con los derechos de los refugiados. La Declaración
de Cartagena, cuyo vigésimo aniversario se conmemora este
año, codifica el compromiso histórico y ejemplar
de una región entera con los derechos de los refugiados.
Los principios contemplados en ella, continúan guiándonos
hoy en día.
Nuestra voluntad es ir más allá de una mera conmemoración,
lo cual es motivo de gran complacencia para mí. Más
que felicitarnos por lo que hemos alcanzado en estos veinte años,
el proceso consultivo preparatorio para esta reunión ha
demostrado que el espíritu de Cartagena sigue vivo y vigente
en el compromiso de continuar buscando soluciones. El lema escogido
"América Latina: tierra de asilo y soluciones innovadoras",
refleja esto y es por ello que esta reunión es tan importante.
Permítanme brindarles una perspectiva de los retos y prioridades
globales del ACNUR.
Más de cincuenta años después de la adopción
de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de
1951, las causas de los flujos de refugiados y las urgentes necesidades
legales y humanitarias de estas personas no han dejado de subsistir.
Nuestro mundo continúa plagado de conflictos armados y
violaciones masivas de derechos humanos.
La emergencia en Chad y Darfur Occidental en Sudán es
sin lugar a dudas la más grave crisis que enfrenta la comunidad
internacional hoy día. La crisis en Darfur occidental ha
generado el desplazamiento forzado de más de 1.8 millones
de personas. Como ha sucedido en situaciones similares de desplazamiento
repentino de poblaciones, el ACNUR está cumpliendo un papel
clave asistiendo a las víctimas de la violencia, entregando
asistencia y estableciendo campamentos. El Secretario General
de Naciones Unidas le ha dado al ACNUR la responsabilidad de ocuparse
de la protección y el retorno de los desplazados internos
en Darfur occidental, dando un ejemplo de cómo el Sistema
de Naciones Unidas puede responder y asistir eficientemente a
los desplazados internos.
Nosotros tenemos ahora acceso a las víctimas en Darfur
de manera más o menos regular, pero la situación
continúa siendo muy difícil. ¿Cómo
podemos brindar apoyo a más de 200.000 refugiados en Chad
con los problemas de carencia de agua y combustible? ¿Cómo
podemos proteger a más de un millón y medio de desplazados
internos y prevenir el desplazamiento de más personas,
cuando nuestro personal no tiene acceso a las poblaciones necesitadas?
En muchas regiones del mundo, la inseguridad nos impide tener
acceso a las poblaciones necesitadas. Irak y el norte del Caucaso
son ejemplos del continuo reto por preservar el espacio humanitario
ante el creciente deterioro de la situación de seguridad.
Las situaciones de refugiados de larga data representan otro
problema diferente. La situación de los refugiados en los
Territorios Palestinos, Sahara Occidental y Bután en Nepal
son fuertes recordatorios del terrible costo de permitir que generaciones
completas crezcan en el exilio, sin ninguna esperanza. Una vez
superada la fase de emergencia, los situaciones de refugiados
de larga data no salen en los titulares de las noticias. Sin embargo,
no por ello deben ser tratadas con menos urgencia. El marco de
soluciones duraderas, que incluye planes integrales de acción
para la repatriación voluntaria, actividades de autosuficiencia
en los países de acogida y el reasentamiento estratégico,
deben ser consideradas para poner fin a estas situaciones.
Las grandes y exitosas operaciones de repatriación voluntaria
en África y los países de la ex Yugoslavia y Afganistán
representan una nota positiva que hacen del 2004 un verdadero
"año de retorno". La repatriación voluntaria
se está realizando en gran escala en África. Sierra
Leona, Angola, Burundi, Eritrea y Liberia han experimentado movimientos
de repatriación voluntaria este año. Más
de tres millones y medio de afganos ha regresado a casa desde
el año 2001.
Estas repatriaciones han contribuido de manera significativa
a la disminución de la población refugiada global
en los años recientes. Durante la última década,
el número de personas del interés de mi Oficina
ha disminuido de 27 millones de personas a 17 millones.
El sufrimiento humano generado por estas nuevas crisis, al igual
que las situaciones prolongadas de refugiados demuestran claramente
la continua relevancia del sistema internacional de refugiados.
