| Por muchos años la lucha por la igualdad
de las mujeres centró sus esfuerzos en problemáticas
como la violencia contra las mujeres, los derechos humanos de las
mujeres, la participación social y política de género
y los derechos sexuales y reproductivos. Es indudablemente que a
través de estas luchas se alcanzaron conquistas en el ámbito
legislativo y en las políticas públicas, además
del reconocimiento social sobre las desigualdades existentes, aspectos
que el Estado, por iniciativa propia, jamás los hubiera reconocido.
Sin embargo estos cambios demandan procesos que sobrepasen los temas
antes aludidos; ahora, corresponde a las mujeres debatir temas económicos,
de integración económica y los demás problemas
estructurales de la sociedad, desde una perspectiva distinta a la
tradicional; estos son los actuales desafíos de los movimientos
de mujeres.
A casi 10 años de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer,
donde se marcó una agenda de las mujeres por la igualdad
y la equidad, y luego de los esfuerzos de los movimientos de mujeres
por la institucionalización de propuestas y por lograr
reformas legales, la situación de las mujeres del mundo
sigue empeorando y estamos más lejos de los espacios de
poder real, aunque formalmente pareciera, que han habido conquistas
en este campo.
La experiencia ha demostrado que no fue suficiente la incorporación
de la perspectiva de género en políticas públicas
y leyes para alcanzar la igualdad; tampoco fue suficiente que
los organismos internacionales asumieran en el discurso la perspectiva
de género en tanto tales propuestas de cambio no fueron
capaces de transformaciones reales y es que para las feministas
el género debe asumirse como un instrumento de análisis
y de acción para la transformación de las relaciones
inequitativas de poder, no solo de género sino de clase
y etnia, y no ser una mera herramienta técnica que en muchos
casos ha llevado a la despolitización del movimiento social
de mujeres.
Los esfuerzos desplegados por las mujeres y por los movimientos
sociales han chocado con una poderosa estructura de dominio y
control del mundo que imposibilitan que se cumplan. En sociedades
patriarcales donde los hombres tienen el poder para decidir, desde
sus intereses y necesidades, se ha establecido un orden basado
en la sobrevaloración de lo masculino, tomado como paradigma
de lo humano, generando exclusión, desigualdad y violencia
contra las mujeres.
Globalización y nuevas formas de exclusión
Entre las nuevas formas de exclusión, se encuentra la
generada por los procesos de globalización económica,
social y política hoy en marcha en el mundo; marcados por
ideologías predominantemente neoliberales, los cuales potencian
la exclusión social y particularmente la exclusión
de las mujeres de todos los procesos de la globalización.
Enfrentar estas nuevas formas de exclusión (algunas vedadas)
requiere que también las mujeres debatamos y propongamos
sobre la economía que queremos alcanzar con equidad social
y económica, la cual atraviese cada uno de los espacios
de la vida pública y privada.
Bajo la globalización se ha agudizado la reorganización
del mundo en beneficio del capital lo cual implica la mercantilización
y expropiación de la vida humana, aprovechándose
de la extrema pobreza de los más marginados, la sobre explotación
y expropiación de los recursos estratégicos y naturales,
el uso de la fuerza y las armas para el dominio, para lo cual
están en marcha estrategias como el ALCA, TLC y Plan Colombia
y Plan Puebla Panamá forjados para debilitar nuestra soberanía
y abrir el camino en beneficio de los intereses del capital transnacional.
El ALCA, y los TLCs no tienen una base puramente comercial, ni
buscan un verdadero intercambio comercial, que teóricamente
beneficiaría a los participantes del intercambio, aunque
no necesariamente sean iguales; justamente esa debería
ser la base del comercio internacional -equilibrar las diferencias-.
Lejos de la teoría, las estrategias de comercio promovidas
por el ALCA y los TLC agudizan los problemas del subdesarrollo
de las economías de los países más pobres
en virtud de que los esquemas de comercio son más concentradores
de la riqueza y multiplicadores de la pobreza.
