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"Queremos
que Colombia y el mundo sepan, de una vez que nosotros no cultivamos
coca por gusto, sino porque nos obligan a ello, y no es la guerrilla
la que nos obliga,
es el propio gobierno: no hay alternativas" (1)
Precisiones de contenido y aclaraciones previas
En este ensayo pretendo señalar en que medida el movimiento
de los cocaleros en Colombia contiene elementos constitutivos
de los movimientos sociales contemporáneos en América
Latina en los términos de Escobar, Álvarez y Dagnino
(2001). Para cumplir el objetivo propuesto haré una introducción
en donde se describirán brevemente algunos fenómenos
históricos importantes para entender las condiciones de
exclusión y marginación de los campesinos que siembran
coca y la legitimación de sus reivindicaciones. Posteriormente
comentaré lo que considero el momento de mayor fuerza del
movimiento, materializado en las "marchas campesinas"
de 1996, el contexto en el que se desarrollo y el proceso de negociación
con el Estado. A continuación se señalarán
las circunstancias posteriores a los acuerdos logrados que impidieron
la realización de los pactos y la represión del
movimiento. Finalmente se intentará dar cuenta de los elementos
del movimiento que sugieren pensarlo en los términos de
los movimientos sociales latinoamericanos analizados por Escobar,
Álvarez y Dagnino (2001).
Introducción: Procesos de colonización y economías
extractivas
El departamento del Putumayo se encuentra ubicado al sur del
país, entre los ríos Caquetá y Putumayo.
Limita al occidente con el departamento de Nariño, al norte
con los departamentos de Cauca y Caquetá, al oriente con
el Amazonas y al sur con Ecuador y Perú. La población
se estima en 300.000 habitantes, ubicados mayoritariamente en
el pie de monte amazónico y en los municipios fronterizos.
El departamento del Putumayo se ha caracterizado por tener una
gran riqueza natural. Su economía se ha fundado en la explotación
de recursos primarios. Estas economías, junto a los procesos
políticos, sociales, económicos y de violencia ocurridos
en el centro del país marcaron diversos ciclos de colonización
que poblaron el territorio. Los primeros migrantes llegan a la
región junto con las misiones jesuitas a finales del siglo
XIX y principios del XX. La explotación de la quina y luego
la del caucho a principios del siglo XX marcan otro ciclo importante
de colonización.
En 1949 se descubre que estas tierras son ricas en petróleo.
Con el inicio de las explotaciones por parte de la Texas Petroleum
Company en 1963 en Orito y 1967 en Lago Agrio, se marca un nuevo
proceso acelerado de llegada de migrantes, causado por las expectativas
de desarrollo, la construcción de infraestructura petrolera
y la utilización agrícola del suelo (2).
Esta continua sucesión de economías extractivas
no permitió a los putumayenses disfrutar de un proceso
de desarrollo regional integral y estructurado. Las consecuencias
son significativas en términos de carencia de infraestructura,
débiles conexiones territoriales, conflictos en la tenencia
de la tierra, utilización ineficiente de los recursos y
un desarrollo urbano desordenado. Estas condiciones generarán
un espacio propicio para la llegada a finales de la década
del 70' y principios de los 80' de los cultivos de uso ilícito.
Proceso de cocalización del agro putumayense, propuestas
de los campesinos y respuesta del Estado
En el Putumayo existían cultivos de coca desde los 80',
pero es a principios de los noventa que se intensifica el proceso
de cocalización del agro putumayense. Proceso que se ha
relacionado con los problemas de la carencia de infraestructura
vial, de mercadeo, asistencia técnica, crédito y
fomento agropecuario para los cultivos tradicionales de maíz,
papa, plátano, yuca y arroz. El mercado de la coca ofrece
varias ventajas sobre los cultivos tradicionales, como el pago
al contado, un mayor margen de rentabilidad, garantía del
mercadeo y el no requerimiento de fletes de transporte. De igual
forma, el incremento en la presencia de los cultivos de coca se
relaciona con las fumigaciones aéreas con glifosato en
el Guaviare y Caquetá, que produce un desplazamiento de
los cultivos hacia el Putumayo.
Bajo este contexto los campesinos no tuvieron otra alternativa
que sembrar coca, pero desde el principio ellos fueron concientes
de los inconvenientes de esta economía y desde finales
de los 80' vienen solicitando del gobierno central:
1. Que los escuche como interlocutores válidos.
2. Que tenga en cuenta sus propuestas alternativas para el desarrollo
de una economía lícita que les permita un desarrollo
integral y una sustitución gradual de los cultivos ilícitos.
Sin embargo, el gobierno ha hecho caso omiso a sus peticiones
y ha contestado con militarización y fumigaciones aéreas.
Las "marchas cocaleras" de 1996
En 1996 ante la difícil situación que venían
afrontando y ante la inminencia de las fumigaciones aéreas
los campesinos deciden adelantar lo que se denominó "las
marchas cocaleras". Durante tres meses se movilizaron 200.000
campesinos, pequeños cultivadores de coca, se trató
de la mayor movilización campesina de la década
de los noventa en el país. El movimiento logra poner en
la agenda política el tema de los campesinos cocaleros,
el país comienza a entender que una cosa era el pequeño
cultivador y otra muy diferente el narcotraficante, se intenta
mostrar que los cultivos de coca son un problema social, económico
y político, y que sólo se puede abordar con políticas
que atiendan estos factores y no con medidas represivas.
Luego de muchas dificultades afrontadas por la estigmatización
y represión del ejército, para quienes el paro,
era un "paro de guerrilleros", los campesinos logran
hacerse valer como interlocutores validos y sientan a negociar
al gobierno central. Fruto de las negociaciones se firmaron los
"pactos de Orito", los cuales, significaban un avance
en el entendimiento de la problemática de las economías
cocaleras, generaba los espacios para el inicio de un plan de
desarrollo alternativo para la región y fortalecía
los procesos organizativos que sustentaron la movilización.
Sin embargo, estos nunca se cumplieron por diversas razones entre
las que se destacan la falta de compromiso del Estado y la arremetida
paramilitar en la región que tenia como uno de sus objetivos
el rompimiento de facto de los pactos y la desintegración
del movimiento por medio de la guerra sucia. Con la aplicación
del Plan Colombia se consolida y fortalece la represión
al problema de las economías cocaleras.
Las reivindicaciones del movimiento cocalero como demandas
de reconocimiento y ciudadanía
En América Latina las culturas políticas dominantes
se han estructurado en torno a la "administración
de la exclusión" (3), un buen ejemplo
de ello lo constituye el caso colombiano, en donde es común
afirmar que se mantiene la exclusión y marginación
de grandes sectores de la población por medio de la estructura
política consolidada y el autoritarismo del régimen.
En el caso de los campesinos cocaleros se evidencia la marginación
histórica de que han sido objeto en varios factores:
a) por habitar una región periférica en donde la
presencia del Estado ha sido débil,
b) por participar de una economía ilegal y habitar una
región con presencia histórica de las FARC han sido
definidos como delincuentes y/o auxiliadores de la guerrilla y
por ende estigmatizados, criminalizados e invisibilizados
Se les ha excluido absolutamente como actores políticos
y sociales validos para participar de las políticas y programas
diseñados para la región y plantear alternativas
para la problemática de las economías cocaleras.
A partir de estos condicionamientos desde el establecimiento,
las reivindicaciones del movimiento cocalero deben ser entendidas
como demandas de reconocimiento y ciudadanía.
Demanda de reconocimiento: búsqueda de nuevas identidades
y significados
El movimiento cocalero demanda reconocimiento como un grupo social
autónomo independiente de la guerrilla y el narcotráfico,
para lo cual construye una nueva autodefinición, se trata
de una recomposición de identidades a través de
la acción colectiva, esta nueva identidad se las brinda
el concepto de "pequeños campesinos cultivadores de
coca", noción que pretende contraponerse a la de "ilegales"
otorgada por el establecimiento.
La búsqueda del reconocimiento de su autonomía
pasa igualmente por una resignificación de lo que se entiende
por "actor social" en un contexto de ilegalidad, es
claro que para el gobierno era un problema jurídico con
implicaciones sociales, mientras que para los campesinos se trataba
en primer lugar de un problema social y económico con implicaciones
legales, denotando claramente una lucha por la interpretación
y el significado (4) de los elementos subyacentes
básicos de la situación de los campesinos. Los elementos
transversales del movimiento de los cocaleros, aquí señalados:
de reconocimiento, identidad, definición e interpretación,
constituyen los puntos centrales para fundamentar su lucha. Pero
esta no se queda allí, reivindicará igualmente un
nuevo concepto de ciudadanía.
La noción de ciudadanía en el movimiento cocalero
El movimiento cocalero luchó por una resignificación
del concepto de ciudadanía heredado por la tradición
política hegemónica, proponiendo nuevas formas de
participación y representación política,
redefiniendo la noción misma de democracia (4). Para los
campesinos era claro que eran ellos quienes estaban legitimados
para plantear soluciones a la problemática de los cultivos
ilícitos, para ello reivindicaban el derecho a la representación
política regional y nacional y a la participación
en los planes alternativos de desarrollo.
El movimiento cocalero consideraba que el Estado les había
negado su condición de ciudadanía a los campesinos
al mantenerlos marginados de la economía y la política
nacional. Reivindicaban su condición de "ciudadanos
putumayenses" y como tales reclamaban su inclusión
como grupo y región al Estado-Nación. Por esta vía
cuestionaban, tanto la política de Estado para la región,
como la política internacional antidrogas. Propugnaban
por una redefinición del sistema político que los
marginaba, y de las prácticas económicas, sociales
y culturales que los mantenían estigmatizados, criminalizados
e invisibilizados. Intentaban poner en marcha una nueva política
cultural y una nueva cultura política (5)
en torno a nuevas nociones de "desarrollo" alternativo,
participativo e incluyente y un nuevo significado de su ciudadanía
históricamente negada.
Un ideal que no pudo ser: las condiciones actuales del movimiento
Actualmente el movimiento ha sido fuertemente golpeado, como
se señalo anteriormente, los "pactos de Orito"
que eran la base para una nueva visión de región,
con una propuesta de desarrollo alternativo nunca se cumplieron.
Por el contrario se profundizó en la perspectiva histórica
de criminalizar, perseguir y reprimir las economías campesinas
cocaleras. La mayoría de los dirigentes que se encontraban
a la cabeza del movimiento ya no se encuentran en la región,
varios fueron asesinados y otros se vieron obligados a desplazarse
de la región. Se descabezó el movimiento social.
La base del movimiento se encuentra moral y económicamente
debilitada. Con las fumigaciones se ha atacado principalmente
las economías campesinas (6), los campesinos que no salieron
de la región se encuentran en condiciones económicas
precarias. El país y el Estado perdieron la oportunidad
de lograr la integración de la región del Putumayo
por una vía pacifica, participativa e incluyente. Las condiciones
actuales de los campesinos y de la política nacional no
permiten pensar en un resurgimiento del movimiento cocalero, por
lo menos no en el futuro inmediato.
Notas
1. Maria Clemencia Ramírez, Entre el Estado
y la guerrilla: identidad y ciudadanía en el movimiento
de los campesinos cocaleros del Putumayo, Bogotá, Instituto
Colombiano de Antropología e Historia, 2001.
2. Es necesario entender las dinámicas
históricas de colonización para señalar que
en el Putumayo existe población oriunda, que lleva tres
o cuatro generaciones habitando la región y que tiene todo
un proyecto de vida para desarrollarlo en su región, esto,
en tanto que uno de los argumentos que utiliza el Estado para
fumigar, reprimir y expulsar a los campesinos, consiste en considerarlos
como simples migrantes que van detrás de la coca y que
deben ser regresados a sus sitios de origen, desconociendo la
identidad que tienen los campesinos con su región.
3. Arturo Escobar, Sonia Alvarez y Evelina Dagnino,
Lo cultural y lo político en los movimientos sociales latinoamericanos,
En: Política cultural y cultura política. Una nueva
mirada sobre los movimientos sociales latinoamericanos, Bogotá,
2001, Taurus - ICANH.
4. Ibíd., pag, 18.
5. Ibíd., pag. 17-18.
6. Desde diversos sectores se ha señalado
que las fumigaciones aéreas han atacado principalmente
a los campesinos y sus economías, y en contraste son pocos
los resultados en la erradicación de cultivos de coca.
Si bien en la región ha disminuido la hectárea sembrada,
los cultivos se han desplazado a regiones aledañas como
Nariño, el Pacifico caucano y la Amazonía. Incluso
se habla de un incremento en la producción de coca en la
región Andina. Ante esta situación nos preguntamos
si realmente las fumigaciones cumplen objetivos antidrogas o es
una estrategia que combinada con el paramilitarismo pretende expulsar
la población y ganar el control de una región estratégica.
Bibliografía
Archila, Mauricio, Mauricio Pardo. Editores. Movimientos sociales,
Estado y democracia en Colombia, Bogotá, Instituto Colombiano
de Antropología e Historia, 2001.
Escobar, Arturo, Sonia Álvarez y Evelina Dagnino. Lo cultural
y lo político en los movimientos sociales latinoamericanos,
En: Política cultural y cultura política. Una nueva
mirada sobre los movimientos sociales latinoamericanos, Bogotá,
Taurus - ICANH, 2001.
Ramírez, Maria Clemencia. Entre el Estado y la guerrilla:
identidad y ciudadanía en el movimiento de los campesinos
cocaleros del Putumayo, Bogotá, Instituto Colombiano de
Antropología e Historia, 2001.
Sánchez, Eder Jair. Pactos sociales en el departamento
del Putumayo, Colombia, 2000-2002, En: Destierros y desarraigos,
Memorias del II seminario internacional desplazamiento: implicaciones
y retos para la gobernabilidad, la democracia y los derechos humanos,
Bogota, Colombia, 4,5 y 6 de septiembre de 2002, Consultoría
para los decretos humanos y el desplazamiento, Codhes, Organización
internacional para las migraciones, OIM, Bogotá, Grafiq
Editores Ltda, 2003.
*Milson Betancourt Santiago.
Abogado por la Universidad Nacional de Colombia. Candidato a Especialista
Superior en Derechos Humanos, por el Programa Andino de Derechos
Humanos de la Universidad Andina Simón Bolívar,
Sede Ecuador.

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