Programa Andino
de Derechos Humanos

 

 

Actualidad


Los pueblos indígenas y el derecho a vivir en paz

Wuille Ruiz*

 

Notas

 

La paz como derecho

El derecho a vivir en paz es un anhelo colectivo de gran parte de la humanidad, pues dada la realidad bélica que existe en varias partes del mundo, hay personas o grupo de personas para quienes la paz les resulta un obstáculo en el logro de sus intereses mercantiles o ideológicos.

La paz lo asumimos no como ausencia de conflictos o como una situación estática de total quietud y silencio donde todas las personas están de acuerdo y asienten de manera homogénea y monocorde, sino lo asumimos como posibilidad dinámica de reconocernos como diferentes y de interactuar unos con otros y en ese caminar, lograr consensos que nos permitan aceptarnos y comprendernos como sociedad.

La paz no es un elemento con existencia propia y aislada. Una condición necesaria para la paz es la justicia, son elementos indisolubles e inseparables el uno del otro. No puede haber paz si no existe la justicia y viceversa. La frase bíblica es ilustrativa: Que la justicia y la paz se abracen (1) , y yo añado, que se abracen y se besen y se acaricien y se amen hasta el infinito como dos enamorados de la vida.

La Declaración sobre el Derecho de los Pueblos a la Paz que se aprobó en 1984(2), proclamó el derecho de los pueblos a vivir en paz y estableció que los Estados tienen la obligación fundamental de protegerlo.

Los pueblos indígenas

Los pueblos indígenas, seres humanos con milenaria tradición cultural y que perviven a pesar de historias y sucesos de muerte, son sectores vulnerables respecto de otras poblaciones del mundo. Se estima que la población indígena en todo el planeta es cerca de 300 millones, conformando más de 5000 pueblos. En Latinoamérica se estima que la población indígena varía entre 40 y 50 millones, es decir, un diez por ciento del total de la población latinoamericana.

Estos pueblos desafiaban a la naturaleza, amaban a la Pachamama a quien la engendraban una y otra vez, sea en medio de la maleza o entre los matorrales o bien a luz abierta y natural, bronceados por la luz solar y abrigados por la claridad de la luna. Preñaban a la Pachamama para dar de comer a sus guaguas y así seguir floreciendo como inmensas mazorcas de maíz y frondosos árboles de caucho y fuertes robles. Amaban su cultura y rendían culto al sol y a la luna, a las aves y a los peces, se inclinaban ante la majestuosidad de los Andes y los lagos y guardaban respeto ante el grito de los condenados y los espíritus de éstos que vagan en medio de la noche junto con pishtacos que andan a la búsqueda de cortar cabezas.

Hace poco más de quinientos años, arribaron seres extraños a estas tierras de América, cubiertos con corazas de metal y blandiendo espadas de muerte, utilizando a la cruz como pretexto para el exterminio y cubriendo de un rojo sangre estos pastos verdes. Las hojas y los árboles se tiñeron de rojo y los Apus y ríos se enfurecieron porque estaban matando a los suyos. La guerra y la barbarie se hicieron presente en estas tierras. Pueblos indígenas fueron asesinados y casi exterminados. Pero sobreviven, se expanden y buscan arrullarse en medio de la noche entre los bosques y seguir amándose para no ser exterminados totalmente.

“Estuve conversando con una buena amiga mía del pueblo Awajún y me comentaba que antiguamente, en tiempos de guerra, solían reunirse todas las mujeres en una casa mientras que los varones salían a combatir, ya sea con flechas o escopeta. En esos tiempos, la mujer sostenía al grupo, procurándoles alimento; pero, también podía llevar mensajes al enemigo con algunas propuestas que acabaran con la guerra.

Primera conclusión: Por tradición, las mujeres del pueblo Awajún son mensajeras de paz.

Es por la tradición y orgullo por su identidad indígena, que las “nuwas” (mujer en Awajún) son artesanas y confeccionan vasijas, platos, ollas de barro, collares, entre otros. Ellas trabajan con la tierra, con la resina, con las semillas, con sus manos y sus materiales más preciados: su ingenio, creatividad y la sabiduría que brindan los años.