El ALCA y ahora los TLC, a más de acuerdos comerciales,
son acuerdos políticos que responde al plan de Estados
Unidos por superar su problema de sobreproducción, de estancamiento
y receso económico, subordinando los espacios geoeconómicos
del continente a las mega empresas norteamericanas para crear
un bloque regional dominado por Estados Unidos, y hacerle la competencia
a la Unión Europea y al bloque asiático, en la disputa
por la hegemonía económica, geopolítica y
cultura del mundo (Anderson, 2002).
Los procesos de preparación del ALCA están en marcha
desde hace unos diez años a través de la aplicación
de políticas neoliberales en todos los países de
la región, excepto Cuba. Se puede decir que hemos estado
viviendo un ALCA de bajo impacto: fue creciendo la apertura comercial
sin salvaguardas, eliminación de restricciones cuantitativas
(aranceles) y no cuantitativas (cuotas, preferencias) al comercio
internacional; paralelamente se fueron evaporando las políticas
sociales, reduciendo el rol del Estado y privatizando las empresas
públicas, sustento de la economía nacional, se implementó
la flexibilidad laboral como mecanismo para abaratar los costos
de la mano de obra, irrespetando los derechos laborales adquiridos
en décadas pasadas.
Al fracasar las negociaciones en bloque para implementar el ALCA,
dada la resistencia de varios gobernantes de la región
para suscribir dicha propuesta; Estados Unidos acudió a
un nuevo instrumento, los TLC, que son esencialmente la misma
propuesta del ALCA, pero negociada individualmente con cada gobierno,
lo cual resulta más peligroso, pues son negociaciones directas
entre Estados Unidos y cada uno de los países cuyas propuestas
aisladas resultan débiles y hasta insignificantes frente
a las imposiciones y manipulaciones del Imperio.
Los acuerdos de libre comercio buscan el acceso total a los mercados
de los productos de las transnacionales, el resguardar las inversiones
extranjeras, tener control sobre los contratos y servicios y que
sus productos tengan el mismo trato que los productos nacionales.
Esto no solo representa un daño para la soberanía
e independencia de los países de la región sino
que consolida y refuerza las desigualdades existentes al interior
de los países y frente a Estados Unidos sirviendo en esencia
como un novedoso instrumento de dominación (Fernández,
2004).
Las causas principales para explicarse la negociación
y eventual firma de acuerdos de libre comercio entre Estados Unidos
con países de América Latina y el Caribe está
en los intereses económicos, comerciales y financieros
del capital transnacional, dominado por empresas, tecnología
y capital procedente del Norte, pero asociados a las oligarquías
locales transnacionalizadas con presencia e influencia dominante
en la mayoría de los gobiernos de la región.
Mujeres, globalización y libre comercio
Como experiencia para los países de América Latina
y el Caribe debemos considerar los resultados alcanzados por México
en el marco del TLCAN después de diez años de aplicación.
En un estudio del Banco Mundial, aunque lo considera favorable,
reconoce que tales acuerdos no son suficientes, sus resultados
favorecieron a los países del Norte con respecto al Sur
que siguió en el atraso. El mercado por sí sólo
y la consecuente apertura al mercado más desarrollado y
competitivo del mundo, derivado de tratados comerciales de libre
comercio, no solo que no lograrán solucionar los problemas
del desarrollo sino que ahondará la exclusión y
la pobreza.
En este contexto cuál es la situación de las mujeres?
La globalización es un sistema basado en la especulación,
en la sobrevaloración del consumo de bienes y servicios.
Históricamente el feminismo ha asumido una posición
crítica frente a la sobrevaloración del ámbito
de producción de bienes y a la desvalorización e
invisibilización de las tareas del hogar y el cuidado de
hijos/as, el cual además no es compartido. Bajo la globalización
esta división entre lo público y privado se acentúa
aún más; se exacerba el consumismo y por tanto se
sobrevalora el ámbito productivo respondiendo al esquema
binario de público-"masculino" y privado-"femenino".
