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La crisis internacional desencadenada por los atentados del 11
de septiembre y la ofensiva estadounidense contra Afganistán,
remarcan la imperiosa necesidad de que instrumentos del derecho
humanitario, como la Corte Penal Internacional, cobren plena vigencia.
Mientras más grave es un delito, más imperativas
se tornan las respuestas enmarcadas en el plano de los derechos
humanos, en los principios de soberanía, seguridad, cooperación
y justicia penal universal.
Una reflexión semejante fue la que, al fin de la Segunda
Guerra Mundial, marcó el inicio del inventario y recuento
de sus horrores. Nuremberg abrió camino a una conciencia
internacional, para la cual los crímenes de lesa humanidad
no pueden ser sepultados en la sola derrota militar.
Esa conciencia no bastó para evitar que referencias geográficas
como Cono Sur, Bosnia, Somalia, Ruanda o Campuchea fueran convertidas
en referentes de nuevos cementerios colectivos. Sin embargo, la
sociedad ha encontrado en la legislación internacional
una posibilidad de sanción y posible prevención
o disuasión de futuros delitos de alcance internacional.
El 17 de julio de 1998, la Asamblea General de Estados de las
Naciones Unidas, dentro de la Conferencia Diplomática de
Plenipotenciarios reunida en Roma, aprobó el Estatuto de
creación de la Corte Penal Internacional.
Este instrumento establece una Corte con jurisdicción sobre
las personas que cometan los más graves delitos de alcance
internacional. La aprobación del Estatuto constituye un
avance fundamental en el campo de la protección de los
derechos humanos y, de manera particular, en la lucha contra la
impunidad.
La entrada en vigencia de este tratado internacional requiere
de la ratificación de 60 Estados. Para noviembre de 2001,
alrededor de 150 Estados han suscrito el Estatuto de Roma y 46
ya lo han ratificado.
A partir las discusiones preparatorias de la Conferencia de Roma,
se conformó una coalición de ONGs que actualmente
agrupa a más 1000 organizaciones a nivel mundial. Ellas
trabajan por lograr la aprobación de la creación
de una Corte Penal Internacional independiente, focalizando sus
esfuerzos en conseguir la pronta ratificación del Estatuto
por el mayor número de Estados.
La Corte Penal Internacional será complementaria a las
jurisdicciones nacionales. Por ello, en muchos países el
proceso de ratificación se ha centrado en la compatibilidad
del tratado internacional con las constituciones nacionales.
En la Comunidad Andina, todos los países miembros han suscrito
el Tratado de Roma. Primero Venezuela y recientemente Perú
lo han ratificado. Conseguir que lo hagan los Estados restantes,
es una de las tareas del momento para todos quienes trabajamos
en el área de los Derechos Humanos.
En diciembre de 2001, el Congreso Nacional de Ecuador ratificó
el Estatuto de Roma, aún está pendiente la presentación
internacional de esta resolución por parte de la Cancillería
ecuatoriana. Una vez más, dependerá de la influencia
de los actores sociales que este paso se dé en el menor
tiempo posible.
Quito, enero 2002
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