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Julio 2004

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Referéndum a la vuelta de la esquina

 

Andrés Cañizáles*

 


Las cartas, finalmente, han sido puestas sobre la mesa después de un proceso lleno de incertidumbres, dificultades y tensiones. La sangre no llegó al río, pues la violencia tuvo signos aislados, y así las cosas caminamos hacia el 15 de agosto, fecha pautada para la realización del referéndum revocatorio para el mandato del presidente Hugo Chávez. Tras el proceso de reparos, entre el 28 y 30 de mayo, el Consejo Nacional Electoral (CNE) validó 2'541.636 firmas, con lo cual 105.553 rúbricas estuvieron por encima del 20 por ciento del electorado, que era el mínimo necesario para que se activara la consulta. Teniendo el referéndum a la vuelta de la esquina existen, desde nuestra perspectiva, al menos cuatro aspectos centrales en este crucial momento político.

La derrota es de los radicales

Sin duda, las cifras definitivas dadas por el CNE no se ciñen a los cálculos previos de los dos principales actores políticos del país. La opositora Coordinadora Democrática trabajó en función de un "colchón" de firmas mucho más holgado, que simbólicamente le permitiera exhibir una contundente victoria. La meta de alcanzar en el proceso de recolección de firmas una cifra igual o superior a los votos con los cuales fue electo el presidente Chávez (3,8 millones), no se alcanzó. A esto se suma el desgaste político que sufrió la oposición durante medio año, tiempo sumamente largo entre las jornadas de recolección de firmas y finalmente la confirmación de convocatoria para el referéndum.

El gobierno, por su parte, puso en marcha diversas estrategias, algunas de ellas negadoras del derecho a la participación política (como los despidos y presiones laborales a los firmantes), que por un lado intentaron deslegitimar el proceso de recolección de firmas desde el principio, y posteriormente se buscó revertir el logro de la Coordinadora Democrática, con la convocatoria del referéndum, escenario al cual no deseaba llegar el sector oficial.

En una perspectiva democrática, la convocatoria a un referéndum en realidad significa una clara derrota para los radicales de lado y lado. En las filas de la oposición de forma sistemática se pronunciaron voces, no mayoritarias por suerte, llamando a abandonar el proceso de negociación política que ha desembocado en esta consulta, y pasar a otras formas de lucha. En el seno del chavismo, aún después de conocerse la decisión del jefe de Estado de reconocer la decisión del CNE, algunos clamaron por no darle validez a lo que se calificó de un fraude. Llegar a la convocatoria no ha sido un camino fácil, pero era el único viable para darle piso a la posibilidad de que la crisis actual sea superada en un marco democrático y constitucional.

De forma insistente, en los últimos meses, se vinieron haciendo vaticinios sobre el momento en el cual el presidente Chávez le daría una patada definitiva a la mesa del juego democrático. Las primeras señales después de los reparos nos indican que -al contrario- tendremos, en estas semanas previas al 15 de agosto, a un Chávez en buena forma política para hacer lo que mejor ha hecho hasta ahora: campañas electorales. Esto representa un serio reto para la opositora Coordinadora Democrática, en cuyo seno la cercanía de una elección presidencial enciende pasiones de todo tipo, y esto podría incidir como ha pasado en momentos recientes de nuestra historia para que afloren diversidad de agendas políticas, perdiéndose de vista la meta central: el referéndum revocatorio.

La meta no puede ser contarnos

Convertir al referéndum en mero mecanismo para reflejar cómo está polarizado o dividido el país no tiene un sentido político de largo aliento. El proyecto de país que de forma equivocada ha pretendido implantar el presidente Chávez es ya conocido por la sociedad venezolana, y si se alcanza la cantidad necesaria de votos, para que deje el poder, será una clara señal de que no era ese el camino para alcanzar la meta de nación. Sin embargo, en la acera de enfrente encontramos como opción un gran signo de interrogación: ¿Cuál es el proyecto de país que ofrece la Coordinadora Democrática en caso de que se desaloje democráticamente a Chávez de la presidencia?.

Caminamos a tientas y eso justamente ha hecho crecer un tercer sector que será decisivo en la consulta. En esos, que en algún momento los estudios de opinión pasaron a denominar "ni-ni" (según las diferentes encuestas, entre 30 y 40 de los venezolanos se autodefine por la negación de poner distancia a uno u otro bando, por lo que han sido bautizados como "ni-ni", ni chavista ni de oposición), está precisamente el fiel de la balanza para inclinarse hacia un lado u otro en la próxima consulta. Desde esa dimensión hace falta llenar de sentido político y democrático al referéndum. Sí, es una manera de contarnos, de reflejar cómo y en que medida se transformó la opinión política del venezolano en los últimos tres años. Pero al mismo tiempo, la nueva estadística electoral que emane de las urnas representa una posibilidad de consolidar la democracia, entendiendo a este sistema no sólo como el gobierno de las mayorías, sino justamente aquel en el cual se respetan a las minorías. Además, en un contexto tan particular como el nuestro cabe recalcar que se trata de construir convivencia entendiéndonos diferentes.