Ellas adornan su imagen y la de sus compañeros con naturalidad y paciencia y, aunque -como mi amiga refiere- muchas de sus paisanas viven en la ciudad; las costumbres de sus padres y de los padres de sus padres, las llevan dentro de su corazón. Llegamos así a la segunda conclusión: Nuestras amigas del pueblo Awajún son custodias de la identidad de su pueblo” (3)

Nuevas formas de violencia han oscurecido estas tierras del sol y la luna. La barbarie no descansa, sigue alimentándose y engordando. Antes era el caucho, el salitre y el mercurio, hoy es el gas y el petróleo. Se cubren con máscaras de seguridad y de orden, igual engordan billeteras y fortunas cubiertos de políticas públicas que garanticen carreteras y caminos como gigantescas culebras y enormes puentes y vías de acceso, cubiertos con ropajes de inversionistas a quienes se les debe proteger por ser quienes ponen la plata.

Una mirada a latinoamerica

En Ecuador las empresas petroleras van succionando a nuestra madre tierra, la van descalcificando y cubriendo de herida sus pezones hasta hacerla ensangrentar. Los hermanos de Sarayaku y los Ashuar se pintan los rostros y adornan sus cabezas con plumas multicolores para resistir, convierten las flechas y lanzas en petitorios y demandas ante organismos judiciales nacionales e internacionales para hacerse escuchar, pero algunas partes del monstruoso cuerpo estatal y de algunas empresas deben tener atrofiados los oídos y duro el corazón. Los Tagaeri y Taromenani, dos de los pueblos no contactados en Ecuador que habitan en la Reserva del Parque Nacional Yasuni, en determinadas situaciones han hecho uso de sus armas para expresar su desacuerdo ante la presencia de petroleras extranjeras. Aún la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ordenó medidas cautelares para proteger la vida y la integridad personal de estos pueblos Tagaeri y Taromenani.

En Chile, los mapuches son encarcelados por realizar acciones de fuerza en busca de reivindicar derechos y son etiquetados como terroristas y enemigos del mundo. Y deben hacer huelga de hambre para enviar sus mensajes de protesta ante la comunidad internacional para que se les haga justicia. Otros mapuches de la Araucanía hacen vigilia en torno a sus territorios pidiendo a las águilas que les presten sus ojos para cuidarse y estar atento de cualquier señal de muerte.

En Nicaragua, quienes se erigen en Estado no cumplen las recomendaciones ni la sentencia de los organismos del Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos. Los Mishkitos de la Comunidad Mayagna Awas Tingni son vulnerados en sus derechos que les asiste. Son preexistentes a la formación del Estado, poseen ancestralmente esas tierras y los recursos que en ella existen, se les vulneró entre otros derechos el de ser debidamente consultados para el ingreso de actividades madereras.

Los guaraníes paraguayos van logrando reconocimiento de sus derechos a costa de demandas y reclamos. Irrumpen cada vez más en los foros y organismos supranacionales. Los pueblos indígenas no desmayan en la defensa de su dignidad, identidad y cultura que heredaron de sus padres.

Mujeres y hombres indígenas desde la amazonía y los andes van surcando los caminos, hacen sonar sus gargantas y al son de tambores y pututos, se arman de coraje para enfrentar la exclusión, la pobreza y la marginación. Sobre todo las mujeres, van recobrando protagonismo político, social, gremial y familiar. En todos los niveles la mujer indígena va abriendo caminos precedida de sabiduría y entrega.

“Cada vez más, la mujer Awajun, va tomando protagonismo: participa, propone, cuestiona, reclama, gestiona, busca aliados, intenta y vuelve a insistir en sus trámites. Ella, conjuntamente con sus pares varones van en la búsqueda de medicamentos para sus botiquines comunales, implementos deportivos, de facilidades para la construcción de un tambo artesanal, de útiles escolares o en el deseo de un seguro materno tramitado por ellas, con su propio documento de identidad.