A pesar de que el número de refugiados ha disminuido, las
políticas de asilo de los países receptores cada
vez son más restrictivas.
Desafortunadamente al término "refugiado" se
le asocia cierta estigmatización hoy en día. Las
actitudes de muchos países se han endurecido hacia los
refugiados y solicitantes de asilo. Ante la cambiante naturaleza
de los conflictos y los efectos de la globalización, muchos
estados han tratado cada vez más de redefinir y limitar
sus responsabilidades frente a los refugiados. La politización
de la inmigración y la confusión entre refugiados
y migrantes se han combinado para enrarecer el debate público
y bajar los estándares de la legislación en muchos
países. En lugar de limitar sus responsabilidades a través
de nuevas restricciones para entregar la responsabilidad a otros,
debemos más bien fortalecer el compromiso de la comunidad
internacional de brindar protección y buscar soluciones
duraderas para los refugiados. Esto requiere un espíritu
de solidaridad y responsabilidad compartida.
Ustedes comprenderán, entonces, porqué la oportunidad
de reafirmar los derechos de los refugiados en Ciudad de México
es más que bienvenida. Desde esta perspectiva quisiera
examinar las respuestas innovadoras para los refugiados y desplazados
internos. El ACNUR está realizando importantes avances
en la identificación de soluciones para los refugiados
a través de la iniciativa Convención Plus, la cual
combina protección con soluciones duraderas y confío
que la discusión que tendremos aquí igualmente considerará
los mismos temas desde una perspectiva regional, tomando en consideración
la historia del asilo en América Latina.
Distinguidos delegados,
La tradición de asilo de América Latina precede
a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de
1951. En efecto el Tratado de Derecho Penal Internacional de Montevideo
de 1889 sentó la base fundacional para el desarrollo progresivo
de la institución del asilo en América Latina. Este
y otros instrumentos regionales claves de derechos humanos son
precursores de los subsiguientes instrumentos multilaterales en
material de asilo, tales como la Convención sobre el Estatuto
de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967. América
Latina jugó un papel fundamental en la redacción
de la disposición sobre el derecho de asilo consagrado
en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948,
la cual se basó en la más reciente Declaración
Americana de Derechos y Deberes del Hombre. En 1969 la Convención
sobre los aspectos específicos de los problemas de refugiados
en África de la Organización de la Unidad Africana
(OUA), fue precursora de la definición "ampliada"
de refugiado como una adaptación de la definición
de refugiado de la Convención de 1951 a las realidades
en el terreno.
En el momento más álgido de la crisis de América
Central, cerca de 150.000 refugiados estaban siendo asistidos
por otros países de América Central al igual que
un número adicional de 1.8 millones de personas afectadas
por los conflictos. Convencidos de que una respuesta pragmática
y multilateral era necesaria para resolver la problemática
de los refugiados, las personas desplazadas y otras personas afectadas
por los conflictos, los países centroamericanos con el
apoyo del Grupo de Contadora, que incluía a México,
Panamá, Colombia y Venezuela, lanzaron una serie de iniciativas
políticas y humanitarias para tratar la crisis centroamericana.
Estas iniciativas culminaron con una reunión en Cartagena
de Indias, Colombia, en Noviembre de 1984 en la cual los representantes
gubernamentales de diez países de América Latina
y los expertos del continente adoptaron la Declaración
de Cartagena sobre los Refugiados, un instrumento que contiene
importantes principios básicos derivados de las tres ramas
del derecho internacional y promueve mejorar la protección
de las víctimas de los conflictos.
La Declaración de Cartagena conjuntamente con la Conferencia
Internacional de Refugiados Centroamericanos (CIREFCA), brindaron
un marco humanitario y con énfasis en soluciones para la
implementación de algunos aspectos de los Procedimientos
para una Paz firme y duradera en América Central, formalmente
conocidos como Acuerdos de Paz de Esquipulas, los cuales facilitaron
la búsqueda de soluciones en El Salvador, Nicaragua y Guatemala.