La meta del referéndum no puede ser exclusivamente contarnos, pues terminará reflejando lo que en el fondo ya sabemos, nos arrojará cifras sobre una polarización que vivimos cotidianamente. Se trata de que la consulta sirva de trampolín para impulsarnos a otro escenario de interacción política en la cual se den pasos ciertos -desde el ejercicio del poder, desde los espacios ciudadanos- para despolarizar el debate socio-político venezolano.


Observados por suerte

La experiencia de los reparos nos deja como aprendizaje la necesidad de contar con observadores internacionales. Está claro que técnicamente en el país se cuenta con la necesaria experticia, pero requerimos de ojos foráneos debido a que la consulta ocurrirá en medio de la polarización en la que estamos, en la cual cada lado político desconfía completamente del otro, unido a una rápida deslegitimación del árbitro electoral -producto justamente de lo primero-, y teniendo como trasfondo social una expectante sociedad que ve en el referéndum la necesaria "taima" política. De forma más preocupante, existen indicios de la preparación para "otros escenarios" (violentos, sin duda), de actores hasta ahora minoritarios de los dos sectores políticos más enfrentados.

Durante las jornadas realizadas entre el 28 y 30 de mayo, se hizo evidente que la intervención personal de Jimmy Carter y César Gaviria -incluso actuando más allá del rol exclusivamente de observación-, fue determinante para destrabar ciertos nudos políticos. Los días de tensión que se vivieron en Venezuela, debido a la falta de información oficial inmediata por parte del CNE, fue un escenario para que tanto Gaviria como Carter sostuvieran diversos contactos y allanaran las cosas para que ahora tengamos el referéndum a la vuelta de la esquina. Básicamente estos actores internacionales alcanzaron el compromiso del presidente Chávez de aceptar la consulta, de parte de la Coordinadora Democrática la palabra de actuar pacíficamente en el tensa espera y de respetar las cifras definitivas del ente electoral. No se trata de poca cosa, dado el clima que se vivía, de las presiones internas en cada sector político y de las expectativas -diversas, como somos- que tiene la sociedad en torno a la consulta.

Para el proceso previo y la realización en sí del referéndum resultará de vital importancia la presencia de los observadores internacionales. Los factores que hicieron indispensable su trabajo durante los reparos, ahora estarán potenciados a mediados de agosto por una campaña electoral en la cual cada sector político vive una especie de batalla final. El cuestionamiento que sectores gubernamentales han hecho al papel jugado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Centro Carter no debe dar a pie a suspender la veeduría foránea en tan importante proceso. Al contrario, el cuestionamiento oficial a estas entidades podría tomarse como una oportunidad para que no actúen en solitario y así otros actores, tal como la Unión Europea, consejos o cuerpos electorales de América Latina y organizaciones no gubernamentales especializadas en esta área, puedan tener un rol activo.

La presencia activa de miradas internacionales, a nuestro modo de ver, ha sido factor determinante para que hasta ahora el escenario de una violencia desatada, por causas políticas, no haya sido tal. Tanto gobierno como oposición comprenden cabalmente que la comunidad internacional está vigilante y dispuesta a emplearse a fondo en caso de ser necesario, como lo demostró durante el proceso que desembocó un año atrás con el acuerdo entre los dos actores políticos en pugna.

Nos vemos el 16 de agosto

Acá reside el nudo central, que a muchos nos da vueltas en la cabeza, en estas semanas previas al referéndum: ¿Cómo amanecerá el país el 16 de agosto, una vez que se conozcan los resultados?. En relación con la divulgación de los resultados, se debe tomar la palabra del rector Jorge Rodríguez quien ha asegurado que gracias a la automatización se podrán conocer dos horas después del cierre de mesas. Como hemos dicho en párrafos anteriores, si el referéndum sólo se mira en el terreno de las matemáticas electorales, estaremos entonces en el mismo punto, la sociedad está polarizada, la mayoría que se evidencie en las urnas pese a serlo no puede prescindir del otro sector importante del país. Una vez conocidos los resultados, el primer y significativo paso de quienes obtengan la victoria será no acorralar a los derrotados, sino genuinamente abrir una mano para encontrarse con esa otra parte, tan legítimamente venezolana y necesaria para hacer país.

El referéndum estará precedido de semanas en las cuales al fragor de la campaña electoral se cruzarán insultos, descalificaciones, exclusiones. El 16 de agosto nada de esto debería tener sentido, pero si una vez conocidos los resultados el debate político del país sigue anclado en esos parámetros, entonces no habremos aprendido la lección y habremos perdido al referéndum como una oportunidad de fortalecimiento democrático.

 

*Andrés Cañizález. Director de la revista Comunicación que edita el Centro Gumilla e investigador asociado del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello.

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