La mujer Awajún va creciendo en otros espacios, aportando con su mirada de madre, de artesana, de mensajera de paz, custodia de su identidad; llamada ahora: presidenta de asociación, miembro de junta directiva, autoridad distrital, dirigente regional, etc. Tercera conclusión : Estamos ante un gran potencial al interior de sus comunidades y fuera de ellas, que ya no esperan por reconocimiento, porque ya han empezado a desarrollarse en otras áreas además de las tradicionales. Si eso no es romper esquemas, ¿qué es entonces? (4)

En Bolivia, Evo salió de entre los montes, los rayos del sol junto con los arrullos de la luna fueron curtiendo su piel indígena. Aprendió a caminar y a gritar con la ayuda de las montañas y llanuras, el eco de su voz fue creciendo hasta convertirse en gigantescos ecos para ingresar hasta el mismo centro del poder político. Es un referente importante de participación política, es fuerza que infunde ánimo y valor para muchos pueblos. Ojalá mantenga consecuencia y que el poder no lo embriague y esté presto a escuchar las necesidades de los diferentes ríos que forman el torrente indígena del altiplano y de la amazonía. Las esferas del poder harán todo lo posible por tumbarlo y enfrascarlo.

El conflicto armado interno en el Perú

Fueron tiempos violentos los que tocó vivir al Perú en la década de los ochenta y noventa. Lo bélico se anidó entre las montañas y pasó hacia los bosques. El ruido de las balas y bombas se oían por doquier, la gente en la amazonía se cubría sus caras con pintura y sonaban cánticos de tristeza por el olor a muerte que llegaba. Las mujeres de los andes se vistieron de luto y sus llantos estremecía las montañas. Desde la waqra , la quena y las zamponas, salían sólo sonidos tristes. La guitarra lloraba y todos en procesión fúnebre hacían duelo por el ser caído. ¿Dónde estás? ¿A dónde se los han llevado?

El Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), estimó que durante el conflicto armado interno en el Perú durante 1980- 2000, hubo 69.280 víctimas fatales, de este total el 75% de las victimas tenía como lengua materna el Quechua, Asháninka o alguna otra de procedencia indígena. La Comisión de la Verdad concluyó que la violencia política fue desigual en las distintas regiones geográficas, más del 40% de las muertes y desapariciones se concentraron tan solo en el departamento de Ayacucho donde la gran mayoría de la población es quechua (5).

En la selva central del Perú, Sendero Luminoso y el MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru) buscaron controlar esa zona a golpe de balas y terror, sin tener en cuenta el respeto a la identidad cultural y a las formas de autodeterminación de los pueblos (6). La espiral de violencia fue en aumento y en lugar del canto de las aves y del grito de los monos, tronaban en el aire órdenes de sangre embriagados por la captura del poder. Los pueblos Asháninka, Yánesha y Nomatsiguenga fueron bastante afectados por el conflicto armado interno debido al alto número de víctimas directas, situación que a decir de la CVR (7), ha exacerbado la exclusión y marginación que han sufrido durante siglos. Se estima que de 55 mil Asháninkas, cerca de 10 mil fueron desplazados forzosamente en los valles del Ene, Tambo y Perené, 6 mil personas fallecieron y cerca de 5 mil personas estuvieron cautivas por Sendero Luminoso, además se calcula que durante los años del conflicto desaparecieron entre 30 y 40 comunidades Asháninka.(8)

Son innumerables los sucesos, sin embargo señalamos dos que grafican la situación:

El asesinato ocurrido el 3 de abril de 1983 por parte de Sendero Luminoso, de 69 personas quechua – hablantes, entre hombres, mujeres y niños del pueblo de Lucanamarca, Provincia de Huancosancos, departamento de Ayacucho, por considerar que ellos habían colaborado con la policía (9).

Otro suceso, es el asesinato de 15 personas también quechua- hablantes ocurrido el 4 de julio de 1991 en la comunidad campesina Santa Bárbara, Provincia y departamento de Huancavelica, donde los autores fueron integrantes de una patrulla militar del ejército, quienes tiempo después fueron procesados por la justicia militar por los delitos de función: desobediencia y negligencia. Sin embargo en 1995 fueron amnistiados por el gobierno de Fujimori y salieron en libertad. (10)

En este escenario, la violencia fue de lo más feroz, estábamos siendo enfrentados unos contra otros. Todos empezamos a sospechar de todos. Un jefe militar dijo que no importa si morían 60 sospechosos si es que entre ellos al menos había uno sólo de Sendero Luminoso . Desde la otra parte, nadie podía oponerse al accionar subversivo y los líderes senderistas vendieron la idea que el Perú era “el faro de la revolución mundial”.

