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de Derechos Humanos

 


Revista
Aportes Andinos
Octubre 2004

Aportes sobre Diversidad, diferencia e identidad

 

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Venezuela: En el mismo punto

 

Andrés Cañizález*

 


La crisis política venezolana parece haberse estancado en un mismo punto, que las cosas siguieran igual. La sola realización del referéndum revocatorio contra el presidente Hugo Chávez, como era de esperarse, no podía resolver una crisis que envuelve diversas expresiones de la vida sociopolítica y al contrario, el escenario postrevocatorio lo que nos presenta es un nuevo capítulo en el desconocimiento mutuo de los principales actores políticos, una sociedad escindida y lo que podría ser más grave: la perdida de interés de agentes mediadores internacionales (como el Centro Carter y la Organización de Estados Americanos), los cuales intervinieron activamente en los dos últimos años para lograr la "salida constitucional, democrática y electoral a la crisis política".

Camino a la consulta

El referéndum revocatorio aplicado a la figura del jefe de Estado es un mecanismo inédito en la historia democrática occidental. La sola realización de una consulta de esta naturaleza despertó innumerables expectativas tanto internas como internacionales y puso a prueba lo establecido en la Constitución Bolivariana de 1999, que el propio Chávez impulsara. Al revocatorio se llegó después de un largo, complejo y espinoso proceso, en el cual justamente la mediación foránea resultó determinante. La apuesta a este mecanismo, establecido constitucionalmente, puso punto final a las expresiones de un sector opositor que empeñado en desalojar a Chávez del poder, tomó senderos errados -con un saldo negativo tanto en lo político como lo institucional-. De aquellas acciones cabe mencionar básicamente el breve golpe de Estado de abril de 2002 y el paro de dos meses entre diciembre de 2002 y enero de 2003. Los yerros de estas decisiones, si se revisan los sondeos de opinión posteriores, significaron mayor respaldo para Chávez, aún de un tercer sector que se define como ni-ni (para marcar distancia del chavismo y del antichavismo), que decepcionado por la postura opositora se encontró sin opciones, especialmente en una coyuntura dicotómica como la que se vive en Venezuela.

En el camino al referéndum el gobierno de Chávez llegó literalmente blindado, y no se trata solamente de que tres de los cinco rectores electorales hayan votado siempre en una misma dirección con decisiones que pueden entenderse como trabas al intento opositor. Durante el último año el presidente puso en marcha el más amplio plan combinado de programas sociales que haya conocido el país en las últimas décadas, aupado por los altos precios petroleros. En el mejor estilo populista y actuando tal como si acabara de llegar al poder, es decir sin asumir la cuota de responsabilidad de sus cinco años anteriores de gobierno, el jefe de Estado lanzó planes de alfabetización, educación básica y secundaria, salud y alimentación, entre otros. Desde una perspectiva académica se pueden compartir las críticas que se hacen a tales planes, porque la pobreza en el país no se ha revertido ni se revertirá con dichos programas de corte asistencialista, pero desde la posición de aquellos más excluidos y empobrecidos, cualquier ayuda que reciban es bienvenida.

La oposición, por otro lado, no ha valorado cabalmente el peso político de Chávez. Venezuela es una sociedad en la cual desde la década pasada se hacía evidente una voluntad de cambio, un sentimiento de rechazo a los políticos tradicionales (y debilitamiento de éstos), además con una población empobrecida pero en la cual persiste el mito de ser parte de un país rico por su renta petrolera. El presidente logró sintonizarse con los más pobres: "Con Chávez yo existo", la frase que me diera una señora en una manifestación chavista, meses atrás, resume fielmente una realidad sociopolítica que le ha sido muy difícil contrarrestar a la oposición.

El día D

En medio de una sociedad con extremos polarizados, sin un acuerdo político entre los principales actores y con instituciones que no logran ganarse una imagen de independencia, difícilmente se podía llegar a lo que esperaba una parte importante del país y a lo que había venido apostando la mediación internacional: que el referéndum pusiera fin a la crisis. Aún cuando han quedado abiertas algunas puertas en la OEA -si la oposición presenta pruebas fehacientes-, para una eventual revisión de la validez de los resultados del referéndum, es un hecho que el presidente Chávez ha sido relegitimado en el poder con la consulta del 15 de agosto. Los avales tanto de la OEA, como del Centro Carter, y de otros observadores internacionales imparciales, apuntan a que no hay indicios de un fraude en la consulta, que por su propia naturaleza estuvo altamente observada, tanto de forma previa como el día en sí de la votación. En todo el proceso de preparación hubo hechos irregulares, por ejemplo en migraciones dentro del Registro Electoral y en inscripciones fuera de los lapsos legales, pero al aceptar la oposición tales situaciones en su momento y sólo denunciarlas de forma posterior -cuando se supo su derrota- ha terminado restándole fuerza a la denuncia.

Según los datos del cuerpo electoral, la votación fue en una proporción de 60-40 a favor de Chávez. Son registros muy similares a los comportamientos electorales en 1998 (cuando Chávez gana la presidencia por primera vez) y en 2000 (en elecciones para relegitimarse tras entrar en vigor la nueva carta magna). En esta ocasión, con el referéndum, la derrotada fue la abstención, pues bajó la media histórica de 40 por ciento a un 25 por ciento.

De acuerdo con los sondeos de opinión, el "chavismo duro" está en torno al 30-35 por ciento, y en esta ocasión la expresión de un tercer sector (los ni-ni) a favor del gobierno, en medio de una votación en la cual sólo cabía decir Sí o No, podría entenderse también como un voto castigo a la oposición, o expresión de dudas ante la falta de propuestas y dirigencia clara por parte de la opositora Coordinadora Democrática, para llevar a adelante un gobierno de transición post-Chávez.

Hemos dicho que el país post-revocatorio no parece sustancialmente diferente al que se tenía antes de la consulta. La oposición no reconoce el peso político del chavismo y tal como en acciones anteriores no existe en el seno de la Coordinadora Democrática un espíritu autocrítico para valorar sus propias decisiones, necesario para replantearse los nuevos escenarios de lucha política democrática. En el seno del gobierno y de sus aliados, se festeja la victoria sin admitir el hecho relevante que casi la mitad del país está en contra, y de que su triunfo no tiene que ver exclusivamente con sus capacidades, sino también con la falta de norte opositor. El discurso oficialista confunde muy fácilmente mayoría con hegemonía, y no son lo mismo.

El país post-revocatorio sigue reclamando puentes, diálogo, inclusión. Fundamentalmente reconocimiento del otro. Una consulta en sí no iba a lograrlo, se requería (y aún se necesita) voluntad política de los principales actores. Más allá de los resultados, la gran demostración ciudadana del 15 de agosto, con la masiva y paciente votación de los venezolanos, ha sido decir que la solución de la crisis debe ser en el marco democrático. Aún se espera por tal salida.


*Andrés Cañizález. Director de la revista Comunicación que edita el Centro Gumilla e investigador asociado del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello.

 

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