La Declaración de Cartagena es una importante contribución
de América Latina al régimen internacional de protección
de refugiados. Contiene una serie de visionarias disposiciones
para la protección de refugiados y otras personas que la
requieren. Aún más importante, enfatiza la necesidad
de atender las causas que generan el desplazamiento forzado a
efectos de generar condiciones para la repatriación voluntaria.
La Declaración de Cartagena subraya principios fundamentales
de derechos humanos, confirma el carácter pacífico
y apolítico de la concesión del asilo y reafirma
vigorosamente el principio de non-refoulement, incluyendo el no
rechazo en frontera. Cartagena fue uno de los primeros documentos
en América Latina que mencionó el tema de la situación
de los desplazados internos y en llamar la atención de
las autoridades nacionales y las organizaciones internacionales
para brindarles protección y asistencia.
La Declaración de Cartagena es igualmente muy importante
en tanto reitera el papel fundamental que están llamados
a jugar los órganos de derechos humanos del Sistema Interamericano
en la protección de refugiados y otras personas del interés
del ACNUR.
Al día de hoy la definición ampliada de refugiado
de la Declaración de Cartagena ha sido incluida en la legislación
de diez países y se aplica en la práctica en otros
tres, mientras que uno la utiliza como instrumento de interpretación.
Sin embargo, Cartagena es bastante más que un conjunto
de estándares legales y una definición regional
de refugiado.
La Declaración también enfatiza la importancia
de las soluciones duraderas, particularmente la repatriación
voluntaria, así como la integración local y recomienda
el garantizar a los refugiados el ejercicio de los derechos económicos,
sociales y culturales. Estoy convencido que una de las contribuciones
más importantes y de mayor trascendencia de Cartagena es
el reconocimiento de que los refugiados son seres humanos con
dignidad, cuya principal preocupación es obtener un nivel
de autosuficiencia para evitar la dependencia de suministros y
asistencia humanitaria. El colocar las necesidades individuales
y el potencial de los refugiados como el elemento fundamental
de los esfuerzos para alcanzar soluciones duraderas fue también
reiterado a lo largo de proceso preparatorio de esta conmemoración.
Esto implica reconocer que la calidad del asilo depende del efectivo
disfrute de los derechos por parte de los refugiados.
Al conmemorar el vigésimo aniversario de Cartagena, el
ACNUR deseaba analizar conjuntamente con los gobiernos, los expertos
en materia de refugiados y los representantes de la sociedad civil,
los principales retos que enfrenta la protección de refugiados
hoy en día en América Latina, así como identificar
las líneas de acción para apoyar a los países
de asilo para que brinden protección efectiva y asistencia
a los refugiados. Yo veo el vigésimo aniversario no solo
como una conmemoración sino como una oportunidad para reafirmar
la relevancia, vigencia y validez de la Declaración de
Cartagena sobre los Refugiados y para lanzar un proceso tendiente
a poner en práctica la Agenda para la Protección
en América Latina.
En efecto, esta reunión de dos días será
el inicio de un proceso en el cual el ACNUR espera alcanzar dos
ambiciosas metas: fortalecer y desarrollar aún más
la protección de refugiados en América Latina y
aplicar el espíritu pragmático de Cartagena para
atender las necesidades humanitarias en la región.
El proceso preparatorio ya ha generado un amplio consenso sobre
los principales retos que enfrenta la protección de refugiados
en América Latina y ha iniciado un diálogo sobre
potenciales respuestas humanitarias para los temas actuales de
refugiados. Este consenso se ha visto reflejado en el borrador
de Declaración y Plan de Acción para fortalecer
la protección internacional de refugiados en América
Latina, el cual será el foco de atención durante
estos dos días. Se busca mejorar la protección y
las soluciones duraderas. Quisiera subrayar la participación
invaluable de la sociedad civil en el proceso preparatorio. Espero
que esta colaboración con los gobiernos y los expertos
sea replicada en la puesta en práctica del plan de acción.