Una de las conclusiones de la CVR es que “la tragedia que sufrieron las poblaciones del Perú rural, andino y selvático, quechua y asháninka, campesino, pobre y poco educado, no fue sentida ni asumida como propia por el resto del país; ello delata, a juicio de la CVR , el velado racismo y las actitudes de desprecio subsistentes en la sociedad peruana a casi dos siglos de nacida la República ” (11) Incluso hasta de un racismo directo y abierto lo podríamos considerar, actitud felizmente no generalizada por la población, que mantiene a pesar de todo la alegría y la esperanza con ganas de cerrar las heridas y seguir caminando.

Sin embargo la Comisión de la Verdad y Reconciliación, ha elaborado un Plan Integral de Reparaciones, la misma que ha sido recogida sustancialmente en la Ley N º 28592 y su reglamento (12), donde se establece que el Consejo de Reparaciones realizará el proceso de registro de todas las víctimas de la violencia armada a fin de avanzar en el proceso de reparaciones.

Exclusión y pobreza, nuevas formas de violencia

Otro tipo de violencia trata de infectar y destruir a los pueblos indígenas, la vorágine extractiva de los recursos naturales por parte de empresas que ingresan a los territorios, pidiendo permiso a cierto cuerpo del Estado pero no a los directamente afectados, pueblos indígenas que habitan ancestralmente en aquellos lugares, incluso llegan máquinas y se instalan campamentos que extraen los recursos de zonas consideradas como reservas naturales que deben ser objeto de protección.

Los mapas de cada país están retaceados a pedazos y van dibujando lote tras lote, cual si fuera un trapo en jirones luego de una cruenta batalla que algún patriota no quiso que tan sagrado símbolo cayera en manos enemigas. Se va sorteando cada pedazo de tierra al mejor postor, van ingresando enormes boas gigantes de metal y de acero para transportar los minerales, el gas y el petróleo, se abren caminos y se tiran árboles. Ciertas calles de los andes, adornadas de empedrados y vistosos tejados, van sucumbiendo ante huecos y más huecos que se abren para extraer los metales. Ríos y lagunas no se salvan de ser convertidas en cloacas de desechos, matando a peces y contaminando aguas que han de beber los hijos y los críos de los animales.

Los pueblos indígenas van siendo expulsados de sus propios territorios, se los va tratando de extinguir por considerárseles un obstáculo para el progreso, son permanentemente excluidos de los beneficios económicos que genera la actividad hidrocarburífera. No se les indemniza por los daños causados al ambiente ni a sus personas, no son siquiera consultados ni convocados a participar a pesar que el Convenio Nº 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del Trabajo, reconoce estos derechos que se constituyen como derechos fundamentales (13).

Los Shipibo Konibo de la Comunidad Canaan de Cachiyacu en el departamento de Loreto, el 8 de julio de 2005, se armaron de flechas, machetes y lanzas para tomar posesión de nueve de los veintiséis pozos petroleros de la empresa Maple Gas, demandando el respeto a sus derechos como pueblos indígenas, debido a situaciones de contaminación del medio ambiente, agua, problemas de salud y la falta de beneficio económico por la explotación de los recursos en los territorios que habitan (14).

En el río Corrientes, parte norte de la selva del Perú, cerca de Ecuador, las petroleras Oxy y ahora Pluspetrol Norte durante cerca de treinta años, contaminan el río, mueren los peces, las aves se alejan, los bosques enferman y lo que era verde se va convirtiendo en humo negro con olor a muerte.

La explotación del proyecto Camisea y la construcción del gasoducto afectan una de las áreas con mayor biodiversidad en el país, zona habitada por los Machiguenga, los Yine, los Nanti y los Nahua-Kugakapori, así como algunos pueblos indígenas que viven en aislamiento voluntario o contacto inicial, cuya existencia está directamente vinculada a la pesca, caza y recolección. Este proyecto también cruza zonas de los andes de Apurímac, Ayacucho, Ica y alcanza hasta la misma ciudad de Lima. Hasta el momento se han producido cinco roturas en los tubos conductores de gas, causando enormes perjuicios y daños no sólo al ambiente sino también a la población indígena.

