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La descentralización administrativa y política
La descentralización se está llevando a cabo con
rapidez en muchos países de América Latina y el
Caribe. La responsabilidad del suministro de servicios y del gasto
público se está delegando cada vez más en
los gobiernos locales, pues es evidente que los gobiernos descentralizados
son más eficientes para responder a las demandas por la
provisión de servicios, más flexibles para adaptarse
a los cambios en las circunstancias locales y más responsables
frente a la población local que los gobiernos centralizados.
En efecto, los gobiernos locales son mejores que los centrales
en reconocer las necesidades y preferencias de sus residentes,
lo que puede traducirse en proporcionar un mayor nivel de bienes
públicos en cada jurisdicción, puesto que para sus
habitantes es más fácil responsabilizar a los funcionarios
locales que a los funcionarios del nivel central. Por lo tanto,
las consideraciones de eficiencia a largo plazo indican que el
reciente impulso descentralizador en la región es un acontecimiento
muy favorable.
Según el Banco Mundial, "desde las elecciones populares
para alcaldes en muchas ciudades de la región, se pueden
encontrar muchos ejemplos de "prácticas óptimas"
a nivel local. Entre estos ejemplos se incluye un mayor profesionalismo
en la administración municipal, una movilización
y manejo más efectivos de los recursos locales y regionales,
innovaciones en la provisión de servicios públicos,
mejoramiento de las relaciones entre el sector público
y privado (entre otros un drástico aumento en la participación
de las organizaciones no gubernamentales como socios en la provisión
de servicios y una mayor intervención del sector privado)
y una mayor participación local en la toma de decisiones
públicas. A pesar de esta evidencia anecdótica,
sin embargo, aún es necesario comprender mejor la real
dimensión de estas mejorías y si han tenido o no
efectos positivos concretos". (Banco Mundial -"La larga
marcha"-1997)
Por otra parte, advierte: "Un sistema eficiente de tributación
local y de participación en los ingresos es esencial para
aumentar la eficiencia del proceso de descentralización
y para mantener el equilibrio fiscal general. Si la descentralización
en exceso de la transferencia a los gobiernos locales de los ingresos
obtenidos por los gobiernos centrales y no de las actividades
locales de recaudación de impuestos, los funcionarios locales
tendrán pocos incentivos para utilizar eficientemente los
recursos o para someterse al control de las comunidades locales".
En dicho caso, la carga de las finanzas del gobierno central
rápidamente puede llegar a ser insostenible. Este problema
se agrava cuando la transferencia de ingresos es deficiente, la
"coparticipación", o la repartición de
unos pocos ingresos tributarios entre los gobiernos centrales
y locales, induce a las autoridades territoriales a doblegar su
autonomía en función de lograr "mayor atención"
del gobierno central. De hecho, la dependencia de las "transferencias"
determina el sometimiento a políticas definidas por los
gobiernos nacionales en múltiples campos (estructura administrativa;
planes de desarrollo local y regional; privatización de
entidades y servicios públicos; sistema de tarifas e impuestos
y de contratación; administración de personal, regímenes
prestacionales y salariales, etc.).
La municipalización de servicios públicos
En el contexto de la descentralización, mediante la aplicación
de un sistema de participaciones, los gobiernos centrales transfieren
recursos a los municipios para cubrir obligaciones relacionadas
con salud, educación, vivienda, desarrollo local (infraestructura),
subsidios, entre otros. No se ignora que la salud y la educación
representan el mayor porcentaje de estas transferencias (aproximadamente
el 80%), en razón del alto costo de las nóminas
de maestros y empleados de la salud, la construcción de
centros hospitalarios y escuelas, su mantenimiento y sostenimiento.
Le sigue en importancia o incidencia, la expansión de la
infraestructura del suministro de agua, alcantarillado y otros
servicios públicos domiciliarios.
Estas transferencias, por supuesto, son insuficientes, razón
por la cual los municipios se ven abocados a enfrentar las demandas
de las comunidades, lo que consecuentemente profundiza la exclusión
social y la pobreza. Esto, naturalmente, responde al proceso de
ajuste estructural del Estado, encaminado a reducir el tamaño
de la administración central y delegar sus responsabilidades
sociales en los entes territoriales. La incapacidad de los municipios
para satisfacer las necesidades básicas de la población,
alienta la participación del sector privado que se presenta
como alternativa en la oferta de servicios públicos. Así,
se abre las puertas a la privatización.
La privatización de servicios públicos
En efecto, la estrategia principal está encaminada al
desarrollo de un proceso progresivo de privatización de
entidades y servicios públicos, proceso que debe enfatizar,
pero no agotarse, en las actividades típicamente industriales
y comerciales que realiza el Estado. No debe reparar en la distinción
jurídica relativa a la naturaleza de la entidad que las
desarrolla. Entre tales actividades se incluyen las hoteleras
y de turismo; servicios financieros; producción manufacturera;
grandes proyectos de irrigación; producción cinematográfica;
minería y petróleo; extracción y distribución
de gas; generación, transmisión de energía
eléctrica; industria petroquímica; telefonía
local; producción y comercialización de insumos
agropecuarios; transporte; puertos; previsión social; formación
y actualización catastral; correo; importación y
exportación de alimentos; tiendas gubernamentales; construcción
de vivienda; producción y distribución de licores,
salud y educación, entre otras.