En la globalización 200 empresas manejan un monto equivalente
a un cuarto de la actividad económica mundial, y dan empleo
solo a 0,75% de la mano de obra planetaria, por lo cual no podemos
esperar que de los 1.200 millones de pobres, entre los cuales
el 70% son mujeres, se beneficien de esas empresas o compitan
con ellas. Al estar las mujeres a la cabeza de los índices
de desempleo, mientras su acceso a la propiedad es apenas el 1%,
siendo su posición en el sector financiero y mercantil
casi nula, es un dogma creer que la liberalización comercial
les permitirá mayor igualdad (León, 2002).
La flexibilización laboral, tendiente a anular a todas
luces los derechos laborales, ha provocado una mayor precarización
del trabajo, en especial el de las mujeres quienes se ven abocadas
a acudir cada vez más al trabajo informal, a domicilio,
temporal, a la maquila, u otras modalidades que caen en la subremuneración
y vulneración de sus derechos laborales. Inclusive las
microempresas que fueron una alternativa de empleo ahora están
desapareciendo ante la imposibilidad de competir con los productos
que ingresan del extranjero.
El problema no solo es la falta de empleo sino el deterioro de
la calidad del mismo surgiendo no solo formas de empleo precarios
sino atentatorios contra la dignidad humana. Incluso se ha llegado
a formas de explotación laboral similares a las de inicios
del capitalismo: trabajo infantil, trabajos domiciliarios con
largas jornadas, tráfico de personas, y hasta trabajo por
techo y comida (una forma de esclavitud laboral), sumada a formas
mas modernas y aberrantes de explotación como la trata
de personas, pornografía infantil y esclavitud sexual.
El predominio de lo masculino en la organización laboral
ha instituido y perpetrado la división sexual del trabajo
que determina condiciones inferiores para las mujeres en el mercado
laboral. Se tejen muchos mitos y prejuicios al momento de contratar
mujeres: se desvaloriza su trabajo, se cree que son menos capaces
para realizar ciertas actividades, se asume que están menos
dispuestas a asumir responsabilidades laborales por su rol reproductor,
y que no son competentes para trabajos tradicionalmente no femeninos.
Esto lleva a que los empleadores les paguen menos sueldo por el
mismo trabajo, a que no sean ascendidas ni ocupen puestos de decisión;
la reciente demanda iniciada por una mujer en contra de la cadena
de almacenes Walmart es una muestra del sexismo en el mercado
laboral en uno de los países supuestamente más avanzados
en derechos.
La concepción individualista y patriarcal del capitalismo
respecto a la maternidad la coloca entre las principales causas
para determinar condiciones menos favorables para las mujeres
en el ámbito productivo a lo cual se suma la práctica
tradicional de concentrar en ellas las tareas del hogar y el cuidado
de hijos/as. La sobreexplotación del trabajo femenino,
comúnmente conocida como la doble o triple jornada, constituye
la realidad cotidiana de la mayoría de mujeres.
¿Cuál es la situación laboral de las mujeres
en el Ecuador?
Las mujeres se han ido insertando en el mercado de trabajo en
forma creciente pero en condiciones cada vez mas desfavorables.
Las prácticas discriminatorias de género sumadas
a las políticas neoliberales han instituido la inequidad
laboral.
En el Ecuador, como en el resto de América Latina, el
agotamiento del modelo de sustitución de importaciones
y el agotamiento del ajuste estructural y el aperturismo, implantado
durante las tres últimas décadas, dio paso a la
implementación de este nuevo modelo de apertura indiscriminada
de los mercados y total liberalización de las importaciones,
el mismo que no dio respuesta a los problemas sociales, que supone
estaban orientados a superar.
En el Ecuador, a partir del año 2000, se introdujeron
reformas al Código Laboral para introducir la flexibilidad
laboral, que desmejoraron las condiciones de empleo: atentó
contra la estabilidad, negó los beneficios del seguro social,
vacaciones remuneradas, o el derecho de maternidad bajo dicha
modalidad de contratación llevando a un número mayor
de hombres y mujeres al subempleo y a la pérdida de ingresos.
¿Cómo se han insertado las mujeres en el mercado
de trabajo bajo la globalización?
El 47.6% de las mujeres están empleadas; mientras el 70,6%
de los hombres lo están. El desempleo para mujeres es el
53,1%; para hombres, es el 82,3%, pero la desocupación
oculta femenina es el 46.9% mientras para los hombres es el 17.7%.