En el año 2004 los delegados regionales de las comunidades afectadas por la minería y de la Federación Agraria Departamenal Rumi Maki, solicitaron la paralización de la exploración aurífera que realizan trabajadores informales en el distrito de Ananea, provincia de Sandia, departamento de Puno, cuya actividad contamina el río Crucero y todo su recorrido, afectando a distritos de Crucero, Potoni, San Antón, Asillo y el centro Poblado Progreso, así como al Lago Titicaca (15).

En Junio del 2005, cerca de medio millar de pobladores andinos, representantes de unas quince comunidades campesinas, demandaron a que la empresa transnacional norteamericana Newmont retire sus máquinas perforadoras de las cuencas hidrográficas ubicadas en los cerros San Cirilo y La Quinua , cuyas aguas subterráneas alimentan los ríos Alto Llaucano y Río Grande.

A fines del 2005, cerca de dos mil pobladores de la zona andina de las provincias de Ayabaca y Huancabamba en el departamento de Piura, realizaron acciones de protesta para solicitar a la Minera Majaz que paralice las actividades de exploración de yacimientos de cobre, por la grave contaminación que produce sus actividades y porque los pobladores no han sido debidamente consultados acerca de las actividades de esta compañía. Actualmente varios dirigentes tienen procesos judiciales abiertos, cerca de veinte de ellos han estado presos y continúa contra ellos el proceso judicial.

Desafíos para avanzar

¿Es posible cambiar esta situación? Otro mundo es posible , dice un lema del encuentro de nacionalidades y personas que sueñan y aspiran en un mundo diferente y mejor. A pesar de todo, debemos hacer esfuerzos para avanzar en el respeto de los pueblos indígenas a este legítimo derecho de vivir su propia cultura, su propio idioma, de ser diferentes en su vestido, en su imaginario, en sus creencias.

En lo normativo, el Convenio 169 OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales (en adelante el Convenio), aparece como uno de los tratados en derechos humanos más importantes. Debe ser invocado en la defensa de los derechos de estos pueblos y una de las primeras acciones es difundir el contenido del mismo, el cual ha sido ratificado por diecisiete estados en el mundo, de los cuales ocho son de América del Sur (16). El Convenio debe ser conocido no sólo entre los pueblos indígenas, sino también entre los funcionarios públicos y quienes son los encargados de tomar decisiones políticas en todos los niveles, así como empresas y medios de comunicación.

El Convenio consagra importantes derechos como el derecho a la identidad, la autonomía, la consulta previa libre e informada, la participación, la educación bilingüe intercultural y la expresión en su propio idioma.

Junto al Convenio se encuentran declaraciones y proyectos de declaración a favor de estos pueblos, así como otros convenios como el de la Biodiversidad y jurisprudencia que emiten órganos supranacionales, como es el caso de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El liderazgo indígena es desafiado a capacitarse cada vez más, a mantener siempre una representatividad de sus pueblos sin que signifique engaño o traición, a ser consecuentes con el juramento y las promesas de ser buenos líderes. El movimiento indígena debe avanzar hacia la unidad y a fortalecer sus organizaciones, a promover el liderazgo joven y el de las mujeres, a establecer alianzas que les permita ir avanzando en el logro de sus objetivos.

La democracia en Latinoamérica necesita ensancharse cada vez más, generando mayores espacios y mecanismos de consulta y participación. La democracia no es sólo representativa sino también participativa, la participación activa debe promoverse en todos los niveles de la vida política, social y económica.

El respecto al derecho de los pueblos indígenas a ser consultados, antes que los Estados establezcan normas o leyes o actividades que los afecten, debe ser resaltado a fin de buscar consensos y acuerdos que permitan institucionalizar mecanismos de diálogo sin que ello signifique una renuncia de derechos.

