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Cuando se habla o se escribe sobre los Derechos Humanos en el
Perú, casi siempre el imaginario colectivo se traslada
a las imágenes de torturas, asesinatos y desapariciones
de pobladores y dirigentes sindicales y populares que se dieron
en los diferentes gobiernos de turno; y que se recrudeciera en
la década de los 90 en el nefasto régimen del Gobierno
corrupto de Alberto Fujimori.
Sin embargo, en el Perú como en toda América Latina,
no solo los derechos civiles y políticos son vulnerados.
Sino que impuestos como políticas de Estado y siguiendo
las imposiciones de las transnacionales se truncan las aspiraciones
de los pueblos a una vida digna, a un trabajo decente, a una remuneración
justa y el acceso a los servicios públicos esenciales.
Es decir, se vulneran también los derechos económicos,
sociales y culturales.
La modernización del Estado peruano y la privatización
de los servicios públicos
La Modernización del Estado, en nuestro país, implicó
una serie de reformas en la administración pública.
Esta reforma puso énfasis en la reducción del gasto
público en los servicios básicos esenciales y el
diseño de una estrategia de privatización de los
servicios públicos. La reducción del gasto público
se centró en reducir el presupuesto, en flexibilizar las
condiciones laborales y en desconocer los derechos de los/as trabajadores/as,
por un lado; y de otro, se adecuó el marco legal a través
de la promulgación de una nueva Constitución en
el año 1993, para facilitar la privatización de
los servicios públicos con la participación del
sector privado.
Las Instituciones Financieras Internacionales (IFIS), y particularmente
el Fondo Monetario Internacional, plantearon como tesis que para
el desarrollo de los países pobres, se tenía que
flexibilizar las condiciones laborales, reconocer menos derechos
y privatizar los servicios públicos. Este modelo se impuso
de manera global, con consecuencias nefastas para los países
en desarrollo como Perú, en donde para operativizar esta
tesis lo primero que se hizo en el año 1993 fue promulgar,
tal como informa la Coordinadora de Derechos Humanos, una nueva
Constitución que legalice la vulneración de los
derechos y se supriman los artículos de la Constitución
de 1979, donde se reconocía expresamente el derecho a una
vida digna, que permitía asegurar el bienestar propio y
el de la familia (Articulo 2, 15 Constitución del 79)
La privatización de los servicios públicos y
los derechos humanos
El proceso de privatización de los servicios públicos,
ha profundizado la brecha de la pobreza extrema, ha generado más
subempleos y desempleos; pero sobre todo, ha reducido el acceso
de la población a los servicios esenciales como la salud
y educación; vulnerándose de esta manera los derechos
económicos, sociales y culturales de la población.
La privatización de los servicios de salud y de educación
implica que estos servicios básicos para la población
sean tratados como una mercancía o un producto que se oferta
en el mercado al mejor postor; y solo pueden acceder a ella los
que tienen los recursos económicos suficientes, excluyendo
a los sectores más pobres y desprotegidos. Existe un sistemático
abandono del Estado en atender estos servicios sociales, que son
de su competencia; y se viene operativizando la reducción
drástica y sistemática del presupuesto destinados
a la Salud y Educación, priorizándose el pago de
la deuda externa y el presupuesto de las fuerzas armadas.
El derecho a la salud y los derechos humanos
En Perú nuestra legislación no garantiza plenamente
el derecho a la salud de la población. La Constitución
del año 1993 sólo reconoce el derecho a la prevención
y promoción de la salud; a diferencia de la Constitución
del año 1979 que si garantizaban plenamente reconociendo
el derecho a la promoción, prevención y atención.
El acceso a los servicios de salud debe ser considerados como
un derecho fundamental de la persona, un bien social y cultural,
y no una mercancía o producto económico. El Estado
está en la obligación de promover el acceso a estos
servicios sociales, en forma equitativa y sin discriminación.
La prestación privada de los servicios de salud y educación,
pone en el centro del debate los derechos humanos. Cuando los
hogares en extrema pobreza no pueden pagar el acceso a la atención
médica básica, las políticas privatizadoras
de los servicios de salud, pone en juego el futuro y el desarrollo
de la vida misma de la población en extrema pobreza.
En el Perú se viene dando un proceso gradual de privatización
en el sector salud, que surge a medida que el gobierno reduce
el presupuesto para el sector, trasladando los costos operativos
a la población y a los servidores públicos. En los
años 1997 y 1998, los presupuestos de los establecimientos
de salud, cubría el 70% de los gastos operativos; y, un
30% era asumido por la población, a través de las
tarifas de atención. Esta situación se ha ido modificando
cada año. A la fecha, el 60% de los gastos operativos esta
siendo cubierto por los propios establecimientos de salud, a través
de los recursos directamente recaudados. Ingresos
que se obtienen a través de elevar el precio de la atención
médica. El ejercicio de los derechos en salud debe suponer
un acceso equitativo y no grandes diferencias entre quienes tienen
dinero para pagar y quienes simplemente deben morir por no tener
el dinero suficiente para acceder a los servicios de salud. Esta
situación profundiza la discriminación y marginación
social de la población en extrema pobreza.
La experiencia del decenio anterior y los años subsiguientes
ha puesto en evidencia que la privatización de los servicios
públicos, anula el derecho al acceso a los servicios sociales
básicos de la población.
En estos procesos de privatización de los servicios públicos
también se han afectado derechos de los/as trabajadores/as;
se han flexibilizado las relaciones laborales y se han despedido
a miles de hombres y mujeres, vulnerando así su derecho
a un trabajo digno y decente; así mismo esta flexibilización
laboral ha atentado contra la estabilidad laboral, y por disposición
de las Leyes de presupuesto ya no hay nombramiento de personal,
y el ingreso de nuevo personal es bajo la modalidad de contratación
de "servicios no personales" , configurando un sector
de trabajadores/as en condiciones precarias y sin derechos laborales.
Solo los Servicios Públicos de calidad pueden garantizar
los derechos humanos de la población. Y estos servicios
públicos de calidad solo serán posibles en la medida
que cuenten con trabajadores capacitados, altamente motivados
y bien remunerados; así mismo estos servicios públicos
deben contar con presupuestos óptimos que cubran la demanda
de atención de la población con justicia y equidad,
y que se encuentren en manos públicas y no privadas.
Este es el esfuerzo en el que nos encontramos un conjunto de
organizaciones sindicales del sector público, que en conjunto
con nuestra federación mundial, la Internacional de Servicios
Públicos, hemos emprendido una campaña global que
otorgue un nuevo sentido a lo público como un espacio de
democracia y participación y particularmente como una posibilidad
de alcanzar justicia e inclusión social.
*Julia Cabello.
Socióloga. Master en Sociología, mención
en Organización y desarrollo. Especialista en Gerencia
de Recursos Humanos. Ha realizado además estudios sobre
Género y desarrollo. Actualmente forma parte del Comité
Nacional de Mujeres de la Internacional de Servicios Públicos,
ISP, en Perú.
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