Así mismo, cobija algunas actividades que han venido realizando
entidades públicas. Entre ellas las construcción,
sostenimiento y mantenimiento de obras públicas, de almacenamiento
y depósito, impresión, producción audiovisual,
restaurantes y cafeterías, mecánica, aseo, reparación
de maquinaria, transporte de personal, procesamiento automático
de datos, operación de bibliotecas y centros de documentación,
lectura de medidores, facturación, entrega de facturas
y gestión de recaudo, cobro y pagos.
En relación con tales actividades debe examinarse todo
el abanico de alternativas de gestión, desde las típicamente
estatales hasta las puramente privadas, pasando por variedades
de relación contractual que estén entre uno y otro
extremo. Así mismo, debe considerarse desde la renuncia
a algunas funciones hasta la simple eliminación de monopolios
estatales
No se requiere mucho esfuerzo para entender que la adopción
de este esquema tiene graves consecuencias laborales: despidos
masivos y extinción de la relación contractual propia
de los trabajadores oficiales, ligados a la construcción,
sostenimiento y mantenimiento de obras públicas o quienes
prestan servicios en las empresas industriales y comerciales o
de economía mixta del Estado.
El esquema propuesto permitiría recuperar, liberar y revalorizar
recursos públicos, con el propósito de reasignarlos
para construir un eficiente aparato de justicia y para desarrollar
la competencia técnica y las capacidades institucionales
de las fuerza militares, los cuerpos de seguridad y la policía,
esto es, la metamorfosis del Estado bienestar en Estado gendarme.
Esto no es nuevo, desde el decenio de los años 80, caracterizado
por la crisis de la deuda, se iniciaron las presiones del FMI
y el BM, para forzar los cambios y ajustes estructurales del Estado,
en desarrollo de las políticas neoliberales impuestas por
la globalización del capitalismo.
¿Hacia dónde vamos?
En la medida que avanzan los procesos de reestructuración
estatal, que fundamentalmente apuntan a la privatización
de las empresas de servicios públicos domiciliarios, la
educación y la salud, además de las actividades
industriales y comerciales, se entenderá cabalmente que
los países de América Latina y del Caribe están
preparados para ingresar al ALCA o para suscribir acuerdos bilaterales
de libre comercio con los desarrollados del norte.
El ALCA es una realidad, un proceso en marcha, cuyas consecuencias,
económicas y políticas, se evidencian en la crisis
que viven los pueblos del continente americano. Se fraguó
en 1995 bajo las pautas de la "Iniciativa para las Américas"
que formuló el Presidente Bush (padre), ante la imperiosa
necesidad del gobierno de los Estados Unidos -y las transnacionales
de capital norteamericano- de mejorar sus ventajas competitivas
en el campo comercial frente a sus competidores europeos y japoneses.
Para el desarrollo y culminación de las negociaciones
del ALCA se fijó un plazo de 10 años (hasta el 2005),
al cabo del cual se aplicarán los acuerdos y condiciones
que paulatinamente ha venido imponiendo Estados Unidos a los pueblos
latinoamericanos. En efecto, Estados Unidos ha buscado, por medio
de cualquier mecanismo de presión, abrir los mercados del
sur, lo que ha significado que estos países eliminen todo
tipo de barreras a las empresas y productos extranjeros. Tales
barreras son: aranceles, cuotas límites anuales o mensuales
sobre la cantidad de bienes que se pueden importar y exportar,
contratos preferenciales para la compra de bienes nacionales,
y todo tipo de subsidio o preferencia que los gobiernos del sur
antes daban a sus productores nacionales, industriales o agrícolas.
Lo anterior significa que todos los países deben abrir
sus mercados para que las empresas extranjeras puedan conquistarlos,
desplazando así a los productores nacionales de sus propios
mercados. El resultado siempre va a ser el mismo: un costo social
altísimo, una pérdida enorme de soberanía,
y el retraso total de la búsqueda de un desarrollo económico
nacional con equidad.
Los tratados de integración comercial en Latinoamérica
(Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el MERCOSUR,) supuestamente
se traduciría en mayor capacidad negociadora con los países
desarrollados. Sin embargo, las presiones sobre estos intentos
de autonomía, expresión de soberanía, han
resultado infructuosos frente a las maniobras y presiones de los
EE.UU. Experiencias amargas, como "el efecto tequila"
en México y las crisis económicas y políticas
de Brasil, Ecuador, Uruguay, Bolivia, Perú, Argentina,
Venezuela y, más recientemente, Colombia, son manifestación
de la debilidad competitiva de los países del sur.