En materia de protección, espero que la conmemoración
resalte el vínculo existente entre la protección
de refugiados y el respeto de derechos humanos. Igualmente será
una oportunidad para atraer el apoyo de los donantes para fortalecer
la capacidad de América Latina para recibir y proteger
a los refugiados. Respecto de soluciones, confío en que
el plan de acción dará respuesta a dos temas que
enfrentan los refugiados en América Latina: un número
creciente de refugiados concentrados en centros urbanos luchando
por alcanzar su autosuficiencia y un gran número de colombianos
que requieren protección, particularmente en las áreas
fronterizas de los países vecinos, así como en otros
países de la región.
El proceso preparatorio ha puesto de manifiesto que la Declaración
y el plan de acción brindan una oportunidad para enfrentar
la situación de un número creciente de colombianos
que buscan protección en el extranjero. El gobierno de
Colombia está realmente interesado en la suerte de sus
ciudadanos y ha reiterado un llamamiento en distintos foros internacionales
para que se brinde protección en el extranjero a los colombianos
que huyen del conflicto. Asimismo ha apoyado y participado activamente
en el proceso preparatorio. Me siento muy complacido por la voluntad
de los países que reciben a colombianos de trabajar juntos
de manera más concertada.
Nuestros esfuerzos deben apuntar a la búsqueda de respuestas
a las consecuencias humanitarias de una situación que afecta
a varios países. Lo más importante es ver cómo
vamos a trabajar juntos para mejorar la protección y encontrar
soluciones duraderas pragmáticas.
Me parece que la Declaración y el Plan de acción
nos brindan una oportunidad para definir mejor la naturaleza y
alcance de las preocupaciones derivadas de la presencia de un
gran número de colombianos y otros solicitantes de la condición
de refugiado, refugiados y otras personas del interés del
ACNUR en América Latina. La Declaración y el Plan
de acción sintetizan muchas de las sugerencias que surgieron
del proceso preparatorio y cuentan en buena medida con el apoyo
político, todo lo cual augura su buena implementación.
Como seguimiento de este evento, se diseñarán proyectos
específicos para poner en práctica el Plan de Acción.
Les garantizo que el ACNUR está listo para brindar apoyo
técnico a todos los países involucrados, a efectos
de que los objetivos sean traducidos en acciones concretas.
Como todos ustedes saben, esta conmemoración tiene lugar
en un contexto en el cual existen crecientes preocupaciones de
seguridad, la lucha contra el terrorismo y crecientes controles
migratorios. Esto ha dado lugar a la adopción de políticas
restrictivas de asilo en algunas regiones del mundo. Me complace
notar, sin embargo, que a lo largo de este proceso consultivo
los países de América Latina han reafirmado su compromiso
para defender los más altos estándares de protección
y buscar soluciones duraderas dentro de un espíritu de
responsabilidad compartida, reforzando la Declaración que
conmemoramos hoy. En consecuencia, veo a América Latina
como un estrecho aliado del ACNUR en nuestra búsqueda de
una protección más efectiva. Esto constituye un
ejemplo para otras regiones del mundo.
Hace veinte años los países de América Central
demostraron su capacidad para resolver sus propios problemas de
refugiados trabajando juntos, de manera concertada con la comunidad
internacional. Este espíritu de solidaridad, responsabilidad
compartida y cooperación se ve muy bien reflejado en la
propuesta hecha por Brasil y apoyada por otros países para
poner en práctica un programa de reasentamiento dirigido
principalmente a refugiados de América Latina. Esta iniciativa
regional ha sido acogida con beneplácito por los países
que reciben grandes número de refugiados como un instrumento
de solidaridad que ayudará a aliviar parte de la presión.
Este y otros compromisos demuestran, en efecto, que América
Latina continua siendo Tierra de Asilo y Soluciones Innovadoras,
tal y como lo subraya el lema de la conmemoración. Pido
de manera vehemente a los donantes que no se olviden de América
Latina y de su voluntad para atender las preocupaciones humanitarias
dentro de su misma región.
La Declaración de Cartagena continua siendo un enfoque
regional innovador y pragmático para brindar protección
a quienes la necesitan y para promover soluciones duraderas, el
cual se basa en la larga y generosa tradición de asilo
en las Américas. Al mencionar los retos de los refugiados
en América Latina, el "espíritu de Cartagena"
es hoy tan necesario como hace 20 años.
Fuente: http://www.acnur.org/index.php?id_pag=3009
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