Estas cifras de desempleo pudieron ser mayores pero la emigración
de mano de obra calificada y no calificada atenúo la crisis
(aproximadamente 1.5 millones de migrantes ecuatorianos/as).
Adicionalmente a esto el trabajo doméstico no remunerado
en el 98% de los casos es realizado por mujeres, mientras este
trabajo lo efectúan el 1.8% de los hombres, tanto en la
ciudad como en el campo. Las mujeres dedican aproximadamente 34.9
horas semanales a las tareas domésticas y cuidado de niños
y niñas, mientras los hombres dedican 14.4 horas.
Las estadísticas en cuanto a diferencias en los ingresos
también evidencian la inequidad: En el 2003 los hombres
percibían 65.5% más en el promedio de salarios que
las mujeres; consecuentemente existen diferencias en los ingresos
percibidos por los hogares dirigidos por mujeres que se calcula
en 69.9% (el promedio de ingresos de hogares dirigidos por mujeres
es $267 mensuales, y de hombres es de $384); sin embargo la mayoría
de hogares con jefaturas femeninas no son pobres (el 32,5% lo
son).
El fenómeno del desempleo y subempleo y su creciente impacto
ha traído consigo el aumento del sector informal; según
datos del INEC - CONAMU para el 2003 el 37.1% de mujeres y 33.1%
de hombres han recurrido a este tipo de trabajo como alternativa
de sobrevivencia.
La globalización ha agudizado el desigual acceso al empleo
y oportunidades para mujeres en virtud de la precarización
de los empleos, el crecimiento del subempleo (femenino) y del
desempleo, la insuficiencia de fuentes de trabajo, la desregularización
de las relaciones laborales que ha traído consigo la inestabilidad,
la extensión de las jornadas de trabajo, la restricción
en el acceso a la seguridad social, el incumplimiento de la instalación
de centros de cuidado infantil y en general la desprotección
a la maternidad y la niñez.
Si bien es cierto que las mujeres son tan perjudicadas en sus
derechos laborales como lo es el resto de la clase trabajadora,
sufren formas específicas de explotación tanto por
la dominación masculina en lo productivo como por el reparto
inequitativo del trabajo en lo reproductivo como consecuencia
de la "feminización" de este espacio, en lo cual
se evidencian relaciones inequitativas e injustas de ejercicio
del poder ancladas a estructuras patriarcales que persisten.
Conclusiones
En definitiva tres conclusiones se derivan como fundamentales
de las preocupaciones anteriores:
1. Los temas económicos, de comercio y estructurales,
son también temas de las mujeres; renunciar a éstos
como parte de su agenda es preservar los esquemas de poder tradicionales.
Si bien paralelamente debe continuarse la lucha por los temas
específicos de las mujeres, paralelamente es necesario
trabajar por conquistas en el plano económico y de transformación
en lo productivo que permitan el acceso de las mujeres a los recursos
y al poder en todos los niveles.
2. Esta claro que la globalización y los TLC agudizan
las inequidades de género y sociales, por tanto, es urgente
diseñar estrategias para enfrentar estos procesos que irremediablemente
están avanzando en nuestros países para atenuar
los impactos perversos de los mismos sobre la población
y particularmente sobre las mujeres.
3. Finalmente, es necesario que las mujeres y sus organizaciones
superemos el aislamiento y fragmentación social que hoy
experimenta, y se recupere la militancia, para conjuntamente con
los distintos grupos sociales plantear agendas concretas de acción
en procura de las transformaciones que buscamos para la sociedad
y para las mujeres.
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- LEÓN T., Magdalena. Mujeres y Trabajo: cambios impostergables.
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- FERNÁNDEZ TABÍO, Luis René. El ALCA, las
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Mayo, 2004. www.cubasocialista.cu.
- SIISE 3.5
- Mujeres y hombres en cifras en el Ecuador. INEC-CONAMU. Quito,
2004.
*Gayne Villagómez Weir.
Abogada, diplomada en Derechos Humanos, militante del Movimiento
de Mujeres y feminista.
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