Colombia, en particular, ha sido objeto de sucesivas intervenciones
del FMI, el BM y el BID, mediante la formulación de recetas
económicas de choque (apertura económica; reformas
laborales y de la seguridad social, reformas tributarias, reducción
del Estado), cuyas consecuencias, entre otras, son: la ruina del
campesinado, altas tasas de desempleo y subempleo, precarización
y flexibilización laboral, concentración del ahorro
por concepto de pensiones en el sector financiero, privatización
creciente de la salud, la educación y los servicios públicos
domiciliarios, liquidación de empresas estatales, aumento
desbordado de la pobreza y agudización del conflicto armado,
con su secuela de desplazamiento masivo.
No se equivoca quien en el Foro de Quito contra el ALCA, manifestó:
"El ALCA no es un instrumento distinto a la guerra: es esencialmente
una doble declaración de guerra comercial y financiera.
Las corporaciones transnacionales estadounidenses pretenden desplazar
a sus competidores europeos y asiáticos de su actual participación
en el mercado subcontinental, al tiempo que disputan a los latinoamericanos
sus propios mercados locales y regionales, e incluso su participación
en el mercado mundial. Así, el ALCA se perfila como un
programa integral de recolonización, cuyas previsibles
consecuencias amenazan superar la tragedia del colonialismo español".
Para el dogma neoliberal, con excepción de la gestión
estatal encaminada a garantizar la seguridad ciudadana, la regulación
y control de normas y la administración de justicia, funciones
que son indelegables, prácticamente no existe actividad
económica y social de la órbita pública donde
la iniciativa privada no tenga posibilidades de intervenir. A
los países latinoamericanos se les impone la liquidación
o privatización de empresas y servicios estatales, calificados
como monopolios, y conceder a las empresas multinacionales el
derecho de entrar en el país, es decir, destruir las empresas
nacionales y establecer un nuevo monopolio privado protegido por
la legislación interna.
La comercialización de servicios
Los acuerdos concluidos, en el marco de la OMC, para promover
el crecimiento del comercio internacional, pone en peligro el
papel de los Estados en la tarea de determinar políticas
para el bien de los intereses de los países en vía
de desarrollo y de sus gentes. Connotación especial, merecen
los compromisos relacionados con el Acuerdo General sobre el Comercio
de Servicios (AGCS), cuyos efectos amenazan con desbordar cualquier
cálculo sobre las posibilidades competitivas de nuestras
naciones a la hora de enfrentar el avance del implacable desarrollo
del comercio internacional, con el predominio de los países
desarrollados. Esto preocupa mucho más cuando de examinar
se trata las condiciones que se vienen imponiendo a los países
latinoamericanos en las negociaciones del ALCA, que a todas luces,
tiene las características propias de un acuerdo de anexión
a los intereses norteamericanos.
Las cuestiones que forman parte de la liberalización del
comercio de servicios son complejas. Abarcan las nuevas tecnologías,
la naturaleza misma de la democracia en el futuro y el medio ambiente.
Afectan al carácter de los servicios públicos, sobre
todos los servicios domiciliarios, la salud y la educación.
La liberalización del comercio de servicios forma parte
del proceso de mundialización; está realizándose
y continuará, ya que ofrece la posibilidad de ganar dinero
en proporciones superiores a las previstas en la comercialización
de mercancías. Las teorías económicas sobre
la ventaja competitiva se aplican tanto a los servicios como a
las mercancías.
Lo anterior tiene una profunda trascendencia sobre las reglas
del comercio, cuyo alcance anterior estaba limitado al comercio
de productos, razón por la cual su enfoque era la rebaja
de las tarifas y las cuotas. En consecuencia, los acuerdos de
comercio también incluirán la competencia internacional
en "los servicios", a saber: los servicios financieros
(bancos, corporaciones, etc.), las telecomunicaciones, el correo,
los servicios públicos domiciliarios, la salud y la educación.
En muchos países, compete al Estado asegurar y proteger
el acceso a los servicios básicos para el desarrollo humano
a todos sus ciudadanos, razón por la cual el Estado mismo
provee tales servicios. Sin embargo, son también muchos
los países donde se ha abierto la posibilidad a sectores
con fines de lucro para participar en la provisión de los
mismos. Muchas corporaciones multinacionales ven en los servicios
públicos un mercado que podría generar muchas ganancias
si fueran privatizados y "liberados" de las regulaciones
estatales.
La aplicación del Acuerdo General sobre el Comercio de
Servicios profundizará y acelerará la privatización
del sector público de las Américas, por efecto del
ALCA, cuyas regulaciones integran las decisiones y estrategias
de la OMC, por cuanto los países del continente también
participan en este organismo comercial. Todos los intentos fallidos
hasta ahora de privatizar servicios como la seguridad social,
la salud, la educación y los servicios públicos
domiciliarios, entre otros, encontrarán en el ALCA el escenario
propicio para hacerlo de manera obligatoria e irreversible.
*Jorge Luis Villada.
Pedagogo e investigador social. Actualmente se desempeña
como Facilitador de procesos de formación de la Internacional
de Servicios Públicos, ISP.
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