La participación política de los pueblos indígenas resulta trascendental. Ello demanda retos para el desempeño de funciones públicas, manteniendo la consecuencia de sus postulados y ejerciendo los cargos para el que son elegidos, con altura, honradez y sencillez.

El derecho a vivir en paz es un legado que debe ser voceado y mantenido de generación tras generación, escrito en cada árbol, en cada hoja, en cada cerro, y gritado por los guacamayos, por los monos y lechuzas, de día y de noche, trasladado este derecho en lomo de llamas y vicuñas, bajando y cruzando montañas, saltando de cerro en cerro, transformando las flechas en demandas y petitorios, irrumpiendo en espacios aún no permitidos para seguir demandando justicia, tejiendo ponchos multicolores, pintándose la cara en días de fiesta y en ocasiones especiales, adornando las cabezas con chullos o plumas, amando a los nuestros y no avergonzándonos de hablar en idioma materno, y retozando, retozando de amor entre los trigales o en medio de los bosques amazónicos y preñando a nuestra Pachamama, bebiendo el torrente de los ríos, para que se extiendan los pueblos indígenas como estrellas en el cielo y así hagan suyo el derecho de vivir en paz.

 

 


Notas

 

  1. Biblia. Salmos 85.
  2. Declaración sobre el Derecho de los Pueblos a la Paz , fue aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el día 12 de noviembre de 1984
  3. Patricia Majuash Allui. Comunidad Nativa de San Rafael “Mujer Indígena y Pueblo Awajún”
  4. Patricia Majuash Allui. Comunidad Nativa de San Rafael “Mujer Indígena y Pueblo Awajún”
  5. Informe Final Comisión de la Verdad y Reconciliación, Tomo VIII, 2: Violencia y Desigualdad racial y Étnica, 2.3: El Rostro de las Victimas. En estos días, el Poder Judicial debe resolver si formula denuncia contra el ex candidato presidencial Ollanta Humala por delitos de violación de derechos humanos, cuando éste se desempeñó como jefe militar del Ejercito durante inicios de los años 90 en una base ubicada en la zona de selva del Huallaga. La violencia se había extendido a diversas zonas del país. La población civil se vio envuelta entre el fuego de la subversión y de las fuerzas armadas.
  6. Sendero Luminoso, es el nombre con que se conoció a los integrantes del Partido Comunista del Perú- Por el Luminoso Sendero de Mariátegui. El Movimiento Revolucionario Túpac Amaru cuyas siglas son MRTA.
  7. CVR. Comisión de la Verdad y Reconciliación.
  8. Informe Final CVR. Tomo V, Capítulo 2.
  9. Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso, viene siendo juzgado por estos hechos junto con otros dirigentes.
  10. Actualmente, el caso judicial se encuentra reabierto por el delito de genocidio, robo y violación sexual entre otros, sin embargo, aún no han sido recapturados ninguno de los procesados. Se conoce que varios de ellos aún se encuentran en actividad militar.
  11. Informe Final CVR, Conclusiones generales, Punto 9.
  12. Ley Nº 28592, Plan Integral de Reparaciones, publicada el 29 de julio de 2005. La norma que reglamenta esta ley y crea el Consejo de Reparaciones es el Decreto Supremo Nº 015-2006-JUS, del 6 de julio 2006.
  13. El Convenio 169, fue adoptado el 27 de Junio de 1989 por la Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT , y entró en vigor el 5 de septiembre de 1991 con la ratificación de Noruega y México.
  14. AIDESEP- Equipo Técnico de Aidesep de la Región Ucayali- ORAU “Informe sobre el caso de Canaan de Cachiyacu y la empresa petrolera Maple Gas Corp.” Agosto 2005.
  15. IWGIA. El Mundo Indígena 2005, pp. 187.
  16. Los países de América del Sur que han ratificado el Convenio son: Colombia, Bolivia, Paraguay, Perú, Ecuador, Argentina, Venezuela, Dominica y Brasil

 

 


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* Wuille Ruiz Figueroa, es Abogado de la Asociación Paz y Esperanza. Ex alumno de la Universidad Andina Simón Bolivar, sede Ecuador, y egresado de la Maestría en Derechos Humanos en la Pontificia Universidad Católica de Lima.

wuillerf@hotmail.com


 
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