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A primera vista, puede parecer extraño abordar el derecho
a la vivienda como un derecho humano básico. Un techo inadecuado
e inseguro, sin embargo, amenaza la calidad de vida de los individuos,
atentando directamente contra su salud física y mental.
En otras palabras, la violación del derecho a la vivienda
niega la posibilidad de una vida digna. Esta idea ha sido reflejada
en el derecho internacional, a través de instrumentos como
la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
¿Cuáles son los elementos que constituyen el derecho
humano a la vivienda?
Habitat Internacional Coalition (HIC), una red de ONGs que trabaja
con el tema de la vivienda, desarrolló una herramienta
de monitoreo que identifica 14 elementos constitutivos del derecho
humano a la vivienda. Estos elementos se desprenden de las obligaciones
que los estados contrajeron al ratificar diferentes tratados internacionales
y otras leyes comúnmente aceptadas.
Estos elementos son: seguridad de tenencia; bienes y servicios
(entre los cuales se encuentra el agua, considerado un requisito
esencial para un pleno derecho a la vivienda); accesibilidad económica,
habitabilidad, accesibilidad física, ubicación,
tradiciones culturales, libertad frente a posibles desalojos,
información, capacitación, participación
y libertad de expresión, realojamiento, ambiente saludable,
seguridad y privacidad.
A pesar de que este derecho se encuentra bien definido, existe
una gran distancia entre las palabras y los hechos. De acuerdo
a cifras de la ONU, mil millones de pobladores urbanos tienen
problemas relacionados con la vivienda. La mayoría vive
en asentamientos irregulares en países en desarrollo. De
acuerdo a la sociedad civil y a diferentes expertos, la gran culpable
es la globalización corporativa y sus efectos negativos
en las vidas de los pobres. Como señala Miloon Kothari,
relator especial de la ONU en temas de vivienda, "las apremiantes
desigualdades de ingreso y oportunidad entre y dentro de los países
han conducido al incremento en la cantidad de personas sin vivienda
adecuada y segura. Los derechos humanos que poseen las personas
y las comunidades a la vivienda, el agua y el saneamiento (
)
siguen erosionándose a medida que el proceso de privatización
se profundiza y acelera".
Instancias de discusión
En el ámbito de la ONU está teniendo lugar un debate
candente. Conferencias, declaraciones y seguimientos se han convertido
en un campo de batalla donde las ONG vienen denunciando regresiones
con respecto a logros ya obtenidos.
La primera conferencia sobre vivienda y asentamientos, conocida
como Habitat I, tuvo lugar en Vancouver (Canadá) en 1976.
Equidad, justicia social, solidaridad, dignidad humana, libertad
de acción y de movimiento fueron los principios fundamentales
articulados en esta conferencia. Allí se recomendó
que los gobiernos y las organizaciones internacionales dediquen
todo su esfuerzo a tomar acciones urgentes. Sin embargo, los problemas
no solo persistieron sino que se multiplicaron en número
y alcance.
Veinte años más tarde, en 1996, la ciudad de Estambul
fue sede de Habitat II. La Agenda Habitat, documento adoptado
por los estados miembro, representó un gran adelanto. Allí
se reconoció el derecho a la vivienda como un derecho humano
fundamental. Durante todo el proceso se hizo énfasis en
la importancia de la participación de la sociedad civil,
transformando el abordaje con el que hasta ese momento se habían
encarado los objetivos de Vancouver. Se promovió una participación
real y efectiva de las ONG en los procesos de negociación.
En la conferencia Estambul + 5, que tuvo lugar en Nueva York
en 2001, la ONU revisó la implementación de la Agenda
Habitat. De acuerdo a las ONG presentes, este nuevo proceso implicó
un retroceso con respecto a Habitat I, en cuanto a participación
de las ONG y autoridades locales. En este contexto HIC emitió
una declaración, firmada por 30 ONG de 20 países,
donde condenó la ausencia de toda referencia al derecho
a la vivienda como un derecho humano en la declaración
final de la Conferencia. Allí declaró que "esta
regresiva tendencia post Estambul ha sido defendida por muy pocos
estados".
El derecho a la vivienda también está siendo discutido
en otro ámbito: las Metas de Desarrollo del Milenio. En
el año 2000 los estados miembro de la ONU acordaron trabajar
de cara al cumplimiento de ocho metas de desarrollo, subdivididas
en 18 objetivos específicos y mensurables. La meta 7 -
objetivo 11 apunta a una mejora significativa en las vidas de
cien millones de habitantes de asentamientos irregulares para
el año 2020. Los relatores especiales del Comité
para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales y de
la Comisión de Derechos Humanos de la ONU están
promoviendo la participación de las ONG en el monitoreo
que está llevando a cabo UN-HABITAT, organismo de la ONU
encargado de los temas de vivienda y asentamientos. También
están promoviendo la adopción de una perspectiva
de derechos humanos (que incluye a los derechos económicos,
sociales y culturales) en el proceso general de las Metas de Desarrollo
del Milenio.
El Banco Mundial ha participado en esta iniciativa a través
de su programa "Alianza de las ciudades" (lanzada conjuntamente
con UN-HABITAT). De acuerdo a sus promotores, el programa fue
creado para "fomentar nuevas herramientas, enfoques prácticos
e intercambio de ideas para promover el desarrollo económico
global y atacar los problemas de pobreza urbana. Sus actividades
refuerzan la implementación de la Agenda Habitat".
Al considerar el derecho a la vivienda como un derecho humano
es necesario adoptar una perspectiva de género. Las mujeres,
ya sean de hecho o de derecho, son excluidas y discriminadas en
prácticamente todos los aspectos relacionados con la vivienda.
Es necesario que se tomen acciones positivas para asegurar su
derecho a la herencia y la propiedad de la tierra y otros bienes;
al crédito; a los recursos naturales y la tecnología
apropiada, así como también para garantizar su derecho
a la seguridad de tenencia y la capacidad de ser parte de un contrato.
Los palestinos que viven en los territorios ocupados constituyen
otro grupo vulnerable. Aquí la demolición de hogares
se ha convertido en un sistemático y poderoso medio de
dominación. Las zonas aisladas de la Franja de Gaza, tal
como varias ONG locales lo han señalado, son ejemplo del
castigo colectivo que Israel les inflinge a los civiles palestinos.
A este respecto es importante señalar que ha habido una
regresión respecto a un derecho ya adquirido y reconocido
internacionalmente.
¿Cuál es la respuesta de la sociedad civil a esta
crítica situación global?
Muchas ONG están trabajando activamente para encontrar
soluciones alternativas. Sus ejes de acción son básicamente
dos: participación de la comunidad e intercambio cara a
cara de experiencias exitosas. Existe un número creciente
de grupos pertenecientes a comunidades pobres que se están
movilizando, organizando encuentros y visitas. Esta metodología
de intercambio y aprendizaje ha demostrado ser particularmente
exitoso a la hora de romper con el aislamiento de muchas comunidades.
UN-HABITAT y The Together Foundation han lanzado una iniciativa
que reúne muchas de estas experiencias exitosas. De esta
manera se ponen de manifiesto "los mecanismos prácticos
en los que el sector público, el privado y la sociedad
civil han trabajado juntos para mejorar la gobernabilidad, erradicar
la pobreza, proveer acceso al techo, la vivienda y los servicios
básicos, proteger el ambiente y apoyar el desarrollo económico."
*Fuente:
http://www.choike.org/nuevo/informes/1119.html
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