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El libre mercado en crisis está destruyendo a la fuerza
de trabajo. Más de 300 mil bolivianos carecen de empleo
y cuentan con un ingreso cero, mientras que algo más de
dos millones y medio de ciudadanos están subempleados,
trabajan en condiciones precarias y ganan una miseria. Sólo
700 mil trabajadores tienen un empleo estable y un ingreso suficiente
para cubrir sus necesidades básicas.
El neoliberalismo y la crisis económica están destruyendo
poco a poco a la fuerza laboral boliviana. Como muy pocas veces
en su historia, el desempleo abierto ha superado los dos dígitos
y la desocupación encubierta, como es el subempleo, crece
a pasos agigantados.
Según el ministro de Desarrollo Económico, Horts
Grebe, un ex comunista que ahora defiende el libre mercado, sólo
dos de cada 10 bolivianos tienen un empleo estable y digno, en
tanto que uno está desocupado y otros siete son subempleados.
En número redondos, la realidad muestra que más
de 300 mil bolivianos carecen de empleo y cuentan con un ingreso
cero, mientras que algo más de dos millones y medio de
ciudadanos están subempleados, trabajan en condiciones
precarias y ganan una miseria. Sólo 700 mil trabajadores
tienen un empleo estable y un ingreso suficiente para cubrir sus
necesidades básicas.
La falta de empleo, en algunos casos, y los bajos salarios y
el deterioro de las condiciones de empleo, en otros, está
provocando que la fuerza laboral boliviana no pueda emplearse
a plenitud ni obtenga el ingreso necesario para cubrir los costos
mínimos de alimentación de los trabajadores y sus
familias, cada vez más amenazadas por la pobreza extrema
y la subalimentación, según los reportes conocidos
por ECONOTICIAS.
Desempleo en alza
Los datos oficiales muestran que el desempleo ha ido en alza
en los últimos años, rompiendo todos los registros
conocidos en las últimas décadas. Según el
Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Ministerio
de Desarrollo Económico, la tasa de desocupación
virtualmente se ha triplicado desde mediados de los años
90, especialmente en el área urbana.
La desocupación afecta a todos los sectores del mercado
de trabajo y a los diversos grupos ocupacionales, aunque es más
evidente en el sector privado empresarial y entre los obreros
y profesionales. Los informes parciales con los que cuenta el
Ministerio de Trabajo muestran que hay una sobreoferta de profesionales
y de obreros calificados que no cuentan con empleo.
La falta de empleos productivos y estables es cada vez más
evidente en el país, producto de la crisis económica
y los problemas del modelo de desarrollo, según establece
el diagnóstico del Ministerio de Desarrollo Económico
que advierte sobre 'crecientes niveles de injusticia, desigualdad
y la profundización de la heterogeneidad de la sociedad
boliviana'.
Y es que en los últimos años virtualmente no hubo
una creación de puestos de trabajo estables y productivas.
En sector empresarial las fuentes de empleo disminuyeron o fueron
reemplazadas por otras de menor calidad, con más bajos
salarios y sin prestaciones sociales ni beneficios médicos
y de jubilación. En el sector informal, las fuentes de
trabajo aumentaron significativamente, especialmente en el comercio
y los servicios, aunque a costa de ensanchar la precariedad y
el deterioro de las condiciones de trabajo.
Según el INE, el sector informal generó siete de
cada 10 nuevos empleos en la última década, configurando
un nueva estructura ocupacional cada vez más precarizada
y donde los empleos permanentes y estables tienden a ser reemplazados
por otros eventuales y temporales.
Subempleo y precariedad
Tanto en el sector formal como informal de la economía,
la calidad de los empleos se ha deteriorado en forma alarmante,
señala un informe del Ministerio de Trabajo, entidad que
recepciona un creciente número de quejas sobre la violación
de los derechos laborales, a pesar de sus evidentes limitaciones
para imponer algo de equidad en las relaciones obrero - patronales.
En los sectores empresariales, y en muchas reparticiones del
propio Estado, la política en materia de empleo ha sido
la reducción de costos a partir del redimensionamiento
de la planta de trabajadores. La disminución de salarios
se ha dado por la vía de la reducción y/o eliminación
de beneficios sociales y de aportes a la seguridad social, reemplazando,
en muchos casos, los contratos de trabajo por contratos civiles
que no son regulados por la ley laboral.
Los informes del Ministerio del Trabajo señalan que a
fines del 2003 se había podido constatar un 'exagerado
aumento del trabajo eventual, de los contratos a destajo y de
obra', así como de las jornadas de trabajo sin el respectivo
pago de horas extras y beneficios extraordinarios definidos por
ley.
A principios del 2003 se estimaba que sólo una quinta
parte de los trabajadores asalariados tenía un empleo permanente
y con prestaciones sociales. El resto se mantenía en la
eventualidad y la incertidumbre de que concluya su relación
laboral en cualquier momento por lo que han optado por someterse
a las decisiones patronales sobre salarios, horarios y modalidades
de trabajo.
Violación de derechos
En muchos casos, reportados en el Ministerio del Trabajo, la
maternidad y la incursión en actividades sindicales ha
provocado el despido de trabajadores, especialmente de obreros
y empleados. Según destaca la Federación de Fabriles
de La Paz se ha tornado común que 'obreros calificados
y con experiencia de años sean reemplazados por jóvenes
operarios con escasa preparación, con salarios más
bajos y sin beneficios sociales'.
'Los empresarios quieren una fuerza laboral más dócil,
sin experiencia sindical y menos política', dicen los dirigentes
de la Federación.
El caso de los profesionales y personal con alta calificación
también es patético. Muchos médicos, abogados,
ingenieros y técnicos especializados han tenido que ubicarse
en puestos que están muy por debajo de sus capacidades
y expectativas como empleados en el transporte, el comercio y
los servicios. Allí trabajan, muchos a cuenta propia y
los menos por un salario que no cubre los niveles requeridos para
su estándar de vida, por lo que hay una manifiesta insatisfacción
laboral y un creciente malestar social.
En la informalidad hay también un reemplazo de trabajo
remunerado por el aumento del trabajo familiar, lo que conlleva
una mayor explotación de la unidad familiar. El resultado
neto de estas tendencias en el mundo del trabajo es la caída
en la productividad, el malestar laboral, la violación
de los derechos legales y económicos de los trabajadores
y el aumento de los conflictos, señala el informe del Ministerio
de Trabajo.
* Tomado de: http://argenpress.info/nota.asp?